Kitabı oku: «Historia natural. Libros XII-XVI»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 388

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por LUIS ALFONSO HERNÁNDEZ MIGUEL
© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2010.
López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.
www.editorialgredos.com
Primera edición: septiembre de 2010
Las traducciones y notas han sido realizadas por F. MANZANERO CANO (Libro XII), I. GARCÍA ARRIBAS (Libro XIII), M.a L. ARRIBAS HERNÁEZ (Libro XIV), A. M.a MOURE CASAS (Libro XV), y J. L. SANCHO BERMEJO (Libro XVI). COORDINADORA : Ana M.a Moure Casas.
REF. GEBO458
ISBN 9788424937553
NOTA DE LOS TRADUCTORES
Como en volúmenes anteriores, se ha seguido el texto latino de la edición teubneriana de L. Jan - C. Mayhoff, confrontándolo con otras ediciones y comentarios posteriores, especialmente los publicados por Les Belles Lettres y Tusculum .
La Botánica de Plinio comprende del libro XII al XIX de su Historia Natural (HN) y constituye el más amplio tratado sobre la materia que se conserva de la Antigüedad, junto con las obras del naturalista griego Teofrasto, profusamente utilizado por Plinio. En nuestras notas hemos acudido con frecuencia a este autor y, asimismo, a textos paralelos de escritores de agronomía, medicina y demás materias afines. Nos referimos, entre otros, a Catón, Varrón, Virgilio, Columela, Paladio, Celso, Gargilio Marcial, la compilación de las Geopónicas y los libros correspondientes de las Etimologías de san Isidoro de Sevilla.
También hemos tenido en cuenta, al igual que en libros anteriores de la HN , obras clásicas de la literatura científica española, como la Agricultura debida a Gabriel Alonso de Herrera (Alcalá de Henares, 1513, reimp. Madrid, 1970), además de las dos únicas traducciones castellanas de esta parte de la HN de Plinio anteriores a la nuestra, realizadas por Francisco Hernández (México UN-Madrid, 1998) y Jerónimo de Huerta (Madrid, 1629, ed. facs. 1982), así como la edición de Dioscórides, comentada en la misma época por Andrés Laguna (Pedacio Dioscórides Anazarbeo , Amberes, 1555, ed. facs. Madrid, 1968).
Las identificaciones de los términos botánicos se han realizado siguiendo a J. André, Les noms de plantes dans la Rome Antique , París, 1985, salvo advertencia, y, en las equivalencias castellanas nos hemos basado en el estudio ya clásico de P. Font Quer, Plantas medicinales. El Dioscórides renovado , Barcelona, reimp. 2007.
Para las fuentes no conservadas de la obra de Plinio hemos recurrido a las ediciones de fragmentos y a la monografía tradicional e insustituible de H. Bardon, La littérature latine inconnue , París, reimp. 1982. También hemos utilizado los trabajos de G. Serbat, empezando por su Introducción a la HN en esta colección —Gredos, 1995—, así como la obra de V. Naas, Le projet encyclopédique de Pline l’Ancien , Roma, 2002, para referencias internas de la enciclopedia pliniana.
En las notas de realia hemos consultado la obra de Ch. Daremberg-E. Saglio, Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines (hoy disponible en versión digital www.dagr.univ-tlse2.fr), y los trabajos de K. D. White, especialmente Farm equipment of the Roman World , Cambridge, 1975 y Roman Farming , Londres, 1970. Actualizaciones de estas obras y otra bibliografía específica se encontrarán en las correspondientes notas.
LIBRO XII
(1-2)
Características de los árboles. Su aprecio
Las características de todos los animales [1] de los que se tiene noticia quedan así expuestas de manera general y particularizada. Falta hablar de los seres que, sin carecer propiamente de espíritu vital —supuesto que nada vive sin él 1 —, brotan de la tierra, o más bien se le arrancan 2 , para que no se silencie ninguna obra de la naturaleza. Durante mucho tiempo los beneficios de la tierra pasaron inadvertidos, y árboles y bosques se concebían como el principal don conferido al hombre. De ellos obtenía lo primordial: el sustento 3 ; con su hojarasca hacía más confortable su cueva, y de su corteza se procuraba vestimenta. En la actualidad [2] todavía hay pueblos que viven así 4 . Por eso resulta cada vez más asombroso —teniendo en cuenta tales orígenes— que cortemos montañas en bloques de mármol 5 , que acudamos por telas a los seres 6 y que andemos buscando la perla «única» 7 en las profundidades del mar Rojo, o la esmeralda en las entrañas de la tierra. Con este propósito se idearon las perforaciones en las orejas, seguramente porque no bastaba con lucir adornos alrededor del cuello, sobre los cabellos y en las manos, si no se ensartaban también en el cuerpo 8 . Por todo lo dicho, es menester respetar un orden cronológico y tratar, antes de nada, de los árboles para dar una idea de los orígenes de nuestra cultura.
1 (2) Los árboles fueron templos de divinidades 9 , y todavía [3] en la actualidad, a la antigua usanza, los sencillos campesinos le dedican a un dios el árbol que descuella. Y no adoramos con mayor fervor las resplandecientes estatuas de oro y marfil que los bosques sagrados 10 , y en ellos, especialmente, su silencio. Hay especies arbóreas que gozan de permanente protección por estar consagradas a determinadas divinidades, como el roble a Júpiter 11 , el laurel a Apolo 12 , el olivo a Minerva 13 , el mirto a Venus 14 y el álamo a Hércules 15 . Y para mayor abundamiento, creemos que silvanos 16 , faunos y una variedad de diosas 17 , con sus potencias divinas, les han sido otorgados a los bosques como por designio celeste. Posteriormente, los árboles [4] con sus jugos, más sabrosos que los cereales, proporcionaron deleite al hombre 18 . De ellos se obtiene el aceite de oliva, que relaja los miembros, el vino, que restituye las fuerzas, y, en definitiva, tantas delicias que se producen por el efecto natural de las estaciones; y por más que para aderezar nuestras mesas haya que habérselas con fieras y se nos antojen peces alimentados con cadáveres de náufragos, a pesar de todo, la fruta sigue siendo todavía nuestro postre 19 . Son incontables, [5] por otra parte, los servicios que prestan sin los que no se podría vivir 20 . Gracias al árbol surcamos los mares y acercamos los países. Gracias al árbol construimos nuestras viviendas. Del árbol se tallaron también las imágenes de las deidades 21 cuando aún era inconcebible poner precio al cadáver de las bestias 22 , y que se contemplase —una vez que salió del ámbito de los dioses el derecho al lujo 23 — el mismo marfil en los rostros de las divinidades que en las patas de las mesas 24 . Cuentan que los habitantes de las Galias, constreñidos por los Alpes —barrera insuperable también entonces—, tuvieron como principal acicate para abalanzarse sobre Italia el hecho de que Helicón, un ciudadano galo de origen helvecio que había residido en Roma ejerciendo su oficio de forjador, de regreso a su patria se había llevado consigo higos y uvas pasas, y también garantías de obtener vino y aceite 25 . Concédaseles, pues, disculpa por haber intentado conseguir tales productos hasta con la guerra.
(3-5)
Los árboles exóticos. El plátano. Cuándo llegó por primera vez a Italia y de dónde
[6] Pero ¿a quién no le sorprende —y con razón— que hayamos traído un árbol de tierra extraña nada más que por su sombra? El plátano 26 es el árbol en cuestión; llevado primeramente a través del mar Jonio hasta la isla de Diomedes 27 con el fin de proporcionar sombra a su túmulo, de allí fue traído a Sicilia y estuvo entre los primeros que le fueron regalados a Italia; y ha llegado ya hasta los morinos 28 , arraigando incluso en un suelo tributario, para que su nación pague impuestos hasta por la sombra. Dionisio el Viejo 29 , el tirano de Sicilia, los hizo llevar a la [7] ciudad de Regio 30 como realce de su palacio, donde luego se construyó un gimnasio. En mis fuentes figura escrito que el plátano no logró desarrollar toda su frondosidad y, además, que creció en otros lugares de Italia y, particularmente, en Hispania 31 .
(4)
Sus características
[8] Esto último sucedió por la época del saqueo de Roma 32 . Con posterioridad, hasta tal punto ha crecido su estima que se los sustenta regándolos con vino puro 33 . Ha podido comprobarse que tal procedimiento es muy beneficioso para las raíces; así es que hemos enseñado a beber vino incluso a los árboles.
(5)
Prodigios relacionados con ellos. Los cameplátanos
[9] Los plátanos ganaron celebridad por vez primera en el paseo de la Academia de Atenas 34 , por uno cuya raíz —de treinta y tres codos— era más grande que sus ramas 35 . Actualmente hay uno famoso en Licia 36 , con el encanto añadido de una fuente de agua fría 37 y situado al borde de una vereda; tiene una profunda oquedad de ochenta y un pies a manera de habitáculo, está cuajado de espesura en su copa y se recubre con sus colosales ramas, tan grandes como árboles, cubriendo los campos con la inmensidad de su sombra; y para que a la apariencia de cueva no le falte detalle, un zócalo de piedra pómez cubierto de musgo reviste su interior 38 ; es tan digno de admiración que Licinio Muciano 39 , cónsul por tres veces y hasta hace poco gobernador de aquella provincia, consideró que debía transmitir a la posteridad que él había asistido a un banquete junto con dieciocho convidados en el interior del árbol, que les suministró con largueza lechos de su propia hojarasca, y que allí descansó a resguardo de cualquier viento, oyendo el sonido amortiguado de la lluvia por entre las hojas, sintiéndose más a gusto que si se viera rodeado de resplandecientes mármoles, abigarradas pinturas y dorados artesonados 40 .
[10] Otra anécdota es la del emperador Gayo 41 , que en la campiña de Velitras 42 se quedó maravillado con los entablados 43 puestos sobre un ejemplar y con los bancos que se extendían a todo lo largo, sobre las vigas dispuestas encima de sus ramas, tras haber tomado parte en un banquete allí en lo alto —aunque él precisamente formaba parte de la sombra 44 —, en un triclinio que dio cabida a quince comensales con su correspondiente servidumbre, y al que el susodicho llamó «el nido».
[11] Hay en Gortina 45 , en la isla de Creta, a la vera de un manantial 46 , un plátano singular, famoso por los testimonios de ambas lenguas 47 , ya que no pierde sus hojas en todo el año, y enseguida dio rienda suelta a la fabulación griega 48 : Júpiter habría yacido a su sombra con Europa 49 , ¡como si no hubiera en Chipre ningún otro ejemplar de esta misma especie! El hecho es que los plátanos que con sus vástagos fueron plantados por primera vez en la misma Creta —¡cuán aficionada a lo insólito es la humana condición!— reprodujeron esa tara (supuesto que la ventaja más reconocida de este árbol no es otra que la de impedir el paso de los rayos del sol en verano y permitírselo en invierno). Desde Creta, en época del emperador [12] Claudio 50 , un liberto de Marcelo Esernino 51 —un eunuco tesalio muy acaudalado, pero que por gozar de influencia se había agregado a los libertos del César 52 —, trasplantó a Italia esta especie, a las fincas suburbanas de su propiedad, de manera que podría considerársele merecidamente otro Dionisio. Y subsisten también en Italia las rarezas de tierras foráneas junto a aquellas, por supuesto, que ha concebido la propia Italia.
2 (6)
Quién fue el primero que instituyó la poda en los arbolados
[13] Los cameplátanos 53 , en efecto, reciben tal nombre por su menguado tamaño, limitado artificialmente, porque hemos llegado a inventar hasta abortos de árboles. Por consiguiente, también en relación con esta especie se habrá aludido a la desdicha de los enanos 54 . En este caso, se logran por la forma de plantarlos y de podarlos. El primero que ideó los bosques artificiales fue Gayo Macio, del orden ecuestre, amigo del Divino Augusto, hace ya ochenta años 55 .
3 (7)
El cidro. Cómo se planta
[14] De origen extranjero son también los cerezos 56 y los alberchigueros 57 , así como todos los árboles cuyos nombres son griegos o ajenos a nuestra lengua; ahora bien, los que han comenzado a tener la consideración de autóctonos serán mencionados al tratar de los frutales 58 . Ahora abordaremos los árboles exóticos comenzando por uno sumamente provechoso.
El manzano asirio 59 , que algunos llaman medo, proporciona [15] remedio contra los venenos. Su hoja es como la del madroño 60 , ribeteada de espinas. El fruto en sí, por lo demás, aunque no es comestible 61 , destaca por su fragancia, lo mismo que sus hojas, ya que ésta se transmite a las ropas si se guarda entre ellas, y además evita los daños causados por los bichos 62 . El árbol en cuestión produce frutos en todas las estaciones 63 , unos caen mientras otros maduran, al tiempo que otros van apuntando. Hubo pueblos que, [16] debido a su eficacia como remedio, intentaron trasplantarlo a su tierra en macetas, facilitando la ventilación de las raíces mediante orificios; convendrá tener presente que ésta es la forma más adecuada de plantar para su transporte todas las especies que van a ser desplazadas a gran distancia, para no tener que decirlo cada vez. De todas formas, no quiso arraigar más que entre los medos y en Pérside 64 . Éste es el árbol cuyas semillas, según dijimos 65 , los grandes señores partos hacían hervir en sus guisos para perfumar el aliento; ningún árbol más merece alabanza entre los medos.
4 (8-17)
Árboles de la India
[17] De los árboles lanígeros de los seres ya hemos tratado al mencionar a su pueblo 66 , lo mismo que de las dimensiones de los árboles de la India 67 . Entre los naturales de la India, Virgilio celebró uno en particular, el ébano 68 , asegurando que no crecía en ninguna otra región. Heródoto 69 se inclinó por considerarlo de Etiopía, haciendo constar que cada tres años los etíopes ofrecían a los reyes de Pérside en concepto de tributo cien troncos de ébano, aparte de oro y marfil. No debemos pasar tampoco por alto el [18] detalle de que los etíopes, por esa razón, acostumbraban a aportar una veintena de enormes —pues así lo precisa 70 — colmillos de elefante; tan gran valoración tenía el marfil en el año 310 de Nuestra Ciudad 71 . Por entonces, efectivamente, el reputado autor de las Historias 72 participó en la fundación de Turios, en Italia; por eso, resulta más asombroso el hecho de que concedamos crédito al mismo autor cuando dice que no había conocido a nadie, ni en Asia ni en Grecia, que hubiera visto el río Po 73 , El [19] examen del mapa de Etiopía, presentado no hace mucho al emperador Nerón 74 , según dijimos 75 , ha puesto de manifiesto que a lo largo de los novecientos noventa y seis mil pasos 76 que hay desde Siene 77 , confín del Imperio, hasta Méroe 78 , es un árbol poco común y, exceptuando la de las palmeras, no se encuentra ninguna otra especie. Quizá por esta razón el ébano ocupó el tercer lugar en la importancia del tributo.
(9)
Cuándo se vio en Roma por primera vez el ébano. Cuáles son sus variedades
En Roma, Pompeyo Magno 79 lo exhibió [20] durante la celebración de su triunfo sobre Mitridates 80 . Fabiano 81 asegura que no es inflamable; sin embargo, arde desprendiendo un grato olor. Lo hay de dos clases: el de mejor calidad, poco común, es arbóreo, de una madera 82 compacta y sin nudos, negra y lustrosa, incluso sin pulimento; el otro es arbustivo, como el codeso 83 , y se encuentra diseminado por toda la India.
5 (10)
El espino índico
Hay allí también un espino que es parecido 84 , [21] pero se distingue con sólo aplicar una lucerna, pues la llama prende inmediatamente.
A continuación, expondremos las especies que la victoria de Alejandro Magno permitió admirar cuando se descubrió aquella zona del mundo.
(11)
La higuera índica
[23] Hay allí una higuera extraordinaria por su fruto, capaz de sembrarse continuamente por sí misma 85 . Se propaga con sus desmesuradas ramas, de las cuales las más bajas se van doblando hacia el suelo de tal manera que llegan a arraigar de un año para otro y a dotarse de una nueva progenie formando un círculo en torno a la madre con una suerte de jardinería paisajística 86 . En el interior de tal cercado, soportan el calor estival los pastores, pues queda sombreado y a la par resguardado por la barrera que constituye el árbol, un recinto porticado de noble aspecto, [24] tanto si se contempla desde dentro, como desde lejos. Sus ramas más altas, formando una maraña boscosa, sobresalen del formidable tronco materno hacia las alturas, de forma que en su mayoría abarcan un círculo de sesenta pasos y con su sombra cubren dos estadios 87 . Sus anchas hojas tienen la figura de una pelta de amazona 88 ; por tal razón, como tapan el fruto, le impiden desarrollarse. Dicho fruto es escaso y no excede el tamaño de una haba, pero, madurado por los rayos del sol a través de las hojas, adquiere un sabor extremadamente dulce y digno de esta maravilla de árbol. Se da especialmente en las proximidades del río Acesino 89 .
6 (12-13)
Especies arbóreas índicas sin nombre conocido. Los árboles liníferos de la India. El árbol pala. Su fruto, la ariera
Mayor es otro árbol 90 , y más extraordinario [25] aún por la exquisitez de su fruto, del cual se alimentan los sabios de la India 91 . Su hoja imita las alas de las aves 92 , y tiene tres codos de largo por dos de ancho. De su corteza echa un fruto admirable por su delicioso sabor, y de un calibre tal que con uno solo hay para saciar a cuatro personas. El árbol se llama pala , y su fruto, ariera . Abunda en las tierras de los sidracos 93 , límite de las expediciones de Alejandro 94 . Hay también otro árbol parecido a éste, de fruto más dulce, pero no sienta bien a los intestinos 95 . Había ordenado Alejandro a sus tropas que nadie tocara este fruto.
[26] (13) Los macédones 96 describieron especies arbóreas sin dar sus nombres en la mayoría de los casos. Hay también otro parecido en todo al terebinto 97 , excepto por su fruto, que es parecido a las almendras —algo menor, si acaso—, pero de un sabor delicioso, particularmente en el territorio de los bactros 98 . Algunos han pensado que este árbol era una variedad de terebinto, en lugar de otra especie que se le asemeja. Pero el árbol del que confeccionan prendas como de lino 99 es parecido en las hojas al moral, si bien por el cáliz 100 de su fruto se parece a la rosa canina 101 . Lo plantan en terrenos llanos, y ni siquiera un paisaje de viñedos es más agradable.
7 (14)
Los pimenteros. Clases de pimienta. El bregma. El jenjibre o cimpíberi
El olivo de la India 102 no produce nada [27] más que unos frutos como los del acebuche. Por doquier, sin embargo, se hallan los árboles que dan la pimienta 103 , parecidos a nuestros enebros 104 , aunque algunos han consignado que crecían exclusivamente en las laderas de solana del Cáucaso 105 . Sus semillas se diferencian de las del enebro por las cascarillas, del mismo tipo que las que observamos en los faséolos 106 . Dichas semillas, arrancadas antes de que se abran y secadas al sol, constituyen lo que se denomina pimienta larga 107 ; si, por el contrario, se les permite que se abran poco a poco, con la maduración sale la pimienta blanca 108 , la cual, si finalmente se seca al sol, cambia de color 109 y se arruga. [28] Pero estas semillas, a la intemperie, también sufren un daño peculiar, se queman y se quedan secas y vanas, producto que llaman bregma 110 , que en lengua india significa «muerto». Esta pimienta, la más picante y liviana de todas, es de color pálido; la negra es más sabrosa, mientras que la blanca es más suave [29] que las otras dos. La raíz de este árbol no es, como algunos han conjeturado, el llamado cingíberi 111 —otros dicen cimpíberi —, por parecido que sea su sabor. Éste, en realidad, se produce en fincas de Arabia 112 y Troglodítica; es una mata de raíz blanca y en poco tiempo se pudre, a pesar de su intensa acritud. Su precio, seis denarios la libra 113 . La pimienta larga se adultera con toda facilidad con mostaza de Alejandría 114 . Se compra a quince denarios la libra, la blanca a siete y la negra a cuatro. Que su [30] empleo haya sido tan bien acogido es asombroso 115 . Cierto es que en el caso de algunos condimentos su grato sabor resultaba irresistible; en otros, atraía su aspecto; pero la pimienta no tiene ni el atractivo del árbol ni el de la baya. ¡Que guste sólo por su acritud y que haya que ir a buscarla a la India…! ¿Quién tuvo el capricho de probarla por primera vez como aderezo de sus alimentos? ¿A quién no le bastaba el hambre para excitar su apetito? Ambas especies 116 son silvestres en sus respectivos países de origen y, sin embargo, se compran al peso, a precio de oro o plata.
Un árbol que da pimienta 117 ya lo tiene también Italia, mayor que el mirto y no muy diferente. Su grano tiene la misma acritud que se le atribuye a la pimienta fresca 118 . Le falta aquella maduración del tueste y, por ende, la semejanza de las arrugas y el color. Se hace una adulteración con bayas de enebro, que de forma sorprendente absorben su mordacidad; en cuanto al peso, desde luego se adultera de muchas maneras.
(15)
El clavero. El licio o pixacanto de Quirón
[31] Hay, además, en la India un producto similar a los granos de la pimienta que se denomina cariofilo 119 , de grano algo mayor y más quebradizo. Cuentan que este producto nace en un loto 120 de la India; se importa por su aroma. Un espino 121 produce también un sucedáneo de la pimienta con una singular acritud; es de hojas menudas y apretadas, como las de la alheña 122 , ramas de tres codos, corteza pálida y raíz gruesa y leñosa del color del boj 123 ; hirviendo la raíz en agua junto con su semilla, dentro de un recipiente de bronce, se obtiene un medicamento que se llama licio 124 . Un espino tal crece también en el monte Pelio 125 y con él [32] se adultera el medicamento, lo mismo que con la raíz de asfódelo 126 , la hiel de buey o el ajenjo 127 , y hasta con el zumaque 128 o con el alpechín 129 . El más adecuado para la medicina, el espumoso. Los indios 130 exportan el licio en odres de piel de camello o de rinoceronte 131 . Al espino mismo en Grecia algunos lo llaman pixacanto de Quirón 132 .
8 (16)
El mácir
También se trae de la India el mácir 133 , [33] la corteza rojiza de una enorme raíz con el nombre de su propio árbol; cómo es éste no he logrado averiguarlo. La administración del cocimiento de dicha corteza con miel se considera muy eficaz en medicina para los disentéricos.
(17)
El azúcar
Azúcar 134 también lo produce Arabia, pero se cotiza más el de la India. Es una miel cogida de cañas, blanca como lo son las gomas, quebradiza al masticarla, del tamaño de una avellana como mucho 135 , destinada exclusivamente a fines médicos.
(18)
Árboles de Ariana, de Gedrosia y de Hircania
[34] Se llama ariano 136 un pueblo colindante con los indios que tiene un espino 137 apreciado por su secreción, parecido a la mirra 138 , al que es difícil arrimarse por estar lleno de pinchos. Allí también hay un arbusto venenoso 139 , 〈cuyo tamaño no excede el〉 140 del rábano, con la hoja como la del laurel, que atrae con su olor a los caballos, y que casi deja a Alejandro sin caballería nada más internarse. Este incidente se repitió en Gedrosia 141 , de nuevo por culpa de una hoja como la del laurel 142 . También está documentado que allí hay un espino 143 [35]cuya savia, si salpica sobre los ojos, provoca la ceguera a cualquier animal, así como una hierba 144 de aroma muy intenso, infestada de diminutas serpientes por cuya picadura sobrevendrá la muerte instantánea. Onesícrito 145 consigna que en los valles de Hircania 146 hay unos árboles parecidos a la higuera que se llaman ocos 147 , de los que destila miel durante dos horas por las mañanas.
9 (19)
Lo mismo de Bactriana. El bedelio, o también broco, malaca o maldaco. Los escordastos. A propósito de todos los perfumes y especias, se enumeran sus adulteraciones, pruebas y precios
[36] La región vecina es Bactriana 148 , donde se da el bedelio 149 que más se cotiza. El árbol es negro, de las dimensiones del olivo, la hoja del roble y el fruto del cabrahígo. El bedelio tiene la naturaleza de la goma. Unos lo llaman broco , otros malaca y otros maldaco * 150 , pero el negro y aglomerado en forma de bolas se llama hadrobolo * 151 . El bedelio, por otra parte, debe ser translúcido como la cera, aromático y, al desmenuzarlo, pringoso y de sabor amargo sin llegar a ser ácido. Durante los sacrificios, si se rocía con vino, su aroma se intensifica. Se cultiva tanto en Arabia y la India como en Media y Babilonia. Algunos llaman perático 152 al importado de Media. Este último es más quebradizo y también [37] más costroso y amargo, en tanto que el de la India es más húmedo y viscoso. Éste se adultera con almendras, y las demás variedades de bedelio, con corteza de escordasto 153 —así se llama un árbol con una goma análoga—; pero las imitaciones se descubren —y con haberlo dicho una vez valga para todos los perfumes— por el olor, el color, el peso, el sabor y la combustión. El de Bactriana tiene un brillo mortecino y multitud de escamas blancas, aparte de un peso característico, que no debe ser ni mayor ni menor. El auténtico tiene un precio de tres denarios la libra.
(20)
Árboles de Pérside. Árboles de las islas del golfo Pérsico 154
Pérside limita con los pueblos anteriormente [38] citados. Debido a que el mar Rojo, que en aquella zona llamamos Pérsico 155 , hace que la marea penetre muy lejos tierra adentro, la naturaleza de los árboles es fascinante 156 . Efectivamente, corroídos por la sal, semejantes a restos arrojados y abandonados, aparecen en la playa seca con las raíces desnudas, abrazando como pulpos las estériles arenas. Esos mismos árboles, azotados por las olas cuando sube la marea, resisten impasibles; es más, con la pleamar llegan a quedar sumergidos por completo y, a juzgar por la evidencia de los hechos, parece ser que aquellos árboles se sustentan de las aguas salinas. Sus dimensiones son imponentes, su aspecto es parecido al del madroño, y su fruto, a las almendras por fuera, pero por dentro alberga unas semillas retorcidas.
10 (21)
El algodonero 157
[39] La isla de Tilos 158 se encuentra en ese mismo golfo 159 , y está poblada de bosques por el lado que mira a Oriente, por donde precisamente sufre la inundación de la marea. Cada uno de sus árboles tiene el tamaño de una higuera; su flor es de un aroma indescriptible; su fruto, parecido al altramuz, a causa de su aspereza es intocable para todos los animales 160 . En la parte más elevada de esta misma isla hay árboles lanígeros, pero de un tipo distinto del de los seres 161 . Dichos árboles tienen unas hojas que no se aprovechan 162 , y que, si no fueran tan pequeñas, podrían pasar por las de las vides. Producen una especie de calabazas 163 del tamaño de un membrillo, que al abrirse por la maduración sueltan unos copos de borra, con los que confeccionan prendas de un paño muy apreciado. 11 Al árbol lo llaman gosipino 164 ; [40] es todavía más prolífico en la otra Tilos —la más pequeña 165 —, que dista diez mil pasos.
(22)
El árbol cínade. De qué árboles se obtienen paños en Oriente
Juba 166 consigna que alrededor de un arbusto se forman lanosidades 167 , y que los paños obtenidos de él aventajan a los de la India; añade, por otra parte, que el árbol de Arabia, gracias al cual confeccionan sus prendas, se llama cínade 168 , de hoja parecida a la de la palmera. Así es como sus propios árboles visten a los indios. Pero en las dos Tilos, además, otro árbol 169 echa una flor con el aspecto de la violeta blanca 170 , sólo que cuatro veces mayor y sin olor, lo cual es para extrañarse, tratándose de esa región.
(23)
En qué lugar a ningún árbol se le caen las hojas
[41] Hay también otro árbol parecido, si bien más frondoso y con una flor rosa, que mantiene cerrada por la noche, comienza a abrir a la salida del sol y la expande a mediodía 171 . Los nativos afirman que la flor duerme. La isla en cuestión produce asimismo palmeras y olivos, además de vides y, junto con las demás clases de frutales, higueras. A ninguno de los árboles se le caen allí las hojas, y está irrigada por manantiales de aguas heladas 172 , pero también recibe lluvias.
(24)
En qué reside el aprovechamieno de los árboles
Arabia, vecina de estas islas, reclama [42] una distinción precisa de sus especies, ya que su aprovechamiento puede residir en la raíz, el tallo, la corteza, el jugo, la resina, la madera, las ramas, la flor, la hoja o el fruto.
Los indios tienen una raíz y una hoja que alcanzan el máximo precio.
12 (25)
El costo
La raíz del costo 173 es de un sabor requemante y de un olor extraordinario; el arbusto, por lo demás, es inútil. En plena desembocadura del río Indo, en la isla de Pátala 174 , se encuentran dos variedades de costo: el negro y —el mejor— el blanquecino. Su precio por libra, cinco denarios y medio.
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El nardo. Sus doce variedades
[43] De la hoja de nardo 175 justo es dar más detalles, como materia indispensable que es en los perfumes. Se trata de un arbusto de raíz consistente y carnosa, pero corta, oscura y quebradiza, pese a su crasitud, con olor a moho, como la juncia 176 , sabor áspero y hoja menuda y apretada. La parte superior se diversifica en espiguillas; por ello, siendo doble el atributo del nardo, celebran sus hojas y sus espigas 177 . Otra variedad de nardo que se cría a orillas del río Ganges es totalmente desdeñada —lleva el nombre de ocenítida — porque huele que apesta 178 . Se adultera con el falso nardo 179 , [44] una mata que prolifera en todas partes, de hoja más carnosa y ancha y de un color pálido tirando a blanco; igualmente, con su propia raíz bien mezclada con goma y litargirio 180 o antimonio 181 para hacer peso, y asimismo con juncia o corteza de juncia. El auténtico, sin lugar a dudas, se distingue por su ligereza, además de por su color rojo y su delicada fragancia, y porque, si bien al degustarlo produce una intensa sequedad de boca, es de sabor agradable. El precio de la espiga, cien denarios la libra. El coste de la hoja lo vienen determinando según el tamaño; hadrosfero 182 se llama el de las pastillas 183 de mayor grosor; a cuarenta denarios; el que es de hoja algo menor se [45] denomina mesosfero 184 : se compra a sesenta denarios; el que más se cotiza es el microsfero 185 , de hojas diminutas: su precio, setenta y cinco denarios. La virtud aromática la tienen todos, los frescos en mayor medida. El color del nardo, si envejece, es [46] mejor cuanto más oscuro. En nuestros dominios 186 , le sigue en reputación el sirio 187 , a continuación el gálico 188 y en tercer lugar el cretense 189 , que algunos llaman agrío y otros fu , con la hoja del apio caballar 190 , tallo de un codo, nudoso y de un color blanquecino tirando a púrpura, raíz oblicua y vellosa que, además, se asemeja a las patas de las aves. Se da en llamar «bácaris 191 » al nardo campestre, del que trataremos al referirnos a las flores 192 . Lo cierto es que todas estas variedades son plantas herbáceas, exceptuando el nardo índico. De ellas, el nardo gálico incluso se arranca con la raíz y se lava con vino; se pone a secar a la sombra y se envuelve por manojos en papiro 193 , sin que difiera mucho del índico, siendo, no obstante, más ligero que el siríaco. Su precio, tres denarios. Tienen una sola prueba [47] de calidad: que las hojas, con estar secas, no estén quebradizas y quemadas. Junto al nardo gálico siempre nace una hierba que se llama «cabroncillo» —por la semejanza de su intenso olor 194 —, con la que se adultera a la perfección. Se diferencia en que carece de bohordo, también en que es de hoja menor y de raíz ni amarga ni aromática.