Kitabı oku: «Manual de lectura y escritura universitarias»
MANUAL DE LECTURA Y ESCRITURA UNIVERSITARIAS
Leer y escribir suele ser un problema para muchos alumnos universitarios. Estudian, pero tienen dificultades para comunicar a sus evaluadores lo que saben. Contestan cuando se les pregunta, pero las respuestas no satisfacen a los docentes. Los profesores prestan atención a partes de los textos que los estudiantes ponderan irrelevantes. Los alumnos privilegian lo que los profesores dejan de lado. Parece que falta ponerse de acuerdo sobre qué se exige.
Las instituciones en las que se difunden conocimientos oficialmente tienen modos propios de comunicación. La universidad es una de esas instituciones. Los ingresantes necesitan iniciarse específica y sistemáticamente en esos modos tradicionales de comunicación para alcanzar logros satisfactorios en el ámbito universitario. Es ese un aprendizaje que debe, en verdad, comenzar antes, en los estudios previos con los que cada uno accede a la totalidad.
En este manual se presenta una estrategia para ayudar a leer y a escribir como se demanda en la universidad. Es una estrategia que se despliega (y se ha puesto a prueba) en los talleres de lectura y escritura de Semiología (cátedra de la profesora Elvira Arnoux) del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires. En cada capítulo de este manual se explican conceptos no sólo para orientar la disposición para guiar la organización de esas mismas actividades. Cada sección incluye actividades de taller en las que se recuperan esas nociones para entrenar habilidades de lectura y escritura universitarias: cómo delimitar un texto, cómo reconocerlo, cómo jerarquizar su información, cómo explicar un concepto, cómo argumentar una hipótesis, cómo escribir un informe, cómo elaborar una monografía. El libro cierra con una serie de anexos de apoyo (revisión de contenidos que se suelen dar por ya adquiridos en la escolaridad anterior) al progreso de esas habilidades.
SYLVIA NOGUEIRA
(coordinadora)
MANUAL DE LECTURA Y ESCRITURA UNIVERSITARIAS
Prácticas de taller
Ruth Alazraki
María Teresa Alonso Silva
Santiago Gándara
Liliana Grigüelo
Claudia Mazza
Sylvia Nogueira
Guillermo Toscano y García
Leonardo Varela
Jorge Warley

Índice
Cubierta
Acerca de Manual de lectura y escritura universitarias
Portada
Presentación
Introducción Los géneros discursivos como productos de las prácticas sociales, por Santiago Gándara y Leonardo Varela Actividad Nº 1 Actividad Nº 2 El enunciado, el enunciador y el enunciatario, por Santiago Gándara y Leonardo Varela Actividad Nº 3 Actividad Nº 4 Las secuencias y los procesos de comprensión, por Santiago Gándara y Leonardo Varela Actividad Nº 5 Variedades de lenguaje: lectos y registros, por Santiago Gándara y Leonardo Varela Actividad Nº 6 Actividad Nº 7 Actividad Nº 8 Texto 1 Texto 2 Oralidad y escritura, por Claudia Mazza Actividad Nº 9 Lectura y escritura, una actividad diferida, por Claudia Mazza El proceso de lectura, una actividad con facetas diversas, por Claudia Mazza ¿Toda lectura es legítima? Actividad Nº 10 El proceso de escritura: la transformación del conocimiento, por Claudia Mazza Actividad Nº 11
El problema del texto Capítulo 1. Texto, por Carla Ornani El problema del texto desde la perspectiva semiótica El texto lingüístico Actividad Nº 1 Actividad Nº 2 Capítulo 2. Paratexto, por María Teresa Alonso Silva y Sylvia Nogueira Los lectores y los escritores: nómadas y sedentarios Actividad Nº 1 La lectura y la escritura conjugadas: nomadismo y método Actividad Nº 2 El aparato paratextual verbal en los escritos universitarios El examen parcial presencial El examen parcial presencial a libro abierto El examen parcial domiciliario La monografía Actividad Nº 3 Las notas al pie Referencias bibliográficas Ampliación de argumentos o información no vinculados directamente con la hipótesis de trabajo Actividad Nº 4 Una alternativa para la presentación de las referencias bibliográficas La bibliografía Las referencias de fuentes electrónicas Actividad Nº 5 Actividad Nº 6 Los títulos Actividad Nº 7 Capítulo 3. La secuencia explicativa, por Jorge Warley La explicación en ámbitos académicos La definición La reformulación El ejemplo Metáforas, comparaciones y analogías Actividades Actividad Nº 1 Texto 1 Texto 2 Texto 3 Texto 4 Texto 5 Texto 6 Texto 7 Actividad Nº 2 Capítulo 4. La secuencia argumentativa, por Sylvia Nogueira Argumentación y explicación Actividad Nº 1 Actividad Nº 2 Actividad Nº 3 Actividad Nº 4 La secuencia argumentativa Actividad Nº 5 Actividad Nº 6 Secuencia argumentativa y argumentación Actividad Nº 7 Tipos de argumentación Actividad Nº 8 Algunas técnicas argumentativas La relación entre el argumentator y el enunciatario: el valor de la pregunta en la secuencia argumentativa La relación entre contrincantes: la definición argumentativa La relación entre ayudantes: la cita de autoridad La ayuda de la opinión común: tópicos y argumentación Tópicos y comparación para argumentar Narrar y razonar en una argumentación El exemplum en la argumentación Actividad Nº 9 Actividad Nº 10
Géneros discursivos académicos Capítulo 5. El parcial universitario, por Liliana Grigüelo Caracterización del género “parcial” Lectura interpretativa de consignas de parcial Pautas de escritura para la resolución de parciales Planificación Actividad de puesta en texto Revisión Actividad Nº 1 Actividad Nº 2 Actividad Nº 3 Errores frecuentes en la resolución de consignas de parcial Actividad Nº 4 Actividad Nº 5 Exámenes finales de Semiología tomados en la sede Uriburu Capítulo 6. El informe de lectura, por Ruth Alazraki Caracterización del informe de lectura La lectura de un fragmento textual Actividad Nº 1 Actividad Nº 2 La lectura de un libro Actividad Nº 3 La lectura de un corpus Estructura del informe Pautas para la planificación Consulta bibliográfica Elaboración de un plan textual Actividad Nº 4 Actividad Nº 5 Capítulo 7. La monografía, por María Teresa Alonso Silva La monografía y la investigación Actividad Nº 1 La monografía como género escrito: combinación meditada de formas textuales Actividad Nº 2 Perfiles y correlaciones entre enunciador-enunciatario Actividad Nº 3 El tema Polifonía monográfica La forma de la monografía según la combinación de las estrategias explicativa y argumentativa Planificación: proyecto, redacción, revisión y corrección del texto monográfico
Anexos 1. Acentuación, por Guillermo Toscano y García Otras reglas de acentuación Actividad Nº 1 2. Puntuación, por Carla Ornani Uso de los signos de puntuación y auxiliares El punto El punto y coma La coma Los dos puntos Raya o guión mayor El paréntesis Los puntos suspensivos Los signos de interrogación Los signos de exclamación Actividad Nº 2 Actividad Nº 3 3. Usos de los tiempos verbales, por Claudia Mazza Actividad Nº 4 4. Polifonía: discurso de base y discurso citado. Estilo directo e indirecto, por Claudia Mazza Actividad Nº 5 Actividad Nº 6 5. La separación en párrafos, por Claudia Mazza Actividad Nº 7 Actividad Nº 8 6. El subrayado de los textos académicos, por María Teresa Alonso Silva Actividad Nº 9 7. La confección de fichas, por María Teresa Alonso Silva 8. Los mapas conceptuales, por Liliana Grigüelo Actividad Nº 10 Actividad Nº 11 9. El resumen a) ¿Qué es resumir?, por Guillermo Toscano y García b) Operaciones resuntivas, por Guillermo Toscano y García c) Tipos de resúmenes, por Sylvia Nogueira Actividad Nº 12 d) La escritura de un resumen, por Sylvia Nogueira Actividad Nº 13 Actividad Nº 14 Texto 1 Texto 2
Índice de actividades y de textos
Bibliografía
Créditos
Presentación
El Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires incluye entre sus materias Semiología, cátedra a cargo de Elvira Arnoux. Esta materia, además de clases teóricas, tiene talleres de lectura y escritura que introducen a los alumnos en prácticas discursivas habituales del ámbito universitario. El texto que aquí se presenta es una elaboración colectiva de profesores de los talleres de la sede Uriburu y está compuesto por materiales que han sido trabajados en las clases de esos talleres. Se detalla a continuación el marco que ha orientado la producción de estos materiales.
La materia Semiología presenta sus contenidos de enseñanza y aprendizaje a los alumnos con el propósito general de favorecer, por un lado, el desarrollo de su saber declarativo sobre el lenguaje y, por otro, su saber hacer a través del lenguaje, especialmente en el ámbito universitario.
El estudio de lo que diversos teóricos han elaborado sobre nociones como “signo”, “interpretación”, “discurso”, “significación”, “argumentación” y multitud de otras relacionadas con el lenguaje y las prácticas discursivas, con las que el alumno se irá familiarizando en diversas carreras de grado, consolidará o desafiará los saberes que haya construido en su escolaridad anterior o las que espontáneamente haya desarrollado por su vasta experiencia como hablante. Sea uno u otro el caso, el estudiante se introducirá en el conocimiento de (parte de) lo que se dice en la universidad sobre el lenguaje, de lo que en ella se admite hoy que se diga sobre el lenguaje.
Pero para ser miembro de una institución como la universidad, ésta impone hablar adecuadamente sobre los saberes que ella produce, admite, reproduce, etc. Para un alumno, esta imposición se materializa, por ejemplo, en los exámenes. Cuando en ellos se les solicita a los estudiantes que respondan a preguntas como “¿Qué es X?”, el alumno que la universidad juzgue digno de aprobar desplegará un saber declarativo. En otras palabras, cuando el examinado responda “X es...” y este enunciado retome o sea lo que se le ha enseñado, el alumno y quien lo examine entenderán que lo implícito del intercambio verbal entre ellos es: “Yo declaro que yo sé que en la universidad se considera que X es...” y “Yo garantizo que este alumno sabe que en la universidad se considera que X es...”.
Este “juramento” es generalmente condición sine qua non para poder intervenir y participar en la producción, circulación, reproducción y recepción de los saberes especializados de los ámbitos académicos. No implica que el estudiante afirme que “X es...”, no demanda necesariamente su adhesión a esa aseveración. Representa, por el contrario, la exigencia universitaria y laboral a todo especialista de saber lo superado y lo vigente en la disciplina a la que se dedica.
Las demandas de la universidad, sin embargo, no se agotan en ello. Como toda institución humana, impone a sus miembros no solamente que digan lo que en ella se admite que se diga, sino también que lo hagan en los modos que ella determina.
Así, en Semiología (como sucede implícitamente en muchas asignaturas) no bastará saber declarar qué es un texto, un signo, la argumentación o los géneros discursivos. Se demandará que se lean y produzcan textos, argumentaciones, signos... siguiendo las reglas que establece la cultura universitaria. En esto centran su trabajo los talleres de lectura y escritura de Semiología, que se proponen ayudar al alumno a evitar fracasos académicos causados, no porque no estudie o no aprenda los “contenidos” de una materia, sino porque no los presente en los modos que la universidad requiere.
Vale aquí aclarar que los textos que circulan en las universidades son de muy variados tipos y extensión, pero que los que se presentan en este libro, por razones didácticas, de espacio y de respeto a la propiedad intelectual, son en su mayoría académicos y están restringidos al límite legal de las mil palabras. En otros términos, las propuestas de lectura y escritura que se despliegan a lo largo de esta obra suponen también su ejercitación con textos y conjuntos de textos más amplios que los que se citan.
Introducción
En esta introducción se presenta un marco conceptual general para iniciar la reflexión sobre la lectura y la escritura en la universidad. Por esa generalidad, y porque se apela a los saberes de los alumnos como hablantes, en esta parte, la teoría, los ejemplos y las actividades no se restringen al discurso académico, sus géneros y a las secuencias expositivo-explicativa y argumentativa, que son el centro de los talleres de Semiología y que se focalizan en los capítulos siguientes. Aquí el discurso académico aparece entre otros, para facilitar desde ya el reconocimiento de lo que los géneros de ese discurso comparten con otros al regular las conductas humanas.
Los géneros discursivos como productos de las prácticas sociales
El lenguaje es una práctica social que se integra con otras prácticas sociales no verbales (por ejemplo, el trabajo, el estudio, el deporte, etc.). Se lo utiliza en diversos ámbitos y con funciones diversas. El lenguaje, que se emplea en las distintas esferas de la actividad humana, se presenta en forma de enunciados. El enunciado es el producto concreto de la enunciación, de la acción de enunciar (decir oralmente o por escrito algo).
Cada conjunto de enunciados que se producen a partir de una actividad determinada responde a un género discursivo, es decir, a un tipo relativamente estable de enunciados (Bajtín, 1982 [1979]). Todos los enunciados que responden a un mismo género discursivo tienen en común el estilo (vocabulario empleado, uso de figuras retóricas, ejemplos, aclaraciones de términos, uso o no de muchos adjetivos, oraciones sintácticamente simples o complejas, etc.), el tópico o tema y la estructura o composición (el modo en que están organizados, su “forma”). Esa regularidad es una de las causas por las cuales cualquiera de nosotros sabe diferenciar, en principio, un fallo judicial de un contrato de trabajo, una carta de una noticia, una monografía de una novela, etcétera.
Los hablantes conocen y utilizan diversos géneros discursivos porque, de hecho, participan en varias esferas de la actividad humana. Los aplican en situaciones de interacción verbal diferentes (por ejemplo, para comunicarse con sus familias emplean géneros discursivos coloquiales, como la conversación, la confesión o “la nota en la heladera”, apropiados para relaciones interpersonales íntimas; cuando se dirigen a sus jefes, emplean géneros discursivos más formales, como el balance, la memoria, el contrato, el pliego de licitación, etcétera).
Si nos resulta relativamente sencillo reconocer a alguien que no posee gran vocabulario o que se expresa gramaticalmente de manera confusa, no nos resulta tampoco demasiado problemático reconocer cuándo alguien usa un género discursivo inadecuado a sus circunstancias. Por ejemplo: a) un vecino, a quien simplemente le preguntamos en un ascensor cómo le va, nos responde con una confesión de sus acciones más privadas, y b) un alumno, que es convocado por el director del colegio por un acto de violencia, utiliza un género coloquial, extremadamente informal, que se corresponde más bien con el de una conversación entre pares en un club. Tales reconocimientos nunca son insignificantes: tienen consecuencias de variable trascendencia según las relaciones de poder establecidas por los diversos ámbitos de la actividad humana entre los interlocutores. Así, si un vecino suele respondernos a un (también usual de nuestra parte) “¿Qué tal?” con una confesión, lo saludaremos con un “Buen día” o lo evitaremos para no asumir el rol de confidentes; si un alumno, en aquel caso, en vez de formular un descargo, cuenta chistes, es probable que el director entienda que al acto de violencia por el que convoca al estudiante se suma el desafío a su autoridad y, en función de ello, lo sancione no con una suspensión sino con una expulsión. Estos ejemplos, didácticamente extremos, pueden confrontarse con otros para entender que las reglas que se imponen a través de los géneros discursivos son auténticamente tales e imponen deberes que, de no ser cumplidos por los hablantes, dan lugar a sanciones: una monografía cuyo “contenido” haya sido tomado de la bibliografía propuesta por el profesor pero sea expuesto con una sintaxis de apuntes de clase o con un vocabulario que no es el particular que corresponde a la disciplina en cuestión o sin reconocer, por medio de notas e indicaciones bibliográficas, que los responsables de esos contenidos son tales y tales autores, es sancionable con un aplazo.
Actividad Nº 1
1. A partir de lo que acaba de leer y de sus saberes como hablante, explique qué diferentes subtópicos del tema “la vivienda” (compra, venta y alquiler de viviendas; construcción de viviendas, historia de la vivienda, créditos y préstamos para la vivienda, ocupación de viviendas, seguros para la vivienda, etc.) se pueden abordar en los siguientes géneros discursivos: aviso clasificado, noticia periodística, consigna de manifestación de protesta, parcial (de Historia), entrevista laboral, cuento, impuesto municipal, chisme, escritura.
2. Señale dos de esos géneros cuyas estructuras se compongan de la alternancia de preguntas y respuestas y comente las diferencias de unas y otras en esos dos géneros.
3. Indique en cuál/es de esos géneros el estilo se caracteriza por el uso de oraciones unimembres y establezca a qué se debe ello.
4. Establezca cómo se puede diferenciar el estilo de un aviso clasificado y el de una consigna de manifestación de protesta por el uso de adjetivos (indique qué clase de adjetivos se usa en cada uno de esos géneros, a qué se refieren esos adjetivos, etcétera).
5. Determine razones por las cuales en nuestra sociedad se hacen las siguientes distinciones: entrevista laboral-entrevista periodística; aviso clasificado-aviso publicitario-aviso de bien común; consigna de protesta-consigna de parcial; entrevista laboral-entrevista periodística; cuento fantástico-cuento policial.
6. Enumere géneros discursivos que sean propios del ámbito escolar.
6.1) Distinga qué géneros discursivos del ámbito escolar se caracterizan por ser enunciados por un docente; cuáles, por un alumno; cuáles, por un director de escuela; cuáles, por un preceptor; cuáles, por un ministro de Educación.
6.2) Señale qué géneros discursivos escolares responden a las siguientes finalidades: avisar a los padres de los estudiantes alguna novedad; certificar que un alumno ha cumplido todos los requisitos de un curso; presentar un tema que los alumnos desconocen; conmemorar una fecha patria; registrar lo que un profesor dice en clase para estudiar; enumerar los contenidos estudiados en una materia; organizar la convivencia en la escuela.
7. ¿Sabe usted cuáles son las características de una ponencia y de una tesina? Si lo sabe, enumérelas y narre cómo las ha conocido. Si las desconoce, formule una hipótesis sobre las razones de ese desconocimiento.
Actividad Nº 2
1. Lea atentamente los enunciados que se transcriben:
a) TAURO (21-4/20-5) Ocupaciones y negocios: Vacila sin motivos. No ve con claridad las intenciones de sus interlocutores y prefiere dejar las diferencias bien asentadas. Es provechoso tomar el toro por las astas y adelantarse a las dificultades que puedan plantearse. Despreocúpese, usted está haciendo las cosas como corresponde.
Amor: Fuego peligroso. Enciende en su pareja ideas que pueden provocar celos. Es un juego que no le hace bien a ninguno de los dos. Pregúntese por qué necesita sentir que el otro se vuelve vulnerable por miedo a perderlo.
Salud: Consuma miel de abejas.
Sorpresa: Cambios de opiniones y pensamientos.
b) SOBRE LA PROPOSICIÓN LÓGICA
Una proposición es una afirmación de la cual puede decirse que es verdadera o que es falsa pero no ambas cosas a la vez; además, una de las dos alternativas tiene que cumplirse; si una proposición no es verdadera entonces es falsa. Puede advertirse que, si P es una proposición, entonces P significa lo mismo que “P es una proposición verdadera”. Por ejemplo, decir “la nieve es blanca” significa lo mismo que decir “la nieve es blanca es una proposición verdadera”.
c) CANTALISO EN UN BAR
(Los turistas en el bar:
Cantaliso, su guitarra,
y un son que comienza a andar)
–No me paguen porque cante
lo que no les cantaré;
ahora tendrán que escucharme
todo lo que antes callé.
¿Quién los llamó?
Gasten su plata,
beban su alcohol,
cómprense un güiro,
pero a mí no,
pero a mí no,
pero a mí no.
Todos estos yanquis rojos
son hijos de un camarón,
y los parió una botella,
una botella de ron.
¿Quién los llamó?
Ustedes viven,
me muero yo,
comen y beben,
pero yo no,
pero yo no,
pero yo no.
Aunque soy un pobre negro,
sé que el mundo no anda bien;
¡ay, yo conozco a un mecánico
que lo puede componer!
¿Quién los llamó?
Cuando regresen
a Nueva York,
mándenme pobres
como soy yo,
como soy yo,
como soy yo.
A ellos les daré la mano,
y con ellos cantaré,
porque el canto que ellos saben
es el mismo que yo sé.
Nicolás Guillén
d) Y los agentes de la seccional 15, que estaban llevando a cabo las correspondientes tareas de inspección y vigilancia en la zona, observaron a un individuo sospechoso, de sexo masculino, que se desplazaba en un Renault 19 a alta velocidad por la Avenida Perito Moreno, en dirección al Bajo Flores. Los efectivos procedieron a ordenarle que se detuviera, tras lo cual el individuo, provisto de un arma de poderoso calibre –cuyo origen se desconoce hasta el presente–, les disparó, causándole graves heridas al sargento Raúl Maidana y al cabo Oscar Menéndez. Poco después, varios efectivos de seguridad de la seccional lograron detener al delincuente, al que se le secuestraron 375 gramos de una sustancia ilegal de máxima pureza. El delincuente se encuentra ahora a disposición del juez de turno.
e) Cartas de lectores
Señor director de La Nación:
¿Por qué la decadencia nos invade? ¿Por qué no se solucionan los problemas que nos aquejan diariamente?
Es innegable que los jóvenes ya no son lo que eran: han perdido los sueños y la fe en Dios. Pareciera que, por sus conductas, carecen de amor e interés por sus semejantes; poco a poco se han ido acercando a los peores vicios y al delito. Se han alejado –deseo que no de manera definitiva– de los valores que nuestros padres nos enseñaron con el ejemplo diario: la laboriosidad y la honradez.
Es cierto que hay algunas excepciones, pero sólo confirman la regla general. Claro está: si hasta las escuelas del Estado se han transformado en lugares violentos e inútiles en los que no se aprende otra cosa que no sea la irrespetuosidad y el desprecio por el saber y por los más grandes (ellos nos dicen despectivamente “viejos”). Mientras tanto los maestros se dedican a protestar y a exigir mayores salarios y menos trabajo. Es francamente indignante.
Las esquinas oscuras y las plazas públicas son hoy el punto de reunión de muchos de estos jóvenes (para quienes la higiene resulta irrelevante). Mientras toman cerveza o vino y fuman –sólo Dios sabe qué cosa– se insultan, como si fuera lo más natural, los unos a los otros. Inclusive las jovencitas celebran palabras que ofenden el pudor ciudadano. Pareciera que sólo la música (por llamar de alguna manera lo que consumen frenéticamente desde que se levantan hasta que se van a dormir) les interesa, aunque no son capaces de diferenciar a Mozart de un búfalo enojado. Hasta los homosexuales se juntan en turbios bares de Palermo, como si tal enfermedad no significara nada, frente a la impotencia policial.
Nuestros diputados deben legislar en serio, para terminar de una vez y para siempre con tantos hábitos y comportamientos dañinos. Y el gobierno debe actuar concretamente. Basta de palabras vacuas. ¿Para qué están los agentes del orden? ¿Por qué tolerar tanta obscenidad y desenfreno? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que nos invadan por completo como los extranjeros ilegales que les roban el trabajo a auténticos patriotas?
Hay que entender que la autoridad debe ejercerse con firmeza y rigor cuando es necesario, aunque sea dentro del ámbito de la ley. No es posible que se confunda a la libertad, que es un don de Dios, con el libertinaje. No es posible que el “todo vale” haya igualado a todos para abajo y que los que, como yo, se han esmerado en construir una patria digna, se vean obligados a coexistir con quienes nada edifican con sus conductas desviadas y peligrosas, sobre todo para los tiernos niños que tienden a imitar lo que ven sin mayores reflexiones.
No alcanzo a comprender cómo nuestra patria, nuestra amada patria, ha entrado en este presente de decadencia vertiginosa ante los ojos indiferentes de todos. Nuestro futuro está en peligro. Urge tomar conciencia. Ya. Antes de que sea demasiado tarde.
Lo saluda con la mayor consideración.
Alfredo Raitmann
DNI 7.343.879
2. ¿Cuáles son las diferencias fundamentales que existen entre los enunciados transcriptos arriba? Preste especial atención al tópico o tema que abordan, al estilo (esto es, a las palabras y a la sintaxis empleadas) y a la forma o estructura que tienen.
3. Señale cuál/es de los siguientes géneros discursivos no está/n representado/s en los enunciados listados arriba: entrada de diccionario, carta de lectores, factura telefónica, poema, decreto, entrevista periodística.
4. Mencione dos géneros discursivos que estén representados en esos enunciados y que no hayan sido incluidos en el listado.
5. Indique cuál de los enunciados transcriptos tiene rasgos más parecidos a los de una entrada de diccionario y explique por qué.
5.1. Reescriba ese texto como una entrada de diccionario.
El enunciado, el enunciador y el enunciatario
En el apartado anterior para llegar al concepto de género tuvimos que definir el de enunciado. Se señaló que el enunciado es un producto concreto de la acción de enunciar. Ahora bien, si se trata de un producto, deben existir instancias que participan en su producción y su recepción o consumo.
En cualquier intercambio discursivo participan emisores y receptores concretos, reales, con sus experiencias singulares. Identificarlos resulta elemental a la hora de interrogar un texto e investigar sobre –por ejemplo– biografías o itinerarios. De hecho, las ciencias de la comunicación –un campo que comprende teorías y aproximaciones disciplinarias con la sociología y la antropología, entre otras– han desarrollado una larga tradición en torno a los estudios sobre la emisión (el poder de la concentración de los medios, por caso) y sobre la recepción (los efectos sobre la audiencia o los usos y gratificaciones de los televidentes al consumir determinados programas).
Sin embargo, en el campo de la semiología y particularmente en la lingüística de la enunciación, tales sujetos poco interesan o los datos que podamos obtener de ellos figuran a título de información complementaria. Son las representaciones de tales sujetos en los enunciados, en cambio, las que efectivamente constituyen un objeto de estudio y una prioridad en el análisis. Considérese este ejemplo: una mujer escribe un volante de una determinada agrupación. Esa misma persona –con toda su biografía a cuestas– ha escrito antes un e-mail para su novio a quien extrañaba. Poco después pudo responder telefónicamente un llamado de su madre que le recordaba el cumpleaños de su sobrino. Por la noche habló con él. En todos los casos, el sujeto empírico es el mismo; sin embargo, en cada caso, ha debido ubicarse en lugares distintos. En otras palabras, ha debido producir –además de enunciados diferentes– un sujeto de enunciación diferente: como militante o como un colectivo, como novia, como hija, como tía. Estos enunciadores diferentes pueden advertirse en sus enunciados respectivos: desde el empleo de los pronombres personales (nosotros, yo) hasta la selección léxica y la combinación sintáctica (movilización, te extraño).
El enunciador, entonces, no coincide con la figura del emisor. Implica una figura que se representa y se reconoce en el enunciado. Esta distinción resulta clave a la hora de producir un género. Una de las consideraciones que realiza un escritor (o hablante) competente pasa, precisamente, por determinar al enunciador que responda a las exigencias genéricas. No es el mismo enunciador –aunque pueda ser la misma persona– quien responde las consignas de un parcial que quien responde en una conversación íntima con un amigo.
Pero, además, el enunciador no sólo se ubica en relación con el género elegido. En un mismo género, tal enunciador realiza otro tipo de ubicaciones. Retomando el ejemplo del volante, el enunciador construido y representado ha debido situarse frente a un conjunto de temas y problemas de un modo determinado y no de otro (“estamos en contra de cualquier tipo de concertación”). Estas otras ubicaciones (ideológicas, en un sentido amplio del término) también son representadas en los enunciados.
Un lector competente desarrolla estrategias de lectura que apuntan a reconocer precisamente estas marcas o huellas del enunciador. Un escritor competente, por su parte, sabe gobernarlas, tanto para evitar que se produzcan confusiones en relación con el enunciador construido (si quiere identificarse) como para provocarlas (si quiere enmascararse).
Por su parte, y correlativamente, el enunciatario no coincide con la figura del receptor. El e-mail –para retomar el otro caso– pudo haber sido enviado a su novio pero leído por su madre (la del novio). Ella es su receptora real, pero no el enunciatario prefigurado.
El enunciatario, entonces, es otra representación y construcción que se reconoce en un enunciado. Es a quien se apela (“querido X”), a quien también se ubica en un lugar (en este caso, como novio) a través de referencias directas o a partir del propio estilo. Piénsese, por caso, que la mujer hubiera encabezado su e-mail con un lacónico: “Estimado cliente”. Tal apelativo podría disparar curiosas reflexiones en su ¿novio?, pero –discusiones al margen– implicaría una representación distinta del enunciatario.
También en este caso, los escritores toman en consideración la figura del enunciatario. Se lo representan antes de escribir (imaginan su audiencia, el modo en que la interpelarán) y en el propio proceso de escritura terminan de construirlo. Los lectores, por su parte, pueden sumar a su lectura el reconocimiento del enunciatario que el texto ha prefigurado (un adulto que lee un cuento para chicos, alguien que lee una novela del siglo XIX cuyos enunciatarios, por obvias razones, han desparecido).
Hasta aquí se ha hablado de enunciador y enunciatario en singular. La cuestión –como suele decirse– es más compleja.
Un enunciador puede representarse como un sujeto singular (discursivo, no real) o como un colectivo (igualmente discursivo). Asimismo, tal enunciador (singular o colectivo) establece relaciones con otros enunciadores: a quienes cita o alude más o menos directamente, con los que acuerda, frente a quienes polemiza. En otras palabras, el enunciador incorpora otros enunciadores, otras voces, a su discurso de modo que le da a su enunciado un carácter dialógico, polifónico.
En ese sentido, ante la pregunta sobre quién “habla” en determinado enunciado, sobre quién es el sujeto de enunciación, la respuesta debe habitualmente consignar que se trata de un coro que incluye la tradición del género (al elegir un género resuena toda la historia de sus productos, de sus enunciadores y de sus enunciatarios), enunciadores previos (los que antes produjeron enunciados y a quienes ahora confirmo, refuto, completo, reitero), enunciadores futuros (en la medida en que todo enunciado también anticipa sus posibles respuestas: “Ya sé lo que me vas a decir cuando leas este e-mail”), etcétera.
El enunciatario puede también ser plural. El volante –como todos los géneros del discurso político, pero no sólo ellos– construye enunciatarios opositores (a quienes se enfrenta), afines (a quienes se intenta fortalecer en sus posiciones) e indecisos (a quienes se intenta persuadir).
Para cerrar, es importante destacar que la “declinación” del término –enunciado, enunciación, enunciador y enunciatario– supone algo más que una familia de palabras. Se trata de “fenómenos” que se manifiestan discursivamente y es allí donde se los reconoce, se los puede analizar.
Actividad Nº 3
1. Lea atentamente los enunciados que se transcriben:
a)
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c)
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2. Indique cuáles son las semejanzas entre los enunciados en lo que concierne a su tópico o tema, estilo (léxico y sintaxis) y estructura o composición. (Una ayuda: ¿cuáles son las partes que componen los enunciados transcriptos?)
3. ¿Cuál es el propósito en común de los productores de cada uno de esos enunciados? ¿Qué recursos emplean?
4. Transcriba las razones (o fundamentos) que enumera el dueño del Alfa Romeo para tentar a un posible comprador.
5. Produzca un enunciado similar en lo que respecta al estilo y estructura o composición, pero con un tópico o tema diferente, por ejemplo: compra o venta de una bicicleta o de un instrumento de música.
Actividad Nº 4
1. Lea atentamente los tres enunciados que se transcriben:
a) La foto que recorrió el mundo fue tomada exactamente a las 5.13 de la tarde del 25 de junio de 1978. En este preciso momento, a los ocho minutos del segundo tiempo suplementario de la final de la XI Copa del Mundo, el goleador argentino Daniel Bertoni empujaba por tercera vez la pelota dentro del arco holandés y el seleccionado sudamericano se aseguraba el título de campeón. Las tribunas del estadio Monumental de Buenos Aires estallaron en un solo grito que se prolongó por todos los rincones del país. La Copa del Mundo más cara y sangrienta de la historia del fútbol estaba a punto de tener dueño: el equipo de la camiseta celeste y blanca ganaba 3 a 1.
b) Gracias al mecanismo del respeto unilateral, el niño acepta y reconoce la regla de conducta que impone la veracidad mucho antes de comprender per se el valor de la verdad y la naturaleza de la mentira [...] el niño afirma sin pruebas y asimila lo real a la actividad propia sin preocuparse por la objetividad verdadera; el niño pequeño tiende a deformar la realidad y doblegarla a sus deseos.
c) Dios, hermanos, que es puro amor y omnipresente, no ignora que el pecado no nos es ajeno. La codicia, la lujuria, el robo, el asesinato invaden nuestras almas como demonios y nos recuerdan siempre que Adán y Eva, oh pecadores, transgredieron la palabra divina, la palabra perfecta... y que por tal acto impiadoso, Dios, el que todo lo sabe, los castigó para siempre.
2. Indique a qué esferas concretas de la actividad humana corresponde cada uno de esos enunciados. Fundamente sus afirmaciones.
3. Ahora usted es un sacerdote: ¿se anima a escribir un sermón en el que advierte a los fieles sobre la necesidad de alejarse de los valores mundanos? (Una ayuda: las palabras que pueden utilizarse como disparadores son: Dios, fieles, iglesia, maldad, bondad, espiritualidad, placer carnal, consumismo, valores cristianos, etcétera.)
Las secuencias y los procesos de comprensión
Como ya se ha ido explicando, los géneros discursivos son el producto de las diferentes esferas de la actividad humana. Ahora bien, desde el punto de vista de su organización interna, los géneros discursivos se definen por el predominio de algún tipo de secuencia: narrativa, descriptiva, argumentativa, explicativa, instruccional y dialogal.
Una breve caracterización de estos seis tipos de secuencias apuntaría lo siguiente:
La secuencia narrativa se organiza básicamente en torno a un eje temporal. Presenta una serie de hechos que se desarrollan sucesivamente. Gramaticalmente, se caracteriza por la presencia de verbos perfectivos (por ejemplo, el pretérito perfecto simple), de adverbios y conectores temporales (“luego”, “más tarde”, “después”).
La descriptiva se estructura sobre la base del eje espacial. Parte de un todo (objeto, palabra clave) para detallar jerárquicamente sus aspectos (propiedad, partes) y sus relaciones (con otros objetos, con situaciones, etc.). Suele presentar verbos imperfectivos (presente, pretérito imperfecto), adverbios de modo y de lugar.
La secuencia explicativa, por su parte, se encuentra ligada al proceso de comprender con la ayuda de los conceptos. Se organiza, por ende, sobre el eje lógico a partir de una estructura elemental que implica la presencia (explícita o no) de un problema y su resolución. Predominan los verbos en presente, en pretérito perfecto compuesto y en futuro imperfecto. La explicación, sobre todo cuando es escrita, se construye a partir de la tercera persona del singular. Tiende a marcar una distancia afectiva entre el que enuncia y el objeto de su explicación. Se emplean conectores de causa, consecuencia, etcétera.
La argumentación también se vincula con el proceso de comprensión pero, sobre todo, con el de juzgar. Se organiza, por ende, sobre un eje lógico-emocional. Su estructura básica supone una relación entre una tesis (o hipótesis) y sus fundamentos. Predominan, como en la explicación, los verbos en presente, en pretérito perfecto y en futuro imperfecto. A diferencia de la explicación, se estructura normalmente a partir de la primera persona del singular. Y la distancia afectiva entre el que enuncia y el objeto de su argumentación es muy escasa. A esto obedece la profusa presencia de palabras cargadas de una valorización subjetiva, verdaderas marcas o huellas enunciativas, llamadas “subjetivemas”. Se emplean preferentemente conectores de causa, consecuencia.
Los enunciados instruccionales (o procedurales), como una receta de comida o un manual de uso de un electrodoméstico, prescriben acciones que se ordenan según un orden lógico y cronológico. Se estructuran sobre la base de la explicitación de una meta (la acción final) y de procedimientos (la serie de acciones parciales que garantizan alcanzar tal meta). Predominan los verbos en imperativo y en infinitivo. Suelen emplearse conectores que marcan orden (“en primer lugar”, “primero”, etcétera).
La secuencia dialogal (o conversacional) se organiza en torno al intercambio de turnos de los sujetos participantes. Los turnos o intervenciones suelen estar formados por un acto de habla principal o director (el que da sentido al turno; por ejemplo: un pedido) y subordinados (que sirven para enmarcar, apoyar, justificar, etc., el acto de habla director; por ejemplo: antes de formular el pedido, elogiar la generosidad de nuestro interlocutor). Abundan las modalidades de enunciación interrogativas, las aseveraciones y las exhortaciones.
En definitiva, los sujetos de una sociedad determinada disponen de formatos y secuencias que tanto en la comprensión como en la producción funcionan como herramientas cognitivas e interaccionales.
¿Qué son estas secuencias desde la perspectiva de la lengua? Son conjuntos relativamente autónomos de oraciones (suboraciones o proposiciones, a veces) imbricados de una manera que les es particular y con propiedades que los distinguen del resto.
Ejemplo 1:
Ezequiel Núñez –preso de un coraje y un temor simultáneos e imprecisos– se abalanzó sobre el joven suicida que vacilaba en lo alto del edificio, frente a Plaza de Mayo. Y lo abrazó fuerte. Poco después, con la silenciosa ayuda de los otros empleados del Banco Nación que fueron llegando, alcanzó a calmar al suicida, definitivamente frustrado, asombrosamente nuevo.
Se puede observar que las oraciones expresan acciones que sucedieron en un tiempo y en un lugar determinados: en el pretérito perfecto simple (“se abalanzó”, “abrazó”, “fueron llegando” y “alcanzó”) y en un edificio situado frente a Plaza de Mayo. Este conjunto de oraciones conforma lo que habitualmente se denomina “secuencia narrativa”.
Ejemplo 2:
El mar era una inmensidad; los pájaros volaban por un cielo oscuro que presagiaba lluvias. De vez en cuando, el graznido de alguna gaviota solitaria y el viento fresco contra los barcos quietos y la dulce soledad de los pescadores en silencio...
Se reconocen dos oraciones que constituyen una secuencia descriptiva, pues se enuncian atributos de un objeto, en este caso el mar, y de otros que se asocian con él, percibidos por medio de diferentes sentidos. Los verbos están en pretérito imperfecto (“era” y “volaban”).
En otras palabras: un enunciado puede ser descompuesto en conjuntos parciales, llamados “secuencias”. Cada secuencia es una unidad parcialmente autónoma y tiene una forma determinada y un sentido que adquiere al ser enunciada. A menudo estas partes o secuencias son reconocidas de manera intuitiva. Si se realiza una comparación parcialmente aproximada, se puede afirmar que las secuencias son como los puntos de un tejido, cuya articulación constituye el enunciado total.
Esta facultad de la lengua de descomponerse en partes estructuralmente semejantes es una de sus propiedades fundamentales; se denomina “recursividad”. En virtud de esta condición, un enunciado puede ser fragmentado en unidades menores y éstas a su vez incluidas en otras.
Los tipos de secuencias son formas relativamente estables y poseen una estructura semántica textual reconocida por quienes emplean esa lengua.
Hay distintas clasificaciones de las secuencias y una de ellas es la que determina, como se explicó antes, seis tipos básicos: 1) narrativa; 2) descriptiva; 3) argumentativa; 4) explicativa; 5) instruccional y 6) dialogal.
La aseveración de que siempre existen secuencias dominantes en los enunciados implica el reconocimiento de la existencia de secuencias no dominantes pero presentes en algunas partes del enunciado.
Actividad Nº 5
1. Lea atentamente los enunciados que se transcriben:
a)
LA CONFORMACIÓN DE LA SUBJETIVIDAD EN EL MUNDO ACTUAL
Alejandro Piscitelli en su libro Post/Televisión explora, en una dirección sólo parcialmente semejante, la relación entre la conformación de la subjetividad y los medios tecnológicos. Y afirma que, por primera vez en dos mil quinientos años, la humanidad se encuentra en condiciones de operar “posplatónicamente”. Considera que la televisión ha sido el operador cultural más importante del siglo XX, pues durante cincuenta años generó subjetividad, sociabilidad, acercamiento empático y democracia. Debido a la invención de lo que denomina un metamedio –como internet–, que quiebra el modelo estático de emisor-receptor, se inquiere si la internet podrá modificar el recorrido de la televisión o si, por el contrario, ésta se va a devorar a la internet. Aunque descree de un futuro mundo feliz sobre la base de la panacea tecnológica que nos prometen –ya que, entre otras cosas, no se puede ignorar la existencia de infopobres y de monopolios cognitivos–, advierte que “...hay que distinguir entre el proceso político, económico y publicitario que rodea el marketing de la tecnología y el proceso de creación de la subjetividad”. En este punto es en el que hay que centrarse: según el filósofo argentino, están produciéndose inconmensurables modificaciones en el sujeto desde una perspectiva psicológica. Se ha conformado una nueva alianza entre el hombre y la máquina; se ha constituido una nueva subjetividad –fundada en las transformaciones del concepto de racionalidad–. Esta nueva subjetividad es el resultado de cómo se integran los sujetos “a toda esta parafernalia tecnológica para incrementar la inteligencia global, algo que encierra el temible mito de la poshumanidad”. Explica que Sherry Turkle se refiere a los fenómenos de multiplicación del yo en las redes inteligentes. Fácticamente, cuando se usa la computadora –por ejemplo, en un chat– se vive la dislocación, enunciada por filósofos como Michel Foucault y Jacques Derrida. El sujeto es ahora una suerte de actor que se desdobla. Al ingresar en una realidad de simuladores y vivirla como si sus mundos fueran reales (y no virtuales), se empieza a actuar, según Alejandro Piscitelli, posplatónicamente, pues ya no se discrimina entre ilusión y verdad, entre doxa y episteme.
Juan Carlos Salibián
b)
LA ADIVINA Y EL EXIGENTE
Ya está la luna en lo alto del cielo. El sujeto avanza hacia la puerta del edificio donde vive la adivina que le aconsejaron. Varias noches de insomnio han transcurrido por su alma resquebrajada y el miedo es cada vez menos controlable. Le teme como un niño a la muerte secreta y diaria. Mira hacia todas partes: no hay nadie; sólo numerables desconocidos. Toca el portero eléctrico con alguna desconfianza, pero resuelto.
–¿Quién es? –le dice secamente una voz.
El sujeto resopla, prende un cigarrillo y se retira indignado.
c)
Las especies silvestres, vegetales y animales, encierran enormes reservas de productos potencialmente valiosos, tales como sustitutos de fibras y de petróleo. Un ejemplo es la palmera babassú, Orbingnya phalerata, de la cuenca del Amazonas; una plantación de quinientos árboles produce unos 125 barriles de aceite al año. Otro ejemplo sorprendente es el de la pervinca rosa, Catharnathus roseus, una planta pequeña y poco vistosa originaria de Madagascar. Produce dos alcaloides, vinblastina y vincristina, de extraordinaria eficacia contra la enfermedad de Hodgkin y la leucemia aguda. Los ingresos que aportan estas dos sustancias superan los cien millones de dólares.
d)
¿DE QUÉ VIOLENCIA HABLAMOS?
La violencia no es una anormalidad de la convivencia, como se empeña en hacernos creer el liberalismo. La Historia desconoce la no-violencia: conoce diversos tipos de violencia. La ideología de la democracia capitalista afirma que el mundo ha encontrado, por fin, el sistema ideal –o, por lo menos, el mejor posible– y que la paz entre los hombres es una cuestión de buena voluntad kantiana. Pero su legalidad, como todas, parte de un poder de hecho, y cuando reprueba la violencia revolucionaria es para consolidar la violencia establecida.
El Estado liberal admite la discusión dentro del círculo de hierro de sus propios dogmas: los que están de acuerdo en excluir la hipótesis revolucionaria o mantengan sus discrepancias en el terreno teórico, no deben temer nada. Para los que se pasen esos límites hay comisiones investigadoras, acusaciones de totalitarismo, etc. Porque aunque el liberalismo incorpora el concepto racionalista de relativización de juicios de valor, defiende sus ideas como absolutas, más allá de la crítica.
[...] el liberal no ve (en la desigualdad social) una situación que encierre violencia, sino un producto de la diferencia de aptitudes o de la fatalidad. El prestamista usurario está dispuesto a amar a quienes le abonen el diez por ciento mensual; el dueño de fábrica a sus obreros, con cuyo trabajo se enriquece; el parásito militar al pueblo que paga sus sueldos y sus juguetes mortíferos. Pero si los explotados reaccionan contra la opresión, recién entonces los explotadores creen que ha aparecido la violencia. Entonces, su propia violencia, petrificada en sus instituciones de clase, se torna activa y reprime la agresión, utilizando al Ejército y a la Policía, brazo armado de las estructuras de privilegio. (John William Cooke, en Frente de Tormenta. Revista bimestral de cultura, Nº 3, abril-mayo de 1991, p. 41)
2. Numere los párrafos en cada uno de los enunciados.
3. A partir de las similitudes y las diferencias que existen entre los enunciados transcriptos en lo que atañe a su inscripción en géneros discursivos diversos y a las secuencias –dominantes y no dominantes– que los componen, complete el cuadro:
| Enunciado | Secuencia dominante | Eje organizador (temporal, espacial, lógico, etc.) | Particularidades de la lengua | Propósito |
| a) | ||||
| b) | ||||
4. Responda las siguientes preguntas:
1) ¿Cuál es el problema que desencadena la explicación en La conformación de la subjetividad en el mundo actual?
2) ¿Cuál es la respuesta (o hipótesis) que ofrece Juan Carlos Salibián para tal problema en “La conformación de la subjetividad en el mundo actual”?
3) ¿Cuáles son las principales razones (o fundamentos) que emplea Juan Carlos Salibián para avalar su respuesta (o hipótesis)? Enumérelas.
4) ¿Cuál es la introducción; cuál, el conflicto y cuál, la resolución en “La adivina y el exigente”?
5) ¿Qué es lo que se describe en el enunciado c)?
6) ¿Cuáles son las cualidades y las funciones del objeto descripto en el enunciado c)?
7) ¿Con qué fin se utilizan los ejemplos en el enunciado descriptivo c)?
8) ¿Cuál es el concepto central de cada uno de los párrafos del enunciado de John William Cooke? Indíquelo en cada caso con una oración unimembre.
9) ¿Cuál es el problema que desencadena la explicación en el enunciado de Cooke?
10) ¿Cuál es la respuesta (o hipótesis) que ofrece Cooke para tal problema?
11) ¿Cuáles son los principales fundamentos que emplea Cooke para avalar su respuesta (o hipótesis)? Enumérelos.
12) ¿Qué palabras, construcciones, marcas en general, que sirvan como ejemplo de los juicios valorativos de Cooke, reconoce usted? Subráyelos en el texto.
5. Escriba un enunciado con predominio de secuencias argumentativas, en el que usted fije su posición sobre “¿De qué violencia hablamos?”.
6. Escriba dos secuencias descriptivas de un párrafo cada una. En la primera, expanda la descripción del ambiente en el que se desarrolla la acción en “La adivina y el exigente” como si usted hubiera sido su creador. En la segunda, describa ese texto como alumno para un profesor que se lo ha hecho leer y quiere saber si usted ha estudiado la noción de género discursivo. Decida en cuál de esas descripciones incluirá adjetivos axiológicamente positivos y negativos; en cuál enunciará en presente; en cuál presentará alguna metáfora; en cuál alternará oraciones unimembres y bimembres de predicado no verbal; en cuál citará una definición aclarando quién es su autor; en cuál se permitirá producir algún enunciado exclamativo. Justifique esas decisiones a partir de la noción de género discursivo (no de secuencia).
Variedades de lenguaje: lectos y registros
Dentro de una sociedad hay diferentes niveles sociales, determinados, entre otras cosas, por la educación, la posición económica y el tipo de actividad que llevan a cabo. Estas diferencias se reflejan en el lenguaje (o código). Al examinar los elementos del cualquier proceso de intercambio simbólico, nos referimos a un mensaje que se transmite entre emisor y receptor, mediante un código que es común a ambos. Pero, en realidad, el código no es igual para todos, porque el lenguaje tiene variaciones que reflejan las diferencias sociales.
El código cambia según el hablante, en función del lugar que él ocupa dentro de la estructura social, de sus competencias, de su intención y de la situación enunciativa en general. Existen básicamente dos clases de variaciones del lenguaje: las variaciones lectales y las variaciones de registro.
Las variaciones lectales son las variaciones del lenguaje que reflejan lo que el emisor de una lengua “es”. Estas variaciones se diferencian especialmente por el vocabulario y por el tipo de frases o construcciones sintácticas
Los lectos se pueden clasificar de la siguiente forma:
Dialectos: Son variaciones de una misma lengua, que dependen del lugar en donde nacieron o viven los hablantes.
Son dialectos el castellano (que se habla en la zona española de Castilla), el argentino, el venezolano, el boliviano, entre otros. Y, dentro de cada uno de ellos, hay variaciones regionales más acotadas: el lenguaje que se habla en Jujuy tiene modismos y palabras diferentes de los que se usan en Buenos Aires, Santiago del Estero o Mendoza (evidentemente, las diferencias en estos casos no son muy grandes).
Por ejemplo, en diferentes regiones se usan distintas palabras para designar a los pequeños: “niño”, “gurí”, “chango”, “pibe”, “chaval”.
Sociolectos: Son variaciones de una misma lengua originadas en las diferencias sociales (situación económica, social, educativa).
Un hablante con un nivel socioeconómico alto o medio tiene acceso a libros, espectáculos, recibe en general una educación esmerada, accede a trabajos donde el uso del lenguaje es constante, tiene un amplio campo de relaciones sociales, etc. Todos estos factores van determinando un tipo de lenguaje con un vocabulario más amplio y con construcciones sintácticas más complejas. Domina, en fin, lo que se denomina un “sociolecto (o código) elaborado” (amplio).
Por el contrario, un hablante de un nivel socioeconómico bajo por lo general no tiene el mismo tipo de acceso a estas actividades y en su trabajo emplea limitadamente el lenguaje.
Por ejemplo, un abogado o un investigador en ciencias naturales deben trabajar precisamente con el lenguaje; no ocurre lo mismo con el obrero de una fábrica, que realiza tareas manuales. Esta situación se refleja en el lenguaje, con un vocabulario más escaso y construcciones sintácticas más simples, es decir, un “sociolecto restringido” (limitado).
El código restringido impide a su vez acceder a trabajos o actividades sociales en los que se requiera un empleo de lenguaje elaborado, vinculado con frecuencia a operaciones hipotéticas deductivas. En definitiva, el lenguaje se convierte muchas veces en un instrumento de discriminación social.
Esto se observa muy claramente cuando alguien quiere acceder a un trabajo: hay que enfrentarse a pedidos de cartas de presentación, completamiento de formularios o entrevistas orales donde el entrevistado debe expresarse de acuerdo con las normas que el entrevistador entiende como válidas.
Cronolectos: Son variaciones de una misma lengua que se originan debido a diferencias generacionales. Los adolescentes, por ejemplo, crean constantemente palabras y frases diferentes de las usadas por sus padres, como una forma de rebelión.
Cada generación produce su cronolecto particular. Por ejemplo, expresiones del tipo “la época de Maricastaña”, “estar in o estar out”, “grasa”, “rockero”, “filito”, “noviar”, pertenecen a generaciones que, según dirían hoy los adolescentes, “ya fueron”. Ellos, en cambio, están “de onda”, lo que les gusta es “una maza”.
Las variaciones de registro son variaciones de una misma lengua originadas en lo que el hablante “hace”. Las actividades que realiza el ser humano generan diferentes enunciados que, a su vez, reflejan esa actividad.
Por ejemplo, si se conversa con un amigo se lo hace en forma oral (salvo en muy particulares circunstancias en la que se envía una carta o un e-mail). En cambio, para pedir empleo es habitual una carta, la forma escrita.
Con la escritura se asocia también el estudio en general, la literatura, la investigación, etcétera.
Las variaciones de registro se identifican en parte con los géneros discursivos. Sin embargo, el concepto de género discursivo es más amplio, porque abarca también a los lectos (una ponencia académica se define por un registro escrito, formal, y un sociolecto elaborado, por ejemplo).
Existen variaciones diversas de registro: hay un vocabulario determinado que usan los médicos o los abogados (¿quién no se encontró alguna vez descifrando ese registro técnico del médico o del abogado, que informaban en su lenguaje que alguien estaba enfermo o que ese documento judicial indicaba que había que presentarse obligadamente ante algún funcionario para realizar un trámite o pagar una multa?). Pero los registros no les pertenecen sólo a ellos: también tienen sus propios registros los empleados públicos, los ingenieros, los cocineros, los zapateros, los albañiles, los conductores de ómnibus...
Es muy complicado efectuar una clasificación de los registros, porque constantemente surgen nuevas áreas de trabajo, que dan origen a sus respectivos registros. Por ejemplo, en las últimas décadas se ha asistido al nacimiento del registro de los especialistas en computación, cuyo lenguaje es casi ininteligible para los pobres mortales que no “navegan” en internet, ni “deletean” (borran) partes de un “file” (archivo) en sus computadoras, ni “chatean” (conversan a través de la computadora) con otros “cibernautas” del otro lado del mundo.
De cualquier modo, se pueden clasificar algunos de los registros más comunes: el registro oral, el registro escrito, el informal o coloquial, el formal, el técnico, el literario.
Actividad Nº 6
1. Lea atentamente “¿Qué es la locura?”, que se transcribe a continuación. El texto ha sido tomado de la revista Desbordar (Nº 2, 1987), que contiene documentos producidos por internos del Hospital Borda dirigidos por Vicente Zito Lema.
¿QUÉ ES LA LOCURA?
La locura no es la pérdida de la razón, como vulgarmente se cree, sino la del sentido común. No es, sobre todo, la falta de lógica: un psiquiatra como el doctor Betta afirmaba que la tienen incluso algunos delirantes que desean demostrar que son los dueños del hospital.
A veces la locura es más sensible a la lógica que la normalidad y que la propia PSIQUIATRÍA OFICIAL. Yo, que no estoy sino que soy loco, no soy alienado. Aunque lo estuve en el 89. Lo que sé decir es que el felizmente finado psiquiatra que me internó en este hospital, Dr. Féliz Badano, era tan ilógico que, siendo radical, no aceptaba al gobierno tripartito hospitalario y, siendo defensor de la libertad, me privó de ella encerrándome en este oscuro hospicio. Yo, en cambio, sé deducir las últimas consecuencias de un principio falso o verdadero. Por eso me causan gracia los psiquiatras y psicólogos payasos que se creen democráticos pero se oponen, como cualquier dictador, bueno o malo, a que los locos participen en el gobierno de los manicomios. Ellos están de más en su mundo y también en un mundo no basado en la democracia. “No contentan a Dios ni a sus enemigos”, exclamaba el Dante. “Míralos y pasa”, le recomendaba Virgilio en el Infierno. Es lo que pasa en el Borda. La PSIQUIATRÍA DEMOCRÁTICA no es practicada por nadie (salvo por Pichon-Riviere hace unos años) y menos por los jefes “democráticos” de la mayor parte de los servicios, como cierta estúpida psiquiatra que aseguraba que en una democracia todo el mundo trabaja. Como si la gente no hubiera trabajado en la dictadura de Franco; o sea, hablan de lo que ni siquiera para mal conocen, con gran autosuficiencia, como si fueran auténticos sabios.
Yo prefiero ser loco a ser cuerdo, psiquiatra o psicólogo de remate. Nunca he pretendido con necio orgullo ser cuerdo. No obstante mi historia hospitalaria dice que no tengo conciencia de mi enfermedad, calumnia digna de un Silvano Santander. Y no sólo no me creo el único cuerdo sino, en todo caso, el único loco que hay en el Borda.
La cordura es la regla y la locura la excepción. Al revés de la honestidad y la delincuencia.
El Hidalgo
2. Resuelva ahora las siguientes cuestiones:
1) ¿En qué género discursivo se inscribe “¿Qué es la locura?”? Justifique su respuesta.
3) ¿Cuál es el problema, según el enunciador, que lo lleva a producir “¿Qué es la locura?”.
4) ¿Cuál es el tópico de “¿Qué es la locura?”?
5) ¿Cuál es el estilo (sintaxis y léxico)? Ejemplifique.
6) ¿Qué clase de secuencias se reconocen en el texto? ¿Cuál es dominante?
7) ¿Cuáles son las dos funciones del lenguaje predominantes? Ejemplifique.
8) ¿Por qué puede decirse que en “¿Qué es la locura?” se resemantiza o resignifica la palabra ‘locura’?
9) ¿Qué enunciados no presenta como propios el enunciador?
10) ¿Qué posición toma ante ellos? ¿Recurre a algún principio de autoridad (esto es, a alguien reconocido y valorado socialmente) “El Hidalgo” para legitimar su posición?
11) ¿Cómo se caracteriza el enunciador de “¿Qué es la locura?”? Descríbalo basándose en el análisis de la polifonía y las variedades del lenguaje desplegadas en el texto.
12) ¿Corresponde esa caracterización a lo que el sujeto del enunciado (el que dice “yo”) dice explícitamente de sí mismo? En función de ello y revisando lo que contestó para (8), ¿cuál es el propósito de este enunciado?
13) ¿Cómo se caracteriza el enunciatario al que se dirige el texto? Caracterícelo considerando la polifonía, las variedades de lengua y el propósito del enunciado.
14) ¿Cómo ampliaría usted sus respuestas a las preguntas anteriores a la luz de la siguiente información: el apodo del autor de este texto es “El hidalgo”?
15) ¿Cómo, si además considera que “El hidalgo” es un interno del Hospital Neuropsiquiátrico Borda?
16) ¿Cómo influyen las circunstancias enunciativas en la producción y en la comprensión del enunciado? ¿Cuál es la relevancia de saber quién es el emisor?
Actividad Nº 7
Escriba, a partir de su lectura de “¿Qué es la locura?”:
1) Un breve artículo de opinión para una revista del Centro de Estudiantes de Psicología.
2) Una respuesta a la consigna “¿De qué capital se manifiesta poseedor el enunciador de «¿Qué es la locura?» Justifique su respuesta” que le presentara un profesor de Semiología para comprobar su estudio de esta Introducción.
Actividad Nº 8
1. Lea los textos a continuación y realice las actividades que se le presentan a propósito de cada uno:
Texto 1
El siguiente es el comienzo de un capítulo de libro. Léalo para determinar a qué discurso corresponde el libro y qué secuencias discursivas conforman ese comienzo:
CAPÍTULO 4. ASPECTOS SOCIOLINGÜÍSTICOS DEL HABLANTE NATIVO
Nuestra discusión de las Gramáticas 1, 2 y 3 (capítulo 3) sugiere que el problema de definición del hablante nativo pertenece a la definición de la Gramática 2. Es ésta entonces la base de nuestra discusión en este capítulo.
Empiezo con otro ejemplo de una entrevista entre personas de dos culturas diferentes, que ilustra el problema de un entrevistado que no interpreta las preguntas a la luz del propósito general de la entrevista de trabajo (Williams, 1985: 173). El entrevistador es un hablante nativo de inglés australiano, el entrevistado, M., un hombre joven de Bali, que está siendo entrevistado para un puesto como asistente de ventas en una disquería en Australia.
E.: –Eh... Este lugar que usted tiene ahora en Freemantle, ¿es una dirección permanente? Usted vive allí permanentemente, ¿no?
M.: –Sí.
E.: –Y ¿usted está en Australia para quedarse o le gustaría viajar después? o...
M: –Creo que me gustaría viajar.
E.: –Le gustaría viajar. Eh... ¿a dónde le gustaría viajar?
M.: –Europa.
E. : –Europa... mm... ¿Alguna idea de cuándo... de cuándo le gustaría viajar?
M.: –Eh..., usted sabe, depende de cuándo empiezo a trabajar.
E.: –Bueno, está bien.
M.: –Después de que estoy... empezando... después de que yo empiece el trabajo, creo, después ganar algo de dinero, y entonces...
E.: –Entonces, ¿cuánto tiempo le gustaría trabajar para nosotros? Si le diéramos un trabajo, ¿cuánto tiempo cree usted que trabajaría para nosotros antes de querer viajar?
M.: –Mm... Hasta suficiente dinero para... hasta suficiente dinero para ir a viajar.
E.: –Correcto. Bien. Entonces realmente por lo que quiere el trabajo es para conseguir dinero para viajar.
M.: –Sí, para viajar. Me encanta viajar.
Williams comenta:
El problema de la comunicación errónea está... escondido. M. supone que la intención de las preguntas del entrevistador es ponerlo cómodo y responde en función de ello. Parece no darse cuenta de que las aparentemente inocentes preguntas del entrevistador están sondeando su compromiso con el trabajo y la empresa de música. Como no comparte el mismo conocimiento que el entrevistador sobre las encuestas de trabajo, no se da cuenta de que un candidato debe reconocer todas las preguntas del encuentro como potenciales evaluaciones de su adecuación para el trabajo.
M. no logra interpretar las preguntas del entrevistador desde este punto de vista y contesta inapropiadamente. (Williams, 1985: 174, en Pride, ed., 1985: 165-175).
El fracaso sociolingüístico (pragmático) de M. le hace perder el trabajo.
La relevancia de este ejemplo para la discusión de este capítulo es que compartir reglas lingüísticas no garantiza la comprensión, el fracaso es sociolingüístico. Éste es mi tema para el capítulo 4. [...]
(Tomado, y traducido para la cátedra, de Alan Davies, The native speaker in applied linguistics, Edinburgh University Press, 1991, pp. 50-51.)
Nota. Las referencias bibliográficas de Davies remiten al siguiente enunciado de su bibliografía: Terry Williams (1995), “The nature of mis-communication in the cross-cultural employment interview” [“La naturaleza de la comprensión equivocada en la entrevista de empleo transcultural”] en J.B. Pride (ed.) (1985), Cross-Cultural Encounters. (Communication and Mis-Communication) [“Encuentros transculturales. (Comunicación y comunicación equivocada)”], Melbourne, River Seine Publications, pp. 165-175.
2. Relea el texto, esta vez con la finalidad de determinar si Davies cita a Williams para refutar lo que éste ha afirmado.
3. Explique cómo varió su estrategia de lectura según la finalidad por la que leyó en cada caso.
4. Para el punto anterior, usted ha considerado variaciones de la lectura dentro de un mismo ámbito (el académico). ¿Cómo se diferencia la lectura en la escuela o en la universidad de la que se hace cuando a uno le interesa un tema y quiere aprender sobre él y para ello se compra revistas especializadas sobre la cuestión (ámbito periodístico, discurso de divulgación)?
5. Responda las siguientes preguntas en función de lo expuesto en esta Introducción para identificar un rasgo distintivo del discurso académico:
1) ¿Qué género discursivo resulta en este texto citado por el discurso académico? ¿Por qué?
2) ¿Para qué lo presenta Davies, según él mismo explicita?
3) ¿Cuál es el tópico del texto, según allí mismo se aclara?
4) ¿Cómo orienta la lectura el primer párrafo de “Aspectos sociolingüísticos...”?
5) ¿Qué es lo que no explicita o aclara el entrevistador citado?
6) ¿A qué se debe ese diferente grado de explicitación? Indique al menos dos razones.
6. En la universidad, los cargos docentes se concursan y, a través de los concursos (cuando se los abre), los profesores acceden a ciertos derechos laborales. Un concurso habitualmente consta de una presentación de curriculum vitae con un proyecto de enseñanza o de gestión, un coloquio y una clase; un jurado de al menos tres miembros evalúa aquella presentación, sostiene el coloquio con el concursante, le asigna un tema y observa la clase que sobre él dictaría el candidato. Averigüe qué es un coloquio y compárelo con la entrevista citada por Davies.
7. ¿Cómo se diferencia la sintaxis del hombre de Bali de la del australiano? ¿Cómo la de la entrevista citada de la del texto producido por Davies? ¿A qué se deben las diferencias en cada caso? Justifique sus respuestas recurriendo a las nociones de capital lingüístico y variedades de lenguaje.
8. Delimite las secuencias presentes en el texto. Establezca cuál es la predominante, teniendo en cuenta que ese predominio no es una función directa de la extensión relativa de las secuencias en un texto.
Texto 2
Haga una lectura rápida del conjunto de estos materiales de taller y observe qué géneros discursivos se abordan como objeto de enseñanza. Determine luego a cuál de ellos corresponde el siguiente, escrito por un alumno de nuestros cursos.
Trabajo Práctico de Semiología
Jimena XXXXXXX
Aula 713, miércoles de 19 a 21
Fecha de entrega: 22 de mayo de 2002
La educación es la base de la sociedad. El actor social depende de su formación para poder constituirse como sujeto pensante. Con esto no me refiero solamente a la instrucción que el sujeto recibe en su casa o por el mismo roce con la realidad del mundo en que vive, sino a su vida de lector. Pero, ¿de dónde surge ese saber?
A lo largo de la historia, grandes intelectuales y eruditos se han dedicado a descubrir y formular conocimientos. En general nos limitamos a estudiar esos conocimientos y son muy pocas las veces en que nos ponemos a pensar en la importante función que cumplen aquellos que los confeccionan. Éste último es uno de los temas que toman Pierre Bourdieu, Jean-Paul Sartre y Carlos Yusti. Cada uno, desde diferentes puntos de vista, toma el campo literario como objeto de estudio y analiza la posición del escritor en él.
Pierre Bourdieu (francés, 1930-2002) siempre se dedicó a escribir sobre arte, literatura y cultura. Sin embargo sus conocimientos filosóficos, antropológicos y sociológicos le impidieron limitarse a esta gran esfera y produjo diversos escritos relacionados a temas políticos (quiso encarnar lo que denominaba una “izquierda de izquierdas”, que rechazaba al Partido Socialista francés) y de comunicación. En el artículo The field of cultural production se limita a exponer las distintas categorías del arte y las características de sus artistas sin tomar una posición por alguna de ellas. Explica que el artista y el escritor están definidos, antes que nada, por su relación con el campo del poder y de la economía. Comenta también el doble status que estos poseen: si bien “…ocupan una posición dominada en la clase dominante, son los poseedores de una forma dominada de poder al interior de la esfera de poder.”. Luego divide el campo literario (entre los años 1830 y 1850) en el “arte social”, el “arte por el arte” y el “arte burgués”. Los integrantes de la primera categoría asignan a la literatura una función social o política, desde la solidaridad con los dominados y la hostilidad hacia los dominantes. Los de la segunda, adoptan una posición central que resulta un tanto ambigua: si bien toman la lógica de campo del arte burgués (en oposición al arte social), no coinciden en el nivel estético y político que este mismo arte establece. Por esta razón Bourdieu afirma que “…forman una imagen ambigua de su propia posición en el espacio social y de su función social.”. Finalmente, los escritores que se circunscriben en la tercera, están ligados a la clase dominante.
Jean-Paul Sartre (francés, 1905-1980) fue un filósofo políticamente volcado al socialismo. Se lo considera el padre del existencialismo. Coherente con su pensamiento, participó activamente en el Mayo Francés, pues estaba convencido de que la revolución era el único camino para recuperar la libertad. A la hora de definir su postura entre alguna de las categorías de Bourdieu, lógicamente se inclina por el arte social. Esta posición es claramente reconocible en la “Presentación de Tiempos Modernos” donde afirma que la literatura es una función social. Explica, en primer lugar, los valores y las implicancias de ser escritor. A continuación critica el espíritu de análisis de la clase burguesa. Para ello expone y desarrolla algunas de las concepciones que adoptan y toma a Proust como representante de esta clase. Luego se focaliza en la concepción del hombre que relaciona con la de sociedad. Finalmente describe la nueva revista que está por publicar.
Carlos Yusti también tiene una clara postura. “…nos dedicamos a la literatura en soledad de alquimista y por puro gusto, por amor al arte…”, afirma Yusti en Ciudadanos de segunda. Allí relaciona al escritor con su contexto, mostrando así lo poco que su figura representa para el resto de la sociedad.
Pierre Bourdieu explica que el campo literario se maneja con una ley fundamental totalmente diferente a la ley universal (que es la ley de la economía y del poder). Se trata, básicamente, de la ley de lo desinteresado. Entonces, al ser un “…mundo económico revertido, un juego en el que el perdedor gana…” es fácil entender que “…el artista puede triunfar en el terreno de lo simbólico tanto como pierda en el económico, y viceversa.”. Yusti disiente en este punto “Escribir con un mínimo de honestidad y que te paguen por ello sería lo ideal o como lo ha escrito Francisco Umbral: ‘Sólo el dinero, lacónico e imparcial, sirve para expresarle al escritor algo más importante que una admiración humillante: la aceptación social de una literatura’ “. Es decir que según este último autor el ser reconocido económicamente es condición necesaria para poder ser socialmente aceptado. Al leer su artículo es indudable que se considera uno de los tantos escritores relegados por la sociedad, donde prima el poder de aquel que tiene más dinero. Él mismo confiesa que “no recibimos calderilla alguna por nuestros gusanos tipográficos”. Es notable la contraposición de este planteo con el que hizo Sartre allá lejos y hace tiempo, por el año 1950: “El autor rara vez establece una relación entre sus obras y el pago en numerario que por estas recibe.” Medio siglo antes no se relacionaba una cosa con la otra (aunque Sartre ve en esta actitud un sesgo de irresponsabilidad). Bourdieu explicó claramente la situación del escritor frente al dinero. Para hacerlo se remitió a Sartre: “…es escritor es el «pariente pobre», el idiota de la familia burguesa”, el que posee “…todas las propiedades de la clase dominante menos una: el dinero.”. Sería acertado relacionar esta visión con la de Yusti, en cuyo artículo remite constantemente a esa aposición que transformó en título para su artículo es “Ciudadanos de segunda”. Es interesante el análisis que Bourdieu hace sobre la clientela de los distintos tipos de arte para definir otro punto de unión entre lo artístico y lo económico. Mientras que el arte burgués dispone de clientes inmediatos, los artistas que hacen arte por el arte tienen la necesidad de crearse su propio mercado.
Tanto Sartre como Yusti destacan la responsabilidad del escritor. ¿A qué se refieren con ello? Sartre toma el término para destacar el papel del escritor frente a los hechos que acontecen en su época. Para él, es fundamental que el escritor se apegue al presente que vive y produzca su obra teniéndolo en cuenta permanentemente. De esta manera, irá tomando acciones y evitará así “lavarse las manos”. Yusti afirma que “La escritura es una responsabilidad tanto intelectual como vital.” y plantea como función imperante del escritor “…intentar devolverle a las palabras su función hostigadora y crítica, debe procurar magializar el lenguaje y enfrentarlo a la retórica oficial que siempre busca maquillar la realidad con frases e índices.”. Justamente se refiere, como Sartre, a posicionarse frente a los acontecimientos que lo rodean. A modo de resumen señala “…el escritor debe ser partícipe disonante en un mundo donde la intolerancia, el terrorismo financiero, la injusticia y la miseria, tanto material como espiritual, bullen a tu alrededor.”. La posición crítica por sobre todas las cosas.
Esta última idea puede relacionarse con la de la escritura para una lectura presente. Sartre limita el futuro impredecible al “…porvenir de nuestra época…” que es, en definitiva, “…lo que debe merecer nuestros cuidados…”. Hic et nunc. “Nosotros escribimos para nuestros contemporáneos y no queremos ver nuestro mundo con ojos futuros…” certifica Sartre. A propósito de esto, señala que “…nuestra tarea de escritores consiste en hacer entrever los valores de la eternidad que están implicados en esos debates sociales o políticos.”. Ésta visión a futuro aparentemente contradictoria toma coherencia en lo que es la función primordial de la literatura para Sartre: la función social. Lo que recurrentemente busca el escritor, en última instancia, es “…cambiar a la vez la condición social del hombre y la concepción que el hombre tiene de sí mismo.”. Yusti, rescata y resume de forma magnífica el pensamiento sartreano en este punto: “Al final no quiero que me jodan con una calle o con una plaza con busto cagado por palomas.”
A modo de síntesis de estas dos últimas nociones tomo a Sartre: “…nos haremos eternos (…) seremos absolutos (…) por haber combatido apasionadamente en nuestra época, por haberla amado con pasión y haber aceptado morir totalmente con ella.”
Tantas veces prohibidos, tantas veces censurados, los libros cumplen un papel protagónico en nuestra historia. Supieron desde movilizar las masas hasta calmar a las multitudes. Nos acompañan no sólo en los momentos laborales sino también en los de ocio. La omnipresencia es la prueba fehaciente de la importancia inimaginable que llega a tener la figura del escritor en todos los procesos históricos y las concepciones que los sujetos de cada época se forman a partir de estas herramientas. Son sus ideas las que enmarcan las nuestras, son el molde o, desde otro punto de vista, el filtro.
Tal vez ahora resulta más visible la importancia que los escritores tienen en nuestra formación y lo interesante que puede llegar a ser analizar sus funciones, a partir de los estudios que ellos mismos realizaron. A mi juicio, los escritores son los encargados de hacernos ver las cosas. Sus obras cumplen la misma función que un par de anteojos, nos permiten observar la realidad con mayor nitidez. Nos brindan los elementos para ello.
Bibliografía
Bourdieu, Pierre, The field of cultural production. Field of power, literary field and habitus, United Kingdom, Polity Press, cap. 5, pp. 164-169.
Sartre, Jean-Paul, “Presentación de Tiempos Modernos”, ¿Qué es la literatura? Situations II, Madrid, Losada, 1950.
Yusti, Carlos, “Ciudadanos de segunda”, artículo de la publicación Arte y Cultura de Venezuela analítica.
9. Realice ahora las siguientes actividades:
1) Lea el capítulo sobre informe de lectura y señale los que usted considere segmentos mejorables del escrito de esta alumna.
2) Confronte la siguiente grilla de corrección y ajuste las observaciones que elaboró para el punto anterior.
Grilla de corrección
| Ítem | Comprende | Puntaje asignado |
| Paratexto | Carátula, títulos, subtítulos, (organización de la) introducción, notas al pie, bibliografía y autonomía relativa del texto respecto del paratexto. | 2 |
| Adecuación a la situación comunicativa/ Construcción enunciativa | Características del enunciador, del enunciatario y del referente propias del discurso académico y del género: persona desde la que se enuncia, tú implícito, manejo de las voces citadas (respeto de la “propiedad intelectual”), opiniones fundamentadas, etc. Mantenimiento de la persona gramatical desde la que se enuncia a través de las secuencias. | 1 |
| Organización de las secuencias | Organización distintiva de las secuencias explicativa y argumentativa. | 2 |
| Comprensión del corpus | Selección de información pertinente; construcción adecuada a los planteamientos de los textos de las posturas respecto de un tema; identificación correcta de las posturas a las que adhieren y niegan los autores; reconocimientos de argumentos y contraargumentos (y refutaciones) de cada postura, organización del orden de exposición de las posturas (creación de un criterio). | 2 |
| Textualidad | Cohesión y coherencia, en especial, correferencia anafórica y catafórica, concordancia, organizaciones de temas y remas. | 2 |
| Ortografía y puntuación | 1 |
3) Calcule qué nota se le asignó a Jimena.
4) Escriba otra introducción para el texto 2 considerando las explicaciones correspondientes del capítulo sobre informe de lectura y la grilla expuesta.
Oralidad y escritura
La condición básica que diferencia la oralidad de la escritura es la situación de comunicación. O sea: en la comunicación oral ambos interlocutores, destinador y destinatario, están presentes y comparten un espacio y un tiempo. En cambio, en la comunicación escrita uno de los interlocutores está ausente. Esto obliga al destinador a reponer elementos contextuales para que la comunicación sea eficaz. Se puede decir, por lo tanto, que el rasgo distintivo de la comunicación escrita es la descontextualización.
La escritura no es una versión gráfica de la oralidad. El hecho de que la situación de comunicación sea diferente hizo necesaria la invención de otro código lingüístico, con reglas, convenciones y condiciones para la interpretación diferentes de las del código oral.
En la comunicación escrita no son posibles frases como éstas: “Dame esa carpeta que está ahí” o “Alcanzáme el coso ese”, ni es factible que el destinatario interrumpa la conversación con un gesto, una mirada o una palabra para pedir una aclaración. El lenguaje escrito tiene que recurrir a mayores explicaciones contextuales, a reformulaciones que anticipen ambigüedades en la interpretación y (como se dispone de tiempo para releer y corregir lo escrito) puede formular oraciones y seleccionar el vocabulario con precisión.
Así como el escritor dispone de tiempo para releer y corregir, el lector puede releer. Estas posibilidades se cancelan en la oralidad, en la que la cuestión del tiempo define muchos rasgos. El texto oral se comunica al destinatario al mismo tiempo que se lo está produciendo, lo cual genera otro tipo de complejidad de la sintaxis oral. No se puede comparar la sintaxis de la escritura con la de la oralidad como compleja y simple respectivamente (Halliday, 1985). La complejidad de la sintaxis escrita se caracteriza, por ejemplo, por la prolongación de la unidad oración por medio de proposiciones incluidas de todo tipo que pueden a su vez incluir otras. La complejidad de la sintaxis oral se relaciona con la simultaneidad de la producción y la recepción: el emisor hace las correcciones de los enunciados que no lo satisfacen al mismo tiempo que los dice y entonces en un mismo texto oral el receptor encuentra, y en sucesión, ensayos de enunciados, enunciados comenzados pero interrumpidos y abandonados a favor de otros; repeticiones para compensar la imposibilidad del interlocutor de “volver atrás en la página”; repeticiones, muletillas y silencios del emisor que los produce con el fin de darse más tiempo para organizar la producción de su mensaje, etcétera.
Esta caracterización de la oralidad y de la escritura debe ser relativizada en función de los diversos ámbitos de la actividad humana y de las nuevas tecnologías. Respecto de lo primero, es necesario considerar que discursos como el político y el académico despliegan una oralidad que no es tan espontánea como la de la conversación cotidiana en la familia o entre amigos íntimos. La de aquellos ámbitos, como en el teatro (podría decirse), tiene un “guión” que se planifica, se ensaya antes de la “puesta en escena” que en verdad constituyen un discurso de campaña frente a los ciudadanos o una clase frente a los alumnos.
Además, las nuevas tecnologías de la palabra permiten un control de la producción oral que se acerca al del código escrito, con el cual comparte rasgos composicionales y estilísticos. Así sucede en las emisiones de radio y televisión.
También, como resultado de las innovaciones tecnológicas, surgen nuevos géneros discursivos, como los asociables al chat, que genera una escritura que se produce a la vez que se “entrega” el enunciado a un destinatario quien, si bien no está “cara a cara” con el emisor, comparte su tiempo de producción con el de recepción. Esta escritura en internet tiene una sintaxis próxima a la de la oralidad.
Sin embargo, esta caracterización de la oralidad y la escritura en general es válida porque la escritura supone básicamente una descontextualización que, se puede sostener, implica una mayor abstracción mental. La invención de la escritura y su uso generalizado han significado un avance importante para el pensamiento occidental.
Actividad Nº 9
1. La siguiente es la transcripción de un relato oral. Señale qué transformaciones respecto del mensaje oral se habrán producido en este texto y qué huellas de oralidad aún se registran en él.
EL ZORRO DICE QUE ES MAESTRO
Una vuelta el zorro engañó a un gallo y una gallina, que él era maestro. Le dejaron llevar a los pollitos y se los comió ¿no? Después llevó a la gallina pa’ que los viera, y se la comió. Después vino y llevó al gallo ¿no? Cuando iban por el camino, el gallo vio las plumas. Se dio cuenta de todo y antes que lo coma se voló a un árbol, y empezó a cantar. Ahí vinieron los perros y lo mataron al zorro y se acabó el maestro. (Tomás Lértora. 73 años. Punta India. Magdalena. Buenos Aires. 1969)
(Tomado de Berta Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1980, p. 235.)
2. Reescriba el texto anterior reforzando sus rasgos de texto escrito: realice supresiones, expansiones, aclaraciones y sustituciones que considere necesarias.
Lectura y escritura, una actividad diferida
Condiciones de la lectura y la escritura. La gran particularidad de la lectura y la escritura con respecto a la interacción oral es su estatuto de comunicación diferida debido a la ausencia de uno de los dos interlocutores. El autor y el lector están –al menos en la gran mayoría de los casos– alejados el uno del otro en el espacio y en el tiempo. Mientras que un enunciado oral evita la mayor parte de las ambigüedades por intercambios incesantes en la situación espacio-temporal común a los interlocutores, el texto escrito se presenta al lector fuera de su contexto de origen. Autor y lector no tienen un marco común de referencia, no comparten estrictamente una situación. El lector va reconstruyendo el contexto necesario para la comprensión de la obra fundándose en la estructura del texto, es decir, en el juego de sus relaciones internas.
Es así como mientras un diálogo, por ejemplo, se apoya sin cesar en la situación que sirve de marco al intercambio, el texto escrito es aprehendido por el lector como un objeto autónomo y cerrado sobre sí mismo. El mensaje escrito, recortado de su contexto, es recibido como un sistema cerrado cuyos diferentes componentes toman sentido en sus relaciones mutuas. Al no poder relacionar los elementos aislados a un contexto conocido y compartido, el lector busca cuál es su función en el texto. Para el lector, es como si el texto creara su propio sistema de referencia.
El estatuto del texto leído. Precisamente el carácter diferido de la comunicación escrita es lo que hace la riqueza de los textos. Recibido fuera de su contexto originario, el texto se abre a una pluralidad de interpretaciones: cada nuevo lector trae con él su experiencia, su cultura y los valores de su época.
En la obra escrita, el sentido escapa a la precariedad del discurso oral (siempre fugaz) y lo hace cumpliendo diversas funciones:
1 Función mnémica: la escritura se constituye en una memoria externa de la mente del ser humano. Fija la información, sustrayéndola así de la desaparición.
2 Función comunicativa: permite la comunicación a distancia y a través del tiempo, con una apertura sobre el mundo que lo saca de los límites de la situación de diálogo.
3 Función epistémica: por la mayor abstracción mental que supone, facilita la representación y elaboración del conocimiento.
Las potencialidades del mensaje escrito son considerables. Al distender el vínculo que, en la oralidad, une al locutor con su discurso, la escritura permite a los lectores ver en el texto otra cosa que el proyecto del autor. La diversidad de interpretaciones que ofrece la obra de Shakespeare se debe en gran parte a nuestra ignorancia casi completa de la personalidad del dramaturgo. Al no estar más el autor para desaprobar tal o cual lectura, el campo de las significaciones puede desarrollarse casi hasta el infinito. Esa diversidad se multiplica en ese caso porque se trata de una obra literaria, pero no es ajena a otros discursos. La lectura de cualquier texto escrito (académico, político, publicitario, religioso, incluso uno científico) puede producir diversas interpretaciones, que suelen generar otros textos escritos en los que diferentes lectores-escritores polemizan y tratan de imponer unos a otros “la mejor interpretación”, lo que el autor “en verdad tuvo la intención de decir”. Pero, en realidad, ninguna interpretación puede desligarse de todo lo que ella “aporta” al sentido del texto, que no es inmanente a él.
Al liberarse de la situación, siempre particular, que limita el intercambio oral, el texto amplía el horizonte del lector abriéndole un universo nuevo. Al leer a Cicerón (orador del siglo I antes de Cristo), el lector no va a descubrir la antigua República romana sino lo que, varios siglos después, queda accesible de ella: un conjunto de trazos que, habiendo atravesado el tiempo, pueden todavía hoy ser valorados simbólicamente.
Finalmente, al sustituir a la audiencia necesariamente limitada de una comunicación oral por un número de lectores virtualmente infinito, el texto adquiere una dimensión universal. Es así como la Biblia tiene lectores que pertenecen a todas las épocas, todos los continentes y todas las clases sociales.
La “descontextualización” del mensaje escrito es, según se ha visto, la condición plural del texto.
El proceso de lectura, una actividad con facetas diversas
Un proceso es un conjunto de fenómenos activos y organizados en el tiempo. La lectura, entendida como proceso, es una actividad compleja y plural, que se desarrolla en varias direcciones. Combina diversos subprocesos:
Un proceso neurofisiológico. La lectura es antes que nada un acto concreto, observable, que convoca facultades bien definidas del ser humano. La lectura no es posible, en efecto, sin el aparato visual y las diferentes funciones del cerebro. Leer es, antes que cualquier análisis de contenido, una operación de percepción, de identificación y de memorización de signos. Diferentes estudios han intentado describir con minuciosidad tal actividad. Estos estudios demostraron que el ojo no capta un signo después del otro sino “paquetes de signos”. Es frecuente saltar ciertas palabras o confundir los signos entre sí. El movimiento de la mirada no es lineal y uniforme (como ocurre en la escritura); está hecho, al contrario, de saltos bruscos y discontinuos entre los cuales las pausas más o menos largas (entre un tercio y un cuarto de segundo) permiten la percepción. Durante esas pausas, el ojo registraría precisamente seis o siete signos, anticipando al mismo tiempo la continuación gracias a una visión “periférica” más fluida.
La decodificación del lector depende de la composición del texto: si tiene palabras breves, ambiguas, simples o polisémicas. Rara vez se lee letra por letra, sólo cuando las palabras presentan dificultades, de lo contrario la percepción discontinua se vincula constantemente con la elaboración mental de hipótesis sobre el significado de las palabras (proceso cognitivo) y su confirmación.
Desde la perspectiva de su aspecto físico, la lectura se presenta como una actividad de anticipación, de estructuración y de interpretación.
Un proceso cognitivo. Al mismo tiempo que percibe y decodifica los signos, el lector intenta comprender el significado. La conversión de las palabras y grupos de palabras en elementos de significación supone un importante esfuerzo de abstracción.
Esta comprensión puede ser mínima y abarcar únicamente la acción en curso. El lector de una novela policial, por ejemplo, enteramente ocupado en llegar al desenlace, se concentra entonces en el encadenamiento de los hechos: la actividad cognitiva le sirve para progresar rápidamente en la intriga. Cuando los textos son más complejos, el lector puede, a la inversa, progresar más lentamente en función de la interpretación. Deteniéndose en tal o cual pasaje, trata de captar todas las implicaciones. Roland Barthes describe con precisión estas dos prácticas de lectura:
Una va directamente a las articulaciones de la anécdota, considera la extensión del texto, ignora los juegos verbales (si leo a Julio Verne, leo rápido: pierdo discurso, y sin embargo mi lectura no está fascinada por ninguna pérdida verdadera –en el sentido que esta palabra puede tener en espeleología); la otra lectura no deja pasar nada, pesa, se pega al texto, lee con aplicación y arrebato, capta en cada punto del texto el asíndeton que corta los lenguajes –y no la anécdota: no es la extensión (lógica) lo que la cautiva, del deshojar de las verdades sino el hojeado de la significación. (R. Barthes, 1992)
Entre “progresión” e “interpretación” existen, por supuesto, regímenes intermedios: las dos variables pueden combinarse en proporciones muy diversas. En todos los casos, la lectura solicita una competencia. El texto supone un saber mínimo que el lector debe poseer si quiere proseguir con su lectura.
Un proceso afectivo. El atractivo de la lectura está relacionado en gran parte con las emociones que suscita. La recepción del texto puede convocar las capacidades reflexivas del lector y/o su afectividad. En efecto, las emociones están en la base del principio de identificación, motor esencial de la lectura de ficción: porque provocan admiración, piedad, risa o simpatía nos interesa el destino de los personajes novelescos.
El rol de las emociones en un acto de lectura es fácil de discernir: identificarse con un personaje, interesarse por lo que le sucede, es decir, por el relato que lo pone en escena. Intentar eliminar la identificación –y por consiguiente el factor emocional– de la experiencia estética parece destinado al fracaso. Más que un modo de lectura particular, el compromiso afectivo es, según parece, un componente esencial de la lectura en general.
Los textos explicativos o argumentativos que son los de más frecuente lectura en la universidad convocan fundamentalmente las capacidades reflexivas del lector. Sin embargo, el factor afectivo no está ausente: las ideas desarrolladas, el despliegue que hace el autor de éstas, las estrategias argumentativas, los recursos estéticos, provocan reacciones emocionales.
Un proceso argumentativo. El texto, resultado de una voluntad creadora, conjunto organizado de elementos, es siempre analizable como una toma de posición del autor (ubicado en una cultura, poseído por ella) sobre el mundo y los seres vivos.
Desde la pragmática, se dirá que hay una perspectiva ilocutoria (la voluntad de actuar sobre el destinatario, de modificar su comportamiento) inherente a todos los textos. El enunciador apunta a acercar al interpretante potencial (caso de la comunicación escrita) o actual (caso de la comunicación oral) a una cierta conclusión o a disuadirlo de ella. La intención de convencer está presente, de una u otra manera, en todo texto.
Un proceso simbólico. El sentido que se construye en la lectura (al reaccionar ante la historia, los argumentos propuestos, la discusión entre puntos de vista) va a integrarse inmediatamente en el contexto cultural donde evoluciona cada lector. Además de interactuar con los conocimientos del mundo y de otros textos de cada lector, toda lectura interactúa con la cultura y los esquemas dominantes de un medio y de una época. Sea para refutarlos o confirmarlos, al pesar sobre los modelos del imaginario colectivo la lectura afirma su dimensión simbólica. El sentido en contexto de cada lectura es valorado en relación con otros objetos del mundo con los cuales el lector tiene contacto. El sentido se fija en el nivel del imaginario de cada uno, pero se integra, dado el carácter necesariamente colectivo de su formación, con otros imaginarios existentes, que comparte con los otros miembros de su área de actividad, de su grupo o de su sociedad. La lectura se afirma así como componente de una cultura.
¿Toda lectura es legítima?
Dado el carácter específico de la comunicación escrita, cabe preguntarse si cada lector tiene derecho a interpretar el texto como le parezca. No se puede reducir una obra a una sola interpretación pero hay, sin embargo, criterios de validación. El texto permite diversas lecturas pero no autoriza cualquier lectura.
Desde una perspectiva semiótica de la lectura, la recepción está en gran parte programada por el texto. Entonces, el lector no puede leer cualquier cosa. Retomando una expresión de Umberto Eco (1999 [1984]), el lector tiene ciertos “deberes” frente al texto: debe relevar lo más precisamente posible la coherencia interna propuesta por el propio texto.
No todas las lecturas son legítimas. Hay una diferencia esencial, como lo hace notar Eco, entre “violentar” un texto e “interpretarlo” (aceptar el tipo de lectura que un texto programa). En esa diferencia hay que considerar que nunca se lee en aislamiento, en libertad absoluta. Cada esfera de la actividad humana impone “gramáticas” de recepción (como de producción) de los textos a su comunidad de lectores. La Biblia puede leerse en diferentes ámbitos: una iglesia, una sinagoga, una escuela laica, una academia literaria, un instituto de investigación. Pero cada uno de esos ámbitos impone reglas de lectura con las que determina si una lectura es “legítima” (para sus miembros). Si a un escritor o a un cineasta o a un dramaturgo la comunidad artística le admite (y hasta tal vez le premie) que interprete en la Biblia que Caín es una víctima inocente de la injusticia y la arbitrariedad de un Dios egocéntrico; si un antropólogo o cualquier otro científico se niega a leer con fe –como se lo exigen las autoridades académicas– para someter a pruebas racionales lo que se declara en ese antiguo texto, una comunidad religiosa podría llegar (y lo ha hecho) a sancionar esas “violencias” ejercidas contra la Biblia con otras (desde una excomunión hasta una bomba en un teatro).
Actividad Nº 10
1. Lea el capítulo 3 de Lector in Fabula de Umberto Eco. Puede guiar su lectura intentando responder las siguientes preguntas:
1) ¿Cómo define Eco el concepto de código como componente del circuito de la comunicación?
2) ¿Cómo opera el autor del texto escrito para garantizar la cooperación textual por parte del lector?
3) ¿El Lector Modelo está inscripto en el texto?
4) ¿Qué características tienen los textos “cerrados y represivos”?
5) ¿Cómo se diferencia cooperación de violencia por parte del lector?
6) ¿Cuándo podemos hablar de un texto “abierto”?
7) ¿En qué se diferencia el uso libre que hace un lector de un texto y la interpretación de un texto abierto?
8) ¿Cómo se manifiesta textualmente un autor?
9) ¿Por qué Autor Modelo y Lector Modelo son estrategias textuales?
10) Si el Lector Modelo es una estrategia textual, ¿qué debe hacer el lector empírico para realizarse como Lector Modelo?
2. Escriba un resumen del apartado 3.1. (“El papel del lector”) del capítulo “El lector modelo” de Eco, pensando en un destinatario que no conoce ese capítulo completo. Para ello, se sugiere esta secuencia de actividades: lectura atenta, subrayado de informaciones centrales, reformulación de esas secciones e integración en un texto coherente y cohesivo.
El proceso de escritura: la transformación del conocimiento
Los escritores expertos aseguran, según estudios recientes de Marlene Scardamalia y Carl Bereiter (1992), que su comprensión de lo que están intentando escribir crece y cambia durante el proceso de escritura. Desde este punto de vista, la principal diferencia entre el escritor experto y el inexperto consistiría en la manera de introducir el conocimiento a lo largo del proceso de composición.
Para abordar el complejo proceso que es la escritura de textos en la universidad es necesario integrar otras consideraciones. Por un lado, nadie se vuelve un escritor experto sin entrenamiento en escritura: un estudiante de escuela secundaria o un universitario puede tener la potencialidad intelectual para realizar aquella introducción de conocimiento, pero si no se le ha enseñado cómo, si no lo ha hecho con frecuencia y en esa práctica ha resuelto los problemas que se le plantean, ese estudiante no podrá escribir como un experto. Por otro lado, pero en el mismo sentido, se debería tener en cuenta que nadie es experto en escritura (con este grado de generalidad) sino en la escritura de algunos géneros discursivos. Un licenciado en Letras es tan universitario como un abogado, pero resultará un escritor novato puesto a escribir un fallo jurídico. El estudiante de Derecho, por el contrario, resultará experto para esa tarea porque habrá leído muchos y en esa amplia experiencia de lectura habrá reconocido cuáles son los temas que se deben abordar en un fallo, cuáles son su estructura y estilo apropiados, le habrán enseñado cuáles son las convenciones del discurso jurídico para reconocer un texto como un fallo, habrá escrito algunos y se los habrán corregido profesores en la universidad o abogados con experiencia en un juzgado, etc. Como universitarios, sin embargo, se supone que tanto el licenciado en Letras como el abogado (así como cualquier otro egresado de una universidad) deben ser escritores expertos en los géneros académicos propios del ámbito de los estudios de grado, al menos en aquellos a través de los cuales los alumnos promocionan: el parcial, la monografía, la tesina, etcétera.
En la escritura de los escritores novatos aparece como problema principal el de expresar lo que ya está formado en sus mentes. Deben transformar el sistema de producción del lenguaje conversacional y encontrar el camino para expresarse en el sistema de producción descontextualizado de la escritura. Los textos de los alumnos en sus primeros años de alfabetización tienen coherencia temática y estructural pero les falta, generalmente, planificación, revisión y adaptación a diferentes destinatarios.
Los escritores expertos deben haber resuelto el problema anterior para poder introducirse en un proceso complejo de solución de problemas. Hay fundamentalmente dos espacios problemáticos:
1) el espacio del contenido, y
2) el espacio retórico
En el espacio del contenido los estados de conocimiento se pueden caracterizar como creencias y las operaciones que se realizan como las deducciones o las hipótesis que conducen de un estado de creencia al otro.
El espacio retórico no se ocupa del contenido conceptual del discurso en sí mismo sino, más bien, de cumplir los objetivos discursivos, así como de las relaciones entre el contenido y las posibles reacciones del lector.
El simple hecho de organizar la información escribiendo un texto explicativo con una estructura retórica (introducción, desarrollo, conclusión) obliga al escritor a reorganizar sus conocimientos en función de un eje temático, a seleccionar el léxico, los conectores, los ejemplos. La estructura de la composición de cada género produce una transformación en el espacio del contenido.
En un texto argumentativo, las dificultades que se pueden encontrar dentro del espacio retórico para que una afirmación sea convincente podrían traducirse en subobjetivos que produzcan, entre otros, la explicitación de una creencia, la ejemplificación de los conceptos, el desarrollo de los pasos intermedios en la cadena del razonamiento, los argumentos en contra de una creencia, etc. Las operaciones llevadas a cabo dentro del espacio del contenido para conseguir tales subobjetivos podrían, a su vez, producir cambios en la creencia del escritor o en sus elaboraciones; podrían provocar nuevas conexiones o modificaciones en sus objetivos hacia estudios futuros. De este modo, la interacción dialéctica entre los dos espaciosproblema podría producir cambios en el contenido y en la organización del conocimiento del escritor.
Resumiendo, la escritura de textos comprende varios procesos:
planificar
– pensar qué escribir
– decidir cómo escribirlo
– buscar la información necesaria antes de comenzar
redactar
– escribir la primera versión del texto
borrador
revisar-corregir
– releer el borrador-solucionar los problemas
– buscar errores o problemas y corregir los errores de escritura encontrados.
– decidir si refleja nuestros propósitos
texto definitivo
redactar
– escribir otra versión del texto siguiendo las correcciones
Estos procesos no se producen en forma sucesiva, puesto que es posible ir corrigiendo a medida que se va redactando. Además, pueden repetirse todas las veces que sea necesario, según la dificultad del texto que se esté escribiendo.
Actividad Nº 11
Lea el siguiente fragmento de “El problema de los géneros dicursivos” (Bajtín, 1982 [1979]: 248-249):
La riqueza y diversidad de los géneros discursivos es inmensa, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de la praxis existe todo un repertorio de géneros discursivos que se diferencia y crece a medida que se desarrolla y se complica la esfera misma. Aparte hay que poner de relieve una extrema heterogeneidad de los géneros discursivos (orales y escritos). Efectivamente, debemos incluir en los géneros discursivos tanto las breves réplicas de un diálogo cotidiano (tomando en cuenta el hecho de que es muy grande la diversidad de los tipos del diálogo cotidiano según el tema, situación, número de participantes, etc.) como un relato (relación) cotidiano, tanto una carta (en todas sus diferentes formas) como una orden militar, breve y estandarizada; asimismo, allí entrarían un decreto extenso y detallado, el repertorio bastante variado de los oficios burocráticos (formulados generalmente de acuerdo con un estándar), todo un universo de declaraciones públicas (en un sentido amplio: las sociales, las políticas); pero además tendremos que incluir las múltiples manifestaciones científicas, así como todos los géneros literarios (desde un dicho hasta una novela en varios tomos). Podría parecer que la diversidad de los géneros discursivos es tan grande que no hay ni puede haber un solo enfoque para su estudio, porque desde un mismo ángulo se estudiarían fenómenos tan heterogéneos como las réplicas cotidianas constituidas por una sola palabra y como una novela en muchos tomos, elaborada artísticamente, o bien una orden militar, estandarizada y obligatoria hasta por su entonación, y una obra lírica, profundamente individualizada, etc. Se podría creer que la diversidad funcional convierte los rasgos comunes de los géneros discursivos en algo abstracto y vacío de significado. Probablemente con esto se explica el hecho de que el problema general de los géneros discursivos jamás se haya planteado. Se han estudiado, principalmente, los géneros literarios. Pero desde la antigüedad clásica hasta nuestros días estos géneros se han examinado dentro de su especificidad literaria y artística, en relación con sus diferencias dentro de los límites de lo literario, y no como determinados tipos de enunciados que se distinguen de otros tipos pero que tienen una naturaleza verbal (lingüística) común.
Escriba un texto explicativo donde se amplíen los conceptos allí planteados, mediante la explicitación de un principio o supuesto básico, la ejemplificación de los conceptos, el desarrollo de los pasos intermedios en la cadena del razonamiento y los argumentos en contra de las creencias planteadas en el texto.
Guarde ese texto hasta finalizar sus estudios de este curso. Cuando los haya finalizado, revíselo y reescríbalo. Explique luego cómo se ha modificado, si se ha modificado, su experiencia como escritor.
El problema del texto
CAPÍTULO 1 Texto
Este capítulo profundiza y problematiza la definición del concepto de texto, fundamentalmente, para promover la reflexión sobre la serie de variables que debería tener en cuenta quien se inicia en el saber experto sobre la recepción y la producción de textos. Es importante considerar este capítulo no como una digresión teórica de los talleres sino como una guía de los factores que hay que incorporar deliberadamente en la planificación, realización y revisión de estrategias de lectura y escritura.
El problema del texto desde la perspectiva semiótica
Texto y discurso, a veces se separan conceptualmente, a veces se identifican en la noción que cubren. Sin entrar en la polémica terminológica, pero tampoco dejando de lado el problema, este capítulo se abre presentando un recorrido posible (entre otros no menos funcionales) para situar el texto en el marco de la perspectiva de una semiótica textual; esto es, la semiótica cuyo objeto de estudio son los textos.
En 1975, en el Tratado de semiótica general, al trazar los límites y las posibilidades de la disciplina que se establecía “como conocimiento teórico sólo para los fines de una praxis de los signos”, Eco cerraba la primera parte de su exposición (una teoría de los códigos) con la siguiente alusión al uso de la noción de texto que ya había propuesto otro especialista:
Metz (1970) ha lanzado la hipótesis de que, en cualquier caso de comunicación (excepto quizá casos raros de univocidad elemental), nos encontramos ante un “texto”. En ese caso, un texto sería el resultado de la coexistencia de varios códigos o, por lo menos, de varios subcódigos. Metz pone como ejemplo la expresión /voulez-vous tenir ceci, s’il vous plaît?/ y observa que en esta frase funcionan por lo menos dos códigos: uno es el de la lengua francesa y el otro, el código de la cortesía. Sin el segundo, nadie comprendería exactamente qué significa /s’il vous plaît / y se daría una interpretación ingenua. (Eco, 1977: 116)
Una semiótica que se ocupa de entidades más reales de la comunicación, si bien parte de la descripción de los signos y de sus modos de producción, concibe a éstos funcionando siempre en relación con otros signos en el eje del proceso de la semiosis. Un signo es un constructo teórico que no se encuentra nunca aisladamente en los procesos empíricos de producción y reconocimiento del sentido. Una primera posibilidad es concebir el texto como el objeto concreto de una comunicación. Otra manera de explicarlo es considerándolo como una estructura que es un segmento autónomo y bien definido del proceso de la semiosis social.
En el flujo del proceso donde conviven los signos se puede, por ejemplo, considerar una emisión radiofónica, una página escrita, una celebración religiosa o un programa diario de televisión; el texto es un determinado fragmento de este territorio, pero suficientemente coherente y autónomo para ser considerado unitario.
El primer problema importante que deriva de esta aseveración es cómo efectuar el corte o escansión del texto para que éste no sea el producto aleatorio de la entropía que rige al universo. Bien mirado, el primer peldaño de una respuesta sensata es que no existe una solución única y definitiva. La emisión radiofónica o la televisiva transmite ininterrumpidamente, una publicación periódica se continúa en los números subsiguientes: ¿cómo segmentar esa producción continua para obtener textos autónomos? Depende del sujeto que efectúa el recorte. Esta aseveración puede parecer algo excesiva a “miembros letrados” de una cultura, habituados a entender el texto como un cuerpo cerrado e inviolable. Pero si uno se observa a sí mismo y a los otros como actores sociales, con un poco menos de prejuicio, se puede entender que la transmisión televisiva nos sorprende con el telecomando haciendo zapping para construir el propio texto durante una hora de exposición frente a la televisión en no pocos casos. En el transcurso de una investigación para realizar un trabajo académico, por ejemplo, sobre los noticieros, uno debe enfrentarse a la necesidad de decidir si le interesan todos los noticieros del día, los de la mañana, o los del cierre de transmisión. Uno puede interesarse por seguir una serie (cuyos capítulos están escandidos por las tandas publicitarias), o bien por una secuencia o tan sólo por los momentos donde aparece determinado actor. Todos estos casos pueden considerarse textos emitidos por ese emisor. De la misma forma se pueden considerar textos todas las piezas de un museo, o los cuadros de una colección de una sala, o de un solo artista, o una obra en particular; el periódico que uno lee hoy, o un solo artículo o una tira cómica que seduce a los actores sociales en cuestión. En una página de internet se pueden buscar sólo las palabras que le interesan a uno para “leer” un fragmento referido a un tema que impulsó a la búsqueda, o se puede saltar de un link a otro para ampliar una noción sobre “melodía” con un ejemplo sonoro.
Estos ejemplos permiten inferir que la elección de los límites del texto y, por consiguiente, la definición de ese texto, son responsabilidad del sujeto en posición de recepción. En los casos de significación más elemental (aquellos en los que no existe propiamente un emisor), como cuando se está frente a procesos del mundo natural que se tratan como fenómenos con sentido (inferir que lloverá por la forma de las nubes o avisar a los bomberos que en la Reserva Ecológica se ha producido un incendio porque vemos la línea del horizonte borrada por el humo intenso de color oscuro), se ha decidido recortar como texto una cierta porción del mundo.
Por consiguiente, la responsabilidad del receptor en la delimitación de los confines del texto sugiere enriquecer las definiciones parciales que se han dado aquí hasta ahora: un texto es un fragmento de la semiosis que es tratado como texto por alguien.
Hay, además, en la comunicación compleja y elaborada, procesos donde existe una intencionalidad de producir procesos que sean recibidos como textos: del lado de la emisión se proyecta un plan para determinar que el receptor lea de determinada manera el texto que se convierte, entonces, en el lugar de conflicto o negociación, puesto que la intencionalidad del productor se confronta o –por lo menos– entra en juego con los intereses, actitudes y competencias del receptor que acepta el texto colaborando o confrontando. Considérese el ejemplo de la emisión radiofónica: aunque cada emisora tiene un determinado perfil que apunta a un público parcial, su objetivo es retenerlo la mayor cantidad de tiempo posible porque es un dato concreto que no puede estar las veinticuatro horas escuchando la radio. El oyente puede recurrir a saltar a otra emisora en los momentos dedicados a la escucha cuando la marcada por el dial no satisface su deseo. Pero desde la emisora misma se induce al oyente a consultar su página de programación completa (en el periódico o la web, la red, por ejemplo) para anclar la posible deriva del receptor. Las secciones de una revista semanal, o el mismo diario, difícilmente son leídos en su totalidad: cada lector hace un recorrido personal por los artículos que allí están presentes. Aunque el film de ficción tradicional se orienta a mantener en vilo a su espectador hasta la secuencia final, nada impide que quien tiene la posibilidad de proyectarlo en su videorreproductora pueda saltar las secuencias para saciar su curiosidad de saber el final, aunque estos saltos alteren la organización coherente del relato fílmico.
Existen dispositivos muy institucionalizados que operan como claves de orientación para marcar al receptor los límites de un texto y el modo en que debe leerlo. Para el mundo gráfico, Gérard Genette propuso la noción de paratexto: “Un discurso auxiliar, al servicio del texto, que es su razón de ser” (Genette, 1987 [1962]: 16). Los elementos paratextuales se pueden catalogar: títulos, textos de solapas, prólogos, epígrafes, índices, notas al pie de página, ilustraciones, etc. Todavía es posible diferenciar lo que constituye el peritexto (textos que rodean al texto) del epitexto (el conjunto de mensajes paratextuales que encontramos, por lo menos originalmente, en lo que no está en el libro: críticas, entrevistas al autor, etcétera).
La noción de paratexto (cfr. capítulo 2) es aplicable también a discursos de distinta materia significante que circulan en otros dispositivos: los más notables son los títulos y créditos de los filmes, las indicaciones para ejecutar una partitura musical, el marco de un cuadro, las acotaciones escénicas de las obras teatrales. Todos estos signos metatextuales le proveen al lector “instrucciones de uso”: se trata de una novela o de una investigación periodística, un ensayo que versa sobre un determinado tema o una colección; un manual para utilizar un programa de computación o un tratado de informática; un film o un documental. Estas sugerencias pueden o no ser seguidas por el receptor, que actúa según sus competencias, pero también según sus intereses particulares que no impiden que se use un texto con fines diferentes de aquellos para los cuales fue puesto en circulación.
Se ha explicado que el recorte que permite establecer los límites del texto corresponde a la decisión del receptor y esta operación, compleja de por sí, debe enfrentarse, en primer lugar, con los indicadores paratextuales para definir los límites que sitúen el objeto “texto”. Si se tienen en cuenta casos donde el flujo textual es continuo, por ejemplo, una transmisión televisiva o una radiofónica, o los objetos que forman parte de una muestra fotográfica, o bien un conjunto de textos que se han reunido como bibliografía sobre un determinado tema para realizar un informe de lectura, la posibilidad de escandir tales fenómenos para conformar un texto depende también de un requisito fundamental que gira en torno a la pregunta: ¿cuál es el tema del “texto” al que aludimos? Dicho en términos semióticos, el fragmento producto del recorte que el receptor decide tratar como texto debe responder a un topic. El topic o tema es una respuesta (provisoria) a la pregunta que el receptor le hace al texto (¿sobre qué trata?). La elección de un topic o tema puede considerarse como un título provisorio con el cual el receptor trata de resumir el contenido semántico de una cierta porción del texto. Dado un texto como el siguiente: “PORSCHE 911T 85 Rojo full Techo Súper Confort p/entendidos Titular listo p/viajar U$10900 T/auto J.B. Alberdi 4945 Cap. 155411-1199”, el topic seleccionado por el lector podría ser “aviso de venta autos”. Si el lector es un poco más experto en materia de automotores, podría, en cambio, proponer un topic más analítico, del tipo “venta de autos deportivos importados”. La elección del nivel de análisis dependerá, en consecuencia, también de los saberes que conforman la enciclopedia del lector.
Enfrentado el actor social a un texto nuevo, el título puede facilitarle la comprensión del tema, individualizándolo en una operación que, coherentemente, se denomina “topicalización”, y que orienta, desde el comienzo del proceso de lectura, el campo semántico en el cual se apostará la interpretación. Claro está que esta pista para colaborar con el lector a veces puede faltar, o ser equívoca intencionalmente.
Cuando uno pregunta cuál es el tema de una determinada obra a distintos lectores, posiblemente se obtengan, también, respuestas diferentes (pero no cualquiera) aunque no se las deba considerar erradas (siempre que ellas puedan fundamentarse coherentemente en el texto). Se puede, por ejemplo, decir que el tema del Quijote de Cervantes es “la confrontación entre idealismo y realismo”, o “la historia de un hidalgo venido a menos que pierde la razón a causa de la lectura de libros de caballería y, creyéndose caballero andante, comete una serie de aventuras que son verdaderas locuras, hasta que recupera la razón y muere en sus cabales arrepintiéndose de lo que ha hecho”, o bien que el tema es “la imposibilidad de resucitar en la modernidad los ideales medievales de la caballería andante”.
Para que una serie de enunciados pueda ser entendida como un texto y no como un simple agregado de frases debe existir la posibilidad de trazar el “mapa” de sus relaciones semánticas, o sea, su coherencia. Si no se puede encontrar un tema que las agrupe, no existe un texto. El siguiente conjunto de enunciados: “La sociedad argentina como referencia. Factores de coherencia. Lectura y elegancia. Isabel Solanas – Trabajos. PDF. Untitled document. [sincanon] [Netiqueta] Coherencia en los mensajes a la lista”, desde el punto de vista lingüístico, no conforman un texto. No existe coherencia entre una frase y la otra porque no se encuentran ligaduras entre ellas, no se podrían agrupar bajo un tema, ni ponerles un título que resuma el contenido semántico de los enunciados. Pero ¿es realmente así?
Desde la perspectiva que se está recortando aquí, reconocer que el conjunto de enunciados que conforman el texto están ligados por un principio de coherencia semántica supone que este principio no es una propiedad intrínseca de los enunciados sino que se realiza en el plano pragmático, pues la coherencia del texto no es algo que éste tenga antes de ser descripta. Basta señalar al lector que el ejemplo anterior es el conjunto de las primeras frases que encabezan los documentos que contienen el resultado de una búsqueda en internet que responde a las palabras “texto” + “coherencia” para que uno pueda agruparlas bajo un tema: títulos de los resultados de la búsqueda, o indicar: “seis primeros documentos encontrados sobre «texto» y «coherencia» en la página del buscador Altavista”.
Al comienzo de la exposición se ha aludido a la posibilidad de diferenciar texto y discurso. Aunque algunos especialistas reduzcan las diferencias a puras cuestiones terminológicas (“se han impreso muchas páginas y se han dedicado muchas horas de discusión a la pasión inútil de establecer las supuestas diferencias existentes entre «texto» y «discurso». [...] lo que unos lingüistas llaman textos es, precisamente, lo que otros denominan «discurso» y viceversa”, Bonilla, en Beaugrande y Dressler, 1997: 9), aquí se establece la diferencia entre ambos, centrada en la perspectiva analítica.
Finalizando la década de los 70, Eliseo Verón proponía los discursos sociales como objeto de una sociosemiótica. En este proyecto, la noción de discurso implica tomar en cuenta la dimensión social de los fenómenos de sentido y modelizar los procesos de significación en lo que él llama “pensamiento ternario de la significación”, que toma partido por una concepción peirceana del signo. Para analizar los fenómenos de sentido, sostiene que siempre “partimos de «paquetes» de materias sensibles investidas de sentido que son productos”; con otras palabras, “partimos siempre de configuraciones de sentido identificadas sobre un soporte material [...] que son fragmentos de la semiosis” (Verón, 1987: 126). Estas configuraciones de sentido son el equivalente del texto. Todavía conviene agregar que, al analizar productos (textos), se apunta a los procesos (discursos). El objetivo de la disciplina, en este horizonte, es reconstruir las gramáticas de producción y las gramáticas de reconocimiento, pero ambas parten de textos, esas materias investidas de sentido cuyos límites dependen, en este caso, del interés que guía el análisis del investigador.
Por su parte Fontanille, en la línea de la semiótica greimasiana,1 sostiene:
El discurso es el proceso de significación o, en otros términos, a la vez el acto y el producto de una enunciación particular y concretamente realizada. El texto es la organización en una dimensión (texto lineal), dos o más dimensiones (texto planar o tabular), de los elementos concretos que permiten expresar la significación del discurso. Texto y discurso podrían ser considerados como dos puntos de vista diferentes sobre el mismo proceso de engendramiento del sentido. En efecto, para una semiótica cuyos objetos de estudio no son los signos, sino los conjuntos y prácticas significantes, se ofrecen dos perspectivas: (I) una perspectiva consistente en partir de las reglas de construcción (semánticas, narrativas, etc.) propias al plano del contenido y construir progresivamente, desde las articulaciones semánticas más simples, el conjunto de un enunciado complejo: es la perspectiva del discurso; (II) una perspectiva consistente en partir de las reglas de construcción propias del plano de la expresión (lineal, tabular, verbal, no verbal, etc.) y examinar cómo esas reglas condicionan la formación de un conjunto significante: es la perspectiva del texto. Esta presentación en dos puntos de vista no debe ocultar el hecho de que las dos perspectivas son controladas por una misma enunciación, que las reúne en un mismo conjunto de actos de significación.
El discurso se propone investir el texto de una significación intencional y coherente. El texto se propone tomar a cargo el discurso para ofrecerlo a un lector o un espectador que busca aprehenderlo, y para ello dispone de medios (expresiones, motivos, etc.) convencionales o innovantes. (Fontanille, 1999: 16-18)
Aquí es, entonces, la noción de enunciación la que entra en escena para hacer presente que el texto en el discurso debe ser considerado en los procesos comunicativos concretos con fenómenos estrechamente ligados al acto de la enunciación: quién lo enuncia, a quién está dirigido, la situación de enunciación en la que se formula. Vale decir que la enunciación, esa instancia de mediación entre el hacerse del texto y el texto como ocurrencia concreta, entre la comunicación como acto individual y el texto como su producto, es parte del texto bajo la forma de huellas, que trama su tejido. Palabras como “yo”, “aquí”, “ahora”, “ayer”, “ustedes”; la mirada a cámara, los créditos en el film, son dispositivos que hacen saltar en el texto los efectos que la enunciación tiene en él. Es posible analizar estos efectos permaneciendo en los límites del texto, pero el lugar semiótico donde éstos realmente ocurren es el discurso.
Tanto en los casos de comunicación en tiempo real (un diálogo cotidiano, una llamada telefónica o el chat) como en los de comunicación diferida (la lectura de una novela, un ensayo, un hipertexto, la expectación cinematográfica, etc.), la enunciación pertenece a la dimensión discursiva del texto. El enunciatario y el sujeto empírico de la comunicación pueden o no coincidir con los que el texto propone. Pero es el sujeto empírico de la comunicación quien –por lo menos en parte– lo decide. Aunque el enunciatario de la sección “información económica” de un periódico esté prefigurado como un sujeto que se interesa por la realidad económica en la que vive, nada impide que use esas hojas para envolver un objeto o lea las tablas de cotización de las monedas en el mercado internacional para buscar a qué número jugar en la quiniela. Aunque unos usos pueden ser más urgentes o divertidos que otros, leer la información económica como un texto que permite tomar decisiones con relación a las propias finanzas es más pertinente. La semiótica textual, en cambio, puede utilizar esos textos como parte de un corpus para caracterizar las noticias periodísticas como tipo textual, tipo que Bajtín (1982 [1979]) denominaría “género discursivo”.
Se ha intentado diferenciar los roles de sujeto empírico de la comunicación, enunciatario y analista del texto, para volver sobre la primera definición del objeto que se aborda aquí: un texto es un fragmento del proceso de la semiosis, que es tratado por alguien como texto.
La complejidad del objeto texto puede resumirse en las diferencias que postulan los especialistas en semiótica y lingüística textual cuando buscan las respuestas a los siguientes interrogantes: ¿qué es un texto?; ¿cuáles son sus límites?; ¿dónde encontrar el/los sentido/s de un texto?; ¿qué diferencias existen entre los textos de distintas materias significantes?; ¿cómo vincular el texto a su contexto en el análisis?; ¿qué funciones cumplen los elementos que se articulan en distintos planos del texto? Algunas de las respuestas posibles han sido expuestas en el decurso de este recorrido como puntos de vista no dogmáticos, pero sí de un determinado momento de estado de la cuestión de la semiótica; otras han sido dejadas de lado intencionalmente; alguna se retomará en el apartado siguiente, cuando se presente la cuestión del texto lingüístico; todas deberán ser revisadas continuamente por quienes tienen el interés de saber con qué objetos, como participantes de un proceso de intercambio continuo de sentido, se integran a él también como observadores entrenados para pensar la cultura.
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