Kitabı oku: «La criptología de la enfermedad», sayfa 6
Apuntes sobre la vida y obra de Sir Archibald Garrod
La importancia de la medicina para la ciencia, y viceversa, fue claramente expuesta por Garrod en varios de sus escritos (29-34), en donde señala cómo las fronteras entre las ciencias naturales tienden a desaparecer. Señala que la fisiología está hecha de química y de física, y que la física va absorbiendo a la química y a la vez se constituye en un tronco del cual derivan otras ramas (35-37). Menciona, además, que la ciencia básica antecede a la ciencia aplicada.
Esto que Garrod dijo en 1924 se refleja en los capítulos 6 y 7 de este libro. En ellos se puede apreciar el desarrollo en los caminos metabólicos de los desórdenes de la urea, la glicólisis, ciclo de Krebs y respiración durante la década de 1930 a 1940, y como esos descubrimientos básicos de la bioquímica antecedieron varios años a la comprobación de los errores innatos en esas vías metabólicas que se llevó a cabo después de 1950, cuando se encontraron enfermedades por bloqueos en esos caminos metabólicos.
En varios de sus escritos (33, 38, 39) Garrod se refiere a que los errores innatos del metabolismo son tan raros como las malformaciones, son menos evidentes, pero su valor científico excede su importancia clínica, porque son “experimentos de la naturaleza”. También defiende la importancia de las ciencias para la medicina y afirma que la visión completa de la medicina solo puede lograrse juntando las miradas del médico, el físico, el fisiólogo, el patólogo, el biólogo, el bacteriólogo y el químico.
Con razón, Garrod ha sido catalogado el padre de la medicina de precisión, padre de la bioquímica, padre de la bioquímica genética, padre de la genética molecular, y, seguramente, a medida que se avance en el cocimiento, se hará más evidente su influencia en nuevas disciplinas que se han nutrido de sus enseñanzas.
En fin, Garrod se adelantó a su tiempo gracias a unas afortunadas circunstancias de familia, de amistades, a una gran capacidad para unir los conocimientos de sus contemporáneos, pero ante todo a su vocación de observador, lector e investigador, fruto quizá de las enseñanzas de su padre, de una sólida preparación en ciencias obtenida antes de su carrera en la medicina y de la ventaja de vivir rodeado y poder interactuar con maestros de la genética como Bateson, Hopkins y Punnett.
Sir Alfred Garrod creció, se formó y trabajó en un ambiente propicio para la ciencia, que le permitió estar al día con lo que sucedía tanto en la medicina como en la química, la biología y la genética. Se puede afirmar que tenía el rigor y la curiosidad del científico que cuestiona, experimenta, trata de extrapolar a enfermedades similares y saca conclusiones que somete en sus escritos al escrutinio de los demás. Fue un científico riguroso, metódico y dedicado a la investigación, a tal punto que en una de sus reseñas biográficas se menciona que se le veía diariamente examinando orinas junto a una ventana, dejando para otros la revisión de los pacientes (5).
Sir Archibald Garrod llevó la bioquímica y la genética a la cama del paciente. Su legado, más de cien años después, sigue propiciando investigaciones que confirman las teorías de este médico visionario que abrió un campo de la medicina: los errores innatos del metabolismo, cuya lista comprende hoy cerca de mil quinientos desórdenes.
Todo lo que en teoría hace falta por descubrir hace prever que Garrod cobrará más relevancia en la medida en que avancen la medicina, la bioquímica, la genética, la biología molecular, la inmunología, la biotecnología, la endocrinología, entre otros campos que se nutren de sus enseñanzas. En materia de errores innatos, todos los que en una u otra forma enfrentamos la enfermedad genética tenemos mucho por descubrir y aprender (40-42).
Garrod hizo cerca de 152 publicaciones, de las cuales 59 fueron antes de 1900. En la lista de referencias anexa se muestran algunas de las más sobresalientes para el tema de los errores innatos del metabolismo. Las primeras conferencias y publicaciones de Garrod sobre alcaptonuria fueron entre 1899 y 1902 (15, 43). En 1908 presentó la Croonian Lecture en el Royal College of Physicians, en la que acuñó el término errores innatos del metabolismo (44, 45). En 1909 publicó la primera edición del libro Inborn Errors of Metabolism, y en 1923 la segunda edición (12). En 1931 se publicó el ensayo “The inborn factors in disease” (46). Estas publicaciones resumen su pensamiento sobre los errores innatos del metabolismo.
Sir Archibald Garrod recibió en vida varias distinciones:
• Vicepresidente de la Royal Society de Londres de 1926 a 1928.
• Miembro Honorario del Royal College of Physicians.
• Miembro Honorario de la American Association of Physicians.
• La Medalla de Oro de la Royal Society of Medicine.
• Grados honoríficos de las universidades de Padua, Malta, Dublin Aberdeen y Glasgow.
• Título honorífico de Sir.
La vida de Garrod se vio ensombrecida por la pérdida de dos de sus hijos en la Primera Guerra Mundial y de otro durante la pandemia de gripe española que sobrevino después de la guerra. Garrod murió después de una corta enfermedad en 1936.
Epílogo
A comienzos del siglo pasado, Archibald Garrod postuló que los errores innatos del metabolismo (EIM) eran causados por defectos en las enzimas, lo cual se comprobó solo hasta mediados del siglo XX. Afirmó que la mayoría de los errores innatos deberían ser de herencia autosómica recesiva. En efecto, de los cerca de mil EIM que hoy se conocen, más del 95 % de ellos siguen este patrón de herencia. También expresó que escudriñar el daño en el gen era como buscar una aguja en un pajar. Actualmente, sabemos que la mayoría de los EIM son producidos por una mutación en uno de los 300 000 millones de pares de bases, que constituyen el genoma humano y que se pueden identificar con técnicas que se han popularizado y se están usando para el diagnóstico en la mayor parte del mundo aun cuando en la mayoría de los países del así llamado tercer mundo hasta ahora se comienza a popularizar su uso.
Garrod defendió con vehemencia la individualidad química de la enfermedad. Con el conocimiento disponible hoy, después del proyecto del genoma humano es cada vez más evidente que aun gemelos idénticos con la misma enfermedad pueden presentar características muy distintas en cuanto a su severidad y pronóstico (47, 48).
Además, observó agudamente que algunas de estas enfermedades podían ser de aparición tardía. En este aspecto también se anticipó varias décadas; sabemos hoy que muchas de las enfermedades de difícil diagnóstico en el adulto son o parecen corresponder a EIM sin diagnosticar.
Ciento diez años después de que Garrod propusiera por primera vez en Londres el concepto de errores innatos del metabolismo, podemos afirmar que se anticipó e indicó la ruta que se debe seguir para descubrir y diagnosticar un grupo de enfermedades cuyo estudio ha hecho y sigue haciendo aportes incalculables a las ciencias biológicas y a la medicina. Garrod nos enseñó que somos únicos y que por tanto los médicos y la medicina nos deben tratar como individuos, no como un miembro más de la especie humana.
En el capítulo 13 de este libro se cotejan algunas de las principales tesis de Garrod con lo que conocemos actualmente sobre la comprensión, diagnóstico y manejo de estas enfermedades, campos en los cuales se han hecho enormes avances, pero cuyo desafío principal, la cura permanente, sigue sin lograrse. Ya en 1914, Garrod, hablando del efecto de la dieta libre de purinas para la gota, recordaba a su audiencia que con ello no se estaba tratando la enfermedad sino procurando modificar los síntomas. Mucho se ha logrado con los tratamientos nutricionales, la terapia de reemplazo enzimático, la reducción de sustrato y las chaperonas farmacológicas, que sirven para detener los síntomas, prolongar la vida y dar un mejor nivel a los pacientes con errores innatos del metabolismo, pero su afirmación de 1914, en esencia, sigue siendo válida.
Referencias
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I Actualmente Hyncice, en República Checa.
II Genes, en la biología moderna.
III Comprende más de 12 000 especies, entre las cuales está el diente de león.
IV Reproducción en que participa un solo gameto.
V En el sistema inglés es un profesor universitario que fue o es patrocinado por disposición real.
VI Hopkins abandonó los estudios de esos “factores”. McCollum en 1914 los aisló como factor A y factor B, hoy en día se llaman vitaminas A y B (del latín vita: vida y amina, compuesto de nitrógeno), término acuñado por Casimir Funk en 1912.
VII Azúcares de cinco átomos de carbono como la ribosa, xilosa, arabinosa, entre otras.
VIII Piuria: presencia de pus en la orina.
Capítulo 3. La fenilcetonuria mostró la ruta para prevenir muchas discapacidades y muertes prematuras
Uno enfrenta el futuro con su propio pasado.
PEARL BUCK
Negación, aceptación y expiación de culpas en un error innato
Pearl S. Buck (1892-1973), Premio Nobel de Literatura en 1938 por “su rica y épica descripción de la vida de los campesinos en China”(1). Entre los mas de cien libros que escribió, el más conocido es La buena tierra, la novela más vendida en Estados Unidos entre 1931 y 1932. Pearl Syden Stricker era hija de padres misioneros. Fue al colegio en Virginia, y hasta 1934 vivió en China. Allí se casó con John Buck, un misionero/economista agrícola, con quien tuvo una hija, Carol, que nació en China en 1920. En 1925, durante una estancia de estudios de la pareja en Estados Unidos, adoptaron una hija: Janice (1).
La pareja se divorció en el año 1935 y Pearl se casó con su editor Richard Walsh. Carol nació aparentemente saludable. En los primeros meses de vida, Pearl le decía a la enfermera: “¿Verdad que ella parece muy inteligente para su edad?” (1). Se relata también que cuando Carol tenía tres meses, mientras tomaba el sol en la cubierta de un barco, los que pasaban se paraban a admirarla y su madre se sentía muy orgullosa de las alabanzas que recibía por la inusual belleza y la “inteligencia que destellaban sus ojos profundamente azules” (1).
No obstante, después de un tiempo comenzó a presentar muestras de deficiencia cognitiva. A la edad de tres años ya era notorio que Carol tenía un retardo. Pearl se consolaba leyendo historias de niños con limitaciones que luchaban duramente para superarse, a pesar de sus dificultades para caminar y hablar.
A los cuatro años, la discapacidad de Carol era evidente: Pearl asistió a la conferencia de un psicólogo que le reveló claramente que su hija estaba muy por debajo de los logros cognitivos que debería haber alcanzado para su edad. Consultó varios médicos en China, quienes estuvieron de acuerdo en que la niña estaría mejor en Estados Unidos, donde le podrían hacer exámenes y evaluaciones en busca de un diagnóstico y de su correspondiente tratamiento. En 1929, viajó a Estados Unidos y consultó muchos especialistas, hasta que en la Clínica Mayo le indicaron que por alguna extraña razón el cerebro de su hija había cesado de crecer. Un médico compasivo le recomendó: “Busque un lugar donde Carol pueda estar feliz, déjela vivir su vida, y usted viva la suya” (1).
Pearl buscó una institución adecuada para Carol. En compañía de su hija adoptiva, Janice, escogieron la escuela Vineland, de Nueva Jersey, cerca de Filadelfia. Un establecimiento líder en atención de niños con daños cerebrales. Pearl la internó en esa escuela y no la vio durante tres años, pero le pagaba a una amiga para que la visitara cada mes y le informara sobre su estado (1).
Carol permaneció escondida, como era la conducta habitual por aquella época de muchas de las familias que tenían un hijo con deficiencias cognitivas, a tal punto que Pearl, en las entrevistas, decía que tenía dos hijas, “una hija adoptiva, que vivía con ella, y otra, Carol, que vivía en la escuela”.
Buck libró una intensa batalla durante dos décadas para que su hija aprendiera a leer y a distinguir los colores y las notas musicales. La madre le llevaba las manos para ayudarle, pero eso le producía tanto estrés a Carol, al punto de que sus manos le sudaban profusamente por el esfuerzo que hacía para tratar de complacer a su madre. Al final, los esfuerzos no fueron del todo en vano, Carol aprendió a escribir su nombre, a cantar canciones elementales y a leer frases muy simples, lo cual hacía mecánicamente.
Pearl adoptó siete niños, donó mucho dinero a Vineland y en 1964 creó la Fundación Pearl Buck, para apoyar niños no elegibles para ser adoptados. No obstante, de acuerdo con su hija Janice, ella no era muy buena madre.
Janice se educó como terapista ocupacional, especializándose en retardo mental. Posteriormente fue la tutora legal de Carol, miembro del Consejo Directivo de Vineland y presidente de la Fundación Pearl Buck. El prólogo de la segunda edición del libro La niña que nunca creció fue escrito por ella.
En 1960 escribía Janice: “En una visita a mi madre, me contó que habían encontrado la causa del problema de Carol: ella tenía fenilcetonuria, una enfermedad en que los afectados tienen pelo claro, ojos azules, eczema de la piel y olor a moho. Carol tenía todas esas características” (1).