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LIBRO COLECTIVO:

Parentalidad, Vulnerabilidad Social y Convivencia Social


Santiago de Cali, 2020

LIBRO COLECTIVO:

Parentalidad, Vulnerabilidad Social y Convivencia Social

Editora Myriam Román Muñoz


Santiago de Cali, 2020



Pontificia Universidad Javeriana Cali

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Departamento de Ciencias Sociales

Parentalidad, Vulnerabilidad Social y Convivencia Social

© Nathalia Gordillo Calderón

© Jimmy Alberto Prado Tovar

© Norberto Giraldo Garzón

© Myriam Román Muñoz

© César Fabricio Torres

© Claudia Judith Sánchez Sandoval

© Diego Fabián Valencia Orejuela

ISBN: 978-958-5177-32-1

ISBN (e): 978-958-5177-31-4

Formato: 17 cm x 24 cm

Coordinación Editorial: Claudia Lorena Gonzáles Gonzáles

Asistente Editorial: Mary Sabel Ladino Aramburo

Diseño y Diagramación: Andres Julian Tabares Rojas

Corrección de Estilo: Luisa Maria Vidal

Pontificia Universidad Javeriana Calle 18 No. 118 - 250

Teléfonos (57-2) 3218200 Santiago de Cali, Colombia, 2020

El contenido de esta publicación es responsabilidad absoluta de su autor y no compromete el pensamiento de la institución. Este libro no podrá ser reproducido por ningún medio impreso o de reproducción sin permiso escrito de los titulares del Copyright.

INTRODUCCIÓN

El semillero de investigación “Parentalidad, vulnerabilidad y convivencia social” nace en el año 2015 como resultado de la convocatoria Fortalecimiento de los semilleros de investigación, del Programa institucional para el fomento de la investigación, liderado por la Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación (OIDI) de la vicerrectoría académica de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Dicha convocatoria tiene por objetivo:

Incentivar las propuestas de profesores y estudiantes dirigidas a formar semilleros de investigación, siendo estos definidos como una comunidad de enseñanza y aprendizaje que reúne a docentes, estudiantes y líderes institucionales para adquirir competencias investigativas a través del aprendizaje colectivo y el apoyo al trabajo realizado por el profesor y los Grupos de Investigación. (Pontificia Universidad Javeriana, 2018, p.50).

Desde 2015 al 2020 el semillero ha sido avalado por el grupo de investigación Bienestar, Trabajo, Cultura y Sociedad (Bitacus) adscrito al Departamento de Ciencias Sociales. En él participan estudiantes y egresados de la carrera de Psicología y de la maestría en Familia e investigadores de la línea “Cultura, Memorias y Convivencia Social” del grupo Bitacus.

Este semillero, que se define como un espacio para la construcción de conocimiento relacionado con estudios sobre familias, tiene como propósito fortalecer las competencias investigativas en estudiantes de pregrado y posgrado desde el abordaje cualitativo, y atiende a objetivos específicos como: contribuir con la generación de pensamiento reflexivo y crítico sobre familias en contextos de vulnerabilidad y fortalecimiento de convivencia social; cualificar el conocimiento en investigación cualitativa; participar en la escritura de documentos científicos y en actividades académicas que promuevan la presentación de resultados de investigación propios del semillero.

A 2019, la dinámica de trabajo del semillero dio cuenta de una aproximación teórica sobre: familia, resiliencia familiar y parental, competencias parentales y vulnerabilidad social; también de productos académicos tales como trabajos de grado y ponencias; participación en seminarios, simposios de semilleros de investigación, congresos de investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, y en capacitaciones específicas relacionadas con el ejercicio investigativo, bien sean lideradas por el mismo semillero, propuestas por el grupo de investigación Bitacus y/o por invitación de instancias de la universidad como el Centro de Enseñanza y Aprendizaje (CEA) en escritura académica, el Laboratorio Integrado de Investigación en Psicología (LIIP) sobre Atlas Ti y, la OIDI sobre producción intelectual, entre otras.

Este libro, que lleva por nombre el mismo del semillero “Parentalidad, Vulnerabilidad y Convivencia Social” es resultado de la producción intelectual de sus integrantes, da continuidad a procesos formativos y de transferencia de conocimiento de las experiencias académicas vividas y aporta en la construcción de conocimiento entre estudiantes, egresados y docentes investigadores. Todos reconocemos la experiencia lograda y la apuesta por la producción intelectual; fruto de los trabajos de grado y las discusiones colectivas y permanentes que hemos alcanzado.

Este libro tiene como ejes temáticos centrales la parentalidad y la vulnerabilidad social, y la convivencia social aparece como eje transversal durante todo el proceso, en tanto que es inherente a las interacciones sociales. Reconocemos que la parentalidad, siendo un sistema familiar, dialoga con temas como resiliencia familiar y parental, el ejercicio de la parentalidad, la resiliencia en contextos comunitarios y los procesos defortalecimiento de la convivencia social. En especial, aquí se presenta distintos escenarios de investigación con poblaciones específicas como madres adolescentes y líderes de la Comuna 18, familias del barrio El Calvario y de la Ladera oeste de Cali, y familias en situación de desplazamiento. Nos interesó compartir el resultado de la discusión colectiva, dando lugar a un proceso de construcción del marco teórico y metodológico entre investigadores y estudiantes.

El libro se divide en cuatro capítulos: el primero presenta una revisión de la literatura que tuvo el objetivo de construir un marco teórico común a los trabajos de investigación que se presentan en este libro, y una investigación con un diseño flexible y semiestructurado que consistió en caracterizar la manera como un grupo de madres y padres, habitantes de la zona de ladera de la Comuna 18 de Cali, significaban su ejercicio parental y con qué competencias contaban para desarrollarlo en las condiciones de vulnerabilidad social en que vivían.

La aproximación conceptual sobre parentalidad y vulnerabilidad social se explica teniendo como sustento teórico la perspectiva sistémica que permite reconocer que las acciones e interacciones de las familias emergen a partir de las cualidades del contexto en el que acontece. En este sentido, es una invitación a lograr comprensiones relacionales y contextuales de los fenómenos que atañen a las familias en la comprensión de sus competencias parentales.

El segundo capítulo, centrado en el ejercicio de la parentalidad, describe las consecuencias del fenómeno del desplazamiento forzado en un grupo de familias que migran de Cali, a través de encuentros conversacionales estructurados mediante la técnica de intervención narrativa, conocida como “línea de vida”, y la observación simple como parte de la investigación cualitativa. Este estudio evidenció la importancia de comprender las condiciones estructurales y funcionales que determinan la forma en que se ejerce la parentalidad en padres o cuidadores de niños y niñas en condición desplazamiento forzado y, con ello, reconocer la necesidad de fortalecer redes y procesos psicosociales individuales y familiares que beneficien la reconfiguración familiar y su reunificación.

El tercer capítulo aborda la vulnerabilidad social, propone visibilizar las características resilientes gestadas del quehacer familiar en espacios y contextos en riesgo de vulnerabilidad social; condiciones que crean importantes desafíos para ser y crecer como núcleo de la sociedad. Prioriza y valora las voces de las familias, y posibilita una reflexión sobre acciones de transformación social ante fenómenos como la pobreza y la violencia desde procesos de resiliencia y de aprendizaje social por contraste. Para esto, se realizó una investigación cualitativa con diseño de casos múltiples, que tenía como objetivo describir los procesos de resiliencia familiar en cinco hogares del barrio El Calvario en Cali.

Finalmente, el cuarto capítulo presenta dos experiencias y encuentros de intervención en parentalidad con familias en contextos de vulnerabilidad social, las cuales asumieron el reto de relacionar el ejercicio de investigación propuesto a manera de trabajo de grado y el proyecto de intervención propio de la práctica profesional. Estas intervenciones, se desarrollaron desde la perspectiva del construccionismo social, utilizando herramientas como el genograma y el mapa de redes, la caracterización y diagnóstico de población a través de técnicas como la cartografía social y la línea de tiempo, y la sistematización de las experiencias de intervención con familias con orientación cualitativa fenomenológica, cuyo resultado fue la comprensión y el reconocimiento de las competencias parentales de las familias tales como las relaciones comunitarias, la resiliencia parental y los desafíos sociales a los cuales se enfrentan diariamente estas familias.

Es importante concluir estas páginas agradeciendo a la Pontificia Universidad Javeriana Cali por impulsar el fortalecimiento de la investigación, por dar lugar al encuentro entre las experiencias de estudiantes de diferentes niveles de formación y docentes e investigadores. A cada uno de los integrantes del semillero, a César Fabricio Torres; como coequipero, a Daniela Garrido; en su vocación de asistente de investigación, y a los futuros lectores de este documento por acercarse a este camino recorrido.

Myriam Román Muñoz

Tutora Semillero de Investigación

Investigadora línea Cultura, Memorias y Convivencia Social

Grupo de investigación

Bitacus Pontificia Universidad Javeriana Cali

Capítulo 1.

Parentalidad, vulnerabilidad social y convivencia social

Nathalia Gordillo Calderón Jimmy Alberto Prado Tovar Norberto Giraldo Garzón Myriam Román Muñoz César Fabricio Torres

1.1 Aproximación sistémica a los conceptos1

Desde el año 2015 el semillero de investigación Parentalidad, Vulnerabilidad y Convivencia Social ha desarrollado diversas investigaciones formativas con aproximaciones teóricas específicas y comunes, con el fin de contribuir a la generación del pensamiento reflexivo y crítico sobre familias en contextos de vulnerabilidad, y al fortalecimiento de la convivencia social. Por lo tanto, en este capítulo se presenta el abordaje teórico sobre la parentalidad, la vulnerabilidad social y la convivencia social, con el objetivo de construir un marco teórico común a los trabajos de investigación que se exponen en este libro. Además, se plantea la discusión sobre futuras indagaciones en temas relacionados con la familia y otros conceptos que han tomado relevancia durante el desarrollo de las investigaciones.

Acerca de la parentalidad

Son de vital importancia los estudios y los procesos de intervención sobre las competencias parentales de los padres, las madres o los cuidadores al interior de la familia, pues en esta el ejercicio de la parentalidad es muy importante porque está fuertemente determinada por la época, la cultura y la situación económica, política y social que enfrenta la familia, teniendo en cuenta que sus lazos familiares oscilan entre las diferentes funciones que a través de la historia se le ha atribuido a la familia, entre ellas la más importante: la crianza de los hijos. Si bien, gran cantidad de familias persiguen el mismo objetivo en la crianza de los hijos; formar seres humanos íntegros para la sociedad, cada familia se enfrenta a diferentes retos que son exclusivos para cada una, como la enfermedad, la violencia, el desplazamiento, la vulnerabilidad, entre algunos otros fenómenos que afectan de diferente forma a cada uno de sus integrantes. Y que al final influyen significativamente en las relaciones familiares y, fundamentalmente, en el ejercicio de la parentalidad. Barudy y Dantagnan (2005) refieren que las competencias parentales se dividen en parentalidad social y biológica.

Según Barudy y Dantagnan (2005) las competencias parentales “son una forma semántica de referirse a las capacidades prácticas de los padres para cuidar, proteger, educar a sus hijos y asegurarles un desarrollo sano” (p. 77). De este modo, los autores refieren que las competencias parentales están divididas en competencias biológicas y sociales, las cuales le permiten a los padres y madres establecer pautas de crianza que aseguren el desarrollo óptimo del infante. No obstante, algunos padres presentan dificultades con respecto a las funciones parentales sociales, lo que supone que los progenitores cumplen con la parentalidad biológica, mas no asumen o desarrollan las funciones de cuidadores.

Barudy y Dantagnan (2005) refieren que las competencias parentales están asociadas a los procesos de cuidado y de crianza que las personas viven durante su infancia, en tanto la mayoría de veces las habilidades y las capacidades que se tienen para ser competentes como padres surgen de la historia de vida en la infancia. No obstante, Ausloos (1998) asegura que “todas las familias tienen competencias, pero en algunas situaciones o no saben utilizarlas correctamente, o no saben que las tienen o se les impide utilizarlas por diferentes razones” (p. 183). En ese sentido, se puede decir que no hay padres completamente incompetentes, hay padres que podrían llegar a fortalecer y mejorar sus competencias parentales. Barudy y Dantagnan (2005) refieren: “la adquisición de competencias parentales se conforma a partir de la articulación de factores biológicos y hereditarios, y su interacción con las experiencias vitales y el contexto sociocultural de desarrollo de los progenitores o de los cuidadores de un niño o una niña” (p. 36).

En este contexto, la adquisición y el desarrollo de competencias parentales implica tres complejos procesos de interacción que se relacionan con los hereditarios, socioculturales y experimentales, razón por la que Podría esperarse que en algunas ocasiones los padres o los cuidadores no cuenten en su totalidad con los tres requisitos para poder llegar a ser “competentes”, pues en su historia de vida no se han satisfecho los tres procesos necesarios.

Barudy y Dantagnan (2005) refieren que las competencias parentales se dividen en parentalidad social y biológica. Entre las funciones de la parentalidad social define tres líneas fundamentales: la función nutriente que consiste en proporcionar los aportes necesarios para asegurar la vida y el crecimiento de los hijos; La socializadora se refiere al hecho de que los padres y las madres son fuentes fundamentales que permiten a sus hijos el desarrollo de un autoconcepto e identidad; y la función educativa hace referencia a que “los padres deben garantizar el aprendizaje de los modelos de conducta necesarios para que sus hijos e hijas sean capaces de convivir, primero en familia y luego en la sociedad, respetándose a sí mismos y a los demás” (p. 83). Bajo este concepto se presentan los tres ejes centrales sobre los que se puede llegar a observar la parentalidad social como parte fundamental en toda practica parental durante los procesos de cuidado y de crianza. Por su parte, la parentalidad biológica solo asegura la reproducción biológica de los hijos para dar cuenta de las habilidades y de las capacidades parentales, por lo que es necesario desarrollar la parentalidad social.

En este punto se definen dos componentes de la parentalidad social desde Barudy y Dantagnan (2005). En primera medida, mencionan que las competencias parentales están divididas en capacidades y habilidades, pese a que no hay que olvidar que se trata de un modelo dinámico. Las capacidades parentales se subdividen en la capacidad de apegarse a los hijos, que se refiere a los recursos emotivos, cognitivos y conductuales que tienen los padres o cuidadores para responder a las necesidades y demandas de los niños, para promover un apego seguro -a diferencia de uno inseguro o ambivalente- Y así garantizar el bienestar y la salud emocional del menor.

Se ha evidenciado que en los primeros años de vida, la relación cercana de los niños y niñas con sus padres o sustitutos parentales los estimulan mientras responden a sus necesidades afectivas, lo que se constituye como la fuente de recursos fundamentales para el desarrollo de una seguridad de base y una personalidad sana (Bowlby, citado en Barudy y Dantagnan, 2010, p. 50).

En el mismo orden, se encuentra la empatía, la cual refiere a la capacidad que tienen los padres o cuidadores para reconocer las manifestaciones emocionales de los niños cuando tienen miedo, alegría, tristeza, ira, entre otras, lo cual permite identificar estados de ánimo y brindar un acompañamiento que favorece los procesos de desarrollo de los menores. A su vez, los modelos de crianza tienen que ver con los modelos culturales que se transmiten generacionalmente y que se traducen en la protección, la educación y la satisfacción de necesidades. Finalmente, se señala la participación en redes sociales y la utilización de recursos comunitarios que se evidencia, a su vez, en la conformación y el fortalecimiento de las redes de apoyo para la familia y las redes de tipo formal e informal que constituyen un elemento significativo para el ejercicio de la parentalidad.

Por otro lado, se encuentran las habilidades expuestas por Barudy y Dantagnan (2005) que hacen referencia a las tres finalidades fundamentales de la parentalidad: la función nutriente, socializadora y educativa; expuesta anteriormente para explicar la funcionalidad de la parentalidad social. Se exponen, entonces, las competencias parentales que padres, madres y cuidadores deberían proveer para asegurar el desarrollo físico, cognitivo y social de sus hijos. Se identifica que las prácticas de cuidado y de crianza están asociadas a diferentes características de las familias. El tipo de cultura, la situación socioeconómica, política y educativa influye y, en gran parte, puede determinar las pautas de crianza utilizadas con los hijos. Distintos modelos de crianza que han sido transgeneracionales y que en su permanencia en el tiempo han aportado innumerables beneficios para los infantes, del mismo modo, podrían llegar a encontrar modelos de crianza tradicionales que en la actualidad no son aceptados por los profesionales de la salud y de las ciencias sociales, tales como los castigos físicos y verbales, el control y el establecimiento de normas y limites radicales.

Inicialmente Barudy, Dantagnan (2010) y Ausloos (1998) refieren que las competencias parentales tienen Se heredan de los procesos de cuidado y de crianza por los que se ha pasado en la infancia, en tanto la mayoría de veces, las habilidades y capacidades que se adquieren para ser competentes como padres, surgen de la historia de vida en la infancia.

Es importante tener en cuenta que a lo largo del tiempo, desde una visión muy psicologizante del siglo XX, se ha culpado a los padres de los problemas de los hijos, y esto ha tomado gran fuerza desde el modelo médico-psiquiátrico, el cual está centrado en el déficit, donde se echan de menos las competencias de la familia sin visibilizar entonces sus habilidades y capacidades en esa labor de ser padres.

En este orden de ideas Barudy y Dantagnan (2010) refieren que:

La adquisición de competencias parentales se conforma a partir de la articulación de factores biológicos y hereditarios, y su interacción con las experiencias vitales, el contexto sociocultural de desarrollo de los progenitores o cuidadores de un niño o una niña” (p.36).

La adquisición y el desarrollo de competencias parentales implica tres complejos procesos de interacción que se relacionan con procesos hereditarios, socioculturales y experimentales. Razón por la cual se podría inferir que es apenas normal que en algunas ocasiones los padres y/o cuidadores no cuenten en su totalidad con los tres requisitos para poder llegar a ser “competentes”.

Por otro lado, Barudy y Dantagnan (2010) hablan de las habilidades parentales, las cuales hacen parte también de las competencias parentales que en otro sentido corresponden a los modelos de crianza, que tienen que ver con los modelos culturales que se transmiten de generación en generación y que se traducen en la protección, educación y satisfacción de necesidades. Así mismo, se encuentra la habilidad para participar en redes sociales y utilizar recursos comunitarios que se evidencia a su vez en la conformación y fortalecimiento de las redes de apoyo para la familia, redes de tipo formal e informal que constituyen un elemento significativo para el ejercicio de la parentalidad adecuado.

Por otro lado, LeVine (1980) a través de distintos estudios refiere que la parentalidad es un ejercicio universal, en el cual -si bien cada población y cultura le apunta a unas prácticas parentales particulares, cuando se habla de parentalidad se encuentra que universalmente-, los padres y madres le apuntan a un objetivo en común y es poder hacer de sus hijos personas íntegras para la sociedad, además de otros identificados por el mismo autor, que se describen a continuación:

1. La supervivencia física y salud del niño incluyendo (implícitamente) el desarrollo normal de su capacidad reproductora durante la pubertad.

2. Desarrollar en el niño la capacidad de comportamientos que le permitan auto sostenerse económicamente en su madurez.

3. El desarrollo de las capacidades de comportamiento del niño para maximizar otros valores culturales, por ejemplo: moralidad, prestigio, riqueza, piedad religiosa, logro intelectual, satisfacción personal, auto realización tal como son formulados y simbólicamente elaborados en normas, creencias e ideologías culturalmente diferenciadas (p.2).

De este modo, la parentalidad a todas las poblaciones, principalmente cuando se habla de niños, padres y familias, en el momento de analizar y evaluar el tipo de relaciones que se gestan y que por supuesto dan lugar a dinámicas familiares particulares que aluden a la estructura de cada familia, del comportamiento de los miembros familiares y de las formas de interrelación que se establecen.

Es importante señalar que entre los aportes más relevantes de la discusión al interior del semillero de investigación está el reconocimiento de la parentalidad como un conjunto de acciones que van más allá del criterio de parentesco o consanguinidad, abarcando de forma más amplia el ejercicio de los cuidados parentales, según refiere Gross (citado en Domínguez-De la Ossa, 2014) cuando mencionaba que “existe una pluralidad en la forma en que se ejerce la parentalidad que van desde la matrifocalidad a la paternidad implicada”(p. 209), pues actualmente se habla de “pluriparentalidad” (Martín citado en Domínguez-De la Ossa , 2014), de “parentalidad adoptiva”, de “monoparentalidad”, de “abueloparentalidad”, así como de “homoparentalidad” (Kropf y Burnette citados en De la Ossa, 2014), “para indicar que el lugar de padre o madre puede ser diversamente ocupado por uno solo de los padres, por un padre homosexual o por una pluralidad que hace la función de padres” (p. 209).

Aproximación al concepto de vulnerabilidad social

En el contexto de América Latina la vulnerabilidad social es una de las características dominantes y ello responde al contexto socioeconómico y político manifiesto por una economía mundial y políticas de privatización que adelantan los diferentes gobiernos, entre otras.

Desde este panorama, Pizarro (2001) enfatiza la vulnerabilidad como lo más distintivo de la realidad social, porque más allá de las condiciones de pobreza y de concentración del ingreso, la economía de mercado abierta al mundo ha generado un aumento de la indefensión y de la inseguridad social de la mayor parte de la población con menores ingresos, y estos riesgos se evidencian, en todo su grado de pauperización, tanto en las áreas urbanas como rurales.

La privatización de la salud y la educación ha generado un alto impacto de debilitamiento en las comunidades con menos probabilidades de acceder a los servicios privados, colocándoles así en desventaja frente a la posibilidad de ser competitivos con el mercado que plantean los grandes capitales dentro de la llamada globalización. Esto desde una mirada sistémica se puede asociar con el crecimiento del sector informal de la economía, con una afectación directa al empleo y por consecuencia al desarrollo de las familias que se abastecen del mismo.

La mirada sistémica invita a reconocer estos eventos socioeconómicos, dando una perspectiva realista de la comunidad. Esta comprensión, desde una mirada colaborativa y apreciativa, permite que la intervención psicosocial considere los recursos y las estrategias de las propias familias para enfrentar los impactos que las vienen afectando.

Mientras que un abordaje lineal de las condiciones de pobreza se define en términos de los atributos de personas y familias sin dar mayor cuenta de los procesos causales que le dan origen, el enfoque sistémico ha de considerar la vulnerabilidad social en referencia al carácter de las estructuras e instituciones socioeconómicas y al impacto que estas provocan en comunidades, familias y personas en distintas dimensiones de la vida social, como la convivencia social. Dentro del concepto de vulnerabilidad social también se consideran las redes de protección social en salud, educación y seguridad social. Las comunidades, al verse impactadas por el desempleo y precariedad en el trabajo, suelen implementar estrategias basadas en el manejo de sus propios recursos para defender sus condiciones de vida, sumado además el diálogo bidireccional que hacen con los recursos socioeconómicos ofrecidos por su contexto.

Pizarro (2001) afirma que la utilización de la palabra vulnerabilidad parece ser relevante para entender el impacto psicosocial que ha producido en los habitantes de América Latina el nuevo patrón de desarrollo. Los enfoques de pobreza y distribución del ingreso son insuficientes para comprender la condición de indefensión y el debilitamiento de los recursos y capacidades de amplios grupos sociales de la región.

Otra perspectiva es cuando se hace la lectura desde la ampliación de la mirada a través del concepto de vulnerabilidad, pues se manifiesta en las distintas dimensiones de la vida social: en el trabajo, en el capital humano, en el capital físico del sector informal, y en las relaciones familiares y sociales. Las redes sociales operan como uno de los recursos básicos de supervivencia de familias en condiciones de precariedad, pues se trata de uno de los mecanismos importantes de movilidad social y aprovechamiento de oportunidades, donde los vínculos y redes que tienen las personas y familias son determinantes para acceder a oportunidades de trabajo, información y posiciones de poder.

En este orden de ideas, interesa precisar que el semillero de investigación acoge el concepto de Pizarro (2001) sobre vulnerabilidad social definido como condiciones que afectan a las personas, comunidades y familias de manera social, cultural, económico, político, entre otras, en las que se ve involucrado el desarrollo de sus derechos.

La convivencia social: una mirada sistémica hacia la convivencia familiar.

Al hablar de convivencia social, es necesario extenderla no solo a las dinámicas sociales que hay dentro de la familia, sino también en espacios de relación entre individuos que hacen parte de una comunidad específica. Una comunidad es un grupo social compuesto por un conjunto de personas que se reconocen como integrantes que interactúan en ámbitos sociales específicos, con características históricas y culturales determinadas, influidas por unos intereses y necesidades que afecta en mayor o menor grado a cada uno de sus miembros, quienes desarrollan una forma de identidad social (Montero, 2011).

Es importante tener en cuenta lo propuesto por Maritza Montero (2011) con relación a la construcción del sentido de comunidad, en tanto que permite delimitar las formas y los espacios de interacción necesarios para la convivencia social entre los individuos, comprendiendo que “surgen y son parte de un espacio y de un tiempo y se dan en relaciones construidas cada día, colectivamente, en procesos dialécticos de mutua influencia” (p. 22). Además, la comunidad puede ser vista como un escenario y una herramienta que potencia el desarrollo humano y social, sin una limitación geográfica de convivencia en la que es posible llevar a cabo procesos de transformación social partiendo de las realidades sociales de los individuos y las comunidades (Castro-Arroyave, 2012).

Teniendo en cuenta lo anterior, la convivencia social se refiere a la forma en la que los individuos de una comunidad o grupo social determinado interactúan entre sí en su cotidianidad, con un énfasis en las formas de relación y el posicionamiento subjetivo frente al otro (Bayón y Saraví, 2019). Asimismo, la convivencia social está determinada por la presencia o ausencia de experiencias compartidas en las que es necesario reconocer al otro como un sujeto merecedor de solidaridad, respeto y empatía (Bayón y Saraví, 2019); habilidades que se desarrollan por medio de la socialización y la identificación con los otros (Bayón, 2017). Adicionalmente, la convivencia social puede ser influenciada por la intensidad de esas interacciones en espacios físicos como escuelas, hospitales, parques, transporte público, e incluso el mismo hogar, apreciando que estos regulan o limitan de maneras diferentes el comportamiento social y los modos de interacción (Bayón y Saraví, 2019). Por esta razón, la convivencia social se puede categorizar de acuerdo con el espacio físico determinado del que se refiera, por ejemplo, en la escuela se habla de “convivencia escolar” y en la familia de “convivencia familiar”, sobre la que se hará énfasis más adelante.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
187 s. 12 illüstrasyon
ISBN:
9789585177314
Telif hakkı:
Bookwire
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