Kitabı oku: «El secreto está en el genio»
© Rosetta Forner Veral, 2007.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2013.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
REF.: OEBO320
ISBN: 978-84-9006-793-2
Conversión a libro electrónico: Víctor Igual, S. L.
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Índice
El Dios Menor
AgradeciHadamente
Prólogo: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
1. Antes de frotar la lámpara, debes saber que, para despertar al genio, hay que tener...
1.1. La libertad de ser «impolíticamente incorrecta»
1.2. El atrevimiento para hacer añicos el techo de cristal
2. Cuando la rebeldía hace posible que los sueños del alma se conviertan en sueños humanos
3. Si la gente fuese ella misma y trabajase en aquello para lo cual tiene talento y es además su pasión, la mediocridad no existiría
4. Acabamos por hallar a los de nuestra manada
5. Los humanos son genios, los humanoides son mediocres
6. El libro. Revelando el secreto del genio
El secreto está en el genio
Naciendo estrellas
Capítulo 1. La comadrona del espíritu humano
Capítulo 2. Si contratas a una reina, todas las damiselas de diadema floja que tienes en la empresa tratarán de hacerle perder la corona... Y los caballeros de armadura oxidada, también
Capítulo 3. Cuando las reinas deciden seguir subiendo por las escaleras del esfuerzo y la constancia como compañeras del éxito laboral
Capítulo 4. El precio de la corona
Capítulo 5. Si es importante saber adónde va un tren, más importante es subirse a él
Capítulo 6. Sueños, visiones... La avanzadilla del alma
Capítulo 7. En busca de la oportunidad perdida...
Capítulo 8. El precio de la máscara
Capítulo 9. ¿Quién se atreve a darle calabazas a la insatisfacción vital?
Capítulo 10. El alma en tiempos del consumismo demagógico
Capítulo 11. La clave para despertar la magia del alma y la verdadera identidad
Capítulo 12. De la libertad a la genialidad. ¿Quién frotó la lámpara...?
7. Ejercicios para despertar al genio
8. Epílogo
Nota
EL DIOS MENOR
METER MCNAB
Poco después de haber creado a la Humanidad, los dioses se dieron cuenta de su error. Las criaturas que ellos habían creado eran muy listas, ocurrentes, llenas de recursos, de habilidades, con una gran curiosidad por saber y un espíritu libre decidido a curiosear y explorar la posibilidad. Esto suponía que sería sólo cuestión de tiempo que comenzasen a desafiar la supremacía de los dioses.
Con el fin de asegurarse su preeminencia, los dioses organizaron un congreso para discutir el tema. Muchos fueron los dioses que acudieron desde mundos conocidos y desconocidos. Los debates fueron largos, puntillosos, animosos y muy espirituales.
Todos los dioses tenían muy claro una cosa: la diferencia entre los mortales y ellos, los dioses, se basaba en la calidad de los recursos o habilidades que ellos tenían. Mientras los humanos tenían ego y estaban preocupados por el aspecto externo y material del mundo, los dioses tenían espíritu, alma, discernimiento y se centraban en su yo interior, nada les importaba más que su desarrollo espiritual.
El peligro residía en que, tarde o temprano, los humanos también querrían esto.
Los dioses decidieron esconder sus preciados dones. Ahora bien, la cuestión era... ¿dónde? Esto fue lo que creó apasionados y largos discursos en la gran conferencia que sostuvieron los dioses.
Algunos sugirieron esconder estos recursos en la cima de la montaña más alta. Pero se dieron cuenta de que, tarde o temprano, acabarían por escalar la montaña.
Hasta en el cráter más profundo de la sima más profunda del océano más profundo acabarían por hallarlos.
Y las minas serían excavadas.
Y las junglas más impenetrables acabarían por revelar sus secretos.
Y los pájaros mecánicos llegarían a explorar el espacio.
Y la luna y los planetas acabarían por ser destinos turísticos.
Hasta el más sabio y el más creativo de los dioses se quedó callado, como si ya no hubiese más avenidas que explorar ni más ideas que encontrar.
En eso que un dios menor, que hasta entonces había permanecido callado, habló: «¿Por qué no escondemos esos recursos dentro de cada humano? Nunca se les ocurrirá buscar allí».
AGRADECIHADAMENTE
Ni uno de mis libros está sin dedicar... Porque hay almas que me acompañan siempre, bien en cuerpo humano o en cuerpo celestial. No existe el tiempo ni las distancias, todo es una suerte de espacio con sus diversos niveles en los que habitamos con nuestra conciencia o esencia hadada. Cada uno piensa como le da la gana y ésta es mi manera. Yo creo que, para venir a la Tierra, nos enfundamos en una entidad humana, y, cuando termina el curso escolar en la Tierra, dejamos el cuerpo y todo lo material para regresar a «casa».
Creo en lo invisible, en aquello que sólo ve el alma.
Creo en las hadas, el alma, la magia, la genialidad, la creatividad, el amor, la alegría, los ángeles...
Creo que somos almas viviendo experiencias humanas.
Creo que somos clanes de almas gemelas y que, de una manera u otra, nos vamos encontrando o reuniendo aquí en la Tierra.
A los de cuerpo humano, a los de cuerpo celestial, a todas esas almas que cruzan sus alas con las mías, y son mi manada a través del espacio-tiempo: mis padres, Eliseo y Rosita, que me dieron la bienvenidHadada, mis hermanos Sergio y Mariola, mis sobrinos Yaiza y Alejandro, mis celestiales Visantet, Viçent, María Roseta y Lola.
A los que comparten alas conmigo: Angela Reynolds (mi agente literario), José Carlos Gutiérrez, Pilar Mügica («una de 50»), Pilar Vidal (diseñadora mágica, mi hada de las telas: www.pilarvidal.com), mi hermanita del alma Ingrid Weiner, mi otra soulsister Patricia Ryle...
A todos esos amadrinHados y amadrinHadas que me han permitido ayudarles a hacer que nacieran sus espíritus humanos. Sin ellos la aventura humana no sería igual de hadada.
A todas esas personas maravillosas que son los lectores de mis libros, gracias hadadas por honrar mi luz hadada.
Espero que este libro «rosettiano» os abra nuevas dimensiones interiores y podáis brillar vuestra hermosa luz a toda genialidad.
Rosetta Forner, 17 de noviembre de 2007
PRÓLOGO
¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?
Si te dicen que, siendo como eres, «no llegarás a nada».
Si te empeñas en no hacerle la pelota al «status quo».
Si te da la risa cuando te dicen que eres un fracaso por no tener tal o cual titulación académica...
Si te echaron de muchos y diversos clubes por no acatar las normas.
Si tu pareja es «ex» porque no quisiste pasar por el aro.
Si no tienes pareja porque estás bien contigo misma/o.
Si crees que la edad cronológica no afecta a la capacidad de pensar, sentir, vivir, reír, divertirte, disfrutar, crear...
Si has decidido tener ideas propias.
Si no te rindes ante un obstáculo.
Si lo vuelves a intentar siempre que no logras tu objetivo.
Si no te importa «volver a empezar».
Si crees que eso de ser mujer o ser hombre es «el traje de identidad humana».
Si consideras que nadie es más ni menos que nadie.
Si usas el respeto para relacionarte con tus semejantes pero pasas del servilismo.
Si te atreves a pensar por tu cuenta.
Si tienes ideas singulares.
Si pasas de que te hagan la ola, la pelota.
Si crees que puedes lograr todo lo que te propongas.
Si quieres que te amen por el SER y no por el TENER.
Si te importa más tu alma que tu cuenta bancaria.
Si crees que los del CdR (Club del Redil) son todos una panda de hipócritas, demagogos, sectarios y atontadores.
Si no sigues a ningún gurú ni gurusa.
Si no te has pasado de una religión a otra sino a tu alma.
Si tienes hijos porque te da la gana.
Si no tienes hijos porque no te da la gana.
Si cuidas y amas a tus padres.
Si te llevas bien con tu familia de origen estelar y humano.
Si crees que «lo que siembras, recoges».
Si te consideras artífice de tu destino (acción y omisión).
Si asumes la responsabilidad sobre los acontecimientos de tu vida.
Si no te importa que te critiquen por no doblegarte a las órdenes de otros.
Si pasas de caerle bien a la gente y sólo te importa quedar bien contigo.
Si te uniste a la persona que ama tu alma pasando de todo.
Si te tomas los fracasos como «resultados no deseados».
Si crees que un traje de mujer no es más ni menos que uno de hombre.
Si la cuenta bancaria o éxito social de la gente te trae al pairo.
Si lo ídem con lo tuyo.
Si tienes criterio propio.
Si estás hasta la coronilla de todos los memos y de todas las damiselas de diadema floja.
Si te gusta innovar.
Si no te resistes a los cambios.
Si aún tienes sueños.
Si estás a punto de tu segunda adolescencia.
Si quieres ser SINGULAR y averiguar si tu lámpara tiene genio...
Si ha llegado la hora de dejar de ir a la escuela tradicional y aventurarte en los dominios privados de tu SER.
Si te encanta ser un hada o un ángel en excursión humana.
Si te lo pasas pipa dándoles en los morros a todos los monstruos del Club del Redil.
Si te encanta llevar la contraria a todos esos que nunca creyeron en ti.
Si escoges en vez de esperar a que te escojan.
Si eres quien eres, y eso te fascina.
Si crees en el alma y pasas de los que te etiquetan de ser la versión ñoña de «la Fuster».
Si te chifla comprarte el bolso que te pasa por la corona y no el que dicen las revistas de moda-engaña-damiselas-dediademafloja que se lleva para que así todos vean «tu cuenta corriente».
Si pasas de ligar aunque por ello piensen que no eres una mujer o un hombre liberada/o.
Si... te gusta ser HUMANO y no HUMANOIDE.
Pregunta: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Respuesta: Aquel que se atreve a abrir las puertas de su ser y vive su vida humana acorde a quien es a nivel de alma.
Mucho he escrito acerca de la importancia de ser uno mismo, de lo decisivo que es aventurarse a descubrir que, dentro, mora la genialidad. No obstante, sin libertad no es posible la genialidad. Y, sin rebeldía, el genio no sale a pasear. La singularidad sólo amanece cuando permitimos que sea el alma la que rija el destino humano, no la SOCIEDAD (la que yo he bautizado como CdR: Club del Redil). No soy un número de la Seguridad Social. No soy una «tarjeta» que ficha en Hacienda y paga el tributo de la esclavitud todos los años. Por no ser no soy ni mi cuenta bancaria, ni mi coche, ni mi casa, ni el barrio donde vivo, ni mis éxitos profesionales, ni mis títulos académicos. Lo he dicho millones de veces, soy un HADA. Ésta es mi misión humana, y me empeño en ejercerla.
Y tú ¿quién eres?
En Pídeme la luna (Planeta, 2007), conté cómo apuntarse a la ESCUELA VIPSS. Parece una contradicción que sostenga, por un lado, que la genialidad no va a la escuela y, por otro, que «cree una escuela VIPSS».
A veces, las cosas no son lo que parecen.
En mi escuela VIPSS se aprende a mandar a la porra a todos los condicionamientos sociales impuestos por el CdR, y, al hacerlo, el genio, o la genialidad que somos, aparece, nace, se muestra, abre los ojos, sale al exterior.
Nunca te tapes la boca.
No te pases tu vida humana siendo un zombi social.
Nadie te agradecerá que hayas malgastado tu vida humana en las cloacas de la inanición emocional. La muerte física sólo duele a aquellos que olvidaron vivir sus vidas. De ahí que la enfermedad sea la alarma que nos avisa que estamos malgastando o malviviendo nuestros destinos humanos. En vez de hacerle caso y averiguar qué nos queremos contar, qué nos pasa o des-pasa, le tapamos la boca con esparadrapo y nos atiborramos de pastillas para así atontar el latido de nuestro primigenio corazón y obtener el Oscar a la mejor interpretación de zombi humano.
Déjalo ya, olvídate de conseguir el premio al mejor. En el CdR nunca te premiarán, pues dejarían de tener argumentos para manipularte y atontarte. Si quieres que se te reconozca, premie, ame, alabe, admire, etc., vete a buscarte y averigua quién eres. Y, una vez lo hayas hecho, ponte el cascabel, verás qué divertido y provechoso es ser el alma que eres de verdad y no la calcomanía de humanoide que había preparado el CdR para ti.
Te animo a que te pongas la corona, asumas las riendas de tu vida y te conviertas en ganador. Todos los integrantes del CdR son unos perdedores.
¿De verdad?
Obviamente. Porque amasar dinero, conseguir premios, prestigio social y lo que quieras a costa de haber renegado de la singularidad y de haber proscrito el alma que somos, no es éxito, sino FRACASO estrepitoso.
Ahora bien, cada uno está en su derecho a apuntarse al tipo de triunfo que quiera. No obstante, recuerda que la Genialidad no va a la escuela... tradicional, porque ésa es la del CdR, y en ella se cargan siempre invariablemente la singularidad, al menos lo intentan. Asimismo, el secreto no está en libro alguno de autoayuda de «tres al cuarto» (me refiero a esos libros que te cuentan cómo triunfar o lograr tus sueños entonando mantras tontos o dándole a las ensoñaciones vanas), sino dentro de ti.
¿Por qué?
Porque en tu interior, en el mío, en el de todos nosotros, están todas las habilidades, los talentos, los dones, el corazón del alma, las emociones, las claves de nuestro devenir humano, las preguntas y las respuestas... Por eso, lo único que necesitas es una «manera» (plan, estrategia, fórmula, protocolo...) para despertar a ese genio que eres en esencia.
Todos tenemos un destino humanamente divino y un alma divinamente humana. No me importa que me tachen de esto o de lo otro, porque forma parte del plan de navegación (era de esperar que, si mostraba mi singularidad, me diesen hasta en el carné de identidad). Me he hecho mayor, he asumido mi misión humana, y disfruto provocando al personal del CdR. A cambio, hay mucha gente que me da las gracias por existir y por mostrarles el camino para ser ellos mismos y disfrutar de su existencia humana. Sólo por esos pocos humanos (cada día son más), merece la pena el esfuerzo. No obstante, si no existiesen, seguiría mereciendo la pena porque lo hago por mí. He venido a la Tierra porque me dio la real y hadada gana, y sólo por eso me siento dichosa. Hago (lo procuro) lo que me pasa por la varita. Me puse la corona para llegar a este mundo y nunca he olvidado quién soy. Pasé por la noche oscura del alma terrena para así saber de primera mano cómo se siente un ser cuando atraviesa el desierto de la desdicha, la ignominia, el fracaso o el olvido de otro corazón. Me gusta ser humana, y me gusta vivir a mi aire. Respeto y admito (incluso me gusta) que haya gente que discrepe de mi pensar o de mí misma. Confieso que hay mucha gente —del CdR— a la que le resulto insoportable, pues mi luz pone en evidencia su mediocridad y eso es «demasié» para sus miserias redileras. Los hay que han tratado, y tratan, de igualarme hacia abajo. ¿Cómo? Comparándose conmigo, y con ellos... a la baja. Eso se nota cuando alguien cuya vida es puro desastre de diadema floja me compara con ella... Supongo que te habrá pasado muchas veces. A veces, se nos iguala a la baja cuando se nos piropea, halaga o reconoce una habilidad, y a continuación la persona alega tenerla también, por ejemplo: «Eres muy inteligente. Pero, no te vayas a creer, ¡eh! Yo también lo soy». No les hagas caso, pasa de ellos, eso sí, después de haberles hecho un corte de corona.
Estoy empeñada en contribuir a que esta Tierra sea un lugar amable donde desarrollar nuestros destinos humanos bajo la supervisión de nuestra divinidad.
© Rosetta Forner, septiembre de 2007
1
ANTES DE FROTAR LA LÁMPARA, DEBES SABER QUE, PARA DESPERTAR AL GENIO, HAY QUE TENER...
1.1. La libertad de ser «impolíticamente incorrecta»
- Si eres como los demás... puede que te acepten como miembro de honor del «Club del Redil», ése acerca del cual Groucho Marx comentó lo siguiente: «No sería de un club que me aceptase como socio». Ser políticamente correcta tiene sus ventajas, pero también su precio, y éste no es otro que el de silenciar el YO genuino y verdadero en muchas y variadas ocasiones. Silenciar, esconder, tergiversar, alienar, disimular o desequilibrar el YO genuino pasa una factura excesivamente elevada a mi entender, a cuyo coste cabe añadir una sensación de vacío y despropósito vital que no estoy dispuesta a darme.
Por el contrario, ser Impolíticamente Incorrecta, o sea, una «IMpINc» (más o menos un galimatías de personalidad revolucionista), supone conservar, airear, elevar, evolucionar y expansionar el YO genuino que, de esta forma, cobra vida y vive en libertad. Por supuesto, la sociedad, o una parte de la misma, nos pasará su factura particular, a saber: críticas y ninguneos varios. Pero... ¿a quién le importa esa factura si la felicidad campa a sus anchas por los latidos de nuestra alma humana? A mí, no.
Nunca se me pasó por la corona la idea de abdicar de mi singularidad aun a pesar de lo mucho que algunos y algunas se aplicaron en alentarme a ello. Suelo decir que a un hada es imposible extirparle o hacerle deponer su identidad por ser ésta conseguida a lo largo de muchos acontecimientos vitales.
Ser genuino, singular y rebelde aporta felicidad, inteligencia, sabiduría, libertad, satisfacción, amor, elasticidad, plenitud, abundancia, magia, risas, sanación, compasión, latidos de inolvidable intensidad y un sinfín de bondades que el alma agradece en su devenir humano. De los rebeldes ha sido el progreso y la salvación de la humanidad.
Rebeldía e ‘IMpINc’ son sinónimos, van unidos.
- La rebeldía, según cuentan, es la característica que separa a los virtuosos de los genios. La rebeldía nos permite abrir las alas del alma y nos anima a dejar fluir la genialidad que reside en los reinos invisibles de la magia y del amor humano. La gracia divina se hace verbo en el latido del corazón cuando éste osa mostrarle al mundo quién es en toda su extensión.
Como dice Clarissa Pinkola Estés en su libro Mujeres que corren con los lobos, si te han echado de muchos clubes, si te han llamado tonta, lerda, o te han tachado de inapropiada, rebelde, inmadura, loca o de ‘IMpINc’, estás salvada: la mujer salvaje (tus instintos, tu singularidad) no te ha abandonado.
O sea, eres afortunada.
Yo lo soy.
Me caracterizo por ser un hada madrina díscola, rompe moldes, absolutamente IMpINc donde las haya, y me va genial, puesto que mostrarle al mundo como eres, un maravilloso cisne, y no un patito feo —como te hicieron creer que eras, simplemente porque no andabas a trompicones como los demás: ésos que dicen y hacen lo políticamente correcto—, es darle alas al alma, es alimentar con genuino amor el corazón de esta vida humana.
- Si te dicen que «no debes, no eres, no puedes, no tienes» y un sinfín de bobadas de ese estilo, mándales con viento fresco a tomar ídem. A mí, sin ir más lejos, otra mujer me tachó de ser «la vergüenza de otras mujeres», y todo porque muestro mi singularidad. Pero ni todos los insultos, ni todas las faltas de respeto o esponsorizaciones negativas me harán desistir de mostrar mi verdadero rostro. Nadie debería esconder quién es. En su lugar, haríamos bien en pasear sin pudor ni miedo alguno la certeza de nuestro pensamiento, carácter, personalidad, sentir y genialidad para contribuir a que éste sea un planeta mejor donde vivir. Si mostramos quiénes somos, otros de nuestra especie se nos unirán, cundirá el ejemplo. Reunirnos con los de nuestra manada del alma, con los que comparten nuestro sentir y escala de valores, con esos donde el latido acerca su sentido mágico, es manjar para el alma, es la medicina que necesita el mundo humano. Dicen que el amor todo lo cura, y es cierto, pero debo añadir que sólo lo logra el que nace de un corazón auténtico. Porque sólo alguien que se atreve a mostrarle al mundo quién es, sólo alguien así sabe amar. Deberíamos desconfiar y alejarnos de todo aquel que no se atreve a ser IMpINc, ya que alguien que no se ama a sí mismo no nos amará, sino que nos esclavizará, esto es, nos conminará a hacernos adeptos del «pensamiento único», y nos querrá esclavos, idiotizados, anulados de nosotros mismos. Para manipular a alguien hay que desposeerle de su genuino sentir. Y eso es algo que nadie debería consentirle a nadie.
Soy un espíritu libre, una IMpINc donde las haya, y animo a todas las almas que habitan sus destinos humanos a que se hagan el regalo de mostrar su verdadero rostro, compartir sus verdadero pensar. Sólo la libertad nos apoyará en nuestro sueño humano de hacer de este planeta un lugar mágico donde compartir el alma divina que somos.
De pequeña solía decir que provenía de un lugar más allá del sol donde no había ni guerras ni enfermedades, donde la gente era genuinamente libre y auténtica. Creo que siempre supe que no hay nada como hacer brillar el alma que uno es para tener una vida feliz y ayudar a Gaia a sanar las heridas que le han inflingido todas esas personas que olvidaron su latido.
- ¿Te atreves a ser una o un IMpINc? Las ventajas son varias; el precio, el que tú decidas. Debo contarte que todo tiene su precio en esta vida. De cada uno de nosotros depende qué tipo de precio estamos dispuestos a pagar. Reconozco que pocas personas son conscientes de la esclavitud emocional, vital y espiritual en la que andan inmersos, y es que por aquello de ganar un sueldo y gastarnos el dinero en lo que queramos —aparentemente, lo de decidir en qué, claro—, ya consideramos que somos libres. Puede. Pero, sin entrar en terrenos socioeconómicos, te diré que creemos ser libres a nivel emocional y, en mi opinión, siempre que actuemos movidos por el miedo o nos dejemos ganar la partida por la desidia y la desilusión, habremos alejado de nosotros la alegría de vivir y la responsabilidad de hacer de nuestros días terrenos una experiencia fructífera.
- Tenemos dos opciones: (a) pensar según nos indican, o (b) pensar según decidamos y consideremos. La opción (a) es aparentemente la que nos proporcionará más placer, puesto que no tendremos que pelearnos con nadie para abrirnos camino con sus «indicaciones». En cambio, la (b) nos parece atractiva pero peligrosa. ¿Peligrosa? Sí, peligrosa porque nos conduce a un camino sin retorno, ya que una vez saboreada la libertad de un corazón genuino, la bondad de un alma abierta, nunca más querremos volver a pasar hambre de nosotros mismos. Dicho de otro modo: nos negaremos a abdicar de nuestra singularidad.
- La traición directa o indirecta de nuestra dignidad conlleva una factura cuyo coste no compensa. Puesto que la traición —sea voluntaria, consentida o inconsciente— nos deja a la intemperie existencial donde no existe amor con el que arroparnos ni compasión con la que cobijarnos cuando el temporal de la Vida nos sacuda con su llanto.
Ama siempre y respeta al ser más importante de tu vida. Y siéntete dichosa y orgullosa de ser quien eres, siempre tú. A pesar de todo, tú, una IMpINc de alas abiertas y luminosa alma.
Deja que la rebeldía aporte su pizca de alegría a tus mañanas de libertad recuperada.
- Recuerda que la integridad es sagrada, que por nada ni por nadie has de traicionarla. No existe nada en este mundo, ni nadie, que merezca semejante afrenta a tu singularidad.
Todos tenemos talentos. Todos tenemos una singularidad única e irrepetible. Sólo desde el ser genuinamente auténticos podemos contribuir a que éste sea un mundo mejor, más humano, más justo y solidario, más amoroso y creativo. Un mundo donde reinase la singularidad sería un mundo de sueños abiertos, de ideas maceradas con aroma de bondad y generosidad.
No prives al mundo de un genuino y raro (único, especial) ejemplar de IMpINc.
Soy una IMpINc, lo reconozco y me encanta. Si tú quieres ser cada día un poco más IMpINc, practica la autenticidad de ser tú misma.
- Atrévete a:
Decirle a alguien lo que te inspira.
Mostrar el rostro de tu alma.
Decir lo que piensas y no lo que otros esperan que pienses.
Vestirte como te dé la gana: ponte ese vestido que te hace sentir reina y celebra que eres un ser humano maravilloso.
- La era de los IMpINc ha comenzado. Abramos la puerta de la libertad y saquemos nuestra singularidad a pasear con osadía, respeto y sinceridad.
Por cierto, ¿por qué IM y no IN delante de «políticamente»? Porque la IN podría ser de Inteligencia, Innovación, Ingenuidad, Independencia, pero yo me apunto a la IMAGINACIÓN, a la Improvisación y a la Impertinencia de ser yo pese a quien le pese.
Cosa de hadas IMmadrinas.