Kitabı oku: «El Ser Confinado: Diarios de una Pandemia», sayfa 2
El 14 de febrero del 2020 nos casamos por Civil y el 15 celebramos, unas cien personas, familiares, amigos y afectos compartieron con nosotros, en casa, nuestro compromiso de amor. La fiesta comenzó a las 11:00 am y se extendió hasta las 23:00 hs., durante doce horas ininterrumpidas fuimos sumando recuerdos y momentos únicos que quedarán grabados para siempre en nuestras almas. Hoy, ante esta pandemia, la llamaríamos una “fiesta clandestina”, porque no pueden reunirse más de diez personas. Esta semana vi en el noticiero como los medios y la policía llegaban a una fiesta similar, al aire libre, los invitados corrían despavoridos campos traviesa para no ser detenidos, abandonaron literalmente el lugar, incluso sus autos. Impensado.
Teníamos programada nuestra luna de miel, con la camioneta lista tomaríamos la ruta 40 y bajaríamos hasta El Bolsón. Ceferino Chamox,uno de los cien protagonistas de este libro,en ese momento era guía de turismo en el bello Parque Nacional Perito Moreno,hoy relata desde Alemania, pero en aquel entonces, sin saberlo, fue partícipe definitivo en la decisión de cancelar nuestra luna de miel, nos envió gentilmente fotos maravillosas del glaciar, pero nos informó que acababan de cerrar el Parque, y que si queríamos ir lo podríamos “ver desde afuera”. Al momento, después de un año y meses, quedó suspendida hasta el fin de la pandemia.
Trabajo en consultoría de gestión humana hace ya doce años, y marzo 2020 sería una fecha para atesorar, teníamos con mis socias cubierto el cupo de un taller de empoderamiento personal para dueños de empresas, con el objetivo de adquirir las competencias necesarias para liderar a sus equipos; continuaríamos con diagnóstico organizacional como medio para develar “la salud organizacional” y los “tratamientos más acertados” para cada cliente; acompañaríamos en gestión a otras empresas, para que logren ser más conscientes, ser más humanas, y obtener así mejores resultados, el año prometía ser exitoso. Pero todo se detuvo. Todos los proyectos y metas que teníamos por delante se diluyeron ante el anuncio presidencial “cuarentena obligatoria”. Y estuvimos algunos días atónitos, mirando hacia el cielo, leyendo, cocinando casero, levantándonos más tarde, escribiendo, porque de algo estaba segura: “lo que estaba ocurriendo era un hecho histórico”, y así surgieron las primeras páginas de este libro. Nunca imaginé que tomaría el confinamiento semejante dimensión. Laboralmente nos reinventamos, fue una ardua tarea, durante los primeros meses nuestros ingresos quedaron en cero, ante la oposición inicial de nuestros clientes que no aceptaban que parte de la vida laboral pasaría de ahora en más por una pantalla. Poco a poco todos nos fuimos amigando con ellas, y nos lanzamos al mundo virtual con capacitaciones para individuos, para ayudarlos a liderar sus vidas; para las empresas y clientes talleres 100% on line, de trabajo en equipo, empoderamiento grupal y demás; retomamos el diagnóstico organizacional; la gestión; la formación virtual y seguí formándome, como siempre lo he hecho a lo largo de mi carrera profesional, la oferta de formación vía web no tenía límites ni fronteras, tampoco nosotras. Hice un taller de coaching y filosofía en Caracas, un diplomado internacional en gestión ontológica, estoy comenzando un postítulo en consultoría y coaching organizacional, comencé a tomar clases de yoga virtuales, disciplina que practico hace más de 20 años, y comencé a brindar sesiones de coaching on line. Voy a disponer de unas líneas para explicar brevemente de qué se trata el coaching ontológico, porque al ser una disciplina “nueva” muchas personas aún lo desconocen y verdaderamente juzgo que es una herramienta muy poderosa. Para mí ha sido transformadora, primero a nivel personal e individual, y luego vivenciando su efectividad en las sesiones que brindo profesionalmente como herramienta para otros.
Para el coaching, cada persona es un observador único de su mundo y del mundo, por lo tanto, sólo él puede modificarlo si así lo desea. Como coach ontológico no le decimos a las personas que hacer, no aconsejamos, exploramos por medio de preguntas, ofrecemos interpretaciones generativas, desafiamos amorosamente a ese “observador” para lograr acceder a una nueva mirada, que le permita el descubrimiento de nuevas acciones y posibilidades, que le permitirán, a su vez, acceder a los resultados deseados en cualquier ámbito de su vida, excepto en temas de salud mental. El coaching ontológico es un proceso de entrenamiento y de aprendizaje materializado a través de sesiones, se generan nuevas ideas y posibilidades no descubiertas anteriormente por el coachee y este descubrimiento lo lleva a darle a “el problema” nuevos significados, lo cual lo conecta con nuevos caminos, y, por lo tanto, con nuevas soluciones. Toma en cuenta las fortalezas, los recursos, determina cuáles son las creencias o factores que lo limitan, a los efectos de reconocerlas/os y modificarlas/os en pos de nuevas posibilidades. Invita a “soltar” lo conocido que ya no es funcional, para abrazarse a lo no explorado. Se requiere coraje, pero sobre todo, de un fuerte compromiso para hacer sesiones de coaching, porque si uno no cambia nada cambia. Se necesita atreverse a diseñar un por-venir que involucre nuestro bien-estar y el logro de los resultados que verdaderamente nos importan.
Volviendo a la vida en el campo no tenemos niñera, ni personal doméstico, y ahora incorporé un escritorio para trabajar home office ¡como tantas personas multi task! Nos organizamos familiarmente para acompañarnos, cada uno en lo suyo, las niñas sin colegio pre aprendieron otra forma de socializar. Mi marido Facundo se ocupa de prestar servicios al agro, en “campaña” se va a su pueblo natal donde quedaron sus clientes, y antes de covid-19, cuando él estaba en casa, nosotras íbamos temprano a la ciudad, yo a la oficina, y las niñas a la escuela, nos encontrábamos por la tarde, ahora está más acompañado y eso lo hace feliz. ¡Los cuatro juntos durante las 24hs! Mi hermano menor (nos llevamos 19 años) también vino al campo a pasar la cuarentena, vivía en Tandil, a punto de recibirse de Ingeniero Agrónomo, para estudiar on line daba lo mismo el lugar y para nuestra familia: “mejor en familia”. Mis padres y mis tíos transformaron la casa de fin de semana en el campo como hogar permanente, dicen que hasta que todo pase, yo tengo mis dudas de que regresen a la ciudad después de todo esto, en fin. Bendecida situación.
Con amor todo es más fácil.
Lic. NADIA CORINO
Coach Ontológico Profesional
Un antes y un después de marzo de 2020. Queríamos compartirles con Nadia lo que fueron nuestras experiencias pandémicas. He aquí entonces mi relato:
Mi vida antes de la Pandemia era bastante ¿ordenada? Aunque disfrutaba de todo lo que hacía, porque siempre fue así, tenía horarios para todo. Eltiempoestaba bien administrado: Levantarme, ducharme, cepillarme los dientes, desayunar. Llevar a Martina a la escuela, ir al trabajo. Cuando volvía, ella ya estaba en casa. Con Alejandro, mi esposo íbamos al gimnasio, él después daba sus clases de Yoga Vital en Akasa, un espacio que tenemos donde desarrollamos nuestras actividades; luego cenábamos en familia, mientras compartimos los aconteceres de una intensa jornada.
En alguna parte del día, siempre había algo para estudiar o algún apunte para leer, una idea a desarrollar, un proyecto o libro para escribir y a ponerse manos a la obra.
Los fines de semana eran espontáneos, y súper disfrutables: conexión con la naturaleza, caminata por el parque Miguel Lillo o la playa, alguna que otra escapada por la costa atlántica, o las sierras, un cafecito en familia, siempre una reunión, cena o festejo con amigas o con mis primas y en verano, siempre un viaje:horarios, tiempo, orden.
De repente, un bicho se mete en tu vida, y en la vida de todos.
¿Me desordeno?
“Quédate en casa” era el lema ¿la casa como refugio? ¿Los que (aún) viven en la calle? ¿Los que viven un infierno dentro de sus hogares? ¿Los que trabajan por día para llevar un plato de comida a su familia? “Quédate en casa” era (es) desigual.
Los primeros días debo decir que me quedé paralizada. Parada. Atónita. Mirando todo a mí alrededor como si estuviera en una película, donde yo no era la protagonista. Preguntándome: ¿qué hago? ¿Cómo lo hago? ¿Y ahora, qué? Sentís que algo te atropella, te agarra de sorpresa, desprevenida, y te sacude, te zamarrea. Y todo cambia. Con el paso de los días, me doy cuenta que soy la protagonista. No es ninguna película de terror, es real.
Sabemos desde el psicoanálisis que “lo disruptivo es algo extraordinario que impacta en el psiquismo, y que irrumpe de manera consciente e inconsciente. Las consecuencias se miden en función de la estructura de personalidad del sujeto que lo percibe y procesa”.
Mi hija no iba a la escuela, o mejor dicho al lugar físico, a la institución escuela ¿no? Por qué clases hubo virtuales. Comenzaban entonces “las clases pantalla por medio”, y yo que iba todos los días a atender a mis pacientes, ya no podía (porque al principio eran escasos los que querían de ese modo) No gimnasio. No hay reuniones. No cafecitos. No caminatas. No hay playa. No viajes. No besos, ni abrazos, ni nada. Me invadía el silencio. Afuera estaba el peligro, decían. Pensé ¿cuál sería la salida entonces?
Empecé a salir de esa parálisis abrumadora, y a moverme. No sabía bien cuál era el rumbo, hacia donde dirigirme, pero por lo menos me movía. Sin mucha tele ni mucha información, porque lo único que hacían era mostrar el horror en otras partes del mundo, y eso no me aportaba ni me sumaba nada, solamente ansiedad y malestar. Solo me deprimía y hacía que los días fueran más grises. Las horas transcurrieron de manera creativa, tomando al encierro como salida, amigándome con él, lo invité entonces a “hacerme compañía”.
Me quedé como en una burbuja, pero con gran movimiento interno, de profunda introspección, leyendo mucho, estudiando bastante, y creando todo tipo de proyectos, junto a otros, como lo hago siempre. Porque “somos con otros” ¿verdad? No me imagino haciendo cosas en soledad. No es constructivo para mí. Siempre se construye y se aprende con el otro.
Con algunos de mis pacientes pude hacer las sesiones por video llamada, muy de a poco, aunque muchos no quisieron encontrarse de esa manera. Todos decían que era lo mismo, pero no. Yo siempre les doy un beso, y muchas veces un abrazo a todos cuando los recibo. En fin, era lo que se podía, y pensé entonces en ir a favor de las cosas, y a no poner resistencia porque las cosas iban a pasar igual
La rueda empezaba a girar. Como dice el dicho: “cuando el carro se mueve, los melones–ideas (eso lo agrego yo) se empiezan a acomodar”. Y sucedieron días hermosos. Volví a Zumba, esta vez de manera virtual con la bella Mónica Knudsen, que siempre le pone onda y alegría a sus clases. Más adelante con mi amiga Carla Duarte, que ahora vive en Buenos Aires, hicimos unos spots de “Prevención de la Salud Mental” junto con bailarinas de la ciudad que pusieron el cuerpo para danzar. Danzar en medio de tanta angustia, y tanta incertidumbre. Bailarla. Estos siete spots terminan con la frase:“Porque tu salud mental, también nos importa”. Porque lo que pasaba era que los psicólogos al principio no fuimos considerados personal esencial, y yo, como todos los colegas, consideramos que, sin Salud Mental, no hay salud. La gente tenía mucha resistencia a las sesiones virtuales, no fue fácil. (Aunque los gastos para ejercer, había que pagarlos igual)
Más adelante escribí sobre algunasemociones; una serie llamada “Ser Sensible”: sorpresa, alegría, tristeza, ira, miedo e incertidumbre. Esos relatos luego fueron actuados por actrices locales y también se convirtieron en spots. Observaba como en los medios de comunicación, y también fuera de ellos, se hablaba de la Salud solo como la salud física, orgánica. Y quise hacer algo con eso. Entonces, ¡Luz, cámara, Acción! Y salieron cosas muy bonitas, gracias, y como siempre, a un equipo de trabajo. Tiempo después se puso “en la pantalla, esto de la importancia de la Salud Mental”, pero solo un poco. Siento que muchas veces los psicólogos profesionales, “somos el último orejón del tarro”. A mi criterio, hay un sesgo biomédico de la pandemia, que tiene que ver con enfermar a partir de lo físico, sin tomar en cuenta la dimensión psicológica y social.
La rueda siguió girando, poco a poco, todas las ofertas de actividad física, yoga, y diversos cursos y charlas académicas eran virtuales. Todo pasaba por las redes, y otras diversas aplicaciones. Y me sume a todo cuanto pude. Abrirme a nuevas experiencias. Sumergirme en aguas desconocidas. Me animé a participar como panelista en un Congreso Internacional sobre Diversidad de Género y Sexualidad, presentando un trabajo sobre Abuso Sexual en la Infancia, y estuve grabando para un documental en OctubreTV sobre experiencias de mujeres en cuarentena, llamada Mirada de Mujeres.
La tecnología ocupando un rol imprescindible. Se produjo una transformación digital que nos sostuvo, acercó distancias, permitió otras formas de trabajo, nos mantuvo cerca de nuestros afectos.
De a poco creando algunos “vivos”,sintiendo a la vez que estaba más viva que nunca. Que esto también era la vida. “La vida ahora” ¿no?, y entonces con un grupo de personas, nos encontrábamos todos los domingos a conversar y crear. Para mí funcionó como un grupo de sostén: contenía y me contenían. Nos acompañamos. Y así entre contenido– y –continente transcurrieron las tardes de domingo de Arteterapia, aprovechando que había terminado justo una Diplomatura. Dibujamos, cantamos, escribimos. También armamos un texto colectivo al que le pusimos música de Papo, que luego editó el querido Jose Luis Rodríguez, grandioso artista local, y dice así:
“La vida es amor, es aprendizaje y evolución, con sus hilos invisibles, la amistad como esencial, nos unimos al todo. Con un abrazo se dice todo, lo que con palabras no podemos, junto a nuestros corazones, la distancia no es problema, unidos somos más. Nada como ir juntos a la par, luz que se expande por la inmensidad, enlazamos nuestras almas, de nuestros cuerpos en viaje, queda mucho por andar. Comienza una nueva era, yo te envuelvo con mi paz, continuaras tu libre velo, ya saldrá el sol para ti, será un mundo mejor” (…).
Cada semana, todos esperando EL VIVO. El alma desatada. El deseo puesto en esos encuentros que formaban nudo, que anudan esperanzas, que crean un devenir.
Al mismo tiempo, Alejandra Fernández, convocaba junto a otras personas a escribir poemas sobre diversos temas. Era una experiencia colectiva donde cada persona, dejaba una frase de no más de dos renglones abajo de una imagen. ¿Entonces? ¡Seguí escribiendo para variar! No sé por qué las palabras me salían por los poros, por todas las partes de mi cuerpo. Era “decir por todos lados”, para no quedarme con nada adentro. Todo ese florecer interno brotó, como inmensas ramas que salían de mí en forma de manos que se juntaban con otras para hacer, ser y crear. Energía transformadora que permitía crecer y disfrutar de ese espacio en este tiempo. Tiempo Real. Tiempo de Pandemia. (Que aún hoy no termina, claramente). Dar respuesta a la carencia: esa era la misión.La constitución subjetiva se forja en el encuentro con el otro, que transfiere energía libidinal y un sistema simbólico que sirve de sustento.
También empecé mi taller de canto con una persona maravillosa: mi gran maestro Carlos Demian Paludi ¡Qué liberador se siente!
¿Instinto gregario? Claro que sí. Como dice Bion, desde los orígenes evolutivos, el individuo socializa para protegerse de los peligros.La reacción instintiva ante situaciones disruptivas que afectan a una sociedad, es agruparse y enfrentar los peligros juntos.
De a poco se fue hablando de “Una Nueva Normalidad”, haciendo visible que la vida anterior era la normal, y esta otra, una nueva. Yo llamaría un “nuevo transcurrir en la vida”, más que una nueva normalidad. Porque ¿qué es lo normal? Una vida donde tenemos que prestar más atención al cuidado del otro, y cuando digo del otro, me refiero a todo lo otro: nuestro planeta, animales, plantas. Una nueva vida donde se resaltan los valores de respeto, solidaridad, diálogo, empatía. Sin esos principios el convivir se vuelve muy complicado.
Y como si esto fuera poco, Nadia, mujer maravillosa– amiga–, creadora– de la idea este libro me invita con todo su amor a compartir esta propuesta. A convocar a personas, que escriban sus historias de pandemia; algo de lo que me hace sentir muy cómoda porque es lo que hago todos los días de mi vida: escuchar historias de sujetos deseantes.
Y a la vez, esto me conecta otra vez con la escritura, algo que también es mi pasión, más allá deSer Psicóloga.
En este libro encontrarán cien historias de pandemia de todas partes del mundo. Nadia hará en cada grupo, intervenciones desde su mirada, desde elser y la existencia, desde su profesión, el coaching ontológico, y yo haré lo propio desde la mía, como psicoanalista, que rescata a unsujetoen cada relato; estableciendo puntos de conexión y de encuentro y también diferenciándonos en un diálogo permanente. Ya lo dijo Jaques Lacan “Mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.
A decir verdad, nuestras profesiones tienen grandes diferencias en cuanto a su naturaleza, y la mayor distinción es que el coach no atiende cuestiones ligadas a la Salud Mental, en términos de curar un trastorno o malestar o simplemente atender conflictos que tienen su raíz inconsciente.
Entonces ¿Qué es el psicoanálisis? Coincidiendo con la definición de La Asociación Psicoanalítica Argentina podemos decir que “es una disciplina científica que estudia, investiga y describe el alma humana: cómo se forma, cómo se desarrolla, cómo está estructurada y cómo funciona, también como se enferma y como se cura. En lo que hasta Freud había sido terreno de teólogos y filósofos, de anatomistas y neurofisiólogos, se instala el psicoanálisis, como una disciplina científica autónoma e inédita. El progreso intenso, amplio y permanente de la investigación, y la acumulación de conocimientos psicoanalíticos, ha llevado a la posibilidad de aplicar esos conocimientos, no sólo a diversas categorías de trastornos mentales, sino también, a la comprensión de ciertos aspectos de patologías sociales, y en general a diversos tópicos de la cultura: el arte, el cine, la literatura, entre otros”. En psicoanálisis hablamos de sujeto. Sujeto ligado a un inconsciente, a una historia, sujeto al significante. El universo simbólico–significante es esencial para la humanización y determina la aparición del inconsciente que se estructura como un lenguaje. El sujeto no es el Yo, el yo es una instancia psíquica, una parte del sujeto. El sujeto contiene al ser.
Para resumir, lo que importa es que ambas profesiones se conectan en un punto: resaltar aspectos creativos sanos, destacar las habilidades humanas y profesionales, y valorar el interés por conocerse a sí mismo. Me parece buena idea poder establecer las diferencias en cuanto a nuestras incumbencias, pero en este libro pusimos más el acento en lo que nos une: un análisis colectivo en este tiempo de pandemia, la mirada humana de la vida, la incorporación de la esfera espiritual en este transcurrir y en nuestras acciones, en nuestra amistad, en nuestro trabajo. Nos enriquecernos, nos nutrimos de ambas miradas. Y esto me da pie para referirme al sujeto comoSerbiopsicosocial y espiritual.Todos somos seres espirituales, ser espiritual no tiene nada que ver con ser de alguna religión, ni ser superior a nadie, ni tampoco estar iluminado con alguna luz especial. Todos somos “un mar de fueguitos” como dice el gran maestro Eduardo Galeano. Estas cuatro áreas de la persona constituyen una unidad, se afectan entre sí en una trama que siempre será única; tan particular como sujetos hay en el mundo.
El gran problema con lo que nos encontramos hoy en día es caer en reduccionismos respecto a cada una de esas áreas donde, más que separar, tienen que convivir más allá de las diferencias. Por supuesto sin invadir las incumbencias del otro ¿no?Esa es la premisa fundamental.Por otra parte, habría que diferenciar una ciencia de una creencia, pero no es éste el espacio para debatir, en relación al tema que nos convoca.
Volviendo a los relatos, Freud hablaba delvalor terapéutico de la palabra. Yen las historias que van a leer aquí, encontrarán dolor, angustia, ansiedad, incertidumbre, pérdidas de todo tipo, muerte, enfermedad, frustración, desesperación; la palabra entonces, ligada a una dimensión reparatoria que restituye al sujeto su condición de tal. Otras, hablarán del amor, amor a sus madres, a sus padres, a sus hijos, a sus abuelos, historias de añoranza por sus seres queridos, de sus sueños, de ideales, proyectos, ilusiones, viajes.
Cada sujeto habla y nos cuenta desde su experiencia vivida, irrepetible, particular. Porque la realidad covid-19se nos presenta abruptamente y sin aviso, pero como reacciono cada uno y cada una ante esta pandemia es singular, como singular son los diversos contextos en los que las personas están sumergidas: la cultura de cada país, su idiosincrasia, los diferentes sistemas de salud, educación, valores, género, cuestiones ligadas a la ley. Las respuestas dependen de muchos otros factores: de la historia del sujeto, de los vínculos, de características y estructura de personalidad, de los recursos internos, de los mecanismos inconscientes, etc. Así, como podrán observar, a medida que leen las páginas de este libro, verán que para algunos el impacto fue caótico, mientras que para otros más que caótico, fue inspirador, de introspección, de creatividad. Aún no sabemos con certeza el impacto psicológico que esto tendrá en las personas, sobre todo en niños, en adolescentes, y personas adultas mayores. De lo que sí estamos seguros es que habrá un impacto. Y ahora mismo, (verano 2021), por lo menos en mi experiencia, van llegando muchísimos pacientes a la clínica con algunos síntomas psíquicos podríamos decir, producto o consecuencia de la pandemia.
Esto es un libro, no es una sesión de análisis claramente. Sin embargo, le dimos lugar a la palabra. Un sujeto se dirige al otro, y el medio para hacer lazo, es la palabra. Encontramos varias formas de palabra en los textos: palabras que quisieron llegar a un destino, palabras con invocación simbólica, palabras mortíferas, palabras que hablan por el cuerpo, palabras que reducen el cuerpo a una palabra, palabras que hacen acto, palabras que liberan.
Son cien relatos. Cien tesoros. Cien personas que con su consentimiento escribieron sus historias, sus relatos, sus experiencias pandémicas, para que las compartamos con todos ustedes. Personas que extendieron sus brazos con nosotras en un gran abrazo mundial. Porque en momentos de crisis, nada mejor que el calor de un hermano, de un semejante. Agrupamos tales historias en siete apartados:SER COVID-19 POSITIVO, SER EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO, SER EN RELACIÓN A OTROS, SER LO QUE HACEMOS, SER LO QUE PENSAMOS Y SENTIMOS, SER NIÑO–ADOLESCENTE– JOVEN y SER (ES) ESPIRITUAL (ES).Seguidamente de cada grupo de historias, podrán apreciar nuestras impresiones, nuestras intervenciones, nuestras miradas, y las miradas de otros a quienes invitamos especialmente para que nos brinden sus ricos aportes. Nadia y yo escribiremos desde nuestros conocimientos; y por momentos compartiremos una observación en común.
Tomaré como referencia a diferentes autores, no solo del campo del psicoanálisis, sino de la filosofía, la sociología, de la psicología social y/o vincular. Y como siempre, el arte; matizando con algún que otro texto literario o letra de canción.
Podrán observar las pinturas de tapa y contratapa, y las carátulas de adentro, tan llenas de Amor y Magia de la mano de nuestra artista plástica Lis Lund. La sinergia de este equipo estuvo desde el principio; solo reunirnos con ella y captó maravillosamente el mensaje que queríamos transmitir.
Finalizo con este hermoso poema de Pablo Neruda, “La Palabra”:
“Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío” (...)
Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río…. (...)
LIC. SANDRA ALTOLAGUIRRE
Psicóloga, Especialista en Psicoanálisis en Niños Y Adolescentes, Diplomada por la Paz y escritora
