Kitabı oku: «¡Podemos querernos más!»


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A mi mamá y a mi papá, que siempre me apoyaron en mi carrera, mi trabajo y mis proyectos.
A mi hermano y a mi cuñada, leales compañeros en cada evento e hito importante de mi vida.
A mi novio, que no deja de alentarme y ayudarme en todos mis proyectos, y se ocupa de que todo salga bien.
A mis amigas, por acompañarme siempre.
A mis seguidores, que con su cariño me dan cada vez más fuerzas para seguir concientizando.
¿Cuánto les crees a los medios de comunicación?

¡Hola! Soy Agustina, quizá ya me conozcas de las redes sociales, pero si también leíste mi primer libro, ¡Podemos comer de todo!, sabes que me gustaría que, antes de empezar a leer, hicieras un mini test para conocer en qué situación estás en relación con la mala información que a menudo se difunde en los medios de comunicación y cómo eso puede llegar a afectar tu calidad de vida.
¡A no hacer trampa! No hay respuestas correctas o incorrectas, sino que cada resultado será tan único como cada persona que responda. ¡Adelante!
¿Anhelas el cuerpo de determinada celebridad, modelo, actor o actriz?
Sí. 
No. 
¿Seguiste alguna dieta que hubiera hecho alguna persona famosa, con el fin de tener un cuerpo similar?
Sí. 
No. 
¿Llegaste a obsesionarte con “el cuerpo perfecto” al punto de caer en un trastorno alimentario?
Sí. 
No. 
¿Seguiste alguna dieta propuesta por una revista?
Sí. 
No. 
¿Eliminaste algún alimento de tu vida porque algún comunicador social afirmó que “engorda” o que es “veneno”?
Sí. 
No. 
¿Consideraste comprar o en efecto compraste algún “producto milagro” (batidos, pastillas, polvos) publicitado por celebridades?
Sí. 
No. 
A la hora de seguir algún tipo de dieta difundida en los medios, ¿la haces sin consultar a un profesional?
Sí. 
No. 
A la hora de comprar algún “producto milagro” publicitado en los medios, ¿lo compras sin consultar con un profesional?
Sí. 
No. 
¿Crees que un determinado alimento deba ser eliminado por completo para tener un cuerpo saludable?
Sí. 
No. 
¿Te sometiste al menos una vez a una dieta desintoxicante después de un período de alimentación con excesos, por consejo de alguien que lo recomendó en los medios de comunicación?
Sí. 
No. 
Mayoría de respuestas “sí”
Eres una persona vulnerable a ser afectada por los estándares de belleza que impone la sociedad, y a caer en dietas y productos “milagro”, que involucran hábitos y componentes nocivos para la salud y que pueden tener consecuencias graves. Este libro te ayudará a entender por qué hay que estar alerta y no creer en todo lo que nos venden. ¡Espero que te sirva!
Mayoría de respuestas “no”
Eres una persona que por lo general puede identificar y descartar los estereotipos y los mensajes erróneos difundidos por los medios de comunicación. Por lo tanto, este libro te servirá tanto para ayudar a quienes sí sean vulnerables, como para entender un poco más cómo se manejan los distintos medios a la hora de informar sobre salud y nutrición.
Prólogo

Candela Yatche
Fundadora de Bellamente (@bellamentearg)
Vivimos en una sociedad plagada de estereotipos y de prejuicios sobre la imagen, la perfección del cuerpo entendida de manera muy restringida, la delgadez y la juventud como sinónimos de belleza. Se trata de mensajes que recibimos de los medios de comunicación y que aparecen como un único modelo de lo que deberíamos ser. Es por esto que se ha ido consolidando un culto al cuerpo en el que el objetivo es la búsqueda de la belleza según un ideal regido por normas que muchas veces son bastante incompatibles con la salud y con la realidad de la mayoría de las personas.
Para adaptarnos a esto, vamos como bloques de un juego de ingenio, queriendo encajar en todo: nos anotamos en gimnasios, hacemos dietas, compramos productos “milagrosos”, nos hacemos cirugías de todo tipo. Sin embargo, seguimos insatisfechos. ¿Sabemos por qué pasa esto? Porque no se puede remediar un problema interno con una solución externa; es como querer curar una herida de bala con una tirita adhesiva. Pero lejos de abandonar este circuito vicioso, continuamos la exigente búsqueda de la perfección que nunca llega. Esto genera frustración y hace que aumente nuestro nivel de autocrítica, disminuyendo así nuestra autoestima.
La autoestima es la valoración de uno mismo. Para la psicología, se trata de la opinión emocional que los individuos tienen de sí mismos y que supera en sus causas la racionalización y la lógica.
“No se puede remediar un problema interno con una solución externa”
La imagen corporal es uno de los componentes de la autoestima. Se define como la representación mental que cada persona tiene sobre su propio aspecto físico, y es una imagen en donde el entorno tiene una gran influencia. Recibimos mensajes de parte de la familia, los amigos, los medios de comunicación que, sumados a una visión distorsionada de uno mismo, puede hacer que conformemos una imagen corporal negativa. Muchas veces, nuestra autopercepción está distorsionada. Tendemos a exagerar el tamaño o la forma del supuesto defecto. Nos centramos de manera selectiva y obsesiva en las partes que menos nos gustan y nos olvidamos del resto. Existe una analogía que nos ayuda a entender estos errores en la percepción: la del daltónico. Una persona daltónica tiene una percepción que no coincide con la de los demás. Alguien con estas características estaría completamente convencido de que lo que ve verde es verde, aunque los demás lo veamos rojo. Si él o ella no aceptan que la percepción distorsionada es la suya, no se los podría ayudar nunca.
Lo mismo sucede con la distorsión de la imagen corporal: para que sea positiva debe nacer de un trabajo interior. Una imagen corporal positiva tiene que ver con valorar al cuerpo como un instrumento de uso y no como un adorno para que otros admiren. Hay que dejar de buscar likes afuera cuando en realidad lo único que necesitamos es nuestro propio like, amarnos y aceptarnos. Es hora de no solo reconocer que somos más que nuestra apariencia, sino también creerlo, repetirlo, escribirlo y compartirlo. La finalidad de este giro de 180 grados es la autoaceptación incondicional. Se trata de ir desaprendiendo y eliminando de a poco capa por capa todas las etiquetas que nos fueron inculcando.
“La opinión pública es una débil tirana comparada con nuestra propia opinión íntima. Lo que el hombre piensa de sí mismo es lo que determina su destino”, dijo el escritor y filósofo Henry David Thoreau. Actualmente, los medios de comunicación siguen teniendo un poder de influencia muy fuerte en las personas, construyendo el imaginario de belleza que les favorece generar, en función de los intereses del mercado.
Lo urgente es trabajar en empoderar a las personas en la búsqueda de aprender a quererse como son, a respetarse y a buscar la mejor versión de sí mismos, dejando de lado las comparaciones y la pretensión de alcanzar una belleza irreal. Es trascendente priorizar la posibilidad de elegir lo que quieren ser, siendo dueños de sus propias vidas sin que los mensajes externos los determinen.
Es muy importante el trabajo preventivo de concientización acerca de estos temas. En la actualidad son escasos los espacios desde donde se les acerca a los niños y a los adolescentes herramientas que los ayuden a poder ver que no hay una única realidad, que hay tantas como personas en el mundo. Como dice Nietzsche: “No existen hechos, solo interpretaciones”.
Me parece indispensable entender que el abordaje del tema de la imagen corporal debe ser transversal a toda la sociedad en general. Es fundamental tener en cuenta cómo influye directamente en el desarrollo del bienestar de las personas.
Esencialmente deberíamos hacer hincapié en las relaciones interpersonales, ya que la palabra y la mirada del otro afectan directamente nuestra autoestima. Trabajando con los prejuicios, las creencias y los mandatos, el desafío es poder construir vínculos con el otro entendiendo que las diferencias, nos enriquecen, y el respeto nos une.
“Lo que el hombre piensa de sí mismo es lo que determina su destino.”
Apostemos a valorar la esencia de las personas, las historias que inspiran y las acciones que crean un mundo mejor. Vayamos por el cambio: elijamos vivir bellamente.

Medios
y estereotipos
Una historia larga y cargada de prejuicios

Evolución de los estereotipos a lo largo del tiempo
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“Miles de mujeres en el mundo entero invierten sus ahorros para extirpar lo más bello que les fue dado: curvas para engendrar hijos, pechos para alimentarlos, marcas de nacimiento o de expresión y detalles que las hacen únicas. Es posible estar de acuerdo con la decisión personal de cambiar algún aspecto del cuerpo que nos genere incomodidad, pero la tendencia es la transformación en exceso, buscan erradicar lo que sus padres gentilmente les dejaron por herencia”.
Mónica Katz, Más que un cuerpo
Desde el principio de la humanidad, los cánones de belleza han ido cambiando. En la actualidad, la sociedad “obliga” de cierta manera a que las personas quieran verse como las mujeres y los hombres que vemos en la televisión, las revistas y las redes sociales, ¡pero no es algo nuevo!
Revisando un poco la historia reciente, vemos que los cuadros del siglo xvii representaban un ideal de cuerpo femenino voluptuoso, con caderas anchas y brazos grandes. Sin embargo, en ese mismo siglo se comenzaba a utilizar el corsé para achicar la cintura y marcar más los senos y las caderas. El uso de esta prenda se popularizó muchísimo en los dos siglos siguientes, y se sabe que muchas mujeres se han desmayado por quedarse sin aire, ya que la usaban muy ajustada. Pero eso no importaba, sino verse bien.
A comienzos del siglo xx, el canon de belleza era otro: nalgas prominentes, caderas anchas y pechos grandes. La importancia de la lencería desde 1930 habla de la preocupación por estar bellas y llamativas. A partir de la década de 1950, los cuerpos deseables tenían más curvas y extremidades más finas. Se utilizaba el cabello rubio y maquillaje. Un gran ejemplo es Marilyn Monroe.
Dos décadas después empezaron a aparecer los cuerpos más delgados, con menos curvas. En los noventa, se seguían viendo cuerpos muy delgados, y a esto se le agregaban cirugías puramente estéticas, sobre todo en la boca o en los pómulos.
Ya no hubo vuelta atrás: la delgadez siguió avanzando, y tanto, que en las agencias de modelos se llamaba “gordas” a quienes estaban dentro de un peso estable.
“La importancia de la lencería habla de la preocupación por estar bellas y llamativas”
En la actualidad, vemos cuerpos tanto de hombre como de mujer sumamente musculosos, que es lo que está de moda. Es la era de la tan famosa “moda fit” que podemos ver en las redes sociales, que puede generar una obsesión muy peligrosa con la actividad física y el consumo de suplementos de proteínas. Vivimos en una sociedad en la que, si no eres delgado y con los músculos bien marcado, no tienes “buen cuerpo”; la aceptación pasa por encajar en estándares de belleza estrictos y hasta peligrosos.
“La aceptación pasa por encajar en estándares de belleza estrictos y hasta peligrosos”
La televisión, las revistas y las redes sociales bombardean mensajes que incentivan a la gente a comer cada vez menos, a tenerle miedo a cada vez más alimentos, a entrenar de manera excesiva y, además, se venden día a día “productos milagro” para no asimilar los nutrientes y así bajar de peso.
De la voluptuosidad a la delgadez extrema y con músculos muy marcados… ¿Cuál será el próximo estereotipo?
En primera persona: Carla, 25 años 
Hola, Agus, te cuento mi experiencia con los estereotipos que se ven en la televisión, pero sobre todo con algunas de las famosas influencers que están tan de moda. Siempre me consideré una chica con un cuerpo normal, ni gorda ni flaca. Actualmente estoy cursando las últimas materias de la carrera de Diseño Gráfico y trabajo full time; cuando llego a mi casa, la mayor parte de los días solo quiero tirarme en mi cama. Pero cuando veo la tele o Instagram, y veo a estas chicas perfectas, que están tonificadas y bronceadas todo el año, me siento culpable por no ir al gimnasio, por tener ganas de tomar una cerveza con papas para terminar el día, y así con muchas cosas. Llegué incluso a pedirle perdón a mi novio por no querer ir al gimnasio o por estar un poquito más gorda. En síntesis, llegué a sentirme culpable de ser una chica normal; me veo en el espejo en ropa interior y al compararme con esas chicas perfectas me dan ganas de llorar, siento angustia.
¿Por qué creemos lo que nos dicen los medios?

Es frecuente que cuando alguna persona famosa anuncia que bajó de peso con cierta dieta o con cierto producto, las personas imiten esas prácticas, comiendo de la misma manera y comprando la misma pastilla o batido.
Este impulso está naturalizado porque lamentablemente falta, como faltó siempre, una cuestión muy importante que es la educación alimentaria desde la infancia. Los niños no saben casi nada sobre los alimentos, la importancia de los nutrientes, la necesidad de estar bien alimentado y los peligros de realizar dietas de hambre o tomar “productos milagro”.
Es fundamental que desde niños estemos informados sobre esto, porque no saber perjudica a futuro. Si una persona está bien educada desde su infancia, probablemente no caiga en prácticas que pongan en juego su salud.
“No consumir hidratos de carbono genera debilidad”
Por ejemplo, si se les explicara que no consumir hidratos de carbono genera debilidad, pérdida de masa muscular, efecto rebote, dolor de cabeza y posibles problemas anímicos, pensarán dos veces antes de realizar “la dieta de X famoso sin hidratos”. Lo mismo si supieran que tomar pastillas para adelgazar puede generar serios problemas de salud, e incluso la muerte.
Se debería educar a los chicos y explicarles de forma dinámica sobre todas estas cuestiones, y de esa manera, no creerían todo lo que se difunde a través de los medios de comunicación.
Otro tema importante es que muy poca gente sabe realmente de qué manera se baja de peso. Jamás se ha explicado que los descensos a base de restricciones y pérdidas de peso rápidas no son sanos. Al contrario, son los propios nutricionistas quienes enseñan eso al paciente. Somos pocos los que nos dedicamos realmente a la educación alimentaria y es muy difícil cambiar el “chip dietante”.
A la falta de educación alimentaria en las escuelas, se suman las malas prácticas de muchos licenciados en Nutrición, que avalan las dietas con muy pocas calorías, sin hidratos de carbono y hasta algunos juzgan a sus propios pacientes por tener sobrepeso, con comentarios desagradables. Ambos factores provocan que sea mucho más fácil vender cualquier cosa a través de los medios.
Lo más grave de la falta de educación es que es más fácil caer en un trastorno de la conducta alimentaria. Muchas personas son propensas a padecer este tipo de trastornos, y los medios de comunicación son grandes disparadores de ellos.
En primera persona: Pamela, 21 años 
Las redes sociales y la desinformación en la televisión venían afectando mi alimentación hace seis años. Cuando comencé a seguir cuentas de “chicas fit”, generé una horrenda obsesión con la comida. Me sentía extremadamente culpable cada vez que comía algo que no fuera “fit”, además de impotencia, porque, al ser chica, yo no compraba la comida de mi casa. A los diecisiete años dejé de comer y bajé de peso de forma extrema (con efecto rebote, obviamente). Mi mamá, preocupada, me mandó a una nutricionista que lamentablemente era poco profesional: me prohibió las harinas. Yo con casi diecinueve años pesaba 50 kilos y seguía sintiéndome gorda. En las redes sociales, las famosas empezaban a promocionar unas pastillas que impedían que el cuerpo asimilase los hidratos y así podía comer sin llorar por la culpa.
Entonces empecé a seguirte, Agus. Cada uno de tus posteos iba desmintiendo lo que había leído durante años y me salvaron de seguir alimentándome mal.
Hoy, a los veintiún años, encontré una nutricionista que me sacó todos los miedos a la comida, tengo un peso saludable y mi composición corporal no podría estar mejor.
Hago la actividad física necesaria y me siento feliz conmigo misma y con mi vida social.
Es fundamental que empiece a haber una materia de nutrición en los colegios, donde se hable seriamente de estos temas, así como sería muy bueno que hubiese grupos o talleres para padres, donde les explicasen las mismas cosas para cuidar a sus hijos; de esta manera, se combatiría la desinformación.
Esto no quiere decir que si hay educación alimentaria en los colegios nadie más va a caer en lo que se vende sin aval científico. Sabemos que cuando hay trastornos alimentarios o una obsesión muy fuerte, la persona se prohíbe alimentos por más que sepa la importancia de cada nutriente. Esto es un caso aparte, pero sí es real que si se empieza a dar educación alimentaria en los colegios, todos comeríamos mucho mejor.

Cómo no caer en
lo que venden los
medios de comunicación

“Por una sociedad que piense menos en cómo cambiar su cuerpo y más en cómo cambiar el mundo”.
@bellamentearg
Conocer las GAPA
Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) reemplazan lo que antes era la Pirámide Nutricional, y año a año van cambiando. Dentro del plato, se grafican diversos nutriente en diferentes sectores y proporciones. Cuanto más grande es el sector, más se necesita el alimento.

Frutas y verduras
Se encuentran en la mitad del plato. Hablando en general, se necesita un plato entero de vegetales al día (1⁄₂ plato en cada comida) y aproximadamente 3 frutas. Es muy importante consumir este tipo de alimentos ya que son ricos en fibra, vitaminas, minerales y agua. Además, ayudan a prevenir el sobrepeso y la obesidad, el cáncer, la diabetes, el colesterol y los triglicéridos. También favorecen a acelerar el tránsito intestinal.
Las personas deberían conocer desde la infancia la importancia de todo esto, para que logren consumirlos sin problema, pero también debe haber una ayuda desde la casa, donde los platos deberían incluir vegetales de varios colores y las frutas deberían estar siempre a la vista.
Hidratos de carbono
Ocupan la parte superior del plato. Incluyen la papa, la batata, el choclo, el arroz, las legumbres, las harinas, los cereales, el pan y las pastas. A pesar de ser de los más importantes, son los más demonizados, a tal punto que a diario podemos ver que en programas de televisión promocionan polvos y pastillas para no absorberlos. ¡Qué locura!, ¿no? Parece que habláramos de un veneno en vez de un nutriente, y además uno de los principales. Los hidratos de carbono brindan energía; si los dejamos, empezamos a sentirnos mal, débiles y hasta perdemos masa muscular, porque empezamos a “consumirnos”. Si bien algo de grasa se pierde cuando se hacen dietas extremas sin hidratos, se pierde mucho más músculo, por eso bajamos rápido de peso. El problema es que el músculo es muy fácil de perder y muy difícil de crear, al contrario de la grasa, que cuesta bajarla pero se recupera muy pronto; esa es la causa del efecto rebote de masa grasa al dejar una dieta de ese estilo.
Otra consecuencia de dejar los carbohidratos es el futuro atracón o comilona, además de los picoteos. Cuando al cuerpo no se le da glucosa (azúcares), de alguna manera la va a pedir, y lo hace en forma de dulces; por eso, cuando estamos a dieta, tenemos comilonas los fines de semana. ¡Aguantamos toda la semana y cuando estamos frente a una pizza no podemos parar!
También se habla de “bajar de peso sin comer harinas”. Las harinas son cereales molidos; harina de arroz, por ejemplo. Podemos no comer harinas y seguir consumiendo hidratos, como papa o legumbres, pero ¿a qué nos conduce? Al dejar las harinas, consumimos menos calorías y alimentos, por lo tanto es lógico que bajemos de peso, pero al incorporarlas de nuevo, volveremos a subirlo. Tampoco es bueno eliminar las harinas para bajar de peso, ya que si nos encontramos en un evento social donde, por ejemplo, hay pizza o empanadas, empezamos a prohibirnos y a la vez desear más la comida. Entonces pueden aparecer el descontrol alimentario y el círculo vicioso.
Ahora que lo sabes, jamás confíes en las noticias que vemos a diario cuando hablan de bajar de peso sin consumir hidratos de carbono ni harinas; de hecho, son mensajes muy peligrosos para quienes son vulnerables a padecer trastornos alimentarios.