Kitabı oku: «Historia de las guerras. Libros V-VI. Guerra gótica.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 355


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PATRICIA VARONA CODESO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U.

López de Hoyos 141, Madrid, 2006

www.editorialgredos.com

REF: GEBO433

ISBN: 9788424937294.

INTRODUCCIÓN

I. LA GUERRA GÓTICA

1.La segunda parte de la Historia de las guerras de Procopio de Cesarea. Los contenidos y su tratamiento .

La segunda tétrada de libros que componen la magna obra de Procopio de Cesarea Historia de las guerras , se centra en la presencia de los ostrogodos en Italia y la reconquista de este importantísimo territorio por parte del Imperio de Oriente con Justiniano y Belisario a la cabeza, una campaña militar que se prolongó durante un período de dieciocho años exactamente. Sin embargo, Procopio parte justamente del momento y circunstancia que, en líneas generales, marca el final del Imperio Romano de Occidente, esto es, la usurpación de poder llevada a cabo por el caudillo hérulo Odoacro en el 476 d. C., quien mediante el asesinato de Orestes, el padre del último emperador romano occidental, Rómulo Augústulo, accede al trono imperial 1 . El conjunto de esta parte de la obra se enmarca a su vez en un contexto histórico más general que no es otro que la creciente presencia y pujanza de los diferentes pueblos germánicos a ambos lados del Imperio, pero, particularmente, en la zona occidental: pueblos como los propios ostrogodos —siempre llamados godos en la obra—, los visigodos, los francos, los longobardos, los hérulos, van apareciendo cada vez más en particular en la zona occidental, que de hecho es conquistada de forma clara e incontestable. Curiosamente —y también en esto Procopio lleva razón— va a ser precisamente uno de los monarcas bizantinos, Zenón, el que con su interesada actuación, provoque, de facto , la conquista del Imperio occidental por parte del rey ostrogodo Teodorico el Grande, al que literalmente aconseja lanzarse en armas contra Odoacro 2 , que resulta vencido y muerto en el año 493. Comienza, por tanto, en ese año el dominio de Italia por parte de los ostrogodos, un período que con diferentes alternancias en el poder, se extiende hasta el año 553.

El reinado de Teodorico (493-526 d. C.) dejará importantes huellas en Italia. Se convirtió en dueño y señor de Retia, Nórica, Panonia, Dalmacia e Italia y, con respecto a esta última, lo que hizo fue situar a su pueblo al norte del río Po y convertir Rávena en la brillante capital de un estado que buscaba ser un verdadero heredero del Imperio Romano de Occidente, pues Teodorico era un auténtico admirador de la civilización romana. Los ostrogodos van a recibir una tercera parte de las tierras de Italia y se harán cargo de la guardia y custodia militar del territorio, en tanto que la economía y la administración de carácter civil continuarán en manos de los romanos. El entendimiento entre los dos bandos comenzará a complicarse debido a las diferencias religiosas: los ostrogodos, aunque cristianos, seguían la herejía de Arrio o arrianismo, mientras que los romanos eran cristianos ortodoxos. Otra cuestión fundamental es que, por una parte, Teodorico impide la fusión entre ostrogodos y romanos mediante la prohibición de enlaces matrimoniales entre ellos, pero, por otra, a fin de conformar y dirigir la constitución de un sistema de alianzas entre los pueblos germánicos para hacer frente al Imperio Bizantino, llevará a cabo una bien estudiada política de matrimonios casando a miembros de su propia dinastía con líderes de pueblos germánicos como los visigodos o turingios 3 . Tras la muerte de Teodorico, en cuyo reinado se alcanzó en Italia un nivel cultural ciertamente alto, con la construcción de numerosos monumentos relevantes, asume la regencia su hija Amalasunta, un personaje interesante y tratado con cierto detalle por Procopio; Amalasunta adopta una política probizantina que le granjea la enemistad de los nobles godos e incluso la muerte, pues fue encarcelada y mandada asesinar por su primo Teodato 4 , al que ella misma había elevado al trono. Este episodio es sencillamente fundamental, pues Procopio considera —y así fue de hecho— que servirá de excusa perfecta a Justiniano para entrar ya en guerra, pues éste, acto seguido, enviará a su general Belisario contra Italia 5 . Recordemos en este punto que el plan general del emperador Justiniano no era otro que reconquistar el Imperio Romano de Occidente: a este respecto su primer objetivo fue África, donde también había encontrado un pretexto para la intervención militar ya que el rey Gelimer tenía como prisionero a su antecesor Ilderico, antiguo aliado del Imperio. Justiniano había exigido a Gelimer la entrega de Ilderico y como única respuesta obtuvo la ejecución de este último. Para todas estas empresas Justiniano contó con un excepcional general y hombre de confianza que no es otro que Belisario: el gran protagonista e hilo conductor de todo el relato prácticamente de la segunda tétrada de libros, aunque no sabemos si a pesar de Procopio, pues al leer la obra nos apercibimos fácilmente de que, a lo largo de la narración de los hechos, los elogios hacia las actuaciones y el carácter del general son prácticamente inexistentes o cuando menos mínimos 6 y casi tópicos. Una vez firmada la «paz eterna» con el rey persa Cosroes I 7 , Justiniano quiso aprovechar la infinita capacidad militar de Belisario en campañas ambiciosas y nada más ambicioso, como hemos dicho, que recuperar el Imperio Romano occidental. A este respecto, la primera actuación de Belisario es apoderarse de la totalidad de Sicilia, para la que logra contar con el apoyo popular, de idéntica forma a como le había ocurrido en África. Simultáneamente otro general de Justiniano, Mundo, logra hacerse con la importante ciudad dálmata de Salones, también en poder de los ostrogodos 8 .

Estalla, por tanto, la guerra en el 535 d. C. y Belisario, después de pasar a la Italia peninsular y avanzar hasta Nápoles sin encontrar apenas resistencia, pone sitio a la ciudad 9 , asedio que no se prolonga demasiado y gracias al cual termina apoderándose de ella. Mientras tanto, el rey Teodato, en cuyo carácter pusilánime y cobarde insiste nuestro autor, se ve obligado a huir a Rávena, donde muere por instigación de Vitigis 10 , antiguo ministro de Amalasunta, que pasa a convertirse en el nuevo monarca ostrogodo (536-540 d. C.). Vitigis, como el mismo Procopio indica, no era de sangre real, razón por la cual intenta legitimar su posición casándose con la nieta de Teodorico, Matasunta 11 .

También los conflictos de poder en el seno de la Iglesia se reflejan en la obra, aunque muy por encima, pues al morir el papa (sumo pontífice, como se dice siempre en la obra) Juan II fue sucedido por Agapito I que, tras ser amenazado por Teodato, hubo de escapar a Bizancio. En el 536 muere Agapito I y la emperatriz Teodora propone a Vigilio, seguidor del monofisismo como ella misma, si bien en Roma el clero ya se había anticipado a elegir a Silverio, que contaba con el apoyo de Teodato. Vitigis, que, como vamos a comentar a continuación, reunió un inmenso ejército en Rávena, no logra impedir que finalmente Belisario se haga con la ciudad de Roma, momento en el que se produce un conflicto entre los dos papas, Silverio y Vigilio, ya que el primero defendía el catolicismo y el segundo la tendencia monofisita. Teodora trató de que Silverio desautorizara el concilio de Calcedonia y, ante su negativa, logró que fuera desterrado y poco tiempo después murió 12 ; Vigilio es por fin reconocido como Papa y Vitigis pone sitio a Roma.

Así pues, dentro este contexto histórico general que sirve como continuo telón de fondo a la guerra y que no es otro que la creciente pujanza y presencia de los pueblos germánicos en el Imperio Romano occidental, y, concretamente, en el escenario de la campaña bélica llevada a cabo por los romano-bizantinos contra los ostrogodos en Italia, el núcleo central de la narración incluida en los libros V-VI es el asedio de Roma, y en ello se va a extender nuestro autor prolijamente desde el capítulo 14 del libro V hasta el capítulo 7 del VI donde se cuenta la firma del armisticio entre los dos bandos. En el capítulo 9 los godos llevarán a cabo una nueva tentativa sobre la urbe y en el siguiente sufren un terrible desastre al levantar por fin el asedio sobre la ciudad.

Una cuestión importante, pero sobre la cual apenas se extiende Procopio, es la razón por la cual el emperador Justiniano no le envió a su general en jefe los refuerzos necesarios para acabar con el prolongado asedio al que Vitigis había sometido a Roma. Hay quienes opinan que esto se debía al recelo que sentía Justiniano ante un general excesivamente triunfador y, consecuentemente, con una posible tendencia a envanecerse, si bien lo más probable es que lo que Justiniano pretendiera fuese seguir adelante con su habitual estrategia de ir consiguiendo logros con pocos medios y tratando siempre de evitar, en la medida de lo posible, los enfrentamientos bélicos directos y de grandes proporciones. En cualquier caso, es evidente que se detecta un cierto disgusto y extrañeza en las filas romano-bizantinas —sentimientos personalizados en Belisario— ante la actitud del emperador. Es entonces cuando Justiniano envía a Italia a Narsés, un eunuco que ejercía el importante cargo de administrador o intendente del tesoro imperial 13 y que se había ganado la confianza del emperador durante la famosa insurrección de Nika, después de la cual se había convertido en uno de los hombres más influyentes de Bizancio. Una vez que Narsés llegue a Italia, se va a generar una fuerte rivalidad entre Belisario y él, pues este último, alentado también por su cohorte de acólitos, va a mostrar una actitud rebelde hacia el general, desobedeciendo incluso órdenes concretas suyas 14 . Estas disensiones obligan a intervenir a Justiniano, que ratifica a Belisario como general en jefe para toda la guerra y manda regresar a Narsés a Bizancio. Asimismo Narsés estaba unido por fuertes lazos de amistad con Juan, otro jefe que se muestra rebelde a Belisario 15 . Poco antes, este Juan había devastado, por orden de Belisario, la región de Picenos y ocupado la importante ciudad de Arímino (Rímini). Como vemos, la guerra se dirige ahora a la mitad norte de Italia, donde los godos ponen sitio a la mencionada ciudad de Arímino. Asimismo intervienen los francos con su rey Teodiberto a la cabeza y los godos bloquean también la ciudad de Mediolano (Milán), que termina siendo destruida hasta sus cimientos 16 ; Belisario, a su vez, pone sitio a la ciudad de Áuximo. Aprovechando la complicada situación en la que ambos bandos están envueltos en esos momentos, con tantos frentes abiertos, los francos emprenden una expedición militar contra Italia que, tras el envío de una carta por parte de Belisario al rey franco Teodiberto, termina con el regreso de los germanos a la Galia, después de haber mostrado una conducta traicionera y abusiva contra los que se suponía que eran sus aliados, los godos 17 . Termina el libro VI con las capitulaciones de Fisula (Fiésole) y de Áuximo. Procopio insiste mucho en esta parte en la actitud indolente que muestra Vitigis con respecto a los godos que defendían esta última ciudad, pues a las continuas llamadas de auxilio llevadas a cabo por ellos ante el rey, éste siempre respondía con medias palabras 18 . Y llegamos al punto culminante de la acción a finales del libro VI, donde los godos, viéndose perdidos, ofrecen a Belisario usurpar el poder 19 y convertirse en el nuevo monarca de Occidente. Pero el general, no obstante, mostrando una lealtad sin límites al emperador Justiniano, se niega; deja entender a los godos que estaba de acuerdo en ello 20 , estrategia que le sirve para entrar en Rávena y capturar a Vitigis. Ya en el capítulo final de este libro, Procopio indica que el emperador Justiniano, viéndose apremiado por la guerra contra los persas que de nuevo se le venía encima —recordemos que Vitigis previamente había sido convencido por sus consejeros para que animara al rey persa Cosroes a que aprovechase para romper la «paz eterna» con los bizantinos 21 — manda llamar a Belisario a Bizancio —muy significativamente, por cierto— con lo que el libro VI termina con el ofrecimiento a Urayas, el sobrino de Vitigis, del trono ostrogodo, aun cuando era él en verdad el que de facto estaba ejerciendo el poder, como Procopio nos dice. Pero Urayas lo rechaza y propone a su vez a Ildibado, sobrino de Teudis, parentesco que, según él, garantizaba además la alianza de los visigodos 22 . Una vez asumido el poder, Ildibado vuelve a ofrecérselo a Belisario que, pleno de lealtad y de sentido común, lo rechaza abiertamente 23 . Parece ser que cuando Narsés volvió a Bizancio en el 540 ofreció al emperador una versión de los hechos que no tenía visos de ser cierta, en la que Vitigis ofrecía su rendición no al emperador Justiniano, sino a Belisario. Esta sería la razón por la cual el monarca envió a sus propios embajadores ante el todavía soberano ostrogodo sin contar con Belisario 24 . En dicha negociación les ofreció a los ostrogodos quedarse con el norte de Italia —los territorios que quedan al norte del río Po—, en tanto que los romano-bizantinos ocuparían y administrarían el sur del país —del río Po en concreto—, pero Belisario, mostrando su orgullo de general triunfante, se negó a ratificar con su firma el acuerdo, aun cuando el rey ostrogodo daba su consentimiento, y es que, como Procopio nos dice, no quería desaprovechar la ocasión de entrar triunfante en Bizancio por segunda vez llevando como prisionero de guerra al líder del bando enemigo 25 , con todo lo que de protagonismo y gloria personal significaba, lo cual en la pluma de nuestro autor no sabemos si constituye un elogio al general o, más bien, todo lo contrario. Lo cierto es que, como ha quedado dicho, Belisario estrechó el asedio sobre Rávena y los ostrogodos se vieron obligados a rendirse. Asimismo, parece que Justiniano le concedió a Vitigis el título de patricio y le otorgó unas tierras en Asia Menor.

Tras el fugaz paso por el trono ostrogodo de Erarico 26 , Totilas se convierte en el nuevo soberano y aprovechará la ausencia de Italia de Belisario, que había sido llamado por Justiniano para ponerse de nuevo al frente del ejército en la campaña contra los persas, para reconstruir el reino ostrogodo de Italia. Así, partiendo de Verona, reconquistará la totalidad del país con la sola excepción de Rávena. Nuevas tensiones de Belisario con el emperador parece que entorpecieron la dirección de la campaña militar contra los persas y en el año 543 d. C. se le ordena regresar a Bizancio. Mientras tanto, Totilas acumula éxitos en Italia, llegando incluso a conquistar las dos ciudades principales de la región de Campania, Cumas y Nápoles, antes de dar inicio al asedio de Roma en el año 544, situación que obliga a Justiniano a enviar a su general de nuevo a Italia.

En el 546 se produce un segundo asedio de Roma por parte de Totilas, que esta vez tiene éxito, debido, entre otras cosas, a que Belisario no disponía tampoco entonces de un ejército poderoso para defender la ciudad. Los ostrogodos echan abajo las murallas de la ciudad y destruyen también los acueductos para evitar que la ciudad dispusiera de agua corriente. La malaria hace estragos en Roma. Al año siguiente, sin embargo, Belisario reconquista la ciudad 27 . A continuación Procopio narra la muerte del rey Totilas en combate contra Narsés en Taginas (Tadinum; hoy Gualdo Tadino) 28 , un monarca que, entre otras medidas destacables, había suprimido la servidumbre de la gleba en Italia y que en el año 550 había extendido sus conquistas hasta el sur de Italia peninsular —Apulia, Calabria, Lucania y Brucios— y dominado también Sicilia, Córcega y Cerdeña. Su sucesor y último rey ostrogodo en Italia va a ser Teyas, que morirá de forma heroica unos meses después de su ascensión al trono en el monte Lactario, en las cercanías de Nápoles 29 . Los godos que quedan siguen luchando hasta que terminan rindiéndose, pero con la condición de poder conservar sus pertenencias y vivir como un pueblo independiente. Narsés, que es quien dirige la campaña por el bando romano-bizantino en ausencia de Belisario, les concede esta petición por consejo de Juan y Vitaliano y, de esta forma, un millar de godos bajo el mando de Indulfo y otros comandantes se retiran a Ticino (Pavía) y a los territorios situados al norte del río Po 30 . Así termina el decimoctavo año de la guerra (553 d. C.) y, con él, la guerra gótica y la obra de Procopio.

Tras apoderarse de la totalidad de la península italiana, los romano-bizantinos establecen una nueva división administrativa con sede en Rávena y se impone la legislación contemplada en el Corpus Iuris Civilis de Justiniano; se restaura, asimismo, el latifundismo y, en consecuencia, la servidumbre de la gleba. El emperador había hecho regresar a Bizancio al papa Vigilio, donde había conseguido ver de él el ludicatum o condena del cisma de los Tres Capítulos, que, más tarde, sin embargo, sería revocado 31 . Años después, durante el reinado del soberano longobardo Alboino, se producirá la invasión lombarda de la península italiana que provocará la división del territorio en diferentes reinos, ducados, condados, etc., lo que marca un extenso período comprendido entre los años 568-774.

2.Unas breves consideraciones sobre cuestiones técnicas y formales de interés en la segunda tétrada de las «Guerras» .

En esta segunda parte de la obra, notablemente más extensa, de Procopio, lo que primero quisiéramos destacar es la coincidencia con el número total de libros de la obra histórica de su modelo fundamental: Tucídides. En ambos casos son ocho los libros en que se divide cada una de las dos obras. Cabe preguntarse si se trata sólo de una coincidencia, o también de una deliberada imitación de Tucídides. De estas dos opciones, nos inclinamos, sin ninguna duda, por la primera. Veamos: el gran historiador ateniense se ocupó en su obra de un acontecimiento relativamente largo e imprescindible para entender la historia de Grecia en su conjunto —la guerra del Peloponeso—, localizado, por lo demás, en una única zona del mundo; Procopio, por el contrario, tuvo que narrar varias guerras, una de las cuales, precisamente la guerra gótica, se prolongó durante dieciocho años, con innumerables implicaciones entre sí y con intervención de multitud de pueblos y naciones. Además, nuestro autor se vio obligado permanentemente —de ahí la presencia continua de los incisos o digresiones— a tener que encuadrar multitud de hechos, en algunos casos simultáneos, en un contexto histórico tan abigarrado como decisivo para la formación de varias de las más importantes naciones europeas modernas. En conclusión, las obras de Tucídides y Procopio difieren mucho tanto en objetivos, como en contenido, como en tratamiento de los mismos. Por otro lado, Procopio, en la primera parte del libro VIII —después de explicar el plan que ha seguido en los libros anteriores—, se ve obligado a referirse con bastante amplitud y detalle al desarrollo de la campaña militar contra los persas, que por aquel entonces se había reanudado 32 . De hecho, y quizá esto sea lo más revelador, este último libro constituye, en el conjunto de la obra, una especie de suplemento a la misma, que se estructura, como sabemos, en tres partes: guerra persa (libros I-II), guerra vándala (III-IV) y guerra gótica (propiamente V-VII). A este respecto, recordemos que los libros I-VII fueron escritos entre el año 545 y el 551, en tanto que el VIII no lo fue hasta el 554 33 . Y con relación a esto, nada mejor que recordar la información que el propio autor nos aporta, pues literalmente nos dice que los libros I-VII ya habían sido publicados en todo el ámbito del Imperio Romano:

Todo lo que hasta aquí he referido, lo he puesto por escrito, en la medida en que me ha resultado posible, separando los contenidos de mis libros y adecuándolos a los lugares en los que vinieron a suceder las acciones de guerra. Y dichos libros ya han aparecido publicados en todas partes del imperio romano. Pero a partir de ahora la organización de las materias ya no la haré de dicha manera. Y es que, como mis escritos han salido a la luz en su totalidad, no tenía ya forma de ir añadiéndoles adecuadamente los sucesos posteriores, sino que los acontecimientos de cada una de estas campañas, incluida también la guerra contra el pueblo medo (ahora que ya he publicado las anteriores partes), los pondré por escrito todos juntos en este libro, de modo que aquí el relato histórico necesariamente se organiza sin unidad temática.

Procopio, Guerras VIII 1, 1-2 (trad. de F. A. García Romero)

Uno de los aspectos que, en nuestra modesta opinión, resulta más interesantes en la Guerra Gótica es la caracterización de personajes: por ejemplo, las de Teodato o Amalasunta en el libro V, o la del personaje que ha representado el papel más destacado en la obra, Belisario, si bien parece que éste no va a poder gozar de la atención total de nuestro autor hasta la última parte de la obra, en concreto a comienzos del libro VII 34 , en donde traza una semblanza de su, por otra parte, admirado general. Quizás la importancia y protagonismo del personaje, así como sus diferentes líneas de conducta en contraste con las de todos y cada uno de los líderes godos e incluso, a veces, en contraposición a las de sus propios subordinados —recuérdense sus disensiones con Constantino, Juan y Narsés, especialmente 35 — han ido dejando ya suficientemente trazada la imagen exterior e interior del famoso general, al que, sin duda, Procopio admiraba profundamente. A este respecto no olvidemos tampoco la inestimable ayuda que nos proporciona esa técnica tan recurrente en Procopio, lo mismo que en Tucídides, del uso de los discursos como testimonio de la ideología, reflexiones y sentimientos de los personajes y que sirven, en multitud de ocasiones, de caracterización más perfecta y completa de estos que una mera y fría descripción de rasgos físicos, ambientes o costumbres. De esta forma, el autor ya no tiene que detenerse a describir al militar o al soberano ni comentar su línea de actuación ni elaborar elogios —algo que, por cierto, en contadísimas ocasiones hace Procopio con respecto a Belisario, con la única excepción ya comentada del libro VII— ni tampoco críticas.

Asimismo, en la técnica narrativa de Procopio, más cercana quizá a Heródoto, es constante a lo largo del relato la presencia de lo puramente anecdótico y de los episodios secundarios a la narración principal; y es indudable lo sustanciosas que resultan estas breves y pintorescas historietas —algunas con interpretación o significado premonitorio 36 — en la lectura de un texto tan extenso, donde los áridos con tenidos bélicos son los que predominan; una técnica que acerca muy mucho la obra procopiana a la literatura de pleno derecho.

De forma similar, pero con la doble función adicional de añadir información y aportar la contextualización de los hechos, la presencia de los excursus de carácter geográfico, histórico y etnográfico alcanza un considerable relieve en la narración de Procopio, pues, como dato significativo, en la Guerra Gótica podemos observar que tanto en el libro V como en el VI nos encontramos hacia la mitad de los mismos —casualidad o no, no lo sabemos—, sendas digresiones geográfico-etnográficas bastante extensas por lo demás. El excursus del libro V, enmarcado en el capítulo 12, se centra en la génesis y presencia territorial de los francos, pueblo germánico cuya intervención se va a convertir en fundamental en el desarrollo ulterior de los hechos. Por su parte, el del libro VI, tiene a otro pueblo germánico, los hérulos, como protagonista; se toma como «pretexto» el hecho de que, al final del capítulo 13, dentro de las fuerzas militares romanas hubiera un contingente de dos mil hérulos. Dicha digresión va a ocupar la totalidad de los capítulos 14 y 15 y, además, una sublevación —mejor diríamos un desacuerdo o discrepancia— de una facción de ellos con el emperador Justiniano dará lugar a una nueva digresión secundaria: la descripción de la isla de Tule. En el conjunto de este excursus , Procopio nos remonta hasta los orígenes de este pueblo aliado de los romano-bizantinos, pasando, como decimos, por el traslado a la norteña y lejanísima isla de Tule de una parte de ellos, para concluir retomando el hilo de la narración en el lugar de donde había partido para introducir ese inciso: la sublevación de los hérulos, en una especie de construcción en anillo.

Como ya hemos comentado, al más puro estilo de Tucídides, la presencia de las cartas y discursos, bien extensos o bien contrapuestos, incluso en algún caso en forma de diálogo, con una agilidad digna del teatro 37 , resultan fundamentales en la técnica narrativa de nuestro autor, pues aportan abundante información sobre los personajes y las motivaciones supuestas o reales de sus actos. Desde el punto de vista formal, el estilo de los discursos y las cartas se vuelve mucho más sinuoso y enrevesado en la construcción de los períodos, que, por otra parte, también se tornan extensos; y todo ello, por supuesto, en justa concordancia con el hilo o encadenamiento de ideas, argumentos y razonamientos expresados.

Pues bien, con todos estos ingredientes, Procopio, que al final de cada libro deja bien claro su nombre de autor, como sello personal 38 , construye una narración historiográfica que, siguiendo la más pura tradición griega, pretende ceñirse a la más exacta rigurosidad histórica, y, gracias a procedimientos formales y técnicos, consigue, sin ningun género de dudas, interesar al lector de cualquier época, incluida, por supuesto, la actual. Y como nuestro autor continuamente se pregunta, no sabemos si, en primer lugar, su presencia al lado de Belisario en todas sus campañas militares y, en segundo, su pluma y su capacidad para plasmar por escrito esos hechos destacados, fueron dirigidas por el azar, el destino o un poder superior que pudiéramos llamar claramente Dios, —ese eterno dilema o duda que, de modo tan continuado, inquieta a Procopio con respecto a los acontecimientos históricos—, pero el resultado ahí queda para el disfrute y aprovechamiento de generaciones de lectores.

3.Resumen de contenidos

Libro V

1.Zenón, emperador de Bizancio; Odoacro reina en Occidente. Teodorico elimina a Odoacro. Reinado de éste en Italia y su muerte.

2.Regencia de Amalasunta. Críticas de los godos.

3.Orígen de Teodato. Temores de Amalasunta. Negociaciones sobre la entrega de Italia a Justiniano. Disensiones sobre Lilibeo.

4.Muerto Atalarico, Amalasunta ofrece el trono a Teodato. Es encarcelada por el nuevo rey. Justiniano declara la guerra.

5.Comienza la guerra: Mundo toma Salones, Belisario se apodera de Sicilia.

6.Acuerdo de Pedro, embajador de Justiniano, con Teodato. Cartas entre ambos monarcas.

7.Teodato recibe mal a los embajadores del emperador; Constanciano recupera Dalmacia. Fin del primer año de la guerra.

8.Belisario pone sitio a Neápolis. Discrepancias entre los neapolitas sobre la entrega de la ciudad.

9.Teodato conoce el resultado futuro de la guerra por un prodigio. Intentos de Belisario sobre Neápolis; propuesta de rendición a los neapolitas.

10.Preparativos y toma de la ciudad; muerte de Pastor y Asclepiódoto.

11.Vitigis, rey de los godos; muerte de Teodato. Vitigis marcha a Rávena y se casa con Matasunta.

12.Digresión sobre ciertas partes del mundo, los francos, los visigodos; Teodorico y su política de matrimonios. Teudis detenta la tiranía en Hispania.

13.Los francos vencen a turingios y burguciones. Amalarico se casa con la hermana del rey de los francos; muere en combate. Alianza de Vitigis con los francos.

14.Belisario se dirige a Roma; salen de ella los godos. El general se prepara para el asedio.

15.Belisario recupera parte de Samnio. Digresión sobre Benevento y otros temas relacionados con esta ciudad.

16.Besas y Constantino recuperan ciudades de Toscana. Vitigis se dirige a Roma. Los godos sitian Salones.

17.Belisario manda llamar a Roma a Besas y Constantino. Vitigis se acerca a Roma. Belisario ordena construir un puente.

18.Doble victoria de los romanos. El caso de Visando. Belisario distribuye a sus jefes en las puertas de la ciudad. Vitigis llama a la rebelión a los romanos.

19.Los godos montan siete campamentos; cortan acueductos. Belisario hace funcionar los molinos.

20.Presagio de victoria para los romanos. Vitigis envía embajadores a Belisario. Discursos de ambos.

21.Vitigis se prepara para el asalto. Descripción de las máquinas de guerra.

22.Belisario se burla de las máquinas enemigas. Ataque a la tumba de Adriano.

23.Intentos infructuosos de los godos. Matanza de godos junto a Vivero y la puerta Salaria.

24.Carta de Belisario a Justiniano. La lenta destrucción de un retrato de Teodorico, mal presagio para los godos. Oráculo de la Sibila.

25.Belisario retira a Campania a la población de Roma no combatiente; manda a Silverio a Grecia y nombra a Vigilio sumo pontífice. Intento de abrir el templo de Jano.

26.Vitigis mata a los rehenes. Ocupa Porto. Dificultades de Belisario para recibir los suministros de Ostia.

27.Belisario recibe tropas, vence a los godos en tres ocasiones. Momento decisivo.

28.Discurso de Belisario a los romanos ante su exigencia de una batalla definitiva. Alinea al ejército para una batalla entre las caballerías. Propuesta de Principio.

29.Arenga de Vitigis a los godos. Los romanos toman ventaja, pero sufren una gran derrota.

Libro VI

1.Hazañas de Besas y Constantino. Ingenioso acuerdo entre un godo y un romano para salir de un apuro. Temeridad de Corsamantis.