Kitabı oku: «Escuela del sueño»

Yazı tipi:

Título original inglés: Night School

© Richard Wiseman, 2014.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2015.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

CÓDIGO SAP: OEBO380

ISBN: 9788490068533

Composición digital: Newcomlab, S.L.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

DEDICATORIA

INTRODUCCIÓN. DESPERTARSE

EJERCICIO

LECCIÓN 1. LLEGA LA NOCHE

EJERCICIO

LECCIÓN 2. CÓMO SER FELIZ, SANO, RICO Y SABIO

EJERCICIO

LECCIÓN 3. EL SECRETO DEL SUPERSUEÑO

EJERCICIO

LECCIÓN 4. DEL SONAMBULISMO Y LOS TERRORES NOCTURNOS

EJERCICIO

LECCIÓN 5. APRENDER DURANTE EL SUEÑO Y EL PODER DE LA SIESTA

EJERCICIO

LECCIÓN 6 BIENVENIDO AL PAÍS DE LOS SUEÑOS

EJERCICIO

LECCIÓN 7. LA TERAPIA DE LOS SUEÑOS

EJERCICIO

LECCIÓN 8. DULCES SUEÑOS

CONCLUSIÓN

APÉNDICE

AGRADECIMIENTOS

NOTAS

PARA DOUGLAS Y CAMERON

Introducción
DESPERTARSE

Donde nos encontramos cara a cara con el diablo,

descubrimos la acuciante necesidad de la escuela nocturna

y nos adentramos en la oscuridad

Todos los días de tu vida ocurre algo profundamente extraño. Cierras los ojos, te abstraes de lo que te rodea e inicias la cotidiana incursión en un mundo fantástico. En este reino imaginario puedes volar, pasar un buen rato con tu famoso preferido, defender el planeta de un apocalipsis de zombis u observar con horror que se te caen todos los dientes. Al final, recuperas la conciencia, abres los ojos y sigues con tu vida como si nada extraño hubiese ocurrido. Tal vez lo más extraordinario de todo sea que no se trata de una experiencia breve. Duermes una media de la tercera parte del día, y una cuarta parte de este tiempo la pasas soñando.

Lamentablemente, pocas personas tienen idea de lo que ocurre en esa parte de su vida. Escuela nocturna te lleva a un viaje intenso por la ciencia del sueño y los sueños, y te explica técnicas sencillas que puedes utilizar para sacar el mejor provecho de la noche. En el tiempo que pasemos juntos, descubriremos qué ocurre en tu cerebro y tu cuerpo todas las noches de tu vida, desvelaremos los misterios del ciclo del sueño humano, averiguaremos cómo superar las pesadillas, descubriremos cómo disfrutar de una noche de plácido sueño y veremos que tus sueños tienen el poder de cambiarte la vida.

Empecé a interesarme por la ciencia del sueño hace unos pocos años, cuando comencé a compartir la habitación con el diablo. Nuestros encuentros secretos se producían una vez a la semana, y siempre de la misma forma. Poco después de quedarme dormido, me despertaba empapado de un sudor frío, recorría la habitación con la mirada y veía a Satanás de pie delante del armario. Unas veces empezaba a avanzar hacia mí, y otras parecía que se contentaba con mantenerse a distancia. Al cabo de más o menos un año de estos extraños sucesos, me invitaron a participar en un evento público sobre cómo la psicología nos puede mejorar la vida, y me encantó descubrir que iba a compartir escenario con un muy respetado especialista en el sueño, el doctor Chris Idzikowski.

Chris es un amable colega con una prolongada carrera de investigación sobre muchos aspectos del sueño, incluidos el de la mejor forma de superar el desfase horario y el de si es posible cometer un asesinato mientras se duerme. Después de que todos los ponentes concluyeran sus exposiciones, Chris y yo fuimos a tomar una copa y tuve la oportunidad de hablarle de mis visiones frecuentes de Satanás junto al armario. Después de darle todos los detalles escabrosos, le pregunté si lo que yo tenía era una especie de pesadilla recurrente. Me hizo unas cuantas preguntas sencillas. ¿Alguna vez chillaba? ¿Cuánto me costaba conciliar de nuevo el sueño? ¿Me incorporaba súbitamente en la cama? A continuación, me explicó con toda tranquilidad que lo mío no era una pesadilla, sino un fenómeno muy distinto conocido como «terror nocturno». Para la persona no versada en la materia, las dos experiencias parecen muy similares. Sin embargo, años de investigación sobre el sueño y los sueños han desvelado que ambas tienen muy poco en común. Salí del encuentro con unos cuantos consejos excelentes para evitar los terrores nocturnos (tema sobre el que me extenderé más adelante), y tengo el placer de informar que desde entonces no he vuelto a ver a Satanás.

Intrigado por la facilidad con que Chris exorcizó mis tendencias diabólicas, comencé a explorar la ciencia del sueño y el soñar. Con el tiempo, mi interés despreocupado se convirtió en una fascinación profunda, y poco a poco fui rastreando oscuros artículos académicos en publicaciones polvorientas y me reuní con los más avanzados estudiosos del sueño.

Descubrí que en los últimos sesenta años, más o menos, un pequeño grupo de investigadores inconformistas habían dedicado la vida a la noche, con muchas largas jornadas y muchas horas extraordinarias, para desvelar los secretos de la mente durmiente. Sin rehuir nunca la polémica, estos científicos nocturnos han realizado varios experimentos extraños, viviendo en cuevas subterráneas durante meses, montando estudios secretos con una banda de rock legendaria, observando a personas que intentaban batir el récord mundial de permanecer despierto y bombardeando pueblos enteros con mensajes nocturnos. Alentado por estos trabajos, realicé mis propias investigaciones, montando un experimento de participación masiva para descubrir si las personas podemos asumir el control de nuestros sueños, organizando el mayor banco de sueños del mundo (que hoy cuenta con millones de informes) y creando el entorno definitivo del sueño.

Durante cientos de años, la mayoría de las personas pensó en la noche con la idea de «nada que ver; pasemos a otra cosa». Daban por supuesto que la mente durmiente está dormida, y que el tiempo que pasamos en la cama no tiene efecto alguno en nuestra vida. Más recientemente, el estudio científico del sueño y los sueños reveló que nada puede estar más lejos de la verdad. De hecho, todas las noches nos embarcamos en un viaje extraordinario que influye en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos cuando estamos despiertos. Después de años de estudio incansable, los científicos del sueño consiguieron mapear todas las fases de este fascinante viaje, incluidas las partes del cerebro que entran en acción cuando nos quedamos dormidos, cómo eliminar las pesadillas y qué dicen realmente los sueños sobre nuestra psique.

Sin embargo, todo este trabajo también ha desvelado el lado oscuro de la noche. Los turnos de trabajo ininterrumpidos, unos medios de comunicación activos las veinticuatro horas del día y el acceso permanente a Internet se han unido para crear un mundo que hoy nunca duerme. Las estadísticas son asombrosas, con estudios que revelan que un tercio de los adultos británicos y estadounidenses no duermen todo lo que debieran, y que la inmensa mayoría de los niños llegan a la escuela más cansados de lo normal. En 2010, los médicos británicos recetaron más de quince millones de pastillas para dormir, y en torno a uno de cada diez adultos toma hoy de forma habitual algún tipo de medicamento relacionado con el sueño.

Esta epidemia de privación del sueño tiene un efecto catastrófico en nuestras vidas. Más o menos una cuarta parte de los conductores admite que se queda dormida al volante, y la fatiga tiene la culpa de miles de accidentes de tráfico fatídicos todos los años. Los pobres hábitos de sueño también reducen la productividad, impiden el aprendizaje, perturban las relaciones, dificultan el pensamiento creativo y debilitan el autocontrol. Como descubriremos más adelante en este libro, algunos de los últimos estudios señalan que en los adultos la falta de sueño va asociada también a la depresión y la obesidad, y que en los niños puede provocar muchos de los síntomas relacionados con el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Y lo peor de todo es que una mínima carencia de sueño puede producir un efecto perjudicial en la salud, y va unida a un mayor riesgo de cardiopatías, diabetes, hipertensión y muerte prematura.

No hay razón para que así sea. Al seguir con mi estudio de la ciencia del sueño, me di cuenta de que gran parte de las investigaciones se podían utilizar para elaborar técnicas que ayuden a quienes batallan con la noche. Además, del mismo modo que estas técnicas pueden ayudar a las personas que duermen mal a dormir bien, también pueden ayudar a otras a pasar de dormir bien a hacerlo estupendamente. Durante mis investigaciones descubrí la existencia de los superdormidores. Son personas capaces de quedarse dormidas cuando quieren, que se sienten vigorizadas al despertarse y tienen muchos dulces sueños. En comparación con la mayoría de la gente, son significativamente más proclives a ser felices, sanas y ricas. Creo que casi todos podemos mejorar el sueño y sacar el máximo beneficio a los sueños y, con ello, convertirnos en superdormidores.

El movimiento del autodesarrollo se ha centrado durante años en mejorar la vida de las personas mientras están despiertas. Escuela nocturna revela que todos podemos sacar el mejor partido del tercio restante del día. Es hora de reivindicar la noche, de que cambies tu vida mientras duermes profundamente y de que despiertes a la nueva ciencia del sueño y los sueños. Bienvenido a la escuela nocturna.

EJERCICIO
TODO RADICA EN COORDINAR EL TIEMPO

A lo largo del libro se te propondrá una serie de cuestionarios y ejercicios diseñados expresamente. Algunos están pensados para que sean divertidos y otros tienen una parte más seria.

El primero solo te llevará unos minutos, y consiste en completar el siguiente cuestionario.1 No te detengas mucho a pensar cada pregunta, limítate a señalar la primera respuesta que te parezca correcta. Y, por favor, no hagas caso de los números que hay debajo de cada posible respuesta (en cursiva); volveremos a ellos más adelante. Vamos allá.

1. Si tuvieras libertad para programar la noche y no tuvieses ningún compromiso para la mañana siguiente, ¿a qué hora decidirías irte a la cama?


Antes de las 21:00 21:00-22:30 22:30-00:00 00:00-1:30 Después de la 1:30
1 2 3 4 5

2. Si tuvieras libertad para programarte el día, ¿a qué hora decidirías levantarte?


Antes de las 6:30 6:30-8:00 8:00-9:30 9:30-11:00 Después de la 11:00
1 2 3 4 5

3. En general, ¿te resulta fácil levantarte por la mañana?


Decididamente sí No estoy seguro No Decididamente no
1 2 3 4 5

4. Imagina que tienes dos horas de mucho trabajo. Si tuvieras total libertad para programarte el día, ¿en cuál de las siguientes franjas horarias decidirías hacerlo?


8:00-11:00 11:00-13:00 13:00-15:00 15:00-17:00 17:00-19:00
1 2 3 4 5

Lección 1
LLEGA LA NOCHE

Donde averiguamos qué ocurre con tu cerebro y tu cuerpo

todas las noches de tu vida, descubrimos cómo superar el desfase

horario y aprendemos la «regla de los noventa minutos»

Bienvenido a tu primer día en la escuela nocturna. En esta lección analizaremos dos ideas en las que se sustenta toda la ciencia del sueño y, con ello, averiguaremos qué les ocurre a tu cerebro y tu cuerpo todas las noches de tu vida. Empezaremos por examinar cuál es la actividad eléctrica de tu cerebro en este preciso momento, después conoceremos a un excéntrico profesor alemán que dedicó la vida a intentar demostrar la existencia de la telepatía y, por último, pasaremos la noche en un laboratorio actual del sueño.

LA PERSONIFICACIÓN DE LO ESTÁTICO

Quisiera empezar por contarte algo que lleva bastante tiempo dándome vueltas por la cabeza. Eres increíble. Ya está, ya lo he dicho y no hay vuelta atrás. Pero antes de que empieces a mostrarte demasiado engreído, debo decirte algo más. Creo que tu mejor amigo también es increíble. De hecho, creo que todas las personas que conoces son asombrosas (excepto John el de Contabilidad, que es un auténtico fastidio). ¿Y por qué sois todos tan increíblemente asombrosos y dejaríais a la gente boquiabierta? Porque todos poseéis uno de los objetos más complejos y maravillosos del universo. Este objeto ha curado enfermedades, ha puesto al hombre en la Luna y ha creado bellísimas obras de arte. Gracias a él puedes ver el mundo y escuchar música, tomar decisiones al momento y moverte por donde quieras, reír y amar. Este asombroso objeto se encuentra ahora entre las orejas, zumbando sin que lo percibas y posibilitando que leas esta frase. Me refiero, claro está, a tu cerebro. (Si a estas alturas no lo habías adivinado, retiro mis cumplidos anteriores.)

Todos tenemos cerebro, pero la mayoría de las personas no son conscientes de que su mente funciona con electricidad.

Si abrieras el cráneo de una persona, como si fueras a ponerle una tapa, posiblemente te encontrarías con lo que parece una gran masa de gelatina. Si seccionas y estudias esta extraña sustancia con un microscopio muy potente, verás que está compuesta de montones de células diminutas llamadas «neuronas» (observa abajo el diagrama de una neurona). Cada neurona tiene tres secciones principales: 1) las «dendritas», fibras parecidas a dedos que reciben las señales de otras células; 2) los «axones», que transmiten señales a otras células; y 3) el «cuerpo celular», que lo controla todo. Juntas, estas células aparentemente simples son res-


ponsables de todos los pensamientos que han pasado por tu mente y de todos los sentimientos que has experimentado.

Las neuronas son pequeños sistemas de mensajería electrónica. Cuando las dendritas reciben una señal de una neurona vecina, el cuerpo celular entra en acción y manda un pequeñísimo impulso eléctrico a través de su axón hasta las células de su alrededor. Estos mensajes electrónicos están circulando a toda velocidad por tu cerebro en este mismo momento, a veces a más de 300 kilómetros por hora. Hoy, los neurocientíficos piensan que en un cerebro medio hay unos 20.000 millones de neuronas, y más de 160 billones de conexiones entre ellas. Aunque cada neurona individual solo genera una cantidad muy pequeña de electricidad, la suma de la que producen todas ellas es considerable, de modo que el cerebro medio genera energía suficiente para encender una bombilla de 20 vatios.

En los inicios del siglo pasado, los científicos sabían que el cerebro funcionaba con electricidad, pero no lograban encontrar la forma de medir las diminutas señales producidas por los grupos de neuronas. Toma nota del más curioso de los hombres, el doctor Hans Berger.1

Nacido en Alemania en 1873, la vida de Berger cambió para siempre después de toparse con un cañón. Berger se había alistado en la caballería a los veintitantos años. Durante la instrucción, se cayó del caballo, que por lo visto no era tan de fiar, y fue a parar a las ruedas de un cañón del que tiraban unos caballos. El conductor de la batería de artillería realizó una parada de emergencia de manual, que dejó a Berger magullado pero sin ninguna herida. En el preciso momento del accidente, la hermana de Berger había tenido una extraña sensación de que su hermano estaba en peligro, y envió un telegrama para preguntarle si se encontraba bien. Era el único telegrama que Berger había recibido jamás de su familia, y no quiso olvidar la experiencia como si se tratara de una simple coincidencia. Al contrario, Berger se convenció de que el sobrecogedor suceso era un caso de telepatía, y dedicó su vida a descubrir cómo los pensamientos pueden viajar de una mente a otra.

Trabajando sin ayuda, Berger estaba desesperado por desarrollar lo que él llamaba un «espejo del cerebro»: un sistema de sensores que se pudiera colocar sobre el cráneo para medir las diminutas cantidades de electricidad que generaban las neuronas del interior de la cabeza. Sus experimentos requerían mucho tiempo y, en la misma medida, eran frustrantes, pero Berger se encerró en su laboratorio y perseveró tras cada fracaso. (Entrada de su diario, 1910: «¡Ocho años! Siempre probando, una y otra vez».) El profesor alemán se fue distanciando cada vez más de sus colegas, que acabaron por tenerlo por loco. Para poder dedicar el máximo tiempo posible a sus investigaciones, Berger se organizó la vida para que fuera lo más previsible y automática posible, y uno de sus colegas señalaba más tarde que Berger «nunca se permitía desviarse lo más mínimo de la rutina establecida… Sus días se parecían como las gotas de agua. Año tras año daba las mismas clases. Era la personificación de lo estático».

Al cabo de veinte años de desengaños, Berger realizó una serie de avances que apuntaban al éxito. (Entrada de su diario, 1924: «¿Es posible que se cumpla el plan que llevó acariciando más de veinte años?».) Después de pasar varios años más perfeccionando su invento, por fin anunció que podía registrar con éxito las ondas cerebrales, y demostró el primer electroencefalograma en perfecto funcionamiento del mundo (o, abreviado, la máquina de EEG).

Lamentablemente, la comunidad académica adoptó una actitud un tanto estrecha de miras ante el invento de Berger. Muchos de sus colegas, convencidos de que era imposible detectar esas cantidades tan diminutas de actividad eléctrica con unos sensores colocados sobre el cráneo, dieron por supuesto que los hallazgos de Berger eran un error o una estafa. Después de retirarse del mundo académico en 1938, Berger fue perdiendo rápidamente la buena salud y cayó en una profunda depresión. En 1941, el inconformista medidor de la actividad de las mentes acabó con su vida, ahorcándose en el hospital.

Berger nunca demostró la existencia de la telepatía. En su lugar, dejó un legado mucho más admirable y tangible. Los académicos de todo el mundo acabaron por darse cuenta de que había conseguido un auténtico logro, y empezaron a considerar con más atención su asombroso invento. Uno de los primeros en hacerlo fue un magnate de Wall Street e investigador excéntrico llamado Alfred Lee Loomis.

EL PALACIO DE LA CIENCIA

Nacido en 1887, Loomis fue a la vez banquero de inversión de extraordinario éxito y el último de los grandes científi- cos aficionados.2 De niño, a Loomis le fascinaban los rompecabezas, el ajedrez y los juegos de manos. De joven, desarrolló la pasión por la ciencia, y al final inició una estrecha relación de trabajo con un muy conocido físico experimental de la Universidad Johns Hopkins llamado Robert Wood. Fue una colaboración extraña pero productiva. En cierto momento, por ejemplo, Wood construyó en su granero un gran «espectrógrafo» (aparato diseñado para dispersar la radiación en un espectro), pero descubrió que el tubo de doce metros del aparato muchas veces no funcionaba porque se llenaba de telarañas. Wood y Loomis dieron por fin con una solución extraña pero muy efectiva al problema. Cuando el espectrógrafo se bloqueaba, la intrépida pareja soltaba un gato en uno de los extremos del tubo y colocaba comida en el otro. El gato avanzaba por el tubo y su piel actuaba como un gran plumero que eliminaba todas las telarañas.3

Loomis disfrutaba de aquellos ratos en el granero, y por fin decidió construir su propio instituto privado de investigación. En los años veinte del siglo pasado, compró una gran mansión en el estado de Nueva York y se dispuso a crear su «palacio de la ciencia». En los diez años siguientes, equipó su mansión con las más avanzadas tecnologías, y en ella recibió a algunos de los científicos más famosos del mundo, entre ellos, Niels Bohr, Guglielmo Marconi y Albert Einstein. Loomis hizo varios descubrimientos científicos y tecnológicos importantes, como su participación decisiva en el desarrollo del radar, la invención de una nueva forma de medir la velocidad de salida de los proyectiles de las armas y su contribución a la creación de un sistema de control terrestre de los aeroplanos.

A mediados de la década de los años treinta, Loomis oyó hablar del asombroso invento de Hans Berger y se preguntó si se podría usar para investigar el sueño. Construyó su propio aparato de EEG, e invitó a diversas personas a pasar la noche en su palacio de la ciencia para monitorizar su cerebro. Al cabo de un año, Loomis descubrió que cuando la persona duerme su cerebro no está inactivo, sino que produce una pequeña cantidad de diferentes tipos de ondas. Trabajos adicionales revelaron que estas ondas se producen siguiendo un patrón altamente predecible durante toda la noche (más adelante, en esta misma lección, averiguaremos más cosas sobre este patrón). La identificación de estas diferentes fases del sueño fue un avance extraordinario, pero quedaba por resolver un último misterio. Esta última pieza del rompecabezas no encajó en su sitio hasta veinte años después, y fue resultado de uno de los experimentos más importantes realizados en el siglo XX.

¿QUÉ HAY EN UNA ONDA?

Las ondas cerebrales que detectan los aparatos de EEG tienen dos características principales: la amplitud y la frecuencia, ambas ilustradas en el diagrama siguiente.


La amplitud (1) es simplemente la cantidad máxima de energía que tiene la onda, y la frecuencia (2) es el número de veces que la onda se repite cada segundo. La frecuencia normalmente se mide en unidades llamadas hercios, o, abreviado, Hz. Para entender la diferencia entre amplitud y frecuencia, puede ser útil entonar una nota. Por favor, entona «laaa» con voz profunda. Acabas de producir una nota de baja frecuencia que más o menos tendría el aspecto de la línea ondulada del siguiente diagrama.



Ahora, por favor, vuelve a entonar «laaa», pero esta vez en un tono mucho más alto. Si ahora trazaras la frecuencia de tu voz, obtendrías algo parecido a la línea ondulada del diagrama anterior.

Por último, intenta entonar otros dos «laaa», procurando hacerlo en el mismo tono, pero esta vez mucho más fuerte que antes. Ahora cambias la amplitud de onda, no la frecuencia, por lo que la nota más baja tendría el aspecto de la primera línea ondulada del diagrama inferior, y la más fuerte, la de la línea de abajo. Lo mismo ocurre con las ondas cerebrales. Cada una se puede clasificar según tenga más o menos volumen, es decir, según sea más «alta» o «baja». En principio, el resultado podrían ser millones de tipos distintos de ondas. Sin embargo, en la práctica, mientras duermes o sueñas el cerebro solo produce unas pocas ondas diferentes. Por ejemplo, cuando estás completamente despierto, el cerebro produce «ondas beta». Cada segundo se producen entre doce y treinta de estas ondas, que en el EEG aparecen como garabatos que cambian rápidamente.


Cuando te relajas, la frecuencia de estas ondas se ralentiza de forma súbita, hasta solo unas ocho por segundo. La forma de onda resultante se denomina «onda alfa» u «onda de Berger» (en honor a Hans Berger). Durante el sueño, estas ondas se frenan aún más, y más adelante nos fijaremos detenidamente en todas las formas de onda relacionadas con las diferentes fases del sueño.

CÓMO SACAR DE DONDE NO HAY

En 1951, Eugene Aserinsky lo estaba pasando mal.4 Batallaba por sacar adelante a su mujer y su hijo, en un pequeño apartamento de Chicago que calentaba con una sola estufa de queroseno. Aserinsky había tenido una peculiar carrera profesional. Había sido un alumno sobresaliente en la escuela y el instituto, y después fue de una universidad a otra estudiando de todo, desde lengua española a odontología, sin conseguir centrarse. Dejó los estudios sin obtener título alguno, y encontró trabajo en el ejército como manipulador de explosivos de gran potencia. Después de unos años de arriesgar la vida continuamente, decidió volver a la universidad. En aquel tiempo, la Universidad de Chicago tenía fama de aceptar a alumnos con historiales poco comunes, y el poco convencional Aserinsky acabó por matricularse en el programa de diplomatura en fisiología.

Al llegar a la universidad, no le agradó que el único consejero académico disponible fuera un profesor desacreditado y excéntrico llamado Nathaniel Kleitman. Nacido en Rusia, Kleitman había dedicado su vida a investigar la ciencia del sueño. En 1939 había revisado más de mil artículos científi- cos sobre el tema y había escrito la que por entonces era la biblia de los estudios sobre el sueño, Sleep and Wakefulness as Alternating Phases in the Cycle of Existence. Kleitman también había adquirido una notable reputación por actuar como su propio conejillo de Indias en las situaciones más difíciles. En una serie de estudios, por ejemplo, había investigado el efecto de la luz solar en el sueño, para lo que pasó un mes durmiendo en una gran cámara de piedra en lo hondo de la Mammoth Cave de Kentucky, vivió en un submarino y se expuso a la luz solar casi permanente por encima del círculo polar ártico. Parece que estos estudios de resistencia no le afectaron mucho a largo plazo, pues Kleitman murió a la provecta edad de ciento cuatro años, en 1999.

Kleitman se reunió con Aserinsky y le propuso que estudiara cómo parpadeaban los niños al quedarse dormidos. Las interminables observaciones de Kleitman le parecieron a Aserinsky tan «apasionantes como un vaso de leche caliente» y, después de varios meses de intentar «sacar de donde no había en esa investigación», decidió abandonar. Pasó a centrar la atención en la actividad del cerebro y los movimientos de los ojos de los adultos mientras duermen. En aquel momento, la mayoría de los científicos tradicionales pensaban que esos movimientos de los ojos se producían de forma casual a lo largo de la noche y no significaban nada. Aserinsky, que no era persona que se dejara llevar por la corriente, sacó un viejo aparato de EEG del sótano del departamento, se lo llevó al despacho y se puso a trabajar.

Decidió empezar por medir simultáneamente la actividad cerebral y los movimientos de los ojos de las personas durante toda una noche. Este ambicioso objetivo puso al límite la tecnología existente, porque exigía que aquel aparato de EEG funcionara durante varias horas. Aserinsky decidió realizar una prueba inicial del equipo sirviéndose de su hijo.

Y así fue como, una fría noche de diciembre de 1951, Armond Aserinsky, de ocho años, se encontró tumbado en una cama de laboratorio con la cabeza cubierta de sensores. Unos medían la actividad cerebral y otros monitorizaban los músculos de alrededor de los ojos. Toda esta información se reenviaba al aparato de EEG, colocado en una habitación próxima, donde Aserinsky padre estaba sentado observando cómo varias plumillas trazaban la actividad en un largo rollo de papel milimetrado. No fue una empresa menor, de modo que una sola noche de monitorización se tradujo en casi un kilómetro de papel milimetrado. Durante toda la noche, Aserinsky padre bregó por mantener estable y funcionando el viejo aparato de EEG, sin saber que estaba a punto de hacerse un lugar en la historia.

Al cabo de pocas horas de iniciar la sesión, a Aserinsky padre le sorprendió ver que las plumillas de repente empezaban a garabatear, señal de que el cerebro y los músculos oculares de Armond estaban muy activos. El padre supuso que su hijo se había despertado, así que fue por el pasillo a ver qué sucedía. Al abrir la puerta del laboratorio, le asombró descubrir que su hijo estaba profundamente dormido. Y lo más extraordinario era que ese curioso patrón no fue algo aislado, sino que Aserinsky padre observó arranques similares de actividad cerebral y movimientos oculares a lo largo de toda la noche.

A la mañana siguiente, Aserinsky intentó descubrir la causa de esa misteriosa actividad. Al principio supuso que el viejo aparato de EEG estaba estropeado, e inició la laboriosa tarea de comprobar los inacabables fusibles, diales y válvulas. No pudo encontrar problema alguno, por lo que habló de sus resultados con Kleitman. Este, inicialmente escéptico y tal vez porque se temía un engaño, pidió a su alumno que repitiera el experimento, pero esta vez con la hija de Kleitman. Cuando apareció el mismo patrón de datos, Aserinsky estuvo más seguro de que se hallaba ante algo grande, y llamó al curioso fenómeno «movimiento rápido del ojo» o REM (rapid eye movement). Originariamente, pensó en llamarlo «movimiento errático del ojo» (jerky eye movement), pero le preocuparon las connotaciones negativas de la palabra jerk.* Intrigados, Aserinsky y Kleitman decidieron averiguar qué pasaba en la mente de las personas mientras dormían cuando el EEG generaba esos extraños patrones nocturnos.

₺560,06

Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
14 kasım 2024
Hacim:
334 s. 24 illüstrasyon
ISBN:
9788490068533
Yayıncı:
Tercüman:
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

Benzer kitaplar