Kitabı oku: «Prosas Profanas»
Rubén Darío
Prosas Profanas

Publicado por Good Press, 2022
EAN 4057664158048
Índice
PALABRAS LIMINARES
PROSAS PROFANAS
ERA UN AIRE SUAVE...
DIVAGACIÓN
SONATINA
BLASÓN
DEL CAMPO
ALABA LOS OJOS NEGROS DE JULIA
CANCIÓN DE CARNAVAL
PARA UNA CUBANA
PARA LA MISMA
BOUQUET
EL FAISÁN
GARÇONNIERE
EL PAIS DEL SOL
MARGARITA
MÍA
DICE MÍA
HERALDOS
ITE, MISSA EST
COLOQUIO DE LOS CENTAUROS
VARIA
EL POETA PREGUNTA POR STELLA
PÓRTICO
ELOGIO DE LA SEGUIDILLA
EL CISNE
LA PÁGINA BLANCA
AÑO NUEVO
SINFONÍA EN GRIS MAYOR
LA DEA
EPITALAMIO BÁRBARO
VERLAINE
RESPONSO
CANTO DE LA SANGRE
RECREACIONES ARQUEOLÓGICAS
I.—FRISO
II.—PALIMPSESTO
EL REINO INTERIOR
COSAS DEL CID
DECIRES, LAYES Y CANCIONES
LAS ANFORAS DE EPICURO
Notas al Calce
POR
RUBÉN DARIO
ILUSTRACIONES
DE
ENRIQUE OCHOA
Volumen II de las obras completas.
Administración: Editorial MUNDO LATINO
Madrid.

ES PROPIEDAD
PALABRAS LIMINARES
Índice

PALABRAS LIMINARES

Después de Azul.. después de Los Raros, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea—todo bella cosecha—, solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni oportuno: un manifiesto.
Ni fructuoso ni oportuno:
a) Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui-ne-comprend-pas. Celui-qui-ne-comprend pas es, entre nosotros, profesor, académico correspondiente de la Real Academia Española, periodista, abogado, poeta, rastaquouer,
b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo Arte a que se consagran.
c) Porque proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción.
Yo no tengo literatura "mía"—como lo ha manifestado una magistral autoridad—, para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí—; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea. Wagner a Augusta Holmés, su discípula, dijo un día: "lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a mí". Gran decir.

Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, mis secuencias, mis profanas prosas—. Tiempo y menos fatigas de alma y corazón me han hecho falta, para, como un buen monje artífice, hacer mis mayúsculas dignas de cada página del breviario. (A través de los fuegos divinos de las vidrieras historiadas, me río del viento que sopla afuera, del mal que pasa.) Tocad, campanas de oro, campanas de plata, tocad todos los días llamándome a la fiesta en que brillan los ojos de fuego, y las rosas de las bocas sangran delicias únicas. Mi órgano es un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla.
Hombre soy.

¿Hay en mi sangre alguna gota de sangre de África, o de indio chorotega o nagrandano? Pudiera ser, a despecho de mis manos de marqués; mas he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles; ¡qué queréis! yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer; y a un presidente de República no podré saludarle en el idioma en que te cantaría a ti, ¡oh, Halagabal! de cuya corte—oro, seda, mármol—me acuerdo en sueños...
(Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en Palenke y Utatlán, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata Walt Whitman.)
Buenos Aires; Cosmópolis.
¡Y mañana!

El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres: "Este, me dice, es el gran don Miguel de Cervantes Saavedra, genio y manco; éste es Lope de Vega, éste Garcilaso, éste Quintana." Yo le pregunto por el noble Gracián, por Teresa la Santa, por el bravo Góngora y el más fuerte de todos, don Francisco de Quevedo y Villegas. Después exclamo: ¡Shakespeare! ¡Dante! ¡Hugo...! (Y en mi interior: ¡Verlaine...!)
Luego al despedirme—: "Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida, de París."

¿Y la cuestión métrica? ¿Y el ritmo?
Como cada palabra tiene una alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal. La música es sólo de la idea, muchas veces.

La gritería de trescientas ocas no te impedirá, silvano, tocar tu encantadora flauta, con tal de que tu amigo el ruiseñor esté contento de tu melodía. Cuando él no esté para escucharte, cierra los ojos y toca para los habitantes de tu reino interior. ¡Oh, pueblo de desnudas ninfas, de rosadas reinas, de amorosas diosas!
Cae a tus pies una rosa, otra rosa, otra rosa. ¡Y besos!

Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta.
R. D.


PROSAS PROFANAS
Índice

ERA UN AIRE SUAVE...
Índice
Era un aire suave, de pausados giros;
El hada Harmonía ritmaba sus vuelos;
E iban frases vagas y tenues suspiros
Entre los sollozos de los violoncelos.
Sobre la terraza, junto a los ramajes,
Diríase un trémolo de liras eolias
Cuando acariciaban los sedosos trajes,
Sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.
La marquesa Eulalia risas y desvíos
Daba a un tiempo mismo para dos rivales:
El vizconde rubio de los desafíos
Y el abate joven de los madrigales.
Cerca, coronado con hojas de viña,
Reía en su máscara Término barbudo,
Y, como un efebo que fuese una niña,
Mostraba una Diana su mármol desnudo.
Y bajo un boscaje del amor palestra,
Sobre rico zócalo al modo de Jonia,
Con un candelabro prendido en la diestra
Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.
La orquesta perlaba sus mágicas notas;
Un coro de sones alados se oía;
Galantes pavanas fugaces gavotas,
Cantaban los dulces violines de Hungría.
Al oir las quejas de sus caballeros
Ríe, ríe, ríe, la divina Eulalia,
Pues son su tesoro las flechas de Eros,
El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.
¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
Tiene azules ojos, es maligna y bella;
Cuando mira vierte viva luz extraña;
Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella
El alma del rubio cristal de Champaña.
Es noche de fiesta, y el baile de trajes
Ostenta su gloria de triunfos mundanos.
La divina Eulalia, vestida de encajes,
Una flor destroza con sus tersas manos.
El teclado armónico de su risa fina
A la alegre música de un pájaro iguala.
Con los staccati de una bailarina
Y las locas fugas de una colegiala.
¡Amoroso pájaro que trinos exhala
Bajo el ala a veces ocultando el pico;
Que desdenes rudos lanza bajo el ala,
Bajo el ala aleve del leve abanico!
Cuando a media noche sus notas arranque
Y en arpegios áureos gima Filomela,
Y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque,
Como blanca góndola imprima su estela,
La marquesa alegre llegará al boscaje,
Boscaje que cubre la amable glorieta
Donde han de estrecharla los brazos de un paje,
que siendo su paje será su poeta.
Al compás de un canto de artista de Italia
Que en la brisa errante la orquesta deslíe,
Junto a los rivales, la divina Eulalia,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
¿Fué acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,
Sol con corte de astros, en campos de azur,
Cuando los alcázares llenó de fragancia
La regia y pomposa rosa Pompadour?
¿Fué cuando la bella su falda cogía
Con dedos de ninfa, bailando el minué,
Y de los compases el ritmo seguía
Sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?
¿O cuando pastoras de floridos valles
Ornaban con cintas sus albos corderos,
Y oían, divinas Tirsis de Versalles,
Las declaraciones de sus caballeros?
¿Fué en ese buen tiempo de duques pastores,
De amantes princesas y tiernos galanes,
Cuando entre sonrisas y perlas y flores
Iban las casacas de los chambelanes?
¿Fué acaso en el Norte o en el Mediodía?
Yo el tiempo y el día y el país ignoro;
Pero sé que Eulalia ríe todavía,
¡Y es cruel y eterna su risa de oro!
1893.


DIVAGACIÓN
Índice
¿Vienes? me llega aquí, pues que suspiras,
Un soplo de las mágicas fragancias
Que hicieran los delirios de las liras
En las Grecias, las Romas y las Francias.
¡Suspira así! Revuelen las abejas
Al olor de la olímpica ambrosía,
En los perfumes que en el aire dejas;
Y el dios de piedra se despierte y ría.
Y el dios de piedra se despierte y cante
La gloria de los tirsos florecientes
En el gesto ritual de la bacante
De rojos labios y nevados dientes;
En el gesto ritual que en las hermosas
Ninfalias guía a la divina hoguera,
Hoguera que hace llamear las rosas
En las manchadas pieles de pantera.
Y pues amas reir, ríe, y la brisa
Lleve el son de los líricos cristales
De tu reir, y haga temblar la risa
La barba de los Términos joviales.
Mira hacia el lado del boscaje, mira
Blanquear el muslo de marfil de Diana,
Y después de la Virgen, la Hetaira
Diosa, su blanca, rosa y rubia hermana.
Pasa en busca de Adonis; sus aromas
Deleitan a las rosas y los nardos;
Síguela una pareja de palomas
Y hay tras ella una fuga de leopardos.

¿Te gusta amar en griego? Yo las fiestas
Galantes busco, en donde se recuerde,
Al suave són de rítmicas orquestas,
La tierra de la luz y el mirlo verde.
(Los abates refieren aventuras
A las rubias marquesas. Soñolientos
Filósofos defienden las ternuras
Del amor, con sutiles argumentos,
Mientras que surge de la verde grama,
En la mano el acanto de Corinto,
Una ninfa a quien puso un epigrama
Beaumarchais, sobre el mármol de su plinto.
Amo más que la Grecia de los griegos
La Grecia de la Francia, porque en Francia,
Al eco de las Risas y los Juegos,
Su más dulce licor Venus escancia.
Demuestran más encantos y perfidias
Coronadas de flores y desnudas,
Las diosas de Clodión que las de Fidias;
Unas cantan francés, otras son mudas.
Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio
Houssaye supera al viejo Anacreonte.
En París reinan el Amor y el Genio.
Ha perdido su imperio el dios bifronte.
Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada.
Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes,
Donde el amor de mi madrina, un hada,
Tus frescos labios a los míos juntes.)
Sones de bandolín. El rojo vino
Conduce un paje rojo. ¿Amas los sones
Del bandolín, y un amor florentino?
Serás la reina en los decamerones.
(Un coro de poetas y pintores
Cuenta historias picantes. Con maligna
Sonrisa alegre aprueban los señores.
Clelia enrojece, una dueña se signa.)
¿O un amor alemán?—que no han sentido
Jamás los alemanes—: la celeste
Gretchen; claro de luna; el aria; el nido
Del ruiseñor; y en una roca agreste,
La luz de nieve que del cielo llega
Y baña a una hermosura que suspira
La queja vaga que a la noche entrega
Loreley en la lengua de la lira.
Y sobre el agua azul el caballero
Lohengrín; y su cisne, cual si fuese
Un cincelado témpano viajero,
Con su cuello enarcado en forma de S.
Y del divino Enrique Heine un canto,
A la orilla del Rhin; y del divino
Wolfgang la larga cabellera, el manto;
Y de la uva teutona el blanco vino.
O amor lleno de sol, amor de España,
Amor lleno de púrpuras y oros;
Amor que da el clavel, la flor extraña
Regada con la sangre de los toros;
Flor de gitanas, flor que amor recela
Amor de sangre y luz, pasiones locas;
Flor que trasciende a clavo y a canela,
Roja cual las heridas y las bocas.

¿Los amores exóticos acaso...?
Como rosa de Oriente me fascinas:
Me deleitan la seda, el oro, el raso.
Gautier adoraba a las princesas chinas.
¡Oh, bello amor de mil genuflexiones;
Torres de kaolín, pies imposibles,
Tazas de té, tortugas y dragones,
Y verdes arrozales apacibles!
Ámame en chino, en el sonoro chino
De Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios
Poetas que interpretan el destino;
Madrigalizaré junto a tus labios.
Diré que eres más bella que la luna;
Que el tesoro del cielo es menos rico
Que el tesoro que vela la importuna
Caricia de Marfil de tu abanico.

Ámame, japonesa, japonesa
Antigua, que no sepa de naciones
Occidentales; tal una princesa
Con las pupilas llenas de visiones,
Que aún ignorase en la sagrada Kioto,
En su labrado camarín de plata,
Ornado al par de crisantemo y loto,
La civilización de Yamagata.
O con amor hindú que alza sus llamas
En la visión suprema de los mitos,
Y hace temblar en misteriosas bramas
La iniciación de los sagrados ritos,
En tanto mueven tigres y panteras
Sus hierros, y en los fuertes elefantes
Sueñan con ideales bayaderas
Los rajahs, constelados de brillantes.
O negra, negra como la que canta
En su Jerusalem el rey hermoso,
Negra que haga brotar bajo su planta
La rosa y la cicuta del reposo...
Amor, en fin, que todo diga y cante,
Amor que encante y deje sorprendida
A la serpiente de ojos de diamante
Que está enroscada al árbol de la vida.
Amame así, fatal cosmopolita,
Universal, inmensa, única, sola
y todas; misteriosa y erudita:
Amame mar y nube, espuma y ola.
Sé mi reina de Saba, mi tesoro;
Descansa en mis palacios solitarios.
Duerme. Yo encenderé los incensarios.
Y junto a mi unicornio cuerno de oro,
Tendrán rosas y miel tus dromedarios.
Tigre Hotel, Diciembre 1894.


SONATINA
Índice
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
Está mudo el teclado de su clave sonoro;
Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
Y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
La princesa persigue por el cielo de Oriente
La libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
O en el que ha detenido su carroza argentina
Para ver de sus ojos la dulzura de luz,
O en el rey de las Islas de las rosas fragantes,
O en el que es soberano de los claros diamantes,
O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa,
Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa.
Tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
Saludar a los lirios con los versos de Mayo,
O perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
De Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
En la jaula de mármol del palacio real;
El palacio soberbio que vigilan los guardas,
Que custodian cien negros con sus cien alabardas,
Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quien volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
Más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
Calla, calla, princesa,—dice el hada madrina—
En caballo con alas, hacia acá se encamina,
En el cinto la espada y en la mano el azor,
El feliz caballero que te adora sin verte,
Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
A encenderte los labios con su beso de amor!


BLASÓN

BLASÓN
Índice
Para la condesa de Peralta.
El olímpico cisne de nieve
Con el ágata rosa del pico
Lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.
En la forma de un brazo de lira
Y del asa de un ánfora griega
Es su cándido cuello, que inspira
Como prora ideal que navega.
Es el cisne, de estirpe sagrada,
Cuyo beso, por campos de seda,
Ascendió hasta la cima rosada
De las dulces colinas de Leda.
Blanco rey de la fuente Castalia
Su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fué su barón en Italia;
Lohengrín es su príncipe rubio.
Su blancura es hermana del lino,
Del botón de los blancos rosales
Y del albo toisón diamantino
De los tiernos corderos pascuales.
Rimador de ideal florilegio
Es de armiño su lírico manto,
Y es el mágico pájaro regio
Que al morir rima el alma en un canto.
El alado aristócrata muestra
Lises albos en campo de azur,
Y ha sentido en sus plumas la diestra
De la amable y gentil Pompadour.
Boga y boga en el lago sonoro
Donde el sueño a los tristes espera,
Donde aguarda una góndola de oro
A la novia de Luis de Baviera.
Dad, Condesa, a los cisnes cariño,
Dioses son de un país halagüeño,
Y hechos son de perfume, de armiño,
De luz alba, de seda y de sueño.


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