Kitabı oku: «Ho'oponopono»

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Ho’oponopono. Una palabra milagrosa que en los últimos años se ha ido extendiendo por el mundo a una velocidad sorprendente. Un arte propio de la cultura polinesia asentada en Hawaii, destinado a resolver y sanar los conflictos familiares, así como a borrar las memorias, creencias y emociones en las cuales estamos atrapados.

Nuestras almas están vinculadas, nuestros respectivos “Yo” nos separan. Las memorias del poder, el miedo, la codicia, la avaricia, el rencor, la envidia del Yo impide acercarnos unos a otros, desde la perspectiva amorosa del alma. ¿Cómo borrar esas memorias, creencias y emociones que nos distancian hasta transformarnos en adversarios? ¿Cómo comenzar a darnos cuenta de que los océanos no nos separan sino que nos unen? ¿Cómo borrar las memorias que se han hecho síntomas y enfermedades? ¿Cómo borrar las memorias que nos impiden la abundancia en nuestra vida? ¿Cómo liberarnos de las memorias que nos dificultan vivir relaciones dichosas? ¿Cómo dejar atrás todo lo que frena disfrutar y deleitarnos con el encanto de la vida? ¿Cómo pasar del sufrimiento al placer? En este libro su autora nos trae la respuesta: el Ho’oponopono.

Y lo hace no sólo adentrándose en la técnica, sino poniendo al descubierto la visión que la sustenta.


Delia Beatriz Bosnic B. Lawich (Lili) nació en Buenos Aires, Argentina, y reside actualmente en México.

Siendo adolescente, la pregunta “¿Quién soy?” la llevó a indagar por distintos caminos, siempre buscando respuestas. Trabajó en administración y estudió Psicología social.

La necesidad de comprender y sanar aspectos emocionales dolorosos de sí misma la introdujo en un profundo trabajo personal, tanto utilizando la palabra como el cuerpo, y fue con estas terapias no tradicionales que empieza a atar cabos y a develar incógnitas.

Su curiosidad la invita a descubrir el fascinante mundo de la Terapia Floral; leer acerca de Terapia de Vidas Pasadas la mueve a organizar en México diplomados con el doctor José L. Cabouli, siendo formada en dicha técnica.

Desde el año 1999 coordina el boletín electrónico de La Red Floral y la organización de eventos de diversas terapéuticas holísticas. Participa como conferencista en Congresos de la especialidad, imparte consulta terapéutica y talleres de TVP y Ho’oponopono en Buenos Aires, España, Nicaragua y diferentes ciudades de México.

Es autora de los CD's “Ho’oponopono. Milagros cotidianos” y “Déjame que te cuente”.

Lili Bosnic

Ho’oponopono Arte ancestral de sanación hawaiano


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía de la autora

  Portada

  Agradecimientos

  Prólogo

  Introducción

  Capítulo 1. La Tierra es una escuela

  Capítulo 2. El océano nos une

  Capítulo 3. Lo real y la realidad

  Capítulo 4. Simplicidad: estar centrado en una sola cosa

  Capítulo 5. Libertad: seguir el camino del alma

  Capítulo 6. Responsabilidad: lo que de ti hay en mí

  Capítulo 7. Alma y personalidad

  Capítulo 8. Somos transeúntes: Ulises

  Capítulo 9. La trampa del afán de perfección: Ícaro

  Capítulo 10. La presencia del pasado: creencias y emociones

  Capítulo 11. La sombra: Teseo y el laberinto

  Capítulo 12. ¿Quién soy yo?: Edipo

  Capítulo 13. El viaje de la vida: Jasón y el Vellocino de Oro

  Capítulo 14. Somos espejos: nos miramos unos en los otros

  Capítulo 15. El amor es testimonio y no palabras

  Capítulo 16. La llave de las puertas de la personalidad

  Capítulo 17. Intención, improvisación y contacto

  Capítulo 18. La memoria del sufrimiento

  Capítulo 19. Los gestos de amor, armonía y placer

  Capítulo 20. El ho’oponopono está en ti

  Capítulo 21. Palabras mágicas y milagros cotidianos

  Epílogo

  Referencias bibliográficas

  Para contactarse con Lili Bosnic

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

Con infinita gratitud para:

Juan y Anastasia, mis papás biológicos

Cata y Juan, mis papás del corazón

Inés y Paty, mis terapeutas

Eduardo, mi compañero de ruta

……………………

porque me dieron la vida

porque incondicionalmente me ofrecieron lo mejor de sí

porque me ayudaron a desplegar mis alas… y volar

por tanto, tanto… y tanto

los amo

Prólogo

Limpia, borra, borra y encuentra tu propio paraíso.

¿Dónde? Dentro de ti mismo.

Morrnah Nalamaku Simeona, Kahuna Lapa’au

La primera vez que se escucha el término ho’oponopono, sorprende. ¿Hopo qué?, se suele preguntar.

Hasta hace algunos años, pocas personas tenían idea de su significado. Sin embargo, esto se ha ido revirtiendo aceleradamente y hoy podemos decir que este ancestral conocimiento llega cada día a más y más personas dispuestas a abrirse a su profunda sabiduría.

Etimológicamente, Ho’o significa “causa” y ponopono “perfección”, en lengua hawaiana. Se lo suele traducir como “enderezar un error” o “hacer lo correcto”.

Sus orígenes se remontan a unos 5.000 años. Ho’oponopono es un sistema de sanación físico, mental, emocional y espiritual practicado por la cultura kahuna de Hawai.

Esta técnica ha sido actualizada y convertida en un proceso de sanación tan integrador que nos acerca a los milagros. En su estructura convergen psicología, física cuántica, filosofía y mística, amalgamadas en una forma tan perfecta, que no sólo va a permitirnos sanar, sino también avanzar sólidamente por la vida.

Morrnah Nalamaku Simeona, reconocida como un tesoro viviente de Hawai en 1983 por su trabajo, actualizó esta técnica que hoy se conoce como “Ho’oponopono actualizado”, o más correctamente, “Sistema de autoidentidad a través de ho’oponopono”.

Ella difundió el “Ho’oponopono actualizado” por el mundo incluyendo a médicos, colegios y universidades. Se presentó además ante la Organización Mundial de la Salud y en las Naciones Unidas.

Morrnah era una Kahuna Lapa’au hawaiana nativa. Kahuna significa “guardián del secreto” y Lapa’au, “especialista en sanación”. Entre los hawaianos, la palabra kahuna denomina a un maestro espiritual sanador.

Básicamente, la filosofía kahuna nos dice que los seres humanos vivimos repitiendo sistemáticamente “pensamientos tóxicos”, “pautas mentales”, “emociones”, etcétera —que denominan “memorias”—, y provienen de nuestros ancestros, vidas pasadas y todo aquello que se adquiere en las experiencias tempranas de la infancia y en el posterior desarrollo de nuestra vida.

Toda esa información debe ser “borrada”, para luego ser realmente “nosotros mismos” (autoidentidad) y para que deje de generar los “problemas” que enfrentamos día a día (cocreando nuestra realidad de manera inconsciente).

El ho’oponopono entonces, se practica para limpiar y suprimir esas memorias, así como para liberar lazos kármicos que nos involucran con otras personas, restaurando de ese modo el balance y la armonía de la personalidad.

Recuperar nuestra autoidentidad implica estar libre de memorias, en estado de “vacío” como dicen los budistas, o estado cero según el ho’oponopono.

Y es en este estado de vacío donde logramos conectarnos directamente con la divinidad que nos ha creado, que entonces nos guiará a través de inspiraciones, atrayendo a nosotros todo lo perfecto y correcto.

Los alcances de este método de sanación permiten obtener resultados increíbles y extraordinarios, con la única condición que se lo aplique siempre, lo que más se pueda. Es importante señalar que la clave de este proceso es la capacidad transmutadora del agradecimiento, el perdón, y asumir el cien por ciento de responsabilidad de todo lo que sucede en nuestra vida.

Otro aspecto importante es reconocer la existencia de una Divinidad (Dios, Divina Inteligencia, Conciencia Cósmica, o como uno prefiera llamarlo), cuya sabiduría y poder son muy superiores a los nuestros, y que nos ama incondicionalmente.

Debemos estar dispuestos a dejar todo en manos de esta Divinidad para que sane nuestros recuerdos, sentimientos, creencias, para que sane la raíz misma de toda experiencia no deseada o dolorosa que tengamos y para que a la vez alivie a los demás.

Conocí el ho’oponopono hace más de cinco años, y esto produjo un profundo impacto en mi vida. Me permitió comprender aspectos de mis pacientes (y de las personas en general), que mi formación como psicoterapeuta no podía brindarme, además de trabajar en mi propio interior, porque como dice el doctor Ihaleakala Hew Len, “la paz comienza conmigo”.

Por ello los invito a sumergirse en la fascinante lectura de este texto que hoy tengo el placer de prologar.

El ho’oponopono es en sí inagotable, pero creo que con los conceptos aquí desarrollados habré podido despertar en los lectores el suficiente interés como para desear conocer más sobre este sistema maravilloso, que mi querida amiga Lili Bosnic pone al alcance de todos.

Destaco especialmente la importancia de contar con un nuevo texto sobre este tema, que siempre es bienvenido, ya que es escasa la literatura referida al ho’oponopono. Pero además este libro tiene el sello de su autora, su particular manera de mostrarnos los secretos de este arte sanador, que será revelado a lo largo de los capítulos.

Si bien la práctica de ho’oponopono es absolutamente sencilla, no lo es tanto la comprensión de sus bases filosóficas.

Para muchos lectores, algunos de los conceptos ya expuestos y los que se formularán a continuación pueden ser, en primera instancia, muy difíciles de aceptar o de comprender. Otros no tanto, pues son comunes a otras sabidurías ancestrales.

Para facilitar el proceso, les sugiero lo siguiente: no crean nada de lo que aquí se dice, pero pónganlo en práctica sin juzgar. Verán que FUNCIONA.

No sólo eso, funciona más allá de nuestro entendimiento. Pueden no haberlo comprendido en su totalidad, pero les aseguro que si realizan una práctica permanente, los resultados inevitablemente surgirán.

No obstante, en este caso los lectores cuentan con una guía privilegiada: la autora de este libro, que los llevará paso a paso por los distintos aspectos de este arte sanador.

Bienvenidos pues, a esta aventura fascinante, de la mano de Lili.

Paz, más allá de todo entendimiento.

Raúl E. Pérez

Buenos Aires, enero de 2012

Introducción

Divino creador, padre, madre, hijo, todos en uno…

Si yo, mi familia, mis parientes y antepasados te ofendieron a ti, a tu familia, parientes y antepasados en pensamientos, palabras, hechos y acciones desde el inicio de nuestra creación hasta el presente, nosotros pedimos tu perdón.

Deja que eso se limpie, purifique, corta las memorias, bloqueos y transmuta estas energías oscuras en pura luz

Y está hecho.

Morrnah Nalamaku Simeona

Las verdades no necesitan presentarse de un modo complejo para ser tales. Tampoco la simplicidad es sinónimo de verdad o profundidad. Pero lo que conlleva la verdad siempre, para serlo, es liberación. Estar en contacto con la verdad nos hace libres. Del mismo modo, ser libres es estar en la verdad. Pero, ¿de qué libertad hablamos? ¿A qué verdad nos referimos?

En todo caso, a la del Alma.

Los seres humanos somos libres para todo, menos para no seguir el dictado de nuestra alma. En el regazo del alma encontramos la unidad, el amor y la libertad. Pero, cuando vivimos a la intemperie del alma no somos, en esencia, libres, sino esclavos de la separatividad y el desamor.

El alma se realiza en la unidad y el amor. Su meta no es el afán de perfección o de poder, sino abrirse a los procesos de la vida para aprender.

Pero, ¿cómo abrir las puertas del Yo a la luz del alma? ¿Cómo lograr que el yo se alinee con los deseos del alma? Hay muchos senderos, y aquí deseo compartir uno de ellos: el ho’oponopono.

Elijo la palabra compartir porque se trata de eso: entretejer, caminar juntos, comprender que todos somos transeúntes y que todos estamos ligados, unos con los otros. Que no existe otra posibilidad para avanzar, crecer, sanar y evolucionar que abrirnos a la experiencia sagrada de ser hermanos, prójimos, de reconocer que estamos unidos, que la unidad es la naturaleza de la vida.

Nuestras almas están vinculadas, nuestros Yo nos separan. Las memorias del poder, el miedo, la codicia, la avaricia, el rencor, la envidia del Yo, nos impide acercarnos, unos a otros, desde la perspectiva amorosa del alma. ¿Cómo borrar esas memorias, creencias y emociones que nos distancian hasta transformarnos en extranjeros y adversarios?

De nuevo, mi respuesta está en el ho’oponopono.

Este libro se aleja un poco de lo ya escrito sobre el tema. Lo plasmé mirando el océano, tal vez en sincronía con el hecho de que este ritual ancestral sanador de las memorias que nos hacen sufrir nace de la profundidad de las culturas oceánicas.

En el Tarot hay un arcano que representa el mundo de creencias y memorias en las cuales quedamos encerrados: la Torre.

En algunas representaciones de esta carta aparece Poseidón, el dios del mar y los océanos, como aquel que derrumba la construcción de la torre de nuestras máscaras, como un símbolo de que el agua representa la posibilidad de un nuevo comienzo. El agua, la fuerza que limpia y borra, como en el Diluvio y en el Bautismo, las memorias que nos atan al ayer de nuestras vidas para ofrecernos un nuevo y renovado comienzo, una iniciación, no por el fuego sino por el agua.

Muchas de las ideas filosóficas que sostienen la visión del ho’oponopono pueden encontrarse en otras concepciones, pero su originalidad consiste en el arte de practicarlo. Su condición de arte nos libera de reducirlo a una técnica, y coloca su ejercicio no ya en el automatismo de una reiteración sin conciencia, sino en un acto pleno de intención creativa.

Entre otras virtudes, el ho’oponopono fomenta el agradecimiento, y si bien lo hace de un modo que nos conduce a practicar esta virtud de manera impersonal, en este caso deseo encarnar mis gracias en la figura de mi maestro Raúl E. Pérez, quien acercó el don del ho’oponopono a mi vida.

Lo siento, perdóname, gracias, te amo.

Lili Bosnic

México, diciembre de 2011

XXXOOO

Capítulo 1
La Tierra es una escuela

Recordar quiénes somos es lo único que salvará a nuestra especie.

Nos dijeron que Dios está afuera.

La religión nos ha dicho que somos malos y pecadores y que al cielo sólo se llega si te lo mereces.

Pero tú eres Dios. Nuestra alma es Dios.

No estamos separados de Dios.

Nuestra alma es parte de un gran espíritu.

Dios no es un hombre, ni una mujer.

Dios es conocimiento, Dios es todo.

Toda experiencia es una oportunidad de aprendizaje.

No hay errores, no hay pecados: vinimos aquí para aprender.

La vida, en la Tierra, es una escuela.

Kiesha Crowther

La Tierra es una escuela donde venimos a aprender, y el recorrido de la vida, nuestra historia, es el testimonio de ese aprendizaje.

Aprendemos a pasar del defecto a la virtud, del error al acierto, a transformar la ignorancia en sabiduría, el egoísmo en amor, la dependencia en libertad y la crueldad, que nos separa, en unidad.

Evolucionar es aprender. Se aprende si se vive, si se saborea la existencia sin dejar nada fuera. De modo que hay que vivirlo todo para aprenderlo todo.

Además, hay que vivir intensamente lo que la vida nos ofrece. Nos hemos acostumbrado a vivir las cosas a medias: media tristeza, medio enojo… y por ese camino nos hemos vuelto mediocres emocionales.

Pero para que los sucesos se hagan experiencia, es necesario aprehender con plenitud la vida, ya que lo que no se vive en su totalidad no se aprende y lo que no se aprende se repite.

El secreto consiste en zambullirse en la experiencia que la vida nos propone, sin temor alguno, sin discutir con ella y sin dudar de los caminos por los cuales nos lleva.

Se aprende tanteando, probando; no hay otra manera. Al mismo tiempo, incluso, sin permitir que las interferencias de los otros nos alejen del auténtico sendero de nuestra alma.

La Tierra es un espacio de posibilidades, y para aprender hay que habitarla, hacerla propia. Sentir que sus mares, ríos, montañas, bosques y desiertos están dentro de cada uno de nosotros, que somos la Tierra, que somos sus hijos.

Está poblada de vida, y para aprender hay que hacer del otro un prójimo. Sentir que cada ser vivo se halla ligado y forma parte de cada uno de nosotros.

Aprender es hacer de la Tierra un hogar, de la vida una sociedad, de la sociedad una comunidad y de la comunidad una hermandad.

Sin embargo, ningún aprendizaje es individual; cada vez que aprendo, todos y todo aprenden. El telar de la vida teje los múltiples hilos que la integran en una totalidad solidaria y plural. Esto hace que la evolución no se reduzca a una cuestión personal, sino que siempre sea coevolución.

DIVINIDAD, LIMPIA EN MÍ CUALQUIER OBSTÁCULO QUE ME IMPIDA VIVIR

EN LA TIERRA COMO UN HOGAR Y APRENDER LO QUE LA VIDA SE PROPONE ENSEÑARME.

LO SIENTO. PERDÓNAME. GRACIAS. TE AMO.


La Tierra es una escuela donde venimos aprender.

Hay que escuchar la voz de la Tierra y tejer una relación familiar con el mundo.

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ISBN:
9789507546594
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