Kitabı oku: «María Magdalena revelada»

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Título original: MARY MAGDALENE REVEALED

Traducido del inglés por Julia Fernández Treviño

Diseño de portada: Editorial Sirio, S.A.

Maquetación: Toñi F. Castellón

© de la edición original

Meggan Watterson, 2019

Publicado inicialmente en 2019 por Hay House, Inc USA

Puedes sintonizar la emisora de Hay House en www.hayhouseradio.com

© de la presente edición

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España

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Contenido

Cubierta

Créditos

Dedicatoria

INTRODUCCIÓN

El ojo del corazón

Por qué besaría a un copto

No podemos morir a medias

LA PRIMERA POTESTAD

Lo que hemos olvidado

El cristianismo que todavía no hemos experimentado

Cómo una feminista ve a un ángel

El ministerio secreto de Currer Bell

El Levítico en zapatillas con forma de conejo

LA SEGUNDA POTESTAD

La niña que se bautizó a sí misma

La pasión de santa Perpetua

Los ojos de bombilla de la abuela Betty

El cristiano más enfadado que conocí en mi vida

El impresionante voto de Tara

Malinterpretando a Mr. Mister

Las tres Marías

El hilo rojo

LA TERCERA POTESTAD

Lo que sucede en la naturaleza

El Evangelio de María Magdalena

Lo que significa ser salvado

Lo que significa ser humano

Lo que me enseñaron que era la zarza ardiente

Cómo meditar como María Magdalena

El huevo rojo

El cuerpo nunca miente

María Magdalena no era una prostituta

No había nadie allí para dar fe de que había una testigo

La potestad que juzga

La Fuente Roja

Como un Arca de Noé de lo divino femenino

Una religión a la que todos pertenecemos

Por qué estoy orgullosa de mi parte impala

Cómo la médium de Long Island respondió a mis plegarias

LA CUARTA POTESTAD

Un barco sin velas

La ioni de la montaña

Lo que escuché en la cripta de María Magdalena

LA QUINTA POTESTAD

La princesa de la piedad

La Cueva de los Huevos

Ella, la que confirma la verdad

LA SEXTA POTESTAD

El quid de la cuestión es que nunca se acaba

El amor ya ha ganado

La Fuente Blanca

LA SÉPTIMA POTESTAD

Lo que hemos recordado

La mujer con la jarra de alabastro

El idioma de los ángeles

La plegaria del corazón

PALABRAS FINALES

Creo en María

APÉNDICE 1

La meditación de la voz del alma

APÉNDICE 2

La lista de lectura del hilo rojo de María Magdalena

APÉNDICE 3

Recursos para dar y recibir apoyo

AGRADECIMIENTOS

ACERCA DE LA AUTORA

Este libro es para mi hijo, Shai, que significa ‘regalo’ en arameo. En francés, amor a primera vista se dice coup de foudre (literalmente ‘golpe de rayo’). Cuando te vi por primera vez, Shai, eso fue lo que sentí. Te reconocí de inmediato.

Fue como ser testigo de la prueba de un amor que siempre había existido. Mi corazón dio un vuelco, y sigue expandiéndose desde entonces.

«Hermana, sabemos que el Salvador te amó más que a ninguna otra mujer. Dinos las palabras del Salvador que recuerdes, las cosas que sabes y que nosotros no hemos escuchado».

María respondió: «Lo que está escondido para vosotros os lo anunciaré».

EL EVANGELIO DE MARÍA MAGDALENA


INTRODUCCIÓN
El ojo del corazón


(Faltan las páginas 1-6)

María 1: 1

En el Evangelio de María Magdalena faltan las primeras páginas. Esas son las palabras que no podemos recuperar, esa es la sabiduría, la voz de Cristo expresada desde el corazón de una mujer, palabras que fueron arrancadas y probablemente destruidas antes de enterrar el resto de su evangelio. Había algo tan incendiario en esas primeras seis páginas que su evangelio comienza en la séptima.

Y hay algo poético en relación con todo esto, ya que de acuerdo con el Evangelio de María el siete es el número de las etapas que debemos atravesar, o de las potestades a las que tenemos que confrontarnos dentro de nosotros mismos, para alcanzar la claridad o singularidad del corazón que nos permite ver algo más real, duradero e infinito más allá del ego de nuestras pequeñas vidas, algo que ya existe aquí, en nuestro interior.

Se han recuperado tres copias del Evangelio de María, dos en griego y una en copto. En esas tres versiones de su evangelio también faltan las páginas iniciales, y cuatro más en la parte central del texto. Y esas cuatro páginas contendrían la respuesta a lo que creo que es una de las preguntas más significativas que se hayan planteado jamás. María le pregunta a Cristo:

«Entonces, Señor, aquel que tiene una visión ¿la ve con el alma o con el espíritu?».

Todo lo que tenemos de su respuesta es este inicio provocador y sin embargo enigmático:

«El Salvador respondió: ‘‘Una persona no ve con el alma ni con el espíritu. Es más bien el intelecto, que existe entre ambos, el que tiene la visión y es el que...’’».

«Intelecto» no es aquí el moderno concepto dualista que conocemos hoy en día. No es un intelecto vacío de cuerpo. Es una palabra que resulta difícil traducir del griego. Es mejor mantenerla en este idioma, aunque la primera vez que me topé con ella pensé que era un vocablo francés. La palabra es nous. Nous en francés significa ‘nosotros’. Nous en griego significa ‘el ojo del corazón’. Es la visión, o la percepción, del alma.

Nuestra forma de ver las cosas lo cambia todo. Y aquí hay mucho en juego, y por este motivo nos corresponde a nosotros responder la pregunta que ella le hace a Cristo. Y quizás también por eso la respuesta a su brillante pregunta fue arrancada de su evangelio, porque nos hubiera revelado que percibimos lo divino directamente, desde nuestro interior.

Lo que está en juego es la autoridad espiritual. Y al decir esto me refiero a la lucha para determinar quién tiene el poder para contar la historia de María Magdalena, y posteriormente la autoridad para decir la verdad sobre nuestra propia historia.

Si nosotros no vemos a través de la vista, si realmente vemos a través de una visión –una forma de percepción espiritual que nos permite conocer lo que es real, lo que es perdurable, lo que es realmente verdadero–, si todo esto procede de nuestro interior, entonces nadie tiene poder sobre nosotros.

Es simple, ¿verdad?

Sí, simple y sencillamente revolucionario.

Para mí, estas siete potestades del Evangelio de María sirven como un modelo de lo que significa ser humano. Es como si nos dieran un mapa de carreteras para recorrer el territorio interior. Aquí están las siete rutas que el ego puede seguir (y muy probablemente seguirá) mientras te encuentras en el cuerpo físico. Aquí están los lugares en los que los seres humanos nos quedamos bloqueados. Estos son los «climas», los estados mentales que pueden obligarnos a actuar de formas que no muestran quiénes somos en realidad. Estas son las potestades que pueden silenciarnos desde el interior de nosotros mismos.

Imagino que esta historia que estoy a punto de narrar es lo que los eruditos religiosos denominarían una «historia de conversión». El Evangelio de María me convirtió, o quizás sería mejor decir que su evangelio me ayudó a comprender por qué nunca me sentía como en casa en un cristianismo que lo excluía.

Desde una perspectiva teológica, el Evangelio de María Magdalena se considera una «narrativa ascendida», lo que significa que describe un camino que debemos recorrer para liberar el alma; no en el momento de morir sino aquí en la vida. Sin embargo, la palabra ascendida resulta confusa pues parece indicar que la imaginación se dirige inmediatamente hacia arriba. Sugiere trascendencia. De acuerdo con el Evangelio de María, la ascensión es más exactamente un descenso hacia el corazón; de manera que lo más lejano de allá arriba es en realidad lo más profundo que hay dentro de nosotros.

Para mí, encontrar la voz de María Magdalena significó recuperar mi propia voz. Por este motivo he pasado la mayor parte de mi vida estudiando su evangelio y siguiendo su leyenda a través de la historia. Tengo la esperanza de que al compartir su voz en este libro, tú serás capaz de escuchar la voz de tu propia alma. (Sé que esto puede parecer algo demasiado elevado y tal vez incluso intimidatorio, pero se trata simplemente de esa clara, serena y discreta voz llena de amor que hay en ti).

También quiero aclarar que esto va a terminar de la forma en la que comenzó. Como dice T. S. Eliot en sus Cuatro cuartetos: 1 «Y el final de toda nuestra búsqueda / será llegar a donde empezamos / y conocer el lugar por primera vez». No se trata de llegar a ninguna parte, ni de alcanzar ningún lugar. Y a pesar de todo, te contaré cómo terminé colgada de un barranco como un cabrito vestida con ropa de yoga por las montañas del sur de Francia buscando la «Cueva de los huevos» de María Magdalena.

El propósito del Evangelio de María no es sugerir que necesitamos convertirnos en otra persona, en alguien «mejor». No hay ninguna versión de ti mismo que tenga la vibración del Om, aunque tal vez creas que llegarás a ser esa versión al final de este libro, o que yo misma la he alcanzado al escribirlo.

Se trata de adquirir una visión que nos permita ver lo que siempre ha estado allí, dentro de nosotros. Se trata de la calidad y la intensidad de nuestra existencia. De la posibilidad de estar realmente presentes, en vez de estar atrapados sin siquiera ser conscientes de las infinitas historias que nos cuenta el ego desde el instante en que nos despertamos, separándonos de lo que ya está allí, separándonos de nosotros mismos y de los demás, separándonos de lo que consideramos bueno, o Dios. Se trata de despertar realmente al hecho de que nuestro modo de comprender el mundo ya no nos sirve.

La historia de mi conversión comienza aproximadamente de este modo. Me despierto para ver la manera en que he estado actuando en el mundo, el mundo creado por mi ego, y puedo ver el sufrimiento que el ego perpetúa. Veo que hay otra forma de hacer las cosas.

Y esa forma no incluye encontrar un amante apasionado y atrevido que me complete (al menos así ha sido hasta la fecha), ni descubrir una receta real y efectiva para la alegría ininterrumpida. Ni la fama. Ni el éxito. Aquí no existe un punto final, ni un estado fijo de realización. No hay maestros ni gurús. Hay solamente alfa, luego omega, ad infinitum. Esto es lo que estoy intentando explicar. No hay ninguna X para señalar ningún lugar.

Es mucho más simple que todo eso, y mucho más difícil.

Se trata más bien de una serie de momentos perpetuos en los que recuerdas que no tienes que sentirte separado del amor, si no es eso lo que deseas. Incluso en medio de las palabras más desagradables que nos decimos a nosotros mismos, incluso cuando alguien a quien queremos más que a nada en el mundo no es capaz de vernos tal como somos, podemos practicar una actitud que nos hace humildes, que bloquea la acción del ego, y nos deja volver una vez más al amor de la manera más fácil y cómoda (incluso con ligereza).

Todo está muy tranquilo y es muy normal. No tiene nada de especial. No es ostentoso ni fascinante. Es más que eso. Elizabeth Gilbert lo expresa del siguiente modo: «Nunca olvides que en una ocasión, en un momento de descuido, te reconociste a ti mismo como tu amigo».

Y es precisamente en ese momento de reconocimiento cuando nos salvamos a nosotros mismos del ser que desde el comienzo nunca fue real. Es entonces cuando vemos con el ojo del corazón.

Por qué besaría a un copto

Soy la primera y la última. Soy aquella que es honrada y aquella que es despreciada. Soy la prostituta y la santa. Soy la esposa y la virgen. Soy la novia y el novio. Soy ella, el Señor.

El trueno, la mente perfecta 1: 5-10

La evidencia más antigua del evangelio perdido de María Magdalena fue descubierta en 1896 por un erudito alemán llamado Carl Reinhardt en un mercado de antigüedades de El Cairo. El texto estaba escrito en copto en un pergamino. Se trata de un idioma que todavía es utilizado por los cristianos egipcios que reciben el nombre de «coptos». El manuscrito fue llevado al museo egipcio de Berlín con el título oficial, y el número de catálogo Codex Berolinensis 8502, que suena como un trabalenguas. Por este motivo, los eruditos se refieren a él como el Códice de Berlín.

El egiptólogo Carl Schmidt decidió traducir el evangelio al alemán. A excepción de las páginas que faltan, el texto estaba en buenas condiciones. Y dado que la escritura copta fue utilizada casi exclusivamente por los coptos, Schmidt concluyó que fueron las comunidades residentes en Egipto las que tradujeron, preservaron y tal vez incluso salvaron el Evangelio de María de la desaparición.

La publicación de la traducción de Schmidt del Evangelio de María fue entregada a una imprenta de Leipzig en 1912. Sin embargo, precisamente cuando la edición estaba a punto de ser ­finalizada, una tubería de agua se rompió y destruyó completamente la primera edición. Schmidt intentó arreglar el desastre pero el advenimiento de la Primera Guerra Mundial se lo impidió. Tenía previsto volver a Leipzig en cuanto fuera posible para retomar el proyecto, pero falleció en 1938. El proyecto fue legado a otro erudito, llamado Walter Till.

Entretanto, en 1917 se encontró un nuevo y pequeño fragmento en griego del Evangelio de María datado en el siglo III. Se lo conoce como Papyrus Rylands 463 y también fue descubierto en una localidad de Egipto, Oxyrhynchus.

Esta versión confirmó con mayor claridad los pasajes del Códice de Berlín, y además proporcionó nuevas pruebas sobre la datación temprana del evangelio. Till incorporó la nueva información a su traducción. Esta versión estaba finalizada y a punto de pasar a imprenta en 1943, pero en esta ocasión fue la Segunda Guerra Mundial lo que una vez más impidió su publicación. Finalmente, Till abandonó por completo el proyecto.

Cuando la guerra terminó se produjo un nuevo descubrimiento en una población de Egipto llamada Nag Hammadi. Se trataba de una gran cantidad de escrituras correspondientes a los primeros años del cristianismo: el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe y un texto poético llamado El trueno, la mente perfecta, entre muchos otros.

No había copias del Evangelio de María entre los textos conservados de Nag Hammadi. No obstante, entre todos los manuscritos descubiertos se hallaban los dos textos que se encontraron en el Códice de Berlín enrollados junto con el Evangelio de María: el Evangelio apócrifo de Juan, y La sabiduría de Jesucristo. A estos textos descubiertos en Nag Hammadi se los conoce en conjunto como los «Evangelios gnósticos», porque se enfocan en la gnosis, un término griego que significa ‘autoconocimiento’, o más específicamente, ‘el conocimiento que procede de la experiencia directa’.

Sin embargo, la etiqueta «gnóstico» generó una percepción errónea de estos primeros textos cristianos, y el Evangelio de María formó parte de esa confusión.

De modo que vamos a hablar con claridad: no existe nada que se llame «gnosticismo». Estos antiguos textos no hablan de un culto de gnósticos organizados. Dichos escritos, incluido el Evangelio de María, son una evidencia de las diversas formas de cristianismo que existían antes del siglo IV, época en la que fue codificada la forma actual de la Biblia. Soy consciente de que acabo de hablar del cristianismo en plural. A partir de la existencia de Cristo hubo muchas corrientes. Y una de ellas, a la que llamaremos el hilo rojo, consideraba que las mujeres eran tan valiosas como los hombres para enseñar y liderar la Iglesia. Como resulta evidente, esta no fue la corriente ganadora.

Nos encontramos aquí con una curiosa afinidad, o sincronicidad; supuestamente esos textos encontrados en Nag Hammadi fueron sacados ilegalmente de Egipto y permanecieron durante un tiempo en la colección de manuscritos del psiquiatra suizo Carl Jung. Esto resulta fascinante, por lo menos para mí, porque Jung creía que la Iglesia moriría sin la «Madre» y que lo femenino había quedado «inmerso» en nuestro inconsciente colectivo. Además, él escribió El libro rojo, que contiene esencialmente sus esfuerzos para conectarse directamente con su alma.

Todos estos textos del cristianismo primitivo que fueron encontrados enterrados en Egipto tienen en común que hablan del lado oculto, más humano –y femenino– de Cristo, de la importancia de María Magdalena y de la salvación como un acto introspectivo de transformación personal.

Los hallazgos de Nag Hammadi fueron finalmente revelados a un grupo de eruditos internacionales para que comenzaran a evaluar su importancia y su contribución a la comprensión de las creencias de algunos de los cristianos más antiguos. 2 De manera que, a pesar de que el Evangelio de María se halló en 1896, la ­primera edición impresa no apareció hasta 1955. El de María es el único evangelio escrito que lleva el nombre de una mujer.

Una tercera versión del Evangelio de María, posiblemente la versión final, fue encontrada en Grecia y también en Oxyrhynchus, al norte de Egipto. Este es un descubrimiento muy significativo. Como autora, académica y catedrática de Teología de la Universidad de Harvard, la doctora Karen King explica en su traducción del Evangelio de María: «Dado que es muy poco habitual que varias copias de un texto con fechas tan antiguas hayan sobrevivido, la certificación del Evangelio de María como un antiguo trabajo cristiano es de una importancia inusual». 3

La sacerdotisa episcopal, y autora, Cynthia Bourgeault afirma que si la doctora King está en lo cierto, «Esto situaría el Evangelio de María Magdalena en los estratos más tempranos de los escritos cristianos, prácticamente contemporáneos del Evangelio de Juan». 4

Este proceso arduo, y en cierto sentido desastroso, del Evangelio de María abriéndose finalmente paso hacia la imprenta me parece muy significativo. Refleja una resistencia casi magnética a cambiar nuestra perspectiva en relación con ella, similar al esfuerzo que supondría para un río cambiar la dirección de su curso. Y para mí refleja el proceso de lo que me ha costado personalmente compartir lo que considero que es la verdadera identidad de María, y el impacto real que ha tenido su evangelio en mi vida.

A medida que avancemos por cada uno de sus pasajes, verás que al inicio de algunos capítulos he incluido fragmentos procedentes de los siguientes tres textos: el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe y El trueno, la mente perfecta, y lo he hecho porque ayudan a contextualizar el Evangelio de María. Su evangelio no era una rareza aislada de carácter excepcional, como un unicornio entre caballos; leerlo junto con estos otros evangelios y las escrituras cristianas más antiguas nos permite comprender que formaba parte de una comunidad de creencias.

Me he formado como teóloga, es decir, como «alguien que se dedica al estudio de Dios». Aunque en mi caso debería decir alguien que se dedica al estudio de todo lo que ha sido excluido de las ideas que tenemos de Dios. Recurriré a mi experiencia directa, y aclararé cada uno de los pasajes todo lo que me sea posible. También avanzaremos juntos en la leyenda de María Magdalena, y su malinterpretada condición de prostituta penitente, que aún perdura, para revelar una visión histórica y teológicamente mucho más exacta de quién era ella.

Las siete potestades mencionadas en el Evangelio de María (la oscuridad, el deseo, la ignorancia, el anhelo de muerte, la esclavitud del cuerpo físico, la falsa paz de la carne y la compulsión de la ira) son los precursores de los siete pecados capitales del cristianismo (soberbia, avaricia, envidia, gula, lujuria, pereza e ira). Y según creo, son también los «siete demonios» que según se dice en Lucas 8:2 fueron expulsados del cuerpo de María. «Con él se fueron los Doce, y también algunas mujeres que habían sido curadas de enfermedades y por estar poseídas de espíritus malignos. Entre ellas María, conocida como María de Magdala (de la que se extrajeron siete demonios)». 5

Tradicionalmente, el énfasis de ese pasaje se encuentra en el hecho de que María tuvo que ser sanada, liberada de esos siete «demonios», pero a mí me gustaría destacar que María fue la primera de una lista de mujeres que habían sido sanadas y que caminaban junto a Cristo. Estas son las mismas siete potestades o «demonios» que el papa Gregorio proclamó en el siglo VI durante su 33.ª homilía para demostrar que María era una «pecadora». En mi opinión, en vez de probar lo bajo que había «caído», en realidad los siete «demonios» representan una prueba de todo lo que ella había ­superado.

Puede ser importante, y tal vez también contundente, hacer un pequeño esfuerzo consciente para desagraviarla. Para reparar la imagen de María Magdalena voy a analizar las siete potestades que ella enseña en su evangelio, y daré mi versión de una homilía, o un sermón. Y cuando digo sermón no hablo de un sermón oficial o formal, sino más bien de algo parecido a unas cartas de amor.

Y a pesar de que a lo largo del libro estas siete potestades siguen un orden lineal desde la primera hasta la séptima, en realidad deben ser comprendidas como potestades que vuelven a aparecer en nuestra vida una y otra vez, y para algunos de nosotros varias veces al día. Y cada sermón parecido a una carta de amor de alguna manera constituirá una oportunidad para que yo practique un cristianismo que nunca excluyó el Evangelio de María, y que comprendió estas siete potestades no como potestades demoníacas o pecaminosas, sino como potestades simplemente humanas.

Para los pasajes del Evangelio de María he utilizado como referencia la traducción que hizo la doctora Karen King en su conocido libro The Gospel of Mary of Magdala: Jesus and the First Woman Apostle [El Evangelio de María de Magdala: Jesús y la primera apostol]. Para la lista de las siete potestades traducida del griego en el Evangelio de María, me he inclinado por la traducción de Cynthia Bourgeault en su libro María Magdalena. Para el Evangelio de Tomás, he empleado la traducción de Elaine Pagels en Más allá de la fe: el Evangelio secreto de Tomás. Y he recurrido a la traducción del teólogo ortodoxo Jean-Yves Leloup del Evangelio de Felipe, en su libro Jesus, Mary Magdalene and the Gnosis of Sacred Union [Jesús, María Magdalena y la gnosis de la unión sagrada]. Todos los pasajes del Nuevo Testamento a los que hago referencia corresponden al libro del doctor Hal Taussig A New, New Testament: A Bible for the 21st Century Combining Traditional and Newly Discovered Texts [Un nuevo Nuevo Testamento: una biblia del siglo XXI que combina los textos tradicionales y los textos recientemente descubiertos].

Cuando tenía poco más de veinte años me topé con la cita que abre este capítulo al leer El trueno, la mente perfecta. Eso fue antes de conocer el Evangelio de María, y ahora puedo decir que en muchos sentidos me guio hasta él. Cuando leí «Soy la prostituta y la santa», todo mi cuerpo se puso a aplaudir. En aquel rincón de la librería tuve que apoyarme contra una estantería por el impacto y a la vez el enorme alivio que me produjo haberlo encontrado. No tenía la menor idea de qué era (o no era) Dios, no tenía ninguna forma de saber que pronto habría de dedicar mi vida a la teología feminista; sin embargo, en aquel momento todo mi ser supo que precisamente era eso lo que yo estaba echando en falta.

Aquella era una voz franca y contradictoria, poderosa y paradójica, y tenía tanto sentido para mí que por primera vez en mi vida sentí el deseo sincero de gritar «¡Aleluya!».

No podía entender por qué motivo el hecho de haber encontrado esta voz producía esos alocados riachuelos de alegría, esas corrientes eléctricas de energía que me atravesaban.

Mis ojos no dejaban de leer una y otra vez: «Soy ella, el Señor».

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311 s. 3 illüstrasyon
ISBN:
9788418000973
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