Kitabı oku: «Al cerrar los ojos»
Néstor Tellechea
al cerrar los ojos

Tres composiciones poéticas integran este libro.
Hablado por el agua es un extenso diálogo con César Vallejo, podría decirse que al abrigo o desabrigo de la lluvia.
Uno nueve ocho dos (escrito así, con letras, como queriendo atenuar la elocuencia del título para cualquier lector argentino) contiene dos poemas inspirados en el episodio de la guerra y su contexto. Dos muestras cabales de lo que es posible conseguir cuando las enumeraciones se vuelven poesía.
Quizás tal vez apenas, una extensa prosa poética bajo la sombra de Las alas del deseo, la gran película de Wim Wenders, guionada por Peter Handke. Es este texto, sin dudas, el que mayores exigencias propone. El sentido se escurre una y otra vez. Inversamente, la musicalidad crece hasta convertirse en una sinfonía.
Toda la poesía de Tellechea es música. Sonido que cobra dimensión, profundidad y potencia envolvente, sobretodo, al cerrar los ojos.
Al cerrar los ojos
Néstor Tellechea
1a edición, 2019
Diseño de cubierta: Mailén Tamargo Gandía
ISBN: 978-987-86-0456-5
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hablado por el agua
“Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene”
Miguel Hernández
“La gloria, que es estrépito y ceniza”
Jorge Luis Borges
César
París y yo
novedad esperada
novedad cualquiera
peruanidad de cara a lo que siento
estoy solo
solo
solo
bajo la quimera nublada
rápida en la que está cayendo
pasa cae y habla algo que no cesa en todo
soy César a pesar de todo
agua versada maltratada y yo
un ráfaga de mi consecuencia
más pasado
más palabra
más sueño
de lo que miro y necesito aclararme
había sido yo el del tiempo insistente
una vida entera con mi oído en mí mismo
cuando mi cuerpo dice
y llueve mientras mi vida no aparece ni desaparece
la oigo y vivimos muy necesitados el uno del otro
donde no hay vísperas de ninguna simulación
todo lo que vivo hablando pasa y vuelve
entre mis labios
con mi presagio más fuerte
y bien amado sea este sentido de la lluvia
mi circunstancia llueve cayendo
como una segunda piel sobre los ojos
a la que no estoy dispuesto a renunciar
mi nada precisa
necesita algo
una profundidad que cante
hable y roce
cada momento empapado de palabras
mientras soy solamente un hombre
y no me exijo otra fragilidad
soy lo que tiene la sangre en el habla
y se hunde en la sangre que habla
porque el total de la poesía anda
anda
y anda
sobre los rumores del espacio vacío
y todo lo demás
entre la música y el impacto de lo incierto canta
llueve poesía y toso
soy casi el agua de mí mismo y toso
hasta el fondo del honor que es buscar a la poesía
hasta el fondo de lo que la espero
hablo contra el cielo
y el cielo contesta
pienso gotas de mí mismo
y ya murmura el silencio de lo presentido
porque es cierto que llueve
porque el agua hace ruido cantante
cuando vuelve a vivir por la mudanza o la revelación
de un adiós mojado por la tertulia de mí conmigo
cuando trato de no molestarme
en el peligro que le hago correr o sentir o vivir al pasado
de cualquier precisamiento una y otra vez
apenas visto
y transparente
y líquido
y ahora
paciencia contra mí
toda discusión con lo insólito
tiene su melancolía
llueve
acuso una mirada al techo del tiempo
y llueve como llovería
cuando vuelve un verso de lo que predije
soy una voz que nace y se muere
como si hubiera sido escrita por un relámpago
hasta los huesos
un jueves para todo
al que le suenan muchos finales
en eternidad con el agua
cayendo por el aire que sufro
o me falta y sigue lloviendo
mojo sonidos
para que me sobrevivan más fuertes que yo
más jueves que yo
soy una ausencia presente
contra el reloj de lo que nace hablando
el precio de una imagen de mi destino
donde ardo en el pasado
y presente y futuro queman mi discurso
para encender más desolación que gloria
sí
había sido yo
el del estruendo insistente
aquel presentimiento
en el rayo que no dejó de alumbrar
lo que sentí delante del aire nublado
soy el viento lluvioso
de un poema
siseando los pronunciamientos del agua
y llueve
y soy esa lluvia
sinceridad que se escucha
sin discusiones
la pared a la que le estoy hablando cambia
nombra el alma llovida y pregunta
dónde está el autor de lo que decimos
seguro que buscándose en los jueves futuros
y no en las repeticiones silenciosas de la voz que tose
o se calla a la velocidad de lo que dice la lluvia
aunque escucharla tenga un precio muy alto
hambre de nombrarla como la decido
jueves
hoy sigue siendo otro día predicho para arriba y para abajo
presentable ahora mismo
un destino de nostalgia líquida que corre
hacia la distancia a la que está mi tierra
y mi cantidad de hermanos
cuando volvemos a estar todos juntos en mis ojos
y siento que la lluvia deja de ella misma una masa lenta
de hamaques llenos de furia que repiten la fuerza con que empujo
lo que soy
un pálpito que brilla y se va
carne afiebrada y quieta
con nostalgia líquida
en la que viaja un recuerdo sobre otro adentro del agua sufrida
estoy
todos los sentidos acuden a este momento de mi vida
que después me ignora
a este temblor que no sabe vivir sin el delirio de arderme
mientras le lluevo escuchándome
hablo el aire
y el aire me habla
habla gotas y ya nace otra racha de mi consecuencia
me duele la calma con que me lo digo
o cualquier justificación
me empariento con lo que estalla en el fondo de lo que dejo atrás hablando
y confío en seguir siendo más jueves que yo mismo
una certeza prevista
en el espejo de lo hablado por el agua
el calor preciso con que tiene que salir lo que lluevo hablando
aunque ya sea apenas una y otra barrida de agua que viene del que fui
y al que sigo escuchando
con algo de resignación
pero con metáfora
una carta
estimado César:
nada nuevo
sigue cayendo ese sonido desgranado
que ya antes de morirse moja
casi más que tiempo
soledad
llueve
y para mí
es como si no lloviera
si en esta carta fracasada tantas veces
no puedo hablarle
como si tuviera algo así como un hambre
por lo que dijera todo el adentro del agua que hubiera querido escribirle
aunque se ensombre una idea con la otra
una verdad con la tensión
con la obviedad
o con la soberbia
así que desde el vamos
sé que tendría que haberle llegado exacto
en punto al agua que pasó y todavía está pasando tan cerca
de mi expectativa
sigue lloviendo
y mientras en la mesa
se dibujan los golpes derramados de la lluvia
me parece sentir que el agua de la carta
puede ser más desesperante todavía si no moja ni siquiera lo que escribo
que si yo fuese de verdad una carta a la que no le lluevo
la verdad es que no sé cómo escucharme ni siquiera
la suerte fracasada de un poeta escribiendo la lluvia
que si lo real del agua no es nada de lo que le escribo
todo lo que siento va a seguir yéndose y quedándose
nada más que como una consecuencia que se precipita
se aligera y sigue su camino por nada
o para que yo de cuando en cuando deje de escribirle
me asome y busque si es cierto cómo estoy
algunas veces
tieso de diluvio
porque el agua que suspiro
llega y se va como un peso
que se rompe sin ningún milagro
y cuando vuelvo al silencio de esta carta
puedo ver que sobre el progreso de la hora
en el reloj de mi cocina
la tormenta fogonea las sombras deshilachadas del agua
que se van alargando como venas o lágrimas grises
y entonces ya voy atrasado de nuevo César
porque el agua de la carta que trabajo con la lluvia
parece un reflejo de alegría desmejorada
y siento que estoy leve
o quizás también furioso pero igual de agua cayendo
cayendo
desatadamente mal escrito
por una y otra ráfaga mal dicha
que empiezan y terminan siendo nada del ahora
por ejemplo que hayan sido estas mismas palabras
que le estoy escribiendo
todo porque del fracaso
que hablo con el agua
tiene por mi culpa como un color doloroso en el aire
como el de un espejo que se nuble reflejando
el fuego de un cielo mal escuchado
entonces para mí como ahora mismo
el agua de esta carta de vez en cuando también arde César
se lo juraría
por más escrito de diluvio que me sienta
me parece que todo lo que vivo por dentro queda calcinado
en el último gesto con el que termino cada letra
por la ansiedad y el apuro con que escribo
alimentándome con la agonía incendiada de la luz
para que todo lo que siga diciéndole
por lo menos empiece y termine como era
subiendo
subiendo
por un calor aunque más no sea mal oído
mal esperado y nada
acentos y acentos de esta harina transparente que pasan y se pierden
y duele repetirme lo que oigo que me digo mientras bajo y subo la mano
como si estuviera haciendo llover a cada sonido que dejo en el papel
si hoy no le lluevo bien al dolor
hoy no le lluevo bien a casi nada
cayendo
cayendo
en palabras a lo mejor hasta demasiado vacías
y que de mi parte dejan nada más que un gusto a hiel de hambre escrita
hacia donde no habría valido la pena haber soñado
envuelto y desenvuelto en la avaricia de escribirle
como no quise hacerlo
sin haber escuchado lo preciso como tendría que haberlo logrado
mientras la lluvia baja
me ensordece
y como ya le dije
paro
y pienso
y espero
y de repente también tengo visiones que me nombra la ventana
y apenas humedezco de nuevo lo sentido
y lo derramo mal y tarde todo en las palabras
esta carta de golpe ahora ya es el Perú por ejemplo
como ya había sido en otros fracasos
con un cielo que amenaza con sus nubes como piedras intensas
y ahora ya es París el agua
helándome los huesos con un comienzo de calor casi filoso y suave
y de repente el vértigo caído vuelve a ser
alguna que otra foto suya aligerada que desaparece
mientras la lluvia vuelve a ser una carta que viaja
envuelta y desenvuelta por el agua que se trenza y se destrenza sobre mi patio
y que ahora por ejemplo fue París de nuevo y está lloviendo
o jueves otra vez y para nada
o de repente no alcanzo a entender que querría avisarme el futuro
girando en la rabia lluviosa
llevándose tan rápido sus rumores de vara que suenan como enojados
mientras golpean de barrida los vidrios de mi casa
o el cuerpo del aire está como sordo
o el agua sigue siendo un presente mojado para nada
o de nuevo usted está y no está
aparece y desaparece
y todo termina siendo nada
siempre por mi culpa
pan sin vida
fuego confundido
y nada
nada
todo lo que no llego a decir
se deshace como un humo mojado que desaparece triste
y nada
nada
y quizás el único consuelo que me queda
es que
llueve César
escuchando no sé cómo
lo que se va sin que yo lo interrumpa
llueve
eso no cambia
ni fracasa
al menos en todas la veces de esta carta
en la que hizo y hace rabia y pena y ganas de pensarlo y de escucharlo
hablándole o callándome
en esta carta
por lo menos llovió y llueve César
se lo juraría
así que espero que de todo este propósito perdido
al menos quede y pueda sentirse algo
de lo agradecido que le estoy
por lo que usted me dijo una vez y para siempre
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