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Las cosechas son ajenas
Historia de los trabajadores rurales detrás del agronegocio
Las cosechas son ajenas
Historia de los trabajadores rurales detrás del agronegocio
Juan Manuel Villulla

| Villulla, Juan Manuel Las cosechas son ajenas : historia de los trabajadores rurales detrás del agronegocio / Juan Manuel Villulla ; prólogo de Eduardo Azcuy Ameghino. - 1a ed . - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Tierra indómita ; 2) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-24-8 1. Investigación Histórica. I. Azcuy Ameghino, Eduardo, prolog. II. Título. CDD 907.2 |
© Juan Manuel Villulla
© Editorial Cienflores, 2015.
Editorial Cienflores
Lavalle 252 (B1714FXB), Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.
Tel: +54-011-2063-7822 / email: editorialcienflores@gmail.com
https://www.facebook.com/EditorialCienflores/
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Editor responsable: Maximiliano Thibaut
Infografías y mapas: Ignacio Sánchez
Fotografías de interiores: Juan Manuel Villulla
Foto de tapa: Diego Paruelo (1976-2019)
Por decisión del autor y los editores cualquier parte de esta obra puede ser utilizada y reproducida para fines de enseñanza e investigación. Cualquier otra forma de reproducción queda sujeta a la autorización de los mismos.
Índice
Prólogo
Agradecimientos
De qué trata este libro
Cómo se realizó la investigación
Capítulo 1
“Buenas costumbres, poco sociable”
El “Flaco Loco”
La ley y el orden
La excepción que confirma la regla
Capítulo 2
De jornaleros combativos a peones apáticos
Una original masa de desposeídos
Prácticas de confrontación y formas de conciencia político-sindical
Los obreros que se quedaron sin “granero del mundo”
Un oportuno auxilio del Estado peronista
Los que resistieron y los que se integraron a la mecanización
Conclusiones
Capítulo 3
Un mundo sin sindicalismo
Trabajadores, burócratas y revolucionarios
Una primavera de conquistas legales y sindicalización
La revancha patronal de 1976
De las estancias a los equipos de contratistas
Dispersión obrera y achicamiento de la distancia social con el patrón
La ruptura con un sindicalismo asistencial y proselitista
Conclusiones
Capítulo 4
Uno para los trabajadores, cien para los empresarios
Cómo se distribuyen las riquezas de la agricultura
Las crisis hiperinflacionarias tranqueras adentro
Un peso, un dólar y un salario obrero rural
Ningún milagro: devaluación, rebaja salarial y superganancias
El secreto está en el precio de las horas de trabajo
Para qué alcanza el salario de los obreros agrícolas
Conclusiones
Capítulo 5
Menos trabajadores, más productivos
“Pocos pero buenos”: cuántos son y qué rol juegan los trabajadores
Sembrar sin dar vuelta el suelo
Implantar y cultivar semillas transgénicas
Aplicar millones de litros de agroquímicos
Cosechar millones de toneladas de granos en tiempo récord
Almacenar granos y despachar semillas
Conclusiones
Capítulo 6
La prolongación de la jornada de trabajo
El decreto que suprimió las horas y alargó los días
“Laburábamos tranquilos”
Péndulos, relojes y cortinas de humo
Jornadas prolongadas, días extenuantes
Tiempo extra de trabajo no remunerado
Gremios, corporaciones y política alrededor de la jornada legal
Conclusiones
Capítulo 7
Movilidad territorial y precariedad laboral
Primeras vanguardias viajeras
Moverse en el espacio para sostener el trabajo en el tiempo
Desarraigo y conflictos familiares
Una tensa y trabajosa calma en la distancia
Changas entre el campo y la ciudad
La conspiración de las fábricas
Conclusiones
Capítulo 8
El oficio, la identidad y la autonomía en cuestión
Las certezas de la mecánica y la vieja escuela de la práctica
Aprender a hacer y a querer hacerlo
La invasión de las computadoras y el automatismo
Complejización de las maquinarias y simplificación del trabajo
Como extraños en su propia casa
Desplazamiento de los ámbitos de aprendizaje al mundo empresario
Tensiones de un difícil recambio generacional
Conclusiones
Capítulo 9
El tejido cotidiano de la autoridad patronal
Las cadenas invisibles del destajo
Favor, deuda y paternalismo
Tu casa es mi casa
Usted también puede ser empresario
Trabajadores que piden, patrones que dan
Del bilateralismo al tabicamiento
Ya no sos igual
“Quedás mal mirado y no laburás más”
Conclusiones
Capítulo 10
La resistencia desorganizada
¡Juicio al patrón!
Protesta verbal
La importancia del rumor
Rotura deliberada de herramientas
Hurtos a la propiedad
Fuga intempestiva, renuncia individual
Intentos de nucleamiento independiente
Conclusiones
Conclusiones generales
Fuentes y bibliografía
A mi madre y a mi padre,
que me hablaron de los maíces de Pergamino
y me enseñaron que todo iba a cambiar

“Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?”
Bertolt Brecht
Preguntas de un obrero ante un libro, 1934
“El estanciero presume
de gauchismo y arrogancia,
él cree que es extravagancia
que su peón viva mejor,
mas no sabe ese señor
que por su peón tiene estancia.”
Atahualpa Yupanqui
El payador perseguido, 1964.
Prólogo
Conozco la obra, leí la introducción, y ciertamente hay poco para agregar a los conceptos, claros y precisos, con los cuales Villulla nos presenta los resultados de su excelente investigación al explicarnos “de que se trata este libro”. Por esta razón, y por otras —más personales y también afectivas— elijo un tono menos académico y comienzo recordando el momento en el cual, hace unos ocho años, un muchacho muy joven, sociólogo recién recibido, ingresó en mi oficina del Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios, con su tesis de licenciatura en una mano —sobre los horticultores de La Plata, si mal no recuerdo— y en la otra su deseo de hallar un camino, que asociado al quehacer de su profesión, le permitiera avanzar en los que anunciaba como sus dos principales centros de interés: los estudios agrarios y el compromiso personal con la perspectiva y necesidades de los sectores populares.
Al respecto se me ocurre pensar en lo que Sartre contó alguna vez sobre un muchacho que —en tiempos de la ocupación nazi de Francia— le pidió consejo sobre su conflicto respecto a permanecer con su madre de la que era único sostén o sumarse a la resistencia, a lo cual respondió que si lo consultaba con él era porque ya había elegido. Efectivamente Juan Manuel había tomado, en realidad bastante antes, su decisión, y en todo caso necesitaba alguna ayuda para orientarse en el ámbito académico al que se incorporaba como profesional.
Por ese entonces, en mis fantasías creía tener —lo que el tiempo está revelando como muy cierto— mi agenda de trabajo completamente cubierta en línea con una eventual esperanza de vida promedio, y rumiaba en silencio la frustración de presentir que no habría tiempo para profundizar el estudio de cuatro temas que consideraba claves para el (mi) mejor conocimiento de la historia, la teoría y la actualidad del agro pampeano. Pero alguien debería hacerlo. El primero de mis actuales colegas y amigos que “compró” una de las propuestas fue Pablo Volkind, autor hoy de una tesis doctoral donde realiza una contribución fundamental al análisis del desarrollo del capitalismo en la agricultura bonaerense en el parte aguas de los siglos XIX y XX. El segundo fue el economista, y por entonces novel Master, Diego Fernández, que acabaría doctorándose con una excelente investigación sobre el proceso de concentración económica —núcleo de la correspondiente cuestión agraria— que viene teniendo lugar en la región pampeana durante el último cuarto de siglo. Dejo a Juan Manuel para el siguiente párrafo y manifiesto mi satisfacción por haber hallado en Fernando Romero Wimer al estudioso que se hizo cargo de mostrar, también mediante una tesis doctoral, como el capital extranjero —el imperialismo— juega un rol central en el control y operación de buena parte del sistema agroindustrial argentino, sumando desde allí a la condición dependiente que caracteriza al capitalismo argentino.
Volviendo a los primeros encuentros con Villulla, cuál no sería mi alegría al comprobar que no sólo compartíamos el interés por los temas que recién enumeré, sino que —en particular— sin dejar de reconocer el papel y los problemas de los chacareros pampeanos, nos aguijoneaba la convicción de que las “cosechas récord” aparecían en lo fundamental como una obra de autor desconocido. Efectivamente, se asociaban con los pooles de siembra, los grandes terratenientes capitalistas, la innovación en maquinaria y los nuevos paquetes tecnológicos, las redes y otros recursos organizacionales, y —en todo caso— con los contratistas de labores agrícolas. Frente a este panorama coincidimos en que resultaba de imperiosa necesidad investigar acerca de los productores invisibles de los cien millones de toneladas de granos, que por cierto no eran otros que los obreros rurales. Y Juan Manuel aceptó el desafío.
Enseguida quedó claro que más que invisible, se trataba de un sujeto social invisibilizado, por los actores que monopolizan el discurso del “campo”, por los sindicalistas que deberían representarlos, por la política en sus diversas manifestaciones, por las características de los procesos de producción modernos —que los aíslan y dispersan—, y también por una literatura especializada que, aunque rica en el estudio de los trabajadores rurales, poco aportaba sobre la vida y el quehacer de los operadores asalariados de sembradoras, cosechadoras y pulverizadoras, tanto los dependientes permanentes y temporarios de chacras y estancias como, especialmente, los empleados por los contratistas de servicios.
Villulla no se desalentó por las dificultades que amenazaban su proyecto, y como corresponde, desde una perspectiva histórica y pensando teóricamente, dedicó tiempo y esfuerzos a examinar bibliografías y fuentes documentales, para luego sumergirse en un prolongado y exhaustivo trabajo de campo, que le permitió adquirir un conocimiento profundo de las tareas, opiniones, problemas, aspiraciones, alegrías y sufrimientos de decenas de obreros agrícolas, compartiendo con sus entrevistados labores —más de una vez montado en sus equipos— y experiencias de vida. Sobre esta base, articulando los aspectos empíricos y conceptuales, el autor analiza críticamente y aporta valiosos argumentos sobre problemas tales como la superexplotación a la que es sometida esta mano de obra —creadora de lo esencial del valor agrario—, las características de las heterogéneas formas de las relaciones obrero-patronales, y las diversas y específicas modalidades mediante las cuales se ejerce la dominación del capital y la resistencia, en condiciones ciertamente adversas, de los asalariados agrícolas.
En suma, el resultado de su trabajo, una tesis doctoral sobresaliente, es la obra a la que nos estamos introduciendo en una versión renovada y de gran atractivo formal, que sin duda hará definitivamente visibles para los lectores la presencia de los principales productores directos del boom agrícola. En este sentido, este libro constituye una referencia ineludible en el área de los estudios sociales agrarios, y más en general de la clase obrera argentina. Felicitaciones.
Eduardo Azcuy Ameghino
Agradecimientos
Este libro está basado en mi tesis doctoral presentada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Si me decidí a recortar, pulir, profundizar y extender partes de ese texto original para transformarlo en esta publicación, eso tiene que ver en buena medida con el aliento que me dieron para hacerlo Alejandro Schneider, Silvia Lázzaro y Guido Galafassi, que en esa oportunidad constituyeron el tribunal que examinó mi trabajo. Hacia ellos, entonces, mi primer agradecimiento.
La investigación me llevó a recorrer durante mucho tiempo cientos de kilómetros de pampa, de pueblos, de campos, de estaciones de servicio y de hoteles buscando a los obreros invisibles de las cosechas récord. No los hubiera encontrado sin el apoyo de diversas instituciones públicas y programas científicos para hacerlo. En primer lugar, el CONICET, a través de cuyas Becas de Posgrado entre 2008 y 2013, y la Posdoctoral entre 2013 y 2015, pude dedicarme de lleno a la elaboración de aquella tesis y luego de este libro. En segundo lugar, la Universidad de Buenos Aires, que además de acogerme en su fecundo ámbito de estudio, investigación y docencia, contribuyó a través de sus Proyectos UBACyT al financiamiento de ese extenso trabajo de campo, e incluso de esta publicación. En el mismo sentido, reservo un reconocimiento particular a la Facultad de Ciencias Económicas, que me adoptó en estos años como parte de sus docentes e investigadores; y a la Facultad de Filosofía y Letras, en cuyo Programa de Doctorado, encontré un ambiente de estudio e intercambio que me enseñó muchísimo. A la vez, no hubiera podido aprovechar todas las oportunidades de este entramado académico e institucional sin la ayuda de Pablo Pozzi y de Aníbal Viguera, a quienes agradezco su confianza y sus consejos. Por último, no dejo de guardar un afecto especial para con la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, en cuyo ámbito no sólo desarrollé mi formación de grado, sino que estreché lazos académicos y personales que espero sigan perdurando a través de los años.
Deseo agradecer muy particularmente a Eduardo Azcuy Ameghino. A él debo la inspiración y la orientación para el estudio de lo que —quizá— sea el aporte más importante de este libro: su tema. Apostó a que el graduado prematuro que llegó a su oficina en la primavera de 2006 tomara en sus manos uno de los problemas menos abordados por los estudios agrarios, y lo hiciera parte de la crítica científica a un estado de cosas injusto, al que no nos acostumbramos, ni deseamos hacerlo. Desde ya, no creo haber cumplido del todo sus expectativas —no estoy seguro de que alguien las cumpla seguido—, pero en el camino y a lo largo de las horas que pasamos estudiando y discutiendo —a veces encendidamente—, siento que aprendí muchísimo. Eso lo ha hecho uno de mis grandes maestros, no sólo en nuestro quehacer académico. Además, le guardo una gratitud de largo plazo por haberme abierto las puertas de un espacio como el del Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios. Allí, entre muchos investigadores y personas estupendas, también conocí el oído atento y la sugerencia inteligente de Gabriela Martínez Dougnac, en cuya sensibilidad, calidez y agudeza encontré siempre una contención cómplice y crítica. Y en ese marco, también conocí a mi co-directora, María Isabel Tort, quien desde entonces siempre me ha acompañado con generosidad, sensatez y un conocimiento del terreno muy difíciles de hallar. Siempre le estaré agradecido por su gran ayuda y sus consejos.
Entre los compañeros cotidianos de este camino, deseo agradecer especialmente a Pablo Volkind y a Diego Fernández. En primer lugar, por sus aportes a este texto en el marco de la auténtica labor interdisciplinaria que nos gusta desarrollar juntos. Y en ese contexto, por la paciencia que ese historiador y ese economista tienen con este sociólogo. Aunque por encima de todo, les doy las gracias por ser verdaderos amigos, en las batallas que fueron y las que vendrán. Fernando Romero Wimer —a pesar de la distancia— también es parte de eso. Con Cristian Amarilla —otro amigo— pasamos muchísimas mañanas procesando los datos del archivo de FACMA. Agradezco su compromiso y su contribución clave para interpretar toda esa información. Y lo mismo cabe para Florencia Hadida, que además de ayudarme a ordenar y leer datos del Ministerio de Economía y de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, me ofreció sus lúcidas observaciones y una mano siempre dispuesta en el último tramo de la investigación y el libro. Gabriela Gresores —que cuando llegué al CIEA ya partía a afincarse en Jujuy— también tiene su buena cuota de responsabilidad en la publicación de este escrito. Disecó palabra por palabra el arduo texto original de la tesis, y al tiempo que me devolvió comentarios rigurosísimos, me animó también a reescribirlo desde el corazón. Eso habla bastante de ella.
Quiero agradecer muy especialmente a Maximiliano Thibaut y a Pablo de los Santos, de la Editorial Cienflores. Ellos también son parte de las voluntades que me insistieron para que publicáramos este libro. Me dieron la posibilidad de hacerlo y además, la de participar en la hechura del proyecto como parte de su equipo. Además, se involucraron con el contenido de la obra y se comprometieron doble turno para que el texto viera la luz de la mejor manera. Esta aventura con ellos es el sueño de cualquier escritor. En este sentido, también agradezco a Ignacio Sánchez, por su trabajo con los gráficos e infografías.
Por último, entre quienes participaron de la cocina de este libro, deseo manifestar un agradecimiento muy sentido con Diego Paruelo. Diego fue el autor de esa gran foto de tapa con la que se abre este texto. No sólo nos cedió esa imagen desinteresadamente, sino que movió cielo y tierra para buscarla en una olvidada computadora de su madre donde el archivo dormía desde hacía años, luego de su primera publicación en 2008 en un medio gráfico que ya no existe. La generosidad de Diego llegó al punto de que -por motivos complicados de explicar ahora, pero que se vinculan a su compromiso gremial con las y los fotoperiodistas- se negó a que lo incluyéramos en los créditos, insistiéndonos para que usáramos la foto de todos modos. Lo único, nos exigió, “copensé con un asado”. Así fue, desde ya. Y lo pasamos muy bien. Siempre quedó contento con cómo había quedado la tapa, y generamos toda una complicidad secreta alrededor de su “autoría fantasma”. Pero en marzo de 2019, con tan sólo 42 años, la muerte se lo llevó sin aviso. No hace falta describir el dolor que generó su sorpresiva partida entre tantos amigos y amigas que cosechó una persona tan sensible y generosa todos estos años, ni mucho menos lo que esto significó para su pequeño hijo León. Por todo esto, este agradecimiento tan sentido y merecido para él, dondequiera que esté.
El trabajo de campo hubiese sido imposible sin la colaboración desinteresada de Miguel Cacciamani, Alejandro Couretot y César Zanín, que me ayudaron a conseguir las primeras entrevistas —seguramente las más difíciles— en la zona de Pergamino; de Pablo Pailolle y Evangelina Codoni, que me abrieron las puertas del sur santafesino, y también las de sus casas y sus autos; de Ricardo Garbers y Norberto Ferrucci, personajes entrañables del universo de los contratistas, que me confiaron su archivo y me facilitaron buena parte de los testimonios en que se basó este estudio; de Omar Paolucci, gran conocedor de la vida agraria de Salto; de Graciela Preda, que me dio su tiempo en Marcos Juárez a pesar de que se encontraba en la recta final de su tesis; de Melisa Erro, que también me abrió a su mundo en Coronel Pringles; de Alberto Crespo y Hebe “Nina” Villullas, amorosos abuelos de muchas generaciones que pasaron por el CEPT N° 9 de Colonia “El Toro”; de Roberto Siolotto y Daniel Delfino del INTA de Bolívar y de Mercedes respectivamente; y por último, de Claudia Duran, que desde La Plata me introdujo al mundo de los archivos judiciales. Con todos ellos, mi gratitud es infinita.
Por último, pero principalmente, deseo explicitar mi agradecimiento y mi profundo afecto para los tantos obreros rurales que me recibieron en sus casas o en los galpones, en las casillas, sobre las máquinas, en bares o estaciones de servicio. Es decir, en los múltiples ámbitos de su vida cotidiana. Ellos le dan sentido a todo esto. Sólo espero poder devolver el tiempo, la confianza y la apertura personal que me ofrecieron, exponiendo en este libro su situación, reponiendo su historia colectiva, tratando de desentrañar las causas de sus dolores, e intentando vislumbrar las posibilidades y los caminos de sus esperanzas.