Kitabı oku: «Obras morales y de costumbres (Moralia) VI»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 213

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por PILAR BONED COLERA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1995.
www.editorialgredos.com
Las introducciones, traducciones y notas han sido llevadas a cabo por: FRANCISCA PORDOMINGO PARDO (lsis y Osiris) y JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ DELGADO (Diálogos Píticos) .
REF. GEBO311
ISBN 9788424932404.
ISIS Y OSIRIS
INTRODUCCIÓN
El centro de interés en los Moralia de Plutarco se ha desplazado en este siglo hacia sus posiciones filosóficas y religiosas, frente a lo que había sido casi norma —primaba el moralista— desde la recuperación de Plutarco para la tradición humanística occidental en los siglos anteriores. En este marco, en el del gran resurgimiento de los estudios sobre Plutarco, sobre todo en la segunda mitad de siglo bajo el fundamental empuje de los trabajos de Ziegler y de Flacelière 1 , entre otros estudiosos, en el de los progresos de la moderna investigación egiptológica, pujante ya en el siglo pasado, y en el marco de los numerosos estudios sobre religiones helenísticas y concretamente sobre la de Isis, se sitúa el especial interés suscitado por el tratado De Iside et Osiride . No en vano, se erige en el principal documento extenso sobre la religión de Osiris e Isis. Además, es posiblemente la última obra escrita por Plutarco, que de alguna manera representa una síntesis de su pensamiento.
De otras ediciones, comentarios y monografías sobre el tratado dentro de la copiosísima bibliografía plutarquiana se hará una breve reseña al final de la Introducción y serán mencionados en la lista bibliográfica que precede a la traducción, pero es de justicia poner de relieve la espléndida edición comentada de J. G. Griffiths 2 con su documentada y equilibrada introducción y su utilísimo índice temático, que vino a satisfacer el deseo, varias veces expresado 3 , de un comentario adecuado a los tiempos actuales, obra de un experto en la lengua y el pensamiento griego y en egiptología, dada la especial naturaleza del tratado.
No es tarea fácil hacer una introducción de esta obra de Plutarco, peculiar dentro de su producción por su tema central, la religión egipcia, y también por su forma, y dada la riqueza de contenidos —míticos, sobre rituales, teológicos, filosóficos, con etimologías, matemáticas, geometría, etc.— que en ella pueden ser aislados y que están tremendamente imbricados 4 , ni pretender en una breve introducción abordar una interpretación de los mismos. Su complejidad hizo exclamar a Norden 5 que es una de las más difíciles obras escritas en griego, pero en la misma medida, apasionante. De estos aspectos trataremos brevemente en las páginas siguientes.
I
EL MITO Y EL CULTO DE ISIS Y OSIRIS
1. La religión egipcia
Las fuentes para el conocimiento de la religión egipcia y sus manifestaciones son los textos egipcios (inscripciones y papiros), las representaciones del arte y los datos de escritores extranjeros: Heródoto, Diodoro, Plutarco y Apuleyo fundamentalmente. Habría que añadir la información de fuentes documentales griegas y latinas 6 .
Ninguna palabra egipcia corresponde a la noción latino-europea de religio , nacida a la vez del paganismo romano y del cristianismo. Ninguna palabra tampoco para piedad y fe. Lo que se encuentra, en cambio, en abundancia son los términos que designan el «sacrificio» y los objetos o actos que se refieren a él, así como el «sacerdocio». La «adoración» se encuentra bajo varias formas y designa una relación del hombre con dios; la «plegaria» (atestiguada a partir del Imperio Nuevo) se expresa de varias maneras, aunque apenas se distinga de la «alabanza», de la que está próxima hasta en la forma de los términos. Es decir, en Egipto la religión tenía otra estructura que aquella a la que estamos habituados por el ejemplo del cristianismo: sacrificio y sacerdocio la colocan bajo el signo del culto ritual. Forma parte de las religiones rituales paganas a las que se opone la religión de libro, llámese judaísmo, cristianismo o islamismo, con su dios que habla y ordena, y la importancia central de las Escrituras. El fundamento de la religión egipcia está representado no por la revelación sino por el culto: dada la estrecha relación entre el culto y el templo aislado, por una pluralidad de cultos locales que difícilmente se dejan unificar. De ahí una pluralidad de creencias que, aunque confluyen en una elaboración común, no están exentas de contradicciones 7 .
El sentimiento religioso egipcio se basaba sobre dos pilares fundamentales: la existencia de una multiplicidad de figuras divinas y su presencia inmanente en las fuerzas y en las manifestaciones de la naturaleza, no de una manera simbólica, ni en los términos de representación animista sino como concreto punto de referencia de la relación entre la vida humana y el existir cósmico. Así Osiris es el Nilo, Isis la tierra bañada por el Nilo y Tifón el mar en el que el Nilo desemboca, en la primera explicación del mito en Plutarco; en la otra interpretación Osiris es el principio de humedad y Tifón el de sequedad.
Amón-Ra constituye el caso más avanzado hacia el culto de un dios supremo y universal en el ámbito de un irreductible politeísmo formal —la reacción fue muy fuerte cuando Akhenaton pretendió imponer el culto exclusivo del dios solar en la figura del dios Atón, que venía a suplantar a Amón— 8 . Pero, por otra parte, las divinidades egipcias no alcanzaron una verdadera individualidad, a diferencia, por ejemplo, de los dioses griegos. Las divinidades egipcias —ya se trate de un dios local o uno cósmico— son «el dios» al que los fieles se dirigen en la súplica o en la adoración.
La doctrina teológica de los sacerdotes se esforzó en conciliar la creencia politeísta con la idea unitaria de lo divino, recogiendo más figuras de dioses en una sola divinidad —según el prototipo ya visto en el caso de Amón-Ra— y, sobre todo, reagrupándolas en tríadas, que a veces tienden a conformarse en el esquema de la trinidad, es decir una superior identidad de las tres personas.
Un fenómeno típico de la religión egipcia es la elevación al ámbito divino de los animales, sea como divinidades propiamente dichas, sea como aspecto y forma parciales o totales, constantes o temporales de otros dioses. El hecho no puede explicarse como una supervivencia de estructuras primitivas o que ello vaya unido a creencias totemísticas: a comienzos del s. VII a. C., cuando la zoolatría comienza a declinar entre otros pueblos, asistimos a un renacimiento en suelo egipcio. En Egipto se atribuye un significado religioso a los animales por sí mismos, no como valencia metafórica de atributos divinos que encuentran correspondiente expresión en un ser animal.
La revelación de la divinidad en formas sensibles y en figuras dotadas de vida sugería la identificación del soberano con el dios. El faraón es una encarnación de Horus, por decirlo así, su imagen terrestre, o más bien el hijo del dios solar Ra. Esta cualidad basta para colocarlo a un nivel distinto respecto a los otros hombres.
Los egipcios estaban obsesionados con la idea de la muerte: una interrupción y un cambio que afectaba no sólo al difunto sino a cuantos habían tenido relación con él y que hacía tambalear aquella concepción del cosmos inmóvil e inmutable que estaba en la base de sus estructuras mentales. A nivel concreto, la práctica de la momificación y la preocupación por los monumentos y los ajuares sepulcrales expresan la fuerza de afirmar una continuidad que redujese el acontecimiento a una transformación antes que a una desaparición.
2. Isis y Osiris
Cuando Plutarco escribió su libro, el dios Osiris y su círculo habían sido venerados durante dos milenios y medio. Es en los Textos de las Pirámides 9 donde se encuentra la versión más antigua de la leyenda de Osiris (aunque sus elementos transmitidos oralmente pueden ser más antiguos), lo cual nos hace remontarla a la VI Dinastía (c. 2420-2270 a. C.). En general, en los primeros textos Isis aparece como una figura subordinada, e incluso Osiris es uno más entre un número de dioses funerarios. Osiris incrementa la importancia y el número de sus atributos a causa de su identificación con el faraón muerto. Su hijo Horus, cuyo mito tiene que ser distinguido del de Osiris, aunque en los Textos de las Pirámides a menudo concurrieron, se identificaba con el faraón vivo, en el que se encarnaba; era el más antiguo dios-rey. Isis y Neftis aparecen primeramente como las hermanas de Osiris que lamentan su muerte y la del rey. Isis no es originariamente la esposa de Osiris. La iconografía del dios confirma la asociación de la momificación con su culto, pues siempre es representado en forma momificada.
El culto de Osiris probablemente se originó en Abidos, en el Alto Egipto, pero Osiris fue venerado desde los tiempos tempranos en el Delta, en Busiris, y los Textos de las Pirámides lo muestran ya como un miembro de la Enéada heliopolitana.
Para el Imperio Medio (c. 2040-1580) tenemos importantes documentos sobre la figura del dios y sus atributos en himnos religiosos de este período y los ritos osirios en Abidos en esta era son descritos en la Estela de Ikhernofret (Mus. Berlín 1204) 10 . En el largo Himno a Osiris sobre la estela de Amen-Mose (Louvre C 286) 11 , que pertenece a la XVIII Dinastía, Isis, que apenas había sido mencionada en los textos del Imperio Medio, juega un papel honorable si no dominante. Ella es la que defiende y resucita a su hermano y, después de resucitarlo, recibe su semilla. Osiris mismo ha sido desde entonces largamente identificado no sólo con el rey muerto, sino con cualquier persona muerta. Como rey del mundo de los muertos, fue acreditado con poder sobre el agua, especialmente la de la inundación y sobre la vegetación; a través de este poder podría garantizar vida continuada a los creyentes que se identificaran con él. Además, prometería el triunfo en el juicio después de la muerte, puesto que era considerado como alguien que había muerto él mismo y como dios que presidía el tribunal, siendo este rasgo probablemente un antiguo atributo. Un número de ritos funerarios, incluyendo viajes reales o ficticios en Busiris y Abidos, eran osirios.
Es a partir del Imperio Nuevo (c. 1580-1085) cuando el culto del dios se incrementó en popularidad y significado y la leyenda de Osiris se sistematiza en una forma que, aparte de las inevitables variantes y amplificaciones de toda tradición popular, se puede considerar definitiva. Respecto a la versión arcaica, el rasgo principal de este desarrollo es el papel asumido por Isis, la cual figura como esposa además de hermana del dios y comparte todos los padecimientos. De muchos episodios ella llega a ser la protagonista: la desolación a la muerte de Osiris, el desesperado viaje a través de Egipto en busca del cadáver, el horror al encontrarlo horriblemente desmembrado, la amorosa recomposición del cuerpo, la fatigosa llamada a la vida, la concepción póstuma del hijo y el amoroso cuidado con el que es criado. Osiris, Isis y Horus configuran así aquella tríada divina en forma de sagrada familia destinada a ejercer gran influencia en el sentimiento religioso egipcio.
En la época helenística la figura de Isis adquiere un papel predominante y Osiris va a sufrir la concurrencia de Serapis. Los griegos que se asentaron en Egipto estuvieron, naturalmente, expuestos a la influencia de los cultos nativos e, incluso antes del establecimiento del culto de Serapis por Ptolomeo Soter, los cultos de Isis y Oserapis fueron patrocinados por algunos de los inmigrantes. Isis y Anubis fueron asociados con Serapis cuando su culto fue establecido en Egipto. En general Serapis reemplaza a Osiris, pero a pesar de ello no alcanzó la posición de un dios nacional: fue venerado especialmente en el s. III a. C., en Alejandría y por los griegos. Entre los griegos fuera de Egipto el culto de Isis y Serapis comenzó a extenderse en el temprano s. III a. C. 12 .
En esta época y en la época romana es Isis la figura dominante: Isis es una reina madre que es identificada con la mayor parte de las fuerzas de la naturaleza e igualada al mismo tiempo, como «la de muchos nombres», con un gran número de otras deidades en diversos lugares y países, pues fue adorada hasta los confines del Imperio Romano 13 . Su figura sincrética emerge de las muchas aretalogías a ella dedicadas 14 .
Fue probablemente en la época ptolemaica cuando los «misterios» fueron unidos por primera vez al culto de Isis y Osiris en el completo sentido del término griego, que implica iniciación secreta y prohibición de cualquier divulgación de las ceremonias realizadas a los no iniciados. En ello la ecuación Isis = Deméter fue decisiva. Es probable que surgieran en Alejandría 15 .
En época romana el culto de Harpócrates se expandió considerablemente. Fraser 16 apunta que la noción de grupo triádico de dioses, que no había florecido en absoluto en la era Ptolemaica, prevaleció fuertemente en el período romano; era de paso un rasgo prominente de la religión faraónica. Se ha pensado incluso en un renacer del honor y veneración dedicados a Osiris, pero parece, más bien, que en el período imperial los honores están divididos entre Osiris y Serapis, que se desarrollan en diferentes líneas: Osiris permanece como el dios de la muerte y de la vida después de la muerte, mientras Serapis es identificado con Helio, Jupiter y Neptuno, y dota al emperador de éxito y victoria.
3. El mito y el culto de Isis y Osiris en Plutarco
El tratado de Plutarco contiene en los capítulos 12-20, pero también en alusiones dispersas, el relato más completo que poseemos del mito de Osiris, que se desarrolla en ocho fases: 1) los nacimientos divinos (12, 355D-356A); 2) el reino terrestre de Osiris (12, 356A-B); 3) el asesinato de Osiris (13, 356B-D); 4) el duelo y la primera búsqueda de Osiris (14, 356D-F); 5) el hallazgo de Osiris en Biblos (15-16, 357A-D); 6) la vuelta de Biblos y el nacimiento de Horus (16-17, 357D); 7) el desmembramiento y el entierro de Osiris (18, 357F-358B); 8) la venganza de Horus: derrota y juicio de Seth (19, 358B-E). Esto se explica fácilmente: la leyenda era conocida por los sacerdotes, pero muy poco revelada; los textos egipcios están llenos de alusiones a Osiris y a su destino, pero ninguno contiene un relato completo. No hay que olvidar que es una religión sin Sagradas Escrituras.
Es muy difícil decidir cuál es el estado de la leyenda osiria transmitido por Plutarco por dos razones: una se refiere al hecho de que la historia osiria, desde sus lejanos orígenes, debió de conocer muchos avatares en su mismo país, sin hablar de las deformaciones sufridas por causa de los griegos; la leyenda en el s. I , aunque contuviera rasgos más ampliamente desarrollados en la época tardía, conservaría otros, algunos de los cuales remontan seguramente a las más alta Antigüedad 17 . Otra razón se refiere a la obra de Plutarco, escritor griego, que, aun aceptando un viaje suyo a Egipto, debió de basarse ampliamente en fuentes escritas, como la crítica no sólo antigua sino también moderna acepta, algunas de las cuales se sitúan en los comienzos de la época helenística.
Las mismas dudas asaltan ante la pregunta de cuál es la fase en el desarrollo del culto osirio que está siendo descrita por Plutarco. A la confrontación del mito, la teología y el culto osirio en la obra de Plutarco con los datos externos a ésta sobre aquéllos, procedentes fundamentalmente de los textos egipcios, y a señalar en qué medida ha utilizado otro material, están destinados el trabajo monográfico de Hani 18 y una parte de la introducción de Griffiths 19 . La conclusión de Hani es que Plutarco nos trasmite la leyenda tal como existía en el s. I de nuestra era: la mayor parte de sus elementos remontan a la más alta Antigüedad, mientras que otros pertenecen a la Baja Época (1085-330 a. C.). De una forma más explícita señala a continuación que la versión que nos transmite Plutarco debe de remontar a los alrededores del s. V -IV a. C., es decir, al momento en que la grecidad entra en contacto con Egipto 20 . Para Griffiths es sorprendente, desde el comienzo, que Osiris sea la figura dominante en el relato de Plutarco, que Isis vaya en segundo lugar y Serapis sea muy subsidiario (a pesar del título De Iside et Osiride del libro en la mayor parte de los manuscritos), lo cual está en marcado contraste con el hecho de que el culto de Isis era el más difundido en Grecia. De los datos topográficos sobre el culto, ninguno se refiere a los centros griegos del culto de Isis, sino que son datos topográficos sobre el culto en Egipto. Una comparación con el libro XI de El Asno de Oro de Apuleyo, la fuente principal para el ritual de Isis y Osiris, respecto a los detalles del culto y el retrato de Isis permite concluir a Griffiths que, a pesar de algunas valiosas correspondencias, la distancia entre Plutarco y Apuleyo es grande y las correspondencias no capacitan para mantener definitivamente que Plutarco tiene, en ciertos particulares, que estar reflejando el culto osirio del período imperial como distinto del de la edad helenística o épocas anteriores 21 .
Un repaso sobre el mito, los atributos divinos, prácticas cultuales, culto de los animales e ideas religiosas podría poner de manifiesto en qué medida el tratado de Plutarco está de acuerdo con lo que se conoce de las fuentes egipcias, respondiendo además a una estratificación temporal, y en qué medida ha incorporado otro material. Ello se hará detalladamente en las notas a pie de página, aquí solamente se entresacarán algunos rasgos. En cualquier caso, es posible partir de una distinción inicial: mientras que las interpretaciones de Plutarco pueden ser a menudo estoicas, platónicas, gnósticas e incluso persas, en todo caso se esfuerzan por explicar detalles del mito o del culto que reclaman ser considerados como factuales.
En el relato mítico hay que destacar, en cuanto que Plutarco es la más temprana fuente para ello, la estancia de Isis en Biblos y sus aventuras allí (caps. 15-16). Han sido señaladas las afinidades con la historia de Deméter, Metanira y Demofonte, en el Himno a Deméter homérico.
Una sorprendente multiplicidad de interpretaciones caracteriza el intento de Plutarco de descubrir la naturaleza esencial y cualidades de los principales dioses. Ello se debe al variado y complejo material de fuentes en el que se basa. Así, tomando como ejemplo a Osiris, en 33, 364A es el principio húmedo, una aserción de acuerdo con el testimonio de los textos egipcios, aunque Plutarco le da una formulación derivada de la filosofía griega; pero en 64, 376F s. es «lo bien ordenado, lo bueno y lo útil» lo que caracteriza a Osiris e Isis (en cuanto reflejo de él), un concepto difícilmente tipificado por el egipcio Osiris. Y en uno de los capítulos conclusivos (78), Plutarco reproduce la doctrina original, adscribiéndola a su vez a los sacerdotes: Osiris es el rey de los muertos. En varios pasajes aparece caracterizado con rasgos dionisíacos (12, 355E; 13, 356A-B; 18, 358B; 36, 365B). En los capítulos 25-27 Plutarco aplica un sistema demonológico para explicar el status de Osiris, Isis y Tifón: ellos no fueron originariamente, según sus palabras, ni dioses ni hombres sino grandes démones; más tarde Isis y Osiris fueron elevados a la categoría de dioses. Nociones platónicas son que Osiris es «el no mezclado y desapasionado lógos » (54, 373B) o «la vertical del más bello triángulo» (56, 373F s.).
Las asociaciones y equivalencias de deidades egipcias con dioses griegos y de otras religiones aparecen tan frecuentemente en este tratado que diversos comentaristas han dado una lista 22 . Quizá habría que destacar la asociación sincretística de Isis y Deméter.
Por lo que se refiere a las prácticas cultuales, no puede ser fijada la exacta naturaleza de la evolución de los festivales de Osiris desde los tiempos faraónicos a los misterios de época greco-romana, pero está claro que los misterios incorporaron rasgos de los festivales más tempranos. Plutarco enfatiza la naturaleza triste de los ritos por la muerte de Osiris: en el cap. 39 se refiere al festival que comienza el 17 de Athýr . Otra de sus referencias es a la «búsqueda de Osiris» (52, 372B-C). La alegre reacción al hallazgo de Osiris y a su resurrección después de la muerte es ampliamente evidente en los textos egipcios de todos los períodos. Las referencias al calendario egipcio, que a propósito de los ritos y festivales existen en la obra de Plutarco, refuerzan la conclusión de que, en su mayor parte, está describiendo el culto practicado en Egipto.
Plutarco no proporciona una información extensa sobre las fiestas egipcias, pero a diferencia de otros autores, particularmente los clásicos, da en casi todas las referencias la fecha de la fiesta de manera precisa. El estudio de las fiestas egipcias ha generado abundante bibliografía, pero la fijación temporal de aquéllas, según los testimonios de otras fuentes y de forma especialmente aguda según este tratado, está sujeta a controversia por los problemas inherentes a la existencia de varios calendarios en uso en el Egipto greco-romano 23 . El año tradicional egipcio (el sotíaco) era de 365 días, cuyo comienzo teórico era fijado el primero de Thoth (19 de julio), fecha de la aparición de la estrella Sotis (Sirio), asimilada al primer día de la creación y que marcaba el comienzo de la inundación. El año estaba dividido en doce meses de treinta días, más cinco días al final llamados «adicionales» (hai epagómēnai hēmérai) . Estaba dividido en tres estaciones: Inundación, Germinación y Recolección. El cuarto de día que faltaba para que este año sotíaco fuera igual a un año solar y el desajuste progresivo entre la aparición del sol y de la estrella Sotis produjeron un desajuste cada vez mayor entre el calendario y los fenómenos naturales que celebraban las fiestas. En el año 30 a. C., en que el 1.° de Thoth coincidió con el 29 de agosto del calendario juliano, los romanos impusieron un nuevo calendario, que introducía en el uso corriente el «año alejandrino». El comienzo fue fijado definitivamente el 29 de agosto y cada cuatro años se añadió un día intercalar. Desde la época helenística, en fin, y bajo la influencia de los griegos, los sacerdotes egipcios habían calculado las fechas de las fiestas a partir del año sotíaco regularizado, gracias al sexto día intercalar preconizado por Eudoxo. Es lo que se constata en los Calendarios de Edfu, Denderah y Esna, por ejemplo. Gracias a él, las fiestas correspondías a las fechas naturales. En general, Plutarco da la fecha según el calendario alejandrino (fecha oficial), pero no siempre, probablemente debido a la diversidad de sus fuentes de información.
Sin ser un fenómeno exclusivamente egipcio, el culto a los animales fue más evidente en Egipto que en otras partes. Los griegos a menudo sintieron repulsa por su prominencia y es digno de notar que en los capítulos 71-76 Plutarco tiene algunas dificultades para hacer la defensa de su significado, basada fundamentalmente en su utilidad y simbolismo (caps. 74-75), aunque no sin censurar a los egipcios (71, 379E ss.) por una tendencia a venerar a los animales mismos en vez de las cualidades divinas que representan. Los datos de Plutarco en este aspecto parecen ser claramente egipcios 24 .
En cuanto a las ideas religiosas, el elemento egipcio se muestra quizá como el menos importante en la estructura final, intelectual, que Plutarco construye sobre la base de la religión de Osiris. En su forma desarrollada pocas de las ideas resultantes parecen tener alguna conexión con los datos religiosos del mito y del culto. Pero quedan algunas como base reconocible. Para Plutarco los misterios osirios son un medio de alcanzar la verdad filosófica e Isis es el repositorio de sabiduría que hace esto posible. El elogio de la sabiduría de Isis es al menos tan viejo como la «Historia de Isis y Ra» en el Papiro Mágico de Turín 131, 14-132, 1. A menudo tiene un sabor mágico más que filosófico. Según la exposición de Plutarco, Isis guía a los iniciados al conocimiento del ser supremo, Osiris, «el Primero y el Señor, a quien sólo la mente puede comprender» (2, 352A). Las bendiciones que se derivan de este conocimiento son la vida eterna y la inmortalidad. Osiris es ayudado en el juicio postmortem y Plutarco encuentra además en esta religión un ejemplo de pureza moral. Isis aparece como el modelo personal de cada día. Ella está subordinada a Osiris y hay restos de la doctrina de su unión e identificación con él (vid . cap. 78).
4. Visión de la religión egipcia por un filósofo griego: las ideas religiosas y filosóficas de Plutarco
Quizá sólo haya dos puntos en los que la crítica plutarquiana está de acuerdo respecto a sus ideas filosóficas: un declarado y consistente platonismo, aunque no de acuerdo en todos los aspectos con la ortodoxia de la escuela, como señala Russell 25 , y su eclecticismo. Posiblemente su eclecticismo filosófico lo inclinó hacia la tolerancia y su creencia en una aproximación racional a la mitología (68, 378A) le ayudó a tratar los mitos de otros pueblos en el mismo espíritu que los de los griegos, señala Griffiths 26 .
Alrededor del año 100 llegó a ser sacerdote de Delfos, cargo que quizá conservó hasta el final de su vida. Ello le permitió una familiaridad con las tradiciones religiosas y con sus aspectos más conservadores.
La primera nota que ha de ser destacada en su actitud para con los dioses de otras religiones y pueblos (Persia y Caldea), y especialmente de la egipcia, que fue la tratada con mayor profundidad, es la de su universalismo. Hay dos capítulos programáticos en el De Iside especialmente importantes en este sentido: 66 y 67. En ellos se muestra Plutarco preocupado por dar carácter internacional a los dioses de Egipto, a quienes considera realmente compartidos por griegos y egipcios, y en prevenirlos de llegar a ser la «peculiar propiedad de los egipcios» (66, 377C), porque los dioses de Egipto han sido largamente conocidos por todos los otros pueblos aunque no con sus nombres egipcios (66, 377D). Los dioses no son realmente distintos en los diferentes pueblos, sino que, a pesar de los diversos honores y los diversos modos de invocación, la única suprema razón y providencia es la misma por doquier y así lo son los poderes que las sirven en sus respectivas esferas (67, 377F).
Reitzenstein 27 cree que esta actitud es fundamentalmente estoica, al contener la doctrina estoica referencias a esa Razón y Providencia que está en la base de todo, y debido al cosmopolitismo de los estoicos, que ignoraban las barreras entre griegos y bárbaros. Pero existe una tradición en los escritores griegos que remonta a Heródoto. Como éste, Plutarco se refiere normalmente a los dioses egipcios por medio de nombres griegos, que han sido adscritos como el resultado de un proceso de identificación largo, puesto que es tradicional. A veces no se preocupa de suplir las dos series de nombres, como cuando menciona a Rea, Crono y Hermes al comienzo de la narrativa del mito (12, 355D), significando las deidades egipcias Nut, Geb y Thoth; otras se ocupa de la etimología de los nombres mismos incluyendo las formas egipcias, como por ejemplo de la de los nombres de Isis y Osiris. Sin embargo, Plutarco está lejos de la posición de Heródoto cuando éste establece «que los nombres de casi todos los dioses vienen de Egipto a Grecia» (2, 50), y a la vieja idea de la identidad de los dioses añadió la afirmación de que hay una razón controladora y una providencia, creencia mantenida antes de él por muchos pensadores griegos.
Pero, ¿cómo llevó a cabo Plutarco la exégesis de la naturaleza de los dioses egipcios, de los mitos? ¿en términos helénicos o de otros sistemas de pensamiento religioso, como el persa, o con una fidelidad a las explicaciones nativas y a los modos en que el pensamiento religioso egipcio difería del griego? Difícil cuestión a la que se han dedicado importantes tratados que en las páginas siguientes serán mencionados. Podríamos hablar de diversidad de exégesis que inciden en ese eclecticismo del pensamiento del Plutarco y en el que está implicada su compleja concepción teórico-filosófica. Plutarco expone sucesivamente cinco métodos de «desciframiento» del mito y culto osirio, con diversos grados de aceptación, y alguno, como el evemerismo, totalmente inaceptable para él. Froidefond 28 los etiqueta así, siguiendo el orden de presentación en el tratado: 1) «realista» (o evemerista) (359C-360D); 2) «demonológico» (360D-363D); 3) «físico» (esa forma de exégesis que se califica más frecuentemente de «alegórica»): a) geográfico y «meteorológico»: Osiris es el Nilo e Isis el valle del Nilo (363D-364A); b) físico: Osiris es el principio húmedo e Isis la tierra ávida de agua (364A-367C); c) astronómico (367C-368F); 4) «dualista» (369A-371A); 5) «dualista» y «platonizante» (371A-377A). Hani trata sistemáticamente los diversos tipos de exégesis —estos y otros con menor alcance— en más de un centenar de páginas de su libro 29 , sin seguir el orden que parece presentar Plutarco, que por otra parte tiene referencias cruzadas en muy diversos lugares. De él partimos para las siguientes consideraciones.
Cuando se trata un tema de tal complejidad en unas pocas páginas, quizá haya que destacar en primer lugar que Plutarco se propone seriamente cumplir con su confesado propósito de adaptar la teología egipcia a la filosofía platónica (48, 371A), usando explicaciones racionales y alegóricas. Son muchos los pasajes del De Iside que en este sentido podrían ser notados (se comentarán oportunamente en las notas a pie de página), pero quizá sirvan de ejemplo ilustrativo los capítulos 53-54, donde las doctrinas platónicas son expresamente aplicadas al mito: se elabora un sistema de creación en el que Osiris es el puro lógos creativo, Isis la materia y el elemento receptivo, y Horus, su retoño, es el mundo. Forman parte de ese bloque de capítulos, 49-64, enumerado en último lugar y etiquetado por Froidefond como «dualista» y «platonizante», en el que la exégesis platonizante se concentra de forma especial y en el que la explicación del dualismo divino, que lo había sido en términos de la doctrina de los démones en los capítulos precedentes, se hace según la ortodoxia platónica, como antítesis entre la racionalidad, el orden y la mesura de un lado, representados por Osiris, y de otro la pasión, el exceso y la violencia, que Seth simboliza.
Plutarco hace uso de la explicación alegórica (o alude a ella) en varios de sus tratados como un medio de «salvar el mito», como un remedio terapéutico. Sin embargo, es en el De Iside donde se aplica, quizá, de forma más clara. Son varios los pasajes de los que se deduce su método alegórico y la finalidad de éste 30 . La idea que inspira este acercamiento se encuentra recogida como gran principio al comienzo del tratado: debemos rogar a dios que nos conceda el conocimiento de él mismo pues «la divinidad no puede conceder nada más augusto que la verdad» (1, 351D) y «es aspirar a la divinidad desear la verdad» (2, 351E). Sobre la interpretación del mito: «no hay que tratar los mitos como historias absolutamente auténticas sino tomar de cada uno lo que es conveniente y verosímil» (58, 374E). Hay, pues, verdad en el mito y esto se afirma muy claramente del mito osirio después del relato de éste (29, 358F-359A). Pero en los mitos y los ritos hay símbolos (llega a afirmar en 11, 355B, que el significado simbólico es el único importante). Estos símbolos son transparentes u oscuros y debemos saber interpretarlos para evitar caer en la superstición o el ateísmo, tomando como guía e iniciador el razonamiento filosófico para no tener más que «pensamientos santos sobre la interpretación de las doctrinas y de los ritos» (68, 378A-B); Plutarco siempre enseña a Clea en el De Iside que es necesario recibir y escuchar sobre los dioses lo que enseñan aquellos cuya interpretación del mito se inspira en la piedad y en la filosofía (I 1, 355C). Se trata para él, pues, de extraer la verdad mediante la exégesis alegórica.
En 9, 354B-C, Plutarco sugiere que la religión egipcia es especialmente adecuada para tal tratamiento, pero en la práctica Plutarco no es un descubridor sino que se inserta en una larga tradición griega, pues el método de la exégesis alegórica remonta hasta los primeros filósofos 31 . La reflexión no tardó en suscitar un conflicto entre las exigencias del pensamiento racional y los datos del pensamiento primitivo vehiculado en los mitos. Sea que se quisiera liquidarlos pura y simplemente, sea que se tuviera el deseo de salvarlos, de cualquier forma no podían ser aceptados tal cual. Los que querían salvarlos se vieron obligados a encontrarles un sentido diferente del que ofrecían en su literalidad, de encontrarles un sentido oculto capaz de satisfacer la razón. La búsqueda se ejerció fundamentalmente sobre los mitos transmitidos por Homero y Hesíodo. Comenzó en el s. VI con los presocráticos y se constituyó formalmente con Teágenes de Regio (s. VI ), Anaxágoras, Demócrito, los sofistas y los cínicos. Adquirió su pleno desarrollo con los estoicos, que llevaron muy lejos el esfuerzo de racionalización científica de los mitos, y continuó practicándose cada vez más entre los historiadores como Evémero, Paléfato, Diodoro y Estrabón, los neoplatónicos y los neopitagóricos.
Entre los epígonos de la exégesis estoica y los primeros neoplatónicos se sitúa Plutarco. Se encuentra en el De Iside una recapitulación de casi todas las formas de la exégesis alegórica constituidas anteriormente: 1) la exégesis física, que ve bajo los mitos y los dioses realidades de orden físico, referentes a los elementos del mundo o su organización, para los que encontró un terreno abonado en el pensamiento religioso egipcio; exégesis ilustrada por los estoicos pero que remonta a la filosofía presocrática; 2) exégesis histórica que remonta a los sofistas, muy en honor en la escuela aristotélica y que ve en los mitos y en los dioses hechos y personajes de la historia del mundo, pero deformados por lo maravilloso y mal interpretados: la forma más aguda de esta exégesis fue puesta en práctica por Evémero. No se encuentra en el De Iside la exégesis psicológica y moral que se encuentra en otros tratados y diálogos de Plutarco, en cambio sí está extensamente desarrollada la exégesis mística (3), de inspiración platónica, cuyo pleno desarrollo tendrá lugar en el siglo siguiente entre los neoplatónicos y los neopitagóricos, y que ve en los mitos y los dioses símbolos de las realidades espirituales más altas. Ésta —que previene contra las exégesis materialistas, el historicismo de Evémero y el fisicismo de los estoicos— caracteriza en profundidad el pensamiento de Plutarco y conforma la marcha y el plan de todo el tratado.
Plutarco aplica la exégesis alegórica no sólo al mito y a los dioses, sino continuamente al culto y a los objetos de culto. Se preocupará de explicar, uniéndolos a la exégesis del mito, todos los ritos propiamente tifónicos o el culto animal y, de una manera general, todo lo que hiere de entrada su sentimiento religioso; intentará extraer el sentido de los tabúes, el simbolismo del sistro o de los perfumes rituales.
Una variedad más de la exégesis alegórica es la etimología. Plutarco hace un uso particularmente abundante, pero aquí tampoco es un innovador sino que se inserta en una tradición que hunde sus raíces en Homero y los trágicos. La etimología alegórica consiste en extraer el sentido oculto de una palabra, considerando que su raíz o raíces vienen de otra, con la que, en realidad, no tiene relación lingüística o semántica, pero que parece expresar una coincidencia de orden conceptual con ella. Tal método está fundado sobre la creencia de que la homofonía de los nombres, que hoy consideramos fortuita o como resultante de un acercamiento arbitrario, expresa de hecho la identidad profunda de los objetos designados. Crisipo explicaba que se había dado al sol el nombre de Apolo porque el sol es único, lo contrario de la pluralidad (a-pollôn) . Este tipo de etimología que se reduce al calambur está fundada sobre el principio de que el juego de palabras expresa una connaturalidad o una explicación de causa a efecto. Los estoicos hicieron de este tipo de etimología un uso desmesurado. Plutarco evoca a Platón, que ha estudiado largamente la etimología en su Crátilo .
Al lado de la etimología alegórica, Plutarco presenta a veces la etimología lingüística exacta. Interpreta el nombre de Serapis por el egipcio sairei «alegría» (29, 362D) y en el mismo capítulo da la etimología científicamente justa: Osiris-Apis. Su uso frecuente de la «etimología múltiple» le permite extraer a partir del nombre de un dios su «ser múltiple» evocando varias etimologías diferentes. Se trata de acudir a todos los medios capaces de conceptualizar las entidades mitológicas o los dioses de la religión popular. Es a propósito de Isis y Osiris cuando Plutarco utiliza con mayor frecuencia las «etimologías múltiples» (caps. 10, 37, 52, 60-62). Así, poniendo el ejemplo del nombre de Osiris, lo hace derivar de ho Seírios (52, 372D), de hósios-hierós (61, 375D) y del egipcio os-iri , que corresponde al griego polyóphthalmos (10, 355A). Esta última etimología que es gramaticalmente correcta, no es seguramente la etimología primitiva; es popular 32 y formada de la misma manera que, por ejemplo, entre los griegos, la del nombre de Apolo mencionado antes. Parece que Plutarco usa las etimologías múltiples con el cuidado de no omitir ningún aspecto significativo del mito osirio.
Egipto ha practicado la etimología alegórica de una manera incluso más extensa y sistemática que Grecia y de una manera mucho más «seria» en el sentido de que el método formaba parte de la ciencia sacerdotal, en la que ella servía para interpretar los nombres divinos 33 . Griffiths examina una treintena de etimologías sacadas del egipcio 34 y esto nos introduce en un aspecto de la etimología, característico del De Iside , que es la explicación de palabras griegas a través del egipcio y de palabras egipcias a través del griego. Parmentier ve ecos de una polémica de egiptómanos y helenófilos 35 .
Pasando a otro tipo de exégesis, observamos en la obra de Plutarco y concretamente en el De Iside atisbos de un monoteísmo religioso: habla de «los dioses», pero también de ho theós «la divinidad» (1, 351D; 45, 369A), de tò theîon «lo divino». No mantuvo, sin embargo, la existencia de un solo dios, y cuando aparece ho theós difícilmente puede ser un dios particular. La presencia del mal en el mundo lleva a Plutarco a postular una concepción dualista o pluralista de la divinidad. En el De Iside (especialmente 358E-361E) Plutarco busca una explicación aceptable de la espantosa historia del traidor asesinato de Osiris y consiguiente desmembramiento por Tifón. No se trata, según sus palabras, de ficción poética, es un mito significativo y la tradición egipcia es antigua e importante. Una interpretación histórica o evemerística es impía. «Mejor —menos ofensiva, más apropiada— es la aproximación sugerida por la doctrina de los démones». Ésta se halla recogida fundamentalmente en el De Iside y en el De defectu oraculorum (caps. 10 y ss.), pero también aparece incidentalmente en algún otro tratado (De facie in orbe lunae, De genio Socratis) y en las Vidas . Tiene su base en la tradición literaria y filosófica, en la sabiduría oriental y en las creencias populares de la Hélade. Plutarco cita autoridades clásicas: Pitágoras, Platón, Jenócrates —discípulo de Platón—, el estoico Crisipo, que se basan a su vez sobre más tempranos teólogos. En el De defectu oraculorum cita también a Empédocles y Demócrito, 17, 419A, y en 10, 414F, Zoroastro y otras fuentes extranjeras son mencionadas en el discurso de Cleómbroto. También en ambos tratados son citados autores poéticos: en el De Iside , 360F-361A, se dice que Homero usaba el adjetivo daimónios de lo bueno y lo malo indistintamente, anticipando así el punto de vista de Jenócrates y otros de que algunos daímones tienen naturalezas siniestras. En el De defectu , Cleómbroto aduce piezas de información ligeramente diferentes: Homero usa daímones como sinónimo de theoí «dioses» (también en De Iside , 361A, en el ejemplo homérico citado de Il . V 438 = XVI 705 = XX 447) y Hesíodo (Trabajos y Días , 122) fue el primero en distinguir claramente los diversos grados de seres racionales: dioses, démones, héroes, hombres. Este pasaje de Hesíodo juntamente con las manifestaciones sobre los démones en el Banquete de Platón constituyeron, en opinión de Russell 36 , los textos centrales justificatorios que escritores tardíos sobre este tema acostumbraron a aducir.
Como un intérprete de Platón, Plutarco consideró la causa del mal en el mundo como psíquica y no material. Sin duda fue tentado a unir esta doctrina con el concepto de seres demónicos, sean almas liberadas de los cuerpos o semidioses, algunos de los cuales pueden ser peligrosamente malévolos a no ser que su cólera fuera alejada por rituales apotropaicos. Esto parece haber sido lo que Jenócrates mantuvo. No está claro si Plutarco finalmente se formó un criterio sobre ello, pero ciertamente lo conoció y reflexionó sobre esta posibilidad. Sin duda compartió, además, un sentimiento religioso característico de su tiempo: la exigencia de seres intermedios entre dioses y hombres, fenómeno ampliamente difundido en la época en la que el cristianismo echa sus raíces.
En los capítulos 46 y 47 del De Iside trata de la doctrina del zoroastrismo, según la cual existen dos dioses creadores, uno del bien, otro del mal, dotados de algún modo de actividades rivales, y aquél ha de ser llamado dios, mientras que el principio malo, demon. Más recientemente 37 ha sido reivindicada esta influencia de la doctrina de Zoroastro en la demonología de Plutarco, frente a una más marcada herencia neoplatónica o pitagórica defendida por otros autores 38 .
En 360D-E Plutarco divide los démones en dos clases, los buenos y los que son malevolentes y morosos, de modo que presumiblemente son considerados como servidores de uno de los dos poderes supremos, el del bien y el del mal, aunque su naturaleza es descrita una vez (360E) como diversamente compuesta de virtud y vicio, como la de los hombres. En 361E las categorías de dios y demon no parecen estar rígidamente desmarcadas, puesto que Isis y Osiris se dice que fueron elevados de buenos démones a dioses.
Griffiths 39 señala que difícilmente pueden negarse que el núcleo del De Iside consiste en una interpretación del mito de Osiris en el que un énfasis dualístico (lucha de Osiris y Tifón, éste descrito como un «poder demónico» por los pitagóricos, según 363A) acompaña a una elaborada demonología. En la mayor parte de las otras obras Plutarco no propuso un radical dualismo y puede inferirse que al tratar de la religión egipcia fue inducido por la naturaleza del material, especialmente por la tradición de un conflicto divino que estaba inserto en el mito de Osiris.
No es constante, pues, en sus obras la existencia de démones. Ello nos lleva a la valoración de esta doctrina en la obra de Plutarco y a la pregunta de si llegó a crear un sistema demonológico coherente, lo cual ha suscitado el interés de los estudiosos de su pensamiento religioso y de la filosofía en general, en la medida en que, dada su aparición en el Platonismo medio, tiene mucha relación con el desarrollo de la filosofía antigua y es importante para nuestra comprensión del pensamiento en este período. La obra clásica sobre el tema es el libro de Soury 40 y una parte importante está dedicada a él en el más reciente libro de Brenk, entre una abundantísima bibliografía 41 . En la introducción a su libro, Brenk hace una breve reseña de ella que pone de manifiesto lo controvertido del tema, señalando que, a pesar de las palabras de cautela, ahora y antes, de prominentes estudiosos, a menudo se sobreentiende casi tácitamente o se toma sin cuestionar que Plutarco creía ardientemente en démones del mal y que, además, está implícito que Plutarco evolucionó de un radical racionalismo en su juventud a formas de misticismo y sincretismo que fueron ocasionalmente supersticiosas; sin embargo, estas posiciones a veces dependen de una gran torpeza en el tratamiento de la cronología relativa, o cronología relativa asumida, de un diálogo y en la apreciación de la naturaleza de las manifestaciones hechas por Plutarco, que hay que interpretarlas en su contexto. Ziegler 42 había tenido una posición moderada, limitando la creencia en démones por parte de Plutarco a la de Platón y expresando escepticismo sobre los intentos de establecer una cronología para los tratados religiosos de la madurez o sistematizar la demonología. Nilsson 43 , antes de su descripción de la demonología de Plutarco, advertía al lector de que está dando opiniones que aparecen en las obras de Plutarco, no necesariamente las opiniones de éste. Russell 44 admite la importancia de los démones en Plutarco, pero, en su opinión, es equivocado atribuir cualquier sistema firme de demonología a Plutarco y, al referirse a la obra de Soury como el tratamiento más sustancial del tema, añade como reserva que quizá el libro representa los puntos de vista de Plutarco como más coherentes de lo que probablemente fueron. Con él coincide básicamente Brenk, al manifestar explícitamente en la citada introducción, que la creencia de Plutarco en démones es mucho más escéptica y más complicada de lo que la mayor parte de los estudiosos podría creer y que las descripciones sobre el tema en las historias de la filosofía son a menudo, si no una pura ficción, al menos manifiestamente equivocadas.
II
FUENTES . VISITA A EGIPTO . EL USO DE LA LENGUA EGIPCIA
La investigación de las fuentes del De Iside se enmarca en la de las fuentes de Plutarco en general, pero con una importante particularidad que añadir: es la obra de un griego sobre religión egipcia. La Quellenforschung ha sido punto cardinal, especialmente en el s. XIX , en los trabajos sobre este autor, considerado punto de referencia de la mayor importancia para la reconstrucción de la historia griega entre Jenofonte y Tácito y de la filosofía griega del mismo período. La vasta obra de Plutarco, con puntos de vista demasiado diversos, invitaba a la búsqueda de un autor (o autores) para nosotros desconocido o conocido sólo de nombre, del que él tomara página por página sin darse cuenta de que estaba poniendo juntas opiniones irreconciliables, o bien a concluir que sus numerosas citas textuales 45 no eran fruto de sus extensas lecturas sobre las fuentes originales, sino de segunda mano sobre florilegios o excerpta . La reciente investigación, en cambio, ha reivindicado una aproximación de Plutarco a sus fuentes y su originalidad, además de que él ha utilizado la epigrafía, la arquitectura, las comunicaciones orales 46 . Lejos parece que estamos de buscar hoy o una compilación bio tripartita de origen estoico y de la época de Zenón 47 o a un platonista ecléctico del siglo I 48 , o de acudir a Apion 49 , predecesor de Queremón en la dirección del Museo de Alejandría y adepto como él al sincretismo que la escuela de Alejandría intentó organizar alrededor del Platonismo y del Pitagorismo —con una aportación importante, sin duda, de estoicismo— teniendo en cuenta las creencias egipcias.
El estudio de las fuentes del De Iside tiene una doble vertiente, como el de las del resto de sus escritos: fundamentos temáticos para el abanico de contenidos e ideas que presenta (pero muy especialmente los que se refieren a Egipto) y procedencia de las citas textuales, en general engarzadas con aquéllos, pero no siempre. Hay que añadir la posibilidad de que Plutarco fuera testigo ocular de cultos egipcios y con información de primera mano (quizá de los sacerdotes egipcios) para hechos a los que hace referencia, y su posible vinculación (o al menos una cierta familiaridad) con los misterios de Osiris e Isis.
Es espléndido el capítulo sobre las fuente del De Iside que Griffiths elabora en la introducción a su comentario. Sin embargo sus conclusiones distan de ser claras, quizá porque es imposible que lo sean. Importante información es proporcionada también por Hani y ahora por Froidefond 50 , con la importante novedad de la reivindicación por parte de éste de Heródoto como fuente, autor de la primera compilación de aigyptiaká , el libro II de sus Historias . En su opinión ciertos pasajes del De Iside pueden explicarse como una continuación (más liberal, más serena) a los ataques del De malignitate . Ha conservado errores que ya Heródoto manifiesta, incluso están agravados por la amalgama de varios pasajes del libro II de sus Historias . Existen asociaciones o recurrencias de hechos o de ideas notablemente idénticas; su huella se ve también en los relatos etiológicos.
Entre los autores citados en el De Iside están Homero, Platón, Simónides, Hesíodo, Hermódoto, Eurípides, Anaxágoras, Aristóteles, Cleantes, Teodoro, los Pitagóricos, Esquilo y Píndaro.
La información sobre Egipto, tanto en el De Iside como en otros pasajes de sus Moralia es obtenida ante todo por Plutarco en los libros, sobre todo los de historiadores, filósofos, rétores, periégetas y paradoxógrafos de época helenística que trataban sobre aquél. No siempre es fácil señalar éstos, pues Plutarco en muchos casos se refiere a: hoi Aigýptioi, hoi mén, polloì dé, hoi hiereîs, tines , etc. Menciona diecinueve autores y cinco obras anónimas: Alexarco, Anticlides, Arquémaco de Eubea, Aristágoras, Aristón, Castor, Dinón, Eudoxo de Cnido, Evémero, Hecateo de Abdera, Helánico, Heraclides Póntico, Hermeo, Manetón, Mnaseas, Filarco, Sócrates, Teopompo, Jenófanes; anónimos: Escritos Frigios, Aniversarios de Horus, Libros Herméticos, Genealogías de los reyes, Himnos de Osiris . Es muy difícil determinar de manera exacta el alcance y los límites de lo que Plutarco ha tomado de ellas, en la medida en que las obras han perecido y que no poseemos más que miserables fragmentos. Entre los autores citados, algunos parece que no han hablado más que accesoriamente sobre Egipto a propósito de estudios generales de historia o mitología; los otros, al contrario, han dejado obras especialmente consagradas a la historia o a la religión egipcia. De estos últimos, tres han destacarse: Eudoxo, Hecateo de Abdera y Manetón.
Eudoxo de Cnido (c. 408-355 a. C.) 51 , matemático, astrónomo, médico, filósofo, rétor, historiador y geógrafo, hacia el 380-381 a. C. vivió dieciséis meses en Egipto, bajo el reinado de Nectánebo y recibió en Menfis la enseñanza del sacerdote Conufis. Plucarco conocía su Vuelta al mundo que comprendía aigyptiaká . De Hecateo de Abdera 52 se conoce sólo el episodio de su viaje a Egipto, bajo los primeros Ptolomeos, bajo el reinado de Ptolomeo Soter (305-282 a. C.). Sus Aigyptiaká no son una historia de Egipto sino una historia filosófica. Hecateo, que buscaba cuál es la mejor forma de gobierno, la encontraba en el despotismo ilustrado de los Lágidas. El libro habla también de los dioses egipcios y exponía una teología naturalista. Manetón 53 , que escribió poco después de Hecateo, es seguramente la fuente principal de Plutarco. Este egipcio era originario de Sebenito en el oeste del Delta. Fue sacerdote en Heliópolis, bajo los dos primeros Ptolomeos y jugó un gran papel en la organización del culto de Serapis. Su obra, en griego, comprendía Aigyptiaká , una historia de Egipto desde los tiempos más tempranos hasta el 323 a. C. dedicada a Ptolomeo Filadelfo, y al menos tres obras sobre religión: El libro sagrado, Sobre las fiestas, Sobre la antigua costumbre y la piedad . Son bastantes los pasajes del De Iside que delatan una dependencia, en algunos casos, como en la preparación del kŷphi o en la reseña de Plutarco de las fiestas egipcias, bastante directa.
Todavía es posible reivindicar una relación inmediata con la religión egipcia, aunque la evidencia interna sugiere que el autor está en deuda más con fuentes escritas que con la experiencia personal. Según su propio testimonio (en Quaest. conv . V 5, 1 [Mor . 678C] menciona su vuelta de Alejandría) realizó una visita a Egipto de la que no cabe duda 54 , aunque su estancia en Alejandría fuera breve. Su maestro en Atenas, Amonio, era egipcio, según Eunapio (Vit. philos . 454); de él se conocen pocas cosas, sólo a través de noticias alusivas de Plutarco 55 , pero seguro que atrajo la atención de su discípulo sobre Egipto.
Está además la cuestión de su contacto con cultos egipcios en el propio suelo griego. En su propia ciudad, Queronea, y en Orcómeno, unas actas de manumisión de esclavos que datan de la primera parte del s. II a. C. contienen evidencia del culto de Isis y Serapis. Hay además inscripciones que llevan los nombres de Isis y Osiris. Rusch 56 concluye que el culto, en fecha tan temprana como el s. III a. C., había llegado no sólo a las ciudades que comerciaban con Egipto, sino además a aquéllas situadas en Grecia Central. Clea, a quien el tratado De Iside está dedicado, en 35, 364E se dice que había sido consagrada en los ritos osirios por su padre y por su madre, y la introducción al tratado podría apoyar que era una sacerdotisa de Isis: en 2, 351E se dice que sirve a Isis (therapeúeis) y en 3, 352C que es devota de Isis. Pero el lugar en el que ha ejercido este sacerdocio no es seguro: Plutarco menciona sólo su servicio dionisíaco en conexión con Delfos y no hay evidencia de que un culto de Isis u Osiris haya sido establecido en ese lugar. En cualquier caso, su participación en el culto de Isis y su amistad con Plutarco posiblemente influyeron para que Plutarco escribiera sobre el mito de Osiris. Queda todavía una última cuestión: ¿fue él mismo un iniciado en los misterios de Osiris e Isis? Sabemos por Cons. ad uxorem 10 (Mor . 611D) que lo fue en los misterios de Dioniso. Algunos datos internos podrían hacerlo sospechar (ej. 2, 351E; 2, 352A) y ha habido autores que enardecidamente lo han defendido y otros que tan enardecidamente lo han negado. Una cosa es segura: nunca usa la primera persona del singular en sus descripciones del culto. Aunque estos contactos existieran fueron sólo, posiblemente, piensa Griffiths 57 , el impulso para preguntarse por cuestiones fundamentales de la religión egipcia, para cuyas respuestas buscó información en fuentes literarias que trataban de la religión osiria e isíaca en Egipto. Son fuentes en lengua griega, pues su ignorancia del egipcio le impedía la utilización de fuentes de primera mano o de información recogida allí personalmente. De este aspecto, precisamente, del uso del egipcio en su obra vamos a tratar como último punto.
Aunque Plutarco invoca a menudo la evidencia de los propios egipcios —«los sacerdotes dicen» (21, 359C), «la mayor parte de los sacerdortes dicen» (29, 362C), «los más sabios de los sacerdotes no solamente llaman al Nilo Osiris...» (33, 364A), «los egipcios cuentan» (22, 359E), «los egipcios cuentan en sus mitos» (42, 367E)— es improbable que se trate de testimonios directos (dos de los verbos, historoûsi y mythologoûsi , tienen un sabor literario), sino que partiría de fuentes escritas que habían recogido testimonios orales.
Plutarco sobrepasa a Heródoto y a la mayor parte de los otros escritores griegos en cantidad y calidad de sus comentarios lingüísticos sobre el egipcio. Estos comentarios, podría argumentarse, están en su mayor parte engarzados en sus fuentes, pero podría haber omitido las notas lingüísticas si no le hubieran interesado. Un importante estímulo fue el uso de la etimología como parte del método alegórico.
Plutarco tiene más de treinta referencias lingüísticas al egipcio. Incluye etimologías que conciernen a palabras egipcias o al modo de escritura. Además reproduce un número de nombres propios procedentes del egipcio. Aunque él escribía el tratado en un momento en el que el demótico 58 llevaba mucho tiempo en uso y cuando ya el copto 59 , aunque esporádicamente, empezaba a estarlo, todas las alusiones de Plutarco a los modos de escritura son al jeroglífico, y sus etimologías y derivaciones parecen implicar a menudo una fase mucho más temprana de la lengua que la de su tiempo. Esto podría parecer sorprendente, pero el análisis de sus fuentes ha mostrado que su material remonta en parte a Manetón, e incluso más allá, y que incluso Manetón y otras fuentes pueden estar describiendo una situación que largamente les antecedía.
Es cierto que en la era greco-romana la escritura jeroglífica permanecía en uso, especialmente en las inscripciones de los templos. Continuaba también siendo usado el hierático, la forma cursiva desarrollada del jeroglífico, aunque el demótico tiende a reemplazarlo. Sus referencias a la escritura jeroglífica presuponen que todos los signos son ideográficos y no era así. El jeroglífico, como el demótico, disponía de un alfabeto casi completo, con signos unilíteros o plurilíteros (comprendiendo éstos dos o tres consonantes). Fue un error, que compartió con otros escritores clásicos, considerarlos todos ideogramas, cuando el elemento fonético está presente en la mayor parte de los casos 60 . Así por ejemplo en 10, 354E, donde compara la escritura jeroglífica con los dichos pitagóricos, él está pensando en el elemento figurativo o simbólico de los citados dichos. En 32, 363F, dice que «ellos escriben la palabra ‘odio’ con el signo de un pez». Sólo es cierto en parte pues el signo es usado como un determinativo para bwt «abominación» y, ocasionalmente, como un ideograma para la palabra.
Griffiths 61 da una utilísima lista, siguiendo los capítulos del tratado, con los comentarios de Plutarco sobre el egipcio y con los términos egipcios o griegos con etimología egipcia, citados o explicados por éste, acompañándola de su interpretación crítica sobre datos fonéticos, etimológicos, de grafía, etc., referidos a la lengua y escrituras egipcias y copta. La mayor parte de las escrituras egipcias que son implicadas en estas alusiones parecen derivar del Imperio Nuevo o de la Época ptolemaica.
III
FORMA DEL TRATADO . FECHA Y LUGAR DE COMPOSICION
La forma del tratado es difícil de definir: Hirzel 62 lo califica de Halbdialog «semidiálogo» y también de Brief «carta». El Catálogo de Lamprias (n.° 118) lo califica de lógos y varios manuscritos tienen hieròs lógos como parte del título. De ahí que los pocos estudiosos que pretenden dar una respuesta se inclinen por una clasificación menos comprometida que aquél adscribiéndolo al «género diatríbico» 63 . Diatribḗ , «diatriba», es un término útil y muy usado desde la publicación de la obra de Usener 64 , señala Russell 65 , para describir una lección o discurso sobre un tema moral, marcado por una mezcla de seriedad con humor y una cierta vivacidad e inmediatez en el lenguaje, y Froidefond, que también lo califica de diatriba, abunda en alguna de estas características (carácter muy concreto y familiar de las imágenes) y en otras (importancia concedida en el De Iside al ascetismo egipcio 66 ).
La obra está dedicada a Clea, mediante la simple mención de su nombre, y, a modo de carta 67 , a ella se dirige varias veces en el tratado desde la primera línea: 1, 351C; 3, 352C; 35, 364D-E; (cf. además 2, 351E; 11, 355B-D; 20, 358E-F, en los que, sin mencionar su nombre, la interpela). A Clea está también dedicado el Mulierum virtutes . Plutarco la presenta en el De Iside 35, 364E como «jefa de las Tíades en Delfos».
Precisamente, la posible identificación de Clea ha sido utilizada en los intentos de datación más precisa del De Iside . Varios estudiosos desde Jannoray 68 piensan que la Clea mencionada en dos inscripciones de Delfos es la misma persona: en una (del tiempo de Antonino Pío, 138-161 d. C.) es llamada «Flavia Clea, jefa (de las Tíades)» y en la otra (de la segunda mitad o del final de la época de Adriano, 117-138 d. C.) dedica la estatua de su madre. Ello permite concluir a Jannoray que la carrera de Plutarco pudo haberse prolongado hasta el 125-130 d. C. y que él escribió el De Iside hacia el final de su vida. Han surgido, sin embargo, algunas dudas sobre la mencionada identificación y se piensa que son dos las mujeres que están implicadas 69 , aunque Flacelière cree que se apoyan en argumentos no firmes 70 . La fecha límite del 120 para el final de la vida de Plutarco, señalada por Ziegler, cuenta también con defensores 71 y el De Iside sería probablemente escrito uno o dos años antes de su muerte 72 .
Se han considerado todavía criterios internos de estilo y evolución del pensamiento de Plutarco, aunque éstos no puedan aportar unas fechas tan precisas. Griffiths concluye acerca del estilo en su estudio: «Desde el punto de vista estilístico el De Iside parece característico de la última manera de Plutarco» 73 . No es sólo que ciertos rasgos llamativos de la retórica (asíndetos, polisíndetos, interrogaciones retóricas, etc.) sean menos frecuentes, sino que se observa quizá, en las últimas obras, un estilo más personal, entre ellas en el De Iside . Nunca estuvo, sin embargo, al margen del influjo retórico, ni al final de su vida, con períodos muy elaborados y antítesis isocráticas, pero también la mejor calificación puede ser la de Norden: «un arcaizante independiente» 74 . El período es con frecuencia muy desarrollado y no tan equilibrado como el lector desearía, lleno de restricciones, matices, expansiones que se consiguen con frases participiales y de relativo enlazadas de forma compleja, y en el que la copia verborum , no sólo en busca del juego fónico o paronomásico, sino en aras de matizar los significados, desempeña un importantísimo papel y añade dificultad al traductor 75 .
Conclusiones de distinto signo caracterizan también el De Iside como una obra tardía de Plutarco: evolución del monismo al dualismo y «de un racionalismo radical a formas de misticismo y sincretismo que fueron ocasionalmente supersticiosas»; síntesis de la religión griega y egipcia en una religión universal, con el intento de solucionar el problema que fue la pesadilla de Platón: el problema del mal 76 .
IV
ESTRUCTURA DE LA OBRA
Es posible descubrir en el De Iside un trazado, pero limitado sólo a grandes bloques «temáticos». Más difícil es encontrar una idea básica estructuradora, aunque ha habido algún intento en este sentido. Incluso en una estructuración global, a la que vamos a referirnos, hay anticipaciones, reiteraciones, referencias cruzadas, incluso «contradicciones», casi podríamos decir, en la presentación de algunas ideas.
Una introducción inicial comprende los capítulos 1-11: encomio de Isis como diosa de la verdad (1-2) y elogio de la sabiduría egipcia, particularmente en materia de religión (3-11); a continuación viene la exposición del mito, capítulos 12-21, con la leyenda de la muerte de Osiris y las peripecias de Isis en busca de su cadáver. El grueso del tratado lo constituye la interpretación teológico-filosófica del mito y del culto osirio, capítulo 22-70, parte a su vez seccionable, como hemos expuesto en 4 (págs. 24 y ss.). Se sitúan dos excursus al final de la obra: uno más amplio y detallado sobre el culto de los animales en Egipto (71-76), otro más breve sobre la costumbre de quemar esencias aromáticas, entre las cuales está el kŷphi , una mezcla que recibe especial atención (79-80). Se ha referido brevemente a los vestidos sagrados en el capítulo 76. Con la descripción del kŷphi termina de una manera brusca el tratado. Realmente el capítulo que sirve de conclusión, desde el punto de vista de lo que el lector moderno esperaría, es el 78. Es un capítulo que resume la interpretación filosófico-platónica de Plutarco de la religión de Osiris e Isis. Los capítulos siguientes han sido añadidos para cumplir la promesa hecha en 52, 372C.
V
TRANSMISION DEL TEXTO 77 Y NOTAS SOBRE EDICIONES , COMENTARIOS Y TRADUCCIONES
El De Iside figura bajo el título Perì toû kat’ Ísin lógou kaì Sárapin en el Catálogo de Lamprias (n.° 118), una lista de las obras de Plutarco comúnmente atribuida a un pretendido hijo suyo de nombre Lamprias, pero en realidad, un catálogo de una biblioteca del s. III o IV . La historia del texto del tratado es oscura, como para una parte de la obra de Plutarco, hasta el Renacimiento de los Paleólogos en el s. XIII . Eusebio de Cesarea, en el primer tercio del s. IV , en su Preparación Evangélica , cita cuatro pasajes del De Iside , y Estobeo en el s. V tiene extractos, junto a los de otros tratados de Moralia , en su Antología . El De Iside no está representado en los mss. más antiguos de Moralia , de los s. X -XII , en los que de forma parcial o total se recoge el grupo de los ēthiká (los tratados 1 a 21), sino sólo en manuscritos de los s. XIII -XV . A comienzos del último decenio del s. XIII , el monje erudito Máximo Planudes, admirador de Plutarco, decide hacer una edición completa de las obras de este autor. De él parte la tradición moderna del texto del De Iside y de la mayor parte de la obra de Plutarco.
El De Iside ha sido transmitido en 17 manuscritos. En las introducciones de las ediciones recientes, tomadas como base para nuestra traducción y que a continuación se citan, aparecen alistados. Una buena parte ha sido colacionada y se han puesto en evidencia las grandes familias, aunque a veces es difícil precisar las relaciones que los manuscritos tienen entre sí. Sólo queremos referirnos brevemente a aquellos que constituyen la base misma de la tradición planudea y en dos de los cuales la intervención directa, como copista o como revisor, del propio Planudes parece cierta: el Ambrosianus 859, que en las ediciones lleva la sigla a, que contiene los tratados 1 a 69 de los Moralia y las Vidas de Galba y Otón , datable entre el 1295-1296, y el Parisinus gr . 1671 (sigla A) datado en 1296, copia del anterior para los tratados de Moralia , pero que además contiene las Vidas . Posterior a la muerte de Planudes (c. 1305) en unos cincuenta años es el Parisinus gr . 1672 (sigla E), de gran formato y el más completo de los manuscritos de Plutarco, obra de varios copistas, con las Vidas Paralelas y los tratados 1-78 de Moralia . El Vindobonensis 46 (sigla v), del s. XV , parece ser uno de los descendientes directos de la fuente de Planudes para los tratados 22 a 34, entre ellos el De Iside , y por lo tanto está indemne de las correcciones de Planudes con lo que ello pueda tener de interés para la colación del texto.
De 1509 es la edición Aldina de Moralia , reimpresa en Basilea en 1542 78 ; de 1574 la de Xylander en Basilea, que ya había publicado una traducción latina en 1570. La primera edición completa, con las Vidas añadidas a los Moralia , en 13 vols., es la de Estéfano, publicada en París en 1572. Después de su muerte, su Plutarco es reeditado en Francfort en 1599, bajo la forma de dos tomos en folio (I Vitae; II Moralia) en los que el texto griego de Estéfano y la traducción latina de Cruser y Xylander están dispuestos sobre la misma página en dos columnas. Es al número de las páginas de esta edición y a las letras que subdividen la columna a los que reenvían todas las ediciones ulteriores de Plutarco. La edición será reimpresa en Francfort en 1620 y en París en 1624.
Un siglo y medio pasa hasta la edición de Reiske (Leipzig, 12 vols., 1774-1782; Moralia VI-X). La primera edición crítica, de gran valor, es la de Wyttenbach, aparecida en Oxford a partir de 1795, que enumera no menos de 30 manuscritos a los que adscribió siglas. Además de la ed. de Hütten (Tubinga, 1796-1805) hay que citar la de Dübner (con traducción latina) para la Colección Didot (t. III y IV, aparecidos en 1839 y 1841). La primera edición en la Bibliotheca Teubneriana fue dada por Bernardakis, publicando 7 volúmenes de 1888 a 1896, en la que se prima la conjetura a la colación de los manuscritos. La última edición de esta misma colección ha salido, en cambio, a lo largo de un gran período de tiempo y es obra de diversos editores agrupados en torno a Hubert y Pohlenz, dando la edición crítica que se esperaba. Con ello llegamos a las más modernas ediciones: como las de Teubner, también las de las Colecciones Loeb y Budé son obra de colaboración de varios editores.
Hemos tomado como base de nuestra traducción la edición de Sieveking (t. II, Leipzig, 1935 [19281 ]) en aras de una uniformidad con el texto base de la traducción de otros tratados en la Biblioteca Clásica Gredos y porque es una edición que realmente supuso un importante avance en la fijación del texto. Sin embargo, creemos que pesa demasiado sobre Sieveking la obsesión por dar un texto libre de hiatos, en la idea de que Plutarco fue extremadamente escrupuloso en este aspecto, llegando a prescindir, en ocasiones, del texto transmitido.
El De Iside es un tratado privilegiado por la atención individualizada que ha recibido en este siglo, iniciada en la edición de Samuel Squire, De Iside et Osiride (Cambridge, 1744), con texto y notas textuales del editor, y comentarios de Markland, Baxter y Bentley, y en la de G. Parthey, Plutarch über Isis und Osiris (Berlín, 1850), cuyo comentario, a pesar de haber nacido en un momento álgido de los estudios egiptológicos, está, sin embargo, envejecido hoy por los progresos en esta disciplina, pero con aparato crítico, notas y traducción siempre útiles. En la Colección de la Loeb Classical Library el De Iside ha sido editado en el vol. V por F. C. Babbitt. Es un texto que, sin excluir algunas sugerencias textuales útiles abunda en conjeturas personales, a veces un tanto aventuradas; su traducción, sin embargo, es ajustada. El libro de Th. Hopfner (1940-1941) no es realmente una edición: en el primer volumen trata el mito, danto el texto griego de los caps. 12-19 y partes de 20-21; añade una traducción sobre la página opuesta y unas pocas notas textuales, y después sigue un largo comentario. En el volumen II, que recibe el título de «Interpretaciones del mito», trata el resto de la obra; no se da texto griego, pero el volumen se abre con una traducción de los caps. 1-11 y 22-80; el comentario que sigue incluye algunas notas textuales. Es un precedente valioso al de Griffiths, más cuando se apoya en el material literario comparativo en griego y latín que cuando lo hace en las fuentes egipcias, pues no era un egiptólogo y su conocimiento aquí es de segunda mano. Tras la edición de Cilento (1962) en un volumen que comprende además los tres diálogos délficos, que no tiene aparato crítico, cuyo comentario se reduce a notas a pie de página dando paralelos y que tanto en el texto como en la traducción sigue de cerca a Babbitt, Griffiths en 1970 da la edición esperada. En el Prefacio, pág. XV, da cuenta de sus propósitos, generosamente cumplidos en la realización final: en primer lugar, ofrecer una nueva recensión del texto, con una representación más completa de la evidencia de los manuscritos que la que se había logrado hasta ese momento; un estudio especial de las fuentes, que le llevó a algunas nuevas conclusiones, y en la introducción y el amplio comentario ha intentado constantemente poner en relación los datos presentados por Plutarco con la evidencia de los textos egipcios, de los que aporta una riquísima información, críticamente interpretada. Su traducción es muy ajustada y siguen al comenario índices muy útiles. La reciente edición en la Colección Budé (1988) de Froidefond va acompañada de una amplia introducción, en la que, al igual que en las notas, nosotros señalaríamos que, aún sin dejar de lado otros aspectos, se ha insistido en la interpretación filosófico-teológica de Plutarco de la religión de Osiris e Isis. Va acompañada de un detallado índice de nombres propios y de otro de los principales temas. Desde el punto de vista de la fijación del texto, por su nueva recensión de los manuscritos principales ya utilizados por Griffiths, significa la constatación de la acribía de éste, confirmando errores de lectura de Sieveking; en algunas lecturas, sin embargo, se separa de Griffiths (vid . la reseña de Schroeder en Gnomon 62 [1990], 485-498). En general el texto de ambos es más conservador que el de Sieveking. En las notas a pie de página y en la lista de variantes nos referimos a aquellos lugares en los que nos desviamos en nuestra traducción del texto de Sieveking, para aceptar casi siempre el de Griffiths, que en la mayor parte de los casos también es el de Froidefond. Ocasionalmente han hecho suya alguna conjetura de Babbitt.
Después de la traducción latina de Xylander, el tratado De Iside et Osiride figura en las versiones parciales o completas de Moralia en diversas lenguas: la de Amyot (París, 1618), la de Ricard (París, 1783-1794); la de Philemon Holland (Londres, 1603); Baxter (Londres, 1684); Kaltwasser (Viena-Praga, 1796-1797); Pierron (París, 1847); Bétolaud (1870); Apelt (Leipzig, 1926); no está, sin embargo, entre los tratados traducidos por Diego Gracián al español (Alcalá, 1548; Salamanca, 1571). Hemos confrontado las más recientes traducciones de Meunier (provista de abundantes notas), Babbitt, Cilento, Griffiths, Cavalli, Froidefond y la única existente en nuestra lengua sobre el original griego 79 : la de M. García Valdés en la Editorial Akal.

1 La monografía de K. ZIEGLER , Plutarchos von Chaironea , Stuttgart, 1949 = Plutarco (trad. it. de M. R. ZANCAN RINALDINI ), Brescia, 1965 (por la que citamos), sigue siendo de obligada referencia en cualquier trabajo sobre Plutarco, y R. FLACELIÈRE ha dado una síntesis de la obra y pensamiento del autor en la Introducción general a Plutarque. Oeuvres Morales I, 1re Partie, París, 1987, págs. VII-CCXXVI.
Vid . también J. ALSINA , «Ensayo de una bibliografía de Plutarco», Est. Clás . 35 (1962), 515-533, R. FLACELIÈRE , «État présent des études sur Plutarque», Actes du VIIIe Congrès de l’Association Guillaume Budé , París, 1969, págs. 483-506 y la nutrida información bibliográfica en F. E. BRENK , In Mist apparelled. Religious Themes in Plutarch’s Moralia and Lives , Leiden, 1977.
2 Plutarch’s De Iside et Osiride , University of Wales Press, 1970. Queremos reconocer aquí nuestra deuda para con ella, tanto en la Introducción como en las notas.
3 Así W. SIEVEKING en la Praefatio , pág. XXVII, de Plutarchus. Moralia II, Leipzig, 1935.
4 M. NILSSON , The Dionysiac Mysteries of the Hellenistic and Roman Age , Lund, 1957, pág. 38, emitió un severo juicio contra ella: «a tractate soaked in syncretism, misticism and theological speculations».
5 E. NORDEN , Die Geburt des Kindes , Leipzig, 1924, pág. 98.
6 Vid . Th. HOPFNER , Fontes historiae religionis Aegyptiacae , Bonn-Berlín, 1922-1925; L. VIDMAN , Sylloge inscriptionum religionis Isiacae et Sarapiacae , Berlín, 1969; M. TOTTI , Ausgewählte Texte der Isis- und Sarapis-Religion , Hildesheim, 1985. De una manera sistemática las fuentes documentales griegas han comenzado a ser coleccionadas: J. QUAEGEBEUR , «Pour un inventaire raisonné des données relatives à la religion égyptienne d’après les sources documentaires grecques», Acts Ist ICE (Schriften zur Geschichte und Kultur des Alten Orients 14), ed. W. F. REINEKE , 1979, págs. 533-542; «Papyrologie grecque et religion égyptienne. Projet d’un répertoire explicatif», Atti del XVII Congresso internazionale di Papirologia , I, Nápoles, 1984, págs. 107-111; J. QUAE -GEBEUR , W. CLARYSSE , B. VAN MAELE , «Athêna, Nêit and Thoêris in Greek Documents», Zeitsch. f. Papyr. u. Epigr . 60(1985), 217-232.
7 Vid . S. MORENZ , La religion égyptienne. Essai d’interprétation , París, 1962 (trad. de la ed. al.), pág. 22; J. VANDIER , La religion égyptienne , París, 1949.
8 Vid ., H. BONNET , Reallexikon der ägyptischen Religionsgeschichte , Berlín, 1952, s. v. Aton; G. POSENER , S. SAUNERON , J. YOYOTTE , Dictionnaire de la civilisation égyptienne , París, 1988, s. v. Akhenaton .
9 Vid . R. O. FAULKNER , The Ancient Egyptian Pyramid Texts , Oxford 1969.
10 M. LICHTHEIM , Ancient Egyptian Literature , I, Berkeley-Londres, 1973, págs. 123 y ss.
11 A. Barucq, F. Daumas, Hymnes et prières de l’Égypte ancienne , París, 1980, págs. 91 y ss.
12 Vid . J. E. STAMBAUGH , Sarapis under the early Ptolemies , Leiden, 1972; W. HORNBOSTEL , Sarapis. Studien zur Überlieferungsgeschichte, den Erscheinungsformen und Wandlungen der Gestalt eines Gottes , Leiden, 1973; L. VIDMAN , Isis und Sarapis bei den Griechen und Römen , Berlín, 1970; J.-C. GRENIER , Anubis alexandrin et romain , Leiden, 1977; M. LÓPEZ SALVÁ , «Isis y Sarapis: Difusión de su culto en el mundo grecorromano», Minerva 6 (1992), 161-192.
13 La biografía sobre la diosa Isis, sobre su culto y los documentos que lo atestiguan es inmensa y de ello da cuenta una simple ojeada a los títulos de la serie dirigida por M. J. VERMASEREN , «Études préliminaires aux religions orientales dans l’empire romain» (ed. Brill) y el trabajo, ya necesitado de ser continuado, de J. LECLANT (con la colaboración de G. CLERC ), Inventaire bibliographique des Isiaca (IBIS). Répertoire analytique des travaux relatifs à la difusion des cultes isiaques, 1940-1969 , I-IV, Leiden, 1972-1991.
14 F. DUNAND , «Le syncrétisme isiaque à la fin de l’époque hellénistique», Les Syncrétismes dans les religions grecque et romaine (Colloque de Strasbourg, 1971), París, 1973, págs. 79-93; D. MÜLLER , Ägypten und die griechischen Isis-Aretalogien , Berlín, 1961; W. PEEK , Der Isishymnus von Andros und verwandte Texte , Berlín, 1930; M. TOTTI , Ausgewählte Texte …; A. J. FESTUGIÈRE , «À propos des arétalogies d’Isis», Harvard Theol. Rev . (1949), 209-234 [= Études de religion grecque et hellénistique , París, 1972, págs. 138-163]; F. MORA , Prosopografia Isiaca . II Prosopografia storica e statistica del culto Isiaco , Leiden, 1990, págs. 47-71.
15 Vid . R. REITZENSTEIN , Hellenistic Mystery-Religions. Their basic Ideas and Significance , Pittsburg, 1978 [trad. ingl. de 19273 ]; C. J. BLEEKER , «Initiation in ancient Egypt», Initiation . Suppl. Numen 10, Leiden, 1965, págs. 49-58; F. DAUMAS , «Y-eut-il des mystères en Egypt?», Conférence à l’Atèlier d’Alexandrie , Alejandría, 1972; W. BURKERT , Ancient Mystery Cults , Harvard, 1987. La existencia de «misterios» ha sido cuestionada por la bibliografía más reciente a la que se anticipó I. I. BELL , en Cult and Creeds in Graeco-Roman Egypt , Liverpool, 1953.
16 P. M. FRASER , Opuse. Athen . 3 (1960), 4, n. 1.
17 Vid . K. PARLASCA , «Osiris und Osirisglaube in der Kaiserzeit», Les syncrétismes dans les religions grecque et romaine , París, 1973, págs. 95-102.
18 L. HANI , La religion égyptienne dans la pensée de Plutarque . París, 1976.
19 Plutarch’s De Iside …
20 La rel. égyp .… págs. 112 y ss.
21 Plutarch’s De Iside …, págs. 33 y ss.
22 Así G. PARTHEY , Plutarch über Isis und Osiris , Berlín, 1850, págs. 148-150; TH . HOPFNER , Plutarch über Isis und Osiris , II, Praga, 1941, pág. 56; GRIFFITHS , Plutarch’s de Iside …, págs. 572 y ss., ha incluido también abstracciones y atributos de los dioses. Vid . nuestro «Índice de nombres de dioses».
23 BILABEL , «Die graeco-ägyptischen Feste», Neue Heidelberger Jahrbücher , Neue Folge, 1929, págs. 1-51; S. SCHOTT , Altägyptische Festdaten . Akad. der Wiss. u. der Liter, in Mainz. Abh. der Geistes-u. Sozialwissensch. Klasse, 1950, Nr. 10; R. MERKELBACK , Isisfeste in griechisch-römischer Zeit. Daten und Riten . Meisenheim am Glan, 1963; C. J. BLEEKER , Egyptian Festivals. Studies in the History of Religion , Suppl. Numen , Leiden, 1967; A. GRIM , Die Altägyptischen Festkalender in den Tempeln der griechisch-römischen Epoche , Wiesbaden, 1988; A VERA , Tipología de la Fiesta en Moralia de Plutarco . Murcia, 1988 (tesis doctoral). Un cuadro muy claro y detallado de las fiestas mencionadas por Plutarco y de su ubicación temporal puede verse en TH . HOPFNER , Plutarch über Isis II, págs. 291-295; HANI , La rel. égyp …, págs. 347-349; más esquemático en CH . FROIDEFOND , Plutarque. Oeuvres Morales V, 2.e Partie, Isis et Osiris , París, 1988, págs. 351-352.
Sobre los calendarios en uso en Egipto vid . E. J. BICKERMAN , Chronology of the Ancient World , 2.a ed., Londres. 1980, págs. 38 y ss.; PARKER , The Calendars of Ancient Egypt , Chicago, 1950.
24 HANI dedica dos amplios capítulos de su libro, La rel. égyp …, págs. 381-464, al culto de los animales en Egipto (además, se alude reiteradamente a éste dentro de las coordenadas de animales osirios y tifónicos), y a los ensayos de explicación de Plutarco: mítica, por la metempsícosis, sociológica y política (animales-totem), utilitarista y simbolista.
25 Plutarch , Londres, 1973, pág. 63.
26 Plutarch’s de Iside …, pág. 19.
27 Hell. Myst …, pág. 29.
28 Plutarque. Isis et Osiris , pág. 353.
29 La rel. égyp .… pág. 118-252.
30 Los términos que él prefiere son aínigma (De Is . 44, 368D), ainigmatódes (De Is . 9, 354C) y ainíttesthai (De Is . 11, 355B; 38, 366C; 39, 366D; 54, 373B; 55, 373E); allegoreîn (De Is . 32, 363D) y, en otros tratados, allegoría . que a partir del s. I sustituye a hypónoia «sentido oculto». Los primeros insisten sobre el carácter secreto del contenido no expresado en el mito, los segundos (álla agoreúein) definen el procedimiento: expresar una cosa pareciendo decir otra.
31 Vid . P. DECHARME , La critique des traditions religieuses chez les Grecs , París, 1904; A. BATES HERSMAN , Studies in Greek allegorical Interpretation , Chicago, 1906; F. BUFFIÈRE , Les mythes d’Homère et la pensée grecque , París, 1956; J. PÉPIN , Mythe et allégorie , París, 1958: todos estos libros tienen un capítulo dedicado a Plutarco; A. G. GRIFFITHS , «Allegory in Greece and Egypt», Journ. of Egyp. Arch . 53 (1967), 79-102 [= Atlantis and Egypt with other Selected Essays , Cardiff, 1991, págs. 295-324]; J. WHITMAN , Allegory. The Dynamics of an Ancient and Medieval Technique , Oxford, 1987.
32 BONNET , Reallex …, pág. 568; la etimología dada habitualmente, pero que está lejos de ser aceptada por todos, es la de K. SETHE , Urgeschichte und alteste Religion der Ägypter , Leipzig, 1930, § 94; is.tir.t «sede del ojo», en el sentido de «alegría del ojo».
33 F. DAUMAS , Les dieux de l’Egypte , París, 1965, pág. 24.
34 Plutarch’s De Iside …, págs. 106 y ss.
35 Recherches sur le traité d’Isis et d’Osiris de Plutarque , Bruselas, 1913, págs. 81-89.
36 Plutarch , pág. 76.
37 Así GRIFFITHS , Plutarch’s De Iside …, págs. 21 y ss.; M. E. D. PHILLIPS , «Plutarque interprète de Zoroastre», Actes du VIIIe Congrès… Budé , págs. 506-511.
38 Vid . la amplia reseña bibliográfica del libro de BRENK , In Mist apparelled …, págs. 6 y 7, notas 13, 14 y 15.
39 Plutarch’s De Iside …, pág. 24. Vid . el reciente trabajo de J. ALVAR , «Isis y Osiris Daímones (Plut., De Iside , 360D)», J. ALVAR et alii (ed.), Héroes, semidioses y daímones . Madrid, 1992, págs. 245-263.
40 La Démonologie de Plutarque , París, 1942.
41 In Mist apparelled …, págs. 49 y ss., 85 y ss. Más recientemente: «In the Light of the Moon: Demonology in the Early Imperial Period», ANRW , II, 16, 3, págs. 2117 y ss.
42 Plutarco , pág. 304.
43 Geschichte der griechischen Religion , II, Munich, 2.a ed., 1961, págs. 388-390.
44 Plutarch , págs. 75-79.
45 Sobre el volumen de las mismas da cuenta el repertorio, hoy necesitado de revisión pero siempre útil, de W. C. HELMBOLD -E. N. O’NEIL , Plutarch’s Quotations , Londres-Beccles, 1959, y los abundantes trabajos sobre el tema entre los que es pionero el de H. SCHLÄPFER , Plutarch und die klassischen Dichter. Ein Beitrag zum klassischen Bildungsgut Plutarchs , Zurich, 1950.
46 Vid . P. STADTER , Plutarch’s Historical Methods. An analysis of Mulierum Virtutes , Harvard, 1965, passim y en especial págs. 139-140; C. THEANDER , «Plutarch und die Geschichte», Bull. Soc. Roy. de Lettres , Lund, 1950, I, págs. 86 y ss. Sobre todo este problema vid . FLACELIÈRE , État présent …, págs. 492-497.
47 P. FRISCH , De compositione libri Plutarchi qui inscribitur Perì Ísidos kaì Osíridos , Diss., Burg, 1907.
48 H. VON ARNIM , Plutarch über Dämonen und Mantik , Amsterdam, 1921.
49 M. Wellmann, «Aegyptisches», Hermes 31 (1896), 221-253.
50 GRIFFITHS , Plutarch’s De Iside , págs. 75 y ss.; HANI , La rel. égyp ., «Introduction», págs. 12 y ss.; FROIDEFOND , Plutarque. Isis et Osiris , págs. 45-66.
51 F. LASSERRE , Die Fragmente des Eudoxos von Knidos , Berlín, 1966.
52 F. JACOBY , Die Fragmente der griechischen Historiker , III A, 264, Leiden, 1940; S. M. BURSTEIN , «Hecateus of Abdera’s History of Egypt», Life in a multi-cultural Society: Egypt from Cambyses to Constantine and Beyond [ed. J. H. JOHNSON ], Chicago, 1992, págs. 45-49.
53 W. G. WADDELL , Manetho , Londres-Cambridge Mass., 1948. El nombre Manethṓs , señala este editor en el prefacio (pág. IX), aparece escrito a menudo como Manethṓn . Hemos optado en nuestra traducción por la transcripción Manetón a partir de la segunda de las formas.
54 Así lo hicieron PARTHEY , Plutarch über Isis …, pág. 147; E. GUIMET , Plutarque et l’Égypte . París, 1898, págs. 1-13; HOPFNER , Plutarch über Isis … II, pág. 179, con argumentos como que comete errores sobre la geografía de Egipto o de que no existe en su obra ninguna descripción de Alejandría. La realidad del viaje es admitida, en general, por los estudiosos desde R. VOLKMANN , Leben, Schriften und Philosophie des Plutarch von Chaeronea , I, Hildesheim 1980 (=1869), págs. 34-35.
55 C. P. JONES agrupa y analiza los pasajes de Moralia sobre Amonio en «The Teacher of Plutarch», Harv. Stu. Ph . 71 (1967), 205-211. Froidefond, Plutarque. Isis et Osiris , pág. 49, señala, sin embargo, que la nacionalidad egipcia de Amonio es hoy cuestionada: Ammonios es un teóforo y no indica la nacionalidad del que lo lleva, por pertenecer Amón casi tanto a Grecia como a Egipto.
56 De Serapide et Iside in Graecia cultis , Diss., Berlín, 1906, págs. 17-18.
57 Plutarch’s De Iside …, pág. 98.
58 El demótico es una forma muy cursiva de la escritura jeroglífica. Aparece por primera vez en la XXVI Dinastía (después del 715 a. C.) y la última inscripción en demótico es un grafito del templo de Filas del 450 d. C.: A. H. GARDINER , Egyptian Grammar: Being an Introduction to the Study of Hieroglyphs , 3.a ed., Oxford, 1957, págs. 5 y 10, y W. V. DAVIES , Egyptian Hieroglyphs , Londres, 1987, págs. 9 y 24.
59 Etapa final de la lengua egipcia en escritura copta, cuyo albafeto, en su mayor parte, está formado por caracteres griegos. Comienza a ser usado a finales del s. I para escribir textos mágicos. En el s. IV esta forma de escritura está ya bien establecida: DAVIES , Egypt. Hier ., págs. 25-27.
60 Hay sin embargo, en 56, 374A. una referencia a las 25 letras de los egipcios, que implicaría una aproximación alfabética: aunque el número de fonogramas era muy superior, 24 eran los signos unilíteros: GARDINER , Egypt. Gr ., pág. 27; DAVIES , Egypt. Hier ., pág. 31.
61 Plutarch’s De Iside … págs. 106-110.
62 Der Dialog , II, Leipzig, 1895, pág. 217.
63 Cliento, en su traducción del tratado junto con los diálogos deíficos (vid . Bibliografía), lo titula Diatriba Isiaca . En el grupo de los «Tratados» lo incluye I. Gallo, que se refiere a su forma compleja y mixtificada heredada de diversos géneros literarios: «Strutture letterarie dei ‘Moralia’ di Plutarco: Aspetti e Problemi», Aspectos Formales de la obra de Plutarco (IV Simposio Español sobre Plutarco , Salamanca, 1994), J. A. FERNÁNDEZ DELGADO , F. PORDOMINGO (eds.) (en prensa).
64 Epicurea , Stuttgart, 1966 (= 1887).
65 Plutarch , pág. 29, n. 25.
66 Plutarque. Isis et Osiris , págs. 24 y s.
67 A. PÉREZ JIMÉNEZ , Vidas Paralelas , I, «Introducción», Madrid, Gredos, 1985, pág. 69. G. D’IPPOLITO , «Stilemi ilomorfici nel macrotesto plutarcheo», Aspectos formales… (IV Simposium Español sobre Plutarco) , señala que las dedicatorias son expresión de una dramaticidad formal y que las obras de Plutarco que las contienen adquieren el carácter de un monólogo dirigido a un personaje mudo.
68 «Inscriptions delphiques d’époque tardive», Bull. Corr. Hell . 70 (1946), 247-261; vid . también G. W. BOWERSOCK , «Some Persons in Plutarch’ Moralia», Cl. Quat . 15 (1965), 267-270.
69 E. KAPETANOPOULOS , «Klea and Leontis: Two Ladies from Delphi», Bull. Corr. Hell . 90 (1966), 119-123.
70 «Plutarque, De Pythiae oraculis , 409B-C», Rev. Philol . 8 (1934), 56-66; «Etat présent…» , pág. 487. En la «Introducción general» a Plutarque , I, pág. XI, n. 1 sigue situando su muerte en una fecha posterior (aunque no mucho) al 125 d. C. Una discusión detallada sobre la fiabilidad y valor identificativo de los datos puede verse en FROIDEFOND , Plutarque. Isis et Osiris , págs. 19-23, que se inclina por el 120 como terminus post-quem .
71 Plutarco , pág. 12; C. P. JONES , «Towards a Chronology of Plutarch’s Works», Jour. Rom. Stu . 56 (1966), 61-74; Plutarch and Rome , Oxford, 1971 (vid . «Chronological Table», págs. 135-137); HANI , La rel. égyp ., pág. 11, n. 8.
72 Así GRIFFITHS , Plutarch’s De Iside , pág. 17.
73 Plutarch’s De Iside , pág. 14.
74 Die Antike Kuntsprosa , 3.a ed., Stuttgart, 1915 = La prosa d’arte antica [trad. B. HEINEMANN ], I-II, Roma, 1986, pág. 403.
75 Vid . J. A. FERNÁNDEZ DELGADO , F. PORDOMINGO , «Aportación al estudio estilístico de Plutarco en los Moralia », C. CODOÑER , P. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ , J. A. FERNÁNDEZ DELGADO (eds.), Stephanion. Homenaje a M. C. Giner , Salamanca, 1988, págs. 83-95; J. A. FERNANDEZ DELGADO , «El estilo de Plutarco», Est. Clás . 102 (1992), 31-63.
76 GRIFFITHS , Plutarch’s De Iside , pág. 25.
77 Una útil visión panorámica, muy reciente, de la historia del texto de los Moralia es dada por J. IRIGOIN como responsable con R. FLACELIÈRE de la «Introducción general» a Plutarque. Oeuvres Morales . I, págs. CCXXVII-CCCX-XIV. De acuerdo con él, en las referencias numéricas a los tratados remitimos a la numeración de Planudes en la primera edición completa de los Moralia a la que nos referimos a continuación. Sobre la tradición manuscrita vid . las diversas contribuciones en I. GALLO (ed). Sulla tradizione manoscritta dei «Moralia» di Plutarco , Atti del Convegno salernitano del 4-5 dicembre 1986, Salerno 1988 y J. IRIGOIN , «Tradizione manuscrita e ecdotica plutarchea», I Moralia di Plutarco tra filologia e filosofia . Atti della giomata plutarchea di Napoli, Istituto Suor Orsola Benincasa, 10 aprile 1992, I. GALLO -R. LAURENTI (eds), Nápoles, 1992, págs. 11-27.
78 Con la simple mención del nombre del editor o traductor remitimos a la lista bibliográfica que sigue a continuación.
79 Suponemos que la traducción al español publicada por la Editorial Glosa, de cuya autoría de forma equívoca se responsabiliza al propio Meunier y para la que no se da fecha de publicación, es la misma versión que la de F. GALLACH PALES (Nueva Biblioteca Filosófica XXXVIII), ed. M. Bruno del Amo, 1930, a la que A. PALAU Y DULCET , Manual del librero hispano americano , XIII, Barcelona, 1961, pág. 349, se refiere como «versión hecha sobre la nueva traducción francesa de M. Meunier».
VARIANTES TEXTUALES


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ISIS Y OSIRIS 1
1. Todo lo bueno, Clea 2 , es preciso que los hombres sensatos [351C] se lo pidan a los dioses, pero especialmente suplicamos obtener de ellos en nuestra búsqueda, en la medida en que es posible para los hombres, el conocimiento de su naturaleza; puesto que nada hay más importante de obtener para un hombre, ni más venerable de conceder para la divinidad, que la [D] verdad. Las demás cosas que los hombres necesitan, la divinidad se las concede, pero de la inteligencia y la comprensión sólo los deja participar, al tenerlas y usar de ellas como propiedad particular. Pues no por la plata y el oro es bienaventurado lo divino ni por los truenos y rayos es fuerte, sino por el conocimiento y la comprensión, y, Homero al expresar, entre todo lo que ha dicho respecto a los dioses, esto de la manera más bella:
Con certeza, de ambos común era el linaje y una sola la patria ,
pero Zeus había nacido primero y era el que más sabía 3 ,
mostró que la hegemonía de Zeus es más augusta porque es [E] más antigua en conocimiento y sabiduría. Pienso también que la dicha de la vida eterna, que es la suerte de la divinidad, radica en que los acontecimientos no escapan a su conocimiento; eliminado el conocimiento y comprensión de la existencia, la inmortalidad no sería vida sino mero transcurrir del tiempo.
2. Por ello, deseo de divinidad es el afán de la verdad, especialmente la que se refiere a los dioses, al tener el aprendizaje y la búsqueda como una adquisición de lo sagrado, tarea más santa que toda purificación y servicio de templo y no menos grata a esta diosa a la que tú sirves, por ser una diosa excepcionalmente sabia y amante de la sabiduría, conviniéndole de manera especial el saber y el conocimiento 4 , como su nombre al menos parece indicar. Pues griego es el nombre de [F] Isis y también el de Tifón 5 , que es enemigo de la diosa y está cegado por la ignorancia y el engaño, y que dispersa y destruye la Palabra sagrada que la diosa reúne, ordena y entrega a los iniciados 6 ; pues la consagración, con un continuo régimen de vida austero y privación de muchos alimentos y de los placeres de Afrodita, refrena la intemperancia y la inclinación [352A] al placer y acostumbra a soportar los duros y rigurosos servicios en los templos, el fin de los cuales es el conocimiento del Ser primero, del Señor, del Inteligible, a quien la diosa invita a buscar como si estuviera y conviviera junto a ella y con ella. También el nombre de su templo delata claramente conocimiento y comprensión de la realidad; pues se llama Iseo 7 en la idea de que conoceremos la realidad si con razón y piadosamente nos acercamos a los templos de la diosa.
3. Además, muchos han contado que ella era hija de Hermes, otros muchos que de Prometeo, por considerar al segundo, descubridor de la sabiduría y de la previsión, y a Hermes inventor de la gramática y de la música 8 . Por lo cual, también a la primera de las Musas, en Hermópolis la llaman [B] Isis al mismo tiempo que Justicia 9 , por ser sabia, como ha quedado dicho 10 , y desvelar los divinos misterios a quienes verdadera y justamente son llamados «portadores de los vasos sagrados» (hieraphóroi ) y «conservadores de los vestidos sagrados» (hierostóloi ) 11 ; éstos son los que llevan en su alma, como en una cesta, la Palabra sagrada sobre los dioses, limpia de toda superstición e indiscreción y los que la protegen, insinuando las obscuridades y sombras así como lo evidente y luminoso de su concepción respecto a los dioses, cual se hace incluso evidente respecto al vestido sagrado 12 . Por eso, también, el hecho de que los difuntos, adoradores de Isis, sean adornados con éstos es símbolo de que esta palabra está con ellos y de que en posesión de ésta y de ninguna otra cosa marchan allí; pues ni el dejarse crecer la barba, Clea, ni el llevar un [C] manto raído hace filósofos 13 , ni isíacos el vestirse de lino e ir rasurados 14 ; sino que el verdadero isíaco es el que, cuando legítimamente recibe, según la tradición, lo que se muestra y realiza respecto a estos dioses, busca e investiga racionalmente la verdad que hay en estos rituales.
4. A la mayor parte de la gente le pasa desapercibido esto, que es de lo más común y más banal: por qué los sacerdotes se despojan de sus pelos y llevan vestidos de lino 15 . Hay quien no se preocupa en absoluto de tener un conocimiento sobre estas cosas, otros dicen que se abstienen de la lana así como de la carne por veneración hacia las ovejas, y que se afeitan [D] la cabeza en señal de duelo y que llevan vestidos de lino a causa del color que, semejante al azul celeste que rodea el mundo, el lino presenta cuando está en flor. Pero, la verdadera y única causa de todo está en lo que dice Platón: «Lo puro no es lícito tocarlo con lo no puro» 16 ; los residuos de los alimentos y el excremento no son ni santos ni puros; y de los residuos nacen y se desarrollan la lana, la barba, los pelos y las uñas. Sería, pues, ridículo que se despojaran de sus pelos en las purificaciones, afeitando y alisando por igual todo su cuerpo, y, en cambio, se pusieran y llevaran los de los animales; pues [E] también es preciso creer que Hesíodo, cuando dice:
no cortar del de cinco ramas, en el espléndido banquete
de los dioses, lo seco de lo verde con refulgente hierro 17 ,
enseña que es preciso tomar parte en la fiesta religiosa estando libres de tales impurezas, para no tener que realizar durante las propias ceremonias sagradas la purificación y despojo de la materia superflua. En cambio, el lino nace de la tierra inmortal y produce un fruto comestible 18 , y proporciona vestido simple y limpio y no pesado para lo que protege, adecuado para toda estación y el menos propenso a la polilla, según dicen; sobre esto hablo en otra parte 19 .
5. Los sacerdotes aborrecen la naturaleza de lo superfluo [F] hasta tal punto que no solamente rechazan la mayor parte de las legumbres, y, entre las carnes, la de cordero y la de cerdo por producir gran cantidad de desechos, sino que también suprimen la sal de las comidas en los períodos de vida santa, alegando, entre otras razones más, también la de que, al estimular el apetito, los hace más proclives a la bebida y a la comida 20 . Pues el considerar la sal impura, como Aristágoras decía 21 , a causa de que muchos pequeños animales mueren apresados dentro cuando cristaliza, es de ingenuos. Dicen también [353A] que abrevan a Apis 22 en un manantial privado y que lo alejan completamente del Nilo no porque crean que el agua es impura a causa del cocodrilo, como algunos piensan (pues nada es tan venerable para los egipcios como el Nilo), sino porque el beber agua del Nilo parece que engorda y causa una excesiva obesidad; y no quieren que Apis esté así, ni ellos mismos, sino que sus cuerpos sean envoltura ágil y ligera de sus almas y que no opriman ni aplasten lo divino por la presión y gravidez de lo mortal.
6. Los servidores del dios en Heliópolis no llevan en absoluto [B] vino al templo, en la idea de que no es conveniente que por el día beban a la vista de su señor y rey 23 . Los demás lo beben, pero poco. Y tienen muchos períodos de purificación en abstinencia de él, en los que pasan el tiempo filosofando, aprendiendo y enseñando las cosas divinas. Incluso los reyes bebían una medida fijada en los Escritos sagrados, como Hecateo 24 ha contado, por ser sacerdotes; comenzaron a beber con Psamético 25 , pero antes no bebían vino ni lo usaban en las libaciones como algo grato a los dioses, sino como la sangre de los que en otro tiempo pelearon contra los dioses 26 , de los que, al caer y mezclarse con la tierra, piensan que nacieron las viñas; que por esta razón también la embriaguez produce [C] alucinados y dementes, porque ciertamente están llenos de la sangre de sus antepasados. Esto es lo que Eudoxo, en el libro segundo de su Vuelta a la Tierra 27 , dice que es contado así por los sacerdotes.
7. De los peces marinos, todos se abstienen no de todos sino de algunos, como los oxirrinquitas de los cogidos con anzuelo; pues, como veneran al pez oxirrinco, temen que alguna vez el anzuelo no esté puro, por haber caído en él un oxirrinco; y los sienitas del pagro; pues creen que aparece cuando el Nilo se desborda y les anuncia para su gozo la crecida, siendo visto como mensajero 28 . Los sacerdotes se abstienen [D] de todos 29 ; y, el noveno día del primer mes 30 , cuando todos los demás egipcios toman pescado asado delante de la puerta de casa, los sacerdotes no lo prueban, sino que queman completamente los peces delante de las puertas por dos razones; de ellas, la que es sagrada y extraordinaria enseguida la retomaré 31 , pues está de acuerdo con las santas doctrinas filosóficas respecto a Osiris y Tifón; la otra, obvia y banal, la de declarar el pescado alimento ni necesario ni exquisito 32 , tiene por testigo a Homero, que ni a los feacios, refinados, ni a los itacenses, hombres isleños, hace comer pescado, ni a los compañeros de Ulises en tan gran travesía y en medio del mar, antes de llegar a una extrema necesidad 33 . En fin, consideran [E] al mar extraño 34 y fuera de los confines del mundo, del que no es parte ni elemento, sino como un residuo corrompido y malsano.
8. Ningún elemento irracional ni fabuloso ni inspirado por la superstición, como algunos creen, ha sido introducido en sus ritos, sino lo que tiene motivaciones éticas y de tipo práctico y lo que no está desprovisto de refinamiento histórico o de la ciencia natural, como lo que se refiere a la cebolla 35 . Pues, lo de que Dictis, hijo de leche de Isis, cayó al río y pereció*** 36 cuando intentaba coger cebollas, es extremadamente increíble; los sacerdotes se abstienen religiosamente y abominan también de la cebolla, evitándola, porque ésta es la única planta [F] que crece y florece al menguar la luna. Y no conviene ni a los que ayunan ni a los que celebran una fiesta religiosa, a unos porque les produce sed y a los otros porque los hace llorar cuando la llevan a la boca. Del mismo modo, también consideran a la cerda un animal impuro; pues se cree que se aparea especialmente al menguar la luna y que los cuerpos de los que beben su leche se cubren de lepra y de violentas erupciones 37 , [354A] Pero la explicación que ellos dan de que sacrifican, una sola vez, en luna llena, un cerdo y lo comen 38 —porque Tifón persiguiendo un cerdo en luna llena encontró el ataúd de madera en el que yacía el cuerpo de Osiris y lo diseminó en trozos 39 —, no todos la aceptan, por considerarla, como a otras muchas, una deformación tardía de la tradición.
La molicie, la prodigalidad y el placer, dicen que los antiguos hasta tal punto los rechazaron que erigieron en Tebas, en el templo, una estela con maldiciones grabadas contra el rey Minis 40 , que fue el primero que apartó a los egipcios de un régimen de vida frugal, parco y simple. Se dice también que [B] Tecnactis, el padre de Bocoris 41 , cuando dirigía una expedición contra los árabes, habiéndose servido con placer del alimento que encontraba por retrasarse las vituallas y habiendo dormido después un profundo sueño sobre un lecho de hierba, se aficionó a la frugalidad y, por este motivo, maldijo a Minis y, alabando el gesto los sacerdotes, hizo grabar en una estela la maldición.
9. Los reyes eran designados entre los sacerdotes o los guerreros 42 , castas que gozaban de prestigio y estima, una por el valor, la otra por la sabiduría. El que era designado entre los guerreros, al punto pasaba a formar parte de la casta de los sacerdotes y participaba de su filosofía, oculta en su mayor parte en mitos y palabras que contienen oscuros reflejos y [C] transparencias de la verdad, como sin duda también ellos mismos dan a entender colocando adecuadamente delante de los templos esfinges, como si su teología contuviera una sabiduría enigmática 43 . En Sais la estatua de Atenea sentada, a la que también consideran Isis, tenía una inscripción así: «Yo soy todo lo que ha sido, lo que es y lo que será y mi peplo jamás me lo levantó ningún mortal» 44 . Además, aunque la mayoría cree que el nombre propio de Zeus entre los egipcios es Amoûn (que nosotros, alterándolo, pronunciamos Ámmōn ), [D] Manetón el Sebenita piensa que por esta voz es significado lo «oculto» y el «ocultamiento», y Hecateo el Abderita dice que, entre los egipcios, es de uso corriente esta palabra cuando llaman a alguien; pues la voz es un apelativo 45 . Por lo tanto, al dios supremo, a quien ellos identifican con el Universo, al invocarlo como a un ser invisible y oculto y al exhortarlo a que se haga visible y manifiesto a ellos, lo llaman Amoûn 46 .
Tan grande era, pues, la circunspección 47 de la sabiduría de los egipcios respecto a las cosas divinas.
[E] 10. Dan testimonio de ello también, los más sabios de los griegos, Solón, Tales, Platón, Eudoxo, Pitágoras y, según algunos dicen, también Licurgo, que llegaron a Egipto y tuvieron relación con los sacerdotes. Así, dicen que Eudoxo recibió enseñanzas de Conufis de Menfis, Solón de Sonquis de Sais, Pitágoras de Enufis de Heliópolis 48 . Especialmente éste, según parece, siendo admirado y admirando a aquellos hombres, imitó lo simbólico y misterioso de ellos al mezclar sus doctrinas con enigmas; pues, de los caracteres llamados jeroglíficos 49 , no quedan atrás un ápice la mayor parte de los preceptos pitagóricos, cuales «no comer sobre un carro», «no sentarse sobre un cuartillo», «no plantar una palmera» y «no atizar con la espada el fuego en la casa» 50 . Yo, al menos, creo [F] también que el que estos hombres llamen a la mónada Apolo, a la díada Artemis, a la hebdómada Atenea y Posidón al primer cubo 51 , tiene un parecido con las estatuas de los templos y con su liturgia ¡por Zeus! y con lo que está allí escrito. Pues el nombre del rey y señor Osiris lo escriben con un ojo y un cetro 52 ; [355A] y algunos también interpretan el nombre como «el de muchos ojos», en la idea de que os significa «mucho» e iri «ojo» en lengua egipcia 53 ; y el del cielo, como no envejece a causa de su eternidad, lo escriben 〈con una cobra y〉 el de la pasión con un corazón bajo el que está un hogar 54 . Y en Tebas había erigidas estatuas de jueces sin manos, y la del magistrado supremo con los ojos vendados, en la idea de que la justicia es insobornable e inexorable 55 . Los militares tenían un escarabajo como marca de su sello; pues no hay escarabajo hembra, sino que todos son machos. Se perpetúan depositando el esperma en el excremento, que modelan en forma de bola, disponiendo así no tanto un medio de alimentación como un lugar de generación 56 .
11. Pues bien, cuando oigas lo que la mitología egipcia [B] cuenta respecto a los dioses, vagabundeos, desmembramientos y sufrimientos sin cuento de tal tenor, debes recordar lo dicho antes y pensar que nada de esto se dice que así haya ocurrido y haya sido llevado a cabo; pues no es que llamen a Hermes «el perro» 57 en sentido propio, sino que la capacidad de vigilancia, el estado de vigilia y la sagacidad de este animal, distinguiendo, porque lo conoce y lo desconoce, al amigo del enemigo, como dice Platón 58 , lo asocian con el más astuto de los dioses; ni piensan que el sol surge como un bebé recien nacido del loto, sino que representan así el nacimiento del sol, simbolizando que la iluminación del sol se produce a partir de la humedad 59 . Pues también al más cruel y temible rey de los persas, Oco, que condenó a muchos a muerte y, finalmente, [C] también degolló a Apis 60 y lo comió en un banquete con sus amigos, lo llamaron «espada» y lo llaman todavía así en la Lista de los reyes 61 , queriendo significar, sin duda, no literalmente su naturaleza, sino comparando la inflexibilidad y maldad de su carácter con el mortífero instrumento. Ciertamente, si así oyes las narraciones sobre los dioses y las recibes de aquellos que explican el mito santa y filosóficamente, y pones en práctica siempre y observas los ritos establecidos, y piensas que nada es más grato a los dioses, ni sacrificios ni acciones, que el tener una opinión verdadera respecto a ellos, [D] evitarás un mal no inferior al ateísmo: la superstición 62 .
12. Se cuenta este mito con el menor número de palabras posible, omitiendo lo que es completamente inútil y superfluo. Dicen que el Sol 63 , habiéndose enterado de la unión secreta de Rea 64 con Crono, lanzó contra ella la maldición de que no daría a luz ni en el curso del mes ni del año; pero que Hermes, enamorado de la diosa cohabitó con ella; después, habiendo jugado a las damas 65 con Selene y habiendo ganado de cada uno de sus períodos luminosos la setentava parte, formó con todo cinco días y los añadió a los trescientos sesenta; a éstos ahora los egipcios los llaman «adicionales» y en [E] ellos celebran los nacimentos de los dioses 66 . Dicen que en el primero nació Osiris y que cuando nació surgió una voz que decía: «el señor de todo llega a la luz» 67 . Y algunos dicen que un tal Pamiles 68 , que estaba sacando agua en Tebas, oyó una voz que salía del templo de Zeus y le ordenaba proclamar a gritos que el gran rey benefactor Osiris había nacido, y que por esto crió a Osiris, por habérselo confiado Crono, y que en su honor se celebra la fiesta de las Pamilias semejante a las Faleforias 69 . En el segundo día nació Arueris 70 , al que llaman Apolo y algunos Horus el Viejo, y en el tercero Tifón 71 , no a su tiempo ni por la vía normal, sino que saltó del costado de su [F] madre, habiéndolo desgarrado de un golpe. En el cuarto día nació Isis, en regiones completamente húmedas 72 , y en el quinto Neftis 73 , a quien llaman también Teleutḗ y Afrodita y algunos incluso Níkē . Dicen que Osiris y Arueris son hijos del [356A] Sol, Isis de Hermes, y Tifón y Neftis de Crono. Por esta razón también, al tercero de los días adicionales los reyes lo consideraban nefasto 74 y no se ocupaban de los asuntos públicos ni cuidaban de su persona hasta la noche. Dicen que Neftis se casó con Tifón y que Isis y Osiris, enamorándose incluso antes de nacer, se unieron en la oscuridad del seno materno 75 . Y algunos dicen también que de este modo nació Arueris y que es llamado «Horus el Viejo» por los egipcios, pero Apolo por los griegos.
13. Tan pronto como Osiris fue rey de los eonde una gran experiencia en la medicinagipcios, los liberó de una vida indigente y salvaje, mostrándoles los frutos, promulgado leyes y enseñándoles a honrar a los dioses; después recorrió toda la tierra civilizándola sin la más mínima necesidad de armas, sino arrastrando a la mayoría con el hechizo [B] de la persuasión y de la palabra, acompañadas de todo tipo de canto y de música; razón por la que los griegos creen que es el mismo dios que Dioniso 76 . En su ausencia, Tifón no osó emprender ninguna acción porque Isis vigilaba muy de cerca y estaba alerta con firmeza, pero, cuando volvió, maquinó contra él un engaño tras haber formado un grupo de setenta y dos conspiradores y teniendo como cómplice a una reina procedente de Etiopía, a la que llaman Aso 77 . Habiendo medido ocultamente el cuerpo de Osiris y habiendo hecho fabricar un arca 78 hermosa y extraordinariamente adornada, de su [C] tamaño, la hizo llevar al banquete. Deleitados y admirados todos ante su vista, Tifón, bromeando, prometió regalar el arca a aquel que, tendido dentro, fuera del mismo largo. Intentándolo todos, uno a uno, como nadie encajaba, se metió Osiris y se tendió completamente. Los conjurados se precipitaron a poner la tapa y, habiéndola sujetado con clavos desde fuera, sobre los que derramaron plomo fundido, transportaron el arca hasta el río y la dejaron ir a través de la boca Tanítica hacia el mar, boca a la que, a causa de esto, incluso ahora los egipcios la llaman todavía «la odiosa» y «la abominable» 79 . Dicen que esto ocurrió en el decimoséptimo día del mes Athýr 80 , en el que el sol pasa por el Escorpión, en el vigésimo octavo año [D] del reinado de Osiris. Algunos, sin embargo, dicen que son sus años de vida, no que haya reinado tanto tiempo.
14. Por ser los Panes y los Sátiros los primeros que, al habitar la región que circunda a Quemis, se enteraron del acontecimiento y dieron la noticia de lo que había ocurrido, los repentinos tumultos y consternaciones de la multitud todavía ahora a causa de esto son llamados «pánicos» 81 ; e Isis, al enterarse, se cortó enseguida una de sus trenzas y se puso un vestido de luto, allí donde está la ciudad que todavía ahora lleva el nombre de Copto 82 . Otros piensan que el nombre significa «privación», pues la idea de «privar» la expresan con kóptein 83 . Errante por todas partes 84 y sin salida, a nadie a [E] quien se acercaba dejaba de interrogar, sino que incluso a unos chiquillos con los que se encontró les preguntó por el arca; se dió la circunstancia de que ellos la habían visto y señalaron la boca a través de la cual los amigos de Tifón dejaron ir el ataúd al mar. Por esta razón piensan los egipcios que los niños tienen poder mántico y sobre todo obtienen augurios de las palabras de los niños cuando juegan en los templos y gritan lo que les viene a la cabeza 85 .
Isis, tras enterarse de que Osiris, enamorado, se había unido con su hermana por ignorancia creyendo que era ella, y habiendo visto como prueba la corona de meliloto que aquél [F] dejó a la puerta de Neftis 86 , buscaba al niño (pues tan pronto como ésta dió a luz lo expuso por temor a Tifón); encontrado con dificultad y esfuerzo bajo la guía de los perros, Isis lo crió, y él se convirtió en su guardián y servidor y recibió el nombre de Anubis 87 , y se dice que protege a los dioses, como los perros a los hombres.
[357A] 15. Después de esto se enteró de que el arca, habiendo sido empujada por el mar hasta el territorio de Biblos 88 , las olas la pusieron dulcemente en los brazos de una mata de erica 89 ; la mata, convirtiéndose en poco tiempo en un hermosísimo y crecido tronco la envolvió, se desarrolló en derredor y la ocultó dentro de sí; el rey, admirado del tamaño de la planta y habiendo hecho cortar el tronco que contenía el ataúd, sin que se viera, lo utilizó como soporte del techo de su palacio. Y dicen que Isis, habiéndose enterado de esto por un rumor de inspiración divina, llegó a Biblos y, sentada sobre una fuente en actitud apenada y llorosa, no intercambiaba palabra con ninguna otra persona, pero acogía afectuosamente a las criadas de la reina y les mostraba sentimientos de amistad trenzando sus cabellos e impregnándoles el cuerpo de la admirable [B] fragancia que emanaba del suyo. Al ver la reina a las criadas le sobrevino el deseo de la extranjera, de sus cabellos y de su piel, que exhalaba ambrosía; y así, habiendo sido llamada y convirtiéndose en su amiga íntima, aquélla la hizo nodriza de su hijito 90 . El nombre del rey dicen que era Malcandro 91 ; el de la reina, unos que Astarté, otros Saosis y otros Némano, que los griegos dirían Atenaíde 92 .
16. Isis criaba al niño, poniendo el dedo en su boca 93 en [C] lugar del pecho, y por la noche quemaba las partes mortales de su cuerpo; y ella, convertida en golondrina, volaba alrededor de la columna y gemía, hasta que la reina, que estaba vigilando y que lanzó un grito cuando vío a la criatura envuelta en llamas, la privó de la inmortalidad 94 . La diosa se reveló y pidió la columna que sostenía el techo; tras haberla removido con toda facilidad, cortó la capa de erica, después la cubrió con tela de lino, la bañó en mirra y se la confió a los reyes, y todavía ahora los de Biblos veneran el leño depositado en el templo de Isis 95 . Cayó sobre el ataúd y lanzó un lamento tal [D] que el más joven de los dos hijos del rey murió; retuvo al mayor con ella y habiendo colocado el ataúd en una barca zarpó. Y, cuando el río Fedro 96 alimentó un viento bastante violento hacia el amanecer, encolerizada secó la corriente.
17. En el primer lugar solitario que encontró, a solas consigo misma abrió el arca y juntando rostro con rostro lo abrazaba y lloraba 97 . Pero al darse cuenta de que el niño se había acercado por detrás en silencio y estaba contemplando la escena, se volvió y llena de cólera le dirigió una terrible mirada; [E] el niño no pudo soportar el terror y murió. Otros dicen que no fue así, sino que, como ha quedado dicho antes 98 , cayó al mar y recibe honores gracias a la diosa; pues a quien los egipcios celebran en los banquetes bajo el nombre de Máneros 99 es éste. Algunos, sin embargo, sostienen que el niño se llamaba Palestino o Pelusio y que la ciudad epónima, fundada por la diosa, tomó el nombre de él 100 ; y cuentan que el Máneros objeto de sus cantos fue el primero que descubrió la música. Algunos, a su vez, sostienen que no es nombre de nadie, sino un brindis de hombres que beben y celebran una fiesta: «Buena suerte acompañe a tales cosas», pues esto es lo significado por «Máneros» cada vez que los egipcios usan la exclamación. Como sin duda también su exhibición de la imagen [F] de un hombre muerto llevada en una cajita no es recuerdo de lo acontecido a Osiris, como algunos suponen, sino que, como una autoexhortación mientras beben a aprovecharse y disfrutar de los bienes presentes, en la idea de que muy pronto todos serán tales, introducen al desagradable convidado 101 .
18. Isis se encaminó junto a su hijo Horus, que estaba siendo criado en Buto 102 , y puso el ataúd en un lugar apartado; Tifón, que cazaba por la noche a la luz de la luna, tropezó con [358A] él, y al reconocer el cuerpo, lo dividió en catorce trozos y los dispersó 103 . Isis, al saberlo, lo buscaba navegando a través de las marismas en un bote de papiro 104 ; ésta es la razón por la que quienes navegan en botes de papiro no son atacados por los cocodrilos, que muestran ya sea su temor ya su veneración hacia la diosa. Por esto también se dice que hay muchas tumbas de Osiris en Egipto, porque al encontrarse con cada parte, aquélla le construía un sepulcro. Pero otros dicen que no, que Isis hacía imágenes y las entregaba ciudad por ciudad, como si entregara su cuerpo, con el fin de que recibiera honores en el mayor número de ellas y, en el caso de que Tifón se impusiera [B] a Horus, desistiera de buscar la tumba verdadera, al ser muchas las así consideradas y señaladas 105 . La única parte de Osiris que Isis no encontró fue el miembro viril, pues fue arrojado enseguida al río y el lepidoto, el pagro y el oxirrinco lo devoraron, peces de los que especialmente abominan 106 . Sin embargo Isis, en lugar del miembro viril, hizo una imitación de él y consagró el falo, en honor del cual todavía ahora los egipcios celebran una fiesta.
19. Más tarde, llegado Osiris del Hades junto a Horus, lo ejercitaba y entrenaba para la batalla; después le preguntó qué es lo que consideraba lo más hermoso; y al decirle él «vengar al padre y a la madre de uno por haber sido maltratados», le preguntó en segundo lugar cuál es el animal que consideraba más útil para quienes van al combate; y al responderle Horus [C] «el caballo», se quedó sorprendido y preguntó por qué no más el león que el caballo; pues bien, Horus le respondió que el león era útil para quien necesitaba defensa, pero el caballo para dispersar y aniquilar al enemigo en la retirada 107 . Osiris se alegró de oír ésto, porque consideraba que Horus estaba lo suficientemente preparado. Y se dice que al ponerse muchos, sucesivamente, de parte de Horus, también se adhirió la concubina de Tifón, Tueris 108 ; una serpiente que perseguía a esta fue hecha pedazos por los seguidores de Horus, y ahora, por esta razón, echando en el medio una cuerda, la cortan en trozos. Pues bien, el combate duró muchos días y venció Horus; a [D] Tifón, aunque Isis lo recibió encadenado, ésta no lo hizo perecer, sino que lo soltó y lo dejó ir 109 ; pero Horus no soportó esto de buen temple, sino que echándole mano a su madre le arrancó de la cabeza la corona; Hermes, entonces, le cubrió la cabeza con un casco en forma de cabeza de vaca 110 . Tifón incoó un proceso contra Horus por bastardía, pero, con la ayuda de Hermes, Horus fue declarado por los dioses hijo legítimo, y Tifón fue derrotado en otras dos batallas 111 . De Osiris, unido a ella después de la muerte, Isis engendró a Harpócrates, nacido [E] prematuramente y con las extremidades inferiores debilitadas 112 .
20. Éstos son más o menos los puntos importantes del mito, eliminados los más infames, cuales son el desmembramiento de Horus y la decapitación de Isis 113 . Pues bien, que, si estas cosas relativas a la naturaleza bienaventurada e imperecedera, según la cual sobre todo es representado lo divino, las consideran y cuentan como que en verdad fueron llevadas a cabo y acaecieron, «es preciso escupir y lavarse la boca», como dice Esquilo 114 , no hay ninguna necesidad de decírtelo; pues también tú misma detestas a quienes tienen opiniones tan anormales y bárbaras respecto a los dioses; que, sin embargo, estos mitos no se parecen en absoluto a los relatos sin consistencia y huecas fabricaciones que poetas y prosistas, construyéndolas de su cosecha como las arañas, tejen y despliegan cual primicias [F] sin fundamento, sino que contienen algunas dificultades y narraciones de sufrimientos, tú misma lo reconoces. Y del mismo modo que los científicos aseguran que el arco iris es el reflejo del sol, que debe sus variados colores a que nuestra vista se aparta de él en dirección a la nube 115 , así este mito es la imagen [359A] de una cierta verdad que desvía nuestra mente a otros pensamientos, como veladamente dan a entender los sacrificios con duelo y aparente aire triste y las estructuras de sus templos, que ya se despliegan en alas y columnatas abiertas y salubres, ya tienen ocultos y sombríos vestuarios bajo tierra que se asemejan a criptas y capillas funerarias 116 ; y no menos dan esa impresión las tumbas de Osiris, en los muchos lugares en que, se dice, su cuerpo reposa; en efecto, Tis 117 , dicen, es el nombre dado a una pequeña ciudad, en la idea de que sólo ella posee la verdadera tumba, y los egipcios ricos y poderosos son enterrados con [B] preferencia en Abidos 118 , por considerar un honor recibir sepultura en la misma tierra que el cuerpo de Osiris. Que Apis, imagen del alma de aquél, era criado en Menfis 119 , donde también reposa su cuerpo; y el nombre de la ciudad unos lo interpretan «puerto de los buenos», otros como significando propiamente «tumba de Osiris» 120 . Y dicen que la islita cercana a Filas 121 , durante el resto del tiempo es para todo el mundo inabordable e inaccesible y que ni los pájaros se posan sobre ella ni los peces se acercan, pero en un momento determinado los sacerdotes cruzan hasta allí para hacer sacrificios fúnebres y coronar la tumba, sombreada por una planta de methída que sobrepasa en altura a cualquier olivo 122 .
21. Eudoxo 123 dice que entre las muchas tumbas mencionadas en Egipto su cuerpo reposa en Busiris 124 ; pues precisamente esta es la patria de Osiris; sin embargo, no necesita justificación [C] Tafosiris 125 , pues el propio nombre significa tumba de Osiris. Paso por alto la tala del bosque, el espadeo del lino y el derramamiento de libaciones 126 , pues a estos usos están ligadas numerosas explicaciones místicas. Y no sólo de éstos sino también de los demás dioses, cuantos no son ni ingénitos ni incorruptibles, dicen los sacerdotes que sus cuerpos, fatigados, están enterrados junto a ellos y que reciben sus honores, mientras que sus almas brillan en el cielo cual astros, y que el alma de Isis es llamada «Perro» por los griegos, y por los egipcios Sotis; [D] la de Horus es llamada Orión y la de Tifón «Osa» 127 . Y para la construcción de las tumbas de los animales objeto de veneración, los demás pueblos egipcios pagan el tributo fijado; solamente los que habitan la Tebaida no contribuyen, pues no reconocen a ningún dios mortal, sino al que ellos llaman Knef 128 , que es no engendrado e inmortal.
22. Los que creen, por ser muchos los relatos y las representaciones de este género, que en éstos se conmemoran las acciones y experiencias, extraordinarias y grandiosas, de reyes y tiranos que por su sobresaliente virtud, poder o dignidad, se arrogaron la gloria de la divinidad, sufriendo más tarde los caprichos de la fortuna, ponen en práctica un modo facilísimo de esquivar la verdadera explicación y, no sin habilidad, transfieren lo deshonroso de los dioses a los hombres 129 y tienen apoyos [E] procedentes de la tradición. En efecto, los egipcios cuentan que Hermes tenía un cuerpo de brazos cortos, que Tifón tenía la piel roja, Horus blanca y Osiris negra 130 , como si fueran de naturaleza humana. Además, dan el título de general a Osiris y el de timonel a Canobo 131 , del que, dicen, el astro recibe su nombre, y que la nave que los griegos llaman Argo 132 , réplica de la barca de Osiris, colocada entre los astros en su honor, realiza su curso no lejos del de Orión y el «Perro», que los egipcios consideran consagrados el uno a Horus y el otro a Isis.
[F] 23. Sin embargo, temo que esto sea mover lo inamovible 133 y «luchar» no sólo «contra mucho tiempo», como dice Simónides 134 , sino contra muchas razas de hombres y pueblos poseídos por el sentimiento de piedad hacia estos dioses; y que, al no dejar de transferir nombres tales del cielo a la tierra, falte poco para extirpar y disipar la reverencia y la fe, enraizadas en todos desde el comienzo de la existencia, abriendo las puertas [360A] grandes al ateo León 135 , que degrada al nivel humano lo divino, y concediendo una espléndida libertad de palabra a los engaños del mesenio Evémero 136 , el cual, habiendo compuesto personalmente versiones de una mitología increíble e irreal, extiende todo tipo de ateísmo sobre el mundo habitado, al referirse indistintamente a todos los dioses tradicionales con nombres de generales, almirantes y reyes, como si ciertamente hubieran vivido en otro tiempo y sus nombres hubieran estado grabados en letras de oro en Panconte; letras que ningún bárbaro ni griego, sino sólo Evémero, según parece, habiendo navegado hasta los pancoos 137 y trifilos, que no han existido ni existen en ningún [B] lugar de la tierra, ha encontrado.
24. Sin embargo, se celebran grandes acciones de Semíramis 138 entre los asirios y grandes de Sesostris 139 en Egipto; y todavía ahora los frigios llaman «mánicas» a las acciones brillantes y admirables por haber vivido entre ellos Manes 140 , uno de sus reyes de antaño, que era un hombre bueno y poderoso a quien algunos llaman Masnes; y Ciro 141 a los persas, y Alejandro 142 a los macedonios casi hasta los confines de la tierra los llevaron victoriosos; sin embargo, tienen el nombre y la fama [C] de reyes valerosos. Y, «si algunos exaltados por la arrogancia», como dice Platón 143 , «con el alma encendida al mismo tiempo por la juventud y la irreflexión junto con soberbia» aceptaron nombres de dioses y construcciones de templos, su gloria floreció por poco tiempo; después, habiendo incurrido en culpa de vanidad y jactancia junto con impiedad y sacrilegio,
de fugaz destino, a la manera del humo elevados, se fueron volando 144
y ahora, arrancados de los templos y de los altares como esclavos fugitivos, nada tienen sino sus tumbas y sus sepulcros. De ahí que Antígono el Viejo 145 , cuando un tal Hermódoto 146 en sus poemas lo llamó hijo del Sol y dios, dijo «no me reconoce tales cualidades el que lleva mi orinal». Y Lisipo el escultor, [D] con razón reprochó a Apeles el pintor que al hacer el retrato de Alejandro lo representara con un rayo en la mano; él en cambio lo hizo con una lanza, cuya gloria ningún tiempo la sustraerá, por ser verdadera y serle propia.
25. Mejor es, pues, el juicio de los que piensan que las historias sobre Tifón, Osiris e Isis no son visicitudes propias ni de dioses ni de hombres, sino de grandes démones 147 que Platón 148 , Pitágoras 149 , Jenócrates 150 y Crisipo 151 , siguiendo a los antiguos teólogos, dicen que han sido dotados de fuerza sobrehumana y que sobrepasan mucho en potencia a nuestra naturaleza; [E] pero que no tienen el elemento divino puro y sin mezcla, sino que éste participa de la naturaleza del alma y de la capacidad sensitiva del cuerpo, la cual experimenta placer, fatiga y cuantas afecciones que acaecen en estos cambios, perturban a unos más y a otros menos; pues hay, como entre los hombres, también entre los démones diferencias de virtud y de maldad. Las hazañas de los Gigantes y los Titanes 152 cantadas entre los griegos, ciertas acciones ilegales de Crono, la lucha obstinada de Pitón contra Apolo, las desdichas de Dioniso y los vagabundeos de Deméter, no desmerecen nada de las hazañas de Osiris, [F] de Tifón y de otras narraciones míticas que a todos es posible oír libremente; y cuanto se oculta en los ritos mistéricos y en las ceremonias de iniciación, y es guardado en secreto e incontemplable para la mayoría, tiene una similar explicación.
26. También oímos a Homero llamar a los buenos de manera distintiva en los diversos lugares: «deiformes», «semejantes a los dioses», «en posesión de sabiduría inspirada por los dioses» 153 , y en cambio usar el epíteto derivado de «démones» [361A] indistintamente para los buenos y los malos:
ser infeliz, acércate; ¿por qué temes tanto a los argivos? 154
y a su vez
pero cuando por cuarta vez se lanzó semejante a un demon 155
y
desdichada, ¿qué males tan grandes te causan Príamo y los
hijos de Príamo, que deseas ardientemente destruir la bien
construida ciudad de Ilión? 156
como si los démones tuvieran una naturaleza y una voluntad mixta y versátil. De ahí que Platón 157 asigne a los dioses olímpicos lo de la derecha y el número impar, y lo contrario de esto a los démones; y Jenócrates 158 también piensa que los días nefastos [B] y las fiestas que comportan algún tipo de flagelaciones o golpes de pecho o ayunos o palabras de mal augurio o palabras obscenas no son apropiados ni para honrar a los dioses ni a los démones que son buenos, sino que hay en el espacio circundante grandes y poderosas naturalezas, de un carácter difícil y sombrías, que se deleitan con tales homenajes y, al obtenerlos, no buscan ninguna otra cosa peor. A los nobles y buenos, a su vez, Hesíodo 159 los llama «santos démones» y «guardianes de los hombres», «dadores de riqueza y poseedores de este privilegio real»; Platón 160 llama a tal raza intérpretes y servidores, que ocupan lugar intermedio entre los dioses y los hombres, que elevan [C] allá arriba las plegarias y peticiones de los hombres y traen de allí aquí abajo los oráculos y donaciones de bienes. Empédocles también dice que los démones pagan las culpas por los yerros y faltas en que hubieran incurrido
pues la fuerza del éter los empuja hasta el mar, y el mar los escupe sobre el suelo de la tierra, y la tierra los lanza a los rayos del sol infatigable, y éste a los torbellinos del éter; uno los recibe del otro, pero todos los aborrecen 161 ,
hasta que, castigados así y purificados, de nuevo recobran el lugar y la posición que por naturaleza les pertenece.
27. Historias hermanas a éstas y a otras tales son contadas, [D] dicen, respecto a Tifón 162 , como que por envidia y malevolencia llevó a cabo terribles acciones y, habiendo perturbado todas las cosas, llenó de males la tierra toda y el mar al mismo tiempo; después pagó su culpa; y la vengadora 163 hermana y esposa de Osiris, tras haber sofocado y puesto fin a la locura y furia de Tifón, no permitió que las pruebas y combates que soportó, sus propios vagabundeos y sus muchas obras de sabiduría y muchas gestas de valor quedaran sumidas en el olvido y el [E] silencio, sino que uniendo a los santísimos ritos 164 imágenes, alegorías y representaciones de sus sufrimientos de entonces, consagró una enseñanza de piedad a la vez que un estímulo para hombres y mujeres víctimas de semejantes desgracias. Ella y Osiris, habiendo sido transmutados de démones buenos en dioses a causa de su virtud, como después Heracles y Dioniso 165 , no inadecuadamente reciben honores mixtos, propios de dioses y démones al mismo tiempo, teniendo poder en todas partes pero el mayor en las regiones sobre y bajo la tierra. En efecto, dicen que Serapis no es otro que Plutón y que Isis es Perséfone 166 , como ha dicho Arquémaco el eubeo 167 y Heraclides Póntico 168 , que cree que el oráculo que hay en Canobo 169 es de Plutón. [F]
28. Ptolomeo Soter 170 vio en sueños la estatua colosal de Plutón en Sinope 171 , sin saber ni haber visto antes qué forma tenía, la cual le ordenaba que la transportara con la mayor rapidez posible a Alejandría 172 . Al no saber ni tener medios de conocer dónde estaba erigida y al contarle la visión a sus amigos, fue hallado un hombre muy viajado, de nombre Sosibio 173 , que dijo que había visto en Sinope una estatua colosal tal como el rey creyó haberla visto. Envió, entonces, a Sóteles y Dionisio, quienes tras mucho tiempo y dificultad, pero no sin la providencia divina, después de robarla, se la llevaron. Y una vez que, transportada, fue expuesta, habiendo conjeturado al mismo [362A] tiempo los seguidores de Timoteo, el exégeta, y de Manetón, el sebenita 174 que era una estatua de Plutón, a juzgar por Cerbero y la serpiente 175 , persuaden a Ptolomeo de que no es la estatua de ningún otro dios sino de Serapis 176 ; en el lugar de donde venía, en efecto, no era así nombrada, pero, transportada a Alejandría, obtuvo el nombre con el que se designa a Plutón entre los egipcios: Serapis. Además, las palabras de Heráclito, el filósofo de la naturaleza, «Hades y Dioniso son el mismo dios, en honor del cual caen en delirio y celebran la fiesta del prensado de las uvas» 177 , llevan a esta opinión. Pues quienes consideran que con el nombre de Hades es designado el cuerpo, como si el alma estuviera enloquecida y ebria dentro de él, alegorizan sutilmente. Es preferible identificar a Osiris con Dioniso y con [B] Osiris a Serapis, por haber adquirido Osiris ese apelativo cuando cambió de naturaleza. Por lo cual Serapis es común a todos, como ciertamente saben que lo es Osiris los que participan en los ritos sagrados.
29. Pues no vale la pena prestar atención a los Escritos frigios 178 , en los que se dice que Serapis era hijo de Cáropo, la hija de Heracles, y Tifón hijo de Éaco, el hijo de Heracles 179 , ni tampoco dejar de condenar a Filarco 180 , cuando escribe que Dioniso fue el primero que trajo a Egipto de la India dos toros, el nombre de uno de los cuales era Apis y el del otro Osiris; y [C] que Serapis es el nombre de quien ordena el universo, derivado de saírein , que significa según algunos «embellecer» y «ordenar» 181 . Estas afirmaciones de Filarco son absurdas y mucho más absurdas las de quienes dicen que Serapis no es un dios, sino que así es llamado el ataúd de Apis 182 , y que ciertas puertas de bronce que hay en Menfis, llamadas de Leteo y de Cocito, cuando entierran a Apis son abiertas produciendo un ruido profundo y seco, por lo cual ponemos la mano sobre todo objeto de bronce cuando resuena 183 . Más mesurada es la opinión de quienes dicen que significa el concertado movimiento del universo a partir de seúesthai y soûsthai («lanzarse» y «precipitarse»). Pero la mayor parte de los sacerdotes dicen que Osiris y Apis han sido entretejidos en el mismo ser, explicándonos y [D] enseñándonos que es preciso considerar a Apis imagen corpórea del alma de Osiris 184 . Por mi parte, si el nombre de Serapis es egipcio, creo que denota alegría y júbilo, teniendo como testimonio el que los egipcios llaman al festival de las Charmósyna «Saírei» 185 . Pues también Platón dice que Hades recibe este nombre por ser un dios benefactor y benigno con los que llegaron a su lado 186 ; y entre los egipcios otros muchos nombres tienen sentido 187 , y el lugar subterráneo al que piensan van las almas después de la muerte, lo llaman Aménthēs , nombre que significa «el que recibe y el que da» 188 . Pero si también éste es uno de los nombres que llegaron en otro tiempo de Grecia y [E] fueron devueltos, lo examinaremos después 189 ; ahora discurriremos a través de lo que falta de la creencia que traemos entre manos.
30. Osiris e Isis, pues, pasaron de démones buenos a dioses 190 ; y al poder debilitado y desgastado de Tifón, pero todavía en lucha contra la muerte y con agitaciones convulsivas, ya lo calman y lo apaciguan con sacrificios, ya al contrario lo humillan y lo ultrajan en ciertas fiestas 191 con insultos a los hombres que tienen cabellos rojos y arrojando un asno de lo alto de un precipicio, como los coptitas, porque Tifón tenía el pelo rojo [F] y forma de asno 192 . Busiritas y licopolitas no usan las trompetas en absoluto, en la creencia de que su sonido se parece al rebuzno del asno 193 . Y, en una palabra, consideran al asno un animal impuro y además demoníaco a causa de su semejanza con aquél, y cuando hacen tortas en los festivales de los meses Paÿní y Phaōphí , imprimen la figura de un asno atado 194 . Y en [363A] el sacrificio a Helio, recomiendan a los devotos del dios no llevar encima adornos de oro ni dar alimento a un asno. También los pitagóricos da la impresión de que consideran a Tifón un poder demoníaco; en efecto, dicen que Tifón ha nacido en una medida par, la quincuagésima sexta; y a su vez que la naturaleza del triángulo es la de Hades, Dioniso y Ares; la del cuadrado de Rea, Afrodita, Deméter, Hestia y Hera; la del dodecágono de Zeus; y la del polígono de cincuenta y seis lados de Tifón, como Eudoxo ha contado 195 .
31. Los egipcios, creyendo que Tifón era de tez roja le sacrifican también los bueyes rojos, haciendo el examen tan escrupulosamente [B] que, en el caso de que un buey tenga un solo pelo negro o blanco, lo consideran no apto para el sacrificio 196 ; pues lo que se debe sacrificar no es lo grato a los dioses, sino lo contrario, cuanto ha recibido las almas de hombres impuros e injustos metamorfoseados en otros cuerpos 197 . Por lo cual, después de haber pronunciado maldiciones sobre la cabeza de la víctima y haberla cortado, en otro tiempo la arrojaban al río, pero ahora la venden a los extranjeros; y al buey que iba a ser sacrificado, los sacerdotes llamados «sphragistaí» lo marcaban 198 , conteniendo el sello, según cuenta Cástor, la imagen de un hombre apoyado en sus rodillas con las manos atadas atrás y con una espada clavada en la garganta 199 . Y piensan también [C] que el asno padece su semejanza, como ha quedado dicho, por su estupidez y lubricidad 200 no menos que por el color de su pelaje; es por eso por lo que también, odiando, entre los reyes persas, especialmente a Oco, como maldito e impuro, lo apodaron asno. Y aquél, después de decir: «Sin embargo este asno se regalará en vuestro buey», inmoló a Apis 201 , como ha contado Dinón 202 . Y los que dicen que la huida de Tifón de la batalla a lomos de un burro duró siete días y que, habiéndose salvado, [D] engendró dos hijos, Hierosólimo y Judeo, es evidente, a partir de los nombres, que añaden elementos judaicos al mito 203 .
32. Pues bien, tales son las interpretaciones que estos hechos sugieren; desde otro punto de vista, de entre quienes parecen decir algo más filosófico, examinemos en primer lugar a los más simples 204 . Estos son los que dicen que, del mismo modo que los griegos explican alegóricamente a Crono como el tiempo, a Hera como el aire y al nacimiento de Hefesto como el cambio de aire en fuego, así entre los egipcios Osiris es el Nilo que se une con la tierra, Isis, y Tifón es el mar en el que el Nilo al desembocar desaparece y se dispersa, excepto cuanto la tierra recibe como su parte y al acogerlo en su seno se hace fértil gracias a él 205 . Y en un treno sagrado que hay en honor del Nilo se le llora por nacer en las regiones de la izquierda y perecer [E] en las de la derecha. Pues los egipcios piensan que las regiones de levante son la cara del mundo, las que caen al norte la derecha y las meridionales la izquierda 206 ; así, del Nilo, que corre desde el sur y que es engullido por el mar en el norte, se dice con razón que tiene su nacimiento en las regiones de la izquierda y su muerte en las de la derecha. Esta es la causa por la que los sacerdotes tienen horror sagrado al mar y llaman a la sal «espuma de Tifón» y una de las cosas que les está prohibida es poner sal en la mesa 207 ; no dirigen la palabra a los timoneles 208 , porque se sirven del mar y de él obtienen su medido de vida; [F] no menos por esta razón, rechazan el pescado y escriben la palabra «odiar» con el signo de un pez 209 . Es así que, en Sais, en el vestíbulo del templo de Atenea estaban grabados un niño de cuna, un viejo y después de éste un halcón, a continuación un pez y finalmente un hipopótamo. El significado simbólico de esto era: «Oh, vosotros, que venís al mundo y os vais! 〈la divinidad odia la impudicia» 210 . Pues el niño es el símbolo del nacimiento〉 y el viejo 〈de la muerte〉; con el halcón representan a la divinidad y con el pez el odio, como ha quedado dicho, a [364A] causa del mar, y con el hipopótamo la impudicia 211 ; pues se dice que tras dar muerte a su padre se empareja por la fuerza con su madre. Podría parecer también que el dicho de los pitagóricos, que el mar es una lágrima de Crono 212 , aludiría a la naturaleza impura y extraña del primero.
Pues bien, quede dicho esto como una digresión que es de común conocimiento.
33. Los más sabios de los sacerdotes no solamente al Nilo lo llaman Osiris y Tifón al mar, sino que simplemente dan el nombre de Osiris a todo principio y fuerza productores de humedad, por considerarlo causa de la generación y sustancia del germen vital; el de Tifón, en cambio, a todo lo seco, ardiente, árido en una palabra, y a lo enemigo de la humedad 213 ; por lo cual, creyendo también que ha nacido de piel roja y amarillenta 214 , no tratan de muy buena gana con hombres que tienen tal [B] aspecto ni con agrado frecuentan su compañía. Osiris, por su parte, según la tradición mítica, es de piel negra 215 , porque el agua, al mezclarse con la tierra, los vestidos y las nubes, lo oscurece todo, y la humedad presente en los jóvenes genera cabellos negros, en cambio la canicie, como si fuera una decoloración por la sequedad, sobreviene a quienes llegan a la acmé . La primavera es floreciente, fecunda, amable; el otoño, en cambio, por la falta de humedad, es hostil a las plantas y nocivo para los animales. El buey criado en Heliópolis, al que llaman Mnevis 216 (consagrado a Osiris y al que algunos también consideran padre de Apis), es negro y goza de segundos honores después de Apis. Además, a Egipto, cuya tierra es negra entre las que más, lo llaman Chemia 217 , como a lo negro del ojo, y lo comparan al corazón; pues es caliente, húmedo y está completamente encerrado y unido a la parte sur del mundo habitado, como el corazón al lado izquierdo del hombre.
34. Dicen que Helio y Selene no usan, como vehículos de transporte en su vuelta al mundo, carros, sino navíos 218 , queriendo así dar a entender que su crianza y nacimiento se produce a partir de la humedad. Y piensan también que Homero, como [D] Tales, por haberlo aprendido de los egipcios, consideraba el agua principio y origen de todo 219 ; pues el Océano es Osiris y Tetis es Isis 220 , como la que nutre y alimenta todo. Pues también los griegos llaman a la emisión del esperma apousía y al coito synousía , y al hijo (hyós) a partir de hýdōr («agua») y de hŷsai («llover»), y a Dioniso Hyês porque es señor de la naturaleza húmeda y no otro que Osiris; pues también Helánico parece haber oído el nombre de Osiris pronunciado Hýsiris por los sacerdotes; en efecto, continuamente llama así al dios, verosímilmente por su naturaleza y por el rito de su descubrimiento (heúresis) 221 .
35. Que Osiris es idéntico a Dioniso 222 ¿quién más adecuadamente que tú, Clea, puede saberlo, cuando eres la jefa de [E] las Tíades de Delfos y has sido consagrada por tu padre y por tu madre en los ritos sagrados de Osiris? 223 Y si en atención a los demás es necesario proporcionar testimonios, dejemos estar los ritos secretos, pero lo que a la luz realizan los sacerdotes en el entierro de Apis, cuando llevan su cuerpo sobre una balsa, no difiere nada de una ceremonia báquica: se cubren con las nébrides, llevan tirsos, profieren gritos y se agitan como los poseídos en los ritos orgiásticos dionisíacos 224 . Ésta es también la razón por la que muchos griegos hacen estatuas de Dioniso en forma de toro 225 ; y las mujeres eleas también lo invocan suplicando «que el dios llegue con pie bovino» junto a ellas 226 . Entre [F] los argivos Dioniso lleva el epíteto bougenḗs («nacido de un buey») 227 , y lo invitan a salir del agua al son de trompetas, arrojando a la profundidad un cordero para el guardián de la puerta; y estas trompetas las ocultan en los tirsos 228 , como Sócrates en su tratado Sobre los Santos ha contado 229 . Además, las historias relativas a los Titanes y las fiestas Nictelias 230 concuerdan con los desmembramientos que se cuentan de Osiris, con sus resurrecciones y sus reencarnaciones; y del mismo modo, también lo relativo a las tumbas. Pues los egipcios, como [365A] ha quedado dicho 231 , muestran en muchas partes tumbas de Osiris, y los delfios pretenden que los restos de Dioniso reposan entre ellos, junto al oráculo 232 , y los Hósioi hacen un sacrificio secreto en el templo de Apolo cuando las Tíades despiertan a Licnites 233 . Que no sólo del vino, sino también de toda naturaleza húmeda los griegos consideran a Dioniso señor y príncipe, basta Píndaro como testigo de ello, cuando dice:
¡Pueda el muy alegre Dioniso acrecentar la cosecha de los árboles ,
santo esplendor del otoño! 234 ;
por lo cual también a los que veneran a Osiris les está prohibido destruir un frutal y cegar una fuente.
36. No sólo al Nilo, sino a todo lo húmedo lo llaman, sin más, flujo de Osiris 235 , y las procesiones sagradas siempre las [B] encabeza el hydreîon 236 , en honor del dios. Escriben las palabras para «rey» y «la región meridional del mundo» mediante un junco, y el junco es interpretado como la irrigación y fecundación de todo, y por su naturaleza parece asemejarse al órgano de la generación 237 . Cuando celebran la fiesta de las Pamilias que, como ha quedado dicho 238 , es de carácter fálico, exponen y llevan en procesión una estatua, cuyo miembro viril es de tamaño triple 239 ; el dios, en efecto, es principio, y todo principio multiplica por su poder fecundante lo que procede de él. Tenemos por costumbre expresar la multiplicidad con el número tres, como el «tres veces dichosos» 240 y «ataduras tres veces [C] tantas, innumerables» 241 , a no ser que ¡por Zeus! la expresión «tres veces» sea mostrada con su sentido propio por los antiguos. En efecto, el elemento húmedo, principio y origen de todo, creó de sí mismo las tres primeras sustancias materiales: la tierra, el aire y el fuego 242 . Pues también el relato, que se añade al mito, de que Tifón arrojó al río el miembro viril de Osiris y de que Isis no lo encontró, sino que, habiendo hecho y modelado a su imagen una réplica, ordenó que se la honrara y llevara en procesión fálica 243 , ciertamente apunta a eso, a enseñar que el poder fecundador y germinador del dios tuvo como su primera materia la humedad y gracias a la humedad se mezcló con [D] lo que por naturaleza participa de la generación. Y existe otra leyenda entre los egipcios: Apopis, hermano de Helio, declaraba la guerra a Zeus, y Zeus a Osiris, que se alió con él y le ayudó a derrocar a su enemigo, lo adoptó como hijo y le dió el nombre de Dioniso 244 . Y es posible demostrar que el elemento mítico de esta leyenda está conectado a una verdad de orden físico. Pues los egipcios llaman Zeus al viento, que tiene como elemento hostil lo seco y lo ígneo; éste no es el sol, pero tiene alguna afinidad con él; y la humedad, al atenuar el exceso de sequedad, aumenta y fortalece las exhalaciones con las que el viento se alimenta y se hace vigoroso. E
37. Además, la yedra los griegos la consagran a Dioniso y entre los egipcios, se dice, es llamada «chenósiris », nombre que significa, según el mismo testimonio, planta de Osiris 245 . Pues bien, Aristón 246 , el autor de la Colonización ateniense , topó con una carta de Alexarco 247 en la que se cuenta que Dioniso, hijo de Zeus y de Isis, es llamado por los egipcios no Osiris sino Ársafes 248 , nombre que denota la virilidad. Esto pone también de manifiesto Hermeo en el primer libro de su tratado los 〈Festivales〉 de los egipcios , pues dice que Osiris, rectamente [F] interpretado, significa vigoroso 249 . Paso por alto a Mnaseas 250 , que conecta con Épafo a Dioniso, a Osiris y a Serapis 251 ; paso por alto también a Anticlides 252 , cuando dice que Isis, que era hija de Prometeo, cohabitó con Dioniso; pues las similitudes ya señaladas en sus fiestas y sacrificios ofrecen mayor credibilidad que los testimonios de autores.
38. Entre los astros, consideran a Sirio la estrella de Isis 253 , por ser la que trae agua, y veneran al León y adornan las puertas [366A] de los templos con fauces leoninas, porque el Nilo se desborda
cuando, por primera vez, el sol se acerca al león 254 .
E igual que al Nilo flujo de Osiris 255 , así llaman y consideran a la tierra cuerpo de Isis, no a toda, sino la que el Nilo cubre, fecundándola y uniéndose a ella 256 ; y de esta unión engendran a Horus. Es Horus la sazón (hṓra) y mezcla del aire circundante que todo lo conserva y nutre, el cual dicen que fue criado por Leto en las marismas que rodean Buto 257 ; pues la tierra saturada [B] e impregnada de humedad alimenta de forma especial las exhalaciones que extinguen y atenúan la aridez y la sequedad.
Dan el nombre de Neftis a las regiones extremas de la tierra, las limítrofes de las montañas y las del borde del mar; por esta razón aplican también el epíteto Teleutḗ («Fin») a Neftis y dicen que es esposa de Tifón. Y cuando el Nilo, saliéndose de su cauce y desbordándose lejos, entra en contacto con esas regiones extremas, a eso lo llaman unión de Osiris y Neftis, probada por las plantas que allí brotan; entre ellas está también el meliloto, que, cuenta la leyenda, al caer al suelo y ser dejado atrás, delató a Tifón la violación de su lecho conyugal. De ahí [C] que Isis engendró legítimamente a Horus, mientras que Neftis clandestinamente a Anubis. Sin embargo, en las Genealogías de los reyes está registrado que Neftis, después de haberse casado con Tifón, al principio era estéril; y si esto se dice no respecto a una mujer sino respecto a la diosa, simbólicamente se está hablando de la total esterilidad de la tierra y de su infertilidad por la dureza del suelo 258 .
39. La insidia y la tiranía de Tifón representan el poder de la sequedad que se impone y evapora la humedad que da origen al Nilo y lo acrecienta, mientras que la reina etíope, su aliada, simboliza los vientos del sur que soplan desde Etiopía; pues siempre que éstos se imponen a los etesios, que empujan las nubes hacia Etiopía, e impiden que caigan las lluvias que [D] acrecientan al Nilo 259 , Tifón, prevaleciendo, abrasa, y entonces, imponiéndose completamente al Nilo, lo rechaza hasta el mar, replegado en sí mismo por la debilidad y con su cauce vacío y mísero. La narrada reclusión de Osiris en el ataúd no parece simbolizar otra cosa que el ocultamiento y desaparición del agua 260 ; por ello dicen que la desaparición de Osiris ocurrió en el mes Athýr , cuando, al cesar por completo los etesios, el Nilo se pierde bajo tierra, el suelo se queda desnudo, aumenta la oscuridad al alargarse la noche, la potencia de la luz se amortigua [E] y es vencida 261 , y los sacerdotes, entre otras ceremonias lúgubres, para representar el duelo de la diosa recubren una vaca dorada con un manto de lino negro (pues piensan que la vaca es una imagen de Isis y de la tierra) y la exponen durante cuatro días seguidos a partir del decimoséptimo del mes 262 ; también los motivos de dolor son cuatro: en primer lugar, la bajada de nivel del Nilo y su desaparición; en segundo lugar, la completa extinción de los vientos del norte, dominados por los del sur; en tercer lugar, la menor duración del día que la de la noche; y en adición a todo, la denudación de la tierra junto con la defoliación [F] de las plantas, que en ese momento pierden sus hojas. En el decimonoveno día, por la noche, descienden hasta el mar, y los stolistaí y los sacerdotes llevan la cesta sagrada 263 con un cofre de oro dentro, en el que vierten agua dulce que han llevado consigo, y se produce un grito de los presentes como si Osiris fuera encontrado; después mojan tierra vegetal con el agua, y tras mezclar aromas e incienso de los más caros, modelan una figura en forma de media luna, la visten y la adornan, indicando así que consideran a estos dioses sustancia de tierra y agua 264 .
40. Cuando Isis recobró a Osiris y activó el crecimiento [367A] de Horus, quien, con las exhalaciones, brumas y nubes se robusteció, Tifón fue vencido, pero no aniquilado. Pues la diosa señora de la tierra no permitió que fuera aniquilada por completo la naturaleza antagonista de la humedad, sino que lo puso en libertad y lo dejó ir, con el propósito de que se mantuviera la mezcla; pues no era posible que el cosmos fuera perfecto faltando y desapareciendo el elemento ígneo 265 . Y si esta interpretación no carece de verosimilitud, nadie podría rechazar aquella tradición de que Tifón en otro tiempo mandaba en el territorio de Osiris; pues Egipto era mar 266 . Por esta razón, todavía ahora se encuentran muchas conchas en las minas y en los montes, y todas las fuentes y pozos todos, que son muchos, [B] contienen agua salada y amarga, como si un resto corrompido del antiguo mar hubiera confluido aquí. Con el tiempo Horus se impuso a Tifón 267 , es decir, con la oportuna abundancia de lluvias, el Nilo, tras empujar al mar, descubrió la llanura y la llenó de aluviones. Lo cual ciertamente tiene como testigo la propia observación; pues vemos, todavía ahora, cuando el río aporta nuevo sedimento y hace avanzar la tierra, que el piélago se retira poco a poco hacia atrás y el mar retrocede, por ganar altura las partes del fondo a causa de los depósitos de aluvión; y Faros, que Homero sabía que estaba a una jornada de distancia [C] de Egipto, es ahora una parte de él, no porque la isla se haya desplazado ni se haya acercado, sino porque el mar que la separaba ha sido empujado por el río que modela y alimenta la tierra firme 268 .
Pero esto se parece a las interpretaciones teológicas de los estoicos 269 ; pues también aquéllos dicen que el espíritu generador y nutricio es Dioniso; el que golpea y divide, Heracles: el que recibe, Amón; el que penetra en la tierra y sus frutos, Deméter y Core; y el que se extiende en el mar, Posidón.
41. Y ellos, combinando con estas interpretaciones de orden físico algunos de los principios matemáticos obtenidos de la astrología 270 , piensan que Tifón designa al mundo solar 271 y [D] Osiris al lunar 272 ; pues la luna, al tener una luz fecunda y humectante, favorece la reproducción de los animales y la germinación de las plantas; el sol, por el contrario, con su atemperante y fuerte fuego abrasa y deseca lo que nace y brota, y a gran parte de la tierra la hace, a causa del calor ardiente, completamente inhabitable y se impone en muchas regiones también a la luna. Es por lo que los egipcios dan a Tifón el nombre de Seth, que significa lo opresor o constreñidor 273 , y cuentan que Heracles, habiendo construido su morada en el sol, lo acompaña en sus revoluciones 274 , así como Hermes a la luna 275 ; pues a las [E] obras de la razón y de la sabiduría se parecen las de la luna, en cambio las del sol a golpes asestados con violencia y fuerza. Los estoicos 276 dicen que el sol se enciende y se alimenta del mar, y que, en cambio, a la luna las aguas de fuentes y pantanos le envían dulces y delicadas exhalaciones.
42. En el decimoséptimo día sitúa la tradición mítica egipcia la muerte de Osiris, momento en el que la luna llena se muestra especialmente menguada. Por eso también los pitagóricos llaman a ese día «barrera» y abominan completamente de este número; pues al caer el número diecisiete entre el número cuadrado dieciséis y el número rectángulo dieciocho, únicos [F] números planos a los que acaece tener los mismos perímetros que las áreas abarcadas por ellos 277 , se interpone, los desune y separa, dividiéndose, según la proporción de nueve a ocho en partes desiguales 278 . Por otra parte, unos dicen que el número de años de la vida de Osiris, otros que los de su reinado, fueron veintiocho; pues otras tantas son las iluminaciones de la luna y [368A] en otros tantos días completa su ciclo. Y, en las ceremonias denominadas «funerales de Osiris», cortan madera y fabrican un arca en forma de creciente 279 a causa de que la luna, cuando se acerca al sol, es eclipsada tomando la forma de creciente. Y con el desmembramiento de Osiris en catorce partes hacen alusión a los días en que el astro se desvanece, desde el plenilunio hasta el novilunio 280 . Y al día en el que por primera vez se hace visible, tras haber escapado a sus rayos y haber sobrepasado al sol, lo llaman «bien incompleto»; pues Osiris es bienhechor y su nombre tiene muchos sentidos, y no menos el de poder activo y benéfico según dicen. El otro nombre del dios, el de Onfis 281 , [B] interpretado significa, en opinión de Hermeo 282 , «benefactor».
43. Piensan que las crecidas del Nilo tienen alguna relación con las fases de la luna. Pues la mayor altura, en Elefantine, es de veintiocho codos, cuantas son las iluminaciones de la luna y el tiempo de cada uno de los períodos lunares; la menor altura, en Mendes y Xois es de siete codos, correspondiendo a la media luna; la altura media, en Menfis, siempre que fuera normal, es de catorce codos, en correspondencia al plenilunio 283 . [C] Apis, dicen, es la imagen viviente de Osiris y es engendrado cuando una luz generadora cae de la luna y alcanza a una vaca en celo 284 . Por eso también, muchos de los rasgos de Apis se parecen a las formas de la luna, el cual tiene partes brillantes ennegrecidas por las de sombra. Además, en la luna nueva del mes Phamenóth , celebran una fiesta llamada «entrada de Osiris en la luna», la cual representa el comienzo de la primavera 285 . Así, situando en la luna el poder de Osiris, dicen que Isis, que es el principio de la generación, se une con él. Por eso también llaman a la luna «madre del mundo» y creen que tiene naturaleza hermafrodita, al ser preñada y fecundada por el sol, pero [D] lanzando ella, a su vez, al aire principios de generación y diseminándolos 286 ; pues no siempre prevalece la actividad destructora de Tifón, sino que muchas veces, vencida por la fuerza generadora y encadenada, se libera de nuevo y entra en lucha con Horus. Es éste el mundo terrestre, no exento por completo ni de destrucción ni de generación 287 .
44. Algunos también interpretan el mito como una alegoría de los eclipses; pues la luna sufre eclipse en el plenilunio: al tener el sol una posición opuesta a la suya, cae ella en la sombra de la tierra, como Osiris, cuentan, en el ataúd. Ella, a su vez, oculta y hace desaparecer al sol en los trigésimos días del [E] mes; sin embargo no lo aniquila por completo, como tampoco Isis a Tifón 288 .
Cuando Neftis dio a luz a Anubis, Isis lo tomó a su cuidado; pues Neftis es lo que está bajo tierra y lo invisible, Isis, en cambio, lo que está sobre la tierra y lo visible 289 ; y el círculo que los toca y se denomina horizonte por ser común a ambos, es llamado Anubis y es representado bajo la forma de un perro 290 ; pues también el perro usa igualmente de la vista, tanto por la noche como por el día; y Anubis parece tener entre los egipcios el mismo poder que Hécate entre los griegos, por ser a la vez ctónico y olímpico 291 . Y algunos creen que Anubis es Crono; por [F] eso, al engendrar de sí y concebir (kýōn) en sí todos los seres, recibe el apelativo de «perro» (kýōn) 292 . Es, en efecto, para los adoradores de Anubis algo impronunciable, y en otro tiempo el perro gozó de los mayores honores en Egipto; pero, puesto que, al dar muerte Cambises a Apis 293 y arrojarlo, ningún animal se le acercó ni comió de su cuerpo a no ser el perro, perdió su primacía y la posición del más alto honor entre los animales. Hay quienes llaman a Tifón la sombra de la tierra 294 , en la que la luna al deslizarse creen que sufre eclipse.
[369A] 45. De ahí que no carezca de verosimilitud decir que cada una de estas interpretaciones, tomadas por separado, son erróneas, pero que tomadas en su conjunto son correctas, pues no a la aridez, ni al viento, ni al mar, ni a la oscuridad, sino a todo lo que la naturaleza contiene de dañino y destructivo, hay que considerarlo parcela de Tifón 295 . Ni en los cuerpos inanimados hay que situar los orígenes del universo, como Demócrito y Epicuro 296 , ni, como los estoicos 297 , postular que el demiurgo de la materia pura sea una sola razón y una sola providencia que sobre todo se impone y reina; pues es imposible o que haya maldad, cualquiera que fuera, donde la divinidad es la causa de todo, o algo de bueno donde no es causa de nada. En efecto, «la armonía del cosmos se produce por tensiones opuestas, como la de [B] la lira y el arco», según Heráclito 298 ; y según Eurípides
no podrían estar aparte los bienes y los males ,
sino que hay una mezcla tal que resulta bien 299 ,
De ahí que también pase de los teólogos y legisladores a los poetas y filósofos esta antiquísima doctrina, con un comienzo anónimo pero que goza de firme e indeleble credibilidad, difundida en muchas partes entre bárbaros y griegos, no sólo en la historia y en la tradición sino también en los ritos de iniciación y en los festivales: que el universo no flota en el aire debido [C] al azar como algo sin sentido, razón o guía, ni es una razón única la que lo gobierna y dirige como con timones o riendas rectoras; sino que, al producir la naturaleza muchas y mezcladas cosas de bienes y males y, más bien, no producir aquí abajo, por decirlo llanamente, nada exento de mezcla, no un solo administrador mezcla las acciones como líquidos de dos toneles y nos las reparte como en una taberna 300 , sino que, a partir de dos principios opuestos y de dos fuerzas enfrentadas, una que nos guía hacia la derecha y en línea recta, otra que nos vuelve hacia atrás y nos dirige al revés, la vida es una mezcla y [D] el cosmos, si no todo sí este terrestre, incluida la luna, es irregular y variable, y expuesto a todo tipo de cambios. En efecto, si nada hay que se origine sin causa y el bien no puede proporcionar causa del mal, es preciso que la naturaleza contenga, del mismo modo que del bien, la fuente y principio particular del mal.
46. Y ésta es la opinión de la mayoría y de los más sabios; en efecto, unos piensan que existen dos dioses, como si fueran rivales, uno artífice del bien, el otro del mal; otros llaman al mejor «dios», al otro «demon», como Zoroastres el mago, que, cuentan, ha nacido cinco mil años antes de la guerra de [E] Troya 301 . Pues bien, éste llamaba a uno Horomaces, al otro Arimanio 302 ; y declaraba además que uno se parecía, entre las cosas perceptibles, a la luz ante todo, el otro, al contrario, a la oscuridad y a la ignorancia, y que en medio de ambos estaba Mitra 303 , por lo cual también a Mitra los persas lo llaman Mesítēs («Mediador»); prescribió hacer a uno sacrificios propiciatorios y de acción de gracias, al otro apotropaicos y lúgubres. En efecto, machacando en un mortero una hierba llamada ómōni 304 , invocan a Hades y a las tinieblas, y después, habiéndola mezclado con sangre de lobo degollado, llevan la mezcla a un lugar donde no llega el sol y la vierten. Pues también de entre las plantas piensan que unas pertenecen al dios bueno y otras al demon malo, y de los animales, consideran a los perros, los pájaros, [F] y los erizos de tierra como pertenecientes al dios bueno, al demon perverso las ratas de agua 305 ; por lo cual también al que da muerte al mayor número de ellas lo consideran feliz.
47. Sin embargo, también aquéllos cuentan muchas historias fabulosas respecto a sus dioses, como por ejemplo éstas: Horomaces, nacido de la más pura luz, y Arimanio, de las tinieblas, [370A] guerrean entre sí. Aquél creó seis dioses; el primero, artífice de la benevolencia, el segundo de la verdad, el tercero de la equidad, y de los restantes, uno de la sabiduría, otro de la riqueza y el tercero artífice del placer en las cosas bellas 306 . Arimanio los creó en igual número, pero como antagonistas de éstos. Después Horomaces, habiendo aumentado su estatura el triple, se colocó del sol a la distancia que el sol guarda de la tierra, y adornó el cielo de estrellas 307 ; y a una estrella la colocó delante de todas como guardiana y vigía, a Sirio 308 . Habiendo creado otros veinticuatro dioses los colocó en un huevo. Y los nacidos de Arimanio, también ellos otros tantos, habiendo perforado [B] el huevo*** 309 por lo que están mezclados los males con los bienes. Pero llegará un tiempo, fijado por el destino, en el que Arimanio, portador de la peste y el hambre, necesariamente será aniquilado por completo por éstas y desaparecerá 310 , y, habiéndose convertido la tierra en llana y lisa, habrá un sólo género de vida y una única forma de gobierno de hombres felices y hablantes todos de una misma lengua 311 . Teopompo 312 dice, siguiendo a los magos 313 , que alternativamente uno de los dioses, se impondrá durante tres mil años y el otro será dominado, y que durante otros tres mil se harán la guerra, combatirán y uno destruirá el poder del otro, y que finalmente Hades será dominado; y los hombres serán felices, sin necesidad de [C] alimento, sin proyectar ninguna sombra, y el dios que ha tramado ésto estará tranquilo y reposará durante un tiempo, no mucho, cual la medida ordinaria de sueño para un hombre 314 . Tal es, pues, el carácter de la mitología de los magos.
48. Los caldeos, declaran que, de los planetas, a los que llaman dioses tutelares de la estirpe, dos son benéficos, dos maléficos y los otros tres tienen una posición intermedia y participan de ambas naturalezas 315 . Las doctrinas de los griegos son para todos, de alguna manera, conocidas, cuando hacen la parte buena propiedad de Zeus olímpico y la abominable de Hades, y cuentan que Harmonía ha nacido de Afrodita y Ares 316 , de los [D] cuales uno es cruel y pendenciero, y la otra dulce y tutelar. Observa que los filósofos están de acuerdo con estas creencias. Pues Heráclito, sin rodeos, llama a la guerra «padre, rey y señor de todo» 317 y dice que, cuando Homero suplica que «desaparezca la discordia de entre los dioses y los hombres» 318 , «sin saberlo, maldice la generación de todos los seres, que tienen su origen en la guerra y el antagonismo» 319 , y que «el sol no sobrapasará los límites asignados; de lo contrario, le saldrán al encuentro las Parcas, protectoras de Díke » 320 . Empédocles, al principio benéfico lo llama «Amor» y «Amistad» y muchas veces «pudorosa Harmonía», y al principio del mal «Lucha aniquiladora» [E] y «Discordia sanguinaria» 321 . Y los pitagóricos, con más nombres, refieren al Bien lo uno, lo limitado, lo estable, lo recto, lo impar, el cuadrado, lo igual, la derecha, lo brillante, y al Mal la díada, lo ilimitado, lo movedizo, lo curvo, lo par, el rectángulo, lo desigual, la izquierda, lo oscuro, en la idea de que estos principios sirven de fundamento a la generación 322 . Anaxágoras los llama Mente e Infinito 323 , Aristóteles Forma y Privación 324 , y Platón, que a menudo se expresa de un modo velado y encubierto, de los principios antagonistas llama a uno Identidad, al otro Alteridad 325 ; pero en las Leyes 326 , siendo de [F] edad avanzada, dice —no con alegorías, y simbólicamente, sino con términos en sentido propio— que no con una sola alma se mueve el cosmos, sino tal vez con más, y en todo caso no menos de dos; de éstas una es benéfica y la que le es opuesta, también de lo opuesto es artífice; y deja también una tercera naturaleza intermedia, no privada de alma ni de razón ni de movimiento por sí misma, como algunos piensan, sino dependiendo de aquellas dos y teniendo a la mejor siempre, añorándola y persiguiéndola, como pondrá de manifiesto lo que sigue [371A] de este tratado, que se propone sobre todo conciliar la teología de los egipcios con esta filosofía 327 .
49. En efecto, la génesis y constitución de nuestro universo es el resultado de la mezcla de fuerzas contrarias, no ciertamente con el mismo poder, sino que prevalece la mejor; pero erradicar completamente la fuerza del mal es imposible porque está profundamente enraizada en el cuerpo y profundamente en el alma del Universo, y en continua y obstinada lucha con la fuerza del bien. En el alma, pues, Osiris es la inteligencia y la razón, que es guía y soberana de todo lo excelente, y en la tierra, [B] en los vientos, en las aguas, en el cielo, en los astros, es emanación de Osiris y reflejo de su imagen, lo que hay de regulado, constante y saludable en relación con las estaciones, las temperaturas del aire y los ciclos 328 ; Tifón es lo que en el alma hay de apasionado, titánico, irracional e inestable, y de lo somático lo que hay de perecedero, enfermizo y perturbador en las malas estaciones, en las intemperies, en los eclipses de sol y desapariciones de la luna, cual escapadas y rebeliones de Tifón 329 ; y el nombre de Seth, con el que llaman a Tifón, lo revela; significa la fuerza opresora y constreñidora, y significa la frecuente vuelta atrás y todavía sobresalto 330 . Algunos dicen [C] que uno de los compañeros de Tifón fue Bebón, pero Manetón, dice que el propio Tifón también es llamado Bebón 331 ; el nombre significa «resistencia» o «impedimento», en la idea de que a las cosas que siguen su curso y se dirigen a su justo fin se interpone el poder de Tifón.
50. Por lo cual también, de los animales domésticos, le asignan el más estúpido, el asno, y entre las fieras, las más salvajes, el cocodrilo y el hipopótamo; pues bien, del asno hemos dado antes algunas explicaciones 332 ; en Hermópolis muestran una estatua de Tifón en forma de hipopótamo sobre cuyo lomo está un halcón en lucha con una serpiente, significando con el hipopótamo a Tifón y con el halcón el poder y la autoridad que, al tratar de adquirirlos Tifón por la fuerza, a menudo no cesa de [D] ser atormentado por su maldad al tiempo que inflige tormentos 333 . Por eso también, cuando celebran sacrificios el siete del mes Tybí , día que llaman «Vuelta de Isis de Fenicia» 334 , modelan sobre los pasteles sagrados la figura de un hipopótamo atado 335 . En Apolinópolis está legislado que todos los ciudadanos sin excepción coman de un cocodrilo; después de cazar en un solo día cuantos pudieran y de darles muerte, los arrojan delante del templo y dicen que Tifón escapó de Horus tras convertirse en cocodrilo, considerando a todos los animales, plantas y acontecimientos que son perniciosos y funestos, acciones, [E] partes y movimentos de Tifón 336 .
51. El nombre de Osiris, en cambio, lo escriben mediante un ojo y un cetro, de los cuales uno indica la previsión, el otro el poder 337 , del mismo modo que Homero al llamar al señor y rey de todo «Zeus supremo y consejero» 338 , parece significar con el término «supremo» su poder y con el de «consejero» su recto juicio y su sabiduría. Y representan también con el halcón a este dios muchas veces; pues sobresale por la agudeza de su visión y la rapidez de su vuelo y puede subsistir con el mínimo alimento. Se dice también que, sobrevolándolos, arroja tierra sobre los ojos de los cadáveres insepultos, y cuando desciende [F] al río para beber tiene su ala erguida; y después de beber la baja de nuevo; con lo cual es evidente que está a salvo y ha escapado del cocodrilo, pues si es apresado, su ala permanece clavada como estaba 339 . En todas partes muestran también una estatua de Osiris en forma humana con el miembro viril erecto, como prueba de su poder generador y nutricio 340 . Cubren sus imágenes con un velo del color de la llama 341 , por considerar al sol como el cuerpo del poder benéfico y como la luz visible de [372A] la sustancia inteligible 342 . Por eso también es justo censurar a quienes atribuyen la esfera del sol a Tifón, a quien nada brillante, ni salutífero, ni orden, ni generación, ni movimiento con medida y razón, sino lo contrario a esto, le es propio 343 ; y el ardor que 344 destruye muchos de los animales y plantas, no hay que tenerlo por obra del sol, sino de los vientos y las aguas que se mezclan en la tierra y en el aire no en el momento adecuado, cuando el principio del poder desordenado e ilimitado extingue sin mesura las exhalaciones.
[B] 52. En los himnos sagrados de Osiris invocan «al que está oculto en los brazos del sol» 345 y en el trigésimo día del mes Epiphí celebran con una fiesta el nacimiento de los ojos de Horus 346 , cuando la luna y el sol se encuentran sobre una línea recta, por considerar no sólo a la luna sino también al sol ojo y luz de Horus. Al octavo día tras finalizar el mes Phaōphí , después del equinoccio de otoño, celebran el nacimiento del «bastón del sol» 347 , significando que necesita como de apoyo y fuerza, al estar falto de calor y de luz, sujeto a declinar y a precipitarse oblicuamente lejos de nosotros. Además, en el solsticio invernal llevan la vaca siete veces alrededor del templo del sol y esta vuelta es llamada «búsqueda de Osiris», porque la [C] diosa en el invierno añora el agua 348 ; dan ese número de vueltas porque en el séptimo mes concluye el tránsito del solsticio de invierno al de verano. Se dice también que Horus, el hijo de Isis, fue el primero de todos en hacer sacrificios al sol el cuarto día del mes 349 , como está registrado en el libro titulado Cumpleaños de Horus 350 ; y, ciertamente, cada día queman perfumes tres veces en honor del sol, de resina cuando nace, de mirra al mediodía y del llamado kŷphi cuando se pone. Cada una de estas ofrendas tiene un significado que después expondré 351 . [D] Piensan que con todas ellas hacen propicio al sol y lo honran. Mas ¿qué necesidad hay de multiplicar tales ejemplos? Pues, hay quienes dicen abiertamente que Osiris es el sol y que es llamado Sirio por los griegos, aun cuando entre los egipcios la anteposición del artículo ha hecho que el nombre resultase oscuro 352 , y quienes declaran que Isis no es otra que la luna; de ahí también que de sus estatuas las que llevan cuernos son representaciones del cuarto creciente, mientras que con aquellas vestidas de negro son figuradas las desapariciones y oscurecimientos, en los que persigue, deseosa, al sol 353 . Por eso también para las cuestiones amorosas invocan a la luna, y Eudoxo dice [E] que Isis preside las relaciones amorosas 354 . Y, de cualquier manera, hay en estas opiniones verosimilitud; en cambio, a los que hacen de Tifón el sol, ni siquiera merece la pena escucharlos 355 . Pero, nosotros retomemos de nuevo el hilo de nuestra propia discusión.
53. Isis es, en efecto, el principio femenino de la naturaleza y susceptible de recibir toda forma de generación, según lo cual es llamada «nodriza» y «receptora de todo» por Platón 356 , y por la mayoría «la de mil nombres» 357 , debido a que es conducida por la razón a recibir todo tipo de formas y figuras. Tiene un amor innato por el primero y supremo señor de todo, que se identifica con el bien, y lo desea y persigue; en cambio, de la parte que deriva del mal huye y la rechaza; aunque es para ambos principios sede y materia, se inclina siempre hacia el principio [F] mejor y le ofrece la posibilidad de engendrar de ella y de que le insemine emanaciones y semejanzas, con lo que se alegra y se siente gozosa de ser fecundada y preñada por estos gérmenes reproductores. En efecto, imagen de la esencia es la procreación en la materia y lo que llega a ser una imitación de lo que es.
[373A] 54. De ahí que, no de manera impropia, en su mitología narran que el alma de Osiris es eterna e imperecedera y que su cuerpo es muchas veces desmembrado y aniquilado por Tifón, pero que Isis, errante de un lado a otro, lo busca y lo recompone de nuevo 358 . El ser, en efecto, lo inteligible y el bien son superiores a la destrucción y al cambio; pero las imágenes que de él modela la naturaleza sensible y corpórea, y las determinaciones 359 , formas y similitudes que recibe, como los sellos en la cera, no permanecen siempre, sino que el desorden y la perturbación se apoderan de ellas tras arrastrarlas aquí desde las regiones superiores y en lucha contra Horus, a quien, siendo el [B] mundo perceptible, Isis engendra como imagen de lo inteligible; por lo cual, también se dice que es acusado de bastardía por Tifón, por no ser puro ni genuino como su padre, la propia Razón en sí misma, sin mezcla e impasible, sino estar bastardeado por la materia a causa del elemento corpóreo 360 . Pero se impone y vence, porque Hermes, es decir la Razón, atestigua y prueba que la naturaleza, transformándose, produce el mundo de acuerdo con el principio inteligible 361 . En efecto, la referida procreación de Apolo a partir de Isis y Osiris cuando todavía estos dioses estaban en el vientre de Rea 362 , tiene el significado alegórico de que antes de que este mundo llegara a ser visible y conformado por la razón, la materia, aunque probada por su naturaleza como imperfecta en sí misma, produjo la primera creación 363 ; por eso también, dicen, aquel dios nació lisiado por [C] culpa de la oscuridad y lo llaman Horus el Viejo; pues no era el mundo, sino una imagen y apariencia del mundo que había de nacer 364 .
55. Pero, ese Horus es él mismo determinado y perfecto; no ha aniquilado completamente a Tifón, sino que lo ha privado de su actividad y su fuerza. Por eso, dicen, en Copto la estatua de Horus sostiene en una de sus manos los genitales de Tifón 365 , y en sus mitologías cuentan que Hermes, habiéndole quitado a Tifón los nervios, los usó como cuerdas para la lira 366 , enseñando así que cuando la razón organizó el mundo creó lo [D] armónico de partes discordantes y no aniquiló la fuerza destructora sino que la mutiló. Por eso ésta, aunque débil e inactiva aquí, mezclada y entretejida como está con partes sujetas a afecciones y cambios, es artífice de seísmos y temblores en la tierra, de ardientes sequedades y vientos intempestivos en el aire y además de rayos y truenos; infesta con pestes, aguas y vientos, y sube y se encabrita hasta la luna, enturbiando y oscureciendo muchas veces su resplandor, como los egipcios creen y [E] dicen, porque ya Tifón golpea el ojo de Horus, ya, arrancándoselo lo engulle y después de nuevo lo devuelve al Sol; designan alegóricamente con el golpe el decrecimiento mensual de la luna y con la mutilación el eclipse, que el sol cura enviándole sus rayos enseguida que sale de la sombra de la tierra 367 .
56. La naturaleza mejor y más divina está formada de tres partes, lo inteligible, la materia y el resultado de su unión, que los griegos llaman cosmos. Platón 368 acostumbra a llamar a lo inteligible «idea», «modelo» y «padre», y a la materia «madre» y «nodriza», «sede» y «lugar» de la generación, y al resultado de su unión «prole» y «generación». Se podría conjeturar que [F] los egipcios honran especialmente al más bello de los triángulos cuando equiparan a éste la naturaleza del universo, como también Platón en la República parece hacer uso de él al elaborar la figura nupcial 369 . Este triángulo tiene la altura de tres unidades, la base de cuatro y la hipotenusa de cinco, cuyo cuadrado [374A] es igual a los cuadrados de los otros dos lados. Pues bien, hay que comparar la altura al macho, la base a la hembra y la hipotenusa al hijo de ambos; y representarse a Osiris como principio, a Isis como el elemento receptor y a Horus como el resultado perfecto. El tres es, en efecto, el primer número impar y perfecto 370 ; el cuatro es el cuadrado del número par dos; el cinco en cierto modo se parece a su padre y en cierto modo a su madre, como suma que es del tres y del dos. Y pánta («el universo») es una palabra derivada de pénte («cinco») y a «contar» se refieren con la palabra pempásasthai («contar por cinco») 371 . Cinco forma un cuadrado a partir de sí mismo, que es el número de letras del alfabeto egipcio y de los años que vivió Apis 372 . A Horus acostumbran a llamarlo también Min , que significa [B] «que se ve»; pues el cosmos es perceptible y visible 373 . Isis es a veces llamada Moúth y otras Áthyri y Methýer; el primero de los nombres significa «madre» y el segundo «la casa cósmica de Horus», como también Platón dice «lugar y receptáculo de la generación», y el tercero es un compuesto de «lleno» y de «bueno»; pues plena es la materia del cosmos y se asocia con lo bueno, puro y ordenado 374 .
57. Podría parecer tal vez también que Hesíodo 375 , al [C] considerar lo primero de todo al Caos, la Tierra, el Tártaro y Eros, no aceptaba otros principios sino éstos, si ciertamente, transfiriéndolos de alguna manera, asignamos a Isis el nombre de Tierra, a Osiris el de Eros y a Tifón el de Tártaro; pues al Caos parece colocarlo abajo, como una región y lugar que subyace al mundo 376 . El tema, de alguna manera, recuerda el mito platónico que Sócrates narra en el Banquete 377 sobre el nacimiento de Eros, diciendo que Pobreza, deseosa de hijos, se acostó con Recurso mientras éste dormía, y que, habiendo concebido de él, dio a luz a Eros, de naturaleza mixta y cambiante por haber nacido de un padre bueno, sabio y autosuficiente en todo y de una madre inhábil, sin recursos y que, a causa de su [D] indigencia, siempre desea vivamente otra cosa y a otra aspira con insistencia. Poros, en efecto, no es sino lo primeramente amado, deseado, perfecto y autosuficiente; con Penía Platón designó a la materia, falta como está en sí misma del bien y que es preñada por él, siempre lo desea y participa de él. El ser que nace de éstos es el mundo u Horus, no eterno ni impasible ni incorruptible, sino que renaciendo siempre, se las ingenia para permanecer siempre joven en medio de los cambios y ciclos de los acontecimientos, y jamás sujeto a destrucción. [E]
58. Hay que utilizar los mitos no como si fueran totalmente historia, sino tomando de cada uno lo conveniente, según el principio de verosimilitud. Pues bien, cuando hablamos de materia, no debemos dejarnos arrastrar por las opiniones de algunos filósofos y figurárnosla como un cuerpo inanimado, sin carácter propio, inerte e inactivo por sí mismo 378 ; pues también llamamos al aceite materia del perfume y al oro materia de la estatua, sin que estén desprovistos de toda cualidad. La propia alma y la inteligencia del hombre, como materia del conocimiento y de la virtud, asignamos a la razón ordenarlas y armonizarlas y algunos han considerado el espíritu sede de las ideas y como la masa donde se imprimen los datos de la realidad [F] inteligible 379 . Algunos también piensan que el esperma de la mujer no es ni potencia ni principio, sino materia y alimento de la generación 380 ; ateniéndonos a tales opiniones es preciso también considerar entonces que esta diosa, que participa siempre del dios primero y está unida a él por el amor hacia lo bueno [375A] y bello que lo rodea, no se le opone, sino que, del mismo modo que decimos que un hombre honorable y justo ama si tiene una unión justa 381 , y que una mujer honrada que tiene un marido y convive con él, sin embargo lo desea, así desea la diosa siempre ardientemente a aquél, a aquél se aferra obstinadamente y se llena de sus partes más nobles y puras.
59. Pero, donde Tifón ataca, alcanzando las regiones extremas, allí Isis parece tener un aire triste y se dice que llora y busca ciertos restos y trozos desgarrados de Osiris y los recompone recogiendo en su seno y ocultando los despojos, con los que lleva a la luz de nuevo lo que ha de ser y lo hace surgir de sí misma. Pues, las ideas, formas y emanaciones del dios en el [B] cielo y en los astros permanecen inmutables, pero lo diseminado en los elementos sujetos a ser afectados —tierra, mar, plantas y animales—, disuelto, destruido y enterrado, frecuentemente brilla de nuevo a la luz y reaparece en las creaciones 382 . Por eso el mito dice que Tifón cohabita con Neftis, pero que Osiris se une furtivamente a ella; pues las partes extremas de la materia, a las que llaman Neftis y Teleutḗ , están especialmente sometidas a la acción del principio destructor 383 ; y el principio generador y conservador les transmite una semilla débil y floja, que es destruida por Tifón, excepto lo que Isis, tomándolo a su cargo, conserva, alimenta y hace consistente. [C]
60. En general, éste es el dios mejor, como también suponen Platón y Aristóteles 384 . El principio generador y conservador de la naturaleza se mueve en pos de él y hacia el ser, mientras que el principio aniquilador y destructivo se aleja de él y tiende hacia el no ser. Por eso, llaman a Isis con un nombre derivado de «lanzarse» (híesthai) «con sabiduría» (metépistḗmēs) y de «moverse» (phéresthai) , porque ella consiste en un movimiento animado y sabio; pues el nombre no es bárbaro, sino que, como el nombre común para todos los dioses está formado a partir de dos palabras, theatós («el que es visible») y théōn («el que se precipita»), así a esta diosa la llamamos Isis nosotros a partir de dos palabras, epistḗmē («sabiduría») y kínēsis [D] («movimiento»), e Isis la llaman los egipcios 385 . Así también Platón dice que los antiguos designaban la sustancia (ousía) con el nombre isía 386 ; así también hablan del «pensamiento» (nóēsis) y de la «inteligencia» (phrónēsis) 387 como de un impulso y un movimiento del alma, que se lanza y se mueve, y la comprensión, el bien en general y la virtud son atribuidos a lo que fácilmente fluye y corre; del mismo modo que, a su vez, con los términos antitéticos vituperan el mal, llamando a aquello que tiene sujeta a la naturaleza, encadenada, retenida e impedida de lanzarse e ir, «mal ir» (kak-ía) , «dificultad de ir» (apor-ía) , «temor a ir» (deil-ía) , «no ir» (an-ía) 388 .
61. Osiris tiene su nombre compuesto de hósios («santo») y hierós («sagrado»); pues es la razón común a las cosas que hay en el cielo y a las que hay en el Hades, de las cuales a las unas había por costumbre entre los antiguos llamarlas hierá («sagradas») y a las otras hósia («santas») 389 . Pero el que revela [E] lo celeste y es razón de lo que se mueve en lo alto es llamado a veces Anubis, a veces Hermanubis, en la idea de que un nombre conviene al mundo superior, el otro al inferior 390 . Por eso también le sacrifican ya un gallo blanco, ya uno amarillo, en la creencia de que las cosas celestes son puras y luminosas, mientras que las de este mundo son mezcladas y abigarradas.
No hay que admirarse de esta formación de los nombres sobre el griego: pues hay también otros, millares, que llegados de Grecia con los emigrantes permanecen hasta ahora y viven como huéspedes entre gente extranjera 391 , algunos de los cuales [F] son reinvindicados por la poética que es tachada de extranjerizante por quienes consideran tales nombres glosas 392 . En los llamados Libros de Hermes 393 cuentan que, respecto a los nombres sagrados, está escrito que al poder encargado de la revolución del sol lo llaman Horus, pero los griegos Apolo; al encargado del viento, unos Osiris, otros Serapis, *** 394 y otros en egipcio, Sotis; significa «preñez» (kýēsis) o «concebir» (kýein) . [376A] Por eso también, con una modificación de la palabra en griego recibe el nombre de kýōn («perro») el astro al que consideran propio de Isis 395 . En absoluto se debe, pues, incurrir en rivalidad respecto a los nombres, sin embargo asignaría a los egipcios antes el de Serapis que el de Osiris, por considerar a aquél extranjero y a éste griego, pero que ambos designan a un solo dios y a un solo poder.
62. A esto se parecen también los usos egipcios. En efecto, a Isis muchas veces le dan el nombre de Atenea, con un significado como «salí de mí misma», lo cual es indicativo de un movimiento autoimpulsado 396 ; Tifón, como ha quedado dicho, [B] es llamado Seth, Bebón y Smu, nombres que pretenden expresar una cierta barrera violenta y obstaculizadora o un cierto impedimento o inversión 397 .
Además, llaman a la piedra imán «hueso de Horus» y al hierro «hueso de Tifón», como cuenta Manetón 398 ; pues, del mismo modo que el hierro muchas veces se comporta como si fuese arrastrado y siguiera al imán, pero muchas es rechazado y arrojado en dirección contraria, así el movimiento salvador, bueno y racional del mundo, atrae a veces, arrastra y hace más dulce, por persuasión, a aquél, inflexible y tifónico; después, replegándose de nuevo en sí mismo, le hace dar la vuelta y lo hunde en lo ilimitado 399 . Además, dice Eudoxo 400 que a propósito [C] de Zeus los egipcios cuentan en sus mitos que, al no poder caminar porque había nacido con las piernas unidas, por vergüenza pasaba su tiempo en soledad; pero Isis, tras haber hecho una incisión y haber separado estas partes de su cuerpo, le proporcionó el caminar normal. A través de estos símbolos el mito da a entender que la mente y la razón del dios, en sí, tienen por dominio lo invisible y lo oculto y llegan a la actividad creadora por medio del movimiento.
63. También el sistro (seîstron) indica que lo que tiene existencia debe ser sacudido (seíesthai) y jamás cesar de moverse, sino ser como despertado y agitado cuando entra en estado de somnolencia y de entorpecimiento. En efecto, dicen que con los sistros alejan y rechazan violentamente a Tifón 401 , dando [D] a entender que, cuando el principio corruptor sujeta y retiene el curso de la naturaleza, de nuevo el poder de creación lo libera y restablece por medio del movimiento. Al ser el sistro de forma redondeada por arriba, su bóveda abraza los cuatro elementos que son sacudidos 402 . También la porción del mundo que está sujeta a la generación y a la destrucción está rodeada por la esfera lunar y dentro de ella toda está sujeto al movimiento y al cambio por la acción de los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire. En la cima de la bóveda del sistro cincelan un gato con rostro humano, y abajo, bajo los elementos que son sacudidos, de un lado el rostro de Isis, de otro el de Neftis, [E] simbolizando con los rostros el nacimiento y la muerte (pues estos son cambios y movimientos de los elementos) y con el gato la luna 403 , por el pelaje abigarrado, actividad nocturna y fecundidad del animal. Se dice, en efecto, que primero pare un gatito, después dos, tres, cuatro, cinco, y así, de uno en uno, incrementa el número hasta siete, de modo que en total pare veintiocho, cuantas son también las iluminaciones de la luna. Pues bien, esto tal vez sea pura leyenda; pero en sus ojos las pupilas parecen llenarse y dilatarse en luna llena, y disminuir y contraerse [F] en las fases menguantes del astro. Con la figura humana del gato se representa la inteligencia y la razón que guían a las fases de la luna.
64. Por decirlo en pocas palabras, no es correcto creer que el agua, el sol, la tierra o el cielo sean Osiris o Isis, ni a su vez que Tifón sea el fuego, la sequedad o el mar, sino que, simplemente, si atribuyéramos a Tifón cuanto hay en éstos de desmesurado y desordenado, por exceso o defecto, y si veneráramos [377A] y honráramos lo ordenado, bueno y útil como obra de Isis e imagen, representación y razón de Osiris, no nos equivocaríamos. Pero acallaremos también a Eudoxo, 404 en su desconfianza y perplejidad de que no sea de Deméter el cuidado de los asuntos amorosos, sino de Isis, y de que 〈equiparen con Osiris〉 a Dioniso, el cual no puede provocar la crecida del Nilo ni reinar sobre los muertos. En efecto, por una ley universal de la razón creemos que estos dioses están al frente de toda parcela de bien y que todo cuanto hay en la naturaleza de hermoso y bueno es gracias a éstos, dador el uno de los principios, receptora y distribuidora [B] la otra.
65. De este modo también atacaremos a una mayoría necia, que se deleita en poner en relación ya con los cambios estacionales de la atmósfera ya con el nacimiento de los frutos, la siembra y la arada, lo relativo a los dioses y en decir que Osiris es enterrado cuando, con la siembra, el grano es ocultado en la tierra y que de nuevo vuelve a la vida y reaparece cuando comienza a brotar 405 ; por lo cual también se dice que Isis, cuando se enteró de que estaba encinta, se puso al cuello un amuleto en el sexto día del mes Phaōphí 406 y en el solsticio de invierno dió a luz a Harpócrates, ser imperfecto y prematuro 407 , entre flores [C] y yemas brotadas antes de tiempo (razón por la que también le ofrecen las primicias de las lentejas nuevas) 408 , y que festejan después del equinoccio de primavera los días de su confinamiento 409 . En efecto, al oír esto la gente siente satisfacción y lo cree, al deducir la explicación plausible de eso mismo, de lo que está al alcance de la mano y es familiar.
66. Y no habría nada de terrible si, en primer lugar, nos conservaran los dioses como común herencia 410 y no los hicieran patrimonio de los egipcios, y si, por incluir únicamente bajo estos nombres al Nilo y a la tierra que riega el Nilo y decir que las marismas y sus lotos son la única obra divina, no privaran de grandes dioses a los demás hombres, que no tienen Nilo, [D] ni Buto ni Menfis 411 , pero que todos tienen y reconocen a Isis y a los dioses de su círculo, a algunos habiendo aprendido a llamarlos no mucho tiempo ha con nombres tomados de los egipcios, pero conociendo desde el principio el poder de cada uno y honrándolo; en segundo lugar, lo cual es de mayor importancia, que presten mucha atención y suprema cautela, no les pase desapercibido que están borrando y diluyendo lo divino en vientos, cursos de agua, siembras, aradas, accidentes de la tierra y cambios de las estaciones, como los que consideran a Dioniso el vino y a Hefesto la llama; y Cleantes dice en alguna parte 412 que el espíritu que es llevado y muerto a través de los frutos es Perséfone, y un poeta a propósito de los segadores:
entonces, cuando hombres robustos cortan los miembros a Deméter 413 . [E]
En efecto, en nada se diferencian éstos de quienes toman las velas, las jarcias y el ancla por el timonel, la urdimbre y la trama por el tejedor, la taza, el brebaje de miel o la tisana por el médico; sino que infunden opiniones peligrosas y ateas, al aplicar nombres de dioses a naturalezas y objetos insensibles, inanimados y destinados inevitablemente a la destrucción por los hombres, que los necesitan y utilizan. Pues, no es posible pensar que estas cosas, en sí mismas, sean dioses.
67. La divinidad no está desprovista ni de inteligencia ni de vida ni sometida al hombre; como consecuencia de esto hemos considerado dioses a quienes se sirven de esos bienes, nos los ofrecen como presente y nos los proporcionan de forma perdurable y suficiente, no diferentes en los diferentes pueblos, [F] ni bárbaros o griegos, ni meridionales o septentrionales 414 ; sino que, del mismo modo que el sol, la luna, el cielo, la tierra y el mar son comunes a todos, pero son llamados de diferente manera por los diferentes pueblos, así, aun siendo una la Razón que ordena estas cosas y una sola la Providencia que las gobierna [378A] y unos los poderes subordinados que están al cargo de todo, han surgido entre los diferentes pueblos, según sus costumbres, diferentes honores y apelaciones, y usan símbolos consagrados, unos oscuros, otros más claros, guiando, no sin riesgo, la mente hacia lo divino; pues algunos, resbalándose, caen completamente en la superstición, otros, huyendo de la superstición como de un atolladero, sin darse cuenta caen a su vez, como en un precipicio, en el ateísmo 415 .
68. Por esto es necesario, especialmente ante estos temas, que tomemos la palabra que emana de la filosofía como introductora en los misterios y reflexionemos piadosamente sobre [B] cada una de las doctrinas y ritos, para que, del mismo modo que Teodoro 416 dijo que las palabras que él ofrecía con la mano derecha algunos de los oyentes las recibían con la izquierda, así nosotros no nos equivoquemos, entendiendo de otro modo lo que el uso religioso estableció excelentemente respecto a los sacrificios y las fiestas. Pues, que todo hay que referirlo a la palabra, también es posible deducirlo a partir de estos mismos. En efecto, el decimonoveno día del primer mes, los egipcios celebran una fiesta en honor de Hermes en la que comen miel e higos mientras proclaman «dulce cosa es la verdad» 417 ; y el amuleto de Isis que, dicen en el mito, ella llevaba colgado al cuello, es interpretado como «voz verdadera» 418 . A Harpócrates no hay que considerarlo un dios imperfecto y enclenque ni un dios conectado con las legumbres, sino el que preside y aconseja sobre [C] la palabra relativa a los dioses, que todavía inmadura, imperfecta e inarticulada existe entre los hombres; por eso tiene el dedo aplicado a la boca, en señal de discreción y silencio 419 , y en el Mesorḗ , llevándole una ofrenda de legumbres, dicen: «la lengua es fortuna, la lengua es un demon» 420 . De las plantas que crecen en Egipto se dice que está especialmente consagrada a la diosa la persea 421 , porque su fruto se parece a un corazón y su hoja a una lengua. En efecto, nada de lo que el hombre posee por naturaleza es más divino que la palabra, especialmente la que se refiere a los dioses, ni tiene mayor influencia [D] para la felicidad. Por esta razón a quien desciende aquí al oráculo 422 le recomendamos tener pensamientos santos, hablar reverentemente 423 ; pero la mayoría actúa de forma ridícula al proclamar el uso de palabras reverentes en las procesiones y en las fiestas, y después decir y pensar las cosas más blasfemas sobre los dioses mismos.
69. Pues bien ¿cómo hay que realizar los sacrificios lúgubres, tristes y luctuosos, si no está bien omitir los ritos tradicionales ni confundir y perturbar las opiniones sobre los dioses con sospechas infundadas? También entre los griegos existen muchas ceremonias, aproximadamente por el mismo tiempo, similares a las que los egipcios ejecutan en los ritos sagrados 424 . En efecto, en Atenas las mujeres, sentadas en el suelo, ayunan durante las Tesmoforias 425 , y los beocios desplazan los templetes de Aquea 426 y dan a aquel festival el nombre de «Festival [E] de la aflicción», porque, a causa de la abducción de Core, Deméter está sumida en la tristeza. Este mes, al ocultarse las Pléyades 427 , es el de la siembra, al cual los egipcios llaman Athýr 428 , los atenienses Pianepsión y los beocios Damatrio. Teopompo 429 cuenta que los que viven hacia poniente consideran y llaman al invierno Crono, al verano Afrodita y a la primavera Perséfone; y que todo ha nacido de la unión de Crono y Afrodita. Los frigios, considerando que el dios duerme en invierno y se despierta en verano, realizan en su honor, a la manera de los adoradores báquicos, ceremonias de adormecimiento y de despertar; [F] los paflagonios afirman que en invierno está sujeto y encerrado y que en primavera retoma sus movimientos y se libera de los lazos.
70. También el momento da origen a la sospecha de que ese aire triste se produce por el ocultamiento de los frutos, a los cuales los antiguos consideraban no dioses sino dones de los dioses 430 , necesarios e importantes para no vivir salvaje y ferinamente; y en la estación en la que veían a unos frutos desaparecer [379A] completamente y faltar de los árboles al tiempo que ellos mismos sembraban también otros, todavía penosamente y sin recursos, escarbando la tierra con las manos y reponiéndola de nuevo, depositando la semilla con la incertidumbre de su nueva reaparición y de la consecución de su madurez, realizaban muchas ceremonias semejantes a los que celebran un funeral y participan en un duelo. Después, como nosotros decimos de quien compra libros de Platón que compra a Platón y de quien representa las obras de Menandro que representa a Menandro, así aquellos no escatimaron llamar con los nombres de los dioses [B] los dones de los dioses y sus obras, honrándolos y venerándolos por su utilidad. Las generaciones posteriores aceptaron esto sin comprenderlo 431 y en su ignorancia transfirieron a los dioses las visicitudes de los frutos y no sólo llamaron sino que incluso consideraron a las presencias y desapariciones de los productos necesarios nacimientos y muertes de los dioses y se llenaron de creencias absurdas, ilegítimas y confusas, aun teniendo ante la vista lo absurdo de la falacia. Bien, pues, Jenófanes de Colofón 432 dijo de los egipcios que si creen en los dioses no los lloren y si los lloran no los consideren dioses, puesto que es ridículo que, al mismo tiempo que se lamentan, supliquen que los frutos reaparezcan de nuevo y maduren en su provecho, para de nuevo ser consumidos y llorados.
[C] 71. Pero esto no es así, sino que se lamentan por los frutos, pero suplican a los dioses, que los producen y los dan, que produzcan otros nuevos y los hagan crecer en lugar de los desaparecidos. De ahí que es una excelente sentencia entre los filósofos que quienes no aprenden a interpretar rectamente el sentido de las palabras se sirven mal también de las cosas; como entre los griegos quienes no han aprendido ni se han habituado a llamar a los bronces, pinturas y mármoles, imágenes de los dioses y dedicaciones en su honor sino dioses, y después se atreven a decir que Lácares desnudó a Atenea, que Dionisio le [D] cortó a Apolo sus bucles de oro y que Zeus capitolino fue quemado y destruido en la guerra civil 433 , sin darse cuenta siguen y aceptan opiniones nocivas que se derivan de estos nombres.
Y no son menos víctimas de esto los egipcios en su culto a los animales. En efecto, en estos temas al menos los griegos opinan correctamente y creen que el animal consagrado a Afrodita es la paloma, la serpiente a Atenea, el cuervo a Apolo y el perro a Ártemis 434 , según Eurípides:
Un perro, imagen de la refulgente Hécate, tú serás 435 .
Pero la mayoría de los egipcios, al venerar a los propios animales y tratarlos como dioses, no sólo han entretejido los ritos sagrados de irrisión y burla —este es el menor mal de su estulticia—, [E] sino que se origina una funesta creencia que hunde a los débiles e inocentes en la pura superstición y a los más cínicos y audaces los hace caer en razonamientos ateos y salvajes. Por esta razón no es inapropiado examinar también lo que hay de plausible en estos temas.
72. Que los dioses, por temor a Tifón, se transformaron en estos animales, como ocultándose en cuerpos de ibis, perros y halcones, sobrepasa todo relato maravilloso y narración fabulosa 436 , y el que las almas de los muertos, cuantas sobreviven, [F] encuentran su renacimiento sólo en estos animales, es igualmente increíble 437 . Entre los que quieren señalar una razón de tipo político unos dicen que Osiris en su gran expedición distribuyó la tropa en muchas partes [los griegos las llaman lóchous («compañías») y táxeis («batallones»)], y a todas les dió estandartes [380A] en forma de animales, cada uno de los cuales se convirtió en animal sagrado y honrado en la estirpe de los adscritos a una formación 438 ; según otros, los reyes posteriores, para infundir terror a los enemigos, aparecían en las batallas cubiertos con máscaras en oro y plata de animales 439 ; otros, en fin, cuentan que uno de sus taimados y malvados reyes, habiéndose dado cuenta de que los egipcios eran inconstantes por naturaleza e inclinados al cambio y a la innovación, pero que por su número tenían una fuerza invencible e irrefrenable cuando estaban de acuerdo y actuaban en concierto, sembró entre ellos, con la introducción de la superstición, una causa perpetua de incensante discordia. Pues como los animales, que unos en una parte y otros en otra él prescribió honrar y venerar, tenían un [B] comportamiento hostil y belicoso entre sí y estaban destinados por naturaleza a tomarse como alimento los unos a los otros, al defender siempre cada grupo a los suyos y soportar mal que sufrieran daño, sin darse cuenta, eran arrastrados por las hostilidades de los animales a una abierta guerra entre sí 440 . Todavía ahora, entre los egipcios sólo los licopolitas comen oveja 441 , puesto que el lobo, a quien consideran dios, también lo hace; y los oxirrinquitas en nuestros días, puesto que los cinopolitas comían el pez oxirrinco, cogieron un perro, lo inmolaron y lo comieron como víctima sacrificial 442 ; por este motivo entraron en guerra, se hicieron daño entre sí y después, castigados por los romanos, se calmaron 443 . [C]
73. Cuando muchos dicen que el alma del propio Tifón ha sido repartida entre esos animales, el mito parecería indicar simbólicamente que toda naturaleza irracional y salvaje es del dominio del demon malvado, y que para calmar y apaciguar a éste, respetan y honran a esos animales; y en el caso de que sobrevenga una grande y rigurosa sequía, que acarree en forma desmesurada enfermedades mortíferas u otras imprevistas y extrañas calamidades, a algunos de los animales tenidos en honor los sacerdotes los llevan a la oscuridad, y en silencio y en paz [D] primeramente los amenazan y atemorizan, y en el caso de que persista, los ofrecen y degüellan, como si ese fuera un modo de castigar al demon o simplemente un poderoso medio de purificación en las mayores calamidades 444 ; pues también en la ciudad de Ilitia quemaban a hombres vivos, como cuenta Manetón, a los que llamaban tifonianos, y aventando sus cenizas las hacían desaparecer y dispersaban. Pero esto era realizado públicamente y en una fecha fija, en los días caniculares 445 . En cambio las inmolaciones de los animales venerados, al ser secretas y tener lugar en fechas indeterminadas y en función de las circunstancias, pasan desapercibidas a la mayoría, excepto cuando entierran a 〈Apis〉 y, señalando a algunos de los otros [E] animales, en presencia de todos, los arrojan en una fosa común en la creencia de que afligen a Tifón y disminuyen su satisfacción. En efecto, parece ser que Apis está junto a otros pocos animales consagrado a Osiris; pero a Tifón le asignan la mayor parte de los animales. Y si esta afirmación es verdadera, pienso que es indicativa de la deseada explicación a propósito de los que gozan de general reconocimiento y reciben honores en todo Egipto como la ibis, el halcón, el cinocéfalo, el propio Apis 〈y el Mendes〉, pues así llaman al macho cabrío de Mendes 446 .
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