Kitabı oku: «Mi hijo adolescente es vegetariano»

Yazı tipi:

KATIA RAFFARIN

MI HIJO

ADOLESCENTE ES

vegetariano

Con la colaboración de

Charlotte Debeugny, nutricionista


NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

Título original francés: Au secours! Mon ado est végétarien.

Autora: Katia Raffarin.

© Éditions First, un sello de of Édi8, Paris, France, 2019.

© de la traducción: Miguel Alpuente Civera, 2020.

© de las ilustraciones: Joan Pejoan Duran, 2020.

© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2020.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona

rbalibros.com

Primera edición: enero de 2020.

REF.: ODBO657

ISBN: 9788491182160

REALIZACIÓN EDITORIAL • GRAFIME, S.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.

CONTENIDO

1  Introducción

2  1. Consejos prácticos para comprender a tu hijo adolescente

3  2. ¿Es bueno para la salud de tu hijo?

4  3. Y en la vida cotidiana, ¿cómo nos arreglamos?

5  4. La despensa ideal para alimentar bien a tu hijo vegetariano

6  5. Recetas fáciles, rápidas y divertidas para el adolescente vegetariano

7  Anexo. Un ejemplo de semana vegetariana

8  Carta a mi generación (Théo)

9  Agradecimientos

10  Notas

11  Bibliografía

A THÉO

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del ansia de la vida por sí misma. Nacen a través de vosotros, no de vosotros. Y aun cuando estén con vosotros, no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, pues ellos piensan por sí mismos. […] Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis que se parezcan a vosotros, porque la vida no retrocede ni se queda rezagada en el ayer.

JALIL GIBRÁN,

El profeta (1923)

INTRODUCCIÓN

Soy una madre de familia, un ama de casa de menos de cincuenta años: una señora normal y corriente. Soy una mamá que quiere a su grandote hijo adolescente. Lo quiero, sí. De manera imperfecta, sin duda, pero lo mejor que puedo. Y doy ejemplo. O lo intento. Soy educada, no aparco en las plazas para personas con discapacidad, pago el billete de metro y las multas, evito coger el coche cuando no es necesario, reciclo la basura, voy al punto limpio de recogida de residuos… Como todo el mundo. Lo hago porque creo que es mi deber, pero también porque la imagen que quiero dar es la de una adulta que se toma el trabajo de hacer lo correcto, que se esfuerza por dar lo mejor de sí misma.

Mi hijo adolescente tiene dieciséis años y se llama Théo. Pienso en su futuro, y por eso no cedo siempre a sus exigencias en lo que se refiere a comprar cosas o salir. Soy una madre y estoy educando a un hijo. No es ninguna broma: es importante.

Se trata, además, de un proceso que debe considerarse con toda seriedad, pero no demasiado a rajatabla. Yo soy la responsable de la persona que él será el día de mañana, la responsable de cómo se comportará con los demás cuando se convierta en adulto. Si se le guía bien, sabrá compartir, comunicarse y desarrollarse dentro de la sociedad. Sabrá tomar, pero también dar. Cuando pienso en su futuro, estoy pensando lisa y llanamente en el «futuro», es decir, en el mundo que voy a dejarle.

Por eso, cuando nuestro hijo pidió ser vegetariano, yo, honradamente, no pude decirle que no. Si tú también piensas que un padre no nace, sino que se hace, que no hay padres perfectos, sino solo progenitores con buena voluntad que lo hacen lo mejor que pueden, y que educar a un hijo no es solo darle órdenes, sino también ayudarle a convertirse en él mismo, este libro va dirigido a ti, porque un joven que no desea comer más carne no es en absoluto un inconsciente con los típicos rasgos del adolescente egoísta e inmaduro.

Por el contrario, es alguien que manifiesta su voluntad de hacer avanzar al mundo en la dirección correcta.

1 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA COMPRENDER A TU HIJO ADOLESCENTE

Érase una vez una madre de familia que pensaba que iba a pasar un sábado como los demás (¡y que no podía estar más equivocada!).

«MAMÁ, AHORA SÍ, YA ESTOY PREPARADO: QUIERO SER VEGETARIANO».

Todavía lo estoy viendo mientras viene hacia mí como si fuera a alertarme de un peligro inminente y me dice: «Ya no quiero comer más carne». Procesé aquel anuncio sin procesarlo realmente. En el fondo, no me lo creía. No entendía nada de nada. Me vinieron a la cabeza cientos de imágenes: mi hijo cuando era bebé, todos los menús Happy Meal devorados en el McDonald’s, las patatas fritas, las minisalchichas en los desayunos de los hoteles con las que tanto disfrutaban nuestros hijos…

Nunca me habría imaginado que nuestro hijo, un adicto absoluto a la charcutería, digno nieto de una familia normanda que educa en los placeres de la buena mesa y de un abuelo cazador de jabalíes, tendría un día suficiente voluntad para privarse de sus manjares tradicionales. No entendía cómo podía haberse producido un cambio tan radical sin que yo lo hubiese visto venir. Casi sospechaba que todo debía ser cosa de algún ligue que tenía por ahí… Decirme a mí misma que alguien le influía me resultaba más sencillo que admitir que fuera una decisión perfectamente meditada. Por fuerza debía tratarse de un capricho, de algo pasajero. Pero una vocecita interior me decía que era necesario indagar un poco más.

Nuestros hijos adolescentes suelen ser personas hipersensibles que construyen su propia visión del mundo, de nuestra sociedad. A menudo, experimentan un fuerte sentimiento de impotencia ante las injusticias que descubren, y eso les causa gran angustia. Se muestran atentos a todo y se interesan por las noticias sobre el futuro de nuestro mundo como nunca lo hizo nuestra generación, la de sus padres.

LOS NIÑOS CRECEN DEVORANDO IMÁGENES

Théo creció. Pasó de la preadolescencia a la adolescencia sin que nos diésemos cuenta. Su personalidad se iba asentando. Y así había de ser. Ahora sus gustos son similares a los de muchos otros adolescentes: le gustan las historias de ficción sobre sociedades imaginarias amenazadas por la guerra, el totalitarismo o las catástrofes ecológicas. Pertenece a la generación de Harry Potter, de las series de Narnia, Crepúsculo o X-Men (entre muchas otras), pero también conoce a George Orwell y sabe de los peligros de la manipulación. En muchos de los libros dirigidos a los jóvenes de hoy, todo el mundo sale bien parado gracias al amor y a la tolerancia. Con ello, se están forjando idealistas.

Y luego está la información. Internet, Twitter, Instagram, YouTube… Todas las imágenes que circulan por las pantallas desde que son niños. Cuando hoy echo la vista atrás, me doy cuenta de que determinadas noticias le calaron muy hondo.

Nosotros, los padres, creemos que nuestros hijos adolescentes están curtidos por los horrores de los telediarios. Aunque nos gustaría protegerlos, en esta época en que la información se cuela en los teléfonos móviles resulta difícil hacerlo, cuando no imposible. ¿O es que tú sabes la contraseña de su teléfono móvil? Pues claro que no. Sin embargo, con el teléfono, en pocos minutos puede darse una vuelta por el mundo sin defensa ni protección de ningún tipo. Si trataras de confiscarle el móvil pondría el grito en el cielo por esa flagrante vulneración de su intimidad y su integridad intelectual.

Algunos psicólogos afirman incluso que el teléfono es como una prolongación del cuerpo del adolescente. Privarle de su móvil es amputarle un miembro (estoy bromeando…, pero solo un poco). En cualquier caso, los adolescentes todavía no son adultos. Sensibles y permeables como esponjas, les afectan las terribles imágenes que sin cesar se difunden por los teléfonos móviles. La violencia de tales imágenes tiene el mismo efecto que si les pegaran una paliza. Yo casi tengo medio siglo de vida y a veces se me saltan las lágrimas con determinados reportajes, así que ¿cómo va a ser de otro modo para quien acaba de cumplir quince años y hace cinco todavía acariciaba su peluche?

Esas nuevas tecnologías también han hecho que los animales vuelvan a ser un centro de atención para los niños, en este caso más para mal que para bien. Por desgracia, de los clásicos de Disney a los vídeos trash que circulan por YouTube no hay más que un paso.

Théo se había prohibido terminantemente ver los vídeos de ovejas arrojadas con violencia contra los cercados, de trabajadores riéndose con los chispazos de las pinzas eléctricas que electrocutan y queman a los cerdos o de animales despellejados vivos, pero sabía muy bien lo que había en esos vídeos, gracias a los más que numerosos comentarios sobre su contenido difundidos principalmente por la radio o por Twitter (sí, digo gracias y no por culpa de, porque son actos que deberían denunciarse).

Al igual que otros muchos adolescentes de hoy, educados en el amor a los animales, cualquier noticia que tocara de cerca o de lejos las condiciones de vida de los animales volvía sin cesar a su cabeza. Violenta y dolorosamente. Todas las generaciones han debido confrontarse con la violencia. La de nuestros jóvenes adultos no escapa a la regla. Es el aprendizaje de la vida. Pero esta es una violencia que surge de los teléfonos móviles sin previo aviso.

Estamos todos tan conectados que, aunque un asunto no nos interese, de todos modos nos va a llegar información sobre él. Así que ya podemos imaginar qué sucede cuando se trata de una cuestión que afecta a los sentimientos de un adolescente recién salido de la niñez. Eso es lo que ha vivido Théo, al igual que toda su generación.

Por la televisión, siguió horrorizado la mutilación con motosierra del joven Vince, un pequeño rinoceronte blanco de cuatro años al que unos furtivos abatieron salvajemente en el municipio de Thoiry (ubicado en la región parisina) para serrar y robar su cuerno principal, de veinte centímetros. Su muerte indignó al mundo entero. Un acto de barbarie nunca visto en Europa.

Cuando empezó a navegar al azar por Internet, no tardó en descubrir las torturas que se infligían a los animales en los mataderos. También se enteró del explosivo comunicado de la asociación animalista francesa L214 y de sus operaciones de choque.

Con el transcurso de los meses y los años, estos reportajes que escuchaba en la radio o veía por televisión le quitaban el apetito y alimentaban sus reflexiones sobre este «mundo podrido que no respeta nada», o le hacían repetir que «es algo que da miedo» o que estaba «harto de no hacer nada para que deje de suceder».

A veces, le oía sin prestar demasiada atención, no porque no me interesara lo que él sentía, sino para protegerme. Tampoco yo era insensible al sufrimiento animal, pero, como muchos otros adultos, prefería cerrar los ojos, esconder la cabeza como un avestruz y esperar a que pasara.


Milo, 15 años

Vi un vídeo del L214 en el que mostraban los mataderos. Creo que si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos.

¿TE ACUERDAS DE TUS AÑOS DE ADOLESCENCIA?

Tengo grabada en la memoria una frase que, cuando yo era adolescente, solía repetirse en las discusiones de algunos adultos: «Si a los veinte años no eres comunista, es que no tienes corazón. Si lo sigues siendo a los cuarenta, es que no tienes cerebro». La frase resonaba con fuerza en mi interior cuando advertía no solo el ansia de Théo por hacer algo, sino también mi propia culpabilidad. En aquel momento, diría que me tomé la voluntad de mi hijo de no comer carne como una especie de deseo utópico, como una reivindicación que se debía solo a su juventud.

NO LO OLVIDES: TODOS Y TODAS SOMOS ANTIGUOS ADOLESCENTES

Al envejecer, el ser humano renuncia a sus ideales, «es algo inevitable». Es lo que todos y todas acabamos diciéndonos a nosotros mismos. Como si fuera una máxima fatalista que nos repetimos a modo de mantra tranquilizador. Renunciamos a querer cambiar las cosas, a cierta idea del mundo que nos hacía soñar, para en su lugar acomodarnos a la realidad. En el caso del adolescente, convertirse en adulto implica renunciar a un ideal de vida. Nosotros, en cambio, no hacemos más que repetirles: «Ya verás como llega un momento en que lo comprendes», «Ya hablaremos más adelante, señor/señora sabelotodo», o «Uno no hace siempre lo que quiere, sino lo que puede». Pero ¿qué es lo que quieren los adolescentes? Tener una vida buena.

Así pues, ante un adolescente que pide construir activamente su futuro, que contrapone a nuestra sociedad un ideal de vida menos violento y más responsable, ¿cómo vamos a pasar de largo sin detenernos a considerar sus argumentos?

Cuando en la vida se nos plantea un problema como el de la situación de los animales, podemos elegir entre dos actitudes: la estrategia del avestruz, es decir, hacer como si el problema no existiera, o bien tratar de comprenderlo para manejarlo mejor. En mi caso, una vez pasado el efecto sorpresa, enseguida me dije que un hijo adolescente que desea convertirse en vegetariano no es lo peor que puede pasarte en la vida, pero desde luego tampoco es un asunto del que despreocuparse. De inmediato, me di cuenta de que, para actuar de la mejor manera, primero necesitaba comprender la cuestión.


RECUERDA

No olvides que un adolescente necesita, a un tiempo, control y libertad, consejos y espacio para experimentar por sí mismo. Por tanto, antes de decidir si le apoyarás en su proyecto, hazle todas las preguntas que se te pasen por la cabeza.

Y tranquilízate: tu hijo adolescente no es el único que quiere prescindir de la carne. En Francia, por ejemplo, más de uno de cada diez jóvenes es vegetariano.1

LA CURIOSIDAD NO MATÓ AL GATO


¡Acribilla a preguntas a tu hijo!

¿Por qué quieres ser vegetariano?

Aunque tengas cierta idea de las razones (en mi caso, el apego de mi hijo a los animales desde la infancia, las películas de Disney, Narnia o Spiderman y luego Internet, los animalistas del L214 y los pequeños rinocerontes), no adelantes las respuestas: quien debe aclararte sus motivos es tu hijo; tú no estás en su lugar. Si de verdad deseas comprenderlo, antes tiene que explicarte sus motivos.

Bien, ya no quieres comer carne… ¿Significa eso que ya nunca querrás comer carne, nada, NADA de carne, ni siquiera un poco? ¿Y pescado? ¿Comerás pescado?

¿Y te parecería bien si en principio solo reduces el consumo de carne?

¿Hace mucho que le dabas vueltas a la cuestión? ¿Cómo te vino la idea?

¿Te das cuenta de que tendrás que cambiar tu alimentación?

Un vegetariano come verduras, legumbres, fruta, frutos secos y semillas oleaginosas, y a ti, hijo mío / hija mía no te gusta ninguna de esas cosas. ¿Cómo te las vas a arreglar?

Sabes que ya no podrás comer un kebab con tus amigos. ¿Seguro que no te importará?

Y hay muchos sitios donde no les gustan demasiado los vegetarianos. ¿Estás preparado para soportar que te miren con curiosidad cada vez que comas por ahí?

En Internet, la gente se burla mucho de los vegetarianos. ¿Crees que lo llevarás bien?

Vas a tener amigos y a salir con chicas que comerán carne. ¿Qué harás para tolerarlos?

¿Qué esperas de mí? ¿Qué esperas de nosotros?

UNA LISTA PARA UBICAR MEJOR LAS PREFERENCIAS ALIMENTARIAS DE TU HIJO

Los vegetarianos excluyen el consumo de toda clase de carnes y pescados, pero toman leche, huevos y queso.

Los vegetarianos estrictos no consumen carnes (rojas, blancas, pescados o mariscos) ni ningún producto de origen animal, como los huevos, el queso, la leche o la miel (producida por las abejas). A diferencia de los vegetarianos, deben tomar vitamina B12 si no quieren sufrir graves carencias.

Los pescetarianos no consumen carne, pero sí pescado, crustáceos y moluscos acuáticos, como el calamar, el pulpo o la sepia.

Los flexivegetarianos o flexitarianos, cada vez más numerosos, comen casi siempre como vegetarianos, pero de vez en cuando se permiten alguna licencia y toman carne o pescado.

En mi caso, yo impuse esta última dieta a mi hijo durante unos meses. Constituía una fase de transición, y a nosotros nos ayudó a prepararnos para una alimentación vegetariana. Fue útil sobre todo para mi marido, que pudo hacerse a la idea sin que chocara con sus costumbres.

Si tu hijo excluye la carne y el pescado, pero sigue consumiendo productos lácteos, huevos y miel, pertenecerá al grupo de los ovolactovegetarianos, que son los vegetarianos en su sentido más amplio.

Si lo que desea es reducir la carne y prepararse poco a poco para el vegetarianismo, lo que significa que seguirá tomando carne y pescado de vez en cuando, entonces será flexivegetariano. Es decir, que se considerará como un vegetariano «flexible».

Si de su alimentación van a quedar excluidos la carne, el pescado, los productos lácteos, los huevos y la miel, entonces lo que quiere ser es un vegetariano estricto.

Por último, si desea adoptar el vegetarianismo estricto como filosofía de vida, su intención es convertirse en vegano: no solo se alimentará únicamente de productos de origen vegetal, sino que irá más allá y se negará a usar todo aquello que proceda del mundo animal (seda, lana, cuero…).

LOS (FUTUROS) ADOLESCENTES VEGANOS Y NOSOTROS, SUS PADRES

Si a un adolescente vegano le pides que te explique por qué se ha convertido en vegano, es muy probable que te responda simplemente: «Los animales son amigos, y yo no me como a mis amigos».

En el caso de que en casa tengas un gato, un perro o un conejo, y los consideres parte de la familia, tal como ocurre en uno de cada dos hogares franceses,2 tendrás que darle la razón. Pero si un adolescente se muestra reacio a comer huevos o productos lácteos, a llevar zapatos de cuero o un jersey de lana, o incluso a ponerse una crema corporal, seguro que querrás saber un poco más.

Así pues, ¿qué es el veganismo?

En 1944, Donald Watson cofunda la Vegan Society e inventa el término vegano a partir de la palabra vegetariano (VEG[etari]ANO) para diferenciarse del ovolactovegetarianismo.

Dice la Vegan Society: «El veganismo es un modo de vida que pretende excluir, en la medida en que sea posible y factible, cualquier forma de explotación y de crueldad hacia los animales, ya sea para obtener comida o ropa o con cualquier otro fin».

El veganismo es un compromiso en favor de la abolición de toda forma de explotación animal. Se trata de una idea radical muy en consonancia con el modo de pensar de los adolescentes, porque ellos no hacen nunca nada a medias: o les encanta algo o lo odian, o lloran o ríen. ¡Viven intensamente! En el seno de una sociedad con la que no comulgan y que está plagada de injusticias, esa exigencia de bondad con los animales les resulta, en cierto modo, tranquilizadora, porque les permite posicionarse como actores de su propia vida.


RECUERDA

Para los padres es imprescindible comprender, apoyar y comunicar, no solo para compartir, sino también para cuidar de que el adolescente mantenga los pies en el suelo y no se refugie en el extremismo, un peligro siempre al acecho para todo aquel que busca dar sentido a las cosas.

Una y otra vez, mi hijo hace comentarios sobre nuestro modo de consumir, o incluso lo critica abiertamente, sobre todo en lo que respecta a comprar artículos de piel. Yo me limito a escuchar, sin juzgar. Si lo hiciera, sería la mejor manera de precipitar su decisión. Lo más probable es que se haga vegano. Será entonces el momento de pensar en ese tipo de cosas y guiarlo para que actúe en consonancia con sus convicciones. Y existen muchas probabilidades de que eso también me anime a mí a acompañarlo en su modo de vida.

Considera a partir de ya la posibilidad de que tu hijo opte por el veganismo y aborda con él la cuestión sin ningún tipo de tabú. Eso os permitirá saber el cómo y el porqué de su decisión.

TESTIMONIOS DE ADOLESCENTES VEGETARIANOS FELICES CON SU OPCIÓN


Théo, 16 años

Me hice vegetariano justo antes de cumplir quince años. Lo que acabó de decidirme fue la masacre de la cría de rinoceronte en el zoológico de Thoiry. Dicho así, parece un poco infantil, pero que alguien pudiera matar a un animal tan magnífico e inocente me sublevó. Ya llevaba un tiempo pensando en dejar de comer carne, pero había oído que no era conveniente hasta haber finalizado el crecimiento. Hoy sé que eso no es verdad, pero entonces me daba miedo. Por si no crecía. No entiendo por qué se matan vacas, cerdos y pollos, y no gatos, perros… Sabemos que sufren y que no son máquinas, lo sabemos y los matamos igual, a pesar de que el hombre es omnívoro y puede prescindir sin problemas de la carne. Es absurdo.

En el instituto, hubo muchas burlas. Un chico que no come carne resulta sospechoso para la gente, se le considera una chica. Se pone en duda su virilidad y su fuerza. Es duro vivir algo así. Al principio me ponía furioso, pero luego dejé de hacerlo porque eso perjudica la causa de los animales. Algunos de mis amigos intentan hacerse vegetarianos, pero sus padres no lo ven con buenos ojos, así que solo lo son cuando pueden. Soy consciente de que tengo mucha suerte por poder hacer lo que me dicta mi conciencia y ser coherente conmigo mismo. Mis padres me han dado su confianza, y eso, para mí, es muy importante.


Zoé, 16 años

Que una sea adolescente no significa que sea idiota. A mí siempre me han gustado los animales y tenía ganas de ser una vegetariana comprometida. Hace un año, descubrí el antiespecismo, una corriente filosófica que anima a luchar contra las discriminaciones basadas en la pertenencia a una especie y en la presunta superioridad de los humanos. Vi como algo evidente que comer carne de animales no era justo.

Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos. Mi madre entendió por qué me negaba a comer carne, pues ella quiere mucho a su perro. Resultó más duro para mi padre, que al principio no creía que fuera en serio.


Max, 13 años

Vi Earthlings [película documental estadounidense del año 2005, dirigida por Shaun Monson] y fue una conmoción. Entonces decidí que sería vegetariano. Mis padres lo entendieron y no me pusieron pegas.


Helena, 25 años

Recuerdo el día en que decidí hacerme vegetariana. Era un mes antes de cumplir los quince años. Me acuerdo porque mis padres no hacían más que decir que ya no era una niña y que ya estaba hecha una auténtica mujercita. Sin embargo, les costó mucho aceptar que quisiera pensar por mí misma. Mi padre tenía una crepería en la región de París. Su especialidad era la crepe de carne picada con setas y queso. Su mayor placer era hacerme una, especialmente para mí. Decirle que ahora tendría que cocinarla sin jamón era igual que salir del armario. A menudo, los padres ponen mucho cariño al preparar los platos. Si rechazas su cocina, lo viven como si rechazaras su amor.

TAMBIÉN NOSOTROS, LOS PADRES, DEBEMOS ACEPTAR EL CAMBIO


Los padres nos esmeramos al máximo cuando preparamos los platos para nuestros hijos. No se trata solo de comida, sino también de confianza y emociones. Comer bien es comer hasta saciarse, es apreciar un alimento por su sabor y sus propiedades beneficiosas. También es una especie de código, un medio de expresar una identidad y un vínculo.

Cuando en nuestra familia aceptamos el cambio a una dieta vegetariana, estábamos aceptando pasar página y dar por concluidos los muchos años jalonados con el capón de la comida navideña, las barbacoas de verano, el cordero pascual de Pascua, la bandeja de marisco en los fines de semana de Normandía… Aceptamos EL CAMBIO. ¡Ah, el cambio! Es nuestro mejor enemigo. El que nos hace encontrar lo mejor de nosotros mismos al tiempo que nos aterroriza, por la posibilidad de que amenace nuestra armonía cotidiana.

UNAS PALABRAS DE LOS PADRES QUE HAN ACEPTADO EL CAMBIO


Valérie, 45 años

Mi hija quiso hacerse vegetariana a los catorce años. A mí me costó aceptar esa opción porque no era la misma que tenía yo. Hoy la comprendo y me alegro de haberla ayudado a llevar sus convicciones hasta el final. Pero también hay que decir que, para un adolescente, no siempre resulta fácil ser vegetariano. Cuando sale por la noche, mi hija siempre se encuentra con que no tiene nada que comer. A menudo, los jóvenes piden pizzas, pero con jamón. Luego vuelve a casa muerta de hambre y se abalanza sobre la nevera. Ella dice que no le importa. Y yo intento creerla, pero no estoy demasiado convencida.

¿Y por qué no creer lo que dice? A los adolescentes les gusta reunirse por la noche y estar juntos, lejos de los adultos. Está claro que les gustan las pizzas y los kebabs, pero lo más importante es ese «estar juntos» y lejos del juicio de los padres.

En cualquier caso, seguro que un día te toca lidiar con el fiestero de tu hijo, esa noche que vuelve a casa famélico. Es un clásico, una situación que no solo exige cierta resignación para evitar preocupaciones inútiles, sino también un mínimo de anticipación.

Con el tiempo, el adolescente aprenderá a manejar (bien) la situación:

 Comerá antes de salir.

 Comerá por el camino (comida rápida, un sándwich, tacos…).

 No comerá antes de salir, pero habrá pedido a los comprensivos organizadores que pidan pizzas de queso.

 Llevará él mismo su comida: pizza, patatas fritas, pan, queso…

 Seguirá llegando con hambre bastantes veces; pero es así, lidiando con determinadas situaciones, como uno aprende a anticiparse.

Un consejo: no bajes nunca la guardia y compruébalo absolutamente todo, porque los adolescentes se olvidan de todo, incluida la comida.

Pero tampoco vayas a creer que los adolescentes vegetarianos son los únicos que pasan hambre los viernes y sábados por la noche. Por si todavía no lo sabes, entérate de que comida (de cualquier clase) suele haber muy poca en una reunión nocturna de adolescentes (y, por desgracia, hay bastante más bebida).


LA OPINIÓN DE LA NUTRICIONISTA

Consejo de nutrición para adolescentes vegetarianos hambrientos: puedes comprar hamburguesas, nuggets y salchichones veganos y conservarlos en la nevera o el congelador.

Hazte también con un buen cargamento de pizzas Margarita. Una pizza siempre es una pizza, ¡incluso sin jamón!


Laetitia, 54 años

Mi hija no come carne desde los quince años. En nuestra casa, el problema surge sobre todo cuando vienen a visitarnos mis padres. Con frecuencia, mis padres se han reído de ella, con el argumento de que en este mundo hay niños que se mueren de hambre. Así que no comprenden la decisión de su nieta. Consideran que es una pose intelectual, creen que nadie tiene derecho a negarse a comer carne, que tenemos la gran suerte de poder comer hasta saciarnos.

De modo que con ellos ya no existe la misma complicidad, y creo que es una pena, porque es normal que nuestros hijos crezcan e intenten encontrar soluciones para mejorar el mundo que nos rodea.


Lucia, 48 años

Cuando mi hija me dijo que no quería comer carne nunca más, me puse hecha una furia. Me pareció otro problema más que me iba a amargar la vida y a hacerme perder tiempo. No era nada contra mi hija, sino simplemente que tenía otras cosas que hacer que pasarme el tiempo cocinando para la señorita. Cuando yo tenía su edad, me comía lo que me ponían en la mesa. Punto. Nunca me habría atrevido a decirle a mi madre que quería comer esto o lo otro. Además, ella nunca habría consentido en cocinar algo especial para mí.

TAMBIÉN TÚ REACCIONASTE MAL CUANDO TU HIJO TE DIJO: «¿CARNE? ¡NUNCA MÁS! PAPÁ, MAMÁ: SUPRIMIDA, ¿VALE?»

¡Sobre todo no te culpabilices! Los padres no somos máquinas, no somos seres perfectos. Puedes optar por mantenerte en tu postura porque el cambio te supone demasiado esfuerzo. Es mejor eso que dar tu visto bueno y, luego, echarte atrás. A todos los que se crean con derecho a criticarte, déjales claro que asumes tu decisión, porque esa causa no es la tuya y, como padre o madre, no estás obligado a decir siempre que sí a todas las peticiones de tus hijos, sobre todo cuando su salud está en juego.

Pero si estás leyendo este libro es porque tal vez te planteas otra solución. Tienes como mínimo dos opciones: proponerle a tu hijo que se haga flexivegetariano (es decir, que reduzca en gran medida el consumo de carne sin dejarla por completo) o que se vuelva pescetariano (la carne, prohibida; pero no el pescado ni los crustáceos). De ese modo, no te obsesionarás con las posibles carencias nutricionales y tendrás tiempo para saber cómo preparar algunas recetas sencillas.

Una vez pasada la sorpresa, quizá quieras volver a abordar el asunto con tu hijo. Por suerte, nunca es demasiado tarde para hablar las cosas. El diálogo te ayudará a tener una opinión más fundada, ya sea para afirmarte en tu decisión o para cambiarla y permitir que se haga vegetariano.


Pierre, 52 años

Invertir tu tiempo tratando de inculcar ciertos principios a tu hijo y descubrir que asume sus propias responsabilidades y desea ser coherente con sus convicciones es algo que, para un padre o una madre, no tiene precio. El día en que mi hija me dijo que ya no comería más carne, y sobre todo cuando me explicó por qué, para aportar su granito de arena en la tarea de mejorar el mundo, me sentí muy orgulloso de ella.

Siempre nos quejamos de que los adolescentes están pegados al teléfono móvil, haciéndose selfies o enfrascados en cualquier otra actividad estéril, como jugar a algún juego tonto o postear vídeos en Snapchat. Así pues, cuando vemos que han tomado una decisión meditada, deberíamos alegrarnos, ¿no?

¿Y SI LOS ADOLESCENTES FUERAN LOS SALVADORES DEL MUNDO?

«Cuando vi a los participantes en la conferencia de la ONU, me dije: “Un momento. ¿Y estos son los que tienen que salvar el planeta?”». Son las palabras de Greta Thunberg, una joven sueca que se ha convertido en el nuevo rostro de la militancia ecológica. Su discurso en la COP24, la cumbre de la ONU sobre el cambio climático, sacudió a todo el mundo.


Greta, 16 años

Afirman ustedes que aman a sus hijos más que a nada en el mundo, pero están destruyendo su futuro ante sus propios ojos […]. En 2078, yo celebraré mi septuagésimo quinto cumpleaños. Si tengo hijos, tal vez pasen el día conmigo. Y tal vez me pregunten por qué ustedes no hicieron nada cuando todavía había tiempo para actuar.3

Greta no toma aviones, no come carne ni hace concesiones de ningún tipo. Y no es la única adolescente que desea pasar a la acción. En Estados Unidos, Jamie Margolin, de dieciséis años, ha creado su propio movimiento ecologista: Hora Cero. En Inglaterra, Elsie Luna, de diez años, está comprometida en la lucha contra los combustibles fósiles. En Australia, Jean Hinchliffe sigue los pasos de Greta; mientras que, en Bélgica, el movimiento Youth for Climate crece cada vez más gracias a dos adolescentes: Anuna de Wever y Kyra Gantois, de diecisiete y diecinueve años.

Una tendencia digna de seguimiento.

Todos estos testimonios son únicos y suenan como esas historias de encuentros mágicos capaces de cambiar una vida y darle sentido.

UN EQUILIBRIO EN CONSTRUCCIÓN

A pesar de todo, antes de llegar a encontrar ese sentido, un adolescente vegetariano podría sembrar la discordia en el seno de una familia.


Naïma, 50 años

Hace dos años que mi hija quiere hacerse vegetariana. Yo estoy bastante a favor, pero a su padre le gusta mucho la cocina tradicional y la idea no le hace ninguna gracia. El secreto consiste en estudiar las posibilidades culinarias y aceptar cambiar nuestros hábitos.

Aprender a cocinar con otros ingredientes y saber equilibrar mejor las comidas para que las combinaciones de alimentos aporten los aminoácidos necesarios para la salud. Me gustaría conseguir esas combinaciones, de modo que también se puedan preparar platos con carne para su padre… Pero tengo miedo de pasar demasiado tiempo cocinando.

En un principio, en cuanto me vi empujando el carrito del supermercado, yo sentí el mismo temor que Naïma.

¿Qué voy a comprar? ¿Qué voy a cocinar? Y tantas semillas diferentes que tienes que conocer y las combinaciones adecuadas para obtener las proteínas que corresponden… Además, ¿cómo conseguir que no sea un trastorno para los gustos de mi marido? Al final, como siempre que uno empieza una tarea desacostumbrada, la primera semana tuve que poner los cinco sentidos, pero ahora lo hago todo con la mayor naturalidad. Puedo preparar un cuscús en cinco minutos; añades unos garbanzos y ya tienes la combinación cereales-leguminosas, al igual que con mi superarroz «de cualquier cosa», que preparo con las legumbres que tenga en la despensa. Claro que también puedes comprar mezclas ya preparadas de arroz y lentejas, por ejemplo. Las combinaciones son infinitas, así que diviértete.

En cuanto a mi marido, decidí que no tenía por qué haber ningún problema, y él tampoco hizo comentarios ni criticó nada. Al fin y al cabo, si algo no le gustaba, nadie le impedía ponerse a los fogones. Hoy a todos nos va bien así.


LA OPINIÓN DE LA NUTRICIONISTA

Solo un ejemplo de «cocina rápida» y sencilla para darte confianza (aunque encontrarás muchas otras recetas al final del libro, a partir de la página 157): compra una bolsita de cereales integrales ya cocidos, mezcla con un bote de garbanzos y diferentes verduras (congeladas será todavía más rápido). Añade un poco de pesto y unas semillas para aderezar, y ya tienes una comida vegana al cabo de diez minutos exactos.

En Francia, se le da mucha importancia a comer juntos, porque contribuye a unir a los miembros de la familia. Si eres partidario de animar a tu hijo adolescente a que siga el camino elegido, pero tu pareja quiere atajar el asunto, evita imponerte por la fuerza y da prioridad al diálogo.

Mi marido, por ejemplo, tenía miedo de que ya no pudiéramos salir a comer donde nos apeteciera. No tardó en aceptar la situación, pero dos o tres veces nos encontramos con algún restaurante «prohibido» por no tener platos vegetarianos, incluso en grandes capitales europeas donde habíamos ido de fin de semana, a pesar de ser lugares con fama de tolerantes en lo que respecta a cualquier clase de vegetarianismo. En tales casos, tienes que estar preparada para resistir la presión de tu hijo, porque enseguida se dará cuenta de que el «divide y vencerás» es favorable a sus intereses.

Pero lo mejor es que sea mi propio marido quien cuente cómo vivió «los comienzos»:


Laurent, 48 años

Es verdad que tuve miedo por Théo cuando nos anunció que no comería más carne. No por su salud: había leído artículos en Internet que te tranquilizaban al respecto, siempre que se compensara esa falta de carne. No, lo que en principio me dio miedo fue que se separara de sus amigos. La adolescencia no es exactamente la etapa más tolerante de la vida. Temía que se viera marginado. Y que no pudiera ir con sus amigos al café o al restaurante, por ejemplo.

Y también me daba miedo algo que me atañía a mí, un aspecto muy concreto: perder el placer de entrar en un restaurante, deleitarme anticipadamente con la lectura del menú y esperar, con impaciencia, la llegada del plato humeante que había pedido. Pero no ocurrió así en absoluto. Cada vez más restaurantes (todavía no en número suficiente, reconozcámoslo) ofrecen platos vegetarianos. Resulta que también están buenos… y el hecho de no esperar ya esa satisfacción que obtenía con la carne me hizo comprender que el placer del restaurante está, por suerte, en otras cosas: el ambiente, la distinción del lugar y el placer único de brindar con mi mujer con un buen vino.

Hoy ya no como nada de carne. Cada vez que un colega o un amigo me pregunta si no lo echo de menos, me doy cuenta de que le cuesta creerme cuando le contesto: «Ni una sola vez». Y, sin embargo, es la verdad. A mí mismo me cuesta entender cómo he podido, de la noche a la mañana, prescindir por completo de esa parte de mi alimentación, algo que había comido desde la infancia, a menudo con mucho placer. La explicación que he encontrado es la más sencilla: que la carne no es tan esencial para sentirse bien.

Todavía como pescado. Cada vez menos. Supongo que no tardaré en dejar de hacerlo. Poco a poco. Al contrario que el resto de la familia, a veces todavía me resulta un poco difícil «aceptar» que la carne se haya acabado para siempre. Será el miedo a parecer un converso. Debe decirse que vivimos en un país donde por fuerza los «pro» tienen que enfrentarse a los «anti». Es una idiotez: yo no critico a los que comen carne. Lo único que quiero es que escuchen a los que después de haber sido carnívoros, como yo mismo, han encontrado la armonía, o se sienten más cerca de ella, absteniéndose de comer la carne de un ser vivo.

Al principio, lo mejor es discutir todos los aspectos de la cuestión entre adultos, sin que tu hijo esté delante. Te sentirás más libre para defenderlo si no está presente para colocar a su padre o a su madre en el papel de malo. Pregúntale a tu cónyuge cuáles son sus miedos y haz lo posible por tranquilizarlo.


RECUERDA

Si en esta fase hay algún consejo que conviene tener presente, sería este: ¡tómate tu tiempo! La voluntad de tu hijo tendrá un impacto real sobre la vida de la familia. Por tanto, es preciso llegar a un acuerdo para evitar que la célula familiar explote ante la menor dificultad.

SER VEGETARIANO IMPLICA ASUMIR LOS RETOS QUE PLANTEARÁ LA SOCIEDAD

¡Así que más vale estar preparado!

Aparte de poner una cruz sobre aquellos platos que puedan gustarle especialmente, como las hamburguesas o los patés navideños, tal vez tu hijo no sepa exactamente a lo que tendrá que enfrentarse. Por eso, tu deber es prevenirle. Tendrá que preguntarse si se ve capaz de plantar cara a los omnívoros.

Se encontrará con personas llenas de prejuicios que, a veces, lo tomarán por un joven estrafalario que solo quiere hacerse el interesante. Deberá justificar su decisión (a menudo) incluso ante personas a las que no respeta, auténticos ceporros, como diríamos coloquialmente. Y también justificar que no le gusta el derramamiento de sangre y que eso es algo que cae por su propio peso. Porque ¿quién, que no sea un enfermo, disfrutaría haciendo correr la sangre? Además, nunca deberá perder los nervios ni faltar al respeto a su interlocutor, si no quiere perder toda credibilidad.

Personas a las que quiere le acusarán de ser un radical. En nuestra casa, el debate surge a menudo con su hermano. A veces, la discusión sube demasiado de tono sin que ninguno de los dos ceda en su postura. No son momentos agradables, pero no por ello tratamos de evitarlos, porque es un asunto de la máxima importancia. Cuando alguien no come carne, le cuesta comprender que aquellos a los que quiere puedan seguir disfrutando con ella, no le es fácil entender semejante falta de empatía con el sufrimiento animal ni que se apoye la cría intensiva de animales, que le parece de una irresponsabilidad salvaje. Es como serrar la rama sobre la que estamos sentados.


Alice, 15 años

Odio la carne y el olor de la sangre desde que era muy pequeña. Al principio no tenía nada que ver con la ética. Sencillamente, no me gustaba. Me resultaba duro ir a casa de mis abuelos, porque ellos creían que me hacían feliz con la carne que compraban en una carnicería muy buena.

Durante mucho tiempo, acepté comer pescado, hasta que oí que casi no quedan peces y que habría que dejar de comerlos. Mi madre me pide que coma huevos y queso, porque tiene mucho miedo de que sufra carencias y no me desarrolle bien. Por eso me atiborra de vitaminas que yo me tomo solo para tranquilizarla. Porque yo me encuentro bien.

Dejando aparte el amor a los animales, lo que nos estamos jugando es el futuro del planeta. Nos cuesta entender que ya no podemos actuar como si no conociéramos la urgencia de la situación.

A tu hijo adolescente lo acusarán de ser intolerante porque «no quiere matar», y tendrá enfrente a quienes reivindican su gusto por la carne y se muestran indiferentes ante el sufrimiento de los animales. Cada vez más, se verá obligado a responder a preguntas reiteradas sobre su alimentación y acerca del fundamento de su postura. ¿Se siente capaz de hacerlo?

¿Y tú qué piensas? Como padre o madre, ¿estás preparado para darle tu apoyo? ¿Y para abrazar su causa? Porque dar apoyo sin implicarse resulta difícil.

En cualquier caso, ponle sobre aviso. ¿Está preparado para todo eso? ¿De verdad? Proponle una prueba: una cena con amigos a los que les guste mucho la carne, o una comida con sus abuelos, en el caso de que estos sean muy aficionados a las comidas tradicionales en familia. Eso le dará una idea de lo que le espera y podrá decidir si está definitivamente listo para hacerse vegetariano.

Y, sobre todo, nunca pierdas la calma.

Si tu hijo ve que mantienes la serenidad, su actitud se acomodará a la tuya. Explícale que no estás en contra de que no coma más carne, pero hazle saber que no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Siempre has hecho todo lo necesario para estar a su lado y, desde luego, eso no va a cambiar; pero debes asegurarte de que lo que quiere hacer no sea nefasto para él y para su salud.


RECUERDA

Para poder hacer lo mejor, tendrás que saber un poco más. Si es necesario, pide un periodo de reflexión, unos días o incluso unas semanas. Así tendrás tiempo de informarte y, si es el caso, pedir la opinión de tu entorno más cercano.

TE TOCA MOVER FICHA: DESHAZTE DE LOS PREJUICIOS

En mi caso, confieso que fui con pies de plomo. Rebuscar, indagar y descubrir quiénes eran de verdad los vegetarianos no era una tarea que me entusiasmara demasiado. Pero poco a poco le fui cogiendo el gusto. Desde luego, sabía que algunos de mis prejuicios eran eso, prejuicios; por lo tanto, ideas falsas. Sin embargo, también me enteré de muchas otras cosas. La petición de mi hijo me abrió a una nueva realidad. Para ahorrarte tiempo, a continuación expondré mi lista de prejuicios… y las respuestas que encontré.

PREJUICIO 1: UN ADOLESCENTE DEBE COMER CARNE PARA CRECER BIEN

Todos los nutricionistas objetivos te dirán lo mismo: un adolescente puede ser vegetariano y prescindir por completo de la carne, siempre que la compense con otros aportes de proteínas que provengan de fuentes vegetales, huevos y productos lácteos. Si el adolescente adopta un régimen vegetariano ovolácteo, no hay ningún riesgo de que sufra carencias.

En cambio, si se decide por el veganismo, se precisan más conocimientos de nutrición y tomar algún suplemento de vitamina B12, además de controlar los aportes de calcio y omega-3, de lo cual nos ocuparemos más adelante.

Que quede claro: aquí no estamos juzgando la dieta vegana. Solo se hace hincapié en la obligación de sustituir de modo correcto los aportes de proteína animal para mantener una salud perfecta. El riesgo sería la posible carencia de los aminoácidos provenientes de las proteínas animales. Pero pueden compensarse combinando legumbres (lentejas, alubias blancas y rojas, garbanzos…) y cereales (arroz, pan, pastas…).

De todos modos, cualquier padre de adolescente, sea vegetariano u omnívoro, tiene el deber de velar por que la nutrición de su hijo sea equilibrada. Los adolescentes, vegetarianos o no, tienen propensión a comer solo lo que les apetece. Paradójicamente, mi hijo empezó a comer mejor cuando se hizo vegetariano.

¿Todavía te estresa la cuestión? Recuerda que los indios son un pueblo vegetariano: el cuarenta por ciento de la población de la India no come carne, y allí los adolescentes se desarrollan perfectamente. Eso te tranquilizará.


Carla, 16 años

No como carne porque soy alérgica a las proteínas de la leche de vaca y a las de la carne de vacuno. Y confieso que me viene muy bien. Tengo una amiga que no quiere comer carne y cuyos padres no le dejan, porque creen que no crecerá como debe. Esa no es razón. Yo soy la prueba. Ahora bien, tampoco diré que sea siempre fácil.


LA OPINIÓN DE LA NUTRICIONISTA

¡Ya puedes respirar! No cabe duda de que una dieta vegetariana equilibrada puede aportar a tus hijos todos los nutrientes que necesitan para su desarrollo. Cuando decimos equilibrada, tampoco significa que cada comida deba tener un equilibrio perfecto. Ese equilibrio se consigue a lo largo de varios días.

PREJUICIO 2: UN ADOLESCENTE VEGETARIANO POR FUERZA SUFRIRÁ CARENCIAS

Este segundo prejuicio es la continuación lógica del primero. Debe aclararse que un adolescente omnívoro y otro vegetariano corren idéntico riesgo de sufrir carencias. Pero hay una diferencia: sin duda, el vegetariano estará más controlado por las personas de su entorno y, por tanto, tendrá menos probabilidades de sufrir carencias.

En resumen, si tu hijo es vegetariano, sus carencias no tienen por qué ser ni mayores ni menores que las de un adolescente omnívoro.

Pero cuidado: si es vegano, deberá tomar obligatoriamente un suplemento de vitamina B12.

PREJUICIO 3: HACERSE VEGETARIANO NO SALVARÁ EL PLANETA

¿Es que no sabes que el cien por cien de los ganadores de la lotería primitiva lo son porque han probado suerte? De igual manera, todos los vegetarianos están contribuyendo a la reducción del calentamiento global, al bienestar de los animales, a resolver los problemas de escasez de agua… De lo que no hay duda es que no haciendo nada el planeta no se salvará.

¿Has oído hablar de la disonancia cognitiva?

La disonancia cognitiva es una contradicción entre dos ideas.

Por explicarlo de modo simple (muy simple): todos tenemos creencias (las cogniciones) muy fuertes que influyen en nuestros actos. Cuando las circunstancias nos empujan a actuar en desacuerdo con nuestras convicciones, experimentamos un estado de tensión muy desagradable.

Es decir, que como hacemos algo que no aprobamos nos sentimos incómodos. A eso es a lo que llamamos disonancia. En ese preciso momento, interviene nuestro cerebro, que es muy amable y tiene por objetivo hacernos sentir mejor. Así que va a ayudarnos, a posteriori, a adaptar nuestra creencia, de modo que podamos justificar nuestra acción con argumentos que nos parezcan aceptables.

A una de esas disonancias se le ha dado el nombre de paradoja de la carne.

La mayor parte de nosotros deseamos el bien de los animales, pero también nos encantan en forma de filete.

Así pues, para mitigar la incomodidad que nos produce el acto de comer carne, necesitamos excusas. Estas son solo algunas:

 No todos los animales son iguales (comer perro o gato: ¡qué horror!) y, además, en realidad, los animales tampoco sufren.

 Todo el mundo come carne. El ser humano debe comer carne para gozar de buena salud.

 Al comer carne, el ser humano está rindiendo homenaje a los animales. Si no comiera animales, no existiría la crianza ganadera y ya no habría animales en las praderas.

 Las tradiciones culinarias de toda la vida deben transmitirse y respetarse.4

Como dice el dicho popular: «No hay peor sordo que el que no quiere oír».

LOS ARGUMENTOS NUMÉRICOS DE THÉO

Las cifras que se ofrecen a continuación me las envió Théo por mensaje de texto para ayudarme a verlo todo con mayor claridad. Son más elocuentes que el mejor discurso. Hablan de crueldad, pero también de problemas ecológicos y de amor por la vida. Aunque no son exhaustivas, te ayudarán a formarte una opinión. Expuestas así, en una lista, su realidad salta a la vista, interpela a nuestra conciencia y elimina toda posibilidad de negación.

Gracias a ellas, pude dar sentido a la decisión de Théo de hacerse vegetariano:

 Cada segundo se sacrifican en el mundo 1.900 animales.5

 En todo el mundo, cada día se eliminan ciento sesenta y cinco millones de animales, tres millones de ellos solo en francia.6

 Cada año se matan sesenta mil millones de animales, de ellos mil millones en los mataderos franceses.

 Cada año se pescan un billón de peces.

 De acuerdo con los datos de Naciones Unidas, de aquí al año 2050, se prevé que el consumo mundial de carne aumente en un setenta y cinco por ciento para alimentar a entre nueve y diez mil millones de seres humanos.

Según Théo, resulta inútil tratar de concienciar a la gente con el argumento del sufrimiento animal. La mayoría se burla del problema y considera que quienes intentan remediarlo son seres débiles que ponen en peligro la superioridad del hombre. Por eso, en su argumentación, mi hijo hace hincapié en las cuestiones medioambientales:

 La ganadería es la principal causa del cambio climático.7 Según un informe de la FAO,8 las explotaciones ganaderas son responsables del 14,5% de las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero.

 Los animales de crianza consumen el 80 % de los antibióticos que se producen en el mundo.

 La FAO confirma que «la producción extensiva de ganado es una de las causas principales de la destrucción de los bosques tropicales de Latinoamérica, lo que provoca daños medioambientales incalculables en la región, y el 90 % de la deforestación se debe a prácticas agrícolas no sostenibles».9

 Según la Asociación Vegetariana de Francia, la explotación ganadera implica una considerable movilización de recursos hídricos:Se necesitan 1.300 litros de agua para producir 1 kilo de trigo.Se necesitan 900 litros de agua para producir 1 kilo de maíz.Se necesitan 15.500 litros de agua para producir 1 kilo de carne de vacuno.

Si actualmente se llega a esas cifras es porque se precisa mucha agua para abrevar a los animales y regar las plantaciones necesarias para alimentarlos.

En total, en Francia, la agricultura consume el 71 % del agua utilizada, mientras que los hábitos domésticos solo son responsables del 5,6 %. Cuando se sustituye un menú de carne por otro vegetariano, se están ahorrando 7.500 litros de agua, el equivalente a cincuenta baños.10

 La ganadería consume el 40 % de la producción mundial de cereales.11

 Un tercio de las tierras cultivables del planeta está ocupado por explotaciones ganaderas.

Estas cifras plantean la cuestión de cómo aprovechar de forma óptima las superficies agrícolas para alimentar a casi diez mil millones de seres humanos. Según veintisiete científicos internacionales expertos en la materia (reunidos para elaborar un estudio en el marco de una comisión formada por la revista médica británica The Lancet y la fundación Eat), el planeta podría subvenir a sus necesidades, a pesar incluso de la explosión demográfica, a condición de modificar las dietas alimentarias y cambiar radicalmente (y de forma colectiva) nuestros hábitos de alimentación. En concreto, consumiendo menos carne y azúcar, y más verduras.12

Nada resultará más beneficioso para la salud humana ni incrementará más las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra que evolucionar hacia una dieta vegetariana.

ALBERT EINSTEIN (1879-1955)

PREJUICIO 4: A LOS VEGETARIANOS SE LOS MARGINA. UN ADOLESCENTE VEGETARIANO SERÁ RECHAZADO POR SUS COMPAÑEROS

En el entorno escolar, ser vegetariano no siempre resulta fácil para un adolescente.

Sin embargo, la imagen del vegetarianismo está evolucionando de forma evidente. Según un sondeo llevado a cabo en 2017 por Harris Interactive (un instituto de estudios de mercadotecnia y de sondeos de opinión), el 5 % de los franceses son vegetarianos o veganos. Asimismo, la nueva generación aprueba la dieta vegetariana.13 En la franja de 16 a 25 años, el 11 % afirma haber renunciado a la carne, y el 47 % se plantea reducir el consumo de productos cárnicos. Y ese porcentaje podría aumentar, pues un 10 % de los encuestados piensa hacerse vegetariano o vegano algún día, y otro 18 % no excluye esa posibilidad. Las generaciones jóvenes son sensibles al maltrato animal, a la preservación del medioambiente y a los problemas de salud provocados por los escándalos alimentarios: un 54 % se plantea reducir su consumo de carne para proteger a los animales, un 49 % para preservar el medioambiente, un 43 % por cuestiones de salud y un 21 % a causa de los recientes escándalos alimentarios.

Resulta más que comprensible que un padre o una madre se preocupen por las posibles burlas que su hijo deberá afrontar si se hace vegetariano. Pero no es razonable tratar de protegerlo impidiéndole que sea él mismo.

PREJUICIO 5: LOS VEGETARIANOS NO COMEN NADA; MI HIJA, QUE NO ESTÁ MUY GORDA QUE DIGAMOS, VA A QUEDARSE RAQUÍTICA

Existen muchos artículos que alertan del «riesgo» de adoptar un «régimen» vegetariano para perder peso, en especial para las jóvenes. No te dejes asustar: la dieta vegetariana, por sí sola, no adelgaza. En todos los testimonios de chicas jóvenes que he leído en Internet, cuando en efecto hablan de que han perdido peso, siempre especifican que ha sido por introducir en la dieta una mayor variedad de legumbres, verduras y cereales. Si tu hija sigue comiendo variado y en cantidades suficientes, su salud no va a correr ningún peligro.


Diana, 14 años

Al principio, no les dije nada a mis padres. No comía carne, pero fingía que sí. Se la daba toda a mi perro, por debajo de la mesa. Después, mi madre se dio cuenta. Le entró miedo de que me volviera anoréxica. Pero, desde luego, no era esa mi intención. En la plaza Saint-Michel había visto a los del L214 con lechones congelados en los brazos, y eso me había sacudido como una bomba, porque de lejos parecían bebés de verdad.


LA OPINIÓN DE LA NUTRICIONISTA

La adolescencia es un periodo de pleno desarrollo, y, sin duda, nadie desea que su hijo adolescente pierda peso de forma anormal. Pero una dieta vegetariana, si incluye abundantes verduras, frutas y cereales integrales ricos en fibra, contribuirá a que los adolescentes ejerzan un mejor control sobre su peso y su salud: saldrán ganando por partida doble. Con todo, si te das cuenta de que tu hijo no come lo suficiente y pierde peso, no lo dudes y consulta con tu médico.

PREJUICIO 6: LOS VEGETARIANOS COMEN PESCADO

Pues no: los vegetarianos no comen pescado ni marisco. Analiza el asunto con tu hijo. Pregúntale si conoce las diferentes dietas vegetarianas. ¿Qué le parecen? ¿Piensa seguir comiendo pescado?

Los que no comen carne pero sí pescado y marisco son los pescetarianos, término que deriva del latín piscis, que significa «pez».

PREJUICIO 7: LOS VEGETARIANOS NO TIENEN ENERGÍA PARA HACER DEPORTE

Ser vegetariano o vegano no impide la práctica del deporte, incluso a un alto nivel. Existen vegetarianos muy conocidos por sus magníficos resultados deportivos. ¿Ejemplos? Agárrate, no vayas a caerte de la sorpresa.

 El entrenador del PSG, Thomas Tuchel, es vegetariano. Para este entrenador alemán de cuarenta y cuatro años, la nutrición es fundamental: «¡Lo que hay en el plato tiene una importancia decisiva!».

 Carl Lewis, el velocista y saltador de longitud, nueve veces medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Lewis declara que la dieta vegana fue su principal baza en su carrera como atleta.

 Martina Navratilova, legendaria tenista. Se la considera la mejor jugadora de todos los tiempos. Ganó dieciocho torneos del Grand Slam en la categoría individual, treinta y uno en dobles (un récord) y diez en dobles mixtos. Es una gran militante del vegetarianismo.

 Surya Bonaly, campeona francesa de patinaje artístico. Ganadora de tres medallas de plata en el Campeonato del Mundo y cinco veces campeona de Europa.

 Murray Rose, nadador australiano y vegetariano desde la cuna. Ha ganado cinco medallas olímpicas y ha batido quince récords del mundo.

 Eneko Llanos, triatleta vasco, ha participado en varios Juegos Olímpicos. Con los años, se ha especializado en correr campeonatos ironman: en 2007, ganó el de Lanzarote y, en 2013, los de Melbourne y Frankfurt. Es vegetariano desde hace más de dos décadas por motivos éticos y de respeto a la vida de los animales


Sylvie Guillem, primera bailarina

Me hice vegana al final de mi carrera, entre los cuarenta y seis y los cincuenta años, así que lo lógico hubiera sido que me encontrara más cansada. Entonces necesitaba de toda mi energía, pero puedo decir que, en mi última gira, tuve fuerzas para bailar en setenta espectáculos celebrados en treinta y tres ciudades y dieciséis países a lo largo de nueve meses. Tenía más resistencia física y llegaba al final de la función con mayor facilidad. Y en el aspecto ético me sentía bien, menos hipócrita y más coherente. Lo único que lamento es haber dado el paso tan tarde. Todo es cuestión de encontrar el detonante, y si consigo provocarlo antes en mi entorno de deportistas, mejor que mejor.

PREJUICIO 8: EL VEGETARIANISMO ES UNA MODA Y, COMO TODAS, PASARÁ

Como madre de un adolescente que pide hacerse vegetariano, no me parece que sea esencial contestar a esta idea preconcebida. El vegetarianismo no es un concepto nuevo que necesite ser defendido. En cambio, sí creo que es fundamental comprender bien que ese deseo de nuestro hijo se inscribe en una historia humana y ética que probablemente se remonte a la creación de la humanidad. Citaré a Voltaire: «Solo les falta la palabra; si la tuvieran, ¿osaríamos matarlos y comérnoslos? ¿Nos atreveríamos a cometer tales fratricidios? ¿Qué bárbaro asaría un cordero que, con un discurso enternecedor, nos rogara no convertirnos a la vez en asesinos y antropófagos?».14 El filósofo francés, como antes hicieran Pitágoras, Platón o Plutarco, presenta el problema en su contexto ético. No es cuestión de «modas», sino de respeto a la vida.

Tu hijo no está sucumbiendo a ninguna moda; tan solo ha comprendido los tiempos que corren y abraza sus convicciones. Y, fenómeno de moda o no, si aceptas que se haga vegetariano, siempre tendrá derecho a cambiar de opinión.

PREJUICIO 9: LA DIETA VEGETARIANA ES CARA

Compara el precio de un kilo de carne con el de las frutas y las verduras, incluso con el de las ecológicas. Siguen siendo mucho menos caras que la carne. En cuanto a la base de la dieta vegetariana, es decir, las féculas, las legumbres y los cereales, está en la franja mínima de los precios alimentarios.

Si investigas un poco los filetes de soja, encontrarás precios imbatibles de marcas reputadas por sus precios más que competitivos. Así que ya no hay razón para privarse de una buena hamburguesa vegetariana: seguro que acabará convenciéndote. No obstante, ten siempre presente que se trata de productos transformados, por lo que no es recomendable consumirlos cada día.

Cuidado con los alimentos tentadores de la moda healthy. La alimentación vegetariana no está a salvo de las técnicas de venta más especializadas, ideadas para hacernos comprar un determinado producto vegetariano sanísimo, o casi sanísimo, pues se presentará indefectiblemente como bueno, bonito, ecológico… Y eso gracias a unos envoltorios de atractivo irresistible.

PREJUICIO 10: LOS VEGETARIANOS PREFIEREN LOS ANIMALES A LOS HOMBRES

«En lugar de fastidiar a todo el mundo, harían bien en invertir sus energías en una causa humanitaria». ¿Qué responder a eso?

Cuando un adolescente desea volverse vegetariano, lo hace por razones ecológicas o porque está indignado ante el tratamiento dado a los animales. Es decir, porque se niega a aceptar el sufrimiento que se inflige a los seres vivos. Comer animales alimenta la violencia de la humanidad. No es posible combatir el sufrimiento si seguimos causándolo sin cesar. En concreto: ¿sabías que hay niños, mujeres y hombres que mueren de hambre para que los occidentales continúen comiéndose sus bistecs? Pues así es.

Cerca del ochenta y cinco por ciento de la producción mundial de soja se destina a la alimentación animal.

Francia es el tercer importador de soja brasileña. El noventa por ciento de esa soja se destina a la alimentación de aves de corral y cerdos. Los cultivos de soja se están comiendo la selva amazónica, «el pulmón verde del planeta». La soja es responsable de que 2,4 millones de hectáreas de bosque desaparezcan cada año en América del Sur, lo que deja en situación en extremo vulnerable a las poblaciones autóctonas. Preocuparse por la causa de los animales es también preocuparse por el bienestar de las personas, porque ambos están estrechamente vinculados.

Así es como setecientos noventa y cinco millones de personas sufren hoy malnutrición. Sin embargo, dos tercios de las tierras de cultivo se consagran a la ganadería o a la producción de alimentos para nutrir a unos animales que, a su vez, están destinados a servir de alimento.15

Media hectárea de tierra puede producir bastante soja para alimentar a sesenta y una personas, o suficiente trigo para alimentar a una decena de personas, o ganado para alimentar a un par de ellas.

No se trata de una cuestión nueva: ya en 1987, John Robbins, en su libro Diet for a New America, abordaba el impacto medioambiental de la ganadería industrial y los derechos de los animales. La obra tuvo un gran éxito. El autor calculaba, por ejemplo, que solo con que Estados Unidos redujera en un diez por ciento su consumo de carne quedarían disponibles doce millones de toneladas de cereales que podrían alimentar a sesenta millones de seres humanos que mueren de hambre cada año.16

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