Kitabı oku: «El hombre y el arma»

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El hombre y el arma

Vo Nguyen Giap



Giap, Vo Nguyen El hombre y el arma / Vo Nguyen Giap ; prólogo de Maximiliano Lionel Thibaut. - 1a ed.- Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Verde olivo / 1) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-29-3 1. Ensayo Histórico. 2. Marxismo. 3. Ensayo Político. I. Thibaut, Maximiliano Lionel, prolog. II. Título. CDD 959.7

“El hombre y el arma” by General Vo Nguyen Giap Spanish version Copyright © Thế Giới Publishers 2014. All rights reserved.

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Índice

Nota del editor

A modo de presentación

Puntos de vista sobre la guerra y la paz

El hombre y el arma

¿Paz o violencia?

El problema de la guerra y la paz

El camino acertado para salvaguardar la paz mundial

Nota del editor

El 4 de octubre de 2013, y a sus 102 años de edad, fallecía el legendario General Vo Nguyen Giap en Hanói. Sus restos fueron trasladados a Quang Binh, su provincia natal, y seguidos de cerca por millones de vietnamitas que lo despidieron conmovidos por la pérdida de uno de sus más queridos líderes, llamado por todos el “Hermano Mayor” del ejército popular.

Para nuestra editorial es un orgullo haber servido de polea conductora para difundir en el tiempo presente, en el seno de las nuevas generaciones de luchadores, el pensamiento del inolvidable revolucionario.

El origen del libro que presentamos a continuación es la suma de cinco trabajos del autor aparecidos por primera vez en la revista Hoc Tap (Estudio), órgano teórico del Consejo Central del Partido de los Trabajadores de Vietnam y compilados en un tomo por Ediciones en Lenguas Extranjeras, Hanoi, en 1965.

De dicha edición en idioma español fue tomada la 1ª edición argentina (1968) publicada oportunamente por Ediciones La Rosa Blindada, versión que además fue prologada por una entrevista que un corresponsal de Le Monde le realizara al Primer ministro de Vietnam del Norte en aquellos años, Sr.Pham Van Dong.

En esta oportunidad el libro se presenta sin dicha entrevista, por carecer de la vigencia política que le daba valor en su edición anterior, y con ligeras correcciones idiomáticas. La obra se respeta así íntegramente, alterando solo el orden de sus artículos, a los fines de coherentizar su agrupamiento para una mejor lectura.

Ituzaingó, Octubre de 2014

A modo de presentación

Tenemos el honor de presentar al público la obra de un gran marxista, de un luchador destacado y abnegado por el socialismo. Hablamos del mítico General Vo Nguyen Giap, quien fuera uno de los máximos líderes de la Revolución Vietnamita junto a Ho Chi Minh, y su máximo jefe militar.

Se incorpora al Partido del Trabajo de Vietnam (Comunista) en 1933, y desde esa fecha se le encomienda la formación de las milicias campesinas de autodefensa dirigidas por el Partido. En 1941 participa de la fundación del Vietminh, que en 1945 ordena la insurrección general contra la ocupación japonesa, sublevación triunfante sobre la que se proclama la República Democrática de Vietnam.

En 1946 los franceses invaden el país y desatan una guerra que se extenderá hasta 1954 con su derrota completa en la famosa batalla de Dien Bien Phu, que tras 55 días de asedio cae a manos de la resistencia patriótica, asestando un golpe demoledor a su ejército y su “Cuerpo expedicionario”, proceso que culmina con la Conferencia de Ginebra y la división del país en Norte y Sur.

En el norte comienza la construcción socialista y Giap es nombrado Ministro de Defensa, y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cargo que ocupara hasta 1976.

En 1964 comienzan las hostilidades del ejército de EE.UU en Vietnam del Sur y su contraparte: la creación del Vietcong (Frente de liberación de Vietnam del Sur). Todo el mundo contiene el aliento y gira alrededor de este enfrentamiento. Un país pequeño y pobre se alza contra la máxima potencia mundial, en una lucha encarnizada y desigual por la defensa territorial y las conquistas populares. Los norteamericanos hacen gala de toda su brutalidad imperial, asesinando en masa, aplicando la guerra química sobre poblaciones enteras, masacrando a civiles y llevando al mundo a un paso de la guerra mundial. Pero no logran doblegar el espíritu revolucionario de ese pueblo, que a través de una guerra popular ejemplar vence en el campo de batalla y en la formación de la “opinión pública”. Miles de muertos regresan a EE.UU y manifestaciones por la paz se hacen multitudinarias en todo el mundo. 1975 es el año del retiro de las tropas yanquis, sumidas en la peor derrota militar, política y moral de su historia. El pueblo Vietnamita venció nuevamente. Giap es uno de los grandes mentores de la heroica resistencia armada.

Hasta aquí la historia, el desarrollo vivo de los acontecimientos. Debemos sacar conclusiones conceptuales y realizar una síntesis que explique las razones de consecutivos triunfos revolucionarios. Y aquí es donde estamos ante la necesidad de estudiar la obra de Giap, sus concepciones, su estrategia y las tácticas empleadas.

Pensamos que toda introducción o estudio preliminar de su obra, en parte, es innecesaria. Nada más claro que el autor para explicarla, dueño además de un gran poder de síntesis y de cualidades pedagógicas eminentes. Observamos en sus escritos una gran capacidad para abordar los problemas desde distintos ángulos que, juntos, darán un análisis detallado de la situación. Los fundamentos y las conclusiones se reiteran una y otra vez: en parte por la condición “oriental” del autor y en parte por el auditorio campesino al que se dirige principalmente. Pero si tenemos paciencia veremos que su lectura tiene un innegable valor para crear ideas-fuerza, por su sencillez, por su claridad. Giap explica a Giap. No hace falta un intermediario.

Solo destacar algunos aspectos político-militares de su actividad y de su obra teórica:

–La posibilidad de un país pequeño y pobre (en recursos y armamentos) de enfrentar y triunfar sobre cualquier enemigo sobre la base de la unidad popular, la conciencia patriótica y la guerra irregular.

–La guerra de todo el pueblo o guerra popular prolongada como la forma de lucha principal, y la guerra de guerrillas como una parte de esta, aunque no la única.

–La organización de la logística de guerra, en medios y hombres, su desplazamiento, su utilización flexible en distintos momentos de la lucha armada.

–La audacia, la iniciativa y la sorpresa como los elementos decisivos en este tipo de planteo táctico.

–La utilización de los recursos tomados al enemigo en el combate como el medio para armar al ejército popular y a las masas.

–La necesidad de ligar la lucha armada con las necesidades populares como la reforma agraria y otras conquistas sociales.

–La educación para elevar la conciencia del ejército y el pueblo, destacar el plano político en todo momento y la democracia más amplia al interior de la fuerza combatiente, entre el ejército y el pueblo y entre soldados y oficiales.

–La relación entre las estrategias políticas y los tipos de lucha: insurrección general, guerra de resistencia, guerra de liberación, guerra civil revolucionaria.

Por último, hay que advertir que la doctrina del General Giap es lectura obligada para los que investigan el arte militar revolucionario, lectura que remitirá a profundizar en las obras marxistas, en especial las obras militares de Marx, Engels, Lenin, Mao Tse-Tung y Ernesto “Che” Guevara.

El General Giap es una leyenda viva, que a sus más de cien años, sigue combatiendo al capitalismo. Las banderas libertarias que enarboló siguen flameando como símbolo de la irreductible decisión de vencer en la lucha por un mundo sin explotadores y sin explotados, donde los hombres y mujeres construyan otra sociedad sin opresión de ninguna clase, una moral nueva y una tierra más habitable. Aunque suene paradójico y moleste a algunos pacifistas inconducentes, la guerra del general Giap y de su pueblo fue una guerra por la paz.

Para finalizar, tomamos como propias las palabras del Comandante Hugo Chávez Frías, quien en 2006 visito Vietnam y mantuvo un encuentro personal con el General en el que le manifestó que había estudiado profundamente su pensamiento militar y que uno de sus sueños habría sido servir bajo su mando “como un simple soldado en la conquista de la libertad y el socialismo”.

Maximiliano Thibaut

Buenos Aires, Abril de 2014

Puntos de vista sobre la guerra y la paz

El problema de la paz y la guerra se relacio­na con el destino de centenares de millones de seres en el mundo. Por culpa de la frenética preparación bélica hecha por los imperialistas, la paz de los pueblos está gravemente amena­zada. Por eso, el problema de la paz y la guerra se convierte en problema candente de la época actual.

El problema de la guerra y la paz es la preo­cupación diaria de las numerosas masas po­pulares; los comunistas no deben ser indife­rentes ante este problema; por eso, los co­munistas de todos los países ponen mucha atención en su estudio y discusión y buscan medidas para resolverlo. Mientras que los comunistas de todos los países prosiguen de­liberando entre sí de manera seria y sincera sobre este candente problema de nuestra épo­ca, los revisionistas contemporáneos, cuyo re­presentante es la camarilla de Tito, buscan medios para intervenir en el asunto a fin de provocar, dividir y crear una cortina encegue­cedora de humo en torno al problema, mez­clando lo negro con lo blanco, contraponiendo lo correcto a lo incorrecto, tergiversando el marxismo-leninismo y propagando el revisio­nismo. Por eso, en este momento es necesario insistir en los argumentos marxistas-leninistas acerca del problema de la guerra y la paz, conjugándolos con la situación internacional ac­tual, elucidando el problema de la guerra y la paz, distinguiendo lo blanco de lo negro, acla­rando lo correcto y lo incorrecto.

El origen y el carácter de la guerra

La guerra es un fenómeno social. Al igual que los otros fenómenos sociales, la guerra tie­ne su principio y su fin. Los fundadores del marxismo-leninismo aclararon que la guerra es producto de la sociedad de clases. La gue­rra es un fenómeno histórico de la sociedad, nace conjuntamente con la aparición del ré­gimen de propiedad privada sobre los medios de producción y con la división de la sociedad en clases opuestas. La guerra depende del mo­do de producción y de la estructura de las clases sociales. El modo de producción tiene influencia decisiva sobre los métodos de llevar a cabo la guerra. Cuando en la sociedad huma­na no existan más clases opuestas la guerra dejará de existir. En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels han declarado: “En la misma medida en que sea abolida la explo­tación del hombre por el hombre, será aboli­da la explotación de una nación por otra”.

“Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones, desapare­cerá la hostilidad de nación a nación”. La vía de eliminar la guerra es llevar a cabo la lucha revolucionaria por el triunfo del socialismo y el comunismo en el mundo entero.

La guerra es una lucha armada organizada entre las clases sociales o entre los distintos Estados para lograr un determinado objetivo político o económico. En el régimen comunista primitivo, no hubo clases ni Estados, por lo tanto no hubo guerra. Cuando desapareció el comunismo primitivo con la división del tra­bajo en la sociedad nació el régimen de pro­piedad privada sobre los medios de producción y engendró la aparición de las clases y la for­mación del aparato estatal para defender los intereses de la clase dominante. Simultánea­mente con la aparición del Estado, surgió el ejército. La guerra se volvió desde entonces fun­ción permanente del Estado representante de los intereses de la clase explotadora, convir­tiéndose en medio para que el Estado amplíe su poder dominante y saquee a los pueblos de los otros países.

Al nacer el capitalismo ensanchó la escala de la guerra. Desatar la guerra de agresión por la conquista de colonias, saqueando sus materias primas o mano de obra a bajo precio y convirtiendo esas naciones en mercado de­dicado al consumo de las mercancías, es una cosa necesaria para que pueda desarrollarse el capitalismo. En el período del imperialismo, el capitalismo entró en su estado supremo: la dominación de los organismos monopolistas y del capital financiero fue establecida, la ex­portación de capitales tomó importancia de primer orden, el reparto del mundo fue reali­zado entre los trusts internacionales, las po­tencias capitalistas han determinado entre sí la repartición de la tierra del mundo. El ca­pitalismo monopolista agrava las contradic­ciones inherentes al capitalismo. Los países imperialistas “avanzados posteriores” que aca­ban de alzarse ven que ya casi todas las colo­nias están en manos de los imperialistas “avanzados anteriores” y no dejan de recla­mar su parte. El imperialismo abre la era de la lucha enconada entre los países imperialis­tas para repartir de nuevo el mundo. Las naciones “atrasadas” desgarradas por los paí­ses imperialistas no pueden dejar de rebelarse en contra del imperialismo. Los pueblos de los países imperialistas que no pueden soportar más la explotación y el ser utilizados como carne de cañón, también se levantan para lu­char contra los dominantes. Por eso el período del imperialismo es el período de guerras cada vez más amplias con una envergadura nunca vista en la historia.

El origen de la guerra es en general la so­ciedad con clases opuestas y, en particular, el capitalismo y el imperialismo. ¿De dónde emana la guerra? La fórmula siguiente de Lenin lo demuestra claramente: “Guerra = un hecho de intereses vertiginosos = producto di­recto e inevitable del capitalismo”1. Los re­visionistas contemporáneos niegan los puntos de vista del marxismo-leninismo sobre el ori­gen de la guerra. Buscan todos los medios po­sibles para esconder el verdadero origen de la guerra. Consideran que el origen de la guerra es el armamento, sobre todo el arma termonuclear. Por eso afirman que si se quie­re luchar contra la guerra se debe luchar contra las armas, eliminar todo tipo de arma­mento, y no se debe hacer la lucha antiimperialista, anticapitalista, ni aniquilar el régimen de la explotación del hombre por el hombre. Dicen que el origen de la guerra es la carrera armamentista. En el texto titulado La guerra no es fatal, Tito ha escrito: “Las experiencias del pasado demuestran que toda carrera ar­mamentista conduce inevitablemente a la gue­rra”2. El hecho de que los países socialistas acrecientan sus fuerzas de defensa nacional es considerado por ellos como “una carrera armamentista” y también como origen de la guerra. Difunden que el motivo de la guerra se halla en la formación de “los bloques” en el mundo. En dicho texto Tito escribió: “La creación de los bloques de muchos países obs­taculiza la aplicación de la política de coexis­tencia y amenaza la paz y la independencia de los pueblos y países”. El sistema socialista mundial, compuesto por los países amantes de la paz ya liberados del yugo capitalista, tam­bién fue considerado por los revisionistas co­mo parte de esos “bloques”, y según ellos, eso constituye también el motivo de la guerra. Las naciones víctimas de la desmembración impe­rialista como Vietnam, Corea y Alemania, según los revisionistas, son también el origen de la guerra. En el mismo texto Tito escribió: “Dentro de los problemas sutiles, consecuen­cias de la segunda guerra mundial, en primer lugar se debe notar la división de los pueblos de Alemania, Corea y Vietnam, lo cual crea nuevos focos permanentes de pugnas inter­nacionales”. Cada uno de esos países fue divi­dido en dos partes: una parte ocupada por el Imperialismo y la otra liberada, en la cual el pueblo está edificando el socialismo. Los revisionistas han metido dentro de la misma canasta esas dos partes que tienen regímenes diferentes y consideran que los países socialistas, como la República Democrática de Vietnam, la República Democrática Popular de Corea y la República Democrática de Ale­mania, todos son “los focos permanentes de pugnas internacionales” y por lo tanto son el origen de la guerra. Consideran también que los pueblos oprimidos que se levantan en lucha enérgica contra los imperialistas han aumen­tado el peligro de guerra. Con lo cual quieren decir que el origen de la guerra son los pue­blos oprimidos. Todos esos argumentos de los revisionistas contemporáneos tienden hacia un único objetivo, cual es el de desviar de los pue­blos el conocimiento del verdadero origen de la guerra. Solamente encontrando el origen verdadero de la nueva guerra se pueden pre­conizar los métodos acertados de lucha con­tra ella y por la salvaguardia de la paz. Si no se encuentra el verdadero origen de la guerra seguramente no pueden preconizar más que métodos erróneos provocando fracasos en la lucha contra la guerra y por la salvaguardia de la paz. Está muy claro que con esos argu­mentos acerca del origen de la guerra, los re­visionistas contemporáneos juegan el papel de apologistas torpes de los imperialistas que son culpables de tantas guerras de masacre a los pueblos del mundo, y que están preparando febrilmente la nueva guerra mundial con me­dios de destrucción masiva.

Hay también gente que busca el origen de la guerra no en el régimen social sino en el cerebro de los que encabezan los gobiernos burgueses. Si en la cabeza de los dirigentes del gobierno de un tal país imperialista hu­biera la llamada “buena voluntad”, existiría la paz. Al contrario, si en su cabeza hubiera la llamada “mala voluntad”, existiría la guerra. Ya desde hace mucho tiempo Lenin re­chazó ese argumento de buscar el origen de la guerra y la paz dentro de las llamadas “buena” y “mala voluntad”. En su obra Sobre las tareas del proletariado en nuestra re­volución Lenin escribió acerca de la primera guerra mundial: “La guerra no ha sido engendrada por la voluntad maligna de los bandidos capitalistas aunque es indudable que se hace sólo en interés suyo y sólo a ellos enriquece. La guerra es el producto de medio siglo de desarrollo del capital mundial, de sus miles de millones de hilos y vínculos”3. En la misma obra Lenin señaló claramente que lo necesario para nosotros es que: “Debemos saber explicar a las masas que el carácter político social de la guerra no se determina por la “buena voluntad” de personas, de grupos ni aún de pueblos enteros, sino por la situación de la clase que hace la guerra; por la política de esta clase, que tiene su continuación en la guerra; por los vínculos del capital, como fuerza económica dominante de la sociedad moderna; por el carácter imperialista del ca­pital internacional…”4.

Los marxistas usan el materialismo dialéc­tico y el materialismo histórico para buscar el origen y analizar el carácter de la guerra. Los marxistas rechazan la manera idealista de analizar el origen y el carácter de la guerra. Si queremos comprender las causas del naci­miento y el carácter de una guerra debemos analizar las políticas (interior y exterior) que tal clase o tal Estado aplicó antes de la guerra y que posteriormente condujo a la guerra. La clase dominante y su Estado tienen una deter­minada línea política para defender sus in­tereses de clase. En tiempo de paz, se vale de maniobras políticas, económicas, ideológicas y diplomáticas, etc., para realizar sus líneas políticas. Si esas maniobras tendientes a lo­grar el objetivo planteado no bastan se apela entonces a la violencia, a la guerra. Por lo tanto, la guerra constituye el medio violento que usa cierta clase para llevar adelante su línea política del tiempo de paz. En toda so­ciedad con clases antagónicas existe la lucha de clases. La lucha irreconciliable entre las clases conduce a las guerras. La guerra es una de las formas de lucha de clases: la lucha ar­mada. Toda lucha de clases tiene carácter político. La guerra también lo tiene. El mar­xismo-leninismo señaló claramente las rela­ciones entre la política y la guerra. Cualquiera que sea la guerra, se vincula estrechamente con el régimen político que le da a luz.

En su obra La guerra y la Revolución Lenin subrayó: “La guerra es la continuación de la política por otros medios. Toda guerra se liga íntimamente al régimen político que la ha desatado. Ésta es la política que un país de­terminado, una clase determinada en ese país ha seguido desde hace mucho tiempo antes de la guerra, y obliga a la misma clase a seguir llevándola a cabo durante la guerra, con el cambio de forma de acción”5. Si se quiere conocer una guerra deben señalarse claramente las condiciones concretas que la originaron, aclarar cuáles son las clases que la prepararon y llevaron a cabo, y el objetivo seguido por esa clase. No se puede analizar el carácter de una guerra sin subrayar las es­trechas relaciones entre esa guerra y la pasada línea política de la clase dominante de los países beligerantes. No existe ninguna guerra que no tenga objetivo político. No existe po­lítica superclasista y por lo tanto no existe tampoco guerra superclasista. La política de­termina el carácter de la guerra y el objetivo concreto para la estrategia militar. La estra­tegia militar en la guerra toma la estrategia política como base y depende de esta última. Por eso, la tesis leninista de que “la guerra es la continuación de la política por otros me­dios”, es perfectamente correcta.

Los revisionistas contemporáneos conside­ran que actualmente esa famosa tesis de Lenin está pasada de moda. En el discurso pronun­ciado en la 15º sesión de la Asamblea general de la ONU, a fines del año de 1960, Tito, jefe de las filas revisionistas, declaró: “Hoy la definición que dice que la guerra es la con­tinuación de la política por otros medios es incompleta”. Tito mostró este argumento con el objetivo de rechazar el carácter político, el carácter clasista de la guerra. Con dicho ar­gumento, pretende borrar la distinción entre los distintos tipos de guerra, la guerra justa y la guerra injusta; la guerra agresora de saqueo y la guerra de autodefensa y de libe­ración nacional.

Es lastimoso que el citado argumento de Tito influya sobre cierto número de compañe­ros de algunos Partidos comunistas y obreros. Suelen aparecer de tanto en tanto en la pren­sa comunista y obrera artículos que niegan la tesis de que “la guerra es la continuación de la política”. Para justificar su negativa pa­saron por alto el nombre de Lenin y hablaron solamente sobre Clausewitz. Dicen que aque­lla tesis es del teórico militar prusiano Clau­sewitz y que hoy no es correcta. Precisamente Clausewitz pronunció aquella frase y Lenin la repitió, pero al mismo tiempo le insertó un contenido de clase perfectamente nuevo. En su obra La Guerra y la Revolución, Lenin es­cribió: “Han conocido el pensamiento de Clau­sewitz, uno de los destacados autores que es­tudiaron la filosofía de la guerra y la historia militar: la guerra es la continuación de la política por otros medios. Es una máxima del escritor que estudió la historia de las guerras y sacó lecciones filosóficas, poco después del período de la guerra de Napoleón”. En la obra El socialismo y la guerra, después de haber citado aquella frase de Clausewitz, Lenin es­cribió lo siguiente: “Aquella famosa frase es de Clausewitz, uno de los autores más pene­trantes en la ciencia militar. Los marxistas siempre la consideran como base teórica de la interpretación de cada guerra. Precisamen­te basándose siempre en este punto de vista Marx y Engels han enfocado las distintas guerras”6. Lenin estuvo de acuerdo con esa tesis de Clausewitz, pero no significa esto que sobre ese problema las ideas de Lenin y las de Clausewitz sean perfectamente semejantes. La verdad es que Lenin adoptó una posición de clase totalmente distinta a la de Clausewitz que era un pensador de la aristocracia pru­siana. Clausewitz aparta la política de la eco­nomía, por lo tanto le quitó su contenido de clase. Clausewitz no pudo analizar las guerras según el carácter de clase. El pensamiento de Lenin acerca de que la guerra es la continua­ción de la política por medios violentos, se asienta sobre la base del análisis del carácter de clase de la política para, desde allí, analizar el carácter de clase de la guerra, distinguir los diferentes tipos de guerras según su ca­rácter, y sobre esas bases determinar clara­mente la actitud hacia cada una de ellas. La tesis de Lenin sobre “la guerra es la continua­ción de la política” es perfectamente correcta. Ésta nos ayuda a analizar las guerras. Si la política lleva el carácter imperialista, es decir, la política aboga por los intereses de los im­perialistas saqueadores y opresores de los pue­blos de los países subdesarrollados, la guerra nacida de esa política es una guerra imperia­lista. Si esa política es la que pretende la liberación nacional, es decir, la política que aboga por los intereses de los pueblos oprimi­dos en contra de la explotación y opresión de los imperialistas extranjeros, entonces la gue­rra resultante de esa política es la guerra de liberación nacional. Mientras que en la so­ciedad humana existan clases antagónicas, lucha de clases, existe aún la posibilidad de desatar la guerra, pues dicho argumento de Lenin sigue siendo válido. En su obra El pro­grama militar de la revolución proletaria Le­nin escribió: “Desde el punto de vista teórico sería totalmente erróneo olvidar que toda guerra no es más que la continuación de la política por otros medios”7. Esta tesis leni­nista conserva hasta hoy su auténtico valor. Considerarla pasada de moda significa renegar del leninismo.

Guerras justas y guerras injustas, paz democrática y paz antidemocrática

No es que el comunista rechace todo tipo de guerra y esté de acuerdo con cualquier tipo de paz. En La Guerra y la Revolución Lenin escribió: “Existe la guerra, y la guerra se debe aclarar por las condiciones históricas que la engendran, las clases que la despliegan y el objetivo seguido por esas clases”8. En su In­forme ante el VIII Congreso del Partido Co­munista Ruso (bolchevique) del mes de marzo de 1919, Lenin dijo: “Decimos a menudo que existe la guerra y la guerra. Condenamos la guerra imperialista y no rechazamos la guerra en general”9. La actitud de un comunista hacia una guerra (o una paz) depende del carácter de esa guerra (o de esa paz). Esa guerra (o esa paz) ¿a quién le interesa? y ¿a los intereses de qué clase sirve? El comunista toma el punto de vista de clase del marxismo- leninismo para estudiar el problema de la guerra y la paz. “El punto de vista proletario consiste en definir netamente el carácter de clase de la guerra…”10. El marxismo-leninis­mo nos da la guía para analizar el enredo de los fenómenos sociales; esa guía es la teoría de clase y la lucha de clases. Lenin nos enseñó que: quien no logre todavía percibir los in­tereses de una u otra clase a través de las pa­labras, las declaraciones y las promesas de carácter moral, religioso, político y social, será más o menos un inocente que se dejó engañar y que se engaña a sí mismo políticamente.

Durante el estudio y la discusión sobre el problema de la guerra y la paz no debemos apartarnos del punto de vista de clase del marxismo-leninismo; si nos apartamos, caere­mos en los errores que Lenin señaló hace medio siglo. En su obra La guerra y la revolu­ción, hablando sobre las discusiones acerca de la guerra y la paz en aquel momento, Lenin escribió: “A mi juicio, me parece que el punto más importante, el que a menudo la gente olvida en el problema de la guerra y no le presta suficiente atención, causa principal de tantas discusiones que considero estériles, va­nas, sin objetivo, es la cuestión fundamental del carácter de clase de la guerra, la causa que hace estallar la guerra, las clases que la hacen, las condiciones históricas e histórico- económicas causantes de la guerra”11. Lástima que hasta ahora, un número de comunistas cometa los errores que Lenin señaló ya hace como cincuenta años. En esa obra, Lenin añadió: “Según el punto de vista del marxis­mo, es decir del socialismo científico contem­poráneo, el problema primordial para los so­cialistas que deliberan acerca de la valoriza­ción de una guerra y la actitud justa hacia ella es el de buscar el objetivo que persigue y el ver cuáles son las clases que la han pre­parado y dirigido”12. En su obra La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Lenin puso el problema del punto de vista de clase en la valorización de la guerra como un “problema fundamental”, y lo consideró como criterio de un socialista: “¿Cómo es el carácter de clase de la guerra?, éste es el problema fundamental planteado para todo socialista (si no es un renegado)… Quien se aparta de este punto de vista, no será un socialista”13.

Basado sobre el contenido de clase de la guerra, el marxismo-leninismo distingue cla­ramente dos tipos de guerra cuyo carácter es perfectamente distinto: la guerra justa y la guerra injusta. La guerra justa es una guerra liberadora, y no lleva carácter expoliador. Es la guerra de la clase obrera, del campesinado y de otras capas trabajadoras en un país que luchan contra los capitalistas, los terrate­nientes dominantes. Es la guerra de un pueblo oprimido contra los imperialistas extranjeros. Es la guerra de autodefensa de uno o de mu­chos países socialistas que luchan contra la agresión armada de uno o de muchos países imperialistas u otros reaccionarios agresores. La guerra injusta es la guerra de rapiña. Es la guerra de los imperialistas y otros reacciona­rios que pretenden reprimir las insurrecciones del pueblo dentro del país, agredir y esclavizar a las otras naciones, y agredir a los países so­cialistas. La distinción clara de las dos guerras, la justa y la injusta, es una cuestión de prin­cipio del marxismo-leninismo. Lenin escribió: “Se debe distinguir con absoluta claridad las guerras imperialistas para el reparto del bo­tín, para la estrangulación de las naciones pequeñas y débiles, de las guerras revolucio­narias con miras a preservarse de los capi­talistas contrarrevolucionarios y a sacudir su yugo”14. En el mitin del día 23 de agosto de 1918, hablando sobre la actitud del comunista hacia la guerra, Lenin dijo: “Todas las guerras engendradas por los intentos rapaces de los reyes y de los capitalistas son, según nuestra apreciación, criminales, porque son funestas para las clases trabajadoras y traen a la bur­guesía dominante enormes ganancias. Pero hay guerras que la clase obrera debe llamarlas justas; es la lucha para liberarse del régimen esclavista y de la opresión de los capitalistas. Y esas guerras son necesarias porque no po­dríamos liberarnos si no lucháramos”15.

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