Kitabı oku: «El Estado y la revolución»

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El ESTADO

Y LA REVOLUCIÓN

LA DOCTRINA MARXISTA DEL ESTADO

Y LAS TAREAS del PROLETARIADO EN LA REVOLUCIÓN

v. i. lenin

cuadernos de OCTUBRE


Lenin, Vladimir Ilich Ulianov El Estado y la revolución : la doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución / Vladimir Ilich Ulianov Lenin ; coordinación general de Sebastián Ramirez. - 1a edición especial - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Cuadernos de octubre / 2) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-38-5 1. Filosofía Marxista. 2. Estado. 3. Revoluciones. I. Ramirez, Sebastián, coord. II. Título. CDD 320.5322

© Vladimir Ilich Ulianov Lenin

© de esta edición en español, Cuadernos de Octubre, 2017

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Por decisión del autor y los editores cualquier parte de esta obra puede ser utilizada y reproducida para fines de enseñanza e investigación. Cualquier otra forma de reproducción queda sujeta a la autorización de los mismos.

Índice

UNa obra “INCoNClUsa”

Prólogo a varIas maNos

El EsTaDo Y la rEvolUCIóN

Prólogo a la PrImEra EDICIóN

Prólogo a la sEgUNDa EDICIóN

Capítulo I

la soCIEDaD DE ClasEs Y El EsTaDo

Capítulo II

El EsTaDo Y la rEvolUCIóN. la EXPErIENCIa DE los aÑos 1848 a 1851

Capítulo III

El EsTaDo Y la rEvolUCIóN: la EXPErIENCIa DE la ComUNa DE ParÍs DE 1871

Capítulo IV

CoNTINUaCIóN. AClaraCIoNEs ComPlEmENTarIas DE ENgEls

Capítulo V

las basEs ECoNómICas DE la EXTINCIóN DEl EsTaDo

Capítulo VI

El ENvIlECImIENTo DEl marXIsmo Por los oPorTUNIsTas

Capítulo vii

la EXPErIENCIa DE las rEvolUCIoNEs rUsas DE 1905 Y 1917

Palabras FINalEs a la PrImEra EDICIóN

aPÉNDICE

LAS TESIS DE ABRIL

CoNsEJos DE UN aUsENTE

¡a los CIUDaDaNos DE rUsIa!

¡a los obrEros, a los solDaDos, a los CamPEsINos!

INFormE sobrE la PaZ

Palabras FINalEs DEl INFormE sobrE la PaZ

INFormE sobrE la TIErra

DECrETo sobrE la CrEaCIóN DE UN gobIErNo obrEro Y CamPEsINo

UNa obra “INCoNClUsa”

A este ejemplar de El Estado y la Revolución le falta algún ca­pítulo. Y aun así contiene todo lo que fuera escrito por Lenin entre agosto y setiembre de 1917. Su plan de trabajo incluía el análisis de las experiencias rusas de 1905 y la recientísima de ese febrero. Pero -simpática palabreja- entre esa intención y los hechos se interpuso la Historia. En palabras del propio autor: “vino a ‘estorbarme’ la crisis política, la víspera de la Revolución de Octubre de 1917. De ‘estorbos’ así no tiene uno más que alegrarse.”

Un Lenin en la clandestinidad, oculto en alguna aldea cerca­na a Petrogrado, ya en Helsinki, nos propone una de sus obras fundamentales. El Estado y la Revolución es la faena de un mi­litante. Su texto nos lo confirma página tras página. Además, en simultáneo con su redacción, Lenin produce decenas de ar­tículos breves, notas y cartas. Todos ellos impregnados de una vehemente certeza: los bolcheviques se hallaban ante una cita con el futuro que era imperioso no desairar.

A poco de terminado el libro se produjo el asalto al Palacio de Invierno. La fidelidad con la que la Revolución triunfante trasladó a los hechos las ideas allí contenidas no era algo que sorprendiera. Nadie dudaba -ni amigos, ni enemigos- que así sería. Sobre esta contemporaneidad de teoría y práctica caben dos reflexiones:

• Muy pocas veces, en tiempos tan mínimos, nos ha sido dada la posibilidad de confirmar tesis tan controvertidas.

• Además, y sobre todo, la validez de El Estado y la Revolución no es solo consecuencia de su exitoso testeo en el exigente banco de pruebas de la realidad. Octubre pudo no haber sido. Y ello no afectaría la contundencia de nuestro libro, una aguzada herramienta en manos de los revolucionarios de ayer y de hoy.

Estamos de centenarios… Reediciones y conmemoración

Venimos de una exitosa edición centenario de El Imperialismo, etapa superior del capitalismo. El Estado y la Revolución que estás hojeando es asimismo otra edición centenario. Supone un apor­te, en este 2017, cuando nuestra mirada está puesta en una con­memoración unitaria del Octubre victorioso, cien años atrás.

Por lo tanto, llevamos reeditados estos dos textos escritos por Lenin en un corto intervalo de 18 meses. Entre ambos hay una profunda unidad conceptual y simultáneamente impor­tantes diferencias.

En El Imperialismo los principales datos de partida de los que Lenin desprende sus tesis son incontables ensayos, estadísticas e incluso panegíricos originados en publicistas burgueses. Con ese material construye su “Ensayo popular”, un verdadero sal­to en la teoría marxista sobre el capitalismo. Es el telón de fon­do donde vuelca sus polémicas con los renegados de entonces.

El Estado y la Revolución posee otra carnadura. Título y sub­título son inescindibles. “La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la Revolución”. De principio a fin está recorrido por esa apasionante temática encarada desde muy diversos ángulos.

El carácter histórico del Estado… No siempre lo hubo ni siempre lo habrá... El Estado como hechura de las sociedades clasistas... La inviabilidad absoluta de proponerse el socialismo sino como producto de una revolución triunfante que destru­ya el Estado burgués…

Lenin va desmontado, una a una, las falacias que fundamen­taban la práctica política de buena parte de la socialdemocracia de sus días. El posibilismo, hoy en boga, tiene raíces lejanas. En todos los tiempos coexistieron revolucionarios y especuladores. ¿Para qué embarcarnos en un camino pleno de incertidumbre cuando se nos ofrecen alegres atajos? Contra esa resignación se enfrenta Lenin, a la vez cerebral y sanguíneo.

Blinda la doctrina marxista en la materia. Cual columna vertebral, el libro está recorrido por numerosas citas de Engels, de Marx y de ambos en conjunto. Algunas decididamente ex­tensas. Defensor de la doctrina, nos previene contra el doctri­narismo. Es así que va señalando el propio movimiento de las formulaciones marxistas en la misma medida en que se suce­dían las experiencias revolucionarias del proletariado en el siglo XIX. Maestros ávidos para aprender de las masas. El Estado y la Revolución es entonces la celebración de una doctrina viva. En sus páginas conviven Marx y Engels con un desbordante Lenin que no se priva de nada. Ni siquiera de no terminarlo, tironeado por la responsabilidad de encabezar la Revolución.

Nuestro Lenin escribe para los propios. Su lógica, que es de clase, suele ser impenetrable para quienes sostienen el interés de clase de los explotadores. Al dirigirse a las grandes mayorías no elude sus contrapuntos con quienes, a su criterio, han perdido el rumbo. Es un polemista franco, rudo. En particular, en El Estado y la Revolución, desnuda los cantos de sirena y las vaci­laciones que frustrarían la revolución inminente.

Hay libros que atrasan. Otros pueden avejentarse. Y están los imprescindibles. Que a medida que pasa el tiempo se van haciendo más sabios. Vueltos a leer, les descubrimos aristas que no habíamos entrevisto. En parte mérito del propio libro, de nuestra maduración y/o del encuentro de alguna vieja tesis con alguna nueva situación. Esto hace grande a una obra. Y, desde ya, es la virtud de El Estado y la Revolución.

Desde su tiempo, cien años atrás, Lenin nos interpela hoy

Obstáculos “insalvables” los hubo siempre. Las dificultades no son explicación suficiente para dejar el camino. El más zig­zagueante de los recorridos será virtuoso si lo encaramos con vocación de poder. O podrá ser movimiento pasatista hacia ningún destino. ¿Será quizá éste el mensaje en la botella con­tenido en nuestro libro? A vos te toca, estimados lectora y lec­tor, responder al interrogante.

No alcanza con que te la cuenten

Con todo lo bueno que supone la divulgación parcializada de los clásicos marxistas, no debiera sustituir la lectura direc­ta de sus textos fundamentales. Aunque no pase de una exhor­tación, valen las sabias palabras de un fino intelectual de otra época: “’garrá lo’ libro’ que no muerden”.

La nostalgia no es ni buena ni mala. Vivir en el pasado es de­cididamente malsano. Los centenarios arriba comentados, los de ambos libros y el de Octubre, son “pasado” plenamente vi­gente en nuestra actualidad. Con esa percepción va la conme­moración y con esa convicción leemos estos textos.

Esta edición centenario

Quien haya conocido nuestra edición de El Imperialismo la verá como natural. Para el que no, le contamos:

Este ejemplar contiene el texto rigurosamente contrastado con distintas ediciones disponibles en lengua castellana. En su revisión participaron compañeros que abarcan la pluralidad de visiones de nuestra Comisión.

A continuación de esta Presentación va un Prólogo a va­rias manos con los aportes de referentes políticos, sociales e intelectuales de nuestra izquierda. Muchos de ellos representa­tivos de distintos sectores del marxismo. Y otros tantos de ver­tientes populares que provienen de una tradición no marxista.

Intercalado en el texto incluimos un fascículo con ilustracio­nes temáticas. Una aproximación a quienes nos precedieron en este largo camino liberador.

Por último, el Apéndice conteniendo material complemen­tario. De lo escrito por Lenin a lo largo de 1917 algunos textos que consideramos enriquecedores.

Hacia el 7 de noviembre

Quizá sea impropio. Pero ni vos lectora o lector, ni nosotros editores, estamos para formalismos. Permítasenos otra exhor­tación. La conmemoración de la Revolución de Octubre, tal como ella se merece y nosotros necesitamos, será toda una ba­talla. El 7 de noviembre es su culminación. El centenario atra­vesará todos estos meses. Involúcrate.

Comisión para el Centenario de la Revolución de Octubre

Julio de 2017

Prólogo a varIas maNos

Alejandro Bodart, dirigente nacional del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), diputado CABA (mc).

Jorge Cardelli, secretario de la Corriente Nacional Emancipación Sur.

Victoria Donda, diputada nacional, Movimiento Libres del Sur.

Carlos del Frade, diputado provincial, Frente Social y Popular (Santa Fe).

Julio César Gambina, referente de la Corriente Política de Izquierda (CPI).

Rafael Klejzer, referente del Movimiento Popular La Dignidad e Izquierda Popular.

Mario Mazzitelli, secretario general del Partido Socialista Auténtico (PSA).

Roberto Perdía, referente de las Organizaciones Libres del Pueblo (OLP).

Carlos Ponce de León, dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

José Rey, Movimiento Peronista Auténtico (MPA).

Gustavo Robles, dirección del Partido Comunista de los Trabajadores (PCT) en el Encuentro de los Comunistas.

Guillermo Santangelo, dirección del Partido Revolucionario Marxista Leninista (PRML).

Otto César Vargas, secretario general del Partido Comunista Revolucionario (PCR).

María del Carmen Verdú, dirección de Izquierda Revolucionaria (IR).

Hugo Blasco, secretario general Federación Judicial Argentina; secretario Derechos Humanos CTA-A.

Hugo “Cachorro” Godoy, secretario general nacional de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

Julio Macera, secretario adjunto de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma ) Capital Federal.

Guillermo Pacagnini, secretario general de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud Pcia. de Buenos Aires (CICOP).

José “Pepe” Peralta, secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma) Capital Federal.

José Rigane, secretario adjunto de la Central de Trabajadores de la Argentina, (CTA Autónoma); secretario general de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA) y del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata (SLyF).

Luís Tiscornia, secretario general de la Federación Nacional de Docentes, Investigadores y Creadores Universitarios (CONADU Histórica).

Juan Carlos Alderete, coordinador nacional desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).

Esteban “gringo” Castro, secretario general de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

Juan Grabois, Movimiento de Trabajadores Excluidos en la CTEP.

Oscar Kuperman, dirección nacional Coordinadora de Unidad Barrial (CUBa MTR)

Carmen López, coordinadora del colectivo del Movimiento Territorial Liberación de la Capital Federal, MTL- Capital.

Ernesto Giudice (1907-1992), fue presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), período 1932. Militante comunista. Autor de numerosas publicaciones. Texto aporta­do por Alberto Giudice.

Adrián Litvak, presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA).

Vilma Ripoll, referente de Juntas y a la Izquierda-MST, dipu­tada CABA (mc).

Jacobo “Yaco” Tieffemberg, ex presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA), período 1969.

Graciela Tejero Coni, directora del Museo de la Mujer - Argentina.

José Schulman, secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH).

Fernando Azcurra, economista marxista.

Carlos Aznárez, periodista, director de Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo.

Beatriz Balvé, directora del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO).

Hernán Camarero, Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani.

Carlos Echagüe, director del Instituto de marxismo-leninismo­-maoísmo.

Jaime Fuchs, economista marxista.

Nicolás Iñigo Carrera, director del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA). Claudio Katz, economista, profesor en Filosofía y Letras y en Ciencias Sociales (UBA), investigador del CONICET.

Néstor Kohan, profesor titular en Sociología (UBA), coordi­nador de la cátedra Che Guevara.

Antonio Oliva, Miembro del comité organizador del Congreso Internacional “Cien años de la revolución Rusa”. Centro de Estudios de Historia Europea (CEHE/UNR). Docente de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR).

Beatriz Rajland, profesora en Derecho (UBA), vice-presiden­ta Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP).

Maximiliano Riesnik y Leandro Gómez, integrantes de la Cátedra Che Guevara y la Cátedra “De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana” (Sociología, UBA).

Osvaldo Bayer, escritor.

Héctor “Cacho” Bidonde, actor, integrante de Plataforma 2012, diputado CABA (mc).

Hernán C. Doval, médico cardiólogo, coordinador nacional de la Corriente Salvador Mazza.

Alfredo Grande, médico psiquiatra, escritor, cooperativista.

Vicente Zito Lema, poeta y escritor.

Carlos Alonso, artista plástico.

Juan Carlos Castagnino, artista plástico (1908-1972).

Diana Dowek, artista plástica.

Luís “Yuyo” Noé, artista plástico.

A un siglo del Octubre ruso, la vigencia del leninismo

Lenin publicó este texto unos meses después del Febrero re­volucionario ruso de 1917. Aquí actualiza la teoría del estado de Marx y Engels a la luz de la experiencia de La Comuna de París y de las revoluciones rusas de 1905 y febrero de 1917, y analiza la transición del capitalismo al socialismo y luego de éste al comunismo. Asimismo, Lenin polemiza a fondo con las posturas del anarquismo y del oportunismo reformista, dos obstáculos ante la tarea concreta que estaba planteada en aquel momento en Rusia: la toma del poder. Esta obra sin duda ayudó a preparar el inminente triunfo de Octubre, cuyo cen­tenario conmemoramos precisamente este año. En nuestros días, cuando la crisis económica y la inestabilidad política global del capitalismo imperialista ya resultan inoculta­bles, creemos que recobra toda su vigencia el ejemplo de aquella revolución formidable que encabezaron Lenin, Trotsky y los bol­cheviques. Por primera vez en la historia, en la atrasada Rusia el pueblo trabajador tomó el cielo por asalto, derrotó al zarismo y a las clases dominantes y se hizo del poder político, económico y social para abrir una perspectiva inédita de progreso. Después de las importantes conquistas de los primeros años la revolución retrocedió bajo el régimen estalinista, pero esa circunstancia no invalida su enorme significación histórica y presente. Para millones y millones de personas en todo el mundo hoy el capitalismo es sinónimo de miseria, ajustes, guerras, opresión de la mujer y destrucción de la naturaleza. Y entre el activismo obrero, juvenil, del movimiento de mujeres y popular crece la conciencia de que el sistema capitalista fracasó. Lo que no está tan claro, sin embargo, es la salida socialista ni tampoco la dirección política capaz de conducir ese cambio estructural. Ese sigue siendo entonces el principal desafío para las y los revolucionarios, tarea para la cual El Estado y la revolución y toda la obra de Lenin constituyen una referencia ineludible.

Alejandro Bodart

“El Estado y la Revolución” es un aporte central a las bases con­ceptuales de la teoría marxista de la historia, al papel del estado en la lucha de clases, señalando su emergencia histórica necesa­ria como consecuencia de la irresolubilidad de las contradiccio­nes de clase. Se articula en términos científicos con la tradición del materialismo histórico iniciada por Marx y Engels. Evalúa las experiencias revolucionarias de la clase obrera europea y re­coge las grandes enseñanzas de la Comuna de París que Marx hizo visible, la necesidad de la destrucción del estado burgués y de la organización de un nuevo tipo de estado, el estado de la revolución socialista con la clase obrera como clase dominante. Lenin en este trabajo, al igual que en otros, hace visible en forma concreta las características del trabajo científico en la práctica política revolucionaria. Además de profundizar el marco conceptual de Marx y Engels y de confrontar en el plano ideológico con el revisionismo, deja planteadas las tesis sobre el papel del estado en la revolución socialista: dictadura del proletariado constituido en clase dominante y poder a los soviets. Tesis que mostraron su justeza en la revolución rusa y continúan su desarrollo histórico a través de los principios dia­lécticos de la crítica y la autocrítica. La lucha ideológica con­tra el revisionismo no es un afán polemista de Lenin sino un componente científico en la práctica política revolucionaria. Lenin en el prólogo da tres razones que volvieron importan­te la cuestión del estado. La aceleración de la transformación hacia el capitalismo monopolista de estado, los horrores de una guerra interimperialista interminable y la fuerza del opor­tunismo socialdemócrata, cómplice de “sus” burguesías y de “sus” estados imperialistas, coloniales y neocoloniales. Estas razones se han potenciado. Los estados son inmensas maquinarias de guerra y cargan con la responsabilidad del in­menso sufrimiento de los pueblos del mundo. Los horrores de la guerra interimperialista continúan de otra manera. El opor­tunismo socialdemócrata sigue sin cambio. Olvidan el carác­ter burgués del estado capitalista y que la revolución socialista sigue siendo insoslayable para derrotar el capitalismo.

Finalizo enfatizando que el estudio actual de esta obra de Le­nin es imprescindible.

Jorge Cardelli 1

Octubre cien años después

Hito fundamental del pensamiento de izquierda, Octubre, conducido por Lenin nos obliga a pensar qué ha pasado du­rante ese siglo. Trataré de analizar las tres etapas por las que pasó ese período. Un siglo que estuvo marcado por la confrontación entre un capitalismo voraz, opuesto a un modelo de organización social real basado en relaciones igualitarias entre los seres humanos. En la primera, desde el ‘17 a los acuerdos posteriores a la Segun­da Guerra Mundial el socialismo demostró ser capaz de organi­zar un modelo de Estado potente capaz de poner en riesgo a los modelos capitalistas. Los conceptos de Estado, lucha de clases, dictadura del prole­tariado, revolución y socialismo jugaron un papel central para la construcción del bloque socialista. Se ha debatido sobre cuáles fueron los costos sociales que produjo dicho proceso. No obstante demostró ser capaz de ofrecer a millo­nes de revolucionarios del mundo un norte hacia dónde dirigirse. La segunda, de Yalta y el fin del llamado “socialismo real”. Tres elementos centrales: primero la expansión de la lucha revolucio­naria en todo el mundo que desató la respuesta represiva de las clases dominantes. Segundo, el acoso armado entre los bloques opuestos en ese mundo bipolar. Y tercero, las concesiones que los países capitalistas hicieron a los trabajadores y clases popula­res, modificando buena parte de los preceptos clásicos liberales.

Salvo excepciones, (la experiencia cubana o el heterodoxo mo­delo chino), el sistema capitalista se impuso. La combinación de represión y consumo masivo fue demasiado frente a los modestos resultados económicos mostrados por los burocrati­zados sistemas comunistas. El tercer período es el que va desde el fin de la URSS hasta nuestros días. Período en el que surge la llamada globalización. Un momento para la expansión del capital financiero. Cien años de la revolución rusa. Cien años de “El Estado y la Re­volución”. A los que nos sobran razones para seguir luchando nos debe interpelar el pensamiento y la acción de quienes tuvieron la responsabilidad de llevar a cabo transformaciones dirigidas a cambiar las condiciones de las clases oprimidas. No para repe­tir experiencias fracasadas ni trasladar conceptos mecánicamen­te, sino para estar completamente seguros de que no hay utopías irrealizables para cada pueblo que vive una injusticia.

Victoria Donda (*)

Cien años después, la vitalidad de “Estado y revolución” de Lenin está en la lucha cotidiana de miles y miles en cada ciudad, comu­na o pueblo de Argentina y América del Sur. La pelea contra el es­tado burgués no tiene sola ni únicamente la dimensión nacional, sino también la cercana, la local, de allí la importancia fenomenal de los movimientos asamblearios paridos luego de 2001 y que encontraron continuidad en las peleas contras las multinacionales y sus socios, en especial, en aquellas zonas donde el peligro de la agresión contaminante va contra la naturaleza y la salud de la po­blación. En esas disputas, mantenidas por años, distintos sectores sociales doblegaron la configuración política del estado próximo (municipio o comuna) y lograron triunfos a favor de los que son más en esos arrabales del mundo. Quizás, cien años después, el gran desafío es tomar conciencia que la revolución tiene una pri­mera escala de acuerdo a la cercanía de los que quieren protago­nizar la lucha a favor de una vida humana para los que son más.

Carlos del Frade

La transición al socialismo en el debate sobre el Estado

El texto sobre “El Estado y la Revolución” queda inconcluso ya que “es más agradable y provechoso vivir la ‘experiencia de la revolución’ que escribir sobre ella.” Lo escribe Lenin en Petrogrado hace un siglo, el 30/11/1917.2 Lenin escribe entre agosto y septiembre de 1917 el impres­cindible clásico texto sobre la teoría marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución. Es un análisis en vísperas de la histórica Revolución Rusa acaeci­da hace 100 años. Lo valioso del texto es que recoge los aportes teóricos de Marx y Engels sobre el Estado capitalista y la tran­sición del capitalismo al socialismo. Los clásicos no anticipan utopías sobre el futuro socialista, sino que recogen la experien­cia de la revolución, por caso la Comuna de París en 1871. Nos queda la incógnita de obra inconclusa a ser completada con el balance de la experiencia de construcción del socialis­mo en estos 100 años. Lenin apenas pudo vivir la revolución y reflexionar sobre sus primeros pasos, condicionantes de una historia que aún demanda ser evaluada. La transición al socialismo y al comunismo sigue siendo una asignatura pendiente, especialmente luego del derrumbe del socialismo real y las experiencias realizadas a nombre del so­cialismo, máxime cuando este reapareció en la agenda política a comienzo del Siglo XXI en Nuestramérica.

El capitalismo actual es criminal, asentado en el tráfico de drogas, armas y personas, favorecido por la trama financiera de la especu­lación y la libre circulación del dinero y las mercancías; agravando la desigualdad, la explotación de la fuerza de trabajo, el saqueo sobre la Naturaleza y la subordinación social a un patrón de con-sumo definido por las transnacionales y su modelo productivo. Las/os trabajadoras/es del mundo estamos desafiados a construir la fuerza social y política que dispute el poder del capital y asegure el rumbo de la crítica al Estado capitalista y la creación de las con­diciones para la transición al socialismo y al comunismo.

Julio C. Gambina

Para nosotros y nosotras Lenin es un compañero de lucha, un revolucionario, un militante que logró no sólo comprender sino sobre todo transformar el mundo de su tiempo y organizar la fuerza popular capaz de acabar con las injusticias del capitalismo. Podríamos recuperar las mismas palabras que dan inicio a El Estado y la Revolución, con las que explica los mecanismos que utilizan las clases opresoras para engañar a las clases oprimidas, mellando el filo, dice, de las doctrinas de los pensadores revo­lucionarios y de los líderes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación, canonizándolos. Nuestras luchas expresan también la resistencia a esos intentos de silenciamiento per­petrado por los Estados capitalistas, que se repiten a lo largo de la historia de los pueblos. Recuperar las teorías y las prácti­cas revolucionarias es parte de las tareas que tenemos quienes queremos cambiar la historia con la fuerza y el poder de los explotados, explotadas, oprimidos y oprimidas. Pero también sabemos que recuperar no es simplemente repetir sino más bien superar y ese es parte fundamental del legado de los com­pañeros y compañeras que nos antecedieron en las luchas. Sa­bemos que hoy nos toca a nosotros y nosotras honrar sus me­morias continuando su ejemplo y aportando nuestro granito de arena en el camino de la Revolución. Con la fuerza del poder del pueblo queremos luchar contra el capitalismo, el patriarcado, el colonialismo y el imperialismo, como así también gestar la fuerza social constituyente que sea capaz de sostener en el tiempo la revolución para que el pue­blo mande hasta la victoria.

Rafael Klejzer

En la lucha por la vida, a lo largo de la historia, los seres huma­nos fueron desarrollando formas de división del trabajo, tec­nologías, relaciones de producción e instituciones que gozaron de alguna naturalidad. En ese proceso, el desarrollo embriona­rio del Estado duró muchos siglos. Ya maduro, con la sociedad dividida claramente en clases sociales, comenzó a ejercer su principal función: la perpetuación del orden existente. ¿Quiénes le asignaron ese rol? Las clases privilegiadas. Primero usaron el Estado como promotor del mundo simbó­lico, institucional, cultural, educativo tendiente a preservar lo existente, por injusto que fuera, a través de formas no violen­tas. Y se reservaron como última instancia el monopolio de la violencia para imponer su orden por la fuerza. Ese rasgo conservador lo tornó represor. Policía y ejército mediante. El Estado y la Revolución de Lenin es un análisis brillante, des­de lo general a lo particular, del papel del Estado en un tiempo-­espacio determinado. La tesis sobre la necesidad de la conquista del Estado por parte de las clases más explotadas, para imponer un nuevo orden; abolir la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre y las clases sociales; resultó ratificada por la experiencia histórica de la Revolución Rusa. Sin embargo, no se pudo verificar el proceso de extinción del Estado en manos de las clases trabajadoras. Ese, quizás, sea un largo capítulo de reflexión para quienes reivindicamos el socia­lismo como aspiración humana para el buen vivir.

Más democracia, más libertad, más poder a la sociedad; es una consigna que adopté hace años en lo que entiendo es la vía argentina al socialismo (VAS). Tema interesante, también, para el debate.

Mario Mazzitelli

Al recordar el centenario de la Revolución de Octubre resulta más que conveniente volver sobre “El Estado y la Revolución” aquel texto clave de Lenin. Allí nos recuerda, de la mano de Engels, que el Estado “es producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de su desarrollo” y que “este poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado”. Las consideraciones sobre el Estado han sido y son el punto de inflexión de un debate que atraviesa varias generaciones y llega hasta nuestros días. Du­rante el mismo hemos asistido a las posiciones más extremas. Ellas van desde quienes aspiran a la Revolución mediante el “asalto” o “conquista” del Estado”, hasta otros que cuestionan radicalmente la concepción estatista del cambio social. Sin ol­vidar aquellos que han naufragado en la centralidad de la esta­talidad como una forma de resolver los problemas cotidianos. Sin pretender zanjar en estas exiguas líneas tamañas contradic­ciones no podemos menos que alegrarnos por encontrar, como guía, en el libro de Lenin que “la república democrática es la me­jor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo”.

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9789874039385
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