Kitabı oku: «Enfermedades infecciosas, la historia de la humanidad y los actuales cambios climático y global»


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© Del texto: Santiago Mas-Coma, 2017
© De esta edición: Universitat de València, 2017
Maquetación: Publicacions de la Universitat de València
ISBN: 978-84-9134-207-6
![]() | Índice |
INTRODUCCIÓN
EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS EFECTOS
EL CAMBIO GLOBAL Y SUS EFECTOS
EL PROBLEMA DE LA SUPERPOSICIÓN DE LOS CAMBIOS CLIMÁTICO Y GLOBAL
LAS ENFERMEDADES DESATENDIDAS
ENFERMEDADES EMERGENTES Y RE-EMERGENTES AFECTADAS POR LOS CAMBIOS CLIMÁTICO Y GLOBAL
LA FASCIOLA PARÁSITA VIAJERA Y LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
UNA ENFERMEDAD CON ENDEMIAS HUMANAS DE DISTRIBUCIÓN DESCONCERTANTE
NUEVOS MÉTODOS Y TÉCNICAS PARA ESCLARECER LA DISTRIBUCIÓN
EL ORIGEN DE FASCIOLA EN ÉPOCAS GEOLÓGICAS PASADAS
EXPANSIÓN DE FASCIOLA Y SUS VECTORES CON LA DOMESTICACIÓN DEL GANADO
LOS PRIMEROS PASOS EN Y A PARTIR DEL CRECIENTE FÉRTIL
EL ANTIGUO EGIPTO
EL M EDITERRÁNEO: FENICIOS, GRIEGOS, ROMANOS Y ÁRABES
ÁFRICA ORIENTAL: LA ANTIGUA NUBIA, LOS CUCHITAS Y LOS PROTO-KHOISANS
ASIA: LA RUTA DE LA SEDA
AMÉRICA: EL INTERCAMBIO COLOMBINO
CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS DE FUTURO
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universitat de València,
Excmas. y dignísimas autoridades,
Compañeros y amigos de la Universitat de València:
INTRODUCCIÓN
Los agentes causales de las enfermedades infecciosas se agrupan tradicionalmente en, por un lado, organismos procariotas microscópicos como los virus, bacterias y rickettsias, y, por otro lado, organismos eucariotas que incluyen los protozoos unicelulares microscópicos y los helmintos y artrópodos metazoos en su inmensa mayoría macroscópicos. Hay ciertos hongos parásitos que también causan enfermedades en humanos y animales, pero se diferencian pronunciadamente por ser organismos de características vegetales.
Todos los agentes infecciosos antes enumerados se caracterizan además por ser organismos de índole claramente «r» dentro del continuo «r/K» que analiza y permite comparar las estrategias eto-ecológicas de los diferentes organismos. Propuesto por Cole en 1954 [1] y recogido por MacArthur y Wilson en 1967 [2], el modelo de selección r y K marcó en su día una innovación trascendental para la comprensión de las estrategias adaptativas y de los mecanismos de regulación de las poblaciones, entendiéndose por estrategia el conjunto de acciones llevadas a cabo por una población como respuesta a las características del hábitat, esto es, a un conjunto de factores de un medio más o menos estable o variable. El modelo r-K ha pasado por un sinfín de vicisitudes, desde su ensalzamiento y hasta su rechazo, tal y como aluden Mas-Coma et al. (1987) [3] en su revisión del concepto de selección r y K, los parámetros r y K, el modelo teórico, la dicotomía r/K, el continuo r-K, y sus aplicaciones al parasitismo. De un modo general cabe concluir que hoy en día el modelo r-K parece admitirse si bien únicamente con connotaciones meramente demográficas [4].
De acuerdo con dicha dicotomía, cabe resumir los aspectos extremos en el continuo r-K del siguiente modo [3,5,6]:
– Selección r: Medio: variable y/o impredecible, incierto, heterogéneo, contrastado, apremiante. Fecundidad instantánea: elevada. Desarrollo: rápido. Esperanza de vida a la edad de la primera reproducción: baja, a menudo un año o menos. Número de reproducciones: generalmente una sola (semelparidad), siendo la reproducción precoz. Mortalidad en el estado adulto: grave. Duración de vida: baja. Talla: generalmente pequeña. Competencia: baja. Renovación de las poblaciones: rápida. Densidad: variable, inferior a K, recolonización necesaria. Fluctuaciones de las poblaciones: fuertes. Regulación de las poblaciones: independiente de la densidad, de tipo catastrófico. Tipo de selección: normalizante, barreras poco eficaces (bajo politipismo). Modo de dispersión: variable, especies móviles, vagabundas. Utilización de la energía: productividad pero despilfarro de energía.
– Selección K: Medio: estable o estacionario, más bien constante, más seguro, previsible. Fecundidad instantánea: baja, pero con desarrollo del sentido parental (en vertebrados superiores). Desarrollo: lento. Esperanza de vida a la edad de la primera reproducción: elevada, hasta varios decenios. Número de reproducciones: varias (iteroparidad), reproducción diferida. Mortalidad en estado adulto: baja. Duración de vida: larga a muy larga. Talla: habitualmente grande. Competencia: potencialmente fuerte pero codificada. Renovación de las poblaciones: lenta. Densidad: constante, próxima a K. Fluctuaciones de las poblaciones: bajas. Regulación de las poblaciones: dependiente de la densidad. Tipo de selección: diversificante, barreras eficaces (fuerte politipismo). Modo de dispersión: estabilidad en el espacio, especies sedentarias. Utilización de la energía: eficacia y estabilidad.
Consideradas estas características como definitorias de los extremos de un continuo r-K, ello permite catalogar toda especie o grupo de especies comparativamente a otra especie o grupo de especies sencillamente como más o menos r o más o menos K. Así considerado, este modelo se ha mostrado muy útil para catalogar comparativamente tanto animales unos con otros, como vegetales unos con otros, disponiéndose de una muy amplia literatura sobre el tema. En este sentido, el análisis r/K también es aplicable a los organismos infecciosos, tanto los procariotas microscópicos [7] como los parásitos protozoos y helmintos [3,8].
Al analizar las estrategias etoecológicas de los organismos infecciosos desde el punto de vista de r/K, sobresale inmediatamente su tendencia hacia r, ubicándose los microorganismos procariotas de manera muy próxima a r y los protozoos acercándose a ellos. Así, virus y bacterias son buenos representantes del extremo r, de modo semejante a como elefantes y humanos lo son típicamente del extremo K. Por lo que respecta a los helmintos, éstos manifiestan su clara tendencia r si bien a cierta distancia de los microscópicos antes citados, evidenciando así que son bastante menos r. A su vez, dentro de los helmintos, los trematodos son los que se muestran más r, seguidos por los nematodos y finalmente por los cestodos.
Esta catalogación de los organismos infecciosos según r/K explica perfectamente los motivos por los cuales las enfermedades causadas por virus, bacterias y protozoos fueron rápidamente destacadas como susceptibles de mostrar modificaciones en prevalencias, intensidades y distribución geográfica, y dar lugar a emergencias, re-emergencias o epidemias, como consecuencia de los impactos del cambio climático. Se explica así también el que las enfermedades causadas por helmintos se excluyeran inicialmente de tener esta capacidad de respuesta a las modificaciones de los factores climáticos [7]. No iba a ser sino hasta algo más tarde cuando se iba a evidenciar [9] que también las helmintiasis eran capaces de responder al cambio climático, demostrándose que la anterior falta de respuesta por parte de estas enfermedades no era sino debida a la mayor tardanza de las mismas en evidenciar sus modificaciones después de un cambio climático, fruto ello de sus ciclos biológicos más largos que los de virus, bacterias y protozoos. Simplemente, se había pasado por alto que modificaciones en las helmintiasis podían haber sido consecuencias de eventos climáticos acaecidos bastante tiempo antes, meses o varios años antes. Hoy en día se cuenta ya con varios casos demostrados de impactos del cambio climático sobre trematodiasis, cestodiasis y nematodiasis varias.
La finalidad de este escrito es no solamente aludir a los impactos de las modificaciones del medio, incluidos los actuales cambios climático y global, sobre las enfermedades infecciosas, sino también analizar como modificaciones acaecidas en el pasado a lo largo de la historia de la humanidad han venido a marcar las características de estas enfermedades en el presente, tanto en lo referente a distribución geográfica como en su epidemiología. Las modernas técnicas de caracterización molecular nos están permitiendo hoy en día desentrañar pieza a pieza el rompecabezas mundial resultante de las modificaciones introducidas a lo largo de la historia humana y su subsiguiente enmarañamiento a raíz de la evolución acelerada del ser humano en las últimas décadas y de la superposición del cambio climático con el cambio global en los últimos años. En la dilucidación de los muy numerosos entresijos está destacando una enfermedad concreta, la fascioliasis, muy susceptible a los cambios climático y global, hasta el punto que el seguimiento del helminto trematodo parásito causal de la misma y de sus caracoles vectores específicos se ha convertido en un marcador inesperado pero increíblemente eficiente para dicha labor. Y lo es hasta tal punto que bien podríamos definir este escrito como «La historia de la humanidad a través de un parásito».
Antes de adentrarse en tema procede llevar a cabo una breve síntesis de algunos conceptos, para establecer y definir el marco en que esta temática se desenvuelve.
EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS EFECTOS
Dentro de la diversidad de efectos del cambio climático, sus consecuencias sobre la salud son uno de los mayores problemas, incluyendo modificaciones de distribución y rango de las enfermedades infecciosas, y magnitud y frecuencia de brotes epidémicos. Los efectos del cambio climático sobre los organismos se dan sobre: (i) fisiología, metabolismo y tasas de desarrollo; (ii) distribución; (iii) temporalidad del ciclo biológico o sus fases; y (iv) adaptación, especialmente en organismos «estrategas r» [10].
Variables climáticas que afectan la transmisión y diseminación de las enfermedades infecciosas
No se pueden hacer generalizaciones sobre efectos del cambio climático en las enfermedades infecciosas. La heterogeneidad de ciclos en los agentes patógenos incluye estrategias completamente antagonistas. Determinados cambios climáticas pueden originar modificaciones en enfermedades infecciosas con direcciones opuestas incluso en una misma área, aumentando la transmisión y distribución geográfica de un agente infeccioso pero reduciendo las de otro. Además, la modificación de un factor climático puede inducir un incremento de transmisión a determinado nivel pero lo opuesto a otro nivel del ciclo del patógeno, de modo que efectos contrapuestos pueden dar lugar a ningún o casi ningún cambio en la transmisión [9,11,12].
Los cambios climáticos no se muestran uniformes espacialmente. Así, el cambio climático puede influenciar una misma enfermedad en diferentes direcciones o grados dependiendo del área geográfica. Cabe destacar que las áreas más afectables son aquellas próximas a los extremos de la distribución geográfica de una enfermedad (zonas de borde, áreas de altitud) [9,11,12].
La temperatura incrementa la tasa de desarrollo de los parásitos. Niveles de infección y dinámicas de los sistemas parasitarios están sujetos a incrementos de temperatura. Desde la perspectiva del hospedador, si florecen antes y por más tiempo debido a temperaturas mayores a largo plazo, ello resultará en la producción de más individuos jóvenes susceptibles y conducirá a un aumento de la transmisión. Desde la perspectiva del patógeno, un incremento en duración y media de temperatura llevará a la ampliación de la ventana de transmisión y tasa de desarrollo de los estadios infectantes, aumentando la transmisión. Como consecuencia, el calentamiento global originará mayores niveles de enfermedad [12].
Modificaciones de precipitación y pluviometría pueden dar lugar a condiciones locales más húmedas o secas, influenciando el rango de supervivencia, estacionalidad y viabilidad de muchos estadios de vida libre de los patógenos, pero también de aquellos dentro de caracoles e insectos vectores e incluso pequeños vertebrados, tanto exotermos como endotermos. La nubosidad y la polución aérea interactúan con la radiación solar, más o menos dañina para los estadios exógenos de los agentes infecciosos, pero que puede jugar un papel opuesto en vectores como sucede en el caso de caracoles vectores como Planórbidos y Lymnaéidos, que se alimentan preferentemente de algas dulceacuícolas [11].
Además, las influencias de cada una de estas variables climáticas en las enfermedades infecciosas no puede ser analizada independientemente, debido a efectos de interacción. Las interacciones entre temperatura y variables climáticas relacionadas con el agua dará lugar a cambios en los ciclos de glaciación-deshielo, modificaciones de las colecciones de agua, o cambios de la velocidad del agua, de manera que las sequías e inundaciones aumentarán en frecuencia. Cada vez se detectan más efectos climáticos en cascada.
Temperatura y calentamiento global
El hecho de que las anomalías en la temperatura global media se hayan incrementado en los últimos 80 años con un aumento consistente y más rápido a lo largo de los últimos 25 años es ya una evidencia irrefutable [13]. La superficie de la tierra es un lugar más cálido con temperaturas máximas de verano más altas, estaciones estivales más largas y un menor número de días fríos. Un patrón observado comúnmente en los records de temperatura a largo plazo [14] lo constituye el gradual incremento de las temperaturas medias a lo largo de los últimos 40 años, si bien con un más marcado aumento en primavera desde 1989 y en invierno desde 1988 [15].
Los modelos climáticos actualmente disponibles predicen que las temperaturas de la atmosfera y de la superficie del mar van a subir unos pocos grados a lo largo de las próximas décadas, a un nivel global desde el Ártico hasta el Antártico [16,17]. Una característica importante del calentamiento global es su ostensible heterogeneidad tanto en el espacio como en el tiempo. Como una regla general, las temperaturas son mayores, en promedio, y menos variables temporalmente, tanto diariamente como estacionalmente, en latitudes bajas que en latitudes altas. La magnitud del incremento de temperatura variará de una región geográfica a la otra, y en determinadas áreas no habrá ningún cambio o incluso podrá darse un descenso. Por ejemplo, los incrementos de temperatura en regiones continentales de elevada latitud son mayores que los que se dan en regiones costeras y tropicales. Algunas áreas muestran que fueron más frías durante partes del último siglo, mientras que otras se hicieron más calurosas a velocidades mayores que las medias, en latitudes tan diferentes como en África [18] y la Antártida [19]. Mientras tanto, la temperatura invernal mundial se predice que va a aumentar más pronunciadamente que la del verano [20,21].
Los cambios climáticos estacionales afectan a un amplio abanico de sistemas biológicos, incrementando la duración de la reproducción estacional, de manera que muchos organismos se reproducen antes y durante más tiempo que lo que lo hacían antes en un mismo lugar [22]. Las estaciones veraniegas más calurosas son equivalentes a un desplazamiento de las condiciones climáticas medias a latitudes superiores y a altitudes mayores. Así, cabe esperar que observemos como los organismos expanden su distribución quizás con un retroceso en latitudes y altitudes menores. Algunos meta-análisis de los datos disponibles confirman un desplazamiento en el rango distribucional de especies relacionado con la temperatura [23].
El calentamiento global puede afectar a los biota mundiales y al funcionamiento de los ecosistemas en varios modos indirectos. Evidencias recientes indican que unas condiciones más calurosas pueden alterar la distribución geográfica de las enfermedades infecciosas y de sus vectores e incluir la emergencia de patógenos previamente considerados sin importancia [24-28], con consecuencias drásticas para sus hospedadores. A escala local, unas temperaturas más elevadas pueden también impactar sobre las tasas de desarrollo y el éxito de transmisión de los agentes patógenos, conduciendo a mayores abundancias locales de los mismos [29,30]. En lo que se refiere a la relación entre los parásitos y el clima, por ejemplo, la temperatura se ha mostrado siempre como un factor crucial y así ha sido tradicionalmente el foco de un gran número de estudios.
En el caso de los helmintos, por ejemplo, la tasa de desarrollo aumenta con la temperatura y si bien los estudios de laboratorio indican que esto es lineal, algunos estudios recientes sugieren que puede no serlo y tener un importante impacto sobre la tasa de reproducción básica del parásito R0. Los niveles de parasitismo y la dinámica de los sistemas helmintianos están sujetos al impacto de las condiciones ambientales de manera que incrementos de temperatura a largo plazo aumentarán la fuerza de la infección y la R0. ¿Cómo afectará un aumento de la estacionalidad a los sistemas helminto-hospedador? En general, si los hospedadores se reproducen antes y durante más tiempo ello dará lugar a la producción de un mayor número de jóvenes individuos y ello conducirá a un incremento de la transmisión. Desde el punto de vista del helminto, el aumento de la duración y temperatura media de la estación estival llevará a una ampliación de la ventana de transmisión y de la tasa de desarrollo de los estadios infectantes resultando en un aumento de la transmisión y de la R0 del helminto [31]. Estos argumentos llevaron a predecir que el calentamiento global conducirá a niveles aumentados de parasitismo por helmintos. No obstante, el nivel observable de parasitismo en la población hospedadora será una consecuencia de cómo el parasitismo es regulado, esto es, con diferencias según se trate de sistemas helminto-hospedador con escasa inmunidad adquirida o de sistemas regulados por inmunidad adquirida. El mejor tipo de sistema helminto-hospedador para la investigación de cómo el cambio climático puede afectar la intensidad del helminto debe ser uno a elevadas latitudes o a través de altitudes variables donde cabe esperar que los efectos del cambio climático sobre la estacionalidad sean mayores y donde podamos examinar cómo los patrones de infección varían [32].
Variables climáticas relacionadas con el agua
Además de la temperatura, las variables climáticas relacionadas con el agua se encuentran entre aquellas que más afectan la transmisión y la distribución de los agentes patógenos. Modificaciones en las proporciones de precipitación y cambios de pluviometría pueden alterar la humedad dando lugar a condiciones más húmedas o más secas en áreas concretas. Situaciones de desecación o incrementos de incendios en ecosistemas secos especialmente propicios, como por ejemplo en Australia, países mediterráneos del sur de Europa, o California, son fenómenos que afectan negativamente a la transmisión de ciertos agentes infecciosos en dichos medios. Estos factores climáticos influencian muy pronunciadamente sobre la tasa de supervivencia, estacionalidad de los estadios evolutivos de los agentes patógenos que se desarrollan en el medio externo, pero también los que se desarrollan dentro de los invertebrados vectores, tanto artrópodos insectos y garrapatas como moluscos caracoles, sin descontar tampoco a pequeños vertebrados muy susceptibles a sequías, y por tanto, homeotermos o endotermos (organismos capaces de regular su temperatura corporal) como a poiquilotermos o exotermos (organismos que no regulan su temperatura y el interior de su cuerpo donde se desarrolla el agente patógeno está a la misma temperatura que el medio externo en el que viven). En determinadas enfermedades en zonas concretas, como sucede con la malaria en África, los cambios en la transmisión de la enfermedad tienen más que ver con modificaciones en el patrón de precipitaciones que no con cambios de temperaturas [33].
Adicionalmente, las interacciones entre temperatura y las antes citadas variables relacionadas con el agua habrán de ser muy importantes en la modificación de determinados medioambientes, como por ejemplo debido a consecuencias de ambos en los ciclos de heladas y deshielos. modificaciones de los cuerpos de agua, o cambios en la velocidad del agua. Hay un acuerdo internacional en aceptar las predicciones generadas por ordenador que indican que paralelamente a un aumento de 1,4-5,8 °C en la temperatura global media, las sequías, inundaciones y aguas de escorrentía incrementarán en frecuencia y el nivel del mar puede llegar a subir en unos 11-77 cm en el año 2100 [14,34]. Estos son los dos componentes de alteración del clima: primero un incremento de las temperaturas medias y segundo un aumento de los fenómenos ambientales extremos, incluyendo mayor frecuencia de tormentas y situaciones de temperatura y precipitación extremas y consiguientemente inundaciones [35]. El clima puede jugar un importante papel en la sincronización de epidemias de enfermedades a lo ancho de amplias zonas. La extensión de esta sincronización entre poblaciones dependerá de la correlación de estos eventos climáticos entre localidades y esta correlación pasa a aumentar con la creciente frecuencia de eventos extremos a gran escala [36].
Otro efecto de gran impacto sobre las enfermedades infecciosas habrá de ser la fragmentación de hábitat, por ejemplo como consecuencia de incrementos de sequía causados por precipitación decreciente en áreas concretas. El agua dulce pasará a estar disponible en un número reducido de lugares donde humanos y animales van a tener que ineludiblemente concentrarse. La transmisión de la schistosomiasis en oasis del Sahara cuyas aguas derivan de pozas profundas y resurgencias vauclusianas, como en Túnez [37], y los focos de transmisión de fascioliasis humana aislados en localidades concretas relacionadas con la existencia de cuerpos de agua resultantes de eflorescencias superficiales en el Altiplano Norte Boliviano [38], son buenos ejemplos.
La altitud es un aspecto muy importante a considerar, ya que es evidente que estos cambios van a ser muy diferentes en las planicies a baja altitud que en las tierras altas montañosas. Los cambios climáticos en altitud pueden impactar sobre las enfermedades infecciosas que han seguido los movimientos tradicionales de humanos y animales durante siglos, como en el caso de la trashumancia, esto es, la migración estacional del ganado, así como los pueblos que tienden a la misma, entre las tierras bajas y las montañas adyacentes, de una manera parecida a como la fragmentación de hábitat lo ha hecho en la schistosomiasis modificando las transmigraciones nomádicas tradicionales.
Otro ejemplo lo constituye la evapotranspiración, que es mayor en áreas de altitud y lleva a la reducción de tanto (i) la existencia de cuerpos de agua temporales originados a partir de las lluvias como (ii) la humedad a nivel de la superficie del suelo [38]. Los cuerpos de agua temporales son necesarios para las poblaciones de insectos vectores que presentan estadios larvarios acuáticos en sus ciclos, como los mosquitos, pero evidentemente también para las especies de caracoles dulceacuícolas, estableciendo dinámicas estacionales que a su vez se reflejan en la estacionalidad que demuesta la epidemiología de las enfermedades infecciosas de transmisión vectorial. La humedad a nivel de superficie del suelo tiene que ser la apropiada para mantener la viabilidad de las fases de vida libre de los agentes patógenos.
Otras variables climáticas, su interacción y efectos
Entre las restantes variables climáticas, cabe resaltar aquellas relacionadas con la iluminación solar. La radiación, tanto de fuentes naturales (luz solar directa) como artificial (radiación Gamma y ultravioleta), es más o menos dañina para los estadios de vida libre de los agentes patógenos. Sin embargo, la luz solar directa puede también llegar a ser crucial para determinados vectores de enfermedades infecciosas tales como caracoles dulceacuícolas de las familias Planorbidae y Lymnaeidae que se alimentan preferentemente de algas cianoficeas que crecen en el agua dulce.
Los cambios en la nubosidad y de la polución atmosférica están relacionadas con la radiación natural, modificando los rangos diarios e intensidades de la iluminación solar. Determinados estudios han demostrado que este factor es incluso capaz de modificar la dinámica poblacional de pequeños mamíferos [39], tal y como sucede con los roedores arvicolinos que actúan de transmisores, hospedadores intermediarios o reservorios de agentes infecciosos de interés zoonótico (algunas virosis, alveococcosis, etc.).
La heterogeneidad de los cambios climáticos en el espacio y en el tiempo, la interacción entre diferentes variables climáticas, y los efectos de estas interacciones resultan bien visibles en áreas extremas. Mientras la península Antártica se muestra como la región con un más rápido incremento de temperatura del mundo, en áreas de la costa antártica libres de hielo ha tenido lugar un descenso de 0,7° C en la temperatura aérea superficial media estacional por década desde 1986 hasta 1999. Esta tendencia de enfriamiento demostró estar significativamente correlacionado con un descenso de los vientos (velocidad media del viento estacional) y con un aumento de condiciones de cielo despejado, a su vez asociado con un descenso de la nubosidad y un aumento de la radiación solar estacional media. Como consecuencia cambiaron pronunciadamente las características hidrológicas locales, incluyendo un descenso de los índices de humedad del suelo (humedad relativa y precipitación) y de las aguas de escorrentía al suelo, torrentes y lagos del deshielo de glaciares debido a los cambios en la temperatura del verano y la radiación solar. Esta combinación de cambio climático impactó significativamente en las propiedades del ecosistema y en la diversidad y abundancia de las comunidades de invertebrados habitantes en la zona [19].
EL CAMBIO GLOBAL Y SUS EFECTOS
El amplio término de «cambio global» incluye todo tipo de modificaciones del medio ambiente [40-42], si bien en los tiempos recientes se da la tendencia de diferenciar entre cambio climático y cambio global. Este último ha pasado a referirse a las modificaciones antropogénicas de los factores bióticos y abióticos del medio. A su vez este término de «cambio global» tampoco debe confundirse con el cada vez más vulgarizado término de globalización [43,44], que tiene más que ver con el hecho de que el mundo cada vez lo vislumbremos progresivamente como más pequeño como consecuencia de las facilidades de transporte e incremento de viajes de grandes distancias intercontinentales, además de la rapidez de las interconexiones vía internet y lo que ello implica de movimientos de seres vivos y productos de todo tipo, desde por ejemplo alimentos y bebidas hasta productos financieros pasando por una amplísima y heterogénea variedad de intercambios comerciales o de algún otro tipo.
Hoy disponemos ya de una amplia bibliografía incluyendo análisis varios sobre factores del cambio global y su papel como conductores de modificaciones en las enfermedades infecciosas [45-60].
Dentro del término de «cambio global» y con finalidad simplificadora, podemos distinguir entre factores relacionados con modificaciones introducidas por el hombre en un medio concreto, por un lado, y los factores relacionados con los movimientos de personas, animales y productos, por el otro. Formando parte de las modificaciones antropogénicas del medio cabe enumerar una larga lista de situaciones que han venido a demostrar su capacidad de influenciar sobre las enfermedades infecciosas: modificaciones en el uso del terreno, construcción de presas y embalses, construcción de zonas de irrigación, canalizaciones y redes acuíferas, agricultura y plantaciones de vegetales, deforestación, urbanización [60], construcción de viales y carreteras. Entre las relacionadas con los movimientos de personas, animales y productos, cabe citar los más impactantes sobre las enfermedades infecciosas: el transporte de personas vía aérea [61,62], marítima y por carretera [63], relacionado a su vez con fenómenos como los diferentes tipos de viajeros como los profesionales de trabajo, los turistas (y estrategias de turismo en general), los migrantes esencialmente emigrantes desde países endémicos e inmigrantes en países no endémicos [64], los trabajadores expatriados, el personal militar y de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, el personal sanitario de ayuda, los misioneros religiosos, los refugiados de catástrofes y conflictos de varios tipos, etc. [65,66]; pero además también la importación y exportación de ganado [67], aves y mascotas desde animales de compañía hasta transporte ilegal de especies más o menos exóticas [68,69], y asimismo el transporte de productos alimenticios como carne y cueros [70], pescado [71] o vegetales [72,73] y de vegetales ornamentales vivos, amén de cualquier tipo de envíos que puedan representar posibilidad de transporte pasivo de agentes patógenos o de sus invertebrados vectores [74]. A todo ello cabe añadir otros fenómenos que influyen más o menos indirectamente en los antes citados, como la inestabilidad en el mundo en vías de desarrollo que desemboca en emigraciones masivas y a situaciones de refugiados, las crisis económicas profundas que pueden llegar a devastar un sistema insuficientemente anclado de higiene pública, así como también cambios socio-demográficos que entrañen situaciones favorables para la transmisión de algunas enfermedades como sucede en zonas hacinadas en las periferias de las grandes urbes.
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