Kitabı oku: «¿Quién es Dios en el Antiguo Testamento?», sayfa 2
EL DIOS QUE TRASCIENDE
Y para finalizar este prólogo le pedí a un buen colega y amigo de años que escribiera unas décimas con el tema de Dios, que incluyo a continuación. ¡Gracias, Luis Guillermo Montañez Vega!
El Dios que trasciende
Eres el Dios creador
que el desorden arreglaste
y en el Edén colocaste,
el objeto de tu amor.
El poderoso Señor,
que una nación escogiste,
porque a Abraham tú le pediste,
que de su tierra saliera,
para que en tu nombre hiciera,
tal y como le dijiste.
Eres Dios libertador,
amante de la justicia,
la más alegre noticia,
y bálsamo en el dolor.
Escuchaste tú el clamor,
y a Moisés así elegiste,
cuando te le apareciste,
en un extraño elemento,
por él terminó el tormento,
tal y como le dijiste.
Eres Dios, Señor y amigo,
de Elías, Samuel, Jefté
y de profetas con fe,
cada uno fue testigo.
De David bajo tu abrigo,
cuando rey fiel tú lo hiciste,
un día le prometiste,
y aseguraste su herencia,
porque te sirvió a conciencia,
tal y como le dijiste.
Eres el Dios que celoso,
estableciste instrucciones,
al pueblo diste razones,
para un futuro glorioso.
Y así se inició un hermoso,
caminar, porque insististe,
con fuerza lo condujiste,
pero un día te olvidó,
y el castigo le llegó,
tal y como le dijiste.
Tú eres un Dios que perdonas,
y tiene misericordia
y porque amas la concordia,
siempre buscas las personas.
Con ellas te relacionas,
a tu pueblo devolviste,
cuando cautivo lo viste,
con corazón desgarrado,
porque siempre lo has amado,
tal y como le dijiste.
Eres Dios de la promesa,
del Mesías que vendría,
en tú nombre él vencería,
con palabra de nobleza.
Al pueblo de tu dehesa,
que en formarlo te placiste,
a Jesús ahora le diste,
como tu hijo y salvador,
demostrando así tu amor,
tal y como le dijiste.
Samuel Pagán
Kissimmee, Florida
1 de junio del 2020
1 Aunque es importante reconocer y afirmar la importancia teológica e histórica de la literatura intertestamentaria y deuterocanónica o apócrifa para entender la relación entre los testamentos, particularmente para la comprensión de la teología neotestamentaria, nuestro énfasis se pondrá en la literatura canónica del Antiguo Testamento. El propósito nuestro es descubrir el concepto de Dios que emana de ese cuerpo literario. Para el estudio inicial de la literatura deuterocanónica o apócrifa, ver S. Pagán, Palabra viva (Miami: Caribe, 1995); ——, El Santo de Israel (Orlando: AETH, 2000).
2 El tema de la soberanía divina ha sido fundamental en la historia del pensamiento cristiano, particularmente en la teología reformada. En la actualidad, esta teología ha adquirido nueva importancia por sus implicaciones ecológicas y contextuales. El Dios soberano está interesado en la preservación de la naturaleza que creó y que sostiene.
3 Para propósitos de este libro, seguiremos el análisis canónico, según se manifiesta en la Biblia hebrea. Cuando los comentarios y las interpretaciones así lo ameriten, incorporaremos el análisis de otras versiones, particularmente la griega —conocida como la Septuaginta—. Ver S. Pagán, Introducción a la Biblia hebrea (Barcelona: Editorial Clie, 2012), para estudiar con detenimiento los cánones bíblicos y sus peculiaridades.
4 Respecto a los estudios canónicos de importancia podemos identificar particularmente la obra clásica de F. F. Bruce, the Canon of Scripture (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1988), no solo por el acercamiento descriptivo a los desafíos exegéticos y teológicos que presenta en torno a este asunto, sino también por la metodología educativa y la bibliografía que incluye y comenta. Ver también a S. Pagán, op. cit.
5 En mis obras, Palabra viva, op. cit. e Introducción a la Biblia hebrea trato estos temas de la literatura deuterocanónica y explico la dinámica alrededor de la inclusión y exclusión de esos libros apócrifos en las Biblias editadas para comunidades evangélicas y protestantes.
6 Citado por W. Zimmerli, Manual de teología del Antiguo Testamento (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1980), p. 11.
7 En torno a este tema de la historia del pueblo de Israel, pueden estudiarse las obras clásicas de John Bright, La historia de Israel (Bilbao: Desclee de Brouwer, 1996); Siegfried Herrmann, Historia de Israel: En la época del Antiguo Testamento (Salamanca: Sígueme, 1985), y S. Pagán, Historia de Israel (Barcelona: Editorial Clie, 2019).
8 El recuento de la historia del estudio teológico del Antiguo Testamento es extenso, pues desde los primeros esfuerzos homiléticos, devocionales y académicos de la iglesia primitiva hasta las investigaciones y predicaciones contemporáneas, la teología ha jugado un papel importante, aunque muchas veces se ha hecho de forma implícita y no siempre se ha reconocido. En el capítulo que presentamos las diversas metodologías de estudio de la teología veterotestamentaria (cap. 1) se incluye una bibliografía bastante importante de la historia y las modalidades de ésta tan necesaria e importante disciplina de estudios bíblicos.
Introducción

EL GRAN «YO SOY»
Pero Moisés insistió:
—Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo:
«El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes».
¿Qué les respondo si me preguntan: «¿Y cómo se llama?»
—YO SOY EL QUE SOY —respondió Dios a Moisés—.
Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas:
«YO SOY me ha enviado a ustedes».
Además, Dios le dijo a Moisés:
—Diles esto a los israelitas:
«El SEÑOR, el Dios de sus antepasados,
el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
me ha enviado a ustedes.
Este es mi nombre eterno;
este es mi nombre por todas las generaciones».
Éxodo 3:13-15
«YO SOY» ME ENVIÓ A VOSOTROS
El propósito de este libro es exponer y analizar las ideas que en torno a Dios se presentan en el Antiguo Testamento.9 El objetivo fundamental es evaluar los pasajes bíblicos que nos permitan acercarnos a ese particular e indispensable personaje que se revela de forma extraordinaria, continua y progresiva en las Sagradas Escrituras, y que, mediante su intervención en la vida e historia del pueblo de Israel, hace notoria y pública su voluntad hacia la humanidad.
La finalidad indiscutible de esta obra sobre Dios en la Biblia hebrea es identificar, estudiar y exponer los textos bíblicos, revisar las ideas religiosas y analizar los temas teológicos que puedan arrojar luz en nuestra búsqueda de comprensión del Ser Supremo. Nos interesa estudiar las narraciones que presentan al Dios que se reveló inicialmente a Moisés, para liberar a los hijos e hijas de Israel de Egipto, y que posteriormente se manifestó en la vida y obra de Jesús de Nazaret y también en la iglesia cristiana.
Este estudio, en efecto, nos relaciona con una divinidad que se especializa en intervenciones históricas y manifestaciones reales en medio de las vivencias diarias de su pueblo. Y ese Dios que se revela en la literatura bíblica, no es lejano, inaccesible, remoto e impersonal. El Señor tiene la extraordinaria capacidad y el buen deseo de comunicarse directamente con las personas y los pueblos a través de la naturaleza y la historia y también mediante profetas, profetisas, sacerdotes y poetas, entre otras personas.
Un relato bíblico que pone en justa perspectiva esta comprensión de la divinidad que se presenta en las narraciones bíblicas, se encuentra en el Libro de Éxodo. Según la narración bíblica, cuando los hijos e hijas de Israel experimentaban la opresión y vivían en cautiverio en Egipto, Dios se reveló de forma novel y espectacular a Moisés. En esa teofanía o revelación divina, el Señor le llama y comisiona a organizar y poner en efecto una empresa liberadora y un proyecto de transformación para el pueblo de Israel. En medio de una zarza ardiente, que estaba ubicada, de acuerdo con el relato bíblico, en «tierra santa», Dios claramente le dijo a Moisés:
Pero el SEÑOR siguió diciendo:
—Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto.
Los he escuchado quejarse de sus capataces,
y conozco bien sus penurias.
Así que he descendido para librarlos
del poder de los egipcios y sacarlos de ese país,
para llevarlos a una tierra buena y espaciosa,
tierra donde abundan la leche y la miel…
Éxodo 3:7-8a
El relato revela varios aspectos fundamentales y características importantes de la naturaleza divina que, posteriormente, a través de la Escritura y en la historia del pueblo, se expanden y explican aún mejor. Esa percepción de Dios sirvió de base para la identidad nacional y para la comprensión, explicación y recuento de las intervenciones divinas en medio de la humanidad. El relato de la revelación divina a Moisés está en el centro mismo de la teología bíblica.
Dios «ve» el sufrimiento de su pueblo. Se revela de esta forma una divinidad que tiene capacidad visual, es decir, que posee el don de la vista, no solo para mirar de forma distante y despreocupada lo que sucede en el mundo, sino también para, al percatarse de lo que sucede y evaluar críticamente la realidad humana, intervenir dramáticamente en la historia con un propósito redentor y liberador. El «ver» divino es una forma de comprender y solidarizarse con los israelitas, que estaban en medio de las penurias y el cautiverio a manos del faraón egipcio.
Ese «ver» divino, unido a su «oír», significa comprensión, simpatía y participación. Revela su deseo de intervención liberadora y manifiesta su anhelo de responder a las necesidades humanas más profundas e importantes. El Dios bíblico «libera» porque «ve» y «escucha», que es una manera de decir que el Señor redime porque está interesado en ponderar y atender la condición humana y tiene la capacidad y el deseo de «descender» a liberar y redimir a la humanidad de sus congojas, cautiverios y opresiones. El «ver» y el «oír» de Dios conducen a su «descender» con virtud redentora y poder liberador.
El pueblo de Israel, tanto en el recuento de la historia nacional como en la articulación de sus cánticos y cultos, continuamente afirma esa convicción. El Dios que se reveló a Moisés «conoce» las angustias de los israelitas, afirma su poder salvador y manifiesta su claro compromiso con la gente en cautiverio, orfandad y necesidad. En las narraciones históricas, en la redacción de leyes, en los mensajes proféticos y en las expresiones poéticas y religiosas del pueblo se articula clara y continuamente la misma seguridad y se revela con gran fuerza dramática la siguiente convicción:
El SEÑOR es mi roca, mi amparo, mi libertador;
es mi Dios, el peñasco en que me refugio.
Es mi escudo, el poder que me salva,
¡mi más alto escondite!
Salmos 18:2
Esa afirmación básica, de que Dios es el fundamento de la esperanza del pueblo, es el hilo conductor primario del pensamiento teológico del Antiguo Testamento. Esa seguridad le dio cohesión y sentido de dirección a la teología bíblica, y sentó las bases necesarias para el desarrollo pedagógico, moral, filosófico, teológico y ético del Nuevo Testamento.
ÉL TE HA DECLARADO LO QUE ES BUENO
En el corazón mismo de todo pensamiento teológico en la Biblia se encuentra Dios. Esta afirmación indica que para la comprensión adecuada de la literatura bíblica debemos entender lo que la Escritura dice en torno a ese singular personaje. Además, nos desafía a investigar y descubrir las implicaciones teológicas de los conceptos y las ideas fundamentales que se exponen en sus secciones legales, poéticas, históricas, proféticas y de sabiduría, entre las que podemos identificar, están las siguientes: elección, alianza o pacto, creación, sanidad, liberación y salvación.
De particular importancia es identificar y analizar las posibles relaciones entre la teología y la ética, entre el concepto de Dios y el comportamiento humano, entre las percepciones de la divinidad y las acciones diarias del pueblo y los individuos y entre la religión y la moralidad. Este importante análisis nos puede ayudar a entender mejor el tema de la espiritualidad saludable y transformadora.
Casi en cada página del Antiguo Testamento se hacen afirmaciones teológicas que tienen implicaciones importantes para la caracterización de Dios y para la comprensión de su naturaleza. En momentos, Dios se relaciona con las personas y los pueblos de forma natural, íntima y humana. En otras instancias, sin embargo, interviene en la sociedad de manera extraordinaria como poderoso creador de la naturaleza y el cosmos, como Señor de los ejércitos y como redentor y liberador del pueblo. Inclusive, en otras ocasiones se revela en medio de las liturgias semanales y las festividades religiosas y nacionales de la comunidad judía. En esas manifestaciones y autorrevelaciones es importante notar que es Dios quien lleva el papel protagónico, y el que tiene autoridad absoluta sobre la humanidad, la historia nacional e internacional y la naturaleza.
Generalmente las reflexiones en torno a Dios en el Antiguo Testamento se producen como respuesta humana a algún tipo de intervención o manifestación divina en la historia. En vez de desarrollar un sistema filosófico abstracto o un programa complejo de teología especulativa, el Antiguo Testamento presenta sus reflexiones a Dios como parte de las narraciones sobre la historia y las vivencias diarias del pueblo de Israel, en medio de oráculos proféticos, incorporados en oraciones y plegarias del templo, e, inclusive, como parte de la sabiduría popular que se pone de manifiesto en proverbios y salmos.
La teología bíblica no se descubre en la Biblia como un tratado sistemático, extenso, enciclopédico y académico saturado de especulación, sino como parte de las reflexiones continuas del pueblo en torno a la vida y sus realidades y desafíos.10 Esa peculiaridad es la que permite que en medio de la teología bíblica se encuentren no solo alabanzas, esperanzas y gratitudes, sino también quejas, dolores y desesperanzas. La teología del Antiguo Testamento incorpora en sus reflexiones la vida misma de la comunidad, con sus realidades inmediatas y desafíos existenciales. Este tipo de teología bíblica no es idealista ni ilusoria, sino real, inmediata, pertinente y contextual.
Desde la perspectiva hebraica, la existencia de Dios nunca se pone en entredicho. Según el testimonio bíblico, Dios existe y manifiesta su poder y autoridad en medio del cosmos, la humanidad y la historia. La fe del pueblo de Israel, de acuerdo con las narraciones escriturales, se fundamenta en realidades concretas, en experiencias reales, en vivencias históricas. No es el propósito de los autores sagrados especular sobre Dios, ni tampoco están muy interesados en explorar lo abstracto e intangible. No se presenta la teología bíblica como un tratado sistemático en torno a la divinidad.
Es muy interesante e importante notar, al estudiar los relatos en torno a Dios, que los escritores bíblicos no están interesados en reflexionar sobre las formas de conocer a Dios, ni explican cómo Él se les ha revelado.11 Aunque el tema de Dios está presente en lo que escriben, no desarrollan ni exponen criterios metodológicos para entender los procesos de revelación ni para discutir las formas ordinarias o extraordinarias en que la revelación divina les llegó. Lo fundamental es exponer sus percepciones e interpretaciones de la intervención divina; lo prioritario es articular una teología que se presenta en forma de relato, de enseñanza, de ordenanza o ley, de oráculo, de sabiduría, de expresión religiosa en el culto.
Los personajes bíblicos tienen experiencias sustanciales con la divinidad en medio de las vivencias cotidianas: p. ej., Abraham se encontró con Dios en su campamento nómada y durante sus viajes por los desiertos; Moisés respondió a lo sagrado no solo en la cumbre del monte Sinaí, sino también en el palacio del faraón y en la tienda del encuentro; los reyes, los sacerdotes y los profetas entendían que habían sido ungidos y comisionados por Dios para cumplir responsabilidades legales, sociales, administrativas, políticas, religiosas y aun militares, que se llevaban a efecto en la sociedad civil y en el templo; e, inclusive, los relatos de Job evidencian que Dios se manifestó en el sufrimiento, en la crisis personal y familiar y aun en medio de las dudas e incredulidades.
Esa particular característica teológica de la fe del Antiguo Testamento, que ve la presencia de Dios e interpreta su acción vital en las vivencias cotidianas de los individuos y la comunidad, no es el resultado de la falta de sofisticación teológica ni tampoco responde a un sentido de poco desarrollo filosófico y educativo. Concluir que las convicciones y afirmaciones teológicas de la Escritura de Israel son modestas y precarias porque carecen de sistemas teológicos sistemáticos es un error mayúsculo: en efecto, es una gran falta de comprensión de la naturaleza teológica de los documentos bíblicos y una interpretación equivocada de los testimonios escriturales narrativos que están a nuestra disposición.
La vitalidad y virtud teológica del Antiguo Testamento reside específicamente en su contextualidad, en su pertinencia, en su expresión de pueblo, en su cotidianidad, en su revelación diaria, en su comprensión de la vida. La profundidad de ese tipo de pensamiento teológico se relaciona íntimamente con lo común y diario de las intervenciones de Dios. La cúspide de la teología veterotestamentaria no es el descubrimiento de un sistema de especulación hipotética, sino la afirmación y celebración continua de un Dios que tiene la capacidad y el compromiso de intervenir en la historia y en la comunidad, y también se revela a individuos, para demostrar su naturaleza santa, su responsabilidad redentora, su deseo de liberación y su compromiso con la paz que se fundamenta en la justicia.
La pregunta básica y más importante de la teología del Antiguo Testamento no es si Dios existe, sino cómo esa divinidad se manifiesta libremente en medio de la sociedad. El deseo inmediato es comprender cómo esa divinidad contribuye efectivamente al desarrollo de un sistema social, político, religioso y espiritual que ponga de manifiesto su compromiso con los valores impostergables de la verdad, la justicia, la paz y la santidad. La preocupación fundamental de esta teología no es «probar la existencia de Dios», sino descubrir, identificar, explicar, afirmar y contextualizar las manifestaciones divinas en la vida de individuos, comunidades y naciones, y también en la naturaleza y el cosmos.
No les interesa a los escritores de la Biblia explicar los procesos y las dinámicas de cómo es que Dios interviene e interpela a las naciones, particularmente a Israel, y a los individuos. Su teología está siempre presente en lo que cantan, enseñan y escriben, pues se alude regularmente a la presencia divina en las narraciones patriarcales y matriarcales, los documentos legales, los relatos históricos, las porciones proféticas, las enseñanzas de sabiduría, los salmos, los proverbios, los apocalipsis y los poemas. En efecto, el conocimiento de Dios adquiere dimensiones tan cercanas e íntimas en el lenguaje bíblico, que el mismo término hebreo «conocer» no solo alude a la dinámica de adquirir y asimilar información, sino que también se utiliza para describir la intimidad de las relaciones sexuales. «Conocer» es estar cerca…
Conocer a Dios no es solo saber de su existencia y reconocer su realidad, también es experimentar su presencia y amor, que se manifiestan en la vida de manera continua y sistemática. Las formas de autorrevelación divina se producen en la palabra escrita y en la hablada, en la historia y en la naturaleza, en la guerra y en la paz. El concepto de Dios es la fuerza primaria que le da cohesión y significado a la literatura y al pensamiento teológico del Antiguo Testamento. Según el mensaje profético, esa revelación divina al ser humano se relaciona íntimamente con manifestaciones concretas de justicia, misericordia, humildad y amor:
¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
Ya se te ha dicho lo que de ti espera el SEÑOR:
Practicar la justicia, amar la misericordia,
y humillarte ante tu Dios.
Miqueas 6:8