Kitabı oku: «¿Acaso no soy una mujer?»
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¿Acaso no soy una mujer?
¿Acaso no soy una mujer?
Sojourner Truth
Traducción de Alexandra Jamieson Introducción de María Luisa Femenías
Índice
Portada
Portadilla
Legales
Presentación de un problema no saldado, por María Luisa Femenías
Al rescate de la memoria
La narrativa de Sojourner Truth
El discurso
Un largo y escabroso camino
Algunas cuestiones entrelazadas
La lucha por los derechos civiles
El Combahee River Collective
Derivaciones teórico-literarias
La historia continúa
Bibliografía
¿Acaso no soy una mujer?
| Truth, Sojourner¿Acaso no soy una mujer? / Sojourner Truth. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descargaTraducción de: Alexandra Jamieson.ISBN 978-950-556-831-41. Esclavitud. I. Jamieson, Alexandra, trad. II. Título.CDD 305.4201 |
©2021, RCP S.A.
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Primera edición en formato digital: septiembre de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
ISBN 978-950-556-831-4
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Diseño y diagramación del interior y de tapa: Pablo Alarcón | Cerúleo
Foto de contratapa: Biblioteca del Congreso de Estados Unidos
Presentación de un problema no saldado
¿Acaso no soy una mujer?
Sojourner Truth, discurso de 1851(1)
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Los primeros años setenta son testigos de un proceso de examen, definición, clarificación y conceptualización de la relación entre las estructuras políticas y sociales estadounidenses y la segregación racial y sexual de su sociedad. «Nadie puede enfrentar con éxito la pobreza y la desigualdad social sin reconocer la dependencia estructural del capitalismo con el patriarcado racializado», concluye por ese entonces Zillah Eisenstein, profesora de la Ithaca Univesity.(2) Junto con muchas otras teóricas, en coalición con los movimientos sociales y otras organizaciones progresistas, de la mano de las marchas de protesta que exigían finalizar la guerra de Vietnam (1955-1975), esos años desembocaron en la radicalización de las demandas por los derechos civiles de las poblaciones de color y, consecuentemente, la paulatina separación de algunos de sus líderes de los grupos más progresistas y racialmente mixtos.
La relación entre clase social —en el sentido marxista—, etnicidad y sexo (aún no se había difundido la noción de género) comienza a explorarse en términos de una síntesis de las opresiones que crean las particulares condiciones de la vida burguesa estadounidense. Por eso, los primeros grupos del black feminism, es decir, grupos compuestos por mujeres feministas «negras», se abocan a la tarea de investigar cómo se conforma el entramado y cómo convergen las diferentes opresiones simultáneas que inscriben los lugares inferiorizados y subordinados de la población de color en general y de las mujeres en particular. De acuerdo con diferentes y variadas declaraciones públicas, volantes, discursos, marchas y lemas, se puede concluir que las primeras agrupaciones estadounidenses de mujeres de color se propusieron examinar todas o algunas de las siguientes cuestiones: 1) la génesis del feminismo «negro» contemporáneo; 2) el papel de la política en la preservación y/o reversión de las exclusiones o de las segregaciones y discriminaciones en los diferentes estados de la Unión; 3) las dificultades para organizar un feminismo «negro» que potenciase sus reivindicaciones; 4) la necesidad de construir una herstory del feminismo «negro»(3) y, por último, 5) la confección de una agenda de reivindicaciones de las mujeres «negras» y sus necesidades, porque «el feminismo negro no es el feminismo blanco en una cara negra».(4)
Las páginas que siguen recogen algunos de estos problemas; comenzaremos por un brevísimo resumen histórico.
Al rescate de la memoria
El problema no es sencillo. De un lado, quienes creyeron que el color de la piel no legitimaba ni exclusiones ni esclavitudes y osaron incluso apelar a la Ley y a los Tribunales «blancos» para recuperar hijos aún esclavizados y ganarle juicios al hombre blanco; tal el caso de Sojourner Truth. Del otro lado, quienes consideraron que alguien que no es «negro/a» no puede entender el problema del racismo, la exclusión y el sometimiento histórico de ese enorme conjunto de la población humana, y bregaron por no ser consideradas «mujeres»; porque ese concepto solo incluiría —a su juicio— a las «blancas» y a las burguesas. Ambas posturas manifiestan polos opuestos de una extensa tensión que admitió y admite aún una gran variedad de posiciones intermedias.
Apelando al primer criterio, y en tanto nada de lo humano me es ajeno,(5) me atreveré a hacer un breve e incompleto racconto de cómo el atravesamiento de etnorraza no solo iluminó valiosos espacios teóricos y de reconocimiento político y social sino que brindó a millones de personas (especialmente mujeres) conceptos y teorías para elaborar su autoconciencia étnica, de género y de clase, anclándolas en su «experiencia vivida» por decirlo en las conocidas palabras de Simone de Beauvoir.
Tal como lo relata Collins, en 1831 —nos situamos en EE. UU.—, Maria W. Stewart (ca. 1803, año en que la Revolución haitiana derogaba la esclavitud) se preguntaba cuánto más «las hijas de África» se verían forzadas a enterrar sus mentes y sus talentos entre ollas de hierro y teteras.(6) Stewart, nacida Miller y huérfana a los cinco años, sirvió como trabajadora doméstica en la familia de un pastor. Adquirió en soledad toda la educación que pudo y fue la primera mujer —según Collins— en hablar en público sobre cuestiones políticas que concernían a las mujeres «negras». Sus textos escritos y los borradores que quedan constituyen el primer legado de las mujeres afrodescendientes a la causa de su emancipación. Maria Stewart alentó a las demás mujeres «negras» a rechazar la imagen negativa que se había construido de ellas, y apuntó, con el vocabulario de la época, a la opresión de clase, de género y de etnia a la que eran sometidas. En un discurso de 1833, objetó la injusticia de su situación con imágenes fuertemente religiosas y referencias bíblicas: como Salomón, que no construyó el templo pero recibió las alabanzas, los blancos de EE. UU. obtuvieron su reputación y sus bienes gracias al trabajo y el sudor de «los negros». Es preciso, entonces, «poseer espíritu de independencia» y autodefinirse más allá «de la opresión y los privilegios de los blancos», porque «quizá muramos si lo intentamos, pero sin duda moriremos si no lo hacemos».(7) Claramente consciente de su situación presente, las palabras de Stewart se dirigen sobre todo a las madres que crían a sus niños «negros», pero también a los hijos de «los blancos»: «¡Eh, ustedes, madres!, ¡Qué responsabilidad descansa sobre sus hombros!».(8) Porque, «aunque no sepan cómo hacerlo, al menos deben intentarlo». Así, Maria Stewart fue una pionera y su importancia para las mujeres «negras» es inconmensurable. Defendió la importancia de la educación de los y las jóvenes de color, como modo de superación, autoafirmación y compensación de lo que en este momento Miranda Fricker denomina «injusticia epistémica»:(9) «/…/ recaudemos fondos nosotras mismas; y al final del año o al año y medio, tendremos dinero para depositar la piedra fundamental de una escuela secundaria propia, donde nosotras podamos disfrutar de las ramas más altas del conocimiento».(10) Sin duda, Stewart fue consciente también de los abusos sexuales que sufrían las mujeres «negras». La ignominia de la esclavitud, como lugar paradigmático de la discriminación, la exclusión y la opresión, se hace ineludiblemente presente en el «mestizaje», como bien lo señala Marie Ramos Rosado.(11) En ese sentido, Stewart bregó para que los principios morales fueran los mismos para blancos y negros, mujeres y varones, porque —como lo transcribe Collins— las almas de unos y otras aman del mismo modo la libertad y la independencia, y la sangre que corre por sus venas es del mismo color, bajo sus pieles diferentes. Con justicia, se lamenta Collins de que solo conozcamos una Maria Stewart, aunque probablemente haya habido muchas otras que trabajaron en soledad y que yacen en tumbas sin nombre.
Por su parte, cuando Sojourner Truth encaró a las sufragistas, preguntándoles «¿Acaso no soy yo una mujer?», el sentido de su pregunta apuntaba a un reclamo de inclusión, basado en la deconstrucción del concepto «mujer»: las «negras» también «somos mujeres y yo que defiendo el derecho de las mujeres al voto soy “negra”, soy mujer y reclamo nuestros derechos con independencia del color de nuestra piel».(12) Fiel al primer polo que señalamos, Sojourner Truth incluso recurrió a los tribunales «blancos» para rescatar de la esclavitud a sus hijos, ganándole el juicio que le entabló a uno de sus antiguos amos.
Nacida Isabella (Bell) Baumfree, Sojourner Truth fue una de los, al menos, doce hijos que tuvieron James y Elizabeth Baumfree, ambos esclavos.(13) James había sido capturado en Ghana, y su madre, Elizabeth, también conocida como Mau-Mau Bet, en Guinea. El amo de la familia Baumfree era el coronel Hardenberg, que vivía en Esopus Creek, actualmente estado de Nueva York, paraje antiguamente bajo control alemán, por lo que la familia Hardenberg-Baumfree se comunicaba cotidianamente en un dialecto derivado de ese idioma. Esopus Creek estaba emplazado aproximadamente a unos ciento cincuenta kilómetros de la actual ciudad de Nueva York. Hacia 1806, muerto el coronel, su hijo Charles heredó a los Baumfree, y cruel como suena, los vendió separadamente. Sojourner Truth, que tenía entonces unos nueve años y era conocida como «Belle», fue comprada por un hombre llamado John Neely, del que Belle solo recordaba que había sido cruel y violento. En los siguientes años, sería vendida y comprada varias veces, hasta que finalmente —ya liberada— se estableció en Nueva York y aprendió a hablar inglés por primera vez. Según la nueva legislación de ese estado, en una fecha incierta, como veremos más adelante, fue declarada libre.
También Harriet Tubman nació esclava, con el nombre de Araminta Ross, y si bien no quedan muchos datos de sus primeros años de vida, se conjetura que nació alrededor de 1820 o 1822, en Dorchester County (Maryland). Tras una infancia plagada de malos tratos, hacia 1849 logró escapar a Filadelfia y a partir de allí realizó aproximadamente trece misiones de rescate de esclavos, comenzando por los miembros de su propia familia. En todos los casos, utilizó redes familiares y de amigos e incluso de blancos antiesclavistas. Esas redes se conocían con el nombre de underground railroad, que podríamos traducir como «tren [o vías de tren] subterráneo». A partir de 1858, colaboró con el abolicionista John Brown y durante la guerra civil sirvió al ejército del norte antiesclavista como espía. Acabada la guerra, fue activista por el voto de las mujeres blancas y negras, hasta el punto de que, cuando falleció en 1913, se convirtió en un ícono de la lucha por los derechos civiles de la población de color.(14)
De ahí el simbólico reconocimiento que, como veremos, le rindió la colectiva que firmó el Manifiesto del Combahee River en 1977. Estas valientes mujeres, y muchas otras cuyos datos ignoramos, desenmascararon el racismo de una sociedad que «no veía» (y no quería ver) a las mujeres más que de un color: el blanco, y de una condición social: la burguesa más o menos educada. Pasarían muchas décadas y muchas luchas hasta que se les reconocieran sus derechos a las personas de color, tanto a varones como a mujeres.
La narrativa de Sojourner Truth
Lo que hasta cierto punto hace notable la vida y la influencia de Sojourner Truth es que disponemos de noticias periodísticas, textos y relatos transcriptos y difundidos por sus contemporáneos. Como sabemos, Sojourner Truth era analfabeta —las firmas que quedan de ella permiten ratificarlo—, por tanto la conjetura más aceptada por las y los expertos es que diversas personas transcribieron sus discursos, sus dichos y hasta los recuerdos de su vida. En este último sentido, contamos con una obra de 324 páginas, donde después de un retrato de Truth ya anciana, dibujado a lápiz a mano alzada, se lee: Narrative of Sojourner Truth. A bondswoman of olden time, emancipated by the New York legislature in the early part of the present century with a history of her «Labors and Correspondence» drawn from her «Book of life», obra editada en Boston en 1875.(15) Sin numerar, la página siguiente aclara: Entered, according to Act of Congress, in the year 1875, BY MRS. FRANCES W. TITUS, In the Office of the Librarian of Congress, at Washington. Es decir, según el título, el libro recoge los relatos y la correspondencia personal de Sojourner Truth junto con una biografía detallada, en una edición de 1875, ingresada a la Biblioteca del Congreso de EE. UU. ese mismo año por la Sra. Frances W. Titus, y suponemos que en calidad de donación. En la siguiente carilla, hay una suerte de Advertencia al Lector, donde se informa que las primeras 128 páginas de la obra constituyen una reimpresión hecha con placas de 1850, razón por la cual —se advierte— el lenguaje está cuidadosamente adaptado a esos «días oscuros de opresión». En la página 134 —siempre siguiendo la advertencia que precede la obra—, se informa que Sojourner se presenta a sí misma como madre de trece hijos, aunque «deberíamos leer cinco hijos». No hay aclaración sobre semejante diferencia en el número de hijos, aunque podríamos formular al menos dos conjeturas: o bien la diferencia reside entre hijos vivos y muertos, o bien adjudicar a su mala dicción inglesa la confusión en el número transcripto. A continuación, también se previene a los lectores que, promediando la página 186, debe leerse que «los tranvías (street-cars) estaban diseñados para las personas pobres, blancas o negras, y que por seis peniques podían recorrerse hasta dos o tres millas». Por tanto, los «negros» (niggers) no utilizaban carruajes: «Los carruajes eran para las damas y los caballeros».
Gracias al extenso prefacio (pp. v-xi) firmado por W. M. Lloyd Garrison, destacado abolicionista, editor de The Liberator, a continuación nos informamos de que la narrativa que sigue corresponde a la vida «no simulada» (unpretending) de Sojourner Truth.(16) Es decir, se trata de una biografía «no conjetural», no «fabulada», sino real. A Truth la presenta como «una mujer extraordinaria, meritoria», que sorteó las más grandes vicisitudes (p. v). Nacida esclava, su vida se desarrolló bajo condiciones de brutalidad extrema hasta que —las fechas varían— en 1817 fue liberada. Entonces, viajó a New York, donde trabajó como empleada doméstica y cocinera. Durante sus primeros treinta años de vida, Sojourner Truth, todavía con el nombre de Isabella Baumfree, tuvo seis amos diferentes, y de ese período se registran cinco hijos, uno de los cuales probablemente murió en la infancia.
Contra la esclavitud y su vida como esclava, el prólogo no omite adjetivos denostativos: por un lado, porque los amos trataban a sus esclavos «como a ganado» (cattle) y por ello merecen todo el rechazo posible y la condena del cielo. Por otro, porque no cejaban en degradar a sus esclavos para desmoralizarlos y quebrar en ellos toda voluntad y autoestima. Según Lloyd Garrison, Sojourner fue una mujer extraordinaria precisamente porque aun así mantuvo su integridad moral, un fuerte sentimiento religioso y su mente en orden para actuar contra la opresión durante toda su larga vida. Lejos de considerarse «víctima de un sistema» abrumador, utilizó todo su talento y su influencia para derrotarlo, «con la ayuda de la bendición divina» (divine benediction). Su fuerte sentimiento religioso, su convicción de que la suya era «una misión por mandato de Dios» quedan especialmente subrayados en el prólogo, que abunda en referencias a la gloria del señor y a los castigos que recibirían quienes traficaban (making merchandise) con su imagen.
A pesar de la degradación a la que fue sometida, «supo elevarse, demasiado humana, demasiado virtuosa». A continuación leemos:
¡Americanos! Escuchamos su vanagloria por la libertad, sus gritos de independencia, sus declaraciones de hostilidad a toda forma de tiranía, sus afirmaciones de que todo hombre fue creado libre e igual y dotado por su creador con un inalienable derecho a la libertad, a [oír] el alegre tañido de las campanas y el ensordecedor rugido de los cañones, pero junto con todo eso, y sobre todo eso, también oímos el ruido metálico de las cadenas!(17) (p. vi)
Cuántas de estas palabras pertenecen exactamente a Sojourner Truth lo ignoramos. Es decir, ignoramos la exactitud y precisión de transcripciones como esta, que abundan en el prefacio, y en toda la obra, y conforman la base conceptual del libro. ¿Utilizó Sojourner admoniciones como: «Hipócritas, mentirosos, adúlteros, tiranos, ladrones de hombres, ateos»?(18) Los debates sobre la veracidad de estas y otras referencias similares abundan.
Es pecado «Profesar la creencia en la existencia de Dios, y aun así traficar con su imagen, vendiendo a los desposeídos que el hijo de Dios redimió, al entregar su vida».(19) Si ese es su vocabulario, era apocalíptico, y sus argumentos se basaban claramente en frases bíblicas y salmos que incluso se transcriben. Hay muchas referencias a la igualdad de todas las criaturas como hijos de Dios, y a la prohibición de que un hombre sea dueño de otro. Con citas «de memoria» —probablemente bien conocidas por el público que la escuchaba, dada la costumbre protestante de leer la Biblia, en familia, cada noche—, Sojourner apela a ellas en todos sus discursos. ¿Las cifras que brinda sobre la cantidad de esclavos del momento son fiables? ¿Cómo las obtuvo? Muy probablemente sus referencias a Egipto y a los faraones sean asimismo de origen bíblico. Se subraya también en el prólogo que la acción y los esfuerzos de Sojourner para liberar a quienes estaban esclavizados en el suelo de (Estados Unidos de) América fueron un ejemplo que unas y otros habían seguido.
El texto de la narración, que comienza en la página 12 (números arábigos), con una rememoración de los años de esclavitud, desde su infancia hasta que «Master Charles» hijo, muerto su padre del mismo nombre, la vende a la edad de 9 años y la separa de sus padres y hermanos. El vívido relato está separado por subtítulos que informan el contenido de cada parágrafo, en un ordenamiento cronológico claro y coherente, que conjeturamos producto de la persona que compiló sus memorias. En numerosos apartados se resalta la importancia de su formación religiosa, primero metodista y luego como miembro de la Iglesia africana (p. 17; 58). Continuamente se apela a la sabiduría bíblica y la divina. Sojourner Truth se crio y recibió su instrucción religiosa en bajo alemán, un dialecto hoy perdido,(20) que hace suponer que la pulcritud de sus dichos y de la escritura en inglés son producto de sus seguidores más ilustrados o de alguno de los pastores o clérigos que acompañaron su misión, tal como ella misma la denominaba. Las descripciones que se transcriben son minuciosas y claras, y se apoyan en salmos y frases bíblicas que se intercalan con frecuencia.
La segunda parte de la obra (Book of Life) comienza en la página 129. A partir de allí, se trascriben tanto panfletos pro y antiesclavistas como notas de diferentes periódicos sobre los periplos de Truth, sus discursos y sus respuestas a entrevistas formales e informales. Las referencias periodísticas en general están consignadas de modo impreciso para los estándares actuales, pero no así para la usanza de la época. Se transcriben también las letras de las canciones que acompañaban a los esclavos que huían a Canadá, donde ipso facto eran libres, y los anuncios de los lugares de reunión en los que Truth brindaría su discurso contra la esclavitud, incluso en plena guerra de Secesión (1861-1865). Aparecen los nombres de los miembros de la National Anti-Slavery Standard y de los benefactores que contribuían para que esas reuniones y los viajes de Soujorner fueran posibles.
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