Kitabı oku: «Colección de Hechos memorables o El erudito»
COLECCIÓN DE HECHOS MEMORABLES o EL ERUDITO
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 291
SOLINO
COLECCIÓN
DE HECHOS MEMORABLES
o
EL ERUDITO
INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
FRANCISCO J. FERNÁNDEZ NIETO

EDITORIAL GREDOS
Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JOSÉ CASTRO SÁNCHEZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2001.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO375
ISBN 9788424933128.
INTRODUCCIÓN
I. PRÓLOGO
La Colección de hechos memorables de Solino no ha conocido en los últimos tiempos mucha fortuna, tal vez por compensar el aprecio y favor de que gozó durante el final de la Antigüedad y en toda la Edad Media. A comienzos del siglo XVII el insigne humanista Salmasio 1 publicó sus monumentales Plinianae exercitationes in C. Julii Solini Polyhistorem (1629), después de haber colacionado una serie de códices de Heidelberg y de París, así como las excerptas de varios manuscritos; el texto iba acompañado de valiosos comentarios, que no eran desfavorables para nuestro autor. Reconociendo la inmensa deuda de esta colección hacia Plinio, Salmasio se preocupó esencialmente de matizar la forma en que dependía y de examinar aquellas otras partes que no proceden de la Historia Natural . Encontró que algunas noticias fueron tomadas de Pomponio Mela y que varias son de origen desconocido, que Solino cita a menudo con más precisión que sus modelos o bien indica fuentes que aquéllos no quieren mencionar o no llegaron a leer. Defendió, por último, la existencia de una segunda edición de la obra, pues la primera, que habría sido puesta en circulación sin el consentimiento de su autor, sería luego revisada y corregida por el propio Solino. El texto de Salmasio, reimpreso en 1689, sirvió de base para las ulteriores ediciones.
El impulso dado a las ciencias de la Antigüedad en la Europa del XIX , que se manifiesta profundamente en la Filología Clásica germana, condujo a K. L. Roth a plantearse la conveniencia de reeditar a Solino, cuya importancia se cifraba en su condición de complemento necesario para la crítica de Plinio y en el hecho de que contribuía a mejorar nuestra información sobre las nociones geográficas de los romanos. Muerto Roth en 1860, el material reunido pasó a manos de G. Parthey (Berlín), el editor de los itinerarios antiguos y del Ravenate, que concluyó la tarea. Y es aquí cuando emerge la gigantesca figura de Teodoro Mommsen. A instancias de Parthey, Mommsen mejoró el aparato crítico incorporando numerosas lecturas de nuevos manuscritos, de modo que la primitiva colaboración acabó trocándose en amistoso acuerdo por el que Mommsen realizaría en solitario la edición.
Así arribó el polifacético sabio alemán a las puertas de Solino y sus análisis pesaron como una losa en la consideración futura del compendio. Mommsen había descubierto en la Collectanea la oportunidad de cumplir un anhelado objetivo, a saber, el de ejemplificar en un texto concreto la técnica de Lachmann sobre la edición crítica, reconstruyendo todas las vicisitudes de la historia del mismo desde su origen hasta el último nudo de la tradición. Publicando a Solino, Mommsen dio a luz, no hay duda, una magnífica obra que todavía puede facilitar aquellas ediciones cuya transmisión manuscrita posee un árbol disperso e intrincado 2 . Pero esta dedicación tan paciente no trajo buenas consecuencias para la valoración final del autor. Mommsen dejó escrito que durante la recensión del material cayó en la cuenta de que su esfuerzo había sido mucho mayor que el fruto y añadió que la Collectanea era un compendio casi carente de interés porque, desde el momento en que conservamos a Plinio, cabría desdeñarlo por completo. No ahorró duros epítetos cuando tuvo que calificar la aportación de Solino a la literatura latina: se trataba de un librito de escasa entidad, creado por un mediocre escritor, que incluso logra hacer hablar a Plinio como si fuera un simple, usando expresiones vacías, absurdas e insípidas. Los errores que comete, apostilló, son los ridículos fallos de un pobre dómine.
El dictamen mommseniano fue en líneas generales aplaudido y, según sucede con frecuencia, exagerado por cuantos lo admitieron como válido. Hubo quien lamentó que un investigador de su talla hubiese dedicado el tiempo a una especie de copista que chocheaba (‘schwachköpfiger Kompilator’) , dando una prueba de abnegación que le honraba 3 ; para otros, la Collectanea quedó marcada con la etiqueta de obra de ínfimo valor, apenas digna de pasar a la posteridad 4 . Y a la postre, la valoración despectiva no sólo se ha introducido en las historias de la literatura latina, que suelen hablar de la nula originalidad de Solino y de los desleídos trazos de su prosa, sino que ha llegado a ejercer influencias dañinas 5 . Sin duda no es fortuito que, desde 1896, Solino no haya merecido siquiera una traducción, pese a las revisiones que se han producido en los últimos cien años 6 . Positivamente, ya es hora de devolver una cierta confianza a la Collectanea , con todas sus imperfecciones, para situar en la medida exacta la contribución de Solino a la cultura latina de época tardía, cultura que es el reflejo de una sociedad para la que aprender significó entretener y de unos lectores a quienes agradaban los catálogos y las digresiones trufados de todo linaje de materiales. Lejos de las inquietudes científicas de los siglos I y II , los resúmenes y compendios cumplieron una misión literaria y social digna de estudio y todavía podrán suministrar, si logramos desentrañar sus claves y problemas, jugosos datos sobre el acervo de los conocimientos del hombre antiguo.
II. APUNTES BIOGRÁFICOS
1. Vida
Muy poco es cuanto sabemos sobre la persona y la época de Solino, y aun todos esos retazos descansan antes en frágiles deducciones que en noticias directas. Tan sólo algunos códices de la segunda familia conservan los tria nomina de nuestro autor, C. Julio Solino, mientras que los manuscritos de la primera familia lo denominan Julio Solino, y es así como fue conocido en tiempos medievales. El dato más unánime, sin embargo, lo proporciona el consenso de la tradición manuscrita: los códices importantes, a excepción de H, en el encabezamiento de la epístola dedicatoria a Advento presentan solamente el cognomen Solino, y con éste fue designado por parte de aquellos escritores latinos tardíos que lo mencionaron (el Liber Genealogus del año 455, Prisciano e Isidoro de Sevilla). Lamentablemente, ni siquiera estas verificaciones son de gran ayuda a la hora de ilustrar los posibles orígenes de nuestro autor: si el nomen de Julio fue en todas partes frecuente y en las provincias occidentales constituye el gentilicio más habitual, el cognomen de Solino aparece veteado con tintes de hermetismo, puesto que no se halla atestiguado entre las clases distinguidas y sólo es común entre los plebeyos 7 .
La alta proporción de Solinos registrada en las Galias y el parentesco de la raíz con otros nombres célticos (Soliboduus, Solicurus, Solimarus, Solirix, Solitumarus , etc.) hicieron pensar a Mócsy que nuestro autor tuviera ascendencia galo-germana 8 , lo que no significa necesariamente ni que naciese en territorio provincial ni que escribiese allí la Collectanea . El hecho de que a la hora de enumerar todas las provincias ninguna sobresalga, así como la preferencia que se concede a la Urbe, afianzaron a Mommsen en la sospecha de que Solino había escrito, si no en la propia Roma, al menos en Italia; no obstante, Walter precisó esta hipótesis con otros argumentos, concluyendo que la inseguridad de Solino al relatar algunos pormenores topográficos de la ciudad de Roma y el desconocimiento que muestra de la geografía itálica hacen presumir que, de haber vivido en Italia, su curiosidad era esencialmente libresca 9 . Del praenomen que nos ha legado una parte de la tradición, Gayo, si es que fue verdaderamente el de nuestro autor, sólo cabe apuntar que empezó a ser infrecuente en el siglo IV , aunque hay suficientes ejemplos de su uso, al igual que de la costumbre de los tria nomina; pero del mismo tampoco cabe extraer mejores conclusiones. En la subscripción de los códices de las familias II y III se llama a nuestro autor grammaticus , y de esta atribución es difícil inferir consecuencias cronológicas: es probable que el título no proceda del mismo autor, sino de algún escriba coetáneo o posterior que quiso significar a Solino como un erudito consagrado al estudio de los modelos clásicos 10 , a quienes ya en la introducción proclama inimitables.
2. Destinatario y fecha de composicion de la obra
La identificación del Advento loado en el preámbulo resulta asimismo muy problemática, pues este personaje a quien Solino dedica su obra nos es desconocido. Desde finales del siglo II d. C. encontramos dicho cognomen entre los miembros del orden senatorial y lo llevan tanto los Antistios como los Oclatinios, aunque únicamente guardamos dos ejemplos. Quinto Antistio Advento Postumio Aquilino, protagonista de una brillante carrera, fue cónsul en el 168, durante el reinado de Marco Aurelio; culminó sus servicios con los gobiernos de las provincias de Germania Inferior y de Britania y perteneció al colegio de los feciales 11 . Pero la figura de Antistio Advento queda de inmediato invalidada porque, como se verá, los restantes indicios sobre Solino y la Collectanea nos desplazan un siglo, al menos, por detrás de Antistio, y ni la lengua ni el estilo del compendio encajan en la latinidad del siglo II .
El segundo candidato sería M. Oclatinio Advento, cónsul ordinario en el año 218 d. C. Este personaje fue un miembro del orden ecuestre encumbrado desde las filas militares, en donde comenzó desempeñando empleos nada dignos dentro de la guardia personal y de la policía secreta (encargada de ejecutar a los enemigos del Emperador). En edad ya avanzada, probablemente con más de sesenta años, fue promovido a la prefectura de las cohortes pretorianas (212 d. C.), y a la muerte de Caracalla alcanzó el puesto de praefectus urbi y obtuvo el consulado 12 . Ya en el siglo XVIII fue señalado este Advento como destinatario del libro soliniano, y aquella atribución recibió más tarde el soporte de Usener basándose en un testimonio altomedieval 13 . En efecto, el códice Monacensis lat . 14429, que estuvo en Regensburg 14 y procede seguramente del Bodensee, datado hacia finales del s. IX o comienzos del X , contiene un glosario latino de carácter cronográfico, ordenado alfabéticamente, en el que se anotó la siguiente indicación:
fol. 223u : Iulius solinus sub octiviano fuit .
Usener propuso ver en Octiviano una corrupción de Oclatinio y pretendió dejar así zanjada la identidad del receptor de la epístola introductoria, que no sería otro sino el cónsul del 218.
Contra esa solución se pronunció Gundermann, que demostró la inconsistencia de la conjetura y subsanó correctamente la falta cometida por el autor del catálogo. En principio, es difícil aceptar que no se hubiese preferido la redacción sub Oclatinio consule , e incluso resulta muy extraño el uso de fuit como remisión no a un reinado completo, sino al único año de un consulado. El caso es que el glosador, que tomó sus datos de la crónica de Jerónimo, leyó en su fuente C. Iulius Hyginus cognomento Polyhistor grammaticus y sufrió una confusión entre el famoso erudito del siglo I, liberto de Augusto, y nuestro hombre, error perfectamente comprensible si reparamos en el título alternativo de Polyhistor con que se conoció a la Collectanea (vid . más abajo) y en el atributo de grammaticus , igualmente ligado por la tradición al nombre de Solino. La forma correcta de esta glosa, por tanto, debió haber sido Iulius hyginus sub octaviano fuit 15 , lo cual deja reducido nuevamente el problema a la mera existencia del nombre Advento en la carta dedicatoria.
Por lo demás, Mommsen puso de manifiesto otras razones que dificultan un dictamen a favor de la identidad entre el Advento destinatario de la epístola y M. Oclatinio, cuales son que Solino no alude en absoluto a su dignidad consular ni califica a la persona con el título de clarissimus vir , un tratamiento que raramente se habría omitido en aquella época 16 . No holgará recordar, además, que las fuentes trazan el carácter de Oclatinio como el de un militar rudo e inculto que vacaba de cualquier atisbo de instrucción y exquisitez, hasta el extremo de que, según afirma Dión Casio (LXXVIII 14, 1), ni siquiera había aprendido a leer. Su perfil no es, desde luego, demasiado idóneo para encajar en los rasgos de erudición con que Solino nos lo dibuja en la introducción, pese a todos los ingredientes formales y retóricos que la carta contenga 17 . Por último, haría falta suponer que el anciano cónsul conservó todavía muchos años la vida después del 218, hasta llegar a recibir una obra que parece redactada, como mínimo, a finales del siglo. Sólo un punto cabría retener, en mi opinión, dentro de este problema: con la llegada de Heliogábalo al poder, M. Oclatinio mostró la habilidad de conquistarse el favor de las influyentes princesas sirias, que manejaron entre bastidores los resortes del gobierno 18 . Es presumible que su buena suerte sirviera entonces para elevar considerablemente el rango y las alianzas de su familia, transmitiendo a sus descendientes una posición privilegiada, y nada obsta para imaginar que alguno de ellos, portador también del cognomen de Advento, fuese el ignoto destinatario del libro. En ausencia de mejores datos, la sombra que encubre la personalidad del Advento soliniano pica en misterio y no permite obtener ninguna luz acerca de la época en que vivió ni del ambiente que rodeaba a nuestro autor.
En relación con la figura de Advento debe situarse la última hipótesis emitida sobre el destinatario de nuestra obra. Apoyándose en la consideración de ambas cartas dedicatorias como auténticas y en su reconstrucción de los avatares que sufrió la 1.a edición, desautorizada y corregida luego por Solino (infra , págs. 82 ss.), Schmidt ha observado que ciertos manuscritos presentan un nombre concurrente con el de Advento, que no es otro sino Constancio; y tomándolo por la lectio difficilior , propone que se trata de Constancio II (337-361), hijo de Constantino 19 . Si Julio Valerio (Alejandro Polemio) dedicó a este emperador su traducción de las hazañas de Alejandro, y Asmonio (Aftonio) su arte gramática, también Solino habría dedicado originalmente su obra a Constacio II con motivo de la visita que él y la emperatriz Eusebia cursaron a Roma el 28 de abril del 357 (Amiano, XVI 10; Monumenta Germaniae Historica, Auct. Ant . IX, Chron. Min . I, 239), cosa lógica para una composición escrita que se inicia con la historia de la Urbe, de sus antigüedades y genealogías. Como Constancio abandonó muy pronto Roma, eso explicaría lo que sucedió después: al no estar ya presente el potencial mecenas, Solino decidiría dedicar la revisión del libro a un personaje de rango inferior, Advento, que en atención a la majestad del primer destinatario no debería sentirse postergado. La ausencia del Emperador sería al mismo tiempo aprovechada para poner en circulación la obra ya corregida. Solino, en suma, habría trabajado como gramático en Roma en época de Constancio II; estaríamos, por tanto, ante un colega de Mario Victorino y de Donato, quien ciertamente mencionó algún pasaje de la Collectanea 20 . Esta brillante teoría de Schmidt posee mucho atractivo, pues brinda la posibilidad de resolver armoniosamente todas las incógnitas sobre el destinatario y la fecha del compendio, pero más adelante se verá por qué razones parece oportuno, mientras no surjan nuevos datos, mantenerla en cuarentena.
Así pues, al objeto de deducir otros criterios de datación debemos dirigir nuestra atención hacia el contenido de la propia obra. Pero tampoco aquí, conviene anticiparlo, surcaremos un terreno franco. De forma un tanto imprecisa, cabe proponer dos límites: a juzgar por las fuentes verdaderamente consultadas, Solino habría escrito después de Suetonio (cuyo estudio De anno Romanorum 21 debió de utilizar para la redacción de los apartados 1, 34-37) y habría publicado su obra antes de Amiano Marcelino, porque parece probable que Amiano leyó directamente la Colección soliniana y que ambos autores no dependen de una fuente común. En cualquier caso, el término ante quem quedaría establecido en torno al 400 d. C., puesto que Solino pudo contarse entre los modelos de Servio 22 y, sin ningún género de dudas, fue conocido por Agustín y aprovechado en el texto de la Ciudad de Dios (obra compuesta entre los años 413-426). Sabemos también que la primera familia de códices solinianos desciende de un ejemplar del siglo v, copiado por intervención personal de Teodosio II (408-450) 23 .
La fecha de composición de la Collectanea se circunscribe, en definitiva, a los siglos III y IV , ya que el s. II se excluye unánimemente tanto por razones lingüísticas como de contenido. Mommsen enumeró los indicios que le inclinaban a conceder prioridad al III sobre el IV : el hecho de que se hable únicamente de Bizancio y no de Constantinopla (1, 79; 10, 17), de que no aparezca rastro de la división provincial de Diocleciano y de Constantino, junto a la falta de referencias al cristianismo 24 , parecen favorecer esa opinión. Finalmente, el que Solino sea citado por Prisciano, contemporáneo del emperador Justiniano, como testimonio de la prosa clásica y autor entre los más antiguos y prestigiados, hizo concluir al ilustre romanista alemán que si estos datos, vistos de forma aislada, resultan endebles, valorados en conjunto difícilmente permiten trasladar a Solino al siglo IV 25 . Escasa entidad poseen otros vestigios apuntados en el debate cronológico: Solino, cuando extracta las noticias plinianas sobre los vestidos de seda de las matronas, advierte que ahora también los hombres hacen uso de ellos (50, 3). Se dijo que el primer romano que empleó trajes completamente de seda (holosericae vestes) fue Heliogábalo 26 , pero el valor de semejante noticia es muy relativo porque ya mucho antes se utilizaron esos vestidos (subsericae, bombycina); mas, sobre todo, porque la costumbre de que los varones luciesen prendas séricas se hallaba extendida ya en tiempos de Tiberio desde el momento en que fue prohibida mediante un senadoconsulto del año 16 d. C. 27 . Y la asociación de las melodías de los flautistas con los espectáculos ecuestres ofrecidos en el circo (Solino, 45, 11-12), que estuvo en boga durante el siglo III , adquiriría más congruencia si el autor escribiese en fechas coetáneas.
Contra este planteamiento mommseniano, que gozó en lo sucesivo de confianza, ha dirigido Walter varias objeciones. La principal es, a buen seguro, que ni la mención de Bizancio en lugar de Constantinopla, ni la ignorancia de la división provincial de Diocleciano, ni el silencio que se mantiene respecto al cristianismo constituyen bazas suficientes, aun sumándolas, para inclinar el fiel de la balanza en abono del siglo III , puesto que todas ellas podrían perfectamente aplicarse a otros escritores más tardíos, en concreto a Marciano Capela (¡siglo v!). La remisión de Prisciano a Solino como una autoridad de la lengua latina tampoco exige la conclusión formulada por Mommsen, puesto que el autor de las Instituciones Gramáticas concede el mismo rango de clásicos a escritores del siglo IV , como Vegecio y Amiano Marcelino. Ahora bien, junto a todo esto Walter creyó que había encontrado un argumento muy convincente. Dentro del marco de la teoría sobre la segunda edición de la Collectanea , que luego analizaremos, llamó la atención sobre aquel pasaje en donde figura el retrato de los legendarios blemias acéfalos (31, 5), subrayando el hecho de que el propio Solino —según Walter; pero el interpolador, según Mommsen— advierte al lector que no se trata de la histórica tribu nómada de los blemias que habita en las cercanías del Mar Rojo. Para Mommsen, este inciso de la tercera familia de manuscritos (SAP) sólo probaba que el autor de la interpolación poseía conocimiento de las constantes luchas que Roma sostuvo con los blemias durante el siglo IV y que quiso de esta manera evitar posibles equívocos entre los lectores. La idea de Walter es bastante distinta, pues sucede que los enfrentamientos de las tropas imperiales romanas con los blemias se iniciaron mucho antes, ya en el reinado de Decio, y continuaron veinte años después con Aureliano a fin de desalojarlos de las rutas del Alto Egipto que enlazaban el Nilo con el Mar Rojo; posteriormente, la guerra se mantuvo abierta durante el siglo IV , desde Diocleciano a Justiniano. Luego si fuese el mismo Solino quien precisó el detalle de los blemias para la edición definitiva de su obra, habríamos encontrado cómodamente dos firmes hitos para situar la redacción de la Collectanea , el año 250 d. C. como límite inferior y el 390-91 como límite superior, y este último coincidiría incluso con el término ante quem que deberíamos establecer si resultara probado que Amiano leyó a Solino. Junto a la segunda mitad del siglo III , todo el siglo IV entraría nuevamente en liza porque, en opinión de Walter, no es lícito retirarle su derecho de haber asistido a la creación del compendio soliniano 28 .
Recientemente Schmidt ha vuelto a reclamar una redacción tardía para la composición de Solino sumando varios argumentos. La obra no está subdividida en libros, luego pudo desde un principio haber sido redactada para un codex , y constituye un compendio que encaja en la época de los epitomadores de Livio y de Valerio Máximo; sus más cercanos paralelos serían Ampelio, Carisio, Diomedes, y Macrobio. El estilo, ampuloso y balbuceante, es típico del Bajo Imperio y apunta, al igual que la lengua, más bien al siglo IV que al III . Pero la baza principal consiste en su idea, antes esbozada, de que el destinatario del compendio habría sido Constancio II: esta hipótesis le permite concluir que Solino debe ser datado, dentro de la historia de la literatura latina, en la mitad del siglo IV (fecha de finalización del borrador de la Collectanea: abril del 357) 29 . A reserva del análisis que consagraremos luego al problema de la supuesta segunda elaboración del libro (infra , págs. 82 ss.), es preciso advertir aquí que esa solución, aun siendo cautivadora, tiene puntos flacos: exige dar por cierto que hubo dos cartas dedicatorias y que ambas fueron fruto de un revesado proceso, y no explica por qué hay otro nombre concurrente con el de Advento y Constancio, que es el de Herenio. Omite una alternativa válida, a saber, que vistas las coincidencias léxicas y estilísticas con textos de finales del III y comienzos del IV (Vulgata, Arnobio, probablemente Ampelio), el destinatario hubiese sido realmente el césar Constancio I (293-306), que desde su destino en varios territorios podría haber visitado Roma alguna vez y cuya permanente ausencia invitaba asimismo a desviar la dedicatoria final en beneficio de Advento. Por último, ¿es normal que en las ilustraciones miniadas de la Collectanea , que podrían datar del mismo siglo IV , la sagrada figura del Emperador fuera reemplazada por un personaje poco notorio como Advento, que tan sólo desempeñaba el papel de destinatario accidental? 30 .
De inmediato se echa de ver que las dos últimas propuestas cronológicas pasan por restaurar la vieja idea de Salmasio sobre la autenticidad de la segunda carta 31 y sobre la historicidad de la revisión y modificación por parte de Solino de la primera copia de la Collectanea , un enfoque que, como tendremos ocasión de ver, dista de ser tan concluyente como defiende Schmidt. Ahora bien, no cabe duda de que las debilidades inherentes a las deducciones cronológicas de Mommsen mantienen su vigencia, habida cuenta de que si desconociésemos la época en que vivió Marciano Capela, valiéndonos de los mismos razonamientos postularíamos su pertenencia al siglo III .
Después de un examen minucioso de todo el libro y de la valoración crítica de cada una de las noticias recopiladas, únicamente he logrado localizar dos nuevos pasajes que añadir al debate sobre la fecha de composición. El primero afecta al límite inferior o término post quem: cuando repite la información de Pomponio Mela relativa al templo de Némesis en Oropo (7, 26), Solino modifica el nombre de la diosa y la denomina Diana, obedeciendo sin duda a una tendencia que culminó entre finales del siglo II d. C. y comienzos del III en las provincias danubianas y que condujo al «sincretismo» entre ambas divinidades 32 . El segundo importa algo más. Después del parágrafo sobre los esenios, nuestro autor declara que la ciudad palestina de Engada se hallaba destruida (35, 12: Engada oppidum infra Essenos fuit, sed excisum est) . Es verdad que aquella plaza fuerte fue invadida y arrasada por los sicarios y que permaneció en ruinas a partir del 73 d. C. 33 ; pero, aproximadamente hacia el año 300, Engada fue reconstruida y disponemos de la palabra de Eusebio de Cesarea para testimoniar que en el siglo IV recuperó su antigua vida 34 . Constituiría un grave descuido, de haber escrito ya muy avanzado el IV , el que Solino omitiese esa realidad y perseverase en una noticia obsoleta, máxime porque en el pasaje paralelo de Plinio (V, 73) sobre Engada nada se dice de la destrucción del lugar, lo que induce a pensar que nuestro autor añadió ese dato tomándolo de una fuente corogràfica bien informada sobre Palestina. Hay finalmente más extremos que podrían evaluarse. Así, el sofista Sópatro de Apamea, discípulo de Jámblico, para redactar el cuarto libro de sus Extractos varios obtuvo informaciones de una obra, cuyo autor no menciona, que llevaba por título Thaumátōn synagōgḗ , es decir, Colección de hechos admirables 35 . Sópatro murió en tiempos de Constantino (306-337). El hecho es tal vez significativo en cuanto que ilustra una afición literaria hacia los motivos de mirabilibus en las últimas décadas del siglo III y a comienzos del IV y proporciona un título (¿modelo?) que pudo guiar a Solino. Otro dato a considerar es la coincidencia de léxico y de criterios entre las descalificaciones que Solino (30, 2-3; 31, 4) dirige hacia las uniones deshonestas de aquellos bárbaros que usan las mujeres en común y las fórmulas con que se condenan los matrimonios no conformes a los usos tradicionales en una constitución de Diocleciano y Maximino de mayo del 295, pues parece como si ambos redactores compartiesen un mismo estado de opinión 36 .
¿Qué sentenciar, a la postre, sobre la datación de la Collectanea? Mommsen avanzó su impresión de que la senil admiración de Solino por el pasado y sus reproches a los tiempos que le tocaron en suerte son muestra de un período decadente, que se compadece mejor con la edad de Valeriano y de Galieno que con el siglo de los Antoninos. Y pese a todo, termina, apenas cabe allegar datos mucho más seguros a causa de la desesperante escasez de información que caracteriza al autor. Mas esta pura reflexión, en la que los nombres de Valeriano y Galieno (253 d. C.-268 d. C.) sirven exclusivamente de recurso para ejemplificar una etapa, la del s. III , distinta a la anterior (el siglo de los Antoninos), fue tomada como veredicto absoluto y ha adquirido carta de naturaleza en las historias de la literatura latina y en las biografías de Solino, que fijan los días de nuestro autor bien hacia la mitad del s. III , bien durante aquellos dos reinados en concreto 37 . Con razón se han lamentado Walter y Schmidt de este abuso y no hay duda de que, ante la serie de elementos con que contamos, la prudencia recomienda matizar los juicios y evitar los pronunciamientos rotundos. Echada la sonda al mar de la Collectanea , y guiándome por todos los indicios anteriormente reseñados, por la lengua y por el espíritu que rezuma la obra, sospecho que Solino pudo escribir entre el final del siglo III y la primera mitad del siglo IV (290-350), sin que esté a nuestro alcance precisar más.
III. LA «COLECCIÓN DE HECHOS MEMORABLES»
1. Título, contenido y prefacio
Bajo el nombre de Colección de hechos memorables hemos recibido un libro-compendio que reúne los aspectos más llamativos del origen de Roma, de los varios territorios que configuraron el Imperio Romano y de las restantes partes del mundo habitado que sólo eran conocidas por relatos de viajeros y de comerciantes o por las leyendas. Pero es muy probable que nuestro autor no diese a su opúsculo ni éste ni los demás títulos conservados, sino que en la práctica debemos reconstruirlo 38 . Adhelmo de Malmesbury, muerto en el 709, es el primer testimonio que llama a la obra de Solino Collectanea rerum memorabilium . Prisciano, el único autor de época romana que menciona el título, tanto dice in collectaneis 39 como, las más de las veces, in memorabilibus , y en una sola ocasión in admirabilibus . El monje Dicuil (s. IX ), que manejó un manuscrito de la primera familia, reitera la secuencia in collectaneis , mientras que el códice N y sus afines de la tercera familia (SA) lo llaman Liber de situ orbis terrarum et de singulis mirabilibus quae mundi ambitu continentur (quae in mundo habentur SA). Los códices de la segunda familia presentan la subscripción Collectarium rerum memorabilium , y de ahí la anotación del Parisinus 6831 Collectio rerum memorabilium . Por último, la segunda carta dedicatoria declara que el nuevo título será el de Polyhistor (El erudito) en lugar del primitivo de Collectanea rerum memorabilium , modificación adoptada por la familia de códices interpolados para encabezar dicha epístola. De todo ello se deduce que la praescriptio más antigua en la tradición manuscrita debió de ser la de Collectanea rerum memorabilium , abreviada a menudo como Collectanea o Memorabilia , y que ése constituyó el título más probable de la obra 40 .