Kitabı oku: «Cuestiones naturales»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 410

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARMEN CODOÑER .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2013.

López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

Primera edición: octubre de 2013

REF: GEBO475

ISBN: 9788424937720

INTRODUCCIÓN GENERAL
I. ÉPOCA DE COMPOSICIÓN

Séneca emprende la redacción de las NQ en su vejez 1 , cuando su ruptura con Nerón estaba ya prácticamente consumada 2 . Fallecido Burro 3 , el prefecto del pretorio, y vuelto Nerón hacia los peores consejeros 4 , Séneca solicita al emperador su retiro de la política, y, aunque éste se lo niega, el filósofo, sin embargo, alegando motivos de salud y de estudio, recorta paulatinamente su actividad política y social en la corte, disfrutando de una especie de semirretiro, que aprovecha para consagrarse a una intensa actividad intelectual 5 que culmina en la composición de importantes obras filosóficas; datan, en efecto, de este período las Naturales Quaestiones , las Epistulae Morales a Lucilio, probablemente el diálogo De prouidentia y algunas obras perdidas.

Resulta imposible establecer con absoluta precisión el marco temporal que Séneca dedicó a la composición de esta obra. Con todo, algunas referencias (o ausencia de referencias) puntuales a determinados acontecimientos pueden ayudarnos a fecharla con bastante aproximación.

De la falta de referencias al cometa del 64 (pese a que Séneca menciona reiteradamente los del 54 y del 60 6 ) puede deducirse que la obra (al menos el libro VII) estaba terminada hacia mediados de dicho año. Y la misma conclusión puede extraerse, quizá, de la falta de noticias sobre el terrible incendio que destruyó Roma en julio del 64 7 , teniendo en cuenta que en las NQ son mencionados otros incendios 8 . El verano o, a lo sumo, el otoño del 64 podrían así considerarse razonablemente el terminus ante quem de la composición de la obra.

Más difícil resulta establecer el terminus post quem , para lo que sería de incalculable valor conocer la fecha exacta del terremoto de Pompeya, mencionado repetidas veces por Séneca como fenómeno muy reciente 9 en el libro VI, y fechado en VI 1,2, con indicación de los cónsules, el 5 de febrero del 63 d. C. 10 Pero el problema es que Tàcito incluye dicho terremoto entre los sucesos del año 62 11 , y, además, la fecha del 63 parece a primera vista en contradicción con otras indicaciones cronológicas relativas dadas por Séneca en esta obra. Séneca habla, en efecto, en su libro VI de un terremoto que arrasó Grecia y Macedonia «el año anterior» al de Pompeya, y en el VII señala que dicho terremoto tuvo lugar dentro del año de influencia del cometa del 60 12 . La secuencia de los acontecimientos sería, pues, la siguiente: aparición del cometa (60), terremoto de Grecia y Macedonia (61), terremoto de Pompeya (62).

En función, especialmente, de esta aparente contradicción, la mayoría de los críticos se inclina hoy por dar más valor al testimonio de Tácito que al de Séneca y por considerar interpolada la mención de los cónsules en el texto de las NQ 13 . Y, en consecuencia, el terremoto de Pompeya suele fecharse en febrero del 62, que sería el terminus post quem de la composición del libro VI.

La cuestión, que parecía definitivamente zanjada, ha sido, sin embargo, reabierta recientemente por un importante artículo de Wallace-Hadrill 14 , quien defiende con numerosos argumentos la fecha del 63, reivindicando, por tanto, el testimonio de Séneca frente al de Tácito.

Considero que no es éste el lugar para la exposición detallada de los numerosos razonamientos esgrimidos a favor y en contra de dicha fecha, ninguno de los cuales puede considerarse totalmente concluyente 15 . Me limitaré a señalar, haciéndome eco de uno de los nuevos argumentos utilizados por Wallace-Hadrill 16 , que, si aceptamos, como suele ser habitual, que Séneca comenzó la composición de las NQ tras su ruptura con Nerón y su retiro de la política, a principios del 62, la fecha del 63 parece más apropiada como terminus post quem para el libro VI, puesto que Séneca necesitó tiempo para escribir, de acuerdo con el orden Non praeterit que en esta edición defendemos como originario 17 , cuatro libros, a un ritmo medio de tres meses por libro, que parece razonable 18 . El mantenimiento de dicho ritmo le llevaría a la conclusión de la obra en el invierno del 64.

Si, por el contrario, fijamos el terremoto de Pompeya en febrero del 62, y, por tanto, situamos la composición del libro VI en la primavera (o, a lo sumo, verano 19 ) de dicho año, habría que admitir o que Séneca siguió un ritmo frenético en la composición de esta obra 20 o que comenzó la elaboración de las NQ antes de su retiro de la política y compaginó su actividad en la corte con su redacción.

Dado que el prefacio del libro III, que razonablemente puede ser considerado el prefacio de la obra entera 21 , transmite la impresión de que la actividad filosófica de Séneca supone un borrón y cuenta nueva en su vida y, por tanto, hace pensar que la obra fue comenzada tras el retiro de la política, desde un punto de vista interno de la biografía de Séneca, la fecha del 63 resulta más atractiva 22 .

Pero, en todo caso, independientemente de que nos inclinemos por una u otra fecha, el fondo de la cuestión no cambia mucho y parece que la composición de las NQ ha de situarse sin reservas en los últimos años de la vida del filósofo, en la etapa de distanciamiento del emperador que culmina con su suicidio voluntario en abril del 65 d. C. Las NQ son, por tanto, una obra de madurez, escrita en unas circunstancias vitales particularmente difíciles 23 , lo que hace de ella una obra de gran intensidad y profundidad de pensamiento.

II . DESTINATARIO E INTERLOCUTOR

Las NQ , como las Epistulae Morales y el diálogo De prouidentia , están dedicadas al amigo de Séneca Lucilio Junior 24 , un caballero romano, natural de Campania 25 , algo más joven que Séneca 26 , desconocido por otras fuentes, que durante el período de redacción de las NQ desempeñaba el cargo de procurador 27 en Sicilia y que compartía con Séneca un vivo interés por la filosofía 28 y la literatura 29 . Séneca lo presenta como un novicio que, bajo la guía del maestro, avanza progresivamente por el camino de la sabiduría y de la virtud.

A lo largo de las NQ Lucilio es citado nominalmente trece veces, la mayoría en los prólogos y epílogos, donde cumple el papel formal de destinatario 30 , para desvanecerse poco después y dejar paso a un simple tú indeterminado, con el que el autor mantiene un diálogo constante a lo largo de toda la obra, y que es el principal responsable de la forma dialogada tanto de esta como de las restantes obras en prosa de Séneca. A este tú omnipresente se dirige de continuo el yo del autor con invitaciones, peticiones, observaciones, consideraciones o preguntas 31 . Pero, además, este tú con cierta frecuencia toma la palabra para formular breves objeciones y preguntas, que a continuación serán contestadas por el autor con la máxima diligencia posible 32 .

Por lo general entre este yo y este tú 33 se establece una relación similar a la de maestro/discípulo (en el que el lector puede identificarse fácilmente a sí mismo). Esta relación es especialmente perceptible en los prólogos y epílogos, en los que el tú es el destinatario de las reflexiones filosóficas o lecciones morales del filósofo. Pero una relación similar se desprende igualmente de las partes científicas, en que el yo del maestro trata de ayudar al tú del discípulo a descubrir la razón que subyace a los aparentemente anárquicos fenómenos meteorológicos.

La relación, sin embargo, que se establece entre el yo del autor y el tú del interlocutor no es unívoca a lo largo de toda la obra. En las secciones científicas esta relación con frecuencia aparece modificada y el diálogo se establece entre el filósofo-autor y los filósofos defensores (a título nominal o anónimo) de cualquiera de las distintas teorías expuestas a lo largo de la obra. También a ellos el autor, ocasionalmente, dirigirá observaciones o preguntas 34 y, llegado el caso, también ellos interrumpirán la exposición con invitaciones, sugerencias o propuestas 35 .

Pero hay más. Tan fuerte es el carácter dialogado de la obra de Séneca que a veces, incluso, cuando el autor cede la palabra a alguno de sus rivales, el uso del adversario ficticio se mantiene en la intervención de este último, aunque en este caso varía la identidad de los interlocutores, y la relación se establece entre el yo del filósofo en cuestión y el tú del autor (que puede identificarse con el lector o el alumno) 36 . Esta variación, que no está marcada desde el punto de vista léxico y cuya expresión se confía exclusivamente al contexto, no se lleva a cabo sin provocar a veces cierta oscuridad en el texto 37 .

Resulta superfluo, en todo caso, tratar de hacer una identificación demasiado precisa del interlocutor. Las NQ , como el resto de las obras en prosa de Séneca, son un falso diálogo, cuya finalidad no es otra que hacer viva la exposición y, al mismo tiempo, facilitar al autor el diálogo consigo mismo. Pese a estar formalmente dedicadas a Lucilio, en cierta medida puede decirse que el verdadero destinatario de las NQ es el propio Séneca 38 . Es por medio de este diálogo consigo mismo como Séneca pretende inculcar en el lector sus enseñanzas científicas o morales.

III . TÍTULO DE LA OBRA

Las NQ han llegado a nosotros sin título. A partir, sin embargo, de las subscriptiones de algunos códices, cabe suponer razonablemente que el título original fuese Naturalium quaestionum libri octo 39 , lo que hoy es aceptado unánimemente por todos los estudiosos. Este título parece confirmado, además, por una entrada de un catálogo del siglo IX (anterior, por tanto, en tres siglos a los primeros manuscritos) de la biblioteca de la abadía benedictina de Reichenau, donde se lee Seneca naturalium questionum I (sc. volumen) 40 .

Admitido, pues, aun con todas las reservas que dicta la prudencia, que Naturales Quaestiones sea el título originario, cabe preguntarse por las razones que llevaron a Séneca a adoptar este título y por las implicaciones que tiene en el carácter de la obra.

«PHYSIKÀ PROBLÉMATA »

Se ha señalado repetidas veces que el título de esta obra de Séneca se corresponde con títulos griegos como Physik à problémata o Zetémata, Physika ì aitíai o théseis , todos los cuales se traducen al latín habitualmente como Naturales quaestiones .

Conservamos varias obras de este tipo, entre las que destacan especialmente la colección de Problémata physiká atribuida a Aristóteles y las Aitíai physika í de Plutarco. Pero el problema es que, al menos ateniéndonos a las obras conservadas, las diferencias entre ellas y las NQ son tan notables que resulta imposible considerarlas el modelo de la obra de Séneca. No sólo se trata de obras cuyo carácter literario es prácticamente nulo 41 , sino, sobre todo, de obras cuya organización responde a un esquema compositivo mucho más simple, que difícilmente puede explicar la compleja y variada estructura de los distintos libros de las NQ . Todas estas obras, en efecto, están articuladas en pequeños capítulos de extensión variable (que va desde unas líneas hasta unas páginas) y que empiezan siempre por una pregunta específica, de carácter muy concreto, a la que se trata de dar respuesta a continuación por medio de una serie de soluciones alternativas. Las cuestiones sucesivas son generalmente independientes unas de otras, aunque también pueden organizarse en grupos de temática afín 42 .

«NATURALES QUAESTIONES » EN LA RETÓRICA ROMANA

Ante la insuficiencia de este planteamiento, es mérito de Carmen Codoñer haber propuesto relacionar el término quaestio más que con la tradición griega de los problémata o zetémata como género literario, con el valor que se le atribuía en la retórica romana 43 , donde quaestio se utilizaba como término técnico para designar las controversias de carácter general (quaestiones infinitae, théseis) , en que se discutían temas de carácter abstracto y naturaleza teórica, que no implicaban a personas o situaciones concretas 44 , por oposición a las llamadas quaestiones finitae (hypótheseis, causae ) en las que se discutían cuestiones concretas que afectaban a personas o situaciones determinadas. Entre las primeras, que son las que ahora nos interesan, se distinguían, a su vez, dos tipos: las de tipo práctico (quaestiones actionis ), orientadas a fijar normas de conducta 45 , y las de tipo teórico (quaestiones cognitionis) , cuyo objeto específico era el cultivo de la ciencia. Es precisamente a este último grupo al que pertenecerían las naturales quaestiones cuyo objetivo, al decir de Cicerón, era el de explicar «las causas y las razones de las cosas» 46 , precisamente lo que trata de hacer Séneca en su obra. Según opinión expresada por Cicerón y generalizada en la Antigüedad, mientras las quaestiones finitae son competencia del orador, estas discusiones de carácter general eran competencia exclusiva o casi exclusiva de los filósofos 47 .

De hecho, el uso de naturales quaestiones para referirse al estudio filosófico de la naturaleza está atestiguado en diversos pasajes de varios autores latinos de principios del Imperio.

El propio Séneca en epist . 88,24, tratando de precisar la relación de las «artes» (ciencias) con la filosofía y, concretamente, de señalar la utilidad que pueden prestar a esta última las primeras, recurre al ejemplo de la filosofía natural, que designa con el término naturales quaestiones: cum uentum est ad naturales quaestiones, geometriae testimonio statur («cuando el filósofo aborda las investigaciones físicas, se apoya en los datos de la geometría»). Y el mismo valor está constatado en autores como Vitrubio y Quintiliano, que subrayando la importancia de la física para la formación del arquitecto o del orador también la designan con el término naturales quaestiones 48 .

IMPLICACIONES

Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones que este título tiene en el carácter de la obra?

1. En primer lugar, su carácter dialéctico o de controversia 49 . No se trata de la mera exposición de un dogma de una escuela filosófica determinada (como hace Lucrecio) ni se trata de hacer un inventario de los conocimientos alcanzados anteriormente (como hace Plinio, con la convicción de que ya se había llegado al cénit en los distintos campos). La búsqueda de la verdad se presenta como un debate abierto, incluso, si se quiere la metáfora tan romana, como un juicio en el que Séneca, como un juez imparcial, sentencia la causa después de haber escuchado (y criticado, ratificado o refutado) los argumentos de los abogados y el testimonio de los testigos. Más aún, Séneca no sólo trata de descubrir la verdad, sino que va a guiar al lector en el proceso de descubrirla, y aunque, naturalmente, sugiere una o varias soluciones determinadas, deja el camino y la puerta abierta para otras soluciones alternativas, que no tienen que coincidir con la suya, como no siempre coincide la suya con la rígida ortodoxia de la escuela filosófica estoica a la que pertenece.

2. Pero hay más. Aunque desde un punto de vista literario la obra de Séneca no se corresponda estrictamente con el género de los zetémata o problémata , sí guarda el espíritu de ellos y creemos que su título sirve para situarla en el ámbito de la ciencia peripatética, tal como fue fundada por Aristóteles y desarrollada posteriormente por numerosos discípulos. La ciencia como investigación de problémata es propia de los peripatéticos. No sólo fue Aristóteles el que sentó las bases de este tipo de investigación, definiendo el concepto de probléma dialéctico 50 , sino que las grandes recopilaciones de problémata que poseemos, pertenecen total y exclusivamente al Perípatos . Y esto se traduce en una serie de rasgos comunes entre la investigación peripatética de la naturaleza y las NQ 51 .


a)El interés en la ciencia por la ciencia. Pese a lo que se dice frecuentemente, la ciencia para Séneca no es un medio para fundar una ética o establecer unas normas morales 52 .
b)La respuesta a un problema no tiene por qué ser única. No necesariamente tiene que ser una sola la explicación verdadera. Como Aristóteles y, sobre todo, Teofrasto, Séneca admite frecuentemente la pluralidad de explicaciones, pero no por la convicción, propia de los epicúreos, de que es imposible saber cuál es la verdadera, o, incluso, por desinterés en saberla, al pensar que es suficiente con demostrar la naturalidad de los fenómenos, sino por el convencimiento de que todas ellas son alternativas reales y el verdadero conocimiento puede ser alcanzado 53 .

3. Finalmente, una última característica que se desprende del título, repetidamente señalada, es que no se trata de un tratado completo y sistemático, como podría sugerir un título como De rerum natura o, incluso, Meteorologica , sino de una recopilación de estudios diversos, en cierta medida relacionados entre sí pero en cierta medida también independientes. La falta de un verdadero prólogo a la obra en su conjunto 54 y, sobre todo, de un epílogo 55 pueden explicarse posiblemente atendiendo a esta característica.

IV . ORDEN DE LOS LIBROS

La tradición manuscrita de las NQ ofrece la llamativa particularidad de que el orden de los libros no es el mismo en todos los códices, sino que pueden distinguirse tres órdenes diferentes: (i) en primer lugar, el orden tradicional de las ediciones (I-VII), llamado Quantum por la primera palabra del texto; (ii) en segundo lugar, el orden IVb-VII, I-IVa, denominado Grandinem por las mismas razones; (iii) y, finalmente, el orden I-III, IVb-VII, IVa, una variante del orden tradicional en la que el libro IVa se halla desplazado al final de la obra. Se plantea, por tanto, el problema de saber cuál de estas tres ordenaciones, y especialmente de las dos primeras, es la originaria; es decir, cuál era el orden de los libros del arquetipo.

Pero la cuestión del orden de los libros no se reduce ni se ha reducido a un simple problema codicológico. Desde que fue planteada por primera vez por Koeler en 1817 56 , se han sumado a la discusión una serie de argumentos que podríamos llamar internos, basados en la supuesta estructura ideal de la obra de Séneca 57 y en las referencias de unos libros a otros, argumentos que han llevado a los estudiosos no sólo a diferenciar el orden del arquetipo del orden original de composición, sino a defender numerosas propuestas de ordenación diferentes de los dos tipos señalados 58 .

Nos preguntaremos, pues, a continuación, cuál era el orden de los libros en el arquetipo para, posteriormente, discutir si hay razones suficientes para proponer un orden diferente como originario.

La respuesta a la primera pregunta, el orden de los libros en el arquetipo, ha venido viciada o, al menos, condicionada durante mucho tiempo por la reconstrucción de la historia textual hecha por Gercke, quien, por una parte, estableció un stemma bipartito, apoyándose principalmente en la distinta ordenación de los libros dentro de los mismos 59 y, por otra, conjeturó un tanto arbitrariamente 60 un orden I-VII (Quantum) para el arquetipo.

Es mérito de Hine haber establecido un nuevo stemma codicum sobre la base de nueva colación y recensión de los manuscritos, prescindiendo totalmente del orden de los libros, lo que le ha permitido, en una segunda etapa, deducir de dicho stemma el orden del arquetipo. De la coincidencia del orden Grandinem en determinados grupos de manuscritos pertenecientes a diferentes ramas (Ζ, H y π) 61 , Hine pudo deducir de manera convincente que ése era el orden del arquetipo, lo que hoy es unánimemente aceptado.

Los propios manuscritos ofrecen, sin embargo, razones para suponer que éste no era el orden originario de los libros. Estudios independientes, llevados a cabo por Carmen Codoñer 62 y el propio Hine 63 , basados en la numeración de los libros ofrecida por los códices, permiten una reconstrucción del orden originario que no coincide ni con el orden Grandinem ni con el orden Quantum . Dado que un grupo de códices primarios numeran los libros de IVb a IVa como libros 3-10, hay que suponer que ésta era la numeración del arquetipo. Y para explicar esta numeración, según la cual el libro IVb era el tercero de la obra, sólo caben dos posibilidades: (i) o bien suponer que se han perdido dos libros iniciales 64 , (ii) o bien que los dos libros iniciales han sido desplazados de su posición y situados al final de la obra como consecuencia de un accidente. Tanto Carmen Codoñer como Hine consideran que los dos primeros libros (III y IVa) se desprendieron en un momento determinado del resto y, después, fueron recolocados, por error, en la parte posterior del manuscrito. El orden original de los libros sería, por tanto, III-VII, I-II, orden que, en razón de las dos primeras palabras del libro III, recientemente B. M. Gauly ha propuesto designar como orden Non praeterit 65 .

Es ahora, una vez establecidos con criterios estrictamente codicológicos tanto el orden del arquetipo como el presunto orden original, cuando es el momento de recurrir a los criterios internos (referencias entre libros) para comprobar hasta qué punto sirven para confirmar o desmentir los resultados obtenidos.

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