Kitabı oku: «Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 351

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO429
ISBN 9788424937256.
INTRODUCCIÓN
El último cuarto del s. IV d. C. vio a la cristiandad triunfante y al paganismo en retirada. Vio también un resurgir de la literatura latina, tanto cristiana como pagana.
En esta encrucijada histórica para la latinidad tardía, cuando el cristianismo se ha convertido en la religión oficial y los bárbaros amenazan la unidad del Imperio, el nombre de Macrobio aparece unido a la última resistencia de las letras paganas en lucha contra el Cristianismo imperante.
Para muchos eruditos el Comentario de Macrobio, su obra más importante, ha servido sólo para un propósito útil: la preservación del excerptum objeto del comentario, el Sueño de Escipión , originalmente el capítulo final de la República de Cicerón.
Tal balance de la obra de Macrobio nos parece extremadamente injusto, pues soslaya el papel crucial que desempeñó Macrobio como puente entre el pensamiento pagano antiguo y el pensamiento medieval cristiano. Sin la mediación de su pluma y la voluntad enciclopedista y compendiaria de su mente, buena parte de la doctrina neoplatónica y de la ciencia antigua hubiera caido para siempre en el olvido. A Macrobio remontan en buena medida conceptos neoplatónicos tan esenciales como la cuádruple división de las virtudes, la definición y la escatología del alma, la emanación de las hipóstasis, los silogismos que prueban la inmortalidad y la automotricidad del alma. Macrobio fue asimismo fuente inagotable para la astronomía, la astrología, la aritmología, la música o la geografía. A las obras de los sabios del Medievo pasan sus teorías sobre el origen de las mareas, su método para determinar el signo del zodíaco en que se encuentra un planeta, los argumentos que demuestran los movimientos reales de los planetas con respecto a la esfera celeste, los cálculos para determinar tanto la circunferencia y diámetro de la Tierra como el diámetro del Sol y su órbita, las diversas opiniones acerca del orden y movimiento de los planetas, la teoría de la gravedad; o hipótesis de altísimo nivel científico como el fenómeno de la precesión de los equinoccios de Hiparco de Nicea, o la representación semiheliocéntrica del universo de Heraclides Póntico. Macrobio, junto con Marciano Capela, es responsable de que entre los geógrafos medievales persistiera la creencia en la esfericidad de la Tierra y en los antípodas, ideas claves para que, andando los siglos, Cristóbal Colón pudiera concebir la expedición descubridora del Nuevo Mundo.
Por boca de Macrobio habla para la posteridad lo mejor de la literatura científica antigua: Pitágoras, Platón, Aristóteles, Hipócrates de Cos, Hiparco de Nicea, Estratón de Lámpsaco, Diocles de Caristo, Eratóstenes de Cirene, Artemidoro de Daldis, Teón de Esmirna, Nicómaco de Gerasa, Filón y Clemente de Alejandría, Calcidio, Cleomedes, Varrón, Aulo Gelio, Vitruvio, Marciano Capela, Gémino, Censorino, Pseudo Jámblico, Porfirio, Proclo, Numenio de Apamea, Plotino, Claudio Ptolomeo y tantos otros.
Si el propósito de Macrobio era salvar las reliquias de la Antigüedad pagana, puede decirse que lo cumplió eficazmente, insuflándoles nueva vida en el naciente mundo cristiano. Una vez más, victus victorem cepit . Y así, el pensamiento pagano, haciendo honor al cognomen de Macrobio, gozó de «larga vida» en el Occidente cristiano.
VIDA Y CRONOLOGÍA
De este paladín de las letras paganas pocos datos biográficos se conocen con certeza. Incluso su nombre es discutible. Macrobius Ambrosius Theodosius es el nombre que consta en los manuscritos más antiguos del Comentario al Sueño de Escipión . Sin embargo, el orden de los tres nombres varía en otros manuscritos de sus obras. A veces el nombre de Ambrosius o el de Theodosius , o incluso ambos, se omiten en el incipit o el explicit de cada uno de los dos libros del Comentario . En la dedicatoria del tratado De verborum Graeci et Latini differentiis vel societatibus del propio Macrobio y en la epístola dedicatoria de las Fábulas de Aviano 1 aparece simplemente Theodosius , por lo que es muy probable que Macrobio fuera conocido entre sus contemporáneos con el nombre de Theodosius , sobre todo habida cuenta de que en el Bajo Imperio es costumbre utilizar, para designar a un individuo, el último de sus nombres 2 . No obstante, desde los albores de la Edad Media, Macrobio Ambrosio Teodosio es simplemente Macrobio, con la sola excepción tal vez de Casiodoro y de Boecio 3 que se refieren a nuestro autor como Macrobius Theodosius .
Vivió a finales del s. IV y comienzos del siglo V d. C. Su lugar de nacimiento es igualmente objeto de controversia. Es seguro que no era natural de Italia, pues el propio Macrobio afirma, en el prefacio de los Saturnalia , que el latín no es su lengua nativa, «pues nací bajo otros cielos» 4 , y un poco más adelante pide disculpas «si mi estilo está falto de la elegancia innata al latinoparlante» 5 . Aunque de nombre griego, no parece que el griego fuera su lengua materna, habida cuenta de que prefiere citar a los autores griegos en latín y cuando los traduce, comete errores, y muestra además gran familiaridad con respecto a la literatura latina. La hipótesis más aceptada es que Macrobio es oriundo de alguna de las provincias más latinizadas del imperio. Tradicionalmente se había pensado en un origen africano 6 . J. Flamant, además de África, propuso el sur de Italia o Hispania, provincias donde la aristocracia romana tenía grandes dominios y donde Macrobio pudo entrar en contacto con estos círculos aristocráticos 7 . B. C. Barker-Benfield propone la hipótesis de un posible origen egipcio, aduciendo, por un lado, la existencia de un papiro de Oxirrinco, de inicios del s. IV , donde figuran a poca distancia los nombres de Macrobio y Eudoxio (como el nieto de Macrobio), y por otro, las numerosas referencias a Egipto contenidas en las Saturnales .
Tuvo un hijo, Flavio Macrobio Plotino Eustacio, nacido ca . 417 d. C., prefecto de Roma ca . 461 d. C., a quien dedicó sus dos obras mayores, el Comentario al Sueño de Escipión y las Saturnales 8 . Fue abuelo de Macrobio Plotino Eudoxio, vir clarissimus , quien corrigió un texto del Comentario con la ayuda de Aurelio Memio Símaco, bisnieto del orador Símaco y suegro de Boecio, que fue cónsul en 485 9 .
Los incipit y explicit de los manuscritos más antiguos del Comentario le atribuyen el doble título de vir clarissimus et inlustris; esto es, Macrobio era de rango senatorial (clarissimus ) y había accedido a las más altas funciones del Estado, pues, conforme al escalafón jerárquico instituido por el emperador Valentiniano, el título de inlustris estaba reservado para un puñado de altos funcionarios, para los prefectos del pretorio y de la Ciudad y los chambelanes 10 . El codex Theodosianus nos permite rastrear la carrera de dos altos funcionarios susceptibles de ser identificados con Macrobio. Con el nombre de Macrobio el codex menciona tres funcionarios: un vicarius Hispaniarum en el 29 de agosto del 399 en Rávena y el 9 de diciembre del 400 en Milán; un proconsul Africae en el 25 de junio de 410; y un praepositus sacri cubiculi el 6 de noviembre de 422 (en este último decreto el tal Macrobio es llamado vir inlustris , uno de los títulos añadidos al nombre del autor del Comentario en los manuscritos). Y con el nombre de Teodosio el codex menciona un praefectus praetorio Italiae del 15 de febrero al 18 de diciembre del 430 11 . Ahora bien, se puede descartar 12 de antemano la identificación con el praepositus sacri cubiculi , pues este título, que concierne a la corte imperial de Oriente, debía recaer siempre en un eunuco, ya que Zósimo 13 habla de una excepción a tal norma que tuvo lugar bajo el emperador Magno Máximo, quien nombró a un no eunuco como praepositus , pero poco después tenía como praepositus al eunuco Galicano 14 .
A partir de estos datos se pueden elaborar dos cronologías. La cronología tradicional 15 , que parte de la identificación del autor con el Macrobio oficial de alto rango del Códice Teodosiano (pero descartando al praepositus homónimo), sitúa el nacimiento de Macrobio en 350-360, la composición del Comentario y de los Saturnales entre 384 y 395, la del tratado gramatical entre 395 y 400. Macrobio habría sido vicarius Hispaniarum en 399-400 y proconsul Africae en 410. Habría accedido, por tanto, a estos altos cargos después de haber redactado su obra 16 .
Una cronología tardía, sugerida tempranamente por S. Mazzarino, y admitida por A. Cameron y N. Marinone 17 , descansa sobre la identificación de Macrobio con el Teodosio prefecto del pretorio en Italia en 430. Por consiguiente, Macrobio habría nacido c . 385-390, habría compuesto el tratado gramatical c. 420-425 (de acuerdo con la ausencia del título de vir illustris en la tradición manuscrita de esta obra), y habría accedido a la prefectura del pretorio en 430; luego habría compuesto, en el curso del decenio siguiente (430-440), el Comentario y los Saturnales . Por tanto, Macrobio habría vivido fundamentalmente bajo los reinados de Honorio y Teodosio (395-435). Para J. Flamant 18 , dado que identifica a Macrobio con el procónsul de África en 410, los Saturnalia sólo pudieron redactarse después de 408-410, probablemente entre 420 y 430, pues tiene en cuenta la autoridad científica otorgada al gramático Servio en los Saturnalia .
Dos argumentos se pueden aducir en favor de la cronología tardía. En primer lugar, el silencio de los autores de las postrimerías del s. IV , supuestamente contemporáneos, según la cronología temprana: ni Símaco en su correspondencia, ni Servio en su Comentario a Virgilio hacen la menor alusión a Macrobio. En segundo lugar, la identificación del hijo de Macrobio, prefecto de Roma en 462, dignidad a la cual difícilmente se accede antes de los cuarenta y cinco años. Este hijo habría nacido hacia el año 417, y su padre, prefecto del pretorio de Italia en 430, habría, por tanto, redactado los Saturnalia , libro destinado a la educación de su hijo Eustacio, entre 430 y 440.
¿MACROBIO CRISTIANO?
Otro aspecto controvertido de la vida de Macrobio es su relación con el cristianismo. En sus obras no se encuentra traza alguna de la nueva religión y este silencio total sobre los cristianos y el cristianismo resulta harto sorprendente, sobre todo para los partidarios de la cronología temprana, que hacen de Macrobio un contemporáneo de Agustín, Ambrosio, Jerónimo, Crisóstomo y Teodosio. ¿Es este silencio una prueba de su adhesión al paganismo o más bien a la nueva religión, por no atacarla? Además, la identificación del escritor, vir clarissimus et inlustris , con un alto funcionario —no necesariamente el Macrobio oficial de alto rango del Codex Theodosianus — supondría en la práctica admitir que Macrobio era cristiano, puesto que los altos cargos estaban entonces vedados a los paganos. ¿Y cómo conciliar entonces el Macrobio cristiano con el Macrobio escritor que en los Saturnales hace revivir a los principales representantes de la oposición pagana contra el cristianismo triunfante: el orador Símaco, el filósofo Vetio Agorio Pretextato y el historiador Virio Nicómaco Flaviano?
Para obviar estas dificultades, autores como Ramsay 19 , Sundwall 20 , Ensslin 21 , Sandys 22 y Glover 23 niegan la identificación del Macrobio alto funcionario con el escritor, si bien Sandys admite la posibilidad de que Macrobio se hubiera convertido real o nominalmente al cristianismo después de haber escrito los Saturnalia . Whittaker 24 y Mras 25 hablan de Macrobio como de un oficial de alto rango sin identificarlo con el Macrobio del Códice Teodosiano . Schanz 26 y Pallu de Lessert 27 aceptan la identificación sin tapujos. Leonhardt 28 , Wessner 29 y Henry 30 identifican al escritor con el oficial de alto rango, y para conciliar al escritor de obras ‘paganas’ con el oficial ‘cristiano’, consideran que Macrobio abrazó la nueva religión después de haber escrito el Comentario y los Saturnalia , sólo entonces accedió a los altos cargos y en ese momento fue añadido en los manuscritos el doble título de vir clarissimus et inlustris .
Otros autores no tienen reparos en declarar decididamente a Macrobio como cristiano. El teólogo inglés Collins 31 ve un signo del cristianismo de Macrobio en el hecho de que es el único entre los autores antiguos no abiertamente cristiano que habla de la matanza de los inocentes ordenada en Belén por Herodes (Sat . II 4). Cristiano lo consideraron también Grotius 32 y Barth 33 , aduciendo éste último como prueba las expresiones de Macrobio Deus omnium fabricator (Sat . VII 3) y Deus opifex omnes sensus in capite locavit (Sat . VII 14). Pero, como justamente observa Bevilacqua 34 , también un neoplatónico de las postrimerías del s. IV podía emplear tales expresiones. Para este autor, siguiendo a Ronconi 35 , Macrobio —exaltador de Virgilio y comentador de Cicerón, esto es, estudioso de los dos autores que predominan en la escuela—, desarrolla un hábito que separa la literatura de la vida; es uno más de aquellos escritores de la época que han dado una adhesión superficial al cristianismo, del cual, aún demasiado ligados a la escuela, han dejado pocas trazas, o ninguna, en sus escritos; es, pues, uno más de aquellos cristianos tibios de la época que quieren salvar y utilizar todo el patrimonio de la Antigüedad.
No obstante, la mayor parte de los estudiosos de Macrobio, tanto antiguos como modernos, persisten en que Macrobio no sólo no era cristiano, sino miembro del Círculo de Símaco, un círculo cultural tradicionalista, decididamente contrario al cristianismo y que tenía a Virgilio como ‘texto sagrado’. Para Pichon 36 , Macrobio, un pagano sin lugar a duda, se refugia en la Antigüedad pagana no sólo para olvidar la amenaza de los bárbaros, sino para ignorar el triunfo del cristianismo. El silencio es su arma contra el cristianismo victorioso. Para M. Armisen-Marchetti (2001) 37 el paganismo de Macrobio es más que evidente, tanto en los Saturnalia (1 17-23: larga disertación sobre teología solar), como en el Comentario (I 14, 5-7: doctrina de las tres hipóstasis; I 8, 1-14, 20 y II 2, 12-16: doctrina del alma). «Le silence dans lequel Macrobe tient le christianisme —concluye Armisen-Marchetti— est un silence de dédain, un silence polémique, non le silence d’une âme tiède».
W. H. Stahl 38 abre las puertas a una nueva posibilidad: el silencio total de Macrobio sobre el cristianismo y el entusiasmo por las antigüedades paganas que rezuman sus obras no indican necesariamente que Macrobio no fuera cristiano en los años en que las escribió. El paganismo murió muy lentamente y a su tenaz persistencia en los siglos IV y V contribuyeron —como señaló H. F. Stewart 39 —: la creencia arraigada en el eterno destino de Roma y el culto a la Ciudad; la fascinación ejercida por los cultos de Cibeles, Isis, Mitra y Orfeo, sumamente atractivos por sus promesas de inmortalidad; la influencia de la severa doctrina estoica, inculcada y difundida por Marco Aurelio; el noble idealismo de los neoplatónicos; y, sobre todo, el sistema educativo, basado en una retórica exclusivamente pagana. La retórica escolar, sustentada en el estudio de la mitología, la historia y la filosofía pagana y en la lectura, memorización y declamación, como modelos de estilo, de los grandes escritores paganos clásicos, fue la principal responsable de la persistencia de las tradiciones paganas mucho tiempo después de que el cristianismo hubiera triunfado. Hay una «conspiración del silencio», que Stewart atribuye a la «Roman etiquette», y muchos autores escriben como si no hubieran oído hablar del cristianismo 40 . Cristianos como Boecio, Nono, Claudiano, Sinesio o Sidonio Apolinar escriben como paganos, sin mencionar la cristiandad. Lo mismo puede decirse prácticamente de los autores paganos de la época: Eutropio, Símaco y Marciano Capela ignoran completamente la cristiandad en sus obras; sólo en Porfirio encontramos un ataque virulento contra los cristianos.
Visto el panorama de la época, no resulta sorprendente que Macrobio no mencione a los cristianos ni en el Comentario , un tratado de neoplatonismo, ni en las Saturnales , una obra que trata de literatura y antigüedades paganas. No había razón para hacerlo. Pero, de hecho, bien pudo haber sido cristiano cuando escribió estas obras, un cristiano tibio que no toma parte en las polémicas religiosas de la época y que en el estudio y en la filosofía busca refugio y consuelo contra las decepciones de su tiempo.
En resumen, en Macrobio no hay ningún signo evidente de cristianismo, pero tampoco de abierta oposición.
OBRAS
Macrobio es autor de tres obras que se conservan total o parcialmente. En primer lugar, los siete libros de las Saturnalia , un simposio literario, a imitación del Sobre la república de Cicerón, donde, con ocasión de las fiestas saturnales, dialogan algunos senadores importantes (Vetio Agorio Pretextato, el historiador Virio Nicómano Flaviano, el orador Quinto Aurelio Símaco) y el joven gramático Servio, sobre temas antiguos, en especial sobre Virgilio. Se ha transmitido incompleto; falta el final del libro II, el comienzo del libro III, la segunda mitad del libro IV, y el final del libro VII. En cambio, nos han llegado intactos los Commentarii in Somnium Scipionis , un escrito gracias al cual se ha transmitido el texto ciceroniano. Por último, un tratado gramatical perdido, De differentiis et societatibus Graeci Latinique verbi , comparando el verbo griego con el latino, que sólo se conserva en excerptas de excerptas hechos en la Edad Media 41 , y que hace pensar en el Rhēmatikón de Apolonio Díscolo (s. II d. C.) y en Gelio, una obra cercana a Capro y los glosarios. Como fuente, Macrobio utiliza a Apolonio Díscolo y es posible que, a su vez, sirviera de fuente a Prisciano. Las dos primeras obras están dedicadas al hijo del autor, Eustacio; su obra gramatical, a un Símaco, que podría ser el hijo del orador de las Saturnales (nacido hacia el 384) o un nieto, que fue cónsul en 485 42 .
El Comentario es especialmente interesante para los medievalistas, porque es una de las fuentes básicas para el estudio del movimiento escolástico y de la ciencia medieval. Junto al Comentario de Calcidio, fue la fuente más importante del platonismo en el Medievo occidental, y junto con Calcidio, Marciano Capela y Plinio el Viejo, el principal transmisor de los conocimientos griegos sobre astronomía y geografía. Las Saturnales , por su parte, son valiosas para los eruditos del mundo clásico, pues arroja luz sobre la sociedad y las letras romanas en las postrimerías del s. IV .
El propósito de Macrobio en las Saturnales , según el propio autor precisa en el Prefacio, es pedagógico: quiere poner a disposición de su hijo Eustacio un conjunto de conocimientos. Con interés erudito, Macrobio ambiciona redactar una suerte de enciclopedia práctica, un compendium que salve del olvido el tesoro de la cultura clásica. Tres amplias secciones, que se presentan unitariamente como un tratado completo de educación, cubren las disciplinas del trivium (gramática, retórica, dialéctica) y del quadrivium (aritmética, música, geometría, astronomía) 43 . Se trata, en definitiva, de una miscelánea de tradiciones y antigüedades paganas, semejante en muchos aspectos a las Noches Áticas de Aulo Gelio, y adopta la forma de una serie de diálogos a semejanza de los diálogos de Platón. El tema central (libros III-VI) es el comentario de las obras de Virgilio, si bien las observaciones de Macrobio nada contribuyen a la critica literaria virgiliana, pues no atienden a la valoración de los méritos poéticos de Virgilio. En los Saturnalia culmina la tendencia creciente que ve en Virgilio no un gran poeta sino una autoridad de sabiduría y erudición prodigiosa, omnisciente e infalible. Sus versos son oraculares, porque nunca resultan falsos y porque su significado, a menudo oculto, precisa de la agudeza de un comentarista que lo desvele. Macrobio señala numerosos paralelos entre Homero y Virgilio, así como los préstamos que Virgilio toma de escritores latinos arcaicos. Para los filólogos, buena parte del valor de esta obra reside en que gracias a ella se han preservado muchos fragmentos del poeta Ennio 44 .
El tratado De differentiis no es un Ars grammatica . Macrobio, que no es un gramático de profesión, se interesa sólo por una parte del discurso, el verbo, del cual estudia los siete accidentes gramaticales: persona, numeri, figura (= formación de compuestos), coniugatio, tempus, modus , genus (= diátesis o voz del verbo). La originalidad de Macrobio consiste en recurrir a la categoría de la diferencia —noción dialéctica empleada por los gramáticos para el estudio del significado de las palabras— y en basar su estudio en el paralelismo entre los dos sistemas verbales para cada uno de los accidentes estudiados. Macrobio se inspira en el Rhematikón del gramático alejandrino Apolonio Díscolo, creador de la sintaxis griega en tiempos de Adriano, y en Claudio Dídimo Calquéntero, quien compuso un tratado sobre la analogía en tiempos de Augusto. El De differentiis de Macrobio no se ha conservado completo sino en cuatro fragmentos, recogidos por Keil 45 , y más modernamente por De Paolis (1990) 46 . En el fragmento transmitido en el codex Parisinus 7186 (s. XI ) se lee: explicuit defloratio de libro Ambrosii Macrobii Theodosii, quam Johannes carpserat ad discendas Graecarum verborum regulas . Otro fragmento, el Vindobonensis 16 , antes Bobiensis (s. VII-VIII ) 47 , se inicia con estas palabras: Theodosius Symmacho suo salutem dicit . En el tercer fragmento, transmitido por el Vindobonensis 17 , antes Bobiensis (s. VIII ), el autor de dirige a un tal Severo, disertissimus studiosorum , que le ha pedido un tratado sobre el verbo. El cuarto fragmento, muy breve, transmitido por el Laudunensis 444 (s. IX ) y el Parisinus 7499 contienen exempla barytonorum y exempla perispomenorum secundum Macrobium Theodosium . En Keil, los fragmentos, excepto el primero que aparece con el nombre de Excerpta Parisina 48 , aparecen bajo el nombre de Excerpta Bobiensia . Ahora bien, modernamente se considera que el fragmento de Bobbio (De verbo ), dirigido al tal Severo, comparando el verbo latino con el griego, no es obra de Macrobio, aunque posiblemente se base en Macrobio 49 .
En cuanto a la cronología absoluta de las obras completas de Macrobio 50 , los partidarios de la datación temprana del nacimiento del autor (350-360) sitúan la fecha de composición de los Saturnalia generalmente en el 395 51 , la del Comentario en el decenio anterior 52 , y la del tratado gramatical entre 395 y 400; para los partidarios de la datación tardía del nacimiento (hacia 385-390), Macrobio compondría el tratado gramatical hacia 420-425 y el Comentario y los Saturnalia entre 430 y 440. No obstante, tampoco hay total acuerdo en cuanto al orden cronológico de redacción de las obras. H. Georgii 53 , partidario de la datación temprana de Macrobio, data la publicación de las Saturnales alrededor del 395 y sostiene que el Comentario apareció después, poco antes del 410. También J. Flamant 54 sostiene que el Comentario fue redactado «quelques années après» las Saturnales , «car la science du Commentaire est bien supérieure à la vague propédeutique qu’on ensegnait dans les écoles» 55 . La misma argumentación sostiene Regali, teniendo en cuenta al destinatario de ambas obras, Eustacio, considera que lo más logico es pensar que, en la instrucción del hijo, el estudio de la filosofía venga después de las otras disciplinas 56 . Recientemente, Armisen-Marchetti (2001) 57 , partidario de la datación tardía, abunda en la argumentación de Regali: la larga dedicatoria de los Saturnalia (praef . 1-2) hace suponer un joven adolescente en edad de frecuentar la escuela del grammaticus (doce o quince años); en cambio, la dedicatoria del Comentario (I 1, 1, vita mihi dulcedo pariter et gloria ) cuadra mejor a un hombre joven, de unos veinte años, en edad de completar con el contenido filosófico de la obra su formación escolar. No obstante, también cuenta con partidarios la hipótesis contraria, formulada hace ya largo tiempo por Wissowa 58 : el Comentario es la obra más temprana, pues Macrobio, en el Comentario , da un tratamiento más amplio a una docena de temas que son comunes a ambas obras, lo cual indica que, cuando escribió los Saturnalia , tenía en mente el Comentario y quería evitar repetirse.
EL COMENTARIO AL SUEÑO DE ESCIPIÓN
El Comentario es un estudio prolijo del famoso sueño narrado en el Sobre la república de Cicerón (VI 9-29), en el que Escipión el Africano el Viejo se aparece a su nieto adoptivo, Escipión Emiliano, y le revela su destino futuro y el de su país, explica las recompensas que aguardan a la virtud en la otra vida y describe el universo y el lugar de la Tierra y el hombre dentro del universo. Macrobio no ofrece un comentario exhaustivo del texto ciceroniano, sino que expone una serie de teorías sobre los sueños de corte neoplatónico, sobre las propiedades místicas de los números, sobre la naturaleza del alma, sobre astronomía y sobre música. Cita a muchas autoridades, pero es poco probable que las haya leído todas o por lo menos la mayoría. Plotino y Porfirio son sus fuentes principales y cita con frecuencia a Virgilio con finalidad ornamental. No obstante, la obra incorpora ideas del neoplatonismo que no se conservan de forma directa en ningún otro lugar. El estilo es bastante desigual, ya que Macrobio copia o traduce sus fuentes sin unificarlas estilísticamente.
PENSAMIENTO FILOSÓFICO
A excepción de los cristianos, todos los intelectuales de la latinidad tardía siguen la doctrina neoplatónica, entre ellos Macrobio. Elementos heterogéneos de procedencia pitagórica, aristotélica y estoica confluyen con el platonismo originario produciendo, en un sincretismo filosófico, una nueva escuela, que con Platón no tiene ya nada en común. La nueva filosofía fue divulgada en Roma, del 263 al 268 d. C., por el propio fundador, Plotino (204-270), y sobre todo por su discípulo Porfirio (233-305) y por Jámblico (260-330). Las enseñanzas neoplatónicas están ya presentes en Plutarco, Máximo de Tiro y Numenio de Apamea. Frente al estoicismo y el epicureismo, filosofías materialistas, con Plotino penetra por primera vez en Roma una filosofía espiritualista, una metafísica monástica.
La nueva filosofía caló pronto en la sociedad culta romana y se presentaba con el atractivo de lo trascendente 59 . El Dios de los neoplatónicos estaba caracterizado por una unidad absoluta que trascendía todas las cosas; por ello mismo carecía de forma y no era otra cosa que él mismo. Como suma de todas las perfecciones era denominado como Uno o Bien y de él surgía todo lo creado. No obstante, esta creación no significaba cambio alguno en su esencia, ya que surgía por un proceso de emanación, que los neoplatónicos compararon a la expansión del perfume que emana de un cuerpo oloroso. Este proceso de emanación implicaba necesariamente la degradación de lo creado respecto al creador, puesto que los seres que emanan de Dios no podían mantenerse en la perfección y la unidad original y se multiplicaban en la imperfección.
Los neoplatónicos describieron un proceso de emanaciones o hipóstasis, que comenzaba con la emanación del intelecto o mente del mundo (noûs) . En el Intelecto, convertido en sede de las ideas platónicas, se disuelve la unidad original de Dios, puesto que se divide entre el sujeto pensante y el objeto pensado. El segundo nivel de emanación, originada por el intelecto, sería el alma del mundo (psychḗ) , definida como verbo y acto del intelecto. El alma del mundo consta de una parte superior que se dirige al intelecto y una parte inferior que se dirige al universo corpóreo, lo informa y lo gobierna. Dios, el intelecto y el alma del mundo conforman el mundo inteligible, más allá del cual comienza el otro mundo sensible, que surge de la acción del alma del mundo sobre la materia (hýlē) . De la materia se origina toda suerte de imperfección, multiplicidad y mal, ya que ha de considerarse como la privación de Dios y el extremo inferior de esta escala de emanaciones. No obstante, en el mundo corpóreo, que alza orden y forma gracias al alma del mundo, pueden encontrarse vestigios de la belleza original; y son esos rastros los que ha de seguir el alma individual en su retomo hacia la divinidad.
La antropología neoplatónica consideraba que la esencia del hombre era el alma y que esas almas individuales participaban del alma del mundo, que, en último término, emanaba del uno. El alma humana, encarcelada en el cuerpo, sentía la atracción de sus orígenes divinos y aspiraba a retomar a Dios. El camino de ese retomo estaba en la contemplación de la armonía y la belleza que había en el mundo, para luego remontarse, desprendida de los sentidos corporales, a instancias superiores. Para ese regreso, se ofrecían tres vías principales: la música, el amor por la belleza y la filosofía. La proporción armónica de la música conducía hacia la armonía inteligible que es la belleza misma, del mismo modo que la belleza que resplandecía en las cosas remitía a la belleza incorpórea y, más allá, a la fuente misma de la belleza. Por su parte, la filosofía propone la práctica de la virtud y la contemplación del sumo uno. La reintegración última en el uno consiste en la disolución de lo múltiple, por medio de lo cual el alma se une a Dios por medio de un impulso de amor, en el que no cabe imperfección ni dualidad, sino sólo un éxtasis en total unión con Dios.