Kitabı oku: «El exilio de los marinos republicanos»
EL EXILIO DE LOS MARINOS
REPUBLICANOS
Victoria Fernández Díaz
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
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© De los textos, Victoria Fernández Díaz, 2009
© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2009
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Ilustración de la cubierta: Dotación del crucero Libertad, 1937. Archivo particular.
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
Realización ePub: produccioneditorial.com
Corrección: Lola Espinosa
ISBN: 978-84-370-7395-8
A Navarro,
A los que perdieron, teniendo la razón de su parte,
A sus familias,
A sus hijos e hijas,
A sus nietos y nietas,
A los que vieron sus vidas truncadas,
A los que no sólo perdieron la guerra, sino que también perdieron,
y nosotros con ellos, sueños y anhelos de progreso,
de igualdad, de cultura, de democracia.
A los que fueron exterminados física e ideológicamente y que,
a pesar del ensañamiento puesto en ello, perviven.
Este trabajo no hubiera sido posible sin la imprescindible ayuda, los consejos y orientaciones de la profesora Nuria Tabanera. Su dirección académica, acotando temas y adecuando el lenguaje, ha sido fundamental para llevar a término este trabajo.
ÍNDICE
PORTADA
PORTADA INTERIOR
CRÉDITOS
DEDICATORIA
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN
PRIMERA ETAPA: ESPERANZAS QUEBRADAS (FEBRERO-MARZO 1939)
1. SALE LA ESCUADRA
CARTAGENA, 5 DE MARZO DE 1939
LOS QUE NO SALIERON
BIZERTA, EN TÚNEZ
CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE MEHERI-ZEBBEUS
2. LOS REZAGADOS
ÚLTIMOS BARCOS DESDE ALMERÍA, ALICANTE Y CARTAGENA
CAMPOS DE CONCENTRACIÓN EN ORÁN
3. OTRAS SALIDAS
LA RETIRADA DE FEBRERO
LAS LANCHAS TORPEDERAS
DESDE MAHÓN EN EL DEVONSHIRE
CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE FRANCIA
SEGUNDA ETAPA: DE GUERRA EN GUERRA
4. EN FRANCIA: SALIR DE LAS ALAMBRADAS
AMÉRICA
LAS COMPAÑÍAS DE TRABAJADORES
COMANDOS DE SABOTAJE
EN LAS FUERZAS NAVALES LIBRES DE DE GAULLE
HUYENDO DE LA INVASIÓN ALEMANA
MAUTHAUSEN
DE DUNKERQUE AL DESIERTO DE ÁFRICA
VIVIR EN LA FRANCIA DE VICHY
5. TÚNEZ: UN PAÍS FRÍO BAJO EL SOL
SALIR DE MEHERI-ZEBBEUS
LA LEGIÓN FRANCESA: EL ALMIRANTE BUIZA
PAÍSES DE ACOGIDA
KASSERINE
COMPAÑÍAS DE TRABAJO
LA 7.ª COMPAÑÍA DE CASTIGO O EL «GRUPO DE GABÈS»
VIVIR EN LA TÚNEZ DE PÉTAIN
6. ARGELIA: DESCENSO A LOS INFIERNOS
NUEVOS FORZADOS
LOS BOSQUES DE KHENCHELA
EN EL DESIERTO DEL SAHARA: EL TRANSAHARIANO
EN LAS MINAS DE KENADSA
DE BOU ARFA A COLOMB-BÉCHAR
CAMPOS DISCIPLINARIOS
EL CAMPO DE LA MUERTE: HADJERAT M’GUIL
CÁRCELES Y PRESIDIOS
TERCERA ETAPA: ESPERANZAS DE VICTORIA (NOVIEMBRE 1942-1945)
7. EL DESEMBARCO ALIADO EN EL NORTE DE ÁFRICA
AIRES DE LIBERTAD
8. INVASIÓN DE LA ZONA SUR DE FRANCIA
CLANDESTINOS
TRABAJANDO PARA LOS ALEMANES
MAQUIS
9. INVASIÓN DE TÚNEZ
ESCAPADA GENERAL
RESISTENCIA
CAMPO DE SACHSENHAUSEN
10. LA HORA DE LA LIBERACIÓN
A LA CONQUISTA DE TÚNEZ
EN COMANDOS INGLESES Y AMERICANOS
EL CORPS FRANC D’AFRIQUE
LA CAMPAÑA DE TÚNEZ
LIBERACIÓN DE LOS CAMPOS DE ARGELIA
A LA CONQUISTA DE EUROPA
CAMINO DE LA VICTORIA
11. EPÍLOGO: LA ESPERANZA TRAICIONADA
Y LA VIDA SIGUIÓ COMO SIGUEN LAS COSAS QUE NO TIENEN SENTIDO…
A MODO DE FINAL
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
AGRADECIMIENTOS
ÍNDICE ONOMÁSTICO*
PRESENTACIÓN
En medio del debate suscitado en Europa sobre la necesidad social del olvido o de la memoria en el tránsito al actual milenio, Humberto Eco señaló que “es la memoria del pasado la que nos dice por qué somos lo que somos y nos confiere identidad”. Con algo de retraso y parecida virulencia que en Francia o Alemania, se discute recientemente en España sobre la memoria histórica, ya sea en la academia, el Parlamento o la calle. Parecería que, fruto de la nueva demanda de memoria sobre la represión franquista durante y después de la Guerra Civil, ha llegado la hora de aplicar el tratamiento preciso para que nuestro país pueda superar la enfermedad adquirida, por exceso de olvido, durante la transición democrática.
La historiografía lleva haciendo sus deberes desde hace ya varias décadas, en pos de historiar la represión de ambos bandos durante la contienda, así como los tristes y múltiples efectos de la dictadura franquista sobre sus enemigos políticos. De hecho, incluso, podríamos pensar que ahora casi se ha llenado el vacío historiográfico existente hasta hace pocos años sobre el exilio republicano de 1939, puesto que desde múltiples trabajos se estudian los orígenes, los destinos o la diferente integración de los que, derrotados, fueron forzados al destierro.
El triunfo de los rebeldes y el reconocimiento internacional del gobierno de Franco generaron el exilio de cientos de miles de hombres, mujeres y niños, lo que provocó para el futuro de la sociedad española pérdidas incontables, pues con ellos salió no sólo una generación de artistas, científicos e intelectuales de primer nivel, sino gran parte de la clase política democrática y de miles de sus defensores. De muchos de ellos se han ocupado historiadores como Vicente Llorens, José Luis Abellán, Alicia Alted, Dolores Pla, Abdón Mateos o Clara E. Lida, entre otros muchos.
No obstante, quedan muchas experiencias, muchas voces por recuperar y demasiadas razones para seguir rehabilitando y reparando, aunque sólo sea simbólica y moralmente, a ciertas víctimas del exilio y del franquismo. Hay que seguir, aquí y ahora, propiciando “irrupciones de memoria”, como A. Wilde define a las peticiones que recurrentemente en Chile se elevan exigiendo que no se relegue al olvido el pasado de la represión pinochetista, y que, en el horizonte español, indicarían la resurgida vitalidad de la memoria en la actual sociedad española, al exigir reparaciones para los represaliados por el franquismo.
El trabajo de Victoria Fernández Díaz nos conduce, con mimo y con celo, al acceso de valioso material para alimentar una nueva irrupción de memoria: la que rehabilitaría del silencio a cientos de marinos españoles que, por compromiso y fidelidad al gobierno legítimo la II República, tuvieron que abandonar su país, con dolor y desgarro.
La autora ha realizado una labor exhaustiva y cuidadosa para reconstruir unas peripecias vitales insólitas, revisando fuentes y documentos de toda naturaleza y manejando información recogida en memorias, relatos y colecciones fotográficas inéditos, así como en decenas de entrevistas a protagonistas o a sus familiares. El magnífico relato hilvanado con esos mimbres tiene un doble valor. Uno inmediato, relacionado con su aportación historiográfica al estudio del exilio republicano, en concreto, al reconstruir la dispersión forzada de un grupo muy homogéneo, el de los marinos republicanos, que superó experiencias tan devastadoras como las padecidas en los campos de Hadjerat M’Guil o Sachsehausen, en la playas de Normandía o en los barcos de judíos deseosos de llegar a Palestina tras el fin de la II Guerra Mundial.
El segundo valor del trabajo de Victoria Fernández Díaz está en su aportación a la pedagogía democrática, siempre en construcción. Para que la cultura democrática española siga fortaleciéndose, nos parece imprescindible devolver el protagonismo a aquellos miles de hombres corrientes, como los que aparecen en este texto, que en medio de una guerra y de un largo exilio, eligieron y lucharon por la opción más legítima, representada en esa coyuntura por la II República. El reconocimiento de su valor y de su compromiso ético con la democracia española de entonces y su memoria recuperada nos permitirán reconocernos más plenamente como ciudadanos de una España democrática.
Afortunadamente ya, los esfuerzos de recuperación de historias y de memoria, como los que ha realizado nuestra autora, nos animan a pensar que la imposición de silencio que extendió por largos años el franquismo ha sido, finalmente, inútil. A pesar del tiempo transcurrido, los protagonistas de El exilio de los marinos republicanos forman ya parte de nuestro pasado reconocido y, por tanto, de nuestra propia identidad como españoles. Y debemos agradecer ese nuevo y feliz enriquecimiento a la constancia, el empeño y el buen oficio de Victoria Fernández Díaz.
Nuria Tabanera García
Universitat de València
INTRODUCCIÓN
Cataluña perdida, el 27 de febrero de 1939 Francia e Inglaterra se apresuran a reconocer a Franco antes de que la guerra se dé por terminada[1]. Al día siguiente, Azaña dimite de la presidencia de la República desde París. En marzo de 1939, la República no tiene posibilidades de ganar la guerra, a menos que la situación internacional permitiera darle un nuevo soplo a sus fuerzas militares.
En Cartagena, donde está la flota republicana, se hacen cada vez más intensos y frecuentes los bombardeos. El 5 de febrero la aviación italiana mata a 30 personas y destruye 150 edificios. Durante los escasos primeros 5 días de marzo de 1939 Cartagena soporta 6 bombardeos[2].
El desaliento, las dudas, invadieron poco a poco la situación y los ánimos.
Entre el 4 y el 5 de marzo, la situación en Cartagena se hace extrema, confusa, dramática. A partir de las once de la noche del día 4 se desencadena toda una maraña de conspiraciones y sublevaciones que terminan por crear una situación caótica. Los presos fascistas son liberados. La emisora de la flota republicana, las baterías de costa, el arsenal, Capitanía, el regimiento de Artillería de Marina y el parque de Artillería terminan por ponerse al servicio de Franco.
Y la flota republicana levanta anclas para una salida sin retorno.
Ese día salieron de España unos 4000 marinos[3] que, al parecer, se tragó la mar. Estos marinos, firmemente leales a la República cuando hubo que demostrarlo, en julio de 1936, desaparecen en el horizonte de África. ¿Qué fue de esos hombres jóvenes[4] que desde el primer momento defendieron la República? Los que quedaron en España tuvieron que padecer el terror de la posguerra, si consiguieron sobrevivir al genocidio físico e ideológico que desencadenó el triunfo franquista. Los que se marcharon, lo hicieron despojados de todo. Se vieron, casi sin darse cuenta, abocados al exilio. Un exilio que les arrancó para siempre de sus raíces y de su porvenir, que les convirtió en apátridas.
Sólo les quedó reinventarse la vida.
Para reconstruir su destierro he recurrido fundamentalmente a la memoria de estos hombres. Ésta ha sido la columna vertebral de este trabajo. Me ha parecido importante dar la palabra a los protagonistas ya que, no sólo no se les ha dado nunca, sino que han sido reiteradamente denigrados por los vencedores. Una espesa capa de silencio ha cubierto sus voces, sus rostros, sus experiencias y sus luchas. Además, el silencio sobre los marinos republicanos ha sido doble. Por un lado, han tenido la pesada losa de silencio que el franquismo echó sobre todos los republicanos. Por otro lado, a este silenciamiento se ha añadido el impuesto por la elitista marina franquista que jamás soportó que «los cabos, clases y marinería» les torcieran los proyectos de sublevación el 18 de julio de 1936, ni que la flota republicana navegara, prácticamente sin oficiales, durante tres años, ni que plantaran batalla cuando hubo que hacerlo, ni que les hundieran el flamante crucero Baleares, con todo el Estado Mayor franquista a bordo, ya que era su buque insignia.
En primer lugar acudí a los propios marinos aún supervivientes. Pude tener el testimonio directo de 16 marinos republicanos. Con alguno no fue posible recabar información porque la memoria se le había diluido en el tiempo. Con otro, habiendo sufrido en carne propia la represión franquista, temió que la publicación de sus recuerdos aún pudiera perjudicar a sus hijos. Pero, en todos los casos, mis peticiones y mis motivos fueron bien acogidos, aunque algunos con un deje de decepción. «Ah, del exilio y todo eso…, no de la guerra…». Hablar de «sus» barcos, de su formación, de sus viajes, de «su» guerra… sí, pero de aquella otra parte, tan poco interesante, tan humillante a veces, tan dura siempre, no era lo que más les apetecía. A pesar de todo eso, siempre encontré la colaboración y el afecto de todos.
La conversación tranquila en un ambiente de confianza se convirtió en el mejor instrumento para aproximarme a la vida de estos testigos. Fueron conversaciones, más que entrevistas, en torno a un cuestionario debidamente planificado pero que jamás volví a utilizar después de casi echar a perder uno o dos testimonios por utilizarlo de forma explícita. Me di cuenta de que el frío cuestionario retraía, paralizaba y dificultaba la fluidez del recuerdo. Alguno se sintió abrumado por la precisión y la cantidad de preguntas que debía contestar y zanjó el tema alegando que no recordaba nada cuando antes había estado contando anécdotas y detalles interesantes de sus experiencias. A partir de entonces, opté por crear un buen clima para conversaciones distendidas. Sólo así se abrieron paso episodios lejanos en el tiempo y en muchos casos dolorosos. Además fueron necesarias varias conversaciones para ir completando detalles, confirmando o desmintiendo elementos contados por otros. Cuando hablamos de recuerdos de hace 70 años, la memoria no es una caja que se abre y se cierra a voluntad. Los elementos que la constituyen van subiendo a la superficie de la conciencia, poco a poco, un recuerdo hace surgir otro, como cerezas.
He contado con la colaboración inestimable de Manuel Pedreiro Pita que siempre tuvo la costumbre, desde su juventud, de recopilar documentos, periódicos, y de llevar un diario. Es un verdadero archivo viviente. Goza de una memoria envidiable y tuvimos largas charlas y una importante correspondencia (más de 20 extensas cartas, a veces, más bien paquetes, repletas de notas, fotocopias, fotos, etc.). Sin él, la mitad de este libro no se hubiera podido escribir.
Otra fuente de información han sido las amplias memorias escritas por tres marinos. Ninguna ha sido publicada y han quedado en manuscritos. Las del comandante del destructor Almirante Miranda, David Gasca, fueron particularmente interesantes por ser un oficial que estuvo al mando de buques durante toda la guerra y por haber contado para su redacción con la colaboración de muchos marinos en el exilio. Estas memorias se han completado con numerosos relatos cortos sobre la guerra de España y el exilio que escribieron varios marinos.
Como fuentes contemporáneas de los acontecimientos, he podido consultar algunas cartas escritas desde el primer exilio. En este ámbito, han sido importantes las del auxiliar alumno de Artillería Antonio Pons Cladera desde el campo de Meheri-Zebbeus o las intercambiadas entre el comandante David Gasca y el almirante Luis González de Ubieta.
He buscado también informaciones de las familias. He podido contactar con familiares de casi 50 marinos de la flota republicana, exiliados, represaliados o fusilados. He hablado con algunas viudas. Sus vidas también han estado marcadas por el trágico final de la guerra de España y por la posterior sucesión de acontecimientos que sacudieron Europa. Si sus maridos apenas ocupan unos renglones en los libros de historia, ellas viven condenadas al más absoluto silencio. He contactado también con hijas e hijos de aquellos marinos. Ellos también me han abierto con generosidad los recuerdos, los documentos, los álbumes de fotos que conservaban. Este exilio aún alcanza a una tercera generación. En algunos casos han sido las nietas y los nietos quienes han aportado y buscado una memoria que, a veces, pensaban perdida.
La conversación con los familiares de los represaliados o los fusilados ha sido dolorosa porque es abrir no sólo la caja de los recuerdos, sino también la de la impotencia, la rabia, el sufrimiento, el silencio, largo tiempo encerrados en el último rincón de la memoria por la feroz represión que vivieron. He incluido, en la medida de lo posible, la memoria de los represaliados y fusilados porque su recuerdo siempre siguió a sus compañeros durante el exilio. Una de las primeras cosas que hizo el teniente de navío José Fernández Navarro, cuando pudo volver a España, fue buscar dónde estaban enterrados dos de sus mejores compañeros y llevar flores a su tumba. Recopilar los nombres de los marinos republicanos ejecutados me ha parecido un deber de memoria necesario. Sus nombres nunca fueron esculpidos en letras de oro sobre placas de mármol. Sin embargo, fueron ejecutados por defender una causa justa y es de justicia que, al menos, se pueda conocer los nombres de estos hombres.
Otro elemento con el que he contado han sido las fotos. Para ello he utilizado como punto de partida tres álbumes de fotos, uno de ellos comentado, de José Fernández Navarro con material sobre sus diez años en la Marina. Luego, a lo largo de las entrevistas, he ido reuniendo fotos y documentos. Ilustran lo que podía ser sólo una lista vacía de lugares o de nombres. Además, las vistas del desierto, de las vagonetas, de las minas, dan realidad a sus relatos que a veces parecen casi increíbles. En cuanto a los retratos de los protagonistas no sólo reflejan la expresión de una cara, el peinado de la época, también muestran ese destello de vida, ese instante del tiempo que no cuentan las palabras.
Por lo demás, las fotos constituyen también una pequeña victoria sobre el olvido, el vacío total al que fueron sometidos los marinos exiliados, fusilados o represaliados por la dictadura.
Era necesario rescatar del olvido a estos hombres, llenos de proyectos, ilusiones y futuro, que vieron en la República la llegada de una sociedad más justa y más igualitaria. Era preciso recordar que estos hombres no hicieron más que cumplir con su deber defendiendo y sirviendo al Gobierno al que habían jurado fidelidad. Era importante recuperar para las generaciones futuras la memoria de los marinos republicanos[5] que supieron luchar en sus buques para defender la República y que siguieron luchando por su dignidad y contra el fascismo en su exilio.
Por último, contar la historia del exilio de los marinos republicanos, por su diversidad y su complejidad, es como un calidoscopio del exilio de la República, esa historia que empezamos apenas a conocer: campos de concentración, campos de trabajo, campos de castigo, lucha contra los nazis junto a los aliados, en Rusia, en el maquis, en los incipientes comandos ingleses, en el Ejército americano, en la Marina aliada, en la francesa, en campos de exterminio como Hadjerat M’Guil, Mauthausen, Sachsenhausen...
Al final, tras 9 años de guerra, dispersos por varios continentes, no volvieron a ninguna parte, porque no tenían dónde. Llevaron vida de apátridas, indocumentados, trabajaron «en lo que fuera», vivieron otros exilios, otros viajes, otras incógnitas hasta la paulatina integración donde les tocó: Túnez, Argel, Marruecos, Francia, urss, Chile, Argentina, México, Suiza, Cuba, Canadá, Estados Unidos… Exiliados incluso en su país, cuando los supervivientes al fin volvieron, porque habían pasado más años fuera que en España y no era la que habían dejado 30 años atrás.
La guerra de España y sus secuelas han sido atrozmente silenciadas. Sin embargo, están aún soterradamente vivas en, al menos, la mitad de las familias de nuestro país. Era imprescindible recuperar los datos pero también las voces de sus protagonistas, antes de que se apaguen.
Recordar es recuperar nuestra identidad y comunicarla, es reelaborar el pasado para que no sólo sea nostalgia y añoranza, sino fuente de vida y nuevas sensaciones. Esa memoria recuperada acumula lo vivido y lo no vivido, lo deseado y lo ocurrido, diluye las fronteras del tiempo y estimula el sueño[6].
[1]. Con Francia se firmó un protocolo el 25 de febrero de 1939. Recordemos que el famoso parte que da por terminada la guerra se emitió el 1 de abril. Los acuerdos, llamados Bérard-Jordana, que se hicieron públicos el 27 de febrero, pactan la devolución al «Gobierno nacional» de todos los bienes que estuvieran en Francia a causa de la guerra.
[2]. Juan Martínez Leal, República y Guerra Civil en Cartagena (1931-1939), Cartagena, Ayuntamiento; Murcia, Universidad, 1993, p. 323 y cuadro p. 316.
[3]. No todos los marinos salieron de Cartagena. Otros fueron evacuados por Rosas, Puerto de la Selva, Mahón o Alicante, como veremos.
[4]. La media de edades ronda los 22-25 años. Los comandantes de los buques tenían en torno a los 30 años.
[5]. A lo largo del libro llamaré «marinos» a los hombres que estaban embarcados en los buques de la flota, los oficiales, suboficiales, cabos y marineros ya que igualmente defendieron la República en los barcos, vivieron el exilio, la represión o cayeron ejecutados ante un pelotón de Infantería de Marina.
[6]. Carmen Martín Gaite, Hilo de la cometa. La visión, la memoria y el sueño, Barcelona, Espasa-Calpe, 1995.