Kitabı oku: «Historia de las guerras. Libros V-VI. Guerra gótica.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 355

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PATRICIA VARONA CODESO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U.
López de Hoyos 141, Madrid, 2006
www.editorialgredos.com
REF: GEBO433
ISBN: 9788424937294.
INTRODUCCIÓN
I. LA GUERRA GÓTICA
1.La segunda parte de la Historia de las guerras de Procopio de Cesarea. Los contenidos y su tratamiento .
La segunda tétrada de libros que componen la magna obra de Procopio de Cesarea Historia de las guerras , se centra en la presencia de los ostrogodos en Italia y la reconquista de este importantísimo territorio por parte del Imperio de Oriente con Justiniano y Belisario a la cabeza, una campaña militar que se prolongó durante un período de dieciocho años exactamente. Sin embargo, Procopio parte justamente del momento y circunstancia que, en líneas generales, marca el final del Imperio Romano de Occidente, esto es, la usurpación de poder llevada a cabo por el caudillo hérulo Odoacro en el 476 d. C., quien mediante el asesinato de Orestes, el padre del último emperador romano occidental, Rómulo Augústulo, accede al trono imperial 1 . El conjunto de esta parte de la obra se enmarca a su vez en un contexto histórico más general que no es otro que la creciente presencia y pujanza de los diferentes pueblos germánicos a ambos lados del Imperio, pero, particularmente, en la zona occidental: pueblos como los propios ostrogodos —siempre llamados godos en la obra—, los visigodos, los francos, los longobardos, los hérulos, van apareciendo cada vez más en particular en la zona occidental, que de hecho es conquistada de forma clara e incontestable. Curiosamente —y también en esto Procopio lleva razón— va a ser precisamente uno de los monarcas bizantinos, Zenón, el que con su interesada actuación, provoque, de facto , la conquista del Imperio occidental por parte del rey ostrogodo Teodorico el Grande, al que literalmente aconseja lanzarse en armas contra Odoacro 2 , que resulta vencido y muerto en el año 493. Comienza, por tanto, en ese año el dominio de Italia por parte de los ostrogodos, un período que con diferentes alternancias en el poder, se extiende hasta el año 553.
El reinado de Teodorico (493-526 d. C.) dejará importantes huellas en Italia. Se convirtió en dueño y señor de Retia, Nórica, Panonia, Dalmacia e Italia y, con respecto a esta última, lo que hizo fue situar a su pueblo al norte del río Po y convertir Rávena en la brillante capital de un estado que buscaba ser un verdadero heredero del Imperio Romano de Occidente, pues Teodorico era un auténtico admirador de la civilización romana. Los ostrogodos van a recibir una tercera parte de las tierras de Italia y se harán cargo de la guardia y custodia militar del territorio, en tanto que la economía y la administración de carácter civil continuarán en manos de los romanos. El entendimiento entre los dos bandos comenzará a complicarse debido a las diferencias religiosas: los ostrogodos, aunque cristianos, seguían la herejía de Arrio o arrianismo, mientras que los romanos eran cristianos ortodoxos. Otra cuestión fundamental es que, por una parte, Teodorico impide la fusión entre ostrogodos y romanos mediante la prohibición de enlaces matrimoniales entre ellos, pero, por otra, a fin de conformar y dirigir la constitución de un sistema de alianzas entre los pueblos germánicos para hacer frente al Imperio Bizantino, llevará a cabo una bien estudiada política de matrimonios casando a miembros de su propia dinastía con líderes de pueblos germánicos como los visigodos o turingios 3 . Tras la muerte de Teodorico, en cuyo reinado se alcanzó en Italia un nivel cultural ciertamente alto, con la construcción de numerosos monumentos relevantes, asume la regencia su hija Amalasunta, un personaje interesante y tratado con cierto detalle por Procopio; Amalasunta adopta una política probizantina que le granjea la enemistad de los nobles godos e incluso la muerte, pues fue encarcelada y mandada asesinar por su primo Teodato 4 , al que ella misma había elevado al trono. Este episodio es sencillamente fundamental, pues Procopio considera —y así fue de hecho— que servirá de excusa perfecta a Justiniano para entrar ya en guerra, pues éste, acto seguido, enviará a su general Belisario contra Italia 5 . Recordemos en este punto que el plan general del emperador Justiniano no era otro que reconquistar el Imperio Romano de Occidente: a este respecto su primer objetivo fue África, donde también había encontrado un pretexto para la intervención militar ya que el rey Gelimer tenía como prisionero a su antecesor Ilderico, antiguo aliado del Imperio. Justiniano había exigido a Gelimer la entrega de Ilderico y como única respuesta obtuvo la ejecución de este último. Para todas estas empresas Justiniano contó con un excepcional general y hombre de confianza que no es otro que Belisario: el gran protagonista e hilo conductor de todo el relato prácticamente de la segunda tétrada de libros, aunque no sabemos si a pesar de Procopio, pues al leer la obra nos apercibimos fácilmente de que, a lo largo de la narración de los hechos, los elogios hacia las actuaciones y el carácter del general son prácticamente inexistentes o cuando menos mínimos 6 y casi tópicos. Una vez firmada la «paz eterna» con el rey persa Cosroes I 7 , Justiniano quiso aprovechar la infinita capacidad militar de Belisario en campañas ambiciosas y nada más ambicioso, como hemos dicho, que recuperar el Imperio Romano occidental. A este respecto, la primera actuación de Belisario es apoderarse de la totalidad de Sicilia, para la que logra contar con el apoyo popular, de idéntica forma a como le había ocurrido en África. Simultáneamente otro general de Justiniano, Mundo, logra hacerse con la importante ciudad dálmata de Salones, también en poder de los ostrogodos 8 .
Estalla, por tanto, la guerra en el 535 d. C. y Belisario, después de pasar a la Italia peninsular y avanzar hasta Nápoles sin encontrar apenas resistencia, pone sitio a la ciudad 9 , asedio que no se prolonga demasiado y gracias al cual termina apoderándose de ella. Mientras tanto, el rey Teodato, en cuyo carácter pusilánime y cobarde insiste nuestro autor, se ve obligado a huir a Rávena, donde muere por instigación de Vitigis 10 , antiguo ministro de Amalasunta, que pasa a convertirse en el nuevo monarca ostrogodo (536-540 d. C.). Vitigis, como el mismo Procopio indica, no era de sangre real, razón por la cual intenta legitimar su posición casándose con la nieta de Teodorico, Matasunta 11 .
También los conflictos de poder en el seno de la Iglesia se reflejan en la obra, aunque muy por encima, pues al morir el papa (sumo pontífice, como se dice siempre en la obra) Juan II fue sucedido por Agapito I que, tras ser amenazado por Teodato, hubo de escapar a Bizancio. En el 536 muere Agapito I y la emperatriz Teodora propone a Vigilio, seguidor del monofisismo como ella misma, si bien en Roma el clero ya se había anticipado a elegir a Silverio, que contaba con el apoyo de Teodato. Vitigis, que, como vamos a comentar a continuación, reunió un inmenso ejército en Rávena, no logra impedir que finalmente Belisario se haga con la ciudad de Roma, momento en el que se produce un conflicto entre los dos papas, Silverio y Vigilio, ya que el primero defendía el catolicismo y el segundo la tendencia monofisita. Teodora trató de que Silverio desautorizara el concilio de Calcedonia y, ante su negativa, logró que fuera desterrado y poco tiempo después murió 12 ; Vigilio es por fin reconocido como Papa y Vitigis pone sitio a Roma.
Así pues, dentro este contexto histórico general que sirve como continuo telón de fondo a la guerra y que no es otro que la creciente pujanza y presencia de los pueblos germánicos en el Imperio Romano occidental, y, concretamente, en el escenario de la campaña bélica llevada a cabo por los romano-bizantinos contra los ostrogodos en Italia, el núcleo central de la narración incluida en los libros V-VI es el asedio de Roma, y en ello se va a extender nuestro autor prolijamente desde el capítulo 14 del libro V hasta el capítulo 7 del VI donde se cuenta la firma del armisticio entre los dos bandos. En el capítulo 9 los godos llevarán a cabo una nueva tentativa sobre la urbe y en el siguiente sufren un terrible desastre al levantar por fin el asedio sobre la ciudad.
Una cuestión importante, pero sobre la cual apenas se extiende Procopio, es la razón por la cual el emperador Justiniano no le envió a su general en jefe los refuerzos necesarios para acabar con el prolongado asedio al que Vitigis había sometido a Roma. Hay quienes opinan que esto se debía al recelo que sentía Justiniano ante un general excesivamente triunfador y, consecuentemente, con una posible tendencia a envanecerse, si bien lo más probable es que lo que Justiniano pretendiera fuese seguir adelante con su habitual estrategia de ir consiguiendo logros con pocos medios y tratando siempre de evitar, en la medida de lo posible, los enfrentamientos bélicos directos y de grandes proporciones. En cualquier caso, es evidente que se detecta un cierto disgusto y extrañeza en las filas romano-bizantinas —sentimientos personalizados en Belisario— ante la actitud del emperador. Es entonces cuando Justiniano envía a Italia a Narsés, un eunuco que ejercía el importante cargo de administrador o intendente del tesoro imperial 13 y que se había ganado la confianza del emperador durante la famosa insurrección de Nika, después de la cual se había convertido en uno de los hombres más influyentes de Bizancio. Una vez que Narsés llegue a Italia, se va a generar una fuerte rivalidad entre Belisario y él, pues este último, alentado también por su cohorte de acólitos, va a mostrar una actitud rebelde hacia el general, desobedeciendo incluso órdenes concretas suyas 14 . Estas disensiones obligan a intervenir a Justiniano, que ratifica a Belisario como general en jefe para toda la guerra y manda regresar a Narsés a Bizancio. Asimismo Narsés estaba unido por fuertes lazos de amistad con Juan, otro jefe que se muestra rebelde a Belisario 15 . Poco antes, este Juan había devastado, por orden de Belisario, la región de Picenos y ocupado la importante ciudad de Arímino (Rímini). Como vemos, la guerra se dirige ahora a la mitad norte de Italia, donde los godos ponen sitio a la mencionada ciudad de Arímino. Asimismo intervienen los francos con su rey Teodiberto a la cabeza y los godos bloquean también la ciudad de Mediolano (Milán), que termina siendo destruida hasta sus cimientos 16 ; Belisario, a su vez, pone sitio a la ciudad de Áuximo. Aprovechando la complicada situación en la que ambos bandos están envueltos en esos momentos, con tantos frentes abiertos, los francos emprenden una expedición militar contra Italia que, tras el envío de una carta por parte de Belisario al rey franco Teodiberto, termina con el regreso de los germanos a la Galia, después de haber mostrado una conducta traicionera y abusiva contra los que se suponía que eran sus aliados, los godos 17 . Termina el libro VI con las capitulaciones de Fisula (Fiésole) y de Áuximo. Procopio insiste mucho en esta parte en la actitud indolente que muestra Vitigis con respecto a los godos que defendían esta última ciudad, pues a las continuas llamadas de auxilio llevadas a cabo por ellos ante el rey, éste siempre respondía con medias palabras 18 . Y llegamos al punto culminante de la acción a finales del libro VI, donde los godos, viéndose perdidos, ofrecen a Belisario usurpar el poder 19 y convertirse en el nuevo monarca de Occidente. Pero el general, no obstante, mostrando una lealtad sin límites al emperador Justiniano, se niega; deja entender a los godos que estaba de acuerdo en ello 20 , estrategia que le sirve para entrar en Rávena y capturar a Vitigis. Ya en el capítulo final de este libro, Procopio indica que el emperador Justiniano, viéndose apremiado por la guerra contra los persas que de nuevo se le venía encima —recordemos que Vitigis previamente había sido convencido por sus consejeros para que animara al rey persa Cosroes a que aprovechase para romper la «paz eterna» con los bizantinos 21 — manda llamar a Belisario a Bizancio —muy significativamente, por cierto— con lo que el libro VI termina con el ofrecimiento a Urayas, el sobrino de Vitigis, del trono ostrogodo, aun cuando era él en verdad el que de facto estaba ejerciendo el poder, como Procopio nos dice. Pero Urayas lo rechaza y propone a su vez a Ildibado, sobrino de Teudis, parentesco que, según él, garantizaba además la alianza de los visigodos 22 . Una vez asumido el poder, Ildibado vuelve a ofrecérselo a Belisario que, pleno de lealtad y de sentido común, lo rechaza abiertamente 23 . Parece ser que cuando Narsés volvió a Bizancio en el 540 ofreció al emperador una versión de los hechos que no tenía visos de ser cierta, en la que Vitigis ofrecía su rendición no al emperador Justiniano, sino a Belisario. Esta sería la razón por la cual el monarca envió a sus propios embajadores ante el todavía soberano ostrogodo sin contar con Belisario 24 . En dicha negociación les ofreció a los ostrogodos quedarse con el norte de Italia —los territorios que quedan al norte del río Po—, en tanto que los romano-bizantinos ocuparían y administrarían el sur del país —del río Po en concreto—, pero Belisario, mostrando su orgullo de general triunfante, se negó a ratificar con su firma el acuerdo, aun cuando el rey ostrogodo daba su consentimiento, y es que, como Procopio nos dice, no quería desaprovechar la ocasión de entrar triunfante en Bizancio por segunda vez llevando como prisionero de guerra al líder del bando enemigo 25 , con todo lo que de protagonismo y gloria personal significaba, lo cual en la pluma de nuestro autor no sabemos si constituye un elogio al general o, más bien, todo lo contrario. Lo cierto es que, como ha quedado dicho, Belisario estrechó el asedio sobre Rávena y los ostrogodos se vieron obligados a rendirse. Asimismo, parece que Justiniano le concedió a Vitigis el título de patricio y le otorgó unas tierras en Asia Menor.
Tras el fugaz paso por el trono ostrogodo de Erarico 26 , Totilas se convierte en el nuevo soberano y aprovechará la ausencia de Italia de Belisario, que había sido llamado por Justiniano para ponerse de nuevo al frente del ejército en la campaña contra los persas, para reconstruir el reino ostrogodo de Italia. Así, partiendo de Verona, reconquistará la totalidad del país con la sola excepción de Rávena. Nuevas tensiones de Belisario con el emperador parece que entorpecieron la dirección de la campaña militar contra los persas y en el año 543 d. C. se le ordena regresar a Bizancio. Mientras tanto, Totilas acumula éxitos en Italia, llegando incluso a conquistar las dos ciudades principales de la región de Campania, Cumas y Nápoles, antes de dar inicio al asedio de Roma en el año 544, situación que obliga a Justiniano a enviar a su general de nuevo a Italia.
En el 546 se produce un segundo asedio de Roma por parte de Totilas, que esta vez tiene éxito, debido, entre otras cosas, a que Belisario no disponía tampoco entonces de un ejército poderoso para defender la ciudad. Los ostrogodos echan abajo las murallas de la ciudad y destruyen también los acueductos para evitar que la ciudad dispusiera de agua corriente. La malaria hace estragos en Roma. Al año siguiente, sin embargo, Belisario reconquista la ciudad 27 . A continuación Procopio narra la muerte del rey Totilas en combate contra Narsés en Taginas (Tadinum; hoy Gualdo Tadino) 28 , un monarca que, entre otras medidas destacables, había suprimido la servidumbre de la gleba en Italia y que en el año 550 había extendido sus conquistas hasta el sur de Italia peninsular —Apulia, Calabria, Lucania y Brucios— y dominado también Sicilia, Córcega y Cerdeña. Su sucesor y último rey ostrogodo en Italia va a ser Teyas, que morirá de forma heroica unos meses después de su ascensión al trono en el monte Lactario, en las cercanías de Nápoles 29 . Los godos que quedan siguen luchando hasta que terminan rindiéndose, pero con la condición de poder conservar sus pertenencias y vivir como un pueblo independiente. Narsés, que es quien dirige la campaña por el bando romano-bizantino en ausencia de Belisario, les concede esta petición por consejo de Juan y Vitaliano y, de esta forma, un millar de godos bajo el mando de Indulfo y otros comandantes se retiran a Ticino (Pavía) y a los territorios situados al norte del río Po 30 . Así termina el decimoctavo año de la guerra (553 d. C.) y, con él, la guerra gótica y la obra de Procopio.
Tras apoderarse de la totalidad de la península italiana, los romano-bizantinos establecen una nueva división administrativa con sede en Rávena y se impone la legislación contemplada en el Corpus Iuris Civilis de Justiniano; se restaura, asimismo, el latifundismo y, en consecuencia, la servidumbre de la gleba. El emperador había hecho regresar a Bizancio al papa Vigilio, donde había conseguido ver de él el ludicatum o condena del cisma de los Tres Capítulos, que, más tarde, sin embargo, sería revocado 31 . Años después, durante el reinado del soberano longobardo Alboino, se producirá la invasión lombarda de la península italiana que provocará la división del territorio en diferentes reinos, ducados, condados, etc., lo que marca un extenso período comprendido entre los años 568-774.
2.Unas breves consideraciones sobre cuestiones técnicas y formales de interés en la segunda tétrada de las «Guerras» .
En esta segunda parte de la obra, notablemente más extensa, de Procopio, lo que primero quisiéramos destacar es la coincidencia con el número total de libros de la obra histórica de su modelo fundamental: Tucídides. En ambos casos son ocho los libros en que se divide cada una de las dos obras. Cabe preguntarse si se trata sólo de una coincidencia, o también de una deliberada imitación de Tucídides. De estas dos opciones, nos inclinamos, sin ninguna duda, por la primera. Veamos: el gran historiador ateniense se ocupó en su obra de un acontecimiento relativamente largo e imprescindible para entender la historia de Grecia en su conjunto —la guerra del Peloponeso—, localizado, por lo demás, en una única zona del mundo; Procopio, por el contrario, tuvo que narrar varias guerras, una de las cuales, precisamente la guerra gótica, se prolongó durante dieciocho años, con innumerables implicaciones entre sí y con intervención de multitud de pueblos y naciones. Además, nuestro autor se vio obligado permanentemente —de ahí la presencia continua de los incisos o digresiones— a tener que encuadrar multitud de hechos, en algunos casos simultáneos, en un contexto histórico tan abigarrado como decisivo para la formación de varias de las más importantes naciones europeas modernas. En conclusión, las obras de Tucídides y Procopio difieren mucho tanto en objetivos, como en contenido, como en tratamiento de los mismos. Por otro lado, Procopio, en la primera parte del libro VIII —después de explicar el plan que ha seguido en los libros anteriores—, se ve obligado a referirse con bastante amplitud y detalle al desarrollo de la campaña militar contra los persas, que por aquel entonces se había reanudado 32 . De hecho, y quizá esto sea lo más revelador, este último libro constituye, en el conjunto de la obra, una especie de suplemento a la misma, que se estructura, como sabemos, en tres partes: guerra persa (libros I-II), guerra vándala (III-IV) y guerra gótica (propiamente V-VII). A este respecto, recordemos que los libros I-VII fueron escritos entre el año 545 y el 551, en tanto que el VIII no lo fue hasta el 554 33 . Y con relación a esto, nada mejor que recordar la información que el propio autor nos aporta, pues literalmente nos dice que los libros I-VII ya habían sido publicados en todo el ámbito del Imperio Romano:
Todo lo que hasta aquí he referido, lo he puesto por escrito, en la medida en que me ha resultado posible, separando los contenidos de mis libros y adecuándolos a los lugares en los que vinieron a suceder las acciones de guerra. Y dichos libros ya han aparecido publicados en todas partes del imperio romano. Pero a partir de ahora la organización de las materias ya no la haré de dicha manera. Y es que, como mis escritos han salido a la luz en su totalidad, no tenía ya forma de ir añadiéndoles adecuadamente los sucesos posteriores, sino que los acontecimientos de cada una de estas campañas, incluida también la guerra contra el pueblo medo (ahora que ya he publicado las anteriores partes), los pondré por escrito todos juntos en este libro, de modo que aquí el relato histórico necesariamente se organiza sin unidad temática.
Procopio, Guerras VIII 1, 1-2 (trad. de F. A. García Romero)
Uno de los aspectos que, en nuestra modesta opinión, resulta más interesantes en la Guerra Gótica es la caracterización de personajes: por ejemplo, las de Teodato o Amalasunta en el libro V, o la del personaje que ha representado el papel más destacado en la obra, Belisario, si bien parece que éste no va a poder gozar de la atención total de nuestro autor hasta la última parte de la obra, en concreto a comienzos del libro VII 34 , en donde traza una semblanza de su, por otra parte, admirado general. Quizás la importancia y protagonismo del personaje, así como sus diferentes líneas de conducta en contraste con las de todos y cada uno de los líderes godos e incluso, a veces, en contraposición a las de sus propios subordinados —recuérdense sus disensiones con Constantino, Juan y Narsés, especialmente 35 — han ido dejando ya suficientemente trazada la imagen exterior e interior del famoso general, al que, sin duda, Procopio admiraba profundamente. A este respecto no olvidemos tampoco la inestimable ayuda que nos proporciona esa técnica tan recurrente en Procopio, lo mismo que en Tucídides, del uso de los discursos como testimonio de la ideología, reflexiones y sentimientos de los personajes y que sirven, en multitud de ocasiones, de caracterización más perfecta y completa de estos que una mera y fría descripción de rasgos físicos, ambientes o costumbres. De esta forma, el autor ya no tiene que detenerse a describir al militar o al soberano ni comentar su línea de actuación ni elaborar elogios —algo que, por cierto, en contadísimas ocasiones hace Procopio con respecto a Belisario, con la única excepción ya comentada del libro VII— ni tampoco críticas.
Asimismo, en la técnica narrativa de Procopio, más cercana quizá a Heródoto, es constante a lo largo del relato la presencia de lo puramente anecdótico y de los episodios secundarios a la narración principal; y es indudable lo sustanciosas que resultan estas breves y pintorescas historietas —algunas con interpretación o significado premonitorio 36 — en la lectura de un texto tan extenso, donde los áridos con tenidos bélicos son los que predominan; una técnica que acerca muy mucho la obra procopiana a la literatura de pleno derecho.
De forma similar, pero con la doble función adicional de añadir información y aportar la contextualización de los hechos, la presencia de los excursus de carácter geográfico, histórico y etnográfico alcanza un considerable relieve en la narración de Procopio, pues, como dato significativo, en la Guerra Gótica podemos observar que tanto en el libro V como en el VI nos encontramos hacia la mitad de los mismos —casualidad o no, no lo sabemos—, sendas digresiones geográfico-etnográficas bastante extensas por lo demás. El excursus del libro V, enmarcado en el capítulo 12, se centra en la génesis y presencia territorial de los francos, pueblo germánico cuya intervención se va a convertir en fundamental en el desarrollo ulterior de los hechos. Por su parte, el del libro VI, tiene a otro pueblo germánico, los hérulos, como protagonista; se toma como «pretexto» el hecho de que, al final del capítulo 13, dentro de las fuerzas militares romanas hubiera un contingente de dos mil hérulos. Dicha digresión va a ocupar la totalidad de los capítulos 14 y 15 y, además, una sublevación —mejor diríamos un desacuerdo o discrepancia— de una facción de ellos con el emperador Justiniano dará lugar a una nueva digresión secundaria: la descripción de la isla de Tule. En el conjunto de este excursus , Procopio nos remonta hasta los orígenes de este pueblo aliado de los romano-bizantinos, pasando, como decimos, por el traslado a la norteña y lejanísima isla de Tule de una parte de ellos, para concluir retomando el hilo de la narración en el lugar de donde había partido para introducir ese inciso: la sublevación de los hérulos, en una especie de construcción en anillo.
Como ya hemos comentado, al más puro estilo de Tucídides, la presencia de las cartas y discursos, bien extensos o bien contrapuestos, incluso en algún caso en forma de diálogo, con una agilidad digna del teatro 37 , resultan fundamentales en la técnica narrativa de nuestro autor, pues aportan abundante información sobre los personajes y las motivaciones supuestas o reales de sus actos. Desde el punto de vista formal, el estilo de los discursos y las cartas se vuelve mucho más sinuoso y enrevesado en la construcción de los períodos, que, por otra parte, también se tornan extensos; y todo ello, por supuesto, en justa concordancia con el hilo o encadenamiento de ideas, argumentos y razonamientos expresados.
Pues bien, con todos estos ingredientes, Procopio, que al final de cada libro deja bien claro su nombre de autor, como sello personal 38 , construye una narración historiográfica que, siguiendo la más pura tradición griega, pretende ceñirse a la más exacta rigurosidad histórica, y, gracias a procedimientos formales y técnicos, consigue, sin ningun género de dudas, interesar al lector de cualquier época, incluida, por supuesto, la actual. Y como nuestro autor continuamente se pregunta, no sabemos si, en primer lugar, su presencia al lado de Belisario en todas sus campañas militares y, en segundo, su pluma y su capacidad para plasmar por escrito esos hechos destacados, fueron dirigidas por el azar, el destino o un poder superior que pudiéramos llamar claramente Dios, —ese eterno dilema o duda que, de modo tan continuado, inquieta a Procopio con respecto a los acontecimientos históricos—, pero el resultado ahí queda para el disfrute y aprovechamiento de generaciones de lectores.
3.Resumen de contenidos
Libro V
1.Zenón, emperador de Bizancio; Odoacro reina en Occidente. Teodorico elimina a Odoacro. Reinado de éste en Italia y su muerte.
2.Regencia de Amalasunta. Críticas de los godos.
3.Orígen de Teodato. Temores de Amalasunta. Negociaciones sobre la entrega de Italia a Justiniano. Disensiones sobre Lilibeo.
4.Muerto Atalarico, Amalasunta ofrece el trono a Teodato. Es encarcelada por el nuevo rey. Justiniano declara la guerra.
5.Comienza la guerra: Mundo toma Salones, Belisario se apodera de Sicilia.
6.Acuerdo de Pedro, embajador de Justiniano, con Teodato. Cartas entre ambos monarcas.
7.Teodato recibe mal a los embajadores del emperador; Constanciano recupera Dalmacia. Fin del primer año de la guerra.
8.Belisario pone sitio a Neápolis. Discrepancias entre los neapolitas sobre la entrega de la ciudad.
9.Teodato conoce el resultado futuro de la guerra por un prodigio. Intentos de Belisario sobre Neápolis; propuesta de rendición a los neapolitas.
10.Preparativos y toma de la ciudad; muerte de Pastor y Asclepiódoto.
11.Vitigis, rey de los godos; muerte de Teodato. Vitigis marcha a Rávena y se casa con Matasunta.
12.Digresión sobre ciertas partes del mundo, los francos, los visigodos; Teodorico y su política de matrimonios. Teudis detenta la tiranía en Hispania.
13.Los francos vencen a turingios y burguciones. Amalarico se casa con la hermana del rey de los francos; muere en combate. Alianza de Vitigis con los francos.
14.Belisario se dirige a Roma; salen de ella los godos. El general se prepara para el asedio.
15.Belisario recupera parte de Samnio. Digresión sobre Benevento y otros temas relacionados con esta ciudad.
16.Besas y Constantino recuperan ciudades de Toscana. Vitigis se dirige a Roma. Los godos sitian Salones.
17.Belisario manda llamar a Roma a Besas y Constantino. Vitigis se acerca a Roma. Belisario ordena construir un puente.
18.Doble victoria de los romanos. El caso de Visando. Belisario distribuye a sus jefes en las puertas de la ciudad. Vitigis llama a la rebelión a los romanos.
19.Los godos montan siete campamentos; cortan acueductos. Belisario hace funcionar los molinos.
20.Presagio de victoria para los romanos. Vitigis envía embajadores a Belisario. Discursos de ambos.
21.Vitigis se prepara para el asalto. Descripción de las máquinas de guerra.
22.Belisario se burla de las máquinas enemigas. Ataque a la tumba de Adriano.
23.Intentos infructuosos de los godos. Matanza de godos junto a Vivero y la puerta Salaria.
24.Carta de Belisario a Justiniano. La lenta destrucción de un retrato de Teodorico, mal presagio para los godos. Oráculo de la Sibila.
25.Belisario retira a Campania a la población de Roma no combatiente; manda a Silverio a Grecia y nombra a Vigilio sumo pontífice. Intento de abrir el templo de Jano.
26.Vitigis mata a los rehenes. Ocupa Porto. Dificultades de Belisario para recibir los suministros de Ostia.
27.Belisario recibe tropas, vence a los godos en tres ocasiones. Momento decisivo.
28.Discurso de Belisario a los romanos ante su exigencia de una batalla definitiva. Alinea al ejército para una batalla entre las caballerías. Propuesta de Principio.
29.Arenga de Vitigis a los godos. Los romanos toman ventaja, pero sufren una gran derrota.
Libro VI
1.Hazañas de Besas y Constantino. Ingenioso acuerdo entre un godo y un romano para salir de un apuro. Temeridad de Corsamantis.
2.Escolta a Eutalio, que trae la paga de los soldados. Victoria de los romanos en la puerta Pinciana, derrota en el Campo de Nerón. La cura de Arces. Fin del segundo año de la guerra.
3.Una epidemia y hambruna atacan a la población de Roma. Un cruce de acueductos sirve de campamento a los godos. Los romanos, desesperados, piden una batalla final; se niega Belisario.
4.Belisario envía a Procopio a Neápolis. Guarniciones en Tíbur, Albano y templo de san Pablo. Una epidemia diezma a los godos. Antonina y Procopio preparan la flota. Descripción del Vesubio.
5.Nuevas tropas llegan de Bizancio. Estratagema de Belisario; acción de Aquilino. Herida de Trajano.
6.Se concluye un armisticio entre los godos y Belisario.
7.Se llevan víveres a Roma remontando el río. Se firma la tregua. Los godos abandonan varias ciudades del Lacio, los romanos las ocupan. Burla de Belisario ante las amenazas de los godos; envía tropas a Picenos. Promete una guarnición para Mediolano.
8.Acto de rebeldía de Constantino, que acaba con su muerte.
9.Intento fallido de los godos sobre Roma por un acueducto; nuevas intentonas infructuosas. Castigo de Belisario a un traidor.
10.Juan asola Picenos y ocupa Arímino. Trata con Matasunta. Desastre de los godos al levantar el asedio de Roma.
11.Vitigis pone guarniciones en varias localidades. Los romanos toman Petra Pertusa. Juan se opone a las órdenes de Belisario.
12.Los godos sitian Arímino. La guarnición mandada por Belisario a Mediolano llega a Genua y lucha en Ticino, donde muere Fidelio, prefecto del pretorio. Teodiberto envía tropas auxiliares a los godos, que asedian Mediolano. Fin del tercer año de la guerra.
13.Belisario toma Túdera y Clusio. Desastre romano. Llega a Italia Narsés.
14.Excursus sobre los hérulos: lugares de residencia, costumbres, su rey Rodulfo en guerra contra los longobardos, se retiran al país de los gépidas, en tiempos de Justiniano se convierten al cristianismo, matan a su propio rey.
15.Sigue el excursus: parte de los hérulos marchan a Tule: situación de la isla, duración de los días y las noches, costumbres y creencias de sus habitantes. Los demás hérulos se traen a un rey de Tule y se sublevan contra Justiniano.
16.Belisario y Narsés unen fuerzas. Narsés convence a los demás jefes de que hay que ayudar a Arímino. Carta de Juan a Belisario. Parte el ejército.
17.Los godos levantan el asedio de Arímino al saber que llega Belisario.
18.Ildiger toma el campamento godo. Discursos enfrentados de Belisario y Narsés. Justiniano confirma a Belisario como general en jefe.
19.Belisario sitia Urbino. Narsés deja el asedio. Rendición de la ciudad. Intento fallido de Juan sobre Cesena. Recupera Forocornelio y toda Emilia.
20.Aplazado el asedio de Áuximo. Belisario sitia Urbivento. Descripción de la terrible hambruna.
21.Martino y Uliaris de camino a Mediolano, se detienen junto al río Po. Discurso de Pablo apremiándolos. Discurso inútil de Mundilas para que sus soldados no se rindiesen. Destrucción total de Mediolano.
22.Dolor de Belisario. Narsés se marcha de Italia por orden de Justiniano. Pacto de los hérulos con los godos. Vitigis fracasa en su intento de aliarse con los longobardos; anima a Cosroes a violar la «paz eterna». El emperador trata sobre la paz con los godos. Fin del cuarto año de la guerra.
23.Sitio de Fisula. Juan toma Dortón. Belisario asedia Áuximo. Consejo de Procopio a Belisario.
24.Los godos de Áuximo piden ayuda a Vitigis, que les da largas. Bloqueo de Fisula por Cipriano y Justino. Urayas vuelve de Ticino; no se atreve a atacar a los romanos.
25.Expedición de los francos contra Italia. Cruzan el Po. Dejan vacíos los campamentos godos y romanos. Mueren muchos de disentería. Carta de Belisario a Teodiberto. Regresan a Galia.
26.Un romano entrega una carta de los godos de Áuximo a Vitigis y después lleva su respuesta. El traidor es descubierto por un godo apresado por un esclaveno.
27.Combate junto a la fuente de Áuximo. Capitulación de ésta y de Fisula.
28.Belisario deja a Rávena sin suministros. Embajadas ante Vitigis de los francos y de Belisario. Capitulación de los godos de los Alpes Cotios.
29.Justiniano envía emisarios ante Vitigis sobre la paz. Belisario no ratifica los acuerdos. Entra en Rávena y captura a Vitigis fingiendo estar de acuerdo con la propuesta de los godos de ser el nuevo emperador de Occidente. Toma Tarvesio y otras ciudades.
30.Belisario es llamado a Bizancio. Urayas rehúsa el trono de los godos y aconseja que sea rey Ildibado. Éste, tras aceptar, ofrece el poder a Belisario que, leal al emperador, lo rechaza de nuevo. Fin del quinto año de la guerra.
4.Códices, ediciones y traducciones
Códices 40
Los principales manuscritos que incluyen la Guerra gótica son los siguientes:
— Siglo XIV:
A = Ambros . (A 182 sup.).
K = Vatic. gr . 1690.
L = Medic.-Laurent . LXIX 8 (=cod. Laurentianus 69. 8).
V = Vatic. gr . 152.
—Siglo XV:
l = Medic.-Laurent . 9, 32.
e = Paris . 1699.
f = Vatic. gr . 1301.
Siglo XVI:
c = Ambros . 52-55 sup.
r = Vatic.-Reg. gr . 84.
n = Monac . 87 41 .
d = Monac . 513 42 .
k = Basileensis graec . D IV 6.
γ = Matritensis regius 38 43 .
δ = = Escurialensis YI 13 44
—Siglo XVII:
o = Paris . 1701 45 .
Ediciones
| 1607 | D. HOESCHELIUS , Bella , Augsburgo (ed. princeps ). |
| 1662 | CL . MALTRETUS , Procopii Opera Omnia , vol. I, París (Corpus Byzantinae Historiae ; con traducción latina). Reimpresión en Venecia: 1729. |
| 1833 | G. DINDORF , Procopii Opera Omnia , vol. II, Bonn (Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae ). |
| 1895-98 | D. COMPARETTI , La guerra gotica di Procopio di Cesarea , 3 vols., Roma (Fonti per la storia d’ltalia . Scrittori, secolo VI , 23-25; con traducción italiana) 46 . |
| 1905 | J. HAURY , Procopii Caesariensis Opera Omnia , vol. II, Leipzig (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana) . Reimpresión: 1936. Editio stereotypa aumentada y corregida por G. Wirth: 1963 (cit. «ed. Haury-Wirth»). |
| 1914-16 | H. B. DEWING , Procopius , vols. III-V, Londres-Cambridge (Mass.) (The Loeb Classical Library), que sigue la ed. de Haury. Reimpresiones manejadas: vol. III, 1968; vol. IV, 1962; vol. V, 1962 (con traducción inglesa; cit. «ed. Dewing»). |
| 1963 | HAURY -WIRTH , cf. arriba, año 1905. |
| 1966 | O. VEH , Prokop: Gotenkriege (Prokop: Werke , 5 vols., 1961 ss.), Múnich. Reimpresión: 1978 (con traducción alemana). |
| 1977 | M. C RAVERI , Procopio de Cesarea. Le guerre Persiana, Vandalica, Gotica , Turín (con trad. italiana). |
Traducciones
Aparte de las ediciones bilingües citadas arriba, existen las siguientes versiones totales o parciales de la obra (por orden cronológico en cada apartado):
Alemán
D. COSTE , Gothenkrieg , Leipzig (Die Geschichtschreiber der deutschen Vorzeit 7 ), Lepzig, 1885, 19222 .
K. DIETERICH , Byzantinische Quellen zur Länder und Völkerkunde , I-II, Leipzig, 1912.
A. KELLER (ed.), Der Untergang der Ostgoten. Ausgewählte Abschnitte aus Prokops Gotenkrieg (Voigtländers Quellenbücher 63 ), Leipzig, ca . 1920.
C. REICH , Goten und Vandalen im Kampfe gegen die Römer , Bamberg, 1933.
— Prokop von Caesarea. Der Gotenkrieg (Kriegsgeschichtl. Bücherei 35-36), Berlín, 1938.
A. HEINE - A. SCHAEFER , Der Vandalenkrieg. Der Gotenkrieg , Essen, 1985.
Español
J. VALERO GARRIDO , Poema e Historia de Belisario , Barcelona, 1983. Se traducen los siguientes pasajes (con el texto griego reproducido de la ed. de Teubner en páginas enfrentadas): Guerra gótica II (= Historia de las guerras VI) 8, 1-18 (págs. 212-217); III (= Historia de las guerras VII) 1, 1-22 (págs. 218-223).
J. VARA DONADO , Procopio de Cesarea. Historia de las guerras , Madrid (en prensa).
Francés
G. PARADIN , libros V-VIII, Lyon, 1578.
M. FUMÉE , Sieur de Genillé, libros I-VIII (y Sobre los edificios ), París, 1587.
Inglés
H. HOLCROFT , libros I-VIII, Londres, 1653.
A. CAMERON , Procopius. History of the Wars, Secret History, and Buildings , Nueva York, 1967.
Italiano 47
B. EGIO , De la longa et aspra guerra dei Gothi (libros V-VIII), Venecia, 1544 (libros I-IV, 1547).
ROSSI -COMPAGNONI , Collana degli antichi scrittori greci volgarizzati , Milán, 1828-30.
G. ROSSI , Istoria delle guerre gottiche , Milán, 1838.
F. M. PONTANI , Procopio di Cesarea. La guerra gotica , Roma, 1974.
- Procopio di Cesarea. La guerra gotica , La Spezia, 1981.
U. ALBINI - E. V. MALTESE (eds.), Bisanzio nella sua letteratura , Milán, 2004 (1984; los pasajes de Procopio los traduce Anna Pontani).
Latín
L. BRUNI , De bello Italico adversus Gothos , Fuligno, 1470, 1507, 1534 (la traducción data de 1441).
CHR . PERSONA , libros V-VIII, Roma, 1506 (traducidos entre los años 1481-83).
H. GROTIUS , Historia Gothorum (con la Guerra vándala ), Amsterdam, 1655.
Ruso
S. P. KONDRAT ’EV , Prokopij iz Kesarii. Vojna s gotami , Moscú (Akademija nauk, Institut istorii), 1950.
Léxico
B. COULIE - B. KINDT - CETEDOC , Thesaurus Procopii Caesariensis: De bellis, Historia arcana, De aedificiis , Turnhout, 2000 48 .
Nuestra versión
Seguimos la ed. de Haury-Wirth (1963), aunque también hemos manejado y, a veces, tenido en cuenta la de Dewing, como aclaramos en las notas correspondientes. Hemos intentado que nuestra traducción se atenga al texto griego con la mayor fidelidad posible 49 .

1 Cf. V 1, 2-6.
2 Cf. V 1, 10-11.
3 Cf. V 12, 21-22.
4 Cf, V 4, 13-15 y 27, sobre todo.
5 Cf. V 5, 1-2.
6 Así, por ejemplo, en V 14, 16, dice Procopio que los romanos alabaron la «previsión» (prónoian) del general en unas mejoras realizadas en el parapeto de las murallas de la ciudad.
7 En el año 532 d. C.
8 Cf. V 5, 11.
9 Cf. V 8, 43 ss.
10 Cf. V 11, 6-9.
11 Cf. V 11, 27.
12 Silverio sólo fue Papa entre los años 536-537 d. C.
13 Cf. VI 13. 16.
14 Llegando, por ejemplo, a abandonar el asedio de la ciudad de Urbino con parte del ejército, a pesar de que Belisario le había insistido en que permaneciera en su puesto (cf. VI 19, 8-9).
15 En el capítulo 11, donde nos cuenta Procopio que Juan se niega a cumplir las órdenes de Belisario y, por tanto, a abandonar la ciudad de Arímino para acompañar al resto del ejército (cf. VI 11, 22).
16 Cf. VI 21, 39.
17 Cf. VI 25, 9 donde Procopio refiere las atrocidades cometidas por los francos en Ticino.
18 En VI 24, 1-16 y 26, 2 y 5-15. Vitigis responde siempre dándoles «vanas esperanzas», como dice Procopio.
19 La tiranía. Al respecto de los términos tyrannís y týrannos , cf. nota 153 del libro V.
20 Cf. VI 29 18-20.
21 Cf. VI 22, 13 ss.
22 Cf. VI 30 4 ss.
23 Cf. VI 30, 25, 26, 28.
24 Cf. VI 29 1 ss. Dos senadores, Dómnico y Maximino son los embajadores enviados desde Bizancio por el emperador.
25 Ibid.: en el parágrafo 4 en concreto.
26 Cf. VII 2, 1 ss.
27 Totilas ya avanza por primera vez contra Roma en VII 9, momentos en los que Belisario es enviado de nuevo a Italia por Justiniano; el rey ostrogodo prepara el asedio de Roma en VII 13; en VII 18, Belisario decide marchar por mar a la ciudad y en el capítulo 20 Procopio cuenta el saqueo de Roma por parte de Vitigis; en el 22 Totilas derriba gran parte de las murallas romanas, si bien el 24 Procopio refiere las labores de reconstrucción de las fortificaciones romanas por parte de Belisario, que, al mismo tiempo resiste los asaltos del ejército de Totilas.
28 Cf. VIII 32, 24-28.
29 Cf. VIII 35, 20-29.
30 Cf. VIII 35, 33-38.
31 Básicamente, el problema consistió en que Justiniano había llevado a cabo un nuevo acercamiento a los partidarios del monofisismo al condenar la obra de tres obispos a los que los monofisitas acusaban de nestorianos. Estos tres obispos eran Teodoro de Mopsuesto, Ibis de Edesa y Teodoreto de Ciro. La decisión del emperador fue bien acogida en Oriente, fundamentalmente monofisita, pero en Bizancio y en la zona occidental suscitó una agria controversia que ha venido en llamarse «Asunto de los Tres Capítulos». Lo que sucedía era que Teodoreto de Ciro había brillado en el Concilio de Calcedonia, donde se había condenado la postura monofisita, por lo que se entendía que al poner en entredicho su obra, se estaban asimismo cuestionando las resoluciones del concilio. El emperador logró que el Patriarca de Constantinopla ratificara la prohibición y, acto seguido, llamó al papa Vigilio, que, tras muy serias vacilaciones, terminó ratificando la condena de los obispos en el 548 d. C. Más tarde, sin embargo, el papa fue excomulgado, por lo cual se retractó de su decisión. Toda esta polémica sólo se detuvo durante un tiempo, a consecuencia del fallecimiento de la emperatriz Teodora el 28 de junio del 548 d. C. Como podemos fácilmente inferir por esta explicación, resulta evidente que la Iglesia estaba inmersa entonces en continuas disensiones que no eran ajenas a los asuntos del poder terrenal.
32 De hecho, aunque con digresiones intercaladas, hasta el capítulo 17 inclusive.
33 Cf. notas 1-3 del libro VIII. Con relación a esto, quisiéramos dejar constancia de una interesante información que nos proporciona Francisco A. García Romero sobre una muy antigua edición de la obra procopiana: la del Beatus Rhenanus de 1531, donde, curiosamente, sólo aparecen los libros I-VII de las Guerras traducidos al latín: «Procopii Caesariensis De rebus Gothorum, Persarum ac Vandalorum libri 7 , una cum aliis mediorum temporum historicis, quorum catalogum sequens indicabit pagina. His omnibus accessit rerum copiosissimus index. Basileae : ex officina Ioannis Heruagii, mense Septembri 1531 (A cura di Beathus Rhenanus contiene anche opere di: Agathias Scholasticus, Leonardo Bruni, Jordanes, Konrad Peutinger, Sidonius Apollinaris. - Trad. di Cristoforo Persona e Raffaele da Volterra. In fine: Procopii Caesariensis liber de aedificiis lustiniani Augusti». Como podemos observar, por lo tanto, en esta antiquísima edición, sólo aparecen los siete primeros libros. Esta edición, incluso, nos ha hecho dudar de si era en realidad la editio princeps de las Guerras en detrimento de la de Hoeschelius (de 1607), pero resulta claro que no lo es, pues sólo se recogen la traducciones latinas de C. Persona (1506) de la guerra gótica y la de Volaterranus de la persa y la vándala y no el texto griego.
34 Cf. VII 1, 6-16, sobre todo, donde nuestro autor describe sus cualidades como persona y como militar. Pensamos que Procopio lo aborda quizás obligado por el propio desarrollo de la narración al llegar ésta a un momento culminante como es el regreso del general a Bizancio con Vitigis, segundo rey que consigue llevar a la capital del Imperio como prisionero de guerra, y también llevado posiblemente por las convenciones literarias del género historiográfico, donde la inclusión del retrato de carácter elogioso parece de todo punto procedente. De todas formas, para una información detallada sobre la figura de Belisario y su relación con Procopio con unas interesantísimas consideraciones sobre la admiración inicial que nuestro autor profesa por el general y que, por determinadas razones y circunstancias, se va a ir trocando en puro desengaño, remitimos encarecidamente a la Introducción de Signes Codoñer a su traducción de la Historia Secreta en esta misma colección (B. C. G. núm. 279).
35 Recordemos que en el caso de Constantino, la disputa con el general (VI 8, 1 ss.) termina con la muerte del primero, al no querer dar su brazo a torcer, hecho que no deja de aprovechar Procopio para afearle al general su comportamiento.
36 Por ejemplo, el combate entre los niños de V 20, 1-4, que sirve de premonición de cuál iba a ser el resultado del enfrentamiento entre Belisario, al frente de los romano-bizantinos, y Vitigis, de los godos.
37 Nos referimos al que se produce entre Belisario y los embajadores de los godos, en concreto desde VI 6, 27 hasta el final del capítulo (párr. 36), que da incluso problemas de divergencias entre los diferentes códices y ediciones, pues las intervenciones se introducen sólo con los nombres de los interlocutores, lo cual debió ya de extrañar a los propios copistas.
38 O sphragís , como ya hicieron, entre otros, sus predecesores Heródoto y Tucídides (en el caso de estos, sólo al comienzo de la obra).
40 Para una más completa información sobre otros manuscritos menores, ediciones y versiones cf. ed. Haury-Wirth, págs. XL ss.; Rubin, RE 23-1 (1957), coll. 273 ss. y la introducción de la Guerra persa , B. C. G. 280, págs. 19 ss.
41 Este códice sigue en el stemma codicum la línea L - γ - n - d .
42 Este otro códice contiene, entre otras diversas obras, los ocho libros de las Guerras .
43 En la introducción de Haury no se especifica a qué siglo pertenece; de todas formas, parece ser del XVI; lo que sí se indica es que contiene la Historia de las Guerras Góticas dividida en cuatro partes, que parece derivar del códice L y que quizás sea el padre de los códices n y k .
44 Este códice sólo contiene de bellis quintum et sextum librum, fol 24-112; «quintus liber in fine mutilus est . (...)» (id , pág. LII).
45 Es éste un códice, como vemos, del s. XVII , que contiene los libros V-VIII de la obra y que sigue la línea K – V-f – b2 – el - a, o del stemma codicum .
46 Esta traducción es la que se utiliza en Procopio. Pagine scelte , a cura di B. Lavagnini (Collana di Studi Greci 17), Nápoles, 1948. Fue también editada «a cura di E. Bartolini» en Milán (Garzanti, s. a.) y reeditada en el año 2005.
47 El cod. Ambrosianus A 272 (siglo xv) contiene una traducción de los libros V-VIII realizada por Nicolo di Lonigo.
48 Reseña de V. SOMERS , en Byzantion 71-1 (2001), 560-562.
49 No hemos podido consultar la versión del profesor Vara Donado, todavía en prensa.
BIBLIOGRAFÍA
Los títulos aquí incluidos complementan las bibliografías de los volúmenes 279, 280 y 282 de la B. C. G. (Procopio de Cesarea, Historia secreta, Historia de las guerras I-II [Guerra persa ] e Historia de las guerras III-IV [Guerra vándala] respectivamente).
M. ACOSTA ESTEBAN , «Los historiadores clasicistas de Justiniano», en J. González (ed.), El Mundo Mediterráneo (siglos III-VII). Actas del III Congreso Andaluz de Estudios Clásicos , Madrid, 1999, págs. 255-263.
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P. ARIES , G. DUBY (dir.), Historia de la vida privada (Tomo 1: Del Imperio Romano al año mil ); E. PATLAGEAN (autora parte referida a Bizancio), Grupo Santillana Editores, 2001.
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O. MAZAL , Justinian I. und seine Zeit: Geschichte und Kultur des byzantinischen Reiches im 6. Jahrhundert , Colonia, Böhlau, 2001.
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—Justinian. Herrschaft, Reich und Religion , Múnich, 2004.
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J. J. NORWICH , Byzanz. Der Aufstieg des Ostromischen Reiches , Düsseldorf-Viena, 1993.
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P. DE PALOL - G. RIPOLL , Los godos en el occidente europeo: ostrogodos y visigodos en los siglos V-VIII , Madrid, 1988.
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—Gotische Studien: Volk und Herrschaft im frühen Mittelalter , Múnich, 2005.

1 Existe una traducción inglesa de esta obra: History of the Goths / Herwig Wolfram; translated by Thomas J. Dunlap. New and completely rev. from the 2nd German ed. Berkeley: University of California Press, 1988.
LIBRO V
(GUERRA GÓTICA I)

SINOPSIS*
1 . Zenón es el emperador en Bizancio, Rómulo Augústulo reina en la parte occidental. Tras el asesinato del padre de este último, pasa a reinar en Occidente Odoacro. Teodorico, rey de los godos, se traslada a Italia por instigación de Zenón. Teodorico pone sitio a Rávena, cuya situación geográfica se describe. Quita de su camino a Odoacro, con el cual había llegado a un acuerdo. Tras haberse apoderado de Italia, ejerce el mando sobre sus súbditos meritoriamente. A él le pareció ver en una bandeja la cabeza de Símaco, al que había dado muerte injustamente junto a Boecio, y murió aterrorizado y lamentándose.— 2 . El sucesor de Teodorico, Atalarico, siendo un niño es confiado a unos preceptores por su madre Amalasunta, una mujer de extraordinario mérito, para que lo inicien en las letras. Los godos, que aborrecían la formación cultural, critican a la reina. Ella muestra constancia y discreción a la hora de sofocar la conspiración.— 3 . Origen de Teodato, sus costumbres, sus planes. Se envían embajadores desde Bizancio a presencia del sumo pontífice de los romanos. Reflexión de Procopio sobre religión. Al caer enfermo Atalarico, temiendo Amalasunta por lo que le pudiera suceder a ella a manos de los godos, trata en secreto con Alejandro sobre la entrega de Italia a Justiniano, en tanto que, públicamente, por cartas, Justiniano con Amalasunta y Amalasunta con Justiniano discuten sobre Lilibeo. Los embajadores regresan a Bizancio. El emperador envía a Italia a Pedro.— 4 . Amalasunta reprime la codicia de Teodato. Una vez muerto Atalarico, pone todo su empeño en ganarse el favor de éste, y lo invita a acceder al trono real. El rey se muestra desagradecido y la envía a la cárcel. Pedro, el embajador de Justiniano, tras el asesinato de Amalasunta declara la guerra al rey.— 5 . Justiniano emprende la guerra contra los godos. Envía a Mundo a Dalmacia y a Belisario a Sicilia al mando de una flota. Se dirige por carta a los jefes de los francos. Mundo conquista Salones. Belisario, tras apoderarse de la totalidad de Sicilia, cierra su consulado con espléndida generosidad.— 6 . Teodato llega a un acuerdo con Pedro, el embajador de Justiniano. El abatimiento de aquél, expresado a través de una sustanciosa conversación. Correspondencia entre Teodato y Justiniano.— 7 . Se cree que la Sibila había predicho la muerte de Mundo y de su hijo. Teodato falta a la palabra dada y recibe mal a los embajadores del emperador. Conversación sobre los derechos y deberes de las personas que forman una embajada. Carta de Justiniano a los notables de los godos. Constanciano, enviado por él a Dalmacia con un ejército, la recupera. Termina el primer año de la guerra gótica.— 8 . Tras entrar en Italia, Belisario toma bajo su protección a Ebrimo, el yerno de Teodato. Pone sitio a Neápolis. Responde a Estéfano, ciudadano neapolita, que le desaconseja llevar a cabo esta empresa. Pastor y Asclepiódoto, por medio de un discurso, desbaratan el proyecto que se ha formado de entregar la ciudad.— 9 . Teodato, el rey de los godos, se entera a través de un prodigio de cuál va a ser el resultado de la guerra. Tentativas sin resultado por parte de Belisario contra los neapolitas. Belisario, una vez conocida y fortificada en secreto la vía por la cual podía ser capturada la ciudad, invita a los neapolitas a la capitulación evocando las calamidades propias de las tomas de ciudades.— 10 . Belisario hace sus preparativos para penetrar al asalto en la ciudad de Neápolis: finalmente introduce a los suyos a través de un acueducto. Ante el desastre que se produce en la toma de la ciudad, Belisario llama a la clemencia a su ejército. Muerte repentina de Pastor. Reproches mutuos entre Estéfano y Asclepiódoto. El pueblo desmiembra el cuerpo de Asclepiódoto.— 11 . Vitigis es elegido rey de los godos y éste elimina a Teodato. Discurso de Vitigis dirigido a los godos sobre una prudente dilación de la guerra y los preparativos de la misma. Tras dejar una guarnición de vigilancia en Roma, se marcha a Rávena. Se casa con Matasunta, la hija de Amalasunta.— 12 . Descripción de algunas partes del mundo. Antiguos lugares de residencia de los francos. El imperio de los visigodos. Los arbóricos y los francos se unen en una sola nación. Los visigodos se hacen con la totalidad de la Galia. Teodorico da en matrimonio a su hija a Alarico el Joven, rey de los visigodos, y a la hija de su hermana a Hermenefrido, rey de los turingios. Los francos firman un tratado con Teodorico, rey de Italia; vencen a los burguciones; matan a Alarico, rey de los visigodos. Ponen sitio a la ciudad de Carcasiana sin éxito. Hazañas militares de Teodorico en la Galia. Teudis implanta la tiranía.— 13 . Los francos vencen por completo a los turingios y a los burguciones. Amalarico toma por esposa a la hermana del rey de los francos; llega a un acuerdo con Atalarico; los francos le quitan la vida en combate. Acuerdos de Teodato establecidos con los francos. Vitigis pronuncia un discurso ante los suyos sobre el cumplimiento de los pactos. Concluye una alianza con los reyes de los francos.— 14 . Belisario, tras dejar guarniciones de vigilancia en Neápolis y Cumas, se dirige a Roma. Los romanos se rinden ante él. Descripción de la Vía Apia. Los godos salen de Roma. Entra en ella Belisario, y prepara todo lo necesario para soportar el asedio.— 15 . Belisario recupera una parte de Samnio. Razón por la cual a Benevento se la llamaba en tiempos antiguos Malevento. Su fundador, Diomedes, dejó allí depositados los asombrosos colmillos del jabalí de Calidón. Allí mismo le entregó a Eneas el Paladio de Troya, cuya estatua es descrita, así como también el golfo Jónico, la Magna Grecia y otras partes de Italia.— 16 . Belisario envía tropas a Toscana. Besas recupera la ciudad de Narnia; Constantino, Espoleto y Perusia. Victoria de éste. Vitigis, tras enviar un ejército a Dalmacia, se dirige apresuradamente a Roma. Los godos ponen sitio a Salones.— 17 . Belisario hace venir de Toscana a Roma a Constantino y a Besas. Situación geográfica de Narnia. Vitigis se acerca a Roma. Belisario construye un puente. Huida de los centinelas que guardaban el puente.— 18 . En el curso de una encarnizada batalla, Belisario, a lomos del caballo Balas, combate valerosamente y con éxito. Los godos fugitivos ponen en fuga a su vez a los romanos. Se reanuda el combate. Los romanos se retiran junto a las murallas; por segunda vez derrota a los godos. El caso asombroso del godo Visando. Belisario distribuye en las puertas de las murallas a los comandantes. Vitigis anima a los ciudadanos romanos a la rebelión.— 19 . Los godos montan siete campamentos; cortan los acueductos de la ciudad; destruyen los molinos puestos en movimiento por Belisario. Éste los restaura.— 20 . Belisario ve un presagio de su victoria en un juego de niños. Los ciudadanos romanos soportan el asedio con impaciencia. Vitigis envía embajadores ante Belisario. Discursos de unos a otros.— 21 . Vitigis se prepara con vistas a lanzar el ataque. Descripción de las máquinas de guerra: los arietes, las catapultas, los onagros y los lobos.— 22 . Belisario se burla de las máquinas en cuanto los enemigos las hacen avanzar. Admirable destreza de aquél al disparar las flechas. Vitigis se dirige de la puerta Salaria a la Prenestina. La tumba de Adriano, atacada enérgicamente, es defendida con más energía aún.— 23 . Tentativas inútiles de los godos. Una parte de las murallas de Roma se encuentra bajo la protección del apóstol Pedro. El asombroso disparo de una máquina de guerra. Descomunal matanza de godos junto a Vivero y la puerta Salaria.— 24 . Carta de Belisario al emperador Justiniano. Ominosa caída de las partes de un retrato de Teodorico, el rey de los godos. Oráculo de la Sibila.— 25 . Belisario relega a Campania a una muchedumbre de personas que no servían para la guerra; a Silverio, el sumo sacerdote de la ciudad, lo envía a Grecia; a Vigilio lo eleva al cargo de sumo pontífice y le proporciona una escolta de guardias. Algunos hombres tratan de abrir las puertas del templo de Jano.— 26 . Vitigis da muerte a los senadores que tenía como rehenes. Ocupa Porto. Belisario recibe con dificultad los aprovisionamientos procedentes de la ciudad de Ostia.— 27 . Belisario recibe tropas; hostiga a los enemigos con diferentes combates y los vence en tres ocasiones. Vitigis intenta en vano imitarlo. Momento decisivo para las tropas de los godos y de los roma nos.— 28 . Discurso de Belisario a los romanos, que exigen entrar en batalla. Pone en orden de combate al mismo ejército para una batalla entre las caballerías. Inducido por un discurso de Principio, admite a los soldados de infantería en la tropa formada en orden de batalla.— 29 . Vitigis, por medio de una arenga, exhorta a los godos a entrar en combate. Al comienzo, los romanos resultan vencedores, pero, en lo sucesivo, sufren una derrota aplastante.

* El resumen de los contenidos correspondientes a los libros V y VI ha sido extraído de la edición de Maltretus —tal como aparece, a su vez, en la de Haury—, con ligeras modificaciones.

Fue esta la forma en que se desarrollaron para los romanos [1 ] los acontecimientos en Libia 1 . Ahora voy a narrar la Guerra Gótica y comenzaré por contar todo lo que vino a sucederles a los godos y a los italianos antes de dicha guerra.
Durante el reinado de Zenón 2 en Bizancio, el que gobernaba [2] en la parte occidental del Imperio era Augusto, al cual los romanos solían también llamar con el diminutivo Augústulo 3 , dado que se vio obligado a asumir el poder cuando todavía era un muchachillo 4 , si bien su padre Orestes 5 , varón de grandísima discreción, lo administró en su lugar como regente. [3] Se daba la circunstancia de que un poco antes los romanos habían inducido a los esciros, alanos y otros pueblos godos a formar una alianza militar con ellos; y desde entonces hubieron ellos de sufrir a manos de Alarico y Atila todos los acontecimientos que fueron narrados en los libros anteriores 6 . [4] Y en la misma proporción en que la presencia bárbara se hizo poderosa entre ellos, así también comenzó a declinar el prestigio de los soldados romanos y, bajo el hermoso nombre de alianza militar, fueron tiranizados y oprimidos por los extranjeros, hasta el punto de que los obligaron de modo implacable a tomar muchas medidas contra su voluntad y, finalmente, los conminaron a repartir con ellos todos los territorios de Italia. Así, en efecto, ordenaron a Orestes que les [5] entregara la tercera parte de esos territorios y, al no estar él en absoluto de acuerdo con esto, lo mataron de inmediato 7 .
Había entre los romanos un hombre llamado Odoacro 8 , [6] uno de los guardias de corps 9 del emperador, que por aquel entonces se unió a ellos para llevar a cabo sus órdenes bajo la condición de que lo establecieran en el trono. Una vez que [7] recibió el poder 10 , ya no causó ningún otro daño al emperador, sino que le permitió pasar el resto de su vida como un [8] ciudadano particular 11 . Tras entregar la tercera parte de los territorios a los bárbaros, con lo que afianzó su amistad con ellos, ejerció el poder supremo durante diez años 12 .
[9] Fue en tomo a esta época cuando los godos, que estaban viviendo en Tracia con el permiso del emperador, se levantaron en armas contra los romanos bajo el liderazgo de Teodorico 13 , varón de clase patricia que había sido cónsul en Bizancio. Pero el emperador Zenón, que sabía cómo sacar provecho [10] de cualquier circunstancia en que estuviera envuelto, aconsejó a Teodorico que se dirigiera a Italia, que le declarara la guerra a Odoacro y ganara para sí mismo y para los godos el Imperio de Occidente. Pues era mejor para él —decía—, especialmente [11] después de haber alcanzado la dignidad senatorial, echar por la fuerza al usurpador y gobernar sobre la totalidad de romanos e italianos que lanzarse a un riesgo tan grande luchando abiertamente contra el emperador.
Entonces Teodorico, encantado con la sugerencia, llegó hasta [12] Italia. Le seguía el ejército de los godos, que habían subido a los carros a las mujeres, los niños y cuantos enseres eran capaces de llevar. Una vez que llegaron cerca del golfo Jónico 14 , no encontraron [13] la manera de cruzarlo, ya que ellos mismos no disponían de naves. Por tanto realizaron el recorrido completo alrededor del golfo a través del territorio de los taulantios 15 y de los demás pueblos de la región. Aquí las fuerzas de Odoacro se encontraron [14] con ellos, pero, tras ser derrotados por éstos en numerosas batallas, se encerraron con su líder en Rávena y en las plazas fuertes más sólidas que encontraron. Los godos pusieron sitio [15] a las demás plazas y las tomaron todas entonces, cada una según convenía, pero no fueron capaces de capturar ni por rendición ni a la fuerza la fortaleza de Césena 16 , que está a una distancia de trescientos estadios de Rávena, ni la propia Rávena, donde precisamente [16] estaba a la sazón Odoacro 17 . Pues esta ciudad de Rávena 18 está situada en una planicie llana en el extremo del golfo Jónico, y le faltan sólo dos estadios para estar en el mar. Es evidente [17] que no es de fácil acceso ni para los barcos ni para un ejército de tierra, ya que los barcos no pueden de ninguna manera llegar a la costa por allí, porque el propio mar lo impide con los escollos que se forman a lo largo de no menos de treinta estadios. En consecuencia, aun cuando la playa parece cercana a la vista de los marineros, la realidad es que queda muy lejos, debido a la [18] extensión de agua con escollos. Y para un ejército de tierra el acceso es imposible, pues el río Po, también llamado Erídano 19 , pasa por allí desde las fronteras celtas 20 , y otros ríos navegables con algunos estanques circundan por todas partes la ciudad y hacen que esté totalmente rodeada de agua. En ese lugar sucede [19] un espectáculo maravilloso todos los días: por la mañana temprano el mar forma una especie de río y recorre hasta el interior de la tierra la distancia de un día para un viajero expedito y se hace navegable ya en medio de la tierra firme; después, a la caída de la tarde, se retira de nuevo deshaciendo el estuario y lleva la corriente de vuelta hacia sí mismo 21 . Así [20] pues, todos cuantos tienen que transportar provisiones al interior de la ciudad o llevárselas fuera, ya sea con fines comerciales o por cualquier otra causa, depositan sus cargamentos en los barcos y los arrastran abajo hasta el lugar donde suele formarse el brazo de mar y allí aguardan el flujo de agua. Cuando llega, los barcos se van elevando poco a poco sobre [21] la tierra firme hasta que flotan y entonces los marineros de a bordo se ponen manos a la obra y comienzan a navegar por mar. Este fenómeno no sólo se produce allí; también sucede [22] de manera regular a lo largo de toda esa costa hasta la ciudad [23] de Aquilea 22 . Ahora bien, este espectáculo no se produce de la misma forma en todas las ocasiones, sino que, cuando la luz de la luna brilla débilmente, el agua del mar no entra con la misma energía, sino que es desde el cuarto creciente hasta el menguante cuando el flujo de agua tiende de forma natural a ser más fuerte 23 . Sea, pues, suficiente lo explicado respecto a este asunto.
[24] Sin embargo, tres años después de que los godos y Teodorico comenzaran el sitio de Rávena 24 , los godos estaban ya cansados del asedio y los partidarios de Odoacro, presionados por la escasez de provisiones, llegaron a un acuerdo entre sí gracias a la mediación del sacerdote de Rávena por el que Teodorico y Odoacro residirían en Rávena en términos de total [25] igualdad de condiciones. Y, efectivamente, durante un tiempo ambos cumplieron lo acordado, pero, posteriormente, Teodorico cogió prisionero a Odoacro, según dicen, por medio de una conspiración contra él, y después de invitarlo a una fiesta con traicioneras intenciones, le dio muerte 25 . De este modo se ganó el favor de todos los bárbaros enemigos que tuvieron la suerte de sobrevivir, y él mismo se aseguró el mando sobre los godos y los italianos. Aunque no reclamó el derecho [26] a asumir ni la indumentaria ni el título de emperador de los romanos, sin embargo se le siguió llamando «rex » 26 hasta el fin de sus días, y es que así acostumbran los bárbaros a llamar a sus líderes. No obstante, en el gobierno de sus súbditos propios se invistió de todas cuantas atribuciones corresponden propiamente a un emperador de nacimiento. Así, fue extraordinariamente [27] cuidadoso en la administración de la justicia y guardó firmemente las leyes; además, vigiló cuidadosamente el territorio y lo mantuvo a salvo de los vecinos bárbaros y siempre actuó de la manera más discreta y valiente posible. Personalmente apenas si cometió un solo acto de injusticia contra [28] sus súbditos, ni tampoco permitió que ninguna otra persona emprendiera una acción de este tipo, con la única excepción, claro está, de los godos, que se repartieron entre ellos las tierras que Odoacro había concedido precisamente a sus propios partidarios. Aun cuando Teodorico era de nombre un usurpador, [29] de hecho fue un verdadero emperador, en absoluto inferior a ninguno de los que han sido bien valorados en este cargo desde el principio. Además, el afecto hacia él tanto entre los godos como entre los italianos llegó a un punto culminante, aunque esto es contrario al modo de ser típico de los hombres, pues siendo siempre diferentes en todos los estados las preferencias [30] humanas, sucede que quien está en el poder satisface por el momento sólo a las personas a quienes agradan los actos que lleva a cabo, pero disgusta, por el contrario, a aquellos de cuya manera de pensar se aparta completamente. [31] Teodorico, sin embargo, murió tras haber reinado durante treinta y siete años y no sólo fue temible para todos sus enemigos, sino que también dejó entre sus súbditos un fuerte sentimiento de desamparo ante su pérdida 27 . Su muerte sucedió de este modo.
[32] Símaco y su yerno Boecio 28 eran varones de noble y rancio abolengo y tanto el uno como el otro habían sido miembros destacados del Senado romano 29 y cónsules. Sin embargo, [33] ambos se dedicaron a la filosofía, se preocuparon por el cumplimiento de la justicia en mayor medida que nadie y aliviaron la falta de recursos de muchos ciudadanos y extranjeros con grandes sumas de dinero, por lo que su fama creció hasta el punto de provocar la envidia entre los hombres más abominables. Fueron tales personas precisamente quienes los [34] difamaron y Teodorico, dando crédito a tales calumnias, mandó ejecutar a los dos hombres acusándolos de conspiración e hizo que sus propiedades fueran confiscadas y pasaran al tesoro público. Unos días después, sin embargo, mientras [35] se encontraba cenando, sus sirvientes le presentaron la cabeza de un pez de gran tamaño, pero a Teodorico le pareció que era la cabeza de Símaco, al que acababan de degollar. En [36] efecto, con los dientes clavados en el labio inferior y los ojos dirigidos hacia él con una mirada espantosa y propia de un loco, presentaba muy claramente la apariencia de una persona amenazándole. Quedó tan impresionado por lo extraordinario [37] del prodigio y con tal temblor que se retiró corriendo a sus aposentos y, tras ordenar que le colocaran encima varios cobertores, se quedó inmóvil 30 . Posteriormente, sin embargo, [38] reveló a su médico Elpidio todo cuanto había sucedido y se lamentó del error que había cometido con Símaco y [39] con Boecio. Pues bien, no mucho después de haber deplorado y sentido un gran dolor por el desgraciado suceso murió 31 , y fue éste el primer y último acto de injusticia que cometió contra sus súbditos, a causa de no haber investigado en profundidad, como acostumbraba a hacer, antes de pronunciar una sentencia en torno a esos dos hombres.
[2 ] Tras su muerte, heredó el trono Atalarico 32 , el hijo de la hija de Teodorico, que había cumplido la edad de ocho años [2] y al que criaba su madre Amalasunta 33 , puesto que su padre 34 ya había desaparecido de entre los hombres. No mucho tiempo después, Justiniano accedió al trono imperial en [3] Bizancio 35 . Entonces Amalasunta, como tutora de su hijo, ejercía el poder demostrando, por una parte, estar dotada de un muy alto nivel de discreción y sentido de la justicia y desplegando, por otra, en grado sumo un carácter propio de varón. En el tiempo durante el cual se ocupó del poder, no infligió [4] castigo alguno a ningún romano ni sobre su persona ni imponiéndole una multa. Además, no consintió que los godos [5] dieran rienda suelta a sus locos deseos de cometer abusos contra los romanos e incluso devolvió a los hijos de Símaco y Boecio las propiedades de sus padres. Ciertamente [6] Amalasunta quería que su hijo llegara a parecerse a los príncipes romanos tanto en forma de vida como en costumbres, y por ello lo obligaba a acudir a la escuela de un profesor de letras 36 . Escogió para tal cometido a tres de los ancianos godos, [7] aquellos que, segun sabía, eran los más discretos y refinados de todos, y les pidió que vivieran con Atalarico, petición que no fue del agrado de los godos, pues, debido a que [8] deseaban cometer abusos contra sus súbditos, preferían ser gobernados más a la manera bárbara. Un día su madre encontró [9] al niño haciendo alguna travesura en su cuarto y lo castigó; entonces él salió de allí bañado en lágrimas en dirección a los aposentos de los hombres. Unos godos que se toparon [10] con él lo consideraron un acto indigno y acusaron con insistencia a Amalasunta de que deseaba hacer desaparecer al niño de entre los hombres lo más rápidamente posible para poder casarse con un segundo marido y de esta forma gobernar con él sobre godos e italianos. Tras una reunión de cuantos [11] notables había entre ellos, llegaron a presencia de Amalasunta y le reprocharon que su rey no estaba siendo educado correctamente ni desde su punto de vista ni según a él mismo le convenía. [12] Según ellos, las letras estaban muy alejadas de la hombría y las enseñanzas de hombres de edad avanzada terminan desembocando en la mayoría de los casos en un ánimo cobarde [13] y sumiso 37 . En consecuencia, aquel que ha de mostrarse osado en cualquier actividad y alcanzar renombre tiene que liberarse de la pusilanimidad que emana de los maestros y dedicarse [14] a la práctica de las armas. Añadían además que Teodorico no habría permitido jamás que ninguno de los godos [15] enviase a sus hijos a la escuela, pues él les decía a todos que si alguna vez les sobreviniera el temor al látigo, no tendrían jamás la decisión suficiente para menospreciar la espada [16] o la lanza. Los godos le pedían a ella, como acto de justicia, que pensara que su padre Teodorico, antes de morir, se había hecho dueño de todo ese territorio, un reino que no le pertenecía a él por derecho alguno, por más que él no había [17] recibido ni una sola lección de letras. «Por tanto, señora —le decían— despide ahora a estos preceptores y proporciónale a Atalarico compañeros de su edad, que compartan con él la juventud y lo motiven para alcanzar ese grado de excelencia que va de acuerdo con la costumbre de los bárbaros.»
[18] Cuando Amalasunta escuchó estas palabras, aunque no las aprobaba, por temor a una conspiración por parte de estos hombres, les hizo entender que eran de su agrado y les aseguró [19] que haría todo cuanto le solicitaban. Cuando los ancianos dejaron de educar a Atalarico, se le unieron varios muchachos para compartir su vida diaria. Esos chicos, aunque todavía no eran mayores de edad, sino que le aventajaban en unos pocos años, tan pronto como él se hizo mayor en edad, le incitaron a la bebida y al trato carnal con mujeres, de modo que lo convirtieron en un joven extraordinariamente depravado y bastante desobediente a los consejos de su madre a causa de su necedad. Hasta tal punto fue así que en ningún [20] momento consideró conveniente abogar por su causa, por más que la conjura de los bárbaros contra ella era manifiesta e incluso se la conminaba sin tapujos a abandonar el palacio. Sin embargo, Amalasunta no se atemorizó por la conspiración [21] de los godos, ni tampoco, aun siendo mujer como era, mostró ninguna debilidad, sino que, por el contrario, con la dignidad propia de una reina, escogió a los tres hombres más notables de los bárbaros, que al mismo tiempo eran los mayores responsables de la conspiración contra ella, y les ordenó marchar a los límites de Italia, pero no juntos, sino lo más apartados posible unos de los otros, aparentemente con la misión de proteger el territorio contra las incursiones de los enemigos. Sin embargo, esos hombres, gracias a sus amigos [22] y parientes —pues todos estos seguían todavía estando en contacto con ellos, e incluso recorrían un largo camino para ir a su encuentro—, no dejaron en ningún momento de preparar los detalles de la conspiración contra Amalasunta.
Ella, viéndose ya incapaz de soportar por más tiempo la situación, ideó el siguiente plan: envió una embajada a [23] Bizancio para preguntar al emperador Justiniano si era su deseo que Amalasunta, la hija de Teodorico, acudiera a su lado, pues quería salir de Italia lo más rápidamente posible. Por su [24] parte, el emperador, encantado con la propuesta, le pidió a la mujer que viniera y dio órdenes de que se le preparara la mejor de las casas de Epidamno, a fin de que, cuando Amalasunta llegara, se pudiera alojar en ella y, tras haber pasado el tiempo que quisiese, se trasladara entonces a Bizancio. [25] En cuanto Amalasunta se enteró de esto, escogió a varios godos, hombres enérgicos y especialmente bien dispuestos hacia ella, y los envió para que dieran muerte a los tres antes mencionados, comoquiera que eran los máximos [26] responsables de la conspiración. Por su parte, ella depositó en un solo barco, entre otros bienes, cuatrocientos centenarios 38 de oro, hizo que embarcaran en él algunos de sus hombres más leales y ordenó poner rumbo a Epidamno 39 . Llegados allí, echarían el ancla en el puerto de dicha ciudad, pero no descargarían de la nave ni uno solo de los fardos hasta [27] que ella no diera la orden de hacerlo. Actuó así porque, si se enteraba de que los tres conspiradores habían muerto, podría permanecer allí y enviar de vuelta el barco, sin nada que temer ya de sus enemigos; en cambio, si alguno de ellos seguía con vida, no le quedaría ya ninguna buena esperanza y podría hacerse a la mar a toda velocidad y conseguir seguridad para ella y para sus posesiones en la tierra del emperador. [28] Con tal propósito envió Amalasunta el barco rumbo a Epidamno y, una vez que arribó al puerto de la ciudad, los [29] que tenían el dinero ejecutaron sus órdenes. Mas poco después, sin embargo, Amalasunta, una vez consumados los asesinatos según sus órdenes, envió de vuelta el barco y permaneció en Rávena para consolidar su poder 40 .
Había entre los godos un hombre llamado Teodato 41 , hijo [3 ] de Amalafrida, la hermana de Teodorico, que había llegado ya a una cierta madurez de edad. Estaba versado en letras latinas y en las enseñanzas de Platón, pero carecía totalmente de experiencia en los asuntos de la guerra y se había mantenido alejado de la vida activa, aun cuando tenía una extraordinaria afición al dinero. Este Teodato se había apoderado de [2] la mayor parte de los territorios de Toscana y, a través de métodos violentos, ponía todo su empeño en arrebatarles el resto de terrenos a sus dueños, ya que tener vecinos le parecía a Teodato una especie de desgracia. Amalasunta se apresuraba [3] a refrenar ese deseo suyo y, por esa razón, Teodato estaba siempre molesto y disgustado con ella. Por ello trazó un plan: [4] entregaría la Toscana al emperador Justiniano y él pasaría el resto de su vida en Bizancio tras obtener de él una gran suma de dinero y, sobre todo, la dignidad senatorial. Después de [5] que Teodato ideara el plan, llegaron dos enviados desde Bizancio a presencia del sumo sacerdote de Roma, Hipacio, el sacerdote de Éfeso, y Demetrio, de Filipos en Macedonia, que estaban en duda sobre un dogma de fe, que es un asunto sobre el que discuten los cristianos entre sí. En relación a los [6] motivos de controversia, aunque los conozco bien, no haré ninguna mención, pues considero que investigar la naturaleza de Dios, intentando averiguar de qué clase puede ser, es [7] una especie de insensatez, ya que si el hombre —pienso yo— no puede llegar a comprender con exactitud los asuntos humanos, no digamos lo referente a la naturaleza de Dios. En lo que a mí respecta, por lo tanto, mantendré un discreto silencio sobre esto con la única intención de que no se pongan en [8] duda tan respetables creencias. Pues, por mi parte, lo único que podría decir acerca de Dios es que Él es perfectamente [9] bueno y que tiene en Su poder todas las cosas. Pero que cada cual hable, sin embargo, según sepa en torno a estas cuestiones, tanto el sacerdote como el seglar 42 . Por su parte Teodato, tras una reunión en secreto con estos enviados, les dio la orden de que comunicaran al emperador Justiniano cuanto él había decidido, explicándoles todo lo que acabo de referir.
[10] Mas a la sazón Atalarico, que se encontraba continuamente en un estado de embriaguez que sobrepasaba todos los límites, [11] contrajo una devastadora enfermedad, que sumió a Amalasunta en un estado de perplejidad, ya que, por una parte, no podía confiar en la lealtad de su hijo, que había llegado a tal extremo de depravación; por otra, estaba convencida de que si Atalarico desaparecía de entre los hombres, en adelante su vida no estaría segura, porque se había enfrentado [12] con los más notables de los godos. Por este motivo precisamente, deseaba entregar el gobierno de los godos y de los italianos [13] al emperador Justiniano y así poder salvarse. Daba la casualidad de que Alejandro, un miembro del senado, había [14] llegado a Rávena con Demetrio e Hipacio. Cuando el emperador se enteró de que el barco de Amalasunta estaba anclado en el puerto de Epidamno, pero que ella se demoraba todavía a pesar del tiempo que había transcurrido, envió a Alejandro con la misión de investigar en profundidad todo lo referente a Amalasunta para que le informara de ello; sin embargo [15] se decía que el emperador había mandado a Alejandro como embajador porque se encontraba enormemente molesto por los sucesos acaecidos en Lilibeo —los que precisamente fueron relatados en el libro anterior 43 — y porque diez hunos del ejército que se encontraba en Libia se habían escapado y habían llegado a la Campania, y Uliaris, que estaba al mando de Nápoles, los había recibido con el beneplácito de Amalasunta, y también porque los godos, en la guerra contra los gépidas 44 que viven en tomo a Sirmio 45 , habían tratado como enemiga la ciudad de Graciana, que se encuentra situada en la parte extrema del territorio de los ilirios. El emperador, [16] después de escribir una carta a Amalasunta con todas estas reclamaciones, mandó como emisario a Alejandro.
Cuando éste llegó a Roma, dejó allí a los sacerdotes ocupados con los asuntos por los que habían venido y él, por su parte, siguió el viaje hasta Rávena y, en cuanto llegó a presencia de Amalasunta, la informó en secreto del mensaje del emperador y abiertamente le puso la carta en sus manos. El [17] contenido de la carta era el siguiente: «La fortaleza de Lilibeo, que es nuestra, aún la mantienes tras haberla tomado por la fuerza y, después de haber acogido a unos desertores bárbaros que son esclavos míos, todavía no te has decidido a devolvérmelos. Además, Graciana, una ciudad mía, ha recibido tus ultrajes, lo cual no te corresponde a ti en modo alguno. En consecuencia ha llegado el momento de que consideres [18] qué día pondrás fin a estos asuntos». Cuando ella recibió [19] y leyó esta carta, respondió en los siguientes términos: «Es razonable que un emperador que es grande y que se atribuye a sí mismo la virtud ayude a un niño huérfano y que no comprende nada de lo que está sucediendo en lugar de entrar [20] en desavenencias con él sin ningún motivo, pues tampoco un combate, a menos que se produzca en igualdad de condiciones, [21] trae como resultado una victoria honrosa. Tú, sin embargo, amenazas a Atalarico a causa de Lilibeo, de los diez fugitivos y de un error cometido por unos soldados al marchar contra sus enemigos y que, por alguna equivocación, vino a [22] afectar a una ciudad amiga. ¡No, de ningún modo! No actúes así, emperador, sino más bien ten presente que, cuando tú estabas en campaña militar contra los vándalos, no sólo no te pusimos ningún impedimento, sino que con el mayor celo te dimos vía libre contra los enemigos. Te proporcionamos un mercado con los productos más indispensables 46 , en especial el abundante número de caballos, gracias a los cuales principalmente [23] conseguiste tu victoria final sobre los enemigos. En verdad no es solamente el hombre que ofrece una alianza militar a sus vecinos el que en justicia debería ser llamado aliado y amigo, sino también el que asiste en la guerra a cada persona [24] proporcionándole todo aquello que necesita. Considera asimismo que en aquel momento tu flota no podía atracar al abrigo del mar en otro puerto excepto en Sicilia, ni tampoco seguir su travesía hasta Libia sin comprar allí las provisiones. [25] En consecuencia, de nosotros procede el fundamento principal de tu victoria; y el que aporta la solución para las situaciones difíciles merece que se le tenga en consideración a [26] causa del resultado obtenido por su ayuda. Y ¿qué podría ser más grato para un hombre, emperador, que lograr la victoria sobre sus enemigos? Lo cierto es que el resultado nos ha perjudicado y no moderadamente, pues en el reparto del botín no hemos obtenido la parte del mismo que nos correspondía según dicta la costumbre de la guerra; y ahora incluso tú reclamas [27] el derecho a arrebatarnos la plaza fuerte de Lilibeo, que pertenece a los godos desde hace tiempo 47 , que además no vale ni una sola pieza de plata y que, si se hubiera dado la circunstancia de que perteneciese a tu reino desde antiguo, se la habrías concedido sin problema a Atalarico en pago de sus servicios y de la ayuda prestada en unos momentos de acuciante necesidad». Éste era el contenido de la carta que [28] Amalasunta escribió públicamente al emperador; sin embargo, ella se puso de acuerdo con él en secreto para entregarle la totalidad de Italia. Por su parte, los emisarios, que estaban [29] ya de vuelta nuevamente en Bizancio, informaron al emperador Justiniano de todas estas circunstancias: por un lado, Alejandro, de cuantas decisiones habían sido tomadas por Amalasunta; por otro, Demetrio e Hipacio, de todo lo que habían oído decir a Teodato, añadiendo además que Teodato disfrutaba de un poder considerable en Toscana, donde se había hecho dueño de la mayor parte de la región y que, en consecuencia, él estaría capacitado para llevar a efecto los acuerdos sin ninguna dificultad. Entonces el emperador, que se [30] puso muy contento ante esta situación, envió inmediatamente a Italia a Pedro, ilirio de nacimiento, pero que vivía en Tesalónica. Era Pedro uno de los oradores que ejercían su actividad en Bizancio y además un varón discreto, de carácter apacible y muy dotado por la naturaleza para persuadir a las personas.
[4 ] En tanto se iban desarrollando los acontecimientos tal como he explicado, un buen número de toscanos denunciaron ante Amalasunta a Teodato, acusándole de haber actuado con violencia contra todos los habitantes de la Toscana y de haberles despojado de sus tierras sin ninguna razón, y no sólo de las propiedades privadas, sino especialmente de las que pertenecían a la casa imperial, es decir, aquellas a las que los [2] romanos suelen denominar patrimonium 48 . Esta fue pues la causa por la que Amalasunta convocó a Teodato para llevar a cabo una investigación y, una vez que se hizo evidente el contenido de las acusaciones, lo obligó a devolver todo cuanto había tomado indebidamente y después le dio permiso para [3] marcharse. Él se ofendió enormemente por todo ello y desde ese momento en adelante Amalasunta se convirtió en su enemiga. Y es que él, debido a su amor por el dinero, se encontraba muy molesto, ya que no iba a poder continuar engañando y obligando por la fuerza a nadie.
[4] Por aquel tiempo, Atalarico, completamente arruinado por la enfermedad, murió, tras ejercer ocho años el poder 49 . Por su parte, Amalasunta —pues estaba determinado por el destino que le habría de ir mal 50 —, no tuvo en cuenta el carácter de Teodato ni todo cuanto ella le había hecho recientemente, y supuso que, si le hacía un favor considerable, él no [5] le haría ningún mal. Así pues, le mandó llamar y, cuando se reunieron, le engatusó con halagos. Le decía que desde hacía tiempo sabía con certeza que su hijo moriría en poco tiempo, pues había escuchado la opinión de muchos médicos y todos llegaban a idéntica conclusión; además ella misma se había dado cuenta de que el cuerpo de Atalarico se consumía sin cesar. Además, continuó, ella sabía que tanto godos como [6] italianos tenían una opinión desfavorable respecto a Teodato, pero era en él donde se hallaba la estirpe de Teodorico, por lo tanto ella tenía la pretensión de limpiarlo completamente de su mala reputación, a fin de que ésta no significase impedimento alguno en el caso de que fuera llamado [7] al trono. Al mismo tiempo continuó con sus explicaciones: la justicia la seguía atormentando, pues era un problema que aquellos que habían reclamado las injusticias que él había cometido vieran que no tenían ante quién quejarse por cuanto les había sucedido a ellos, sino que más bien tendrían a un enemigo como su señor. Por estas razones lo invitaba [8] a acceder al trono una vez que su nombre hubiese quedado limpio, pero era imprescindible, según ella, que le hiciera un solemne juramento de que ella no habría de recibir menoscabo en sus poderes cuando éste recibiera el título [9] de rey. Teodato la escuchó y prestó juramento de todas las condiciones que Amalasunta deseaba, aunque dio su consentimiento con intenciones traicioneras, al tener en su memoria todo lo que aquélla le había hecho anteriormente. De tal [10] forma, Amalasunta fue engañada tanto por su propio criterio como por los juramentos de Teodato y lo estableció en el poder. [11] Envió a Bizancio a unos godos en embajada y se lo comunicó todo a Justiniano.
Sin embargo, Teodato, en cuanto recibió el poder supremo 51 , [12] hizo todo lo contrario a lo que Amalasunta había esperado y a lo que él mismo había prometido. Después de haberse [13] granjeado las simpatías de los parientes de los godos a los que ella había mandado matar, que eran numerosos y hombres extraordinariamente notables entre los godos, de repente dio muerte a algunos de los parientes de Amalasunta y a ella la encerró en prisión antes de que sus embajadores hubieran [14] llegado a Bizancio. Hay en Toscana un lago llamado Vulsina 52 , dentro del cual se alza una isla, ciertamente pequeña, [15] pero que dispone de una sólida fortaleza. Fue allí donde Teodato confinó a Amalasunta y donde la mantuvo encerrada; mas temiendo, sin embargo, haber ofendido al emperador con esto, como efectivamente ocurría, envió a unos hombres, miembros del senado romano, Liberio y Opilión, junto con algunos otros con el encargo de que se sirvieran de todos sus recursos para excusar su conducta ante el emperador y le aseguraran que Amalasunta no había sufrido maltrato alguno de su parte, aun cuando ella había cometido terribles e irreparables [16] actos contra él anteriormente. Personalmente Teodato le escribió al emperador en estos términos y también obligó a Amalasunta a hacer lo mismo totalmente en contra de su voluntad.
[17] Tal fue el desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, el emperador ya había despachado a Pedro en una embajada a Italia, con instrucciones de encontrarse con Teodato sin que nadie más lo supiese y, después de que Teodato hubiese dado garantías por medio de un juramento de que ninguno de los tratos a los que se llegara sería conocido públicamente, entonces establecería con él un acuerdo firme en lo referente [18] a Toscana; además, tras encontrarse con Amalasunta en secreto, tenía que llegar con ella a un acuerdo respecto a la totalidad de Italia que debía resultar beneficioso para los dos bandos. Públicamente, sin embargo, iba a negociar sobre [19] Lilibeo y los demás asuntos que he mencionado hace un momento. Y es que el emperador todavía no se había enterado de la muerte de Atalarico, de la subida al trono de Teodato, ni de lo que le había sucedido a Amalasunta. Pedro se encontraba [20] ya de camino cuando se topó con los enviados de Amalasunta y se vino a enterar, en primer lugar, de la subida al trono de Teodato y, poco después, al llegar a la ciudad de [21] Aulón 53 , que se encuentra situada en el golfo Jónico, se encontró allí con Liberio y Opilión y se enteró de todo lo que había sucedido y, tras dar cuenta de todo ello al emperador, permaneció en ese mismo lugar.
Cuando el emperador Justiniano se enteró de esto, concibió [22] el proyecto de llenar de confusión a los godos y a Teodato. En consecuencia, le escribió una carta a Amalasunta en la que le indicaba que estaba ansioso por apoyarla en todo lo posible, y al mismo tiempo le encargó a Pedro que no mantuviese en secreto este mensaje de ninguna manera, sino que se lo revelase al propio Teodato y a todos los godos. Y, [23] una vez que los embajadores de Italia llegaron a Bizancio, todos, con una única excepción, informaron al emperador de todo el asunto, y de entre ellos especialmente Liberio, pues [24] era él un hombre extraordinariamente íntegro y honrado que sabía mostrar preocupación por la verdad. Por el contrario, Opilión fue el único que sostuvo con la mayor persistencia [25] que Teodato no había cometido ningún ultraje contra Amalasunta. Sin embargo, cuando Pedro llegó a Italia sucedió que habían dado muerte a Amalasunta, ya que los parientes [26] de los godos a los que ella había mandado matar se habían presentado ante Teodato afirmando que ni su vida ni la de ellos estaba segura a menos que Amalasunta fuera apartada [27] de su camino con la mayor rapidez. Teodato les dio su consentimiento y, tras llegar a la isla, dieron muerte a [28] Amalasunta 54 , un acto que dejó tremendamente apesadumbrados [29] a todos los italianos y también a los demás godos, puesto que esta mujer se mostró siempre muy preocupada [30] por practicar toda forma de virtud, como ya he manifestado antes 55 . Así pues, Pedro declaró públicamente a Teodato y a los demás godos que, a consecuencia del abominable crimen que habían perpetrado, el emperador les declararía una guerra [31] sin tregua 56 . Sin embargo, Teodato, a causa de su estúpida locura, mantenía todavía en su estima y favor a los asesinos de Amalasunta y quería convencer a Pedro y al emperador de que este execrable crimen había sido cometido por los godos sin contar con su aprobación en absoluto, sino completamente en contra de su voluntad.
[5 ] Mientras, se dio la circunstancia de que Belisario se había distinguido con la derrota de Gelimer y de los vándalos 57 . Por su parte, el emperador, tras enterarse de lo que había acontecido con Amalasunta, inmediatamente emprendió la [2] guerra; entonces transcurría el noveno año de su reinado. En primer lugar ordenó a Mundo, general de los ilirios, que se dirigiese a Dalmacia, que estaba sometida a los godos, y que hiciese una tentativa sobre Salones 58 —Mundo era bárbaro de nacimiento, pero extremadamente leal a la causa del emperador y un buen guerrero—, y después envió a Belisario por mar con cuatro mil soldados de las tropas regulares y de los federados 59 y unos tres mil más aproximadamente de los isáuricos 60 . Los comandantes 61 eran hombres notables: por [3] un lado, Constantino y Besas, que procedían de las tierras de Tracia y, por otro, Peranio de Iberia 62 , que queda muy cerca del país de los medos 63 , un hombre que era miembro de nacimiento de la familia real de los iberos 64 , pero que anteriormente se había presentado a los romanos como desertor por su hostilidad hacia los persas. Los comandantes de las tropas de caballería eran Valentín, Magno e Inocencio, mientras que los de la infantería eran Herodiano, Pablo, Demetrio y Ursicino; finalmente, el que mandaba a los isáuricos era [4] Enes. Les acompañaban además como aliados doscientos hunos y trescientos moros. No obstante, el general 65 con mando supremo sobre todos ellos era Belisario, que tenía con él a numerosos hombres notables como lanceros y escuderos. [5] También iba junto a él Focio 66 , el hijo de su esposa Antonina, fruto de un matrimonio anterior; era él todavía un jovenzuelo que empezaba a tener barba, pero de una grandísima discreción y que mostraba una fortaleza de carácter superior a la [6] propia de su edad. El emperador le encargó a Belisario que declarase públicamente que la expedición se dirigía rumbo a Cartago, pero, tan pronto como se aproximaran a Sicilia, habrían de desembarcar allí como obligados por alguna necesidad [7] y llevarían a cabo un ataque sobre la isla. En el caso de que fuese posible someterla sin ningún problema, habrían de tomar posesión de ella y no dejarla escapar ya más; ahora bien, si se les presentaba algún impedimento, navegarían a toda velocidad rumbo a Libia 67 , sin proporcionarle a nadie la oportunidad de apercibirse de cuáles eran sus intenciones.
[8] Entonces les envió una carta a los caudillos de los francos 68 con el siguiente contenido: «Los godos, tras haberse apoderado por la fuerza de Italia, que es nuestra, no sólo han decidido no devolvérnosla bajo ningún concepto, sino que además han perpetrado nuevos actos abusivos contra nosotros, actos intolerables y que rebasan todos los límites. Por [9] este motivo precisamente nos hemos visto obligados a emprender la guerra contra ellos, y nos parece razonable que vosotros nos ayudéis a llevar adelante dicha guerra, la cual se convierte para vosotros en nuestra causa común debido a la fe ortodoxa, que rechaza las creencias de los arrianos 69 , así como también por la hostilidad que ambos pueblos sentimos [10] hacia los godos». Tales fueron las palabras que escribió el emperador y, tras hacerles un regalo de índole crematística, convino con ellos en que, tan pronto como tomaran parte activa en la guerra, les proporcionaría más dinero. Por su parte, ellos le prometieron que se convertirían en sus aliados en la guerra y que lucharían con gran entusiasmo.
[11] Por otro lado, Mundo y el ejército que estaba bajo sus órdenes penetraron en Dalmacia, se enfrentaron a los godos que les salieron al encuentro, los vencieron en la batalla y tomaron [12] posesión de Salones. Belisario, por su parte, tras echar el ancla en Sicilia, conquistó Catana 70 . Convirtió ese lugar en su base de operaciones, consiguió sin dificultad que Siracusa se rindiera así como otras ciudades, excepto Panormo 71 , ciudad bajo dominio de los godos, que confiaban en su recinto amurallado —en efecto, la fortificación era bien sólida— y no se mostraron en absoluto dispuestos a ceder ante Belisario, por lo que le exigieron que se llevara su ejército fuera [13] de allí a toda velocidad. Belisario, sin embargo, consideraba que era imposible tomar la plaza desde el lado que mira al continente y dio orden a la flota de que navegara en dirección [14] al puerto, que se extiende hasta la muralla. En efecto, se encontraba fuera del recinto amurallado y carecía por completo de hombres para defenderlo. Cuando ancló allí los barcos, se dio cuenta de que los mástiles eran más altos que el parapeto [15] e inmediatamente, llenó todas las naves de arqueros y los colgó de lo más alto de los mástiles. Cuando comenzaron [16] a disparar desde lo más alto de los botes, los enemigos sintieron un miedo tan incontrolable que al punto se rindieron y entregaron Panormo a Belisario. Como resultado de todo este [17] episodio, el emperador sometió a Sicilia al pago de tributos; por su parte, a Belisario por aquel entonces le sucedió un golpe de suerte tan grande que casi no se puede describir con palabras. Tras haber recibido la dignidad del consulado por [18] su victoria ante los vándalos, y mientras ejercía aún este cargo, después de haber sometido toda Sicilia entró en Siracusa en el último día de su consulado 72 entre los vítores de su ejército y de los sicilianos, arrojando monedas de oro a todos los presentes. No obstante, no hizo esto a propósito, sino que le [19] vino a suceder una coincidencia afortunada: que tras haber recuperado la totalidad de la isla para los romanos entró triunfante en Siracusa durante ese día tan especial; así que no fue en la casa senatorial de Bizancio, como era costumbre, sino allí, donde abandonó la dignidad del consulado y pasó a formar parte de los ex-cónsules. De esta forma, pues, se encontró la buena suerte con Belisario.
Cuando Pedro se enteró de la conquista de Sicilia, comenzó [6 ] a apremiar y asustar mucho más todavía a Teodato y ya no lo dejaba ir. Pero éste se acobardó y, tras haberse quedado [2] mudo, no menos que si él mismo se hubiera convertido en prisionero junto a Gelimer 73 , entró en negociaciones con Pedro a ocultas de todos los demás. Llegaron entre ellos a un acuerdo en virtud del cual Teodato se retiraría de la totalidad de Sicilia en beneficio del emperador Justiniano y le enviaría cada año una corona de oro que pesaría aproximadamente trescientas libras 74 , y hasta un número de tres mil guerreros godos cada vez que él lo deseara; el propio Teodato no tendría derecho alguno de dar muerte a ningún sacerdote o miembro del senado ni de confiscar para el tesoro público sus propiedades, excepto en el caso de que fuera decisión [3] del emperador. En el supuesto caso de que Teodato quisiese ascender a alguno de sus súbditos a la dignidad de los patricios o a cualquier otro rango senatorial, él no podría conceder dicho honor personalmente, sino que antes debía pedir [4] permiso al emperador; el pueblo romano, al aclamar a su soberano, gritaría siempre en primer lugar el nombre del emperador y después el de Teodato, tanto en los teatros como en los hipódromos y en cualquier otro lugar en el que se produjese [5] esto; no se colocaría ninguna estatua de bronce ni de ningún otro material sólo de Teodato, sino que las estatuas deberían ser de ambos y habrían de erigirse de la siguiente manera: a la derecha la del emperador y en el otro lado la de Teodato. Una vez que Teodato hubo escrito una carta en confirmación de este acuerdo, dio permiso al embajador para marcharse.
Sin embargo, poco después se apoderó de su alma una [6] sensación de terror sin límites y que atormentaba su mente, le llenaba de pavor ante el solo nombre de la guerra y le recordaba que, si no eran en absoluto del agrado del emperador los acuerdos a los que habían llegado Pedro y él, la guerra se le vendría encima en seguida. Una vez más, pues, hizo venir [7] a Pedro, que ya había alcanzado la ciudad de Alba 75 , para entrevistarse en secreto, y le preguntó si pensaba que el acuerdo sería del agrado del emperador. Éste le contestó que suponía [8] que así sería. «Pero si estas cosas no agradan en absoluto al emperador, ¿qué sucederá entonces?» —dijo Teodato. Pedro respondió: «Que tú tendrás que ir a la guerra en el futuro, [9] noble señor». «¿Y cómo es eso así? ¿Es eso justo, queridísimo embajador?» —preguntó él. Éste, atajándolo al momento, le dijo: «¿Y cómo no va a ser justo, mi buen señor, que se guarden los propósitos adecuados al espíritu de cada persona?». «Y eso, te lo ruego, ¿qué significa?» —preguntó Teodato—. «Que si tú tienes un gran interés por la filosofía [10] —respondió él—, sin embargo, el de Justiniano es ser un digno emperador de los romanos. Ahí radica la diferencia, en que para un hombre que practica la filosofía no es apropiado ocasionar la muerte a los hombres, especialmente si son tantos en número, lo cual estaría de acuerdo con las enseñanzas de Platón 76 , que tú evidentemente compartes, y de lo que se deduce que, según la ley de Dios, tú has de quedar al margen de cualquier derramamiento de sangre; sin embargo, para el emperador no es en absoluto inadecuado intentar recuperar de nuevo una tierra que desde antiguo ha pertenecido al reino [11] que él posee». Convencido, pues, Teodato por esta advertencia suya, estuvo de acuerdo en retirarse del poder [12] supremo en favor del emperador Justiniano y tanto él personalmente como su esposa prestaron ese juramento. A Pedro, por otra parte, lo obligó con el juramento de que no haría público este acuerdo en tanto no viera él que el emperador aceptaba [13] el convenio anterior. Teodato envió con él a Rústico, un sacerdote que era especialmente fiel a su causa y además ciudadano romano, para negociar en relación a este acuerdo. Asimismo puso en manos de los dos hombres una carta.
[14] Así pues, Pedro y Rústico llegaron a Bizancio e informaron al emperador de lo que se había decidido anteriormente, tal y como Teodato les había encargado. Sin embargo, dado que el emperador se negó a aceptar la propuesta, entonces le revelaron las determinaciones que habían quedado por escrito posteriormente. La carta rezaba así: «No soy yo un advenedizo [15] en los palacios reales, sino que más bien he tenido la buena fortuna de haber nacido en el de mi tío 77 y también de haber sido criado de una manera digna de mi estirpe; sin embargo, en las guerras y en cuantos tumultos trae ella consigo soy enteramente inexperto, pues sucede que, al haberme consagrado [16] apasionadamente desde mis primeros años a las discusiones eruditas y haber dedicado siempre mi tiempo a esta actividad, he estado hasta el momento presente muy alejado de la confusión propia de las batallas. De tal forma es así, que [17] resulta de todo punto absurdo que yo aspire a los honores que emanan de la realeza y desee llevar una vida cargada de peligros mientras me sea posible mantenerme apartado de ambas. Ninguna de las dos es en absoluto de mi agrado; la primera, [18] porque se distingue por el hartazgo, pues constituye una sobreabundancia de todas las cosas agradables, y la segunda, porque el no estar habituado a ella lleva a la persona al desconcierto. Pero en lo que a mí respecta, si dispusiera de [19] propiedades que me aportaran como ingresos anuales una cantidad no inferior a doce centenarios 78 , consideraría menos importante el reino que aquéllas y, en ese caso, pondré de inmediato en tus manos el poder sobre los godos y los italianos, puesto que prefiero ser un campesino libre de todo tipo [20] de preocupaciones a pasar la vida en medio de las inquietudes típicas de la dignidad real, que a lo largo de toda aquélla van mandando a la persona de peligro en peligro. Así que, te [21] lo ruego, manda lo más pronto posible a un hombre al que sea apropiado que yo entregue Italia y los demás asuntos del reino».
Tal era el contenido de la carta de Teodato. Por su parte, [22] el emperador quedó extraordinariamente complacido y contestó de la siguiente forma: «Hace tiempo que vengo teniendo noticia de que tú eres un hombre discreto, pero en este momento me ha quedado demostrado porque has tomado la [23] decisión de no esperar al resultado de la guerra, pues algunos hombres que ya han pasado por una experiencia tal han terminado [24] sufriendo un completo fracaso. Pero tú no solamente obtendrás de nuestra parte lo que nos pides, sino que recibirás el honor de quedar registrado oficialmente en las más [25] altas distinciones de los romanos. Así pues, acabo de mandar ahora a Atanasio y a Pedro con el fin de que para cada una de las dos partes haya seguridad por medio de algún tipo de acuerdo. También se presentará ante ti Belisario, en poco tiempo, para llevar a término cuantos acuerdos han sido establecidos [26] entre nosotros». Tras haber escrito esta carta, el emperador envió a Atanasio, el hermano de Alejandro, que previamente había ido como embajador ante Atalarico, como ya se ha contado 79 , y, por segunda vez, a Pedro, el orador, a quien ya he mencionado antes 80 , con el encargo de asignar a Teodato las propiedades pertenecientes a la casa real que reciben el nombre de patrimonium 81 y de que, una vez que hubieran redactado un documento escrito y hubieran jurado solemnemente estos acuerdos, hicieran volver de Sicilia a Belisario a fin de que tomara posesión del palacio real y de [27] Italia y los pusiera bajo vigilancia. Finalmente, él mismo le encargó por carta a Belisario que, tan pronto como ellos lo llamasen, se dirigiera allí lo más rápidamente posible.
[7 ] Sin embargo, mientras el emperador estaba ocupado con tales negociaciones y los embajadores se encontraban de viaje rumbo a Italia, los godos que estaban a las órdenes de Asinario, Gripas y algunos otros jefes penetraron en Dalmacia con un gran ejército. Cuando llegaron a las inmediaciones [2] de Salones, Mauricio, el hijo de Mundo, que marchaba no en orden de batalla, sino en expedición de reconocimiento, les salió al encuentro. Tras producirse una violenta refriega, [3] cayeron los principales y más nobles de los godos, si bien del bando romano murieron casi todos, incluido el general Mauricio. Cuando Mundo se enteró de lo sucedido, quedó [4] muy consternado por la desgracia y, dominado en ese momento por una furia incontrolable, salió al encuentro de los enemigos de inmediato y sin ningún orden. Se desencadenó [5] una violenta batalla cuyo resultado fue que se produjo una victoria cadmea 82 para el bando romano. Pues, aunque la mayor parte de los enemigos cayeron allí mismo y su derrota resultó manifiesta, Mundo, que continuaba dando muerte y persiguiendo a los enemigos por donde acertaba a encontrarlos y que se mostraba incapaz de refrenar su propósito a causa de la desgracia sufrida por su hijo, resultó herido por uno de los soldados que huían y murió, por lo que la persecución cesó en ese momento y los dos ejércitos se separaron. En ese [6] momento, los romanos se acordaron del verso de la Sibila 83 , que precisamente había sido pronunciado en una época anterior y que les pareció a ellos un presagio. Pues el oráculo aquel decía que cuando África fuese dominada, el «mundo» [7] perecería junto con su descendencia. Éste, no obstante, no era el significado real de la respuesta oracular, sino que, dando a entender que Libia estaría de nuevo bajo el mando de los romanos, se añadía también lo siguiente: que cuando ese momento llegase, Mundo moriría junto con su hijo. Pues exactamente [8] rezaba como sigue: Africa capta Mundus cum nato peribit 84 . Puesto que mundus en lengua latina tiene el significado de «mundo», pensaban que la frase hacía referencia al mundo. Sea suficiente con esto, pues, sobre este asunto. Con [9] respecto a Salones, nadie penetró en la ciudad, puesto que los romanos regresaron al campamento, al haberse quedado sin mando, y los godos, por su parte, ya que no sobrevivió ninguno de sus nobles, se vieron poseídos por el miedo y se apoderaron [10] de las plazas fuertes de aquella zona. Además los godos no tenían ninguna confianza en las murallas de Salones y los romanos que allí vivían no estaban demasiado bien dispuestos hacia ellos.
Cuando Teodato se enteró de esto, no tuvo en ninguna [11] consideración a los embajadores que llegaron a su presencia, pues era por naturaleza bastante propenso a la perfidia y no tenía en absoluto un criterio firme, sino que el azar y el momento lo sumían siempre en un estado de terror que no conocía medida, de una manera ilógica, y no sabía valorar correctamente la situación establecida, para, de nuevo, llevarlo a sentir en su ánimo una audacia extraordinaria. Así pues, ciertamente, [12] por aquel entonces, cuando se enteró de la muerte de Mundo y de Mauricio, entró en un estado de gran excitación que no se correspondía en absoluto con el desarrollo de los acontecimientos, y le pareció justo burlarse de los embajadores cuando estos llegaron a su presencia. Así que en el [13] momento en que Pedro lo censuró en una ocasión por haber transgredido los acuerdos con el emperador, Teodato los llamó a los dos públicamente y les dirigió las siguientes palabras: «La ocupación de los embajadores es ciertamente digna [14] de consideración y en general ha llegado a ser estimable para todos los hombres, pero los embajadores solamente mantienen este privilegio en la medida en que conserven la dignidad de su embajada a través de su propio comportamiento, pues se ha sancionado como cosa justa el hecho de [15] que se dé muerte a un embajador en el caso de que se haya descubierto que ha ofendido a un soberano, o bien de que haya tenido relaciones sexuales con la mujer de otro hombre». Tales fueron las palabras que Teodato le espetó a Pedro, no [16] porque él se hubiera acercado a mujer alguna, sino, como era de esperar, para hacer valer su reclamación de que existían cargos que podían llevar a la muerte a un embajador. Sin embargo, los legados le contestaron de la siguiente manera: «Ni [17] estos hechos son, jefe de los godos, como tú has afirmado, ni puedes tampoco, bajo la tapadera de endebles pretextos, ordenar arbitrariamente la comisión de actos contrarios a la ley divina [18] sobre unos hombres que actúan como embajadores. Por otra parte no es posible para un embajador, aunque lo desee, convertirse en un adúltero, puesto que no le resulta fácil ni siquiera compartir el agua, a no ser que cuente con el consentimiento [19] de aquellos que lo custodian. En lo referente a las propuestas que ha recibido de aquella persona que lo envía y que él transmite, él no puede razonablemente ser inculpado por ellas, en el caso de que se dé la circunstancia de que no sean buenas, sino que, más bien, aquel que ha dado la orden es la persona que debe cargar en justicia con dicha acusación, en tanto que para el embajador no hay más responsabilidad que [20] la de haber llevado a término la misión. De modo que nosotros, por nuestra parte, diremos todo aquello que hemos oído de boca del emperador y se nos ha encomendado que digamos, y tú, por la tuya, escúchanos tranquilamente, puesto que si te comportas de manera excitada, lo único que vas a conseguir es ofender a unos hombres que son embajadores. [21] En consecuencia, te ha llegado la hora de cumplir por propia voluntad todo aquello que le prometiste al emperador. Para esto mismo, efectivamente, hemos venido nosotros. Además, por un lado, ya tienes en tu poder la misiva que te escribió él, pero, por otro, la carta que le envió a los más distinguidos de los godos no se la entregaremos a otros que no sean ellos mismos». [22] Cuando los caudillos de los bárbaros que estaban presentes escucharon las palabras de los embajadores, les pidieron que pusieran en manos de Teodato la carta que iba [23] dirigida a ellos. Ésta decía lo siguiente: «Se ha convertido en objeto de nuestra preocupación recibiros de nuevo en nuestro estado, por lo cual es natural que os sintáis complacidos, pues vais a volver con nosotros, no para vuestro menoscabo, sino a [24] fin de ser más dignos de ser honrados. Además, no estamos pidiendo a los godos que adopten unas costumbres extrañas o ajenas, sino las de un pueblo con el que tuvisteis relación una vez y del que ha dado la circunstancia casual de que habéis estado separados durante un tiempo. Por estas razones han sido enviados allí ahora Atanasio y Pedro, pero es necesario que vosotros colaboréis con ellos en todo». Tal era el contenido [25] que expresaba la carta. Mas después de que Teodato lo hubiese leído todo, no sólo decidió no cumplir ninguna de las promesas que había realizado al emperador, sino que, además, puso a los embajadores bajo estricta vigilancia.
Cuando el emperador Justiniano se enteró de todo eso, así [26] como de los sucesos acaecidos en Dalmacia, envió a Constanciano, que estaba al mando de los caballerizos reales 85 , a Iliria y le encargó que reuniera un ejército de entre las gentes de allí y llevara a cabo un ataque contra Salones de la manera que le fuera posible. Asimismo ordenó a Belisario que se dirigiese a Italia a toda velocidad y tratase a los godos como enemigos. De esta forma, llegó Constanciano a Epidamno y [27] pasó allí algún tiempo reclutando un ejército. Pero entre tanto los godos, con Gripas al mando, penetraron en Dalmacia con un segundo ejército y se apoderaron de Salones; y Constanciano, [28] en cuanto puso fin a sus preparativos, partió de Epidamno con la totalidad de la expedición y se detuvo en Epidauro 86 , ciudad que queda situada a la derecha cuando se entra en el golfo Jónico. Sucedió entonces que se encontraban allí unos hombres a los que Gripas había enviado en misión [29] de espionaje. Cuando éstos se percataron de la presencia de los barcos y del ejército de Constanciano, les dio la impresión de que tanto el mar como la tierra entera estaban repletos de soldados y, tras regresar al lado de Gripas, afirmaron rotundamente que Constanciano estaba dirigiendo contra ellos un ejército compuesto de varias veces diez mil [30] hombres. Gripas, viéndose sumido en un gran temor, consideró que no era conveniente salir al encuentro cuando les atacasen, pero al mismo tiempo no deseaba en absoluto verse sitiado por el ejército del emperador, dado que en esas [31] circunstancias dominaba completamente el mar. No obstante le disgustaban especialmente las fortificaciones de Salones, puesto que la mayor parte de ellas ya se había derruido, así como la actitud de extremado recelo hacia los godos que [32] mostraban los habitantes del lugar. Por estas razones se alejó de allí con todo su ejército tan rápidamente como pudo y levantó el campamento militar en una llanura situada entre Salones y la ciudad de Escardón 87 . Constanciano levó anclas con todos sus barcos y atracó en Lisina 88 , una isla que está en el interior del golfo. Desde allí envió a algunos de los hombres [33] que le acompañaban con el fin de que investigaran concienzudamente los planes de Gripas y le informaran de cuáles eran. Una vez que se enteró por ellos de toda la situación, se hizo a la mar enseguida y a toda velocidad rumbo a Salones. Cuando [34] estuvo lo más cerca posible de la ciudad, hizo que el ejército desembarcase en el continente, más él permaneció allí sin moverse. A continuación, tras seleccionar a quinientos hombres de su ejército puso a Sifilas, uno de sus lanceros, al mando de ellos y les ordenó que se apoderaran del paso estrecho 89 que le habían comunicado que existía en los arrabales de la ciudad. [35] Sifilas obró según sus órdenes. Constanciano y todo su ejército terrestre penetraron en Salones al día siguiente y fondearon con las naves en las cercanías. Entonces Constanciano comenzó a [36] preocuparse de las fortificaciones de la ciudad y reconstruyó con diligencia cuantas partes de la misma se encontraban derruidas. Gripas y el ejército de los godos, por su parte, se marcharon de allí al séptimo día desde que los romanos tomaron posesión de Salones y se trasladaron a Rávena. Fue así como Constanciano se apoderó de toda Dalmacia y Liburnia, ganándose para su propio bando a todos los que estaban establecidos allí. De esta forma, [37] pues, se desarrollaron los acontecimientos en Dalmacia. El invierno llegó a su fin, y de esta forma terminó el primer año 90 de esta guerra cuya historia ha escrito Procopio.
Por su parte, Belisario dejó guardias en Siracusa y [8 ] Panormo y cruzó con el resto del ejército de Mesina a Regio —donde los poetas, siguiendo la leyenda, cuentan que se encontraban Escila y Caribdis 91 — y a diario las gentes de la región [2] acudían ante él. Y es que, en efecto, al encontrarse desde antiguo las ciudades desprovistas de murallas, ellos carecían de cualquier medio de protección para aquéllas y, a causa de su hostilidad hacia los godos, estaban, como era lógico, profundamente insatisfechos con el gobierno de ese momento. [3] Entonces se presentó ante Belisario como desertor de los godos y junto con todos sus seguidores Ebrimo, el yerno de Teodato, que estaba casado con Teodenante, la hija de éste. Se le envió enseguida ante el emperador y recibió numerosos obsequios y, en particular, alcanzó la dignidad de los patricios. [4] El ejército de Belisario marchaba por tierra desde Regio a través de Brucio 92 y Lucania, y lo acompañaba, navegando [5] muy cerca de la costa, la flota de barcos. Una vez que llegaron a Campania, hallaron en su camino una ciudad situada junto al mar, de nombre Neápolis 93 , que era poderosa, no sólo por las características naturales del lugar, sino también porque albergaba una numerosa guarnición goda. Belisario [6] ordenó que los barcos atracaran en el puerto, fuera del alcance de los dardos, en tanto que él mismo, tras establecer el campamento cerca de la ciudad, se apoderó en primer lugar por rendición de la fortaleza que está en los arrabales y, a continuación, permitió que los habitantes de la ciudad, que así se lo estaban pidiendo, enviaran a su campamento a algunos de sus notables, a fin de que le pudiesen explicar qué era lo que deseaban y, tras escuchar su respuesta, se la dieran a conocer a la totalidad de la población. Al instante, pues, los [7] neapolitas enviaron a Estéfano, que, en cuanto se presentó ante Belisario, le dirigió las siguientes palabras:
«No estás tú, general, obrando con justicia al hacer la guerra contra unos hombres que son romanos y que no han cometido ninguna falta, unos hombres que habitamos una ciudad pequeña y que tenemos en ella una guarnición de bárbaros en calidad de dominadores, de tal forma que, aunque quisiéramos, no está en nuestras manos el oponernos a ellos. Mas sucede que incluso estos guardias hubieron de dejar a [8] sus esposas, a sus hijos y sus más preciadas posesiones en las manos de Teodato antes de venir a dominarnos. Por tanto, si [9] hacen algún tipo de trato con vosotros, quedará patente que están traicionando no a la ciudad, sino a ellos mismos. Además, si es menester decir la verdad sin ocultar nada, vosotros [10] no habéis tomado la decisión que conviene a vuestros intereses al venir a atacarnos. Pues si vosotros conquistáis Roma, también Neápolis quedará sometida a vuestro poder sin ninguna dificultad, pero si sois rechazados de aquélla, es probable que ni siquiera podáis mantener con seguridad la posesión [11] de ésta. En consecuencia, en ambas situaciones el tiempo que empleéis en este asedio habrá sido consumido en vano».
Éstas fueron las palabras de Estéfano. Por su parte, [12] Belisario le contestó de la siguiente manera: «Si nosotros hemos tomado una decisión correcta o equivocada al venir aquí no es una cuestión que vayamos a someter al parecer de los neapolitas. Sin embargo, en aquellos asuntos que merezcan vuestras deliberaciones sí deseamos que vosotros los sopeséis con atención y actuéis tan sólo de aquella manera que [13] haya de redundar en vuestro propio beneficio. Acoged, por tanto, en vuestra ciudad al ejército del emperador, que ha llegado aquí para garantizar vuestra libertad y la del resto de los italianos, y no escojáis una senda que os pueda conducir a la [14] más dolorosa de las situaciones. Pues cuantos marchan a la guerra para librarse de la esclavitud o de cualquier otra situación deshonrosa, estos hombres, si tienen éxito en la contienda, obtienen doble ventaja, pues juntamente con la victoria consiguen la liberación de sus problemas; en cambio, si resultan derrotados, se llevan al menos algún consuelo para sí mismos: que haya sido una mala ventura y no su voluntad [15] la que les haya puesto en tal camino. Pero aquellos que tienen la posibilidad de ser libres sin recurrir a la guerra, pero que, no obstante, entran en batalla con el riesgo de caer en una condición de esclavitud permanente, tales hombres, incluso si tienen la suerte de resultar victoriosos, han fracasado en los aspectos más vitales y, si en la batalla salen con un resultado menos afortunado del que hubieran querido, juntamente con lo desdichado de su situación general, todo lo que conseguirán además será el infortunio que emana de la derrota. En lo que respecta a los neapolitas, pues, sea suficiente con lo dicho. Sin embargo, en lo que atañe a los godos que [16] se encuentran aquí presentes, les ofrecemos la posibilidad de elegir: o se unen a nosotros en lo sucesivo bajo las órdenes del emperador o se marchan de regreso sin sufrir daño alguno. Porque, si ellos o vosotros no hacéis caso de estas consideraciones [17] y os atrevéis a levantaros en armas contra nosotros, en ese caso nos veremos obligados, si Dios así lo desea, a tratar como enemigo a todo aquel con el que nos encontremos. Por el contrario, si los neapolitas escogen la causa [18] del emperador para librarse así de una dura esclavitud, yo os prometo, y os doy garantías de ello, que recibiréis de nuestras manos los mismos beneficios que los sicilianos esperaban hace poco, y éstos no pueden quejarse de que hayamos jurado en falso».
Éstas fueron las palabras que Belisario ordenó a Estéfano [19] que transmitiera a su pueblo. Mas en privado le prometió que habría para él importantes recompensas si conseguía inspirar en los neapolitas un sentimiento favorable hacia el emperador. Estéfano, al llegar a la ciudad, dio cuenta de las palabras [20] de Belisario y expresó su opinión de que le parecía erróneo luchar contra el emperador. Colaboraba con él en estas tareas [21] Antíoco, un sirio que llevaba mucho tiempo viviendo en Neápolis y se dedicaba al comercio marítimo, un hombre que gozaba de una gran reputación por su discreción y sentido de la justicia. Sin embargo, había dos hombres, Pastor y Asclepiódoto, [22] oradores y varones muy notables entre los neapolitas, que eran firmes partidarios de los godos y no deseaban que cambiara el actual estado de cosas. Pues bien, estos dos [23] hombres, que deliberaban sobre cómo y de qué manera podrían poner trabas a las negociaciones, empujaron a la multitud a reclamar numerosas e importantes concesiones y a tratar de obligar por medio de juramentos a Belisario a que les concediera de inmediato todo aquello que le pedían. Tras registrar [24] por escrito en un documento unas peticiones que todos sabían que Belisario nunca habría de aceptar, se lo entregaron [25] a Estéfano. Éste, en cuanto regresó al campamento del emperador, le enseñó el escrito al general y le preguntó si estaba dispuesto a atender todas las peticiones que le presentaban los neapolitas y a prestar juramento con relación a ellas. Y Belisario, tras prometer que todas serían cumplidas para [26] beneficio de ellos, lo envió de vuelta. Cuando los neapolitas escucharon esto, aceptaron al momento las garantías del general y ordenaron que se permitiera entrar al ejército del emperador [27] en la ciudad lo más rápidamente posible. Pues él había asegurado que no sufrirían ningún mal, como había quedado manifiesto en el caso de los sicilianos, los cuales —afirmaba él— habían tenido la suerte de ser libres y quedar inmunes a todo tipo de dificultades, tras haber cambiado a sus tiranos bárbaros por el gobierno de Justiniano como soberano. [28] Los ciudadanos, llevados por una gran excitación, se lanzaban hacia las puertas con la intención de abrirlas de par en par y, aunque no era del agrado de los godos lo que estaban haciendo, sin embargo, al verse incapaces de impedirlo, les dejaron vía libre.
[29] Por su parte, Pastor y Asclepiódoto, tras reunir en un solo lugar al pueblo y a todos los godos, les dirigieron las siguientes palabras: «No es extravagante en absoluto que la población de una ciudad se abandone a sí misma y su seguridad, especialmente en un caso así en el que, sin haber consultado a ninguno de sus notables, tome una decisión independiente [30] con relación a su situación en conjunto. Sin embargo, es necesario que nosotros, que estamos a punto de perecer juntamente con vosotros, ofrezcamos como última [31] contribución a nuestra tierra patria este consejo. Pues bien, estamos viendo, conciudadanos, que vosotros estáis empeñados en entregaros tanto a vosotros mismos como la ciudad a Belisario, quien promete otorgaros numerosos beneficios y prestar los más solemnes juramentos como garantía de tales promesas. Así pues, si fuera capaz de prometeros también [32] que a él le llegará la victoria en la guerra, nadie podría negar que la senda que estáis tomando fuera para vuestro beneficio, pues es una gran insensatez no complacer en todo al que se [33] va a convertir en tu amo y señor. Mas si el resultado se mantiene incierto, y nadie en el mundo está capacitado para garantizar cuál será la decisión de la fortuna, considerad la clase de desgracias en pos de las cuales os llevará vuestra precipitación. Pues si los godos vencen en la guerra, os castigarán [34] como enemigos y por haber cometido contra ellos mismos los actos más abominables, dado que vosotros estáis [35] recurriendo a este acto de traición no obligados por la necesidad, sino actuando cobardemente y de forma deliberada. En consecuencia, incluso a Belisario, si consigue la victoria sobre sus enemigos, probablemente le parecerá que hemos sido desleales y traidores con nuestros gobernantes y, comoquiera que nos hemos convertido en desertores, con toda probabilidad tendremos permanentemente una guarnición enviada por el emperador. Pues, aunque aquel que se ha encontrado [36] con un traidor en el momento de la victoria está encantado con el favor recibido, más tarde, sin embargo, movido por la sospecha basada en los actos anteriores del traidor, odia y teme a su benefactor, puesto que él mismo tiene en sus manos las pruebas de su deslealtad. No obstante, si nos mostramos [37] leales a los godos en la situación actual, arrostrando valerosamente los peligros, ellos nos concederán grandes recompensas en el caso de que venzan a los enemigos, y Belisario, si la suerte quiere que él resulte vencedor, será indulgente con nosotros. Pues la lealtad que fracasa no es castigada [38] por nadie en el mundo, a menos que sea un necio. Pero [39] ¿qué es lo que os ha sucedido para que sintáis terror de sufrir un asedio por parte de los enemigos, vosotros que no carecéis de provisiones ni os falta ni una sola de las cosas indispensables para vivir y que podéis permanecer en casa, por confiar tanto en las fortificaciones como en la guarnición de aquí 94 . Nuestra opinión es que tampoco Belisario habría accedido a este acuerdo con vosotros si hubiera tenido alguna esperanza [40] de poder tomar la ciudad por la fuerza. Sin embargo, si él hubiera querido comportarse con justicia con nosotros y mirar por nuestro beneficio, no hubiera atemorizado a los neapolitas ni hubiera intentado consolidar su poder haciendo que cometiéramos una injusticia contra los godos, sino que, por el contrario, habría trabado combate con Teodato y los godos, para que, sin peligro para nosotros ni traición de nuestra parte, la ciudad cayera en poder de los vencedores».
[41] Tras exponer todas estas razones Pastor y Asclepiódoto, hicieron que hablaran los judíos 95 , los cuales aseguraron que a la ciudad no le faltaría ninguna de las cosas necesarias, y los godos por su parte prometieron que guardarían de una [42] forma segura la muralla que la rodeaba. Entonces los neapolitas, motivados por estas promesas, le pidieron a Belisario [43] que se marchara de allí lo más rápidamente posible. Él, sin embargo, dio comienzo al asedio. El general llevó a cabo numerosos intentos contra la muralla, pero en todos fue rechazado y perdió a muchos de sus soldados, especialmente aquellos [44] que demostraban valor. La muralla de Neápolis era inaccesible tanto a causa del mar como por ciertas dificultades del terreno que no permitían acceso alguno a los que planeaban atacarla, entre otras cosas porque era cuesta arriba. [45] Entonces Belisario cortó el acueducto 96 que llevaba el agua hasta la ciudad, mas no consiguió perturbar seriamente a los neapolitas, puesto que tenían pozos dentro del recinto amurallado suficientes para cubrir sus necesidades y mantenerse sin sentirse demasiado afectados por la pérdida del acueducto.
A continuación los asediados, sin que los enemigos se [9 ] diesen cuenta de ello, enviaron legados a Roma ante Teodato pidiéndole que les prestara ayuda a la mayor brevedad posible. Mas Teodato no estaba en absoluto preparado para la guerra, ya que era de natural cobarde, según he indicado anteriormente 97 . Cuentan que le sucedió además algo que lo dejó [2] extraordinariamente asustado y que lo llevó a sentir una angustia todavía mayor. Por mi parte, no doy crédito a esta historia, pero aun así voy a contarla 98 . Teodato desde hacía [3] ya tiempo era aficionado a las averiguaciones y adivinaciones del porvenir, y por aquel entonces él albergaba dudas sobre cómo debía actuar en esas circunstancias, una situación que, más que ninguna otra, suele impulsar a los hombres a recurrir a las profecías 99 . Entonces le preguntó a uno de los hebreos 100 , un hombre famoso y reputado por esta actividad, cuál [4] sería el resultado de la guerra presente. El hebreo entonces le ordenó que encerrara en tres chozas tres grupos de diez cerdos cada uno y, tras darle a cada uno de los grupos respectivamente los nombres de «godos», «romanos» y «soldados del emperador», le indicó que esperara tranquilamente un número de días estipulado. [5] Teodato actuó conforme a estas indicaciones. Cuando llegó el día establecido, los dos entraron en las chozas para ver el estado de los cerdos; entonces descubrieron que, de aquellos a los que había puesto el nombre de «godos», habían perecido todos excepto dos, mientras que de los que habían recibido el nombre de «soldados del emperador» estaban todos con vida salvo unos pocos que habían muerto; sin embargo, de los que fueron llamados «romanos», aunque a todos se les había caído el pelo, habían sobrevivido [6] aproximadamente la mitad de ellos. Cuando Teodato observó esto y adivinó el resultado de la guerra, le invadió, según dicen, un gran temor al darse perfecta cuenta de que el destino de los romanos ciertamente sería que morirían aproximadamente la mitad y que se verían privados de sus posesiones, en cambio los godos serían derrotados y su estirpe se vería reducida a unos cuantos, y que, finalmente, sería al emperador, aunque perdiera a unos pocos [7] soldados, al que le llegaría la victoria en la guerra. Es esta la razón, dicen, por la que a Teodato no le sobrevino impulso alguno de ponerse a luchar contra Belisario. Sea como fuere, que cada uno exprese su punto de vista sobre esta historia según la confianza o incredulidad que sienta al respecto de la misma 101 .
Por su parte, Belisario, que se encontraba sitiando a los [8] neapolitas tanto por tierra como por mar, empezó a sentirse hastiado, pues había llegado a la conclusión de que no se rendirían jamás y, además, tampoco esperaba que la ciudad pudiera ser capturada, puesto que el propio terreno se estaba convirtiendo en un obstáculo muy difícil de superar. Además [9] el tiempo que llevaba allí lo mortificaba, pues él estaba haciendo sus cálculos para no verse obligado a atacar a Teodato y Roma en invierno. De hecho, incluso ya había dado orden [10] al ejército de que recogieran los bagajes, pues tenía la intención de salir de allí lo más rápidamente posible. Pero mientras se encontraba sumido en la mayor perplejidad, se encontró con el siguiente golpe de suerte: a uno de los isáuricos le [11] invadió el deseo de observar la construcción del acueducto y de descubrir de qué manera proporcionaba a la ciudad la provisión del agua necesaria. Así que entró en él en un punto alejado [12] de la ciudad, donde Belisario había hecho pedazos el acueducto 102 , y se puso a caminar a lo largo de él sin ninguna dificultad, puesto que el agua había dejado de correr al haber quedado hecho pedazos. Mas cuando se hallaba en un [13] punto muy cercano a la muralla, se encontró con una roca de gran tamaño que no había sido colocada allí por mano humana, sino que formaba parte de la naturaleza del lugar. Aquellos que habían construido el acueducto muchos años [14] atrás, después de fijar la construcción a la roca, procedieron a hacer un túnel desde ese punto, no lo suficientemente amplio como para permitir el paso de un hombre, pero sí el del agua. Por eso se daba la circunstancia de que la anchura del [15] acueducto no era la misma en todas partes, sino que uno se encontraba con una estrechez dentro de la roca por la que era imposible transitar, sobre todo con armadura o escudo. Cuando el isáurico observó esto, no le pareció imposible que [16] el ejército entrara en la ciudad, si podían hacer un poco más [17] ancho el túnel en aquel punto. Mas dado que era un hombre humilde y que jamás había cruzado palabra con ninguno de los jefes, le confió la idea a Paucaris, otro isáurico, el cual se había distinguido por sus méritos entre los escuderos de Belisario. Así pues, Paucaris al instante le contó al general [18] todo este asunto. Belisario quedó encantado con la información y tomó nuevos bríos y le prometió al hombre recompensarle con una importante cantidad de dinero, lo animó a intentar la empresa y le ordenó que se hiciese acompañar de algunos de los isáuricos y que realizase un corte en la roca lo más rápidamente que pudiera, teniendo cuidado de que nadie [19] se diese cuenta de lo que estaban haciendo. Paucaris, por su parte, tras escoger a unos isáuricos totalmente adecuados para este trabajo, entró con ellos a escondidas en el acueducto. [20] Cuando hubieron llegado al lugar donde la roca provocaba el estrechamiento del paso, se pusieron manos a la obra, pero sin cortar la roca con zapapicos o azadones, para no revelar a los enemigos lo que estaban haciendo a causa de los golpes, sino rascándola con muchísima perseverancia con unas [21] herramientas afiladas. En un breve lapso de tiempo el trabajo quedó completado, de tal manera que era posible que pasara por allí un hombre que llevase puesta una coraza y que portara un escudo.
[22] Una vez que todos los preparativos se encontraron por fin en el mejor estado posible, se le ocurrió a Belisario que si iba a entrar en Neápolis con su ejército mediante un acto de guerra, el resultado sería que se perderían vidas humanas y que sucederían todos los demás abusos que suelen acompañar a la conquista de una ciudad por parte de un ejército enemigo 103 . Entonces, tras llamar inmediatamente a su presencia a [23] Estéfano, le dirigió las siguientes palabras: «En multitud de ocasiones he visto la conquista de ciudades y soy bastante conocedor de los abusos que se producen en semejantes circunstancias. Pues a los hombres de cualquier edad los eliminan [24] y, por lo que respecta a las mujeres, aunque ellas piden morir, no se les concede el favor de darles muerte, sino que, arrastradas a padecer vejaciones, se las hace sufrir un trato abominable y digno de la mayor compasión. Por su parte, los [25] niños, privados en estas circunstancias tanto de una adecuada crianza como de la educación, se ven obligados a servir como esclavos y, además, a hombres que son los más despreciables de todos, aquellos en cuyas manos han visto la sangre de sus padres. Y eso que paso por alto, mi querido [26] Estéfano, el incendio provocado, por culpa del cual se destruyen todas las propiedades y, en especial, se desluce la belleza de la ciudad 104 . Cuando contemplo, como en un espejo, a esta ciudad de Neápolis compartir el mismo destino fatal que las demás ciudades que han sido conquistadas en tiempos pasados, me veo movido a sentir compasión 105 tanto por ella como por vosotros, sus habitantes, pues, en efecto, he [27] puesto en práctica esa clase de actuaciones contra aquella ciudad cuya captura ha sido imposible de evitar. Pero yo, por mi parte, rogaría que una ciudad antigua y que desde antiguo ha tenido como habitantes a cristianos y romanos no alcance tal grado de infortunio, especialmente por mi intervención como general en jefe de las tropas romanas; además en mi ejército hay un número elevado de bárbaros que han perdido a hermanos u otros familiares delante de estas murallas y yo no sería capaz de controlar la furia de estos hombres si toman [28] la ciudad mediante un acto de guerra. Por tanto, mientras esté todavía en vuestras manos elegir y llevar a cabo aquello que os pueda beneficiar, tomad la decisión más adecuada y evitad la desgracia; pues, cuando ésta caiga sobre vosotros, como es probable que ocurra, no le echaréis la culpa con justicia a la fortuna, sino a vuestro propio criterio 106 ». Dicho esto, [29] Belisario despidió a Estéfano. Éste se presentó ante el pueblo de los neapolitas envuelto en lágrimas e informando con amargos lamentos de todo lo que había oído decir a [30] Belisario. Ellos, sin embargo, —pues no estaba determinado por el destino 107 que los neapolitas se convirtiesen en súbditos del emperador sin sufrir castigo— no sintieron miedo alguno y decidieron no rendirse ante Belisario.
[10 ] Entonces, por fin, Belisario se preparó para entrar en la ciudad de la manera siguiente: seleccionó a unos cuatrocientos hombres aproximadamente a la caída de la noche y puso al frente de ellos como comandantes a Magno, que dirigía un destacamento de caballería, y al jefe de los isáuricos, Enes. Les ordenó a todos que se pusieran la coraza y que tomaran en sus manos los escudos y las espadas, y permanecieran sin [2] moverse hasta que él mismo diese la señal. Tras mandar llamar a Besas 108 , le dio orden de que permaneciese allí, porque quería consultar con él sobre un asunto relativo al ejército. Cuando era ya una hora avanzada de la noche, les explicó a [3] Magno y a Enes la misión que les correspondía cumplir, les mostró el lugar exacto donde él previamente había cortado el acueducto y, finalmente, les ordenó que condujeran a los cuatrocientos hombres hasta el interior de la ciudad y que llevaran antorchas con ellos. Envió también a dos hombres que [4] sabían tocar las trompetas, para que, tan pronto como ellos estuvieran dentro del recinto amurallado, pudieran llenar la ciudad de confusión e ir señalando a sus propios hombres lo que estaban haciendo. Él mismo personalmente estaba preparando [5] un número muy elevado de escaleras que habían sido fabricadas previamente.
Así pues, estos hombres se introdujeron en el acueducto y avanzaban en dirección a la ciudad, en tanto que él permaneció en su puesto junto con Besas y Focio 109 y con su ayuda dirigió todas las operaciones. Envió emisarios al campamento [6] con el encargo de que se mantuviesen despiertos y que estuviesen con las armas en las manos. Por su parte, Belisario permaneció junto a un buen numero de hombres a los que consideraba los más valerosos. Pero la realidad fue que los hombres que se dirigían a la ciudad, una vez que completaron la mitad del recorrido, se sintieron aterrorizados por el peligro y se volvieron atrás. Dado que Magno no pudo convencerlos [7] para que lo siguieran, por más que los apremiaba una y otra vez, regresó con ellos al lado del general. Belisario, [8] después de reprocharles a éstos su actitud, escogió a doscientos hombres de las tropas que tenía a su lado y les ordenó que fueran con Magno. Y también Focio, con el deseo de conducir a éstos, saltó al canal del acueducto, pero Belisario se lo impidió. Entonces incluso aquellos que huían del peligro, [9] avergonzados por los reproches del general y de Focio, se atrevieron de nuevo a afrontar el riesgo y fueron con los [10] otros. Y Belisario, temiendo que se apercibiera de sus operaciones alguno de los enemigos, que mantenían entonces una guarnición en la torre a muy poca distancia del acueducto, se llegó a ese lugar y ordenó a Besas que mantuviera una conversación en lengua gótica 110 con los godos que se encontraban allí, con la intención de que no llegara a sus oídos ningún sonido metálico de las [11] armas que llevaban. Besas les gritó instándoles a que se rindieran a Belisario y prometiéndoles que habría para ellos una gran recompensa. Ellos, sin embargo, se mofaron de Besas y profirieron [12] además multitud de insultos contra Belisario y el emperador. De esta forma estuvieron ocupados, pues, Belisario y Besas.
Por su parte, el acueducto de Neápolis no sólo está cubierto [13] hasta la muralla, sino que permanece igualmente cubierto un largo trecho después de su entrada en la ciudad, con una elevada bóveda 111 de ladrillo cocido, de tal modo que, cuando los hombres que estaban bajo las órdenes de Magno y de Enes se encontraron dentro del recinto amurallado, todos y cada uno de ellos fueron incapaces de conjeturar siquiera en [14] qué lugar de la tierra estaban. Además, tampoco pudieron bajarse del acueducto hasta que los primeros de ellos llegaron a un lugar en el que coincidió que el acueducto no tenía techo y donde había un edificio completamente abandonado. [15] Dentro del edificio vivía una mujer, que estaba sola y sumida en un estado de gran pobreza; y había crecido un olivo por encima de la altura del acueducto. Cuando los hombres vieron [16] el cielo y se dieron cuenta de que estaban en medio de la ciudad, comenzaron a planear el modo de salir de allí, sin embargo carecían de recursos para salir del acueducto, especialmente con las armas a cuestas. Daba la casualidad de que la estructura era muy elevada en ese punto y tampoco se podía [17] subir hasta lo más alto. Pero, al encontrarse los soldados sumidos en un estado de gran perplejidad y al irse juntando en un espacio muy estrecho —pues, como seguían subiendo los soldados que venían por atrás, se estaba empezando a formar una verdadera muchedumbre de personas—, se le ocurrió a uno de ellos intentar la escalada. Así pues, tras dejar en el suelo [18] sus armas, se abrió paso hacia arriba con pies y manos y alcanzó la casa de la mujer. Al verla a ella allí, la amenazó con [19] matarla si no guardaba silencio. Ella, paralizada por el miedo, permaneció sin pronunciar palabra. Entonces él ató al tronco del olivo una cuerda resistente y lanzó hacia el acueducto el otro extremo. De esta forma, cada uno de los soldados, agarrándose a la cuerda, intentaba la difícil subida. Una vez que [20] todos hubieron subido cuando quedaba todavía una cuarta parte de la noche, avanzaron hacia la muralla y dieron muerte a los centinelas de dos de las torres antes de que se hubieran apercibido de la situación; estas torres estaban situadas en la zona norte de la muralla, donde Belisario juntamente con Besas y Focio estaban apostados y esperaban con impaciencia el desarrollo de los acontecimientos. Mientras unos llamaban [21] al ejército con sus trompetas para que se dirigieran a la muralla, Belisario colocaba las escaleras apoyándolas contra las fortificaciones y ordenaba a los soldados que subieran por ellas. Sin embargo, se daba la circunstancia de que ninguna de [22] las escaleras llegaba hasta el parapeto, ya que los operarios las fabricaron sin haber visto la muralla y no pudieron alcanzar la medida adecuada. Por esta razón las ataban de dos en dos y [23] sólo subiendo por ambas pudieron alcanzar los soldados la altura de las almenas. Tal fue, pues, el desarrollo de los acontecimientos en los que estaba ocupado Belisario.
[24] Pero en el lado de la muralla que mira al mar, donde los que estaban de guardia no eran bárbaros, sino judíos, los soldados [25] no pudieron ni valerse de las escaleras ni escalar la pared. Pues los judíos ya habían ofendido a sus enemigos al haberse opuesto a sus esfuerzos por tomar la ciudad sin necesidad de luchar, y por esta razón no tenían esperanza alguna de sobrevivir en el caso de que cayesen en su poder, así que luchaban tenazmente, aun cuando para ellos la ciudad ya había sido tomada, y resistían contra toda esperanza ante las acometidas de sus oponentes. [26] Cuando se hizo de día, algunos de los que habían escalado marcharon contra ellos y entonces, como les disparaban desde atrás, también ellos emprendieron la huida y Neápolis fue tomada al asalto 112 . Las puertas fueron abiertas [27] de par en par y la totalidad del ejército entró en la ciudad. Mas cuantos estaban apostados en tomo a las puertas orientadas al este, dado que no disponían de escaleras, prendieron fuego a [28] esas puertas que se encontraban sin ninguna vigilancia, pues aquella parte de la muralla estaba vacía de hombres, comoquiera que los centinelas se habían dado apresuradamente a la [29] fuga. Entonces se produjo allí una gran matanza, pues todos estaban poseídos por la cólera, especialmente aquellos a los que les había tocado la desgracia de que algún hermano o familiar hubiera resultado muerto durante el asalto a la muralla. Mataban a todo aquel con el que se encontraban, sin perdonarle la vida a ninguno, fuera joven o viejo, e irrumpiendo en las casas, reducían a la condición de esclavos a mujeres y niños; los objetos de valor se los llevaban como botín, y en esto se destacaban sobre todos los demás los maságetas 113 , los cuales no respetaban ni los santuarios, pues dieron muerte a muchos que se habían refugiado en ellos 114 , hasta que Belisario, que recorría la ciudad de una parte a otra, se lo impidió y, tras convocarlos a una reunión, les dirigió las siguientes palabras:
«Una vez que Dios nos ha concedido la victoria y hemos [30] llegado al punto más alto de la gloria, al poner bajo nuestro poder a una ciudad que nunca había sido capturada con anterioridad, nos corresponde ahora a nosotros mostrar que no somos indignos de Su gracia, sino, mediante el trato humano que demos a los vencidos dejar claro que los hemos vencido justamente. No sintáis, en [31] consecuencia, un odio ilimitado a los neapolitas y no permitáis que vuestra hostilidad hacia ellos supere los límites de la guerra, pues a los vencidos no los odia ya ninguno de los vencedores. Matándolos no os vais a librar de enemigos [32] en el futuro, sino que os estaréis causando un perjuicio a vosotros mismos con la muerte de estos vuestros súbditos. Por lo tanto, no les hagáis a estos hombres ningún daño más ni tampoco os dejéis dominar del todo por la furia. Vergonzoso es, en efecto, vencer a los enemigos [33] y, acto seguido, mostrarse dominados por la pasión. Sean, pues, suficientes para vosotros las demás posesiones suyas como recompensa por vuestro valor, pero, en cuanto a las mujeres, devolvédselas, junto con los niños, a sus maridos. Finalmente, dejad que los vencidos aprendan por experiencia de qué clase de amigos se han visto privados por culpa de su insensatez 115 ».
[34] Tras pronunciar estas palabras, Belisario dejó libres a las mujeres, a los niños y a los demás esclavos de los neapolitas, a todos y cada uno de ellos, sin que hubieran sufrido vejación [35] alguna, y reconcilió a los soldados con los ciudadanos. Así vino a sucederles a los neapolitas que en el transcurso del mismo día se convirtieron en prisioneros y recobraron la libertad, del mismo modo que volvieron a ser dueños de las [36] más valiosas de sus posesiones. Pues cuantos hombres tenían la suerte de poseer oro o algún otro objeto de valor lo habían ocultado anteriormente enterrándolo en el suelo, y de esta forma les pasó inadvertido a los enemigos que los neapolitas, al recuperar sus casas, tomaban otra vez posesión de su dinero. Así terminó, pues, el asedio, que había durado [37] aproximadamente unos veinte días. En lo que respecta a los godos que habían sido capturados allí, en número no inferior a ochocientos, Belisario los puso bajo vigilancia sin que sufrieran ningún daño en absoluto, y no los tuvo en menor consideración que a sus propios soldados.
[38] Por su parte, Pastor, que había llevado al pueblo al desatino, como ya ha sido expuesto antes 116 , tan pronto como vio la ciudad conquistada, sufrió un ataque de apoplejía 117 y murió de forma repentina por más que nunca había estado enfermo anteriormente ni había sufrido ningún daño por parte de nadie. Asclepiódoto, sin embargo, que había tomado parte en [39] esa intriga con él, se presentó ante Belisario en compañía de los notables que habían sobrevivido. Entonces Estéfano, mofándose de él, le hizo los siguientes reproches: «Observa tú, [40] el peor de todos los hombres, qué desgracias has causado a tu tierra paterna vendiendo la seguridad de tus conciudadanos a cambio de la lealtad a los godos. Y a continuación, si [41] las cosas hubieran ido bien para los bárbaros, tú habrías reclamado el derecho de ser un asalariado de aquellos y de habernos llevado ante los tribunales a cada uno de nosotros, que hemos dado los mejores consejos, bajo la acusación de intentar entregar a traición la ciudad a los romanos. Pero, una [42] vez que el emperador ha tomado la ciudad y que nosotros nos hemos salvado gracias a la integridad de este hombre y que tú has tenido la osadía, producto de la irreflexión, de presentarte así ante el emperador, como si no hubieras hecho daño alguno ni a los neapolitas ni al ejército del emperador, vas a recibir los castigos de los que te has hecho acreedor». Estas [43] fueron las palabras que Estéfano, que estaba profundamente dolido por la desgracia de su ciudad, lanzó contra Asclepiódoto.
Éste le respondió de la siguiente manera: «Tú mismo no te has dado cuenta de que nos has estado elogiando, noble señor, al reprocharnos nuestra lealtad para con los godos. Pues [44] nadie podría ser jamás leal a sus señores cuando éstos están corriendo peligro, como no sea por firme convicción. Y en lo que a mí respecta, en efecto, los vencedores tendrán en mi persona un centinela del estado tan leal como recientemente encontraron en mí a un enemigo, pues el que por naturaleza está dotado con el don de la fidelidad, no cambia de criterio [45] cuando su suerte es la contraria. Tú, en cambio, si la situación de ellos no siguiera su curso, estarías dispuesto a escuchar las proposiciones de sus agresores. Pues aquel que sufre la enfermedad de la inconstancia de propósito, siente miedo [46] al mismo tiempo que reniega de su fidelidad a las personas más queridas». Tales fueron las palabras de Asclepiódoto. Sin embargo, el pueblo de los neapolitas, cuando lo vió regresando del lado de Belisario, se reunió como un solo hombre y empezó a acusarlo de todo lo que les había ocurrido. Y no lo soltaron hasta que le dieron muerte y despedazaron su [47] cuerpo en mil pedazos. Se dirigieron entonces a la casa de Pastor y buscaban a este hombre. Al asegurar los sirvientes que Pastor había muerto, no se resignaban en modo alguno a creerlos hasta que no les enseñaran su cadáver. Finalmente [48] los neapolitas lo empalaron 118 en los arrabales de la ciudad. En ese momento le pidieron a Belisario que los perdonara por todo lo que habían hecho movidos por una justa cólera, y, tras recibir su perdón, se dispersaron. Tal fue, ciertamente, el destino de los neapolitas.
[11 ] Sin embargo, los godos que estaban en Roma y en los territorios de su entorno, incluso antes de todo esto, contemplaban con gran asombro la inactividad de Teodato, porque, aunque los enemigos se encontraban en las cercanías, no deseaba entrar en batalla con ellos. Esto suscitaba en ellos una fuerte sospecha hacia él, en la creencia de que estaba traicionando voluntariamente la causa de los godos en favor del emperador y de que no se preocupaba de otra cosa que no fuese de su propia tranquilidad, después de haber conseguido la mayor cantidad de dinero posible 119 . En consecuencia, cuando se enteraron de que Neápolis había sido tomada, empezaron a presentar todas estas acusaciones abiertamente y se concentraron en un lugar que dista de Roma unos doscientos ochenta estadios, lugar al que los romanos llaman Regata 120 . Les pareció a ellos que lo mejor era acampar allí mismo, pues en ese lugar hay extensas llanuras que dan abundante pasto para los caballos. También corre por allí un río que los lugareños llaman [2] Decenobio 121 en lengua latina, porque fluye a lo largo de diecinueve millas, distancia que equivale a ciento trece estadios 122 , y desemboca entonces en el mar junto a la ciudad de Taracina, muy cerca de la cual se encuentra el monte Circeo, donde cuentan que Odiseo conoció a Circe, aun cuando el relato a mí no me parece digno de crédito, dado que Homero sostiene que la morada de Circe estaba en una isla 123 . No obstante, [3] yo puedo decir lo siguiente: que este monte Circeo, que se extiende una gran distancia dentro del mar, es parecido a una isla, de tal forma que, tanto para los que navegan cerca de él como para los que caminan hacia la playa que está en sus cercanías, tiene enteramente la apariencia de una isla. Cuando uno se encuentra en él, sólo en ese momento se da cuenta de [4] que se ha equivocado en su apreciación. Quizás por esta razón Homero llamó isla al lugar. Sea como fuere, yo, por mi parte, voy a volver al relato anterior.
[5] Los godos, reunidos en Regata, eligieron como rey para ellos y para los italianos a Vitigis 124 , un hombre que, aunque no pertenecía a una casa ilustre, había adquirido gran renombre previamente en las batallas en torno a Sirmio, en los tiempos en que Teodorico proseguía la guerra contra los gépidas 125 . [6] Teodato, pues, nada más escuchar esto, se lanzó a la fuga tomando el camino de Rávena. Por su parte, Vitigis rápidamente envió a Optaris, un godo, con el encargo de que [7] trajera a Teodato vivo o muerto. Se daba la circunstancia de que Optaris veía con malos ojos a Teodato por la siguiente causa: Optaris había cortejado a una cierta joven que era heredera [8] y, además, hermosa de aspecto. Teodato, sin embargo, sobornado con dinero 126 , se la arrebató al pretendiente y la comprometió con otro hombre. Por esta razón, pues, satisfaciendo no sólo su cólera sino también a Vitigis, perseguía a Teodato con gran ahínco y entusiasmo, no cejando en su empeño ni de noche ni de día. Finalmente lo alcanzó mientras se [9] encontraba todavía de camino, lo colocó en el suelo boca arriba y le dio muerte como si fuera la víctima de un sacrificio. Éste fue, pues, el final de la vida y del reinado de Teodato, que ocupó tres años el trono 127 .
Por su parte, Vitigis, junto con los godos que se encontraban [10] con él, se dirigió a Roma. Tras conocer lo que le había sucedido a Teodato, se sintió complacido y puso bajo vigilancia a Teodegisclo, su hijo. Sin embargo, como le pareció que [11] los preparativos de los godos todavía no estaban en modo alguno completados 128 , consideró que era más recomendable dirigirse primero a Rávena y, tras dejarlo todo allí dispuesto de la mejor manera posible, entonces por fin emprender la guerra. En consecuencia, tras convocar a todos los godos, les habló de la siguiente manera:
«Las más importantes empresas, conmilitones, no acostumbran [12] a concluir con éxito por la precipitación en los momentos decisivos, sino gracias a una adecuada planificación. A menudo, en efecto, una demora aplicada en el momento [13] oportuno ha reportado mayor beneficio, mientras que un apresuramiento intempestivo ha desbaratado a muchos hombres sus esperanzas de éxito. Y es que, en la mayoría de los casos, [14] aquellos que no están preparados, aun cuando luchan en igualdad de fuerzas, son vencidos más fácilmente que todos los que, aun con menos poderío, entran en lucha preparados [15] de la mejor manera posible. Por lo tanto, no nos hagamos a nosotros mismos un daño irreparable por dejarnos llevar por el deseo de conseguir honores al instante. Pues es preferible sufrir vergüenza durante un corto espacio de tiempo y, tras ello, alcanzar una gloria imperecedera, que evitar el ultraje en el primer momento para después, como es probable que sea el caso, quedar sumidos en la oscuridad durante todo el tiempo [16] restante. Sin embargo vosotros, sin duda, sabéis tan bien como yo que se da la circunstancia de que el grueso de los godos y casi la totalidad de los bagajes están en la Galia, en Venecia [17] y en otros lugares más alejados. A mayor abundamiento, nosotros estamos sosteniendo una guerra contra los pueblos francos 129 que no es menos importante que ésta, y supone una gran locura entrar en una segunda contienda sin haber arreglado primero satisfactoriamente la otra. Además es natural que aquellos que se ven expuestos al ataque en dos frentes y no centran su atención en un solo enemigo, sean vencidos por sus adversarios. Yo, por mi parte, digo que nosotros ahora debemos [18] ir directos de aquí a Rávena, y, tras poner término a la guerra contra los francos y atender al resto de los asuntos de la mejor manera posible, entonces ya luchar abiertamente contra Belisario con todo el ejército de los godos. Que ninguno [19] de vosotros disimule con respecto a esta retirada ni tampoco vacile en llamarla huida. Pues, en efecto, la denominación [20] de cobardía, que le ha sido aplicada con propiedad, ha salvado a muchos, mientras que la reputación de bravura que a algunos hombres no les ha llegado en el momento oportuno, los ha precipitado posteriormente a la derrota. Lo que merece la [21] pena perseguir no son las denominaciones de las acciones, sino el provecho que resulta de ellas, pues la valía de un hombre no la demuestran sus hechos en el momento en que comienzan, sino cuando se han completado. Los que huyen de [22] los enemigos no son aquellos hombres que, con una preparación mejor, vienen contra ellos de inmediato, sino todos los que, deseosos de salvar sus propias vidas para siempre, se quedan al margen. Y acerca de la conquista de esta ciudad, que a ninguno de vosotros le invada miedo alguno, pues si, [23] por una parte, los romanos están en buena disposición hacia nosotros, mantendrán la ciudad en una situación segura para los godos y no tendrán que experimentar menoscabo alguno, puesto que se la devolveremos en breve lapso de tiempo. Y si, [24] por otra, ellos albergan alguna sospecha contra nosotros, nos harán menos daño recibiendo a los enemigos en la ciudad, pues es mejor, en efecto, luchar abiertamente contra los que son hostiles a nosotros. No obstante, tomaré precauciones para [25] que no suceda ningún hecho de esta índole. En efecto, dejaremos atrás a numerosos hombres y a un jefe de lo más valioso al mando, que serán lo bastante solventes para guardar Roma de tal forma que no sólo la situación aquí sea favorable para nosotros, sino que además no pueda derivarse daño alguno de esta nuestra retirada».
[26] Tales fueron, ciertamente, las palabras de Vitigis. Los godos, dando una aprobación unánime, se prepararon para la marcha. Después de esto, Vitigis animó largamente a Silverio 130 , el sacerdote 131 de la ciudad, y al Senado y pueblo de los romanos, y, recordándoles el gobierno de Teodorico, los instaba a permanecer leales a la nación de los godos, obligándolos a ello con los más solemnes juramentos. Además, tras escoger a no menos de cuatro mil hombres, puso al frente de ellos a Leuderis, un hombre maduro que disfrutaba de una gran reputación por su sensatez, con el fin de que guardaran Roma. Hecho esto, se puso en camino rumbo a Rávena con el resto del ejército, manteniendo con él en calidad de rehenes a [27] la mayor parte de los senadores. Cuando llegó ante Matasunta, la hija de Amalasunta, que era doncella pero que estaba ya en edad de contraer matrimonio, la convirtió en su esposa 132 , aunque ella no lo deseaba en modo alguno, para, de ese modo, consolidar su gobierno al emparentar con la familia de [28] Teodorico. A continuación, comenzó a reunir desde todas partes a la totalidad de los godos y a atenderlos y organizarlos, distribuyendo como es debido armas y caballos entre todos y cada uno de ellos. Solamente no fue capaz de hacer venir a los godos que estaban de guardia en la Galia, debido al temor a los francos. Estos francos eran llamados antiguamente «germanos». [29] De qué manera pusieron el pie por vez primera en la Galia, dónde habían vivido antes y cómo entraron en desavenencias con los godos es lo que voy a explicar.
Cuando uno se adentra desde el océano en el mar Mediterráneo [12 ] en Gadira, la tierra que queda a la izquierda, como se ha explicado anteriormente 133 , se llama Europa, en tanto que la que está situada enfrente se denomina Libia 134 y, si se continúa avanzando, a la que queda más lejos se le da el nombre de Asia. Pues bien, respecto a la región que está más allá de [2] Libia 135 no puedo hablar con precisión 136 , pues está casi por entero desierta de seres humanos y, por esta razón, la primera fuente del Nilo, río que, según dicen, fluye desde esas tierras hasta Egipto, es completamente desconocida 137 . Por su parte, [3] Europa en su mismo comienzo es, indudablemente, similar al Peloponeso 138 y está situada junto al mar a uno y otro lado. Por lo demás, el primer país que se encuentra junto al océano y a Occidente recibe el nombre de Hispania, tierra que se extiende hasta los Alpes que se encuentran en la cordillera pirenaica 139 , [4] ya que los hombres que habitan esa zona tienen por costumbre denominar «alpes» a un paso estrecho y encerrado. La tierra que se extiende desde allí hasta los límites de [5] Liguria 140 recibe el nombre de Galia. Allí también, en efecto, otros Alpes separan a los galos de los ligures 141 . La Galia, sin embargo, es mucho más ancha que Hispania, como es natural, porque Europa, que comienza con una estrecha península, se va ensanchando gradualmente a medida que avanza, hasta alcanzar una anchura extraordinaria. Este país está rodeado [6] de agua por ambos lados: por una parte, las costas que dan al norte están bañadas por el océano, mientras que, por otra, las que miran al sur dan al mar que recibe el nombre de Tirreno. En la Galia, además, fluyen, entre otros ríos importantes, [7] el Ródano y el Rin. Sin embargo, al ir el curso de ambos ríos en direcciones opuestas, el primero desemboca en el mar Tirreno, mientras que el Rin viene a desaguar en el océano 142 . Hay también numerosos lagos en esa región 143 en la [8] que vivían ya desde antiguo los germanos, pueblo bárbaro no merecedor de mucha consideración al principio, a los que hoy día se les llama francos 144 . Limitando con ellos vivían [9] los arbóricos 145 , que, a la vez que todo el resto de la Galia e Hispania, fueron súbditos de los romanos desde tiempos antiguos. Más allá de éstos, en dirección a oriente, estaban establecidos [10] los bárbaros turingios, a los que Augusto, el primer emperador, les había concedido esas tierras 146 . Los burguciones 147 vivían no muy lejos de ellos en dirección hacia el sur; [11] los suevos 148 , más allá de los turingios y, finalmente, los alamanos 149 , pueblos poderosos todos ellos. Allí se establecieron todos éstos como naciones independientes desde el principio.
[12] Con el correr del tiempo, los visigodos, abriéndose paso por el Imperio romano, se apoderaron de Hispania entera y de la parte de la Galia que está situada al otro lado del río Ródano 150 , a las que convirtieron en súbditas y tributarias suyas. [13] Por aquel entonces se dio la circunstancia de que los arbóricos se habían hecho soldados de los romanos. Mas los germanos, deseosos de convertirlos en súbditos suyos, comoquiera que eran limítrofes con ellos y habían cambiado el gobierno bajo el que habían vivido desde tiempos antiguos, comenzaron a saquear su territorio y, ansiosos por hacerles la guerra, marcharon contra ellos en masa. Sin embargo, los arbóricos [14] demostraron su valor y su lealtad a los romanos y se comportaron valientemente en aquella guerra, y, dado que los germanos no fueron capaces de vencerlos por la fuerza, consideraron recomendable ganarse su afecto y convertir a ambos pueblos en parientes por afinidad. Los arbóricos recibieron [15] dicha propuesta con agrado; pues daba la casualidad de que ambos eran cristianos y, de esta forma, se unieron en un solo pueblo y llegaron a disfrutar de un gran poderío.
Además, otros soldados romanos estaban apostados en [16] las fronteras de los galos para servir como centinelas, los [17] cuales, al no disponer entonces de medios para regresar a Roma y, al mismo tiempo, no sentir deseo alguno de rendirse a sus enemigos 151 , que eran arrianos, se entregaron ellos mismos, junto con sus estandartes militares y la tierra que desde hacía tiempo habían estado protegiendo al servicio de Roma, a los arbóricos y a los germanos. Ellos conservaron las costumbres de sus padres y se las transmitieron a sus propios vástagos que, mediante el respeto a dichas costumbres, consideran digno que éstas sigan siendo observadas hasta [18] nuestros días. Incluso en la actualidad se considera que ellos pertenecen a las legiones a las que fueron asignados cuando servían en la milicia en tiempos pretéritos, y siempre entraban en batalla portando sus propios estandartes y en todo momento ponen en práctica las costumbres heredadas de sus antepasados. [19] Asimismo conservan el vestuario de los romanos en todos sus componentes, incluso en el calzado.
[20] Así pues, en tanto que el sistema de gobierno de los romanos siguió siendo el mismo 152 , el emperador conservó la posesión de la parte de la Galia que llega hasta el río Ródano; pero cuando Odoacro transformó el gobierno en una tiranía 153 , entonces ya, tras habérsela cedido a ellos el tirano, los visigodos tomaron posesión de la totalidad de la Galia hasta los Alpes que marcan la frontera entre los galos y los ligures. [21] Sin embargo, después de la caída de Odoacro, los turingios y los visigodos empezaron a sentir recelo ante el poderío de los germanos, que entonces se acrecentaba —pues su país se había hecho enormemente populoso y ellos, sin disimulo y por la fuerza, obligaban a la sumisión a todos los que se ponían en su camino—, así que tenían la pretensión de conseguir para su causa la alianza de los godos y de Teodorico. Dado que Teodorico deseaba granjearse el afecto de estos pueblos, no desdeñó el mezclarse con ellos en el parentesco político 154 . [22] En consecuencia, prometió en matrimonio a Teodicusa, su propia hija, que todavía era doncella, a Alarico el Menor 155 , que a la sazón estaba al frente de los visigodos, y a Amalaberga, la hija de su hermana Amalafrida, se la dio por esposa a Hermenefrido 156 , que mandaba sobre los turingios 157 . Como consecuencia de esto, los francos 158 , por temor [23] a Teodorico, se abstuvieron de practicar la violencia contra estos pueblos, si bien emprendieron una guerra contra [24] los burguciones. Más tarde, sin embargo, los francos y los godos establecieron, para desgracia de los burguciones, alianzas de guerra y tratados, en virtud de los cuales cada [25] uno de los dos pueblos debería enviar un ejército contra ellos. Se acordó asimismo que, en el caso de que estuviera ausente uno de los dos ejércitos y, tras entrar los otros en campaña militar contra la nación de los burguciones, derrotasen a éstos y pusiesen bajo su mando el territorio que poseían, los vencedores deberían recibir, a modo de penalización de los que no habían compartido con ellos la campaña militar, una determinada cantidad de oro, y que solamente en estas condiciones pertenecería a los dos pueblos la tierra [26] conquistada en la guerra. Así que los germanos 159 fueron contra los burguciones con un gran ejército, conforme a los acuerdos establecidos entre ellos y los godos. Sin embargo, Teodorico, que estaba ocupado con sus preparativos —naturalmente, eso era lo que él decía—, seguía aplazando a propósito la partida siempre para el día siguiente, aguardando [27] cuál sería el desarrollo de los acontecimientos. Finalmente envió de mala gana al ejército, pero encargó a sus generales que hicieran la marcha de forma pausada y que, en el caso de que oyeran que los francos habían resultado vencedores, de allí en adelante marcharan a toda velocidad, pero que, si se enteraban de que les había ocurrido cualquier adversidad, no avanzasen ya más lejos, sino que permaneciesen donde [28] estuvieran. Ellos actuaron conforme a las instrucciones de Teodorico, pero, mientras tanto, los germanos trabaron combate [29] solos con los burguciones. La batalla fue encarnizada y se produjo una gran matanza en ambos bandos, pues la contienda [30] fue extraordinariamente igualada. Finalmente, sin embargo, los francos derrotaron a sus enemigos y los expulsaron a las fronteras de la tierra que habitaban entonces, donde tenían numerosas plazas fuertes, mientras que ellos se apoderaron del resto del territorio 160 . Nada más enterarse de [31] esto, los godos se pusieron rápidamente a su disposición. Al ser vituperados por sus aliados, le echaron la culpa a la dificultad del territorio y, tras depositar el importe de la penalización, se repartieron la tierra con los vencedores de conformidad con lo convenido. De esta forma se pudo reconocer [32] más claramente que nunca la previsión de Teodorico, quien, sin perder ni a uno solo de sus súbditos, a cambio de una escasa cantidad de oro se hizo dueño de la mitad del territorio de los enemigos. Así fue, ciertamente, cómo en los primeros tiempos se apoderaron los godos y los germanos de una parte de la Galia.
Mas, posteriormente, los germanos, cuando su poder aumentaba, [33] empezaron a menospreciar a Teodorico y el temor que inspiraba, y entraron en campaña militar contra Alarico y los visigodos. Tras enterarse de esto Alarico, mandó llamar [34] a Teodorico lo más rápidamente que pudo, y éste marchó con un gran ejército para prestarle ayuda. Entretanto, sin embargo, [35] los visigodos, en cuanto supieron que los germanos estaban acampados en las cercanías de la ciudad de Carcasiana 161 , acudieron allí, montaron el campamento y permanecieron [36] sin moverse. Dado que estaban consumiendo mucho tiempo en este bloqueo a los enemigos, empezaron a encontrarse incómodos y, comoquiera que su tierra estaba siendo [37] devastada por los germanos, se sentían indignados. Por fin empezaron a proferir muchos insultos contra Alarico, censurándolo por su temor a los enemigos y echándole en cara la [38] demora de su suegro 162 . Pues ellos aseguraban ser dignos combatientes por sí mismos y que incluso sin ayuda vencerían [39] a los germanos en la guerra con bastante facilidad. Por esta razón precisamente, Alarico se vio obligado a entrar en batalla con los enemigos antes de que hubieran llegado los [40] godos. Los germanos fueron superiores en este encuentro y mataron a la mayoría de los visigodos, incluido su jefe [41] Alarico. Tras tomar posesión de la mayor parte de Galia, la mantuvieron bajo su mando; pusieron sitio a Carcasiana con gran empeño, dado que se habían enterado de que allí se encontraba el tesoro real, del que Alarico el Mayor se había apoderado en tiempos pretéritos como botín de guerra tras la [42] conquista de Roma 163 . Entre estas posesiones estaban también los tesoros de Salomón, el rey de los hebreos, que eran extraordinariamente dignos de verse. La mayoría de las piezas estaban adornadas con esmeraldas, y estas joyas eran precisamente las que los romanos se habían llevado de Jerusalén [43] en tiempos antiguos 164 . Por su parte, los supervivientes de los visigodos nombraron soberano suyo a Giselico, hijo ilegítimo de Alarico, dado que Amalarico, el hijo de la hija de Teodorico, era todavía un niño 165 . Posteriormente, sin embargo, [44] cuando Teodorico se presentó con el ejército de los godos, los germanos sintieron miedo y levantaron el asedio. Así que se retiraron del lugar y tomaron posesión de la parte [45] de la Galia que está situada al otro lado del río Ródano y orientada al océano. Teodorico, que era incapaz de expulsarlos de allí, les permitió mantener estos territorios bajo su dominio, pero él, por su parte, recuperó el resto de la Galia. Entonces, tras quitar de en medio a Giselico, confió el gobierno [46] de los visigodos a su nieto Amalarico, del que él mismo precisamente había sido regente, al ser todavía un niño. Después de tomar todo el dinero que había en la ciudad de [47] Carcasiana, se puso en marcha a toda velocidad en dirección a Rávena. Por otra parte Teodorico enviaba continuamente jefes y ejércitos a la Galia y a Hispania, para salvaguardar así la fuerza real de su gobierno, y las medidas que tomaba iban dirigidas a la seguridad y mantenimiento de su poder: ordenó a los jefes de aquellos territorios que le satisficieran el pago [48] de un tributo; mas, aunque él lo recibía cada año, para no dar la impresión de ser codicioso lo enviaba al ejército de los [49] godos y de los visigodos como regalo anual. Como resultado de esto, los godos y los visigodos, con el transcurso del tiempo, comoquiera que fueran gobernados por un solo hombre y compartieran la misma tierra, se prometieron a sus hijas los unos a los otros y así las dos razas se entremezclaron en parentesco.
[50] Posteriormente, Teudis 166 , un godo al que Teodorico había enviado al ejército como comandante, tomó por esposa a una mujer procedente de Hispania, que, sin embargo, no era de la raza de los visigodos, sino que pertenecía a la casa de uno de los prósperos habitantes de aquella tierra. Ella no sólo poseía muchas riquezas, sino que además era propietaria [51] de una gran extensión de tierra en Hispania. De esta propiedad él reunió en torno a dos mil soldados y se rodeó de un cuerpo de lanceros, y mientras que, en apariencia, gobernaba él a los godos por habérselo concedido como regalo Teodorico, de hecho resultaba manifiesto que era un verdadero tirano. [52] Teodorico, que alcanzaba el más alto grado de discreción y experiencia, temía que los francos, como era probable que ocurriese, le salieran al encuentro mientras se encontraba inmerso en una guerra contra su propio siervo, o bien que los visigodos, por su parte, organizasen una revolución contra él; en consecuencia, no sólo no relevó de su cargo a Teudis, sino que incluso le ordenó que cada vez que el ejército [53] fuera a la guerra lo siguiera conduciendo adelante. Sin embargo, les encomendó a los principales de los godos que escribieran a Teudis sugiriéndole que él estaría actuando con justicia y de una manera digna de su discreción si fuera a Rávena y saludara a Teodorico. Teudis, sin embargo, aun [54] cuando cumplió todas las órdenes de Teodorico y nunca dejó de pagar el tributo anual, no consintió en ir a Rávena ni les prometió a los que le escribieron que así lo fuera a hacer.
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