Kitabı oku: «Evo en la mira»
Sobre este libro
“El que ha tenido todo siempre no puede entender lo que significa que el Estado diga ‘mira, esto es tuyo’, por primera vez en su vida. Nadie puede imaginar hasta qué grado llega la injusticia en Bolivia. El pueblo siente que ha llegado a la presidencia, al parlamento, que tiene quien escuche y quien interprete lo que está pasando”, explica conmovido Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia.
Lo escucha Stella Calloni, periodista, escritora y corresponsal desde 1993 del periódico La Jornada de México. Sus entrevistas al jefe de Estado boliviano y una extensa investigación de años, componen este libro revelador sobre la injerencia de Estados Unidos en Suramérica y, particularmente, en Bolivia.
Figura clave en el proceso de integración regional de los últimos años, Evo habla desde las páginas de este libro para contarle al mundo su lucha contra el imperialismo. “Yo sólo gobierno obedeciendo al pueblo que me eligió para representarlo y no para engañarlo. Esta historia oculta de Bolivia debe ser escrita y contada para todos nuestros pueblos hermanos. Por eso puedo decir que esta es la hora de los pueblos y los que no lo entienden fracasarán una y otra vez”.
Índice
Sobre este libro
Evo en la mira
Introducción a la presente edición
Bolivia
Prólogo
Introducción
La simbólica asunción de Evo
Evo desafía al neocolonialismo
Parte I
Evo en la mira, 1983-2005
Capítulo 1
Evo Morales: un blanco de Washington
El Chapare: un antes y un después para Evo
Las duras enseñanzas de la injusticia en El Chapare
Las nuevas rebeliones
Cronología de una persecución anunciada
Intentos fallidos de asesinar a Evo
Morales acusado de sedición
Capítulo 2
Evo en los tiempos de Banzer
Del sindicalismo a la organización política partidaria
La persecución al diputado Morales
En la mira del presidente Quiroga
Quiroga cumplía órdenes del Departamento de Estado
Capítulo 3
Injerencia abierta y resistencia
Elecciones 2002. Evo, un blanco de EE.UU.
La explosión social
La campaña contra Evo no se detiene
Un plan para matar al candidato Evo Morales
Las derrotas de la injerencia de Washington (2003, 2004, 2005)
Actividades y presiones de EE.UU.
Grandes protestas populares
Estados Unidos fracasa otra vez
Capítulo 4
La conspiración: el robo de los misiles
La trama
El operativo secreto
Estados Unidos desarma al ejército boliviano
Recordando 1952
Parte II
Atentados, golpismo y desestabilización, 2006-2009
Capítulo 5
Los 400 golpes contra Evo
Antecedentes
Cronología de una injerencia anunciada
Acto segundo
Tercer acto y epílogo
Antecedentes de Sucre
Sucre: días de furia
De espionajes y otras cuestiones. Casos emblemáticos
El triunfo de Morales en agosto de 2008 y la violencia de una oposición antidemocrática
Cronología de un golpe “cívico-prefectural” que fracasó pero dejó desolación34
La masacre de Pando. Un antes y un después
Los factores de la derrota del golpismo
La mano que mece la cuna
Capítulo 6
Antecedentes del atentado frustrado
Hoja de ruta
Capítulo 7
Del golpismo al intento de magnicidio
Empresarios, gobiernos y medios derechistas: actuación cómplice
Mercenarios contratados
El atentado contra la casa de Terrazas
Las investigaciones
Capítulo 8
Los viejos terrorismos y las redes del sur
Conexiones criminales
Fundación UnoAmérica o el regreso de la Operación Cóndor
La conexión ustacha
De la conexión ustacha a la red fascista
Capítulo 9
De Salvador Allende a Evo Morales
El asesinato de Schneider
Las empresas cómplices
Parte III
LA CIA en Bolivia
Capítulo 10
La injerencia
Los fundamentos de la injerencia
El papel de la embajada de Estados Unidos
Injerencia de la USAID
Decisiones históricas del gobierno boliviano
La respuesta de Estados Unidos
Los trabajos de la USAID en Bolivia
La injerencia: entre la cooperación y el complot
Los condicionamientos impuestos por la USAID
CIA: la verdad
Empresas contratadas por USAID
Capítulo 11
Los pasos de la injerencia
La intervención de Estados Unidos en el siglo XXI
Nace la CIA
Capítulo 12
Las “democráticas” fundaciones golpistas que operan en Bolivia
El IRI y sus financiamientos
Objetivo: Bolivia
De golpes suaves y otras cuestiones
Golpes suaves. Jugar con fuego
El caso Bolivia
Capítulo 13
La CIA al descubierto
La revolución del 52: un hito en Bolivia
Otro hito en la historia: la CIA en la captura y asesinato del comandante Che Guevara
Parte IV
La guerra por otros medios
Capítulo 14
Contrainsurgencia mediática
Confesiones de ex agentes
Las acciones de la CIA en los medios
Un modelo: los medios en Bolivia–Sucre 2007
La sociedad de los magnates
Capítulo 15
Propaganda y contrainsurgencia
La guerra psicológica y sus mecanismos
El presidente Morales y la SIP. Un hecho insólito
Capítulo 16
Falsedades y mentiras en descubierto
Los dueños del poder mediático en Bolivia
David contra Goliat
Parte V
La DEA en Bolivia
Capítulo 17
La guerra de baja intensidad contra las drogas
Nace la DEA
El gobierno boliviano anuncia el reemplazo de la DEA
Capítulo 18
Una larga historia de injerencia
Las denuncias contra la DEA de políticos, legisladores y militares
Confesiones de Michel Levine
La DEA sin máscaras
Capítulo 19
Evo Morales ratifica la expulsión de la DEA de Bolivia
Caso Huanchaca
Algunas opiniones
Capítulo 20
Casas de torturas y miles de víctimas
Represión a campesinos
Las casas del horror
Evidencias
Parte VI
“Detenerse es ir para atrás”
Capítulo 21
Bolivia: dominación y resistencia
Capítulo 22
El gran paso emancipador y la derrota de la injerencia
“El mundo se ha puesto de cabeza o lo que estaba de cabeza se ha puesto de pie”
Parte VII
Evo Morales: la hora del pueblo
Capítulo 23
Bolivia: decidir escuchando
Bolivia y las derrotas imperiales, un hombre en su tiempo
De Isallavi a la presidencia. El duro camino
Parte VIII
Bolivia hoy
Capítulo 24
Acerca de la actualización
Algunos hechos clave en la historia breve de los últimos tiempos
El injerencismo de Estados Unidos
Capítulo 25
El rol de las ONG en el conflicto TIPNIS
Capítulo 26
Nuevas estrategias de la derecha.
Entrevista al vicepresidente Álvaro García Linera
| Calloni, StellaEvo en la mira : CIA y DEA en Bolivia / Stella Calloni. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Punto de Encuentro ; Buenos Aires : La Página , 2021. Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-4465-50-41. Geopolítica. 2. Bolivia. 3. Política Latinoamericana. I. Título. CDD 327.101 |
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Stella Calloni
Evo en la mira
CIA y DEA en Bolivia


Introducción a la presente edición
Esta es una introducción necesaria para la edición actualizada de Evo en la mira, CIA y DEA en Bolivia, ante el nuevo golpe de Estado cívico, policial y militar ocurrido entre octubre y noviembre de 2019 en ese país. Su preparación data de los primeros meses de 2018, cuando comenzó a endurecerse la campaña contra el mandatario boliviano con las constantes denuncias ante el Congreso de los Estados Unidos, por parte de la representante de La Florida, Ileana Ros Lehtinen del grupo cubanoamericano de Miami, que hostiga a Cuba y a todos los gobiernos progresistas.
Ros Lehtinen integra el grupo de representantes cubanoamericanos que preside Marcos Rubio, junto a Bob Menéndez y Ted Cruz, como asesores del presidente Donald Trump para América Latina y el Caribe, junto a personajes siniestros para nuestra región como Roger Noriega y Elliot Abrams, entre otros.
De esta manera, el golpe de Estado en Bolivia comenzó con el disparador de la palabra “fraude” que el secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro —considerado un traidor en América Latina— pronunció sin sustento alguno, dando la señal esperada por los complotados para actuar. Esta es la continuidad del golpismo de Estados Unidos: eterno allí, en Venezuela y en otros países del continente.
Desde que Estados Unidos logró desarmar las estructuras de la revolución nacionalista de 1952 en Bolivia, hecho en el que tuvo un rol decisivo el embajador estadounidense Spruille Braden, los organismos de Inteligencia como la CIA y luego la DEA permanecieron allí hasta la llegada de Evo Morales al gobierno en enero de 2006.
Braden fue también el instigador del golpe militar que derrocó el 16 de septiembre de 1955 al general Juan Domingo Perón de su segundo e histórico mandato presidencial, imponiendo la dictadura de la “Revolución Libertadora” popularmente conocida como “fusiladora”.
Asombra el modo en que muchos analistas niegan el rol de Estados Unidos como artífice del actual golpe en Bolivia, cuando en realidad fue diseñado, impulsado, financiado y dirigido desde Washington al igual que el de septiembre de 2008, cuando los mismos grupos supuestamente “cívicos” de Santa Cruz de la Sierra —que conforma la llamada “Media Luna”, la zona más rica de Bolivia, junto con los departamentos de Pando y Beni—, expertos en paramilitarismo, quemaron ciento setenta y un edificios y produjeron la masacre de los indígenas que marchaban en apoyo del presidente Morales, a quien intentaron acusar de la matanza. Fue la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) la que en esos momentos denunció la verdad de los hechos, ayudando a frustrar y derrotar el golpe.
El escenario de fines de 2019 marca otro momento en la vida política del continente. El golpe se produce con la complicidad de los gobiernos ultraderechistas de Jair Bolsonaro en Brasil y Mauricio Macri en Argentina, que han colaborado activamente como países con fronteras maleables con Bolivia.
También en momentos en que Estados Unidos está en abierta ofensiva para avanzar sobre América Latina con el proyecto geoestratégico de la recolonización continental. Como expresó públicamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que se está aplicando a América Latina en su conjunto es la Doctrina Monroe de 1823: “América para los americanos, desde Alaska hasta Tierra del Fuego” (es decir, para los norteamericanos) en su esencia imperial.
Desde fines de los 90, el proyecto para América Latina en el siglo XXI era nada más y nada menos que la recolonización regional, y el control efectivo de sus recursos naturales y su territorio. Convertir a la región en una especie de “estados libres asociados” que de libres y socios no tienen nada. Basta ver al pueblo de Puerto Rico.
Por todo esto, invadieron América Latina con sus “fundaciones” a lo largo del siglo XX, las que conformaron una red de arañas en el continente, mediante las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que, en algún tiempo, cuando en Europa se jugaba a la socialdemocracia, fueron interesantes para resolver algunas situaciones en nuestra siempre resistente región.
También a fines del siglo XX trasladaron al Comando Sur, ubicado en la zona del Canal de Panamá, hacia Fort Bening en La Florida. En el Comando Sur tenían una serie de importantes bases militares, y entre sus formidables creaciones estaba la Escuela de las Américas, cuna de la formación de militares y paramilitares para sembrar el terrorismo de Estado en nuestro continente. No es que se fueran de nuestra región, sino que ante sus proyectos bélicos para el siglo XXI, el Comando Sur resultaba más que obsoleto, un blanco muy atractivo para una posible respuesta militar o “retaliación” como se dice en sus términos.
La estrategia fue “sembrar” el Comando Sur en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe con bases militares terrestres, aéreas y navales. Desde el comienzo de la expansión a fines del siglo XIX y principios del XX, comenzaron esparciendo dictaduras brutales en Centroamérica y el Caribe y hasta allí donde alcanzaran sus tentáculos. Todavía sus tanques pensantes no pueden explicar cómo en medio de esas dictaduras, en 1959, en una isla pequeña —especialmente si uno la compara con la sede imperial— a noventa millas de sus costas, surgió la Revolución Cubana que es, hasta ahora, el único país independiente de la región, a un costo muy alto, por cierto.
Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la aplicación de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, nuestra región debió someterse a las necesidades de lo que llamaron “Occidente”. Nos aplicaron la Doctrina de Seguridad Nacional y nos instalaron dictaduras en todo el continente.
A partir de los años 60 y en los constantes y dialécticos cambios, aparece el trazado de la guerra contrainsurgente que nos aplican con todo rigor. La misma doctrina —aunque modernizada— es la que hoy regresa a la región para instalar “democracias de seguridad nacional”: de su seguridad nacional y de nuestra inseguridad colonial.
Bolivia
Es imposible entender lo que sucede en Bolivia sin la visión de este escenario geoestratégico, en que se aplica un golpe de Estado contra el primer presidente indígena, Evo Morales.
Tampoco puede entenderse la situación actual si no se conoce la historia profunda de ese país andino tantas veces olvidado y recuperado para su población mayoritaria y para el mundo, por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) con el triunfo de Evo Morales a fines de 2005 y su llegada al gobierno el 21 de enero de 2006.
Uno de sus logros más importantes fue establecer constitucionalmente la primera república plurinacional, con lo que esto significa a nivel universal.
Entre 2006 y 2019, el gobierno de Evo Morales Ayma logró un giro de ciento ochenta grados en lo social, económico y político, pero esencialmente una revolución cultural que conmovió las profundas raíces coloniales.
Por primera vez, más del 62 por ciento de los habitantes de los pueblos originarios de Bolivia, verdaderos dueños de esos territorios, fueron reivindicados con esta revolución que además recuperó la cultura soterrada de tantos años de exclusión, humillación y olvido.
Los pueblos originarios estaban sometidos a un apartheid que solo puede asimilarse al sudafricano en tiempos de las luchas de Nelson Mandela.
El contenido racista de este golpe de Estado es un elemento básico para entender también a qué responden las elites ultraderechistas fascistizadas de Bolivia, las que ni siquiera pueden ser comparadas con las oligarquías regionales.
La elite de Santa Cruz de la Sierra y de otros departamentos de la Media Luna está conformada por grupos medioevales, aliados con las mafias y con todas las dictaduras que se sucedieron en ese país, ejecutores de un accionar tan brutal que su existencia pareciera imposible en el siglo XXI.
Washington estuvo involucrado en cada golpe de Estado de nuestro continente y la dependencia continúa. Por ello, nuestro gran proyecto de integración, partiendo de los cambios políticos del Mercado Común del Sur, con la llegada del aire nuevo de los gobiernos surgidos de las grandes luchas de los pueblos latinoamericanos contra el neoliberalismo desde fines de los 90, siguió siendo la emancipación independentista.
Durante el período transcurrido desde principios del siglo XXI, los presidentes de la “época de la resurrección” popular, paridos por sus pueblos en las calles y las carreteras de la región, apuntaron a recuperar las demandas históricas de la unidad latinoamericana y crearon organismos de integración como la Unasur, hasta la más acabada integración, por su pluralidad, que fue y es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Evo Morales fue y es uno de los líderes de estas alianzas como la Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA.
Sobre ellas se ha lanzado la furia imperial en estos tiempos, en su desesperada carrera para el apoderamiento recolonizador de América Latina, su llamado “patio trasero”, un continente que es un reservorio de recursos naturales que “necesitan” controlar en su etapa decadente y brutal.
En Bolivia, Morales estuvo en la mira de Washington desde que fue dirigente cocalero. En su condición de diputado y candidato presidencial incluso intentaron asesinarlo. De estos atentados también hay registros y testimonios en este libro.
Todas las indagaciones sobre golpes como el de 2008 y los intentos de 2011 y 2012, llevaron hacia los autores intelectuales, y a investigar las rutas del dinero enviado desde Estados Unidos y destinado a los opositores bolivianos mediante la Fundación para la Democracia (NED en sus siglas norteamericanas) y la Agencia Internacional para el Desarrollo, la vieja AID, que ahora llaman USAID.
La implicación documentada del embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, en el golpe de septiembre de 2008, condujo al gobierno del MAS a expulsarlo del país, como antes lo había hecho con la agencia antidrogas estadounidense, DEA. También en 2009 ordenó la salida de la Central de Inteligencia, CIA, por su infiltración en la recuperada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Conocía, sin embargo, la infiltración y el poder de la embajada especialmente en las fuerzas policiales y en la permanencia de algunas fundaciones.
El golpe contra el presidente paraguayo Fernando Lugo en 2012, la llegada de Macri al gobierno de Argentina en 2015, el golpe de Estado mediático, judicial y parlamentario de 2016 contra Dilma Rousseff, y luego la llegada al gobierno de Jair Bolsonaro en enero de 2019, afectaron profundamente las relaciones con estos gobiernos. Pero el peligro mayor estaba en las fronteras permeables y en lo que serían las constantes maniobras de los ejércitos de estos tres países más Chile, planteando la posibilidad de una mayor cooperación de estas administraciones con los sectores de la derecha fundamentalista de Bolivia.
Las fronteras se convirtieron en una amenaza constante para el gobierno de Morales.
A pesar de esto, el gobierno boliviano producía avances fundamentales, y dejaba atrás la mayor pobreza de la región después de Haití. En 2019 se convirtió en un país dueño de sus recursos naturales, en trámite de industrialización, de redistribución de los millones de dólares recuperados por el Estado como dueño de sus propios recursos, en especial del litio, el mayor descubrimiento de los últimos tiempos, con sus mayores reservorios en territorio boliviano.
Esto acrecentó el interés de Estados Unidos por derrocar a Morales, quien había logrado sacar a la población boliviana de los grandes arrabales de la miseria, de la exclusión y la marginación y rescatar identidades y culturas que agonizaban ante la destrucción colonial, siempre en manos de los poderosos, asociados al poder hegemónico, aunque la resistencia logró sobrevivir más de setecientos años.
En este golpe de Estado, Washington contó con la colaboración especial de los gobiernos de Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil, no solo en lo político sino en lo militar, con el paso de armas, equipos y fuerzas especiales a través de las fronteras permeables que tienen con Bolivia.
El golpe de Estado se produce además en medio de una debacle del neoliberalismo, con los pueblos en las calles de Haití, Honduras, Guatemala, Ecuador, Chile, Colombia y otros países resistiendo el proyecto geoestratégico de Estados Unidos de avanzar hacia la destrucción de los Estados nacionales, endeudarlos, empobrecer a los pueblos, acabar con los proyectos de desarrollo y, en especial, acabar con todos los procesos de integración que se habían logrado con la Unasur y la CELAC. Un marco “necesario” para apoderarse de nuestro continente.
Otra consideración ante esta situación, que se evidencia en las páginas de Evo en la mira, es que América Latina no puede seguir mirándose en el espejo de las falsas democracias europeas o de las grandes potencias. Nuestras “democracias” no se pueden adaptar a los términos también falsamente “institucionales” de los grandes países.
En el caso nuestro, no puede haber democracia si somos dependientes y menos aún si nuestros ejércitos y fuerzas de seguridad son instruidos y manejados por Washington y sus socios cercanos.
Nosotros estamos en un largo proceso de liberación e independencia y por lo tanto, de descolonización profunda de nuestras culturas, nuestras academias, nuestro entorno, nuestra economía.
La lucha es por soberanía, independencia económica y justicia social. No podemos convertirnos en las “democracias de Seguridad Nacional” de Estados Unidos, como antes nos impusieron las dictaduras.
De eso hablaba Evo Morales para explicar el enorme proceso de descolonización que tenemos por delante. Estamos viendo la resistencia heroica de nuestros pueblos que, hay que reconocerlo, en los últimos años entendieron que era nuestra hora: independencia o recolonización. Esa es la verdadera elección.
Evo Morales lo sigue sosteniendo en estos días, después de ser forzado a renunciar, por coacción las fuerzas armadas, la policía, los opositores y con la imprescindible “ayuda” de la OEA.
Teníamos un país que había avanzado como nunca en su historia. Que ese avance lo lograra un indígena del altiplano era demasiado para el imperialismo. Y más, si este presidente indígena que solo soñaba la justicia para su pueblo, era abiertamente antimperialista, como debemos ser todos los que estamos en dependencia. No son años para la dependencia. Voy a volver a la lucha, no importa si soy otra vez presidente o no. He aprendido mucho, hemos aprendido mucho. No tenemos la maldad de ellos. Estamos acostumbrados a luchar por siglos, nuestros padres lucharon. Tupac Katari nos inspiró siempre. Y sabemos trabajar para la unidad de nuestros pueblos. Hemos caminado kilómetros de carreteras para luchar contra el neoliberalismo en los años 2000, luchar contra el colonialismo y el racismo que es muy fuerte en Bolivia. Ahora ya sabemos que lo podemos hacer. ¡Hemos muerto y resucitado tantos siglos! Y nunca dejamos de respetar la vida y de cumplir con nuestros padres: no matar, no mentir, no robar. Los aymaras tenemos muchos recuerdos y muchas fortalezas. Somos y vivimos como somos (Evo Morales desde su exilio en México, 22 de noviembre 2019).
Stella Calloni
Noviembre 2019