Kitabı oku: «El chévere venturante mr.Quetzotl de Arisona»

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El chévere venturante

mr. Quetzotl de Arisona

Un libro de

Juan Simeran

Prólogo

Pablo Martínez Burkett

Ilustración y diseño de cubierta

Carolina Bensler ©2019

Ilustraciones de interior

Kwaichang Kraneo ©2018

Fotografía de solapa

Marcelo Kaplan ©2018

Correcciones y edición

Laura Ponce

Cristian Arenós Rebolledo

Primera edición digital Julio de 2020

ISBN 978-84-948852-5-9

Tanto el autor como la editorial del presente libro autorizan la reproducción de los textos de esta obra, total o parcialmente, por cualquier medio actual o futuro, siempre que sea para uso personal o social y nunca con fines comerciales o lucrativos y se cite tanto al autor como a la editorial. Para fines donde quepa algún euro u otra moneda de por medio no queda otra que ponerse en contacto con nosotros y hablamos. No te cortes, somos bastante fáciles y comprensivos. Se permite utilizar e incluir pequeñas partes (nunca superando el cinco por ciento) de este libro en otras obras, incluso con fines comerciales, citando al autor. El resto de derechos, quedan reservados.

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Prólogo

PRÓLOGO

Dicen que apenas empezado el siglo XV, un canónigo andaluz propuso “Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos”. Hace veintitantos años tuve oportunidad de contemplar ese portento que hoy conocemos como la Catedral de Sevilla y no pude menos que felicitar la oportuna locura que hizo posible semejante joya de la humanidad. Y la evocación no es ociosa, porque mientras leía El chévere venturante mr. Quetzotl de Arisona no fueron pocas las veces que recordé aquella frase, asaltado por el vertiginoso deleite de estar frente a la obra monumental de un santo o un loco. Y digo monumental porque este libro que ahora usted tiene en sus manos es un derroche de sabiduría, pulso narrativo, humanismo y sobre todas las cosas, un humor corrosivamente ingenioso que, mientras arranca sonrisas (y también carcajadas), interroga por el sentido trascendente de la vida, pero también, indaga sobre la consistencia mental de cada quien.

A ver si logro explicarme.

Hacia 1927 Macedonio Fernández se lamentaba de que todavía en Buenos Aires no se hubiera escrito el Quijote. Estoy convencido de que casi cien años después Juan Simeran viene a saldar esa deuda. ¡Y en qué forma!

Es tal el entusiasmo que me ha suscitado la lectura de la novela del Venturante que me olvidé de que esto es un prólogo y que, en tanto “palabra que va delante de la palabra”, debe seguir cumpliendo el rol que tenía en la antigüedad: el de ser aquel discurso que un actor acostumbraba a hacer como preámbulo al poema dramático que se habría de representar. Y hago foco en esta otra característica del prólogo pues no me caben dudas de que, más allá de las ingentes dosis de humor, esta historia podría catalogarse como “el drama singular” de un caballero que, de tanto leer, se le sorbe el seso y no tiene mejor idea que salir a la ventura, en compañía de su fiel escudero, para enfrentar empresas a cual más desopilante y alienada, siempre para loor de su venerada dama y fastidio de sus archienemigos, empecinado en ver la realidad a través del cristal de sus amados libros.

Y usted rememora sus apolilladas sapiencias escolares y levanta la mano, suspicaz, para preguntar si esa historia no se parece demasiado a una que ocurrió “en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Bueno, sí. Pero no. Dejame, Gladys, que te explique, no es lo que parece...

Por empezar, y porque somos gente moderna, aquí andamos por el Nuevo Mundo, más precisamente en Arizona y planicies aledañas. Luego, el protagonista no es ningún caballero antes bien, es un muy silvestre granjero que no porta lanza ni adarga sino un fusil Kalashnikov, más conocido como AK-47, dúctil forjador de revoluciones anticolonialistas. Los libros de la andante caballería trocaron por enjundiosos volúmenes de Ciencia Ficción, y el rocín... Bueno, las epopeyas que antes se hicieron a bordo del Nautilus o la Enterprise, aquí se enfrentan a bordo de un jeep devorador de polvaredas que no anda a más de 40 kph (lo que se dice una verdadera porquería). Y como es probable que para hacer revoluciones mejor sea llamarse Guevara que Casal, mejor todavía es asumir el nom de guerre de Mister Quetzotl, fiero mote que hace huir a zombis y alienígenas con mal aliento. Y por supuesto, no se puede salir en plan de desafío sin un ladero, así que nuestro aventurado granjero se busca de chofer al vecino Sanches Puk, que al principio no puede moderar la chifladura de su conducido y que, poco a poco, encuentra la forma de sacar ventaja de ella. Y como no podría ser de otra manera, porque ya le anticipé que se trata de un drama singular, los amores no correspondidos de nuestro Venturante tienen por destino a una escanciadora de combustible de nombre Yeni Lorenso, a quien prefiere llamar Estreya Errante de Jalisco.

Es obvio que la historia abreva en la del Caballero de la Triste Figura, donde Cervantes dio rienda suelta a su obsesión por retratar la oscilación entre el mundo real y lo imaginario. Pero quisiera señalar, sin ahorro de énfasis alguno, que Juan no le va en zaga porque esa también es una de sus obsesiones. En múltiples ocasiones a lo largo de esta historia los límites entre lo real, lo imaginario y lo simbólico se tornan indistinguibles.

Adicionalmente, y al igual que el Quijote, El chévere venturante mr. Quetzotl de Arisona propone un juego de autores, narradores, traductores y lectores que, no sólo supone la concurrencia de diferentes perspectivas, sino que además cuestiona el concepto mismo de realidad, con lo que volvemos al principio del planteo. Que de eso se trata. Mi prólogo no aspira más que a celebrar esta propuesta de una realidad oscilante, donde el ser de la Escolástica —esto es: aquello conocido como verdadero y querido como bueno— pierde su solidez trascedente y se convierte en una mera noción destinada a hospedar el simbolismo que cada uno desee conferirle, a partir de la relectura de los clásicos de la Ciencia Ficción.

Cuadra hacer una última referencia, al idioma de la novela. Aunque se parece a nuestro socorrido castellano, está poblado de inflexiones del habla mesoamericana y caribeña con fuerte presencia de un spanglish que desestructura cualquier categoría que no sea la hilaridad. Se trata de una feliz y fecunda composición de palabras y neologismos que nos representan la cosa significada con sólo nombrarla. Este es otra manifestación de la extrema habilidad de Juan: hay que tener capacidad para inventar un nuevo idioma, donde confluyen diferentes variantes dialectales, y escribir una novela sin errarle una coma.

En suma, si como postula Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote”, el primer escritor es quien en realidad plagia a sus sucesores, no debería extrañarnos que Cervantes hubiera celebrado jocosamente las hazañas de su más reciente y magnífico heredero, hazañas contadas en el neo créole de la lengua que alguna vez se habló en tierras de Castilla.

Se va a reír, se va a emocionar, se va a entretener, se va a quedar pensando en el Venturamente mucho más allá de cerrar la última página. ¿Y sabe por qué? Creo tener alguna sospecha.

Macedonio propuso que los hispanoamericanos y los españoles nos llamáramos, dada la unidad del lenguaje y la posesión común del Quijote, la familia de Cervantes. No me parece que estuviera tan errado. Como tampoco falla Nabokov cuando anota que a lo largo de todas las demás novelas que leamos, el Quijote siempre seguirá estando con nosotros. Siento que después de leer las andanzas del Chévere Venturante Mister Quetzotl de Arisona, ya somos de su linaje y que, por fortuna, vamos a entrever su querida presencia en los próximos libros que leamos.

Y que así sea.

Pablo Martínez Burkett

Buenos Aires, abril de 2018

El chévere venturante mr.Quetzotl de Arisona


(...) el cuadro que Cervantes pinta del país

viene a ser tan representativo y típico

de la España del siglo XVII como

Santa Claus es representativo y típico

del Polo Norte en el Siglo XX

Vladimir Nabokov/Curso sobre el Quijote (apuntes)

1951

¿Cómo leer una novela cuyo

idioma es inventado?

Salman Rushdie/Los versos satánicos

1988

El chévere venturante

mr. Quetzotl de Arisona

Orijinal en fransés compuesto por mr. Pierre de M.

Traducsión, ficseado, edisión, compajinasión, riserch

i demases jardes enyobamientos: mr. Yon Simeran.

Primera parte


CAPITULO I – que trata la condisión i ejersisio del top selebriti venturante mr. Quetzotl de Arisona.

En un lugar de Arisona cuyo nombre no quiero rimemberar, no ase mucho tiempo ayí laifeaba un farmer de los de rifle en bandolera, posesión antigua, pitbul flaco i galgo corredor. Una oya de algo más choriso que esteic, tortiya enchilada las más naites, fasfúd los viernes, guacamole los saturdais, alguna frutabomba de aniadidura los domingos, consumían las tres partes de su asienda. El resto deya concluían tecsanos medín miyami, guayabera de lino para las partis, con sus tenis blancas, i los días de entresemana se onraba con su tíyer verdeolivo de lo más pinga i calsaba sandalias. Tenía en su finca una nana que pasaba de los cuarenta, i una sobrina que no yegaba a los diesiseis, i un chavito de campo i plasa, que tanto asía arrancar el trator como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro farmer con los sincuenta anios; era de complecsión resia, seco de carnes, enjuto de rostro, ful madrugador i amigo de caserías. Quieren desir que tenía el nombre de Quetzal o Casal, quen esto ai alguna diferensia en los autores que desta vaina escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se yamaba Quesada. Pero esto importa poco a nuestro bisnes; basta quen la narrasión dél no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber queste farmer, los ratos questaba osioso (queran los más del anio) se daba leyer polvorientos libros de Saifái con tanto jápines, que forgueteó casi de todo punto el ejersisio de la casería, i aún la administrasión de su finca; i yegó a tanto su curiosidad i desatino desta vaina, que vendió muchos acres de tierra de sembradura para mercar antiguos libros de Saifái, i así, yevó a su jom todos cuanto pudo aber deyos; i de olofdem, ninguno le paresía tan de pinga como los que compuso el selebriti mr. Felipe Dic, porque la audasia de su pensamiento i aqueyas intrincadas rasones suyas le paresían del carajo, cuantimás cuando yegaba a leyer aqueyos largos espiches de mr. Amacabayo Fat.

Con estas rasones perdía el pobre míster el juisio, i desvelábase por entenderlas i desentraniarles el sentido. Cuidaba como la ninia de sus ojos las vetustas revistas Péndulo, i muchas veses le vino en deseyo de tomar el bolígrafo i escribir un cuentico como los que ayí abía, i sin duda lo isiera, i aun saliera susesful, si otros mayores i continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veses competensia con el maestro de su reparto (quera ombre docto, graduado en Tampa), sobre cuál abría sido la top ucronía: La Langosta se a Posado, o Ukbar, Tlon, Urbis, Tetrius; mas mr. Nicolás, veterinario del mismo lugar, platicaba que ninguna vaina desas le yegaba a Solaris, i que si alguno se le podía comparar era El Ombre Demolido, que mr. Bester tenía mui acomodada condisión para todo tipo de jistorias, que no era prosa melindrosa ni yorona como la de mr. Jorje Luis, i quen cuanto a erudicsión no le iba en saga.

En resolusión, él se enfrascó tanto en su chingada letura, que se pasaba las naites leyendo de claro en claro, i los días de turbio en turbio; i así, del poco drimiar i del mucho leyer se le secó el serebro de manera que vino a perder el juisio. Yenósele la moyera de todo aqueyo que encontraba en los libros, así de telepatía como de organismos inecsistentes, laifes pasadas, distopías, saiborgs, desafíos al espasio-tiempo, viajes interestelares, cospirasiones i otros disparates imposibles, i asentóse de tal modo en la imajinasión quera verdad toda aqueya máquina de soniadas invensiones que leyía, que para él no abía otra frase más cliver en el mundo que “Aquí siempre es anio uno”. Desía él que Jal abía sido mui brava comandante, pero que no tenía que ver con Trafalgar Medrano, que además de comandar mercaba. Mejor estaba con las Crónicas Marsianas, porque imajinaba las biutifules siudades ajedresadas desos marsianos que pensaba más reales que la madre que lo parió. Desía mucho gudnes del Método Ludovico porque, con ser Alecs de aqueya jenerasión maltrasada i descomedida, avínose a ser afable i gúdboi. Pero, sobre todos eyos estaba como culo i calsón con Güinston Esmit, i más cuando lo veía desafiar al Big Broder de Oseanía, i qué no diera él por jelpear ful al cojonudo Goldstein o desbaratar cuanto menos una telepantaya o algotra desas joputeses del Ingsoc; mas aun mejores migas asía con el compai Montag salvando libros del fuego de los bomberos.

En efeto, rematado ya su juisio, vino a dar con el más ecstranio pensamiento que enitaim dio loco en el mundo, i fue que le paresió convenible i nesesario, así para el aumento de su onra como para el servisio de Nueva Yueséi, aserse venturante, i foguardiar por el cosmos con sus armas i su nave a buscar los guonderfules i a ejersitarse en todo aqueyo quél abía leyído que los venturantes se ejersitaban, desasiendo todo tipo de danyers para la rasa jumana, o desbaratando complotes, o eliminando corporasiones; i poniéndose en desafíos donde, acabándolos, cobrase eterno nombre de selebriti. Imajinábase el pobre ya coronado por los quilates de sus cojones, por lo menos, con un imponente monumento en el dauntaun de Miyami como top jérue del Saifái; i así, con estos tan nais pensamientos, yevado del jápines que deyos sentía, se dio prisa a poner en efeto la vaina que deseyaba. I lo primero que iso fue buscar una kalachnikov que abía sido de su bisagüelo que, tomada de orín i yena de sarro, luengos anios abía questaba forgueteada en un garash. Clineóla lo mejor que pudo, pero vió que no era inaf pues tenía una jevi falta, ésta era que no tenía casco de asero sino quepis simple, mas a esto suplió su industria, porque de unas latas de durasno iso un modo de jalf casco que, encajado al quepis, asía apariensia de casco entero, quedando de pinga. Para probar si la kalachnikov funsionaba, sacó el seguro para tirar dos tiros, i con el primero i en un momento desiso lo que abía echo en una semana, i no dejó de pareserle ful luser la isilitud con la quel percutor se iso chuchas i, por asegurarse deste danyer, la tomó aser de nuevo, alambrando i ficseando aquí i atorniyando otra vaina acuyá, de tal manera pos quedó tan satisfecho de su fortalesa, que sin querer aser nueva ecsperiensia deya, la tuvo por arma del recarajo.

Así se yegó luego a ver a su yip, i aunque tenía más tachas que un pelón sarnoso, le paresió que ni el Nautilus de Verne ni el Enterpais de Estartréc con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en aseitarlo, clinearlo de telaranias e imajinar qué nombre le pondría, porque, según se desía él a sí mismo, no era rasón que nave de venturante top selebriti, estuviese sin nombre conosido; i así, procuraba acomodársele de manera que declarase quién abía sido antes que fuese venturante; i después de muchos nombres que formó, borró i quitó, aniadió, i tornó aser en su memoria e imajinasión, al fin le vino a yamar Escrapi, nombre a su pareser cul i significativo de lo que abía sido cuando fue escrap, antes de lo que aora era, el namberguán de todos los yipes del mundo.

Puesto nombre a su nave, quiso ponérsele a sí mismo, i en tal cuestión duró otros ocho días, i al cabo se vino a yamar mr. Quetzotl; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta ameising jistoria que, sin duda, se debería yamar Quetzal i no Casal, como otros quisieron desir. Pero, rimemberando quel cojonudo mr. Guevara no sólo se abía contentado con yamarse Guevara a secas sino que agregó el che para identificar a su patria, por aserla selebriti, i se yamó mr. Che Guevara, así quiso aniadir al suyo el nombre de la suya i yamarse mr. Quetzotl de Arisona, con que, a su pareser, declaraba su mui machaso linaje i patria.

Clineada, pues, su Kalachnikov, luqueando su quepi con casco adurasnado, puesto nombre a su yip i confirmándose el suyo propio, se dió entender que no le faltaba sino una chaparra de quien inlovinarse, porquel venturante sin jeva era árbol sin ojas i bodi sin alma. Desíase a sí:

—Yo, por mi gudlúc, me enmitineo por ayí con alguna corporasión, o una cospirasión, o cualesquiera desas vainas, como de ordinario le acontese a los jérues del Saifái, i la derribo de taquito, le güinereo i rindo. No será lo correto tener a quien enviarle presentado? I que se inque de rodiyas ante mi suit jeva, i diga con tono umilde: “Yo, chica, soi el Sieóu de Evil Recors, boss de todo lo que suena, a quien güinerió en singular contienda el top susesful venturante mr. Quetzotl de Arisona, el cual me mandó que me presentase ante vuestra presensia, i me ordene silensio eterno”.

Andele, que tal así i del carajo fue el jápines de nuestro chévere venturante, cuando ubo echo este espich, i más cuando ayó a quién dar nombre! Pos en un surtidor de keroseno no mui lejos de su finca estábase enyobada una chama escansiadora así de biutiful, de quien él desde tiempo andaba jot inlovin, aunque eya neber lo supo ni le dio sinco de boliya. Yamábase Yeni Lorenso, i a ésta le paresió darle título de jeva de sus pensamientos; i buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo i que tirase i se encaminase a estreya de jólibud, vino a yamarla Estreya Errante de Jalisco, porque era naturala de Jalisco; nombre, a su pareser, músico i significativo i pinche Saifái, tan del coniaso como todos los demás que a él i a sus vainas abía puesto.

CAPITULO II – que trata de la primera salida que tuvo el chévere venturante mr. Quetzotl de Arisona.

Resueltas pues, estas prevensiones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento, apretádole a eyo la falta que asía en el Cosmos su tardansa, según eran los ujeros negros que pensaba desaser, planetas que enderesar, totalitarismos que enmendar i cospirasiones que desenmascarar i guonderfules que mitinear i todas esas vainas. I así, sin dar parte a persona alguna de su intensión, una madrugada antes del día, quera uno de los naises del mes de eipril, puesto su durasnil casco, se armó de su kalachnikov, puso en marcha el yip que por milagro asta respondió al contato, i foguardió asia la carretera, con grandísimo jápines de ver cuán isili abía dado beguinin a su ventura. Mas apenas se vio en el camino, sadenli le asaltó un pensamiento jevi en ecstremo; i fue que le vino a la memoria que no era militar ni chife, i conforme a las leyes vijentes en Arisona, ni podía ni debía tomar armas de guerra; i puesto que no lo fuera, abría de yevar armas blancas como pinche pandiyero fumón, sin jinetas ni jerarquías asta que por su esfuerso lo güinerease. Estos chingados pensamientos le isieron titubear en su propósito; pos pudiendo más su locura, propuso de aserse nombrar Comandante en la primera estasión espasial que topase, a imitasión de otros muchos jérues del Espeis Opera que así lo isieron, según él abía leyído en tantos i cuantos libros de Saifái del glorioso siglo veinte. A modo de arma blanca encontró un destoniyador en la guantera, i con esto se quietó i foguardió su camino, sin yevar otro quel que Escrapi podía, creyendo quen aqueyo consistía el bisnes de las venturas.

Yendo pues a 40 nuestro flamante venturante, iba disiendose a si mismo:

—Quién duda sino que los venideros tiempos, cuando yegue al miyón de letores la jistoria de mis venturas, quel diretor de jólibud no ponga, cuando yegue a muviar esta mi primera salida tan de maniana, con vos en of désta manera: “Apenas la virginal Vía Látea tendía por la fas del ancho i espasioso cosmos las pálidas jebras de sus biutifules cabeyos i apenas en el planeta tierra los pequenios i guonderfules pajariyos con sus arpadas lenguas abían saludado con suit armonía el beguinin de la americana aurora, cuando el top selebriti venturante mr. Quetzotl de Arisona dejando las osiosas plumas, subió sobre su famoso yip Escrapi i comensó a foguardiar por la antigua Interestatal 8 que va de San Diego a Tucson”.

I era la verdad que por esa ruta sirculaba. Luego aniadió el mui puético parlamento:

—Japinesoso anio será aquel en que saldrán a lus las machasas asanias mías, dignas de entayarse en bronses, derrocharse en baites, tradusirse a lenguas innumerables i ser ilustradas en cuantiosos fansines! Oye tú, inteletual jilador de palabras, quienquiera que seas, puntiyoso i verídico cronista desta ameising jistoria de Saifái! Ruégote que no forguetees a mi buen Escrapi, parner en mis caminos i fatigas!

Luego volvía disiendo, como si verdaderamente fuera inlovin:

—Sou biútiful Estreya Errante de Jalisco, jeva deste cautivo corasón! Plegáos, ricotona, de rimemberaros deste vuestro sujeto corasón jot, que tales vainas por vuestro inlov padese.

Con ésto iba platicando tantas i cuantas uevonadas, todo al modo de los libros que tenía en la moyera. Baidegüei, Escrapi de ningún modo superaba los 40, i el sol entraba tan aprisa i con tanto jotnes, que fuera bastante a derretirle lo que le quedaba de serebro bajo el quepi.

Casi todo aquel día foguardeó sin aconteserle vaina que de contar fuese, de lo cual se desesperaba. Autores ai que disen que la primera ventura que le avino fue la de Jarris Motel, otros senialan que la de los viejos carteles de Coca Cola; pero lo que yo colijo en este caso, i lo que ayé escrito en los anales de Tampa Iuniversiti, es quél anduvo todo aquel día i, al naitear, Escrapi tragaba su último galón de keroseno i él estaba medio muerto de ambre; i que mirando a todas partes para ver si descubría alguna estasión espasial donde recojerse por remediar su mucha ambre i nesesidad, vió, a la vera de la ruta, un motel profusamente iluminado, i sintió que su gud star a su glorioso destino lo encaminaba.

Como a nuestro venturante todo cuanto pensaba, veía o imajinaba le paresía pasar al modo de lo que abía leyído, luego que vió el motel se le representó quera una base terráquea en planeta ecstranio, con sus bien provistos abitáculos, sin faltarle el puente de mando ni el depósito de ocsíjeno, con todas aqueyas vainas quen tales bases se pintan. Prosedió a stopear en el aparcadero del motel que a él le paresía base terrícola, esperando que algún vijía diese senial con disparo de salva que yegaba un visitante a la base. Baidegüei estaban a la entrada dos desabrigadas mosas, déstas que yaman escortes, las cuales iban a Oclajoma con unos camioneros quen el motel asertaron aqueya nait a aser estopeada. Como mr. Quetzotl vió que tardaban se apeó de Escrapi mas dudó de ayegarse a la puerta del motel, o asercarse a las despechugadas morenasas que ayí estaban, que a él le paresieron dos gayardas ofisialas en un brec de los intrincados enyobamientos de la base. En esto susedió quen un estadio sercano un saquer tim anotó un gol, con grande aclamasión, pos isofato se le representó a mr. Quetzotl lo que deseyaba, quel pueblo terrícola de la Base asía ovasión de su yegada, i con ful jápines se dirijió asta la entrada del motel que por nombre tenía “Jarris Motel” i a las chaparras, las cuales, como vieron venir un cuate de aqueya suerte armado, con casco enlatado i kalachnikov, yenas de miedo se iban a entrar; pero mr. Quetzotl, colijiendo por su juyida su pánico, alsó la visera del quepi i descubriendo su seco i polvoroso rostro, con vos machasa i ful donaire así les platicó:

—No teman despelote alguno, que a la condisión de venturante de Saifái que profeso no toca aserle danio a nadie, cuantimás a top ofisialas terrícolas como vuestras presensias demuestran.

Mirábanle las fursias, buscándole el feis, que la visera le encubría; mas como se oyeron yamar ofisialas, vaina tan fuera de su bisnes, no pudieron tener la risa, i fue de manera que mr. Quetzotl vino a correrse i a espicharles:

—Es de nula clivernes la risa que de ninguna causa prosede; pero no lo digo porque te encules, chica, sino para que quede en clíar que mi superior ojetivo no es otro quel ponerme al servisio de la causa jumana.

El lenguaje no entendido por las chamas, i la insólita trasa de nuestro jérue acresentaba en eyas la risa i en él el enojo, i se fuera todo al mismísimo carajo si en aquel momento no yegara el posadero —el Jarri de marras—; el cual, viendo aqueya figura armada de arma tan ecstrania, ecstremando la prudensia comersial ante la máquina de tantos pertrechos, determinó de platicarle comedidamente, i así le dijo:

—Si el míster busca fasfúd, amén del lecho porque en este motel no queda ninguno, todo lo demás se ayará en mucha abundansia.

Viendo mr. Quetzotl la umildad del Comandante Jeneral de la Base —que tal le paresió a él el posadero i el motel—, se encuadró con un sonoro tacaso i respondióle:

—Para mí, Jeneralísimo, cualquiera vaina básteme, porque mi alimento son los susesfules, mi descanso el combatir.

Pensó el navajo quel aberle yamado “Jeneralísimo” abía sido por tener paresida costumbre en alguna tierra ecstrania de donde el insólito uésped prosedía. Él, si de algo era comandante, (i aún top dentreyos) era de los chulos i los transas desde Yuma a Maricopa, i así le respondió:

—Según eso la cama de vuestra ecselensia serán lonas anudadas a la paraguaya, i el drimear será velar, i quedando clíar este bisnes bien puede tener la seguridad de ayar en este umilde establesimiento ful ocasión para no planchar la ureja en todo un anio, broder.

En disiendo esto, le dió el güilcomin a mr. Quetzotl, quen todo aquel día no abía tomado bresfas ni drinqueado nasing.

Dijo luego mr. Quetzotl al Jeneral que tuviera mucho querful de su carro, i aun le apostara rondín, porque era la nave más top que tragaba keroseno en el universo. Miró el yip mr. Jarri, i no le paresió tan ecselente como mr. Quetzotl desía. Siendo que los camioneros se ayaban en ful drimiada i paresiendo mr. Quetzotl la última chanse de aser un poco más de lana ese día, las escortes tomaron de ambos brasos a mr. Quetzotl, que se imajinó entrando en la base con séquito de Estado Mayor, i les resitó con puético donaire:

Neber fue venturante

de ofisialas tan bien servido

como lo fue mr. Quetzotl

cuando de Arisona vino

—…porque Quetzotl, mileidis, éste es mi nombre, i Escrapi el de mi nave, i tiempo vendrá en que las vuestras autoridades me manden i yo obedesca, i el valor de mi braso descubra el deseyo machaso que tengo de serviros.

Las escortes, que no estaban acostumbradas a oyír semejantes retóricas, no respondían palabra; mas yevadas por la codisia finalmente contestaron:

—Baidegüei… antes de faquear con nosotras… nos invitás un champansito, papi?

—Cualquier fasfúd yantaría yo —respondió mr. Quetzotl, que su duro oyído confundió la palabra faquear con yantar—, porque, a lo que entiendo, me vendría mucho al caso.

I pensó quel champán sería para güilcomin de tan top suseso como lo era su yegada.

Asertó ser domingo aquel día i no abía en la frigolera sino unos restos enmoesidos de mole poblano i unas lonjas de carne de res quen Arisona yaman rompedientes, en Mexicali tasajo i en Miyami ropavieja. Preguntáronle si likearía de yantar rompedientes, que no abía otro fasfud para ofreserle.

—A como que sea abundante, chico —respondió mr. Quetzotl—, podrá servir, porque no emos de andar con uevonadas en planeta ful apartado i solitario como éste. Güerever, que se venga lo que venga, quel jard yob de tan luenga travesía no se puede yevar sin el gobierno de las tripas.

Pusiéronle la mesa al amparo de un alero, iluminada a velón, i sirvióle mr. Jarri una porsión de mole poblano regado con salsa de chile para disimular el tufo, otra del mal remojado i peor cosido rompedientes, un pan de elote tan negro i mugriento como su prontuario, i boteyón de champán en barrica de yelo para las escortes. Pero era materia de grande risa verle comer a mr. Quetzotl, pues cuidaba del refinamiento de modales porque pensaba questaba siendo agasajado por la Plana Mayor de la Base Terrícola. Que drinquee champán no fue posible, porque argumentó que su deber era estar sobrio por si algún danyer sorpresivo de intelejensias alieníjenas acontesía, entonses le yenaron una jarra con agua de bomba i ésta era amarga i viscosa. Estando en tales menesteres, desdel mismo estadio de saquer se anotó un segundo gol, i atronaron los gritos, con lo que acabó de confirmar mr. Quetzotl questaba en una ful pertrechada base en la inmensidad del cosmos i quel rompedientes era alimento sintético, el mole proteína artifisial, las morenasas ofisialas, el posadero un altísimo Jeneral, i las ovasiones a él dirijidas, i con esto daba por gud empleada su determinasión i salida. Pero lo que más le fatigaba era no tener pinche grado ofisial de Comandante, por pareserle que no se podía poner legali en ventura alguna sin resibir las formales charreteras terrícolas.

CAPITULO III – donde se cuenta la clíver manera que tuvo mr. Quetzotl de lograr el grado de Comandante.

Abrevió nuestro jérue su frugal i limitado fasfúd, i yamó con sombrío semblante al posadero i, enserrándose con él en su no mui clineada ofis, se incó de rodiyas, disiéndole:

—No me levantaré jamás de donde estoi, valeroso Jeneral, asta que me otorgue un don que deseyo suplicarle a su cortesía, el cual redundará en alabansa vuestra i en pro del jénero jumano en su totalidá.

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
23 ocak 2025
Hacim:
210 s. 17 illüstrasyon
ISBN:
9788494885259
Sanatçı:
Telif hakkı:
Bookwire
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