Kitabı oku: «Farsalia»
Asesores para la sección latina: SEBASTIÁN MARINER BIGORRA (†).
JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por VÍCTOR -JOSÉ HERRERO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1984.
www.editorialgredos.com
PRIMERA EDICIÓN , 1984.
REF. GEBO193
ISBN 9788424930912.
INTRODUCCIÓN
1. Vida de Lucano
La vida de Marco Anneo Lucano tuvo las mismas características de un fuego fatuo: brevedad y fulgor. Aparte de las biografías de época humanística (las de Pomponio Leto, Sulpicio Verulano, Filipo Beroaldo, etc.), tres son las Vitae Lucani antiguas y autorizadas: la de Suetonio, mutilada y tal vez abreviada, la atribuida a Vacca y la que, sin atribución a autor alguno ni en la Antigüedad ni en los tiempos modernos, aparece en el cod. Vossianus Latinus, fol 63; las llamaremos, respectivamente, Vida I, II y III 1 . Las Vidas I y III (ésta procede claramente de aquélla) son, en general, hostiles al poeta, mientras que la II le es favorable, tal vez porque Vacca fuera, como piensa Rostagni, de origen español y estuviese ligado de alguna forma a la familia de los Anneos 2 . Asimismo, nos ofrecen noticias sobre Lucano los poetas de la generación siguiente Marcial 3 y Estacio 4 y, sobre su muerte, el historiador Tácito 5 . Con los datos de estas fuentes enhebraremos una síntesis biográfica del poeta.
Nació Lucano el día 3 de noviembre del año 39 d. C. en Córdoba (su lugar de nacimiento impulsó a Estacio a cantar a la Bética como «felix heu nimis et beata tellus» 6 ), en el seno de una familia de brillante trayectoria política y cultural. Su abuelo paterno fue el famoso Séneca el Rétor; sus tíos paternos, Séneca el Filósofo y Lucio Anneo Novato, llamado, tras su adopción por el rétor Junio Galión, Lucio Junio Anneo Galión 7 , al que su hermano el Filósofo dedicó sus tratados De ira y De uita beata. El padre del poeta fue Marco Anneo Mela, el tercero y más joven de los hermanos, «caballero romano, ilustre entre los suyos…, relevante ciudadano que brilló con todo tipo de méritos y se distinguió por su inclinación a la vida tranquila; seguidor de ese tipo de vida, mientras más se apartaba de la multitud, menos conseguía permanecer en el anonimato» (Vida II) 8 , Su madre, Acilia, igualmente de Córdoba, pertenecía a otra familia ilustre, la de los Acilios 9 ; era hija de Acilio Lucano, orador de talento, uir clarissimus y bien relacionado con los altos funcionarios romanos de la Bética (Vida II); de él tomó nuestro poeta su cognomen. Creció, pues, Lucano en un ambiente familiar óptimo para el desarrollo de sus potencialidades artísticas.
A los ocho meses de su nacimiento fue llevado a Roma, donde debió vivir sus dos primeros años en estrecho contacto familiar con su tío Séneca, ya que éste, desterrado a Córcega en el año 41, escribe a su madre Helvia aconsejándole que busque lenitivo a su dolor en el cariño de sus nietos, y se refiere a Lucano con estas palabras ternísimas: «Vuelve los ojos a tus nietos, a Marco, niño cariñoso en extremo, ante cuya presencia ninguna tristeza puede ser duradera; no hay aflicción tan grave ni tan reciente en cualquier pecho, que él no pueda dulcificar con sus abrazos. ¿Qué lágrimas no seca su alegría? ¿Qué corazón atenazado por la angustia no se relajaría con sus gracias vivaces? ¿A quién no invitará al buen humor su espíritu juguetón? ¿A quién, abrumado por preocupaciones, no seducirá y distraerá su parloteo, que uno no se cansa de escuchar? 10 .
Se educó con los maestros más eminentes («a praeceptoribus tunc eminentissimis est eruditus», Vida II), entre ellos el noble filósofo estoico Anneo Cornuto, en cuya escuela tuvo por condiscípulo a Persio, al que admiraba como poeta 11 . Pero su principal maestro y, a la vez, su modelo de vida fue, sin duda, su tío Séneca, vuelto del destierro en el año 49, cuando el poeta contaba 10 años de edad, y con el que vivió estrechamente unido unos 15 años, hasta la muerte de ambos. Cuando Séneca se hizo cargo de la educación del joven Nerón (dos años mayor que Lucano), debió volcar todo su interés y sabiduría en la formación cultural y moral del Príncipe y, a la vez, de su sobrino. Y hasta es posible que pensara ya, para el futuro, en situar a Lucano, que daba muestras de talento precoz y relevantes prendas, cerca de Nerón como amigo, consejero y hombre de influencia en la orientación política y moral del Emperador, soñando con un bello triunfo del estoicismo y del «anneísmo» 12 .
Como era habitual en la época, Lucano marchó a Grecia a completar su formación. Cuando Nerón subió al poder (año 54 d. C.), el talento de Lucano, de sólo 15 años, debía haber llegado ya a sus oídos. Como quiera que sea, sin duda por insinuación de su maestro Séneca, el Emperador hizo venir a Lucano de Atenas y lo incorporó a su «cohors amicorum» (Vidas I y II). La estrella de Lucano empieza a fulgurar con luz propia en el «cenáculo» de poetas y artistas de que se había rodeado el Emperador y que nos ha descrito bien Tácito 13 . En esas tertulias poéticas rivalizaron más de una vez, noblemente, Nerón y Lucano 14 . Allí debió de leer nuestro poeta sus primeras composiciones, todavía adolescente, en las que ya revelaba unas dotes nada comunes. Pero su consagración «oficial» como poeta tuvo lugar en el año 60, año en que Nerón instituyó los Juegos «Quinquenales», denominados «Neronianos» (Neronia ) 15 . Constaban de un triple concurso: ecuestre, gimnástico y musical; bajo el término musical (musicum), un tanto vago, hay que sobreentender, además de las actuaciones musicales propiamente dichas, la elocuencia y la poesía 16 . Entre los concursantes se encontraba el propio Emperador, que, naturalmente, fue declarado vencedor por aclamación. Pero los verdaderos vencedores no se fueron de vacío, y Lucano fue coronado en el teatro de Pompeyo por la recitación de sus Laudes Neronis (Vida II), su primera actuación oficial como poeta («prima ingenii experimenta in Neronis laudibus dedit quinquennali certamine», Vida I). En seguida recibe un nuevo premio del Emperador: es nombrado cuestor, antes de la edad legal (que eran los 25 años) y, poco después, augur (Vidas I y II). Es el momento cenital del astro de Lucano en la corte de Nerón: con 21 o 22 años pertenece al círculo de los amigos más íntimos del Emperador, es poeta reconocido y consagrado oficialmente, cuestor, augur, en plena efervescencia literaria y con un porvenir esplendoroso.
Pero esta brillante posición le va a durar muy poco. Pronto van a llegar los enfrentamientos entre el Emperador degenerado y el joven y orgulloso poeta, de intachable vida privada, que carecía del espíritu servil propio del cortesano logrero y que nunca compartió con el Emperador otra cosa que las aficiones artísticas. El año 62 muere el otro consejero de Nerón, Burro, «no se sabe si de enfermedad o por envenenamiento» 17 , y empieza a declinar la estrella de Séneca, que ese mismo año pide a su discípulo, sin conseguirlo, que le permita retirarse a la vida privada. Las relaciones entre maestro y discípulo están ya irremediablemente deterioradas y Lucano, estrechamente vinculado a su tío, seguirá voluntariamente la suerte de éste.
Un elemento importante que atizará el fuego de la discordia y desembocará en la ruptura entre Nerón y Lucano será la envidia de aquél hacia los éxitos y el renombre poético de éste, que ya había compuesto parte de la Farsalia. La Vida II nos dice que éste fue el motivo de la inquina del Emperador hacia el poeta. También Tácito, que no se distingue precisamente por sus simpatías hacia Lucano, reconoce que Nerón «procuraba acallar su reputación poética y le había prohibido dar a conocer su obra, lleno de vana envidia» 18 . Pero Lucano, haciendo gala de una libertad e independencia que rayaba en lo temerario, a mil leguas del servilismo dominante, pasa a la ofensiva, componiendo poemas contra el Emperador y sus poderosos amigos y llegando al sarcasmo más hiriente: en cierta ocasión, tras un desaire que Nerón le había hecho 19 , Lucano, al desahogar ruidosamente su vientre en las letrinas públicas, recitó, en plan de burla, un hemistiquio de un verso del Emperador: «sub terris tonuisse putes», acto de temeridad que puso en fuga, despavoridos, a los que estaban cerca de él (Vida I).
La muerte de Lucano irá ligada, como lo estuvo la mayor parte de su vida, a la de su tío Séneca. Ambos morirán acusados de intervenir en la conjuración de Pisón del año 65, acusación, sin duda, de acuerdo con la verdad, aunque es más difícil creer que Lucano se convirtiera «por así decir, en abanderado de la conjuración pisoniana, abundando en públicos elogios de los tiranicidas, lleno de amenazas, hasta el punto de arrojar ya a los pies de sus más allegados la cabeza del César» (Vida I). Por mucha que fuera la fogosidad del joven poeta, no es fácil imaginárselo cayendo en tamaña ceguera.
Como tampoco es fácil creer que, en fuerte contraste con su supuesta actitud anterior, denunciara, al verse perdido, a su propia madre Acilia, inocente, «con la esperanza de que su impiedad le fuera de provecho ante un príncipe matricida» (Vida I). También Tácito se hace eco de esta noticia, dándola por segura 20 , aunque le ofrece la disculpa (?) de que lo hizo «al prometérsele la impunidad». Es un tema espinoso y debatido 21 . Hay quienes piensan que se trata de una calumnia, puesta en circulación por Nerón para desprestigiar al poeta. Y parecen probar la inocencia de Lucano las propias palabras de Tácito de que la madre del poeta «no fue ni absuelta ni condenada; no se hizo mención de ella» 22 , siendo así que Nerón no era de los que dejaba en paz a un acusado, fuera o no culpable. Además, es significativa la actitud de Estacio: pinta a Lucano en el Elíseo, escoltado por Pompeyo y Catón y viendo cómo en el Tártaro se halla Nerón, pálido de miedo ante la figura de su madre. Esta alusión al matricidio de Nerón, al cual se le opone expresamente la figura intachable de Lucano en los Campos Elíseos, parece impensable, por inoportuna, si hubiera estado vivo el rumor de la culpabilidad de Lucano para con su madre, calumnia a la que probablemente hubiera aludido Estacio para refutarla. Pero también parece deducirse de Estacio la inocencia de Nerón respecto a propalar esta calumnia, al no referirse a ello para nada.
La muerte de Lucano la describe plásticamente Tácito: «Seguidamente ordena (Nerón) la muerte de Lucano. Éste, mientras fluía su sangre, al darse cuenta de que su pies y sus manos se iban enfriando y de que la vida se escapaba poco a poco de sus extremidades, con el corazón aún caliente y en posesión de sus facultades, recordó un pasaje poético por él compuesto, en el que había descrito el final de un soldado herido, con imágenes evocadoras de una muerte similar; recitó aquellos versos, y tales fueron sus últimas palabras» 23 . Los versos recitados por Lucano son objeto de controversia 24 , aunque la opinión más común es que se trata de Farsalia III 635-646, donde se describe la muerte de Lícida.
El poeta se abrió las venas el 30 de abril del año 65. Tenía, pues, al morir, 25 años de edad. Poco antes de su muerte se había casado con Pola Argentaria, que mantuvo vivo durante muchos años su recuerdo, celebrando el aniversario de su nacimiento y consiguiendo que dedicaran versos a su memoria poetas como Marcial y Estacio.
2. Obra de Lucano
Aparte de la Farsalia, la única obra que del poeta nos ha llegado, tenemos noticias, fundamentalmente por la Vida II y el Genethliacon de Estacio, de 14 producciones de Lucano, de mayor o menor extensión, en verso y en prosa:
1) Iliacon, poema épico sobre Troya, que, según Estacio, trataba de la muerte de Héctor y el rescate de su cuerpo por parte de Príamo.
2) Catachthonion, poema sobre un descenso a los infiernos («et sedes reserabis inferorum», en frase de Estacio).
3) Laudes Neronis, poema en elogio del Emperador, que le valió un premio y supuso, como hemos dicho, su consagración pública como poeta 25 .
4) Saturnalia, probables poemas dedicados a sus amigos en las fiestas Saturnales.
5) Orpheus, que, como Catachthonion, trataba de un tema de ultratumba, tan del gusto del poeta. Tal vez le movió la osadía juvenil de rivalizar con Virgilio, que había dedicado al tema un bellísimo epilio (episodio de Aristeo en el libro IV de las Geórgicas); o quizá pretendió halagar a Nerón, aficionado a la cítara.
6) Medea, tragedia inacabada, tal vez imitación de la de su tío.
7) Siluae, 10 libros, probablemente poemas ocasionales, de contenido variado, como la obra de igual título de Estacio.
8) Salticae fabulae, 14 libros, argumentos o libretos para representaciones de pantomimas.
9) Epigrammata. A ellos debe pertenecer el verso licencioso que nos ha conservado Marcial en uno de sus epigramas dedicados a Pola y evocadores de la memoria de Lucano 26 .
10) Adlocutio ad Pollam, probablemente una exhortación en verso a su esposa con algún motivo determinado. Estacio, a quien debemos la noticia, la imitó tal vez en uno de sus poemas a su esposa 27 . No es imposible que esta Adlocutio de Lucano formara parte de sus citadas Siluae.
11) De incendio Urbis, declamación en prosa contra el incendio de Roma por Nerón en el año 64.
12) Oratio in Octauium Sagittam et pro eo, discurso que parece claramente un ejercicio escolar, una controuersia de las que tan buenos ejemplos nos ha dejado el abuelo paterno del poeta, Séneca el Rétor. Lucano diserta en contra y a favor de Octavio Sagita, tribuno de la plebe condenado por adulterio y asesinato 28 .
13) Epistolae, colección de cartas desde Campania, ignoramos si en prosa o en verso.
14) Carmen, un poema infamante (famosum ) contra Nerón y sus poderosos y degenerados amigos, del que nos da noticia la Vida I.
3. La «Farsalia»: algunos problemas y puntos de interés
La Farsalia es la única obra de Lucano que se nos ha conservado. Este largo poema épico sobre la guerra civil entre César y Pompeyo plantea algunos problemas y presenta algunos puntos en los que se ha detenido de forma específica la atención de los estudiosos. Aludiremos brevemente a los principales.
3.1. TÍTULO . — La Vida I habla de «ciuile bellum… recitauit»; la Vida II, de «belli ciuilis libri». El título Bellum ciuile es el de la tradición manuscrita y de los escolios 29 ; y es el que siguen prefiriendo, en nominativo, modernamente muchos editores totales o parciales del poema, como Bourgery-Ponchont, Cazzaniga, Duff, Grisset y Wuilleumier-Le Bonniec. Otros se inclinan por la variante De bello ciuili; entre ellos, Getty, Hosius, Lejay y Postgate-Dilke. Y otros recogen el título de la Vida II: Belli ciuilis libri; así, Badali, Gagliardi y Housman. Pero todos coinciden en denominar al poema Guerra civil. También se inclina por el posible título De bello ciuili Brisset 30 , título que ya había defendido Rossbach en el siglo pasado 31 .
Frente a dicho título, otros prefieren el de Pharsalia (Herrero, Mariner, etc.), vigente durante siglos y avalado por Estacio («Pharsalica bella detonabis», Geneth. 66) y por el propio Lucano, en el famoso pasaje de IX 980-986, donde se refiere a la gloria de los poetas y afirma dirigiéndose a César: «uenturi me teque legent; Pharsalia nostra/uiuet, et a nullo tenebris damnabimur aeuo» (985-986). Es un pasaje muy discutido 32 . No creemos, como muchos, que «me teque» signifique «mis versos y tu historia», identificando historia con los Comentarios cesarianos de la guerra civil, ya que Lucano está proclamando la gloria de los «poetas»; significaría, más bien, «mis versos y tus hazañas (incluidas en ellos)». Asimismo, «Pharsalia nostra» se referiría a «la batalla ganada por ti y cantada por mí», y «damnabimur» sería un plural normal, referido a César y a Lucano. En este sentido la gloria del primero en la posteridad se debería al poema del segundo, como la de Aquiles a Homero, lo que no desdeciría de la actitud general anticesariana del poeta. Pero de esta interpretación no puede deducirse que el título dado a su poema por el autor fuera el de Farsalia, para lo cual sería necesario, por de pronto, interpretar «nostra» y «damnabimur» como plurales de autor, lo que parece difícil dentro del contexto 33 .
De todos modos, aunque Farsalia no corresponda al contenido estricto del poema, es evidente que la descripción de la batalla en el libro VII constituye el núcleo esencial de la obra, su «climax», su Höhepunkt, y ello en el doble aspecto del contenido y de la forma. En esto convienen prácticamente todos los estudiosos del poema 34 . Farsalia es la batalla en la que se juega, a juicio del poeta, la libertad del pueblo romano. Es el episodio de la libertad perdida, el punto que divide la historia de Roma en un «antes» y un «después». Es, por tanto, un título posible, con suficiente entidad. Pero no sabemos si fue el que le puso el poeta. La cuestión, para los no dogmáticos, sigue forzosamente con el rótulo de non liquet.
3.2. CONTENIDO Y ESTRUCTURA . — El poema, pese a sus numerosas digresiones, sigue cronológicamente las vicisitudes de la guerra civil, desde la exposición de sus causas y el paso del Rubicón hasta la guerra de Alejandría, terminando bruscamente, cuando César, acorralado y en extremo peligro, divisa entre sus filas a Esceva, el héroe ensalzado en el libro VI. La terminación brusca, en un episodio sin «cerrar», unida al hecho de que el libro X sólo contiene 546 versos frente a los 695 del libro I, el más corto de los restantes (los demás pasan todos de 700), son argumentos que inclinan a pensar que la obra quedó incompleta por la muerte temprana del autor. A este problema va unido, en los estudios recientes, el problema de la estructura, la composición, la unidad del poema.
Entre los pocos estudiosos de Lucano que creen que el poema nos ha llegado completo destaca M. Haffter 35 , par? quien el poeta ha pretendido dar una réplica de ios Commentarii belli ciuilis de César y, por ello, la Farsalia abarca prácticamente los mismos sucesos que dichos Commentarii, hasta los preliminares de la guerra de Alejandría 36 , alargándose sólo unos versos más para aludir a la muerte de Aquilas (X 522-523) y evocar la futura muerte de César (X 528), ambas cosas necesarias para dar satisfacción a los Manes de Pompeyo. Los últimos 13 versos, con los apuros de César y la referencia a Esceva, completan la imagen del caudillo, que una vez más será favorecido por la fortuna. La aparición de César al principio y al final de la obra indica, para Haffter, un ciclo cerrado: se canta la guerra civil entre César y Pompeyo, con la derrota y muerte de éste; se describe, como expiación, la muerte de sus matadores (Potino y Aquilas), y César, vencedor, sigue con vida, aunque se evoque su muerte futura. Todo está completo. Para Haffter, por último, el poema está dividido en dos «péntadas», que intentan reproducir, en escala un poco menor, las dos héxadas de la Eneida. La tesis de M. Haffter fue pronto contestada, y desmontados su argumentos, por Pfligersdorffer y Buchheit 37 y, posteriormente, en un largo trabajo, por Vögler 38 , Por su parte, Haffter recibe el apoyo de J. Brisset 39 , que intenta desvirtuar, infructuosamente a nuestro juicio, las objeciones bien fundadas de los dos primeros autores citados.
El polo opuesto a Haffter lo constituye R. T. Bruère 40 , que defiende un inmenso poema extendido hasta el fin de las guerras civiles, concretamente hasta el año 29, abarcando dos décadas (49-29).
La tesis más extendida y aceptada es la que supone que Lucano concibió su poema en 12 libros, por emulación con la Eneida, y que debía terminar con la muerte de Catón. Así, ya a principios de siglo, R. Pichon 41 . Pero el que ha desarrollado más brillantemente esta hipótesis ha sido W. Rutz 42 , que defiende una Farsalia estructurada en tres «tétradas», cada una de ellas terminada con una muerte: la de Curión (libro IV), la de Pompeyo (libro VIII) y la de Catón (supuesto libro XII) 43 . Las muertes irían en gradación ascendente, y la de Catón constituiría un «climax» adecuado, que correspondería, además, al telos anunciado al principio del poema: el «iusque datum sceleri» tendría su cumplimiento en la muerte de Catón.
Por último, B. M. Marti 44 , de acuerdo también con la división en tétradas y con la terminación de cada una de ellas por una muerte, ha añadido una tétrada más, que terminaría con la muerte de César 45 . Se basa, para ello, en dos argumentos principales, uno interno y otro externo o formal. El primero es la estrecha relación que, para ella, existe entre el tratamiento de la guerra civil en la Farsalia y en la Historia de T. Livio, según lo transmitido por las Periochae y por el Epítome de Floro. La clara correspondencia entre la repartición de los sucesos en el poeta y en el historiador provoca en la autora la fundada sospecha de que aquél pensó acabar su poema con la muerte de César. En cuanto al argumento formal o artístico, asegura la autora que así como «la sección del libro II dominada por Catón anticipa sin ninguna duda la tétrada-Catón, que comienza en el libro IX» y que terminaría, con su suicidio, en el XII, del mismo modo la caracterización de Bruto en el propio libro II, unida a las alusiones (sobre todo en VII 586-595) al destino que se le reserva como vengador de la república esclavizada, anticipan una tétrada-Bruto vengador (y, por tanto, asesinato de César), ya que «Lucano no pone jamás tanto cuidado en caracterizar a un personaje, si no es con la intención de hacerle jugar un papel importante» 46 .
Creemos que ponerse a imaginar, si se considera la Farsalia incompleta, de cuántos libros se compondría, es un ejercicio tan vano como inútil. En primer lugar, supone estar convencido de que Lucano tenía ya, desde el principio, un plan preconcebido y rigurosamente organizado, lo que es mucho suponer. Y aun admitiéndolo, ¿quién puede asegurar que sobre la marcha no hubiera cambiado dicho plan de acuerdo con los elementos ofrecidos a su inspiración? Un gran poeta nunca se deja maniatar por las matemáticas en el número de versos ni de libros. Y ¿por qué la obsesión del número «canónico» (12 libros, como la Eneida)? Lucano, que tanto innovó en la épica, no tenía por qué plegarse al número de libros virgiliano. ¿Es que un devoto de Virgilio como Silio Itálico no compuso su poema épico con un número de libros tan poco «canónico» como 17? Y, si la descripción de la batalla de Farsalia se considera la almendra del poema, ¿por qué no podría defenderse (argumentos habría para ello) que el poema abarcaría 13 libros, único modo de que el libro farsálico, el VII, quedara exactamente en el centro? Muchas más preguntas podrían hacerse y todas colgarían sobre el vacío, pero con igual derecho que las hipótesis formuladas. El intento de establecer el número de libros que «podría haber tenido» la Farsalia entra dentro del campo de la adivinación y de la magia y hubiera encantado al poeta; es casi un problema a resolver por la maga Ericto. Supone querer introducirse en la mente del autor, saber más que el propio Lucano, que tal vez murió ignorante de cuántos libros iba a constar su poema.
3.3. LOS SIETE PRIMEROS VERSOS . — La Vida III afirma que el poema de Lucano comenzaba con el actual verso 8: «Quis furor…», pero que su tío Séneca, al que se lo había entregado para que lo enmendara, le añadió los vv. 1-7, para que no comenzara ex abrupto. También los Commenta Bernensia 47 , en el comentario al v. 1, afirman, aunque sin asegurarlo tajantemente, que «se dice» que los siete primeros versos los añadió Séneca, «según unos, el tío de Lucano; según otros, su hermano» (no consta que Lucano tuviera ningún hermano llamado Séneca ni de ningún otro modo). Por su parte, la Vida I asegura que Lucano, antes de morir, encargó a su padre que corrigiera algunos de sus versos.
Todas estas noticias, en buena parte contradictorias, han contribuido a crear una gran confusión. Ya en el siglo pasado, C. F. Weber 48 defendió que el poeta habría escrito, al final de su vida, los vv. 1-7 y los habría enviado a su padre para que éste hiciera sustituir el anterior proemio (8-66), que contenía el elogio de Nerón, por este nuevo proemio, sin referencia al Emperador; pero que, en la transmisión del texto de la Farsalia, en lugar de realizarse la sustitución, se habrían yuxtapuesto ambos proemios.
En este siglo se han dedicado a este problema varios trabajos específicos 49 . Parece claro que la no autoría lucánea de los versos 1-7 es noticia surgida muy tarde, entre los siglos VIII y X , pues toda la tradición anterior, desde Frontón hasta Beda, éste ya a principios del siglo VIII , cita el comienzo del poema como «Bella per Emathios…» 50 . No obstante, entre los citados estudiosos hay quienes niegan la autoría del poeta y su inserción posterior a la muerte de Lucano: así Levi y Grisset, que coinciden en defender el antivirgilianismo del poeta. Para el primero, estos versos son redundantes, pues no hacen sino anticipar conceptos repetidos en 8-66; para el segundo, debió de componerlos e insertarlos Anneo Cornuto, a quien luego la tradición confundió con el Anneo por excelencia, Séneca.
Weber defendía, como hemos visto, la autoría lucánea, aunque pensara en una redacción al final de su vida. No dudan de dicha autoría ni Ussani ni Lejay ni, en general, los estudiosos y editores modernos de la Farsalia. También Herrmann atribuye estos versos a Lucano, aunque en su teoría, ya expuesta en parte, el orden del comienzo del libro I debería haber sido originariameute: I 8-66, IX 980-986, I 1-7, I 67 ss. Por su parte, Malcovati y Conte coinciden en defender la autoría lucánea con argumentos formales, de estilo. La primera, defensora a ultranza de la influencia virgiliana en la Farsalia, compara este proemio de Lucano con el de la Eneida y descubre en ambos perfectas afinidades en los estratos métrico, rítmico, léxico y sintáctico. Además, es para la autora tan evidente la consonancia de estos versos con el estilo de Lucano, que llega a la conclusión de que, si nos hubieran llegado sin nombre de autor, habría sido necesario reivindicarlos para nuestro poeta; la tradición que los atribuye a Séneca no sería más que fruto de la fantasía de los escoliastas. Por su parte, Conte estudia estos versos desde el punto de vista de la tradición del género épico y ve en ellos una propositio, seguida de una amplificatio, para luego, en el v. 8, seguir la interrogatio, exactamente igual, y hasta en el mismo verso, que en la Ilíada. Así pues, Lucano habría seguido las huellas de Homero y de Virgilio, pero desde una postura de aemulatio, intentando una nueva y personal expresión artística.
Yo, a mi vez, enfocando el problema también desde el plano formal, pero desde el ángulo de la frontera de verso 51 , no tengo duda alguna sobre la autoría lucánea de este proemio, que, como sucede siempre en el autor, contiene en los lugares de relieve del verso los términos clave de la enunciación del tema (en este caso, el tema de la obra entera) y los términos expresivos de la «expansión patética» de dicho tema, expansión que, aparte del gusto del autor por la amplificación retórica, puede deberse a un deseo de claridad, como ya notó Sanford 52 .
3.4. EL ELOGIO DE NERÓN . — Al comienzo de la Farsalia (I 33-66), el poeta ha dedicado al Emperador un elogio, a todas luces hiperbólico, que constituye un nuevo punto de fricción entre los estudiosos. Ya los antiguos comentaristas 53 , para explicar la contradicción entre dicho elogio y la postura antineroniana del resto de la obra, consideraban estos versos cargados de ironía y alusivos (sobre todo, 53-59) a diversos defectos físicos de Nerón: estrabismo, obesidad, hernia, calvicie, etc. Esta interpretación irónica ha llegado hasta tiempos modernos, en que siguen defendiéndola, con diversos matices, algunos estudiosos del poeta, como Marti, Schönberger o Griset 54 . Este último opina que Lucano no fustiga los defectos físicos del Emperador, sino sus lacras morales: su histrionismo, sus manías incendiarias, sus ridículas pretensiones artísticas.
Esta hipótesis del elogio irónico se presta a graves objeciones, por lo que no es extraño que la hayan descartado la mayoría de los estudiosos modernos 55 . En aguda observación de Brisset, ¿cómo podía esperar Lucano que su ironía sería captada por los enemigos del Emperador y por la posteridad, pero no, en cambio, por el propio Nerón y sus amigos, lo que habría tenido para él inmediatas consecuencias fatales? Claro que Griset, coherente con su teoría, defiende que el Emperador percibió, en efecto, este tono irónico y que fue esto precisamente lo que provocó la ruptura entre ambos, cosa difícil de aceptar (sin una prueba clara, que Griset no ofrece), pues dicho elogio debió de ser escrito, como el libro I de la Farsalia, en fecha temprana, muy poco después de recitar el poeta en público sus Laudes Neronis (año 60), y no existe motivo serio para dudar de que las relaciones entre el poeta y el Emperador siguieron siendo excelentes hasta el 62 o el 63.
Levi es el que ha dado de este elogio una interpretación más positiva y favorable (que Brisset considera «enteramente satisfactoria»), pero que es, a nuestro juicio, más sugestiva que convincente: el elogio encierra un verdadero «programa político», consistente en una invitación a «no apartarse de la tradición romana ni alejarse de la posición central ejercida por Roma entre las partes de la ecumene», es decir, el poeta manifiesta «una clara hostilidad a las formas helenísticas de regnum, que él opone a la tradición política romana», con una crítica implícita a la política de los antecesores Calígula y Claudio 56 .
Grimal, por su parte, descartando explícitamente cualquier contenido irónico, observa que se trata de un «pasaje astrológico», doctrina con la que estaban familiarizados los lectores de Lucano. Basándose en escritores de astronomía, sobre todo en Manilio, afirma que la región del cielo destínada por el poeta a Nerón, tras su muerte, es la posición central que en la bóveda celeste ocupa el signo de «los Gemelos», signo sometido a la influencia de Febo y que tiene el poder de derramar los dones de las musas sobre aquellos a los que protege, lo que estaba en consonancia con las aficiones poéticoartísticas del Emperador. El poeta «une los recuerdos de las Geórgicas a las revelaciones astrológicas de la Égloga cuarta en un desarrollo que ha pretendido particularmente ingenioso y brillante» 57 . Thompson cree, a su vez, que el elogio está inspirado en un pasaje del Hercules Oetaeus de Séneca y que el poeta, en la deificación de Nerón, lo ha asimilado a Hércules, aunque simultáneamente ha creado una asociación del Emperador con Augusto, al enriquecer la descripción de su apoteosis con reminiscencias de Virgilio, Ovidio y Manilio.