Kitabı oku: «La Corte de los Ángeles», sayfa 2
—¡Y tú, amiga mía!... ¡Me temo que no estás vestida para la ocasión! —preguntó—. Hoy es sábado por si no te enteraste —dijo levantando las palmas de sus manos en forma de exclamación.
Ella sabía muy bien en qué día de la semana estábamos. Sus stilettos iban acompañados por un short de cuero negro y una camisa en parte hecha de lentejuelas. A veces me preguntaba cómo resistía salir conmigo. Solía arreglarme, pero el bar de Pipos no merecía tanta sofisticación. ¡Al parecer, para ella sí!
—¡Era eso! —Me relajé mientras revoleaba mis ojos—. ¿Qué tienes en mente? ¡Me puedo cambiar! —Sonreí ante mi afirmación, sabía que eso la iba a animar.
—¡Primero, quiero ir a bailar! —afirmó usando ese timbre de voz, al que solamente lo usaba cuando por su cabeza se le cruzaba algo no muy legal—. Con esos chicos —dijo señalándolos y riendo tontamente—. Y luego ver el amanecer en el anfiteatro —concluyó.
—¿En el anfiteatro? —En verdad me intrigaba el lugar que había elegido.
—¡Sí! —afirmó tontamente—. Es un lugar único por acá, como nosotras dos —comentó entre risas.
—¡Sí que tienes buen sentido del humor! —Reí por la dirección de sus pensamientos.
Eso no se lo iba a cuestionar. En el pueblo estaban nuestras dos familias, y hacía mucho que no veíamos a otra bruja blanca por acá, y menos a una bruja oscura. Se dice que Rosario es un lugar protegido, por eso el nombre, y está custodiado por las salvaguardas, en donde lo malo se queda afuera y lo bueno adentro, por ese motivo no hay brujas oscuras en este lugar. Y el anfiteatro se encuentra terminando el paseo marítimo. Con la parte del escenario dando al mar.
—¡A cambiarse entonces! —respiré apesadumbrada—. Viendo que tus planes no van con mi “atuendo” —dije señalándome.
—¡Sííí! —Movió la cabeza hacia arriba y abajo dándole más peso a su afirmación—. ¡Por supuesto que sí! —se apresuró a decir—. Esos chicos nos invitaron al club del lago —dijo mirándolos embobada otra vez—. Aunque algunos son un poco extraños. —Por lo menos ella también lo había notado.
Ese grupo, compuesto por tres chicos en particular, era de lo más extraño que había visto cuando entré. Algunos estaban vestidos como si fueran roqueros o motoqueros, con esta escasa luz no sabía diferenciarlos. Y otro grupito que estaba en la mesa continua parecían más normal o por lo menos sus atuendos lo eran, ninguno tenía pinta de haber dormido mucho, y sus posturas eran rígidas para estar divirtiéndose en un bar. Mi llegada los alertó y no me habían sacado los ojos de encima, desde que había abierto la puerta del bar. Y lo más raro, ninguno daba la talla de ser socios de ese club, al cual lo frecuentaban los ricos del pueblo y algunos modelos de temporada.
—¡Genial! —Era la expresión más sarcástica que había encontrado—. Pero mañana temprano Lisa nos va a estar esperado para entrenar, no puedes faltar, dijo que tenía algo nuevo para enseñarnos.
—Que yo recuerde... —Hizo una pausa teatral como si estuviera pensando—. ¡Lo último que nos enseñó es teoría, teoría y creo que sí, más teoría! —se burló.
La camarera llegó y dejó una carta para las dos, cortando nuestra conversación. Angélica Roswell llevaba varios años trabajando en Pipos. No tenía más de catorce años cuando su padre las abandonó a ella y a su madre. Por ese motivo Adrián la había empleado a los quince años y tenía un trato especial con ella. Angélica era de esas personas que no se involucraba en la vida de nadie, se ocupaba de hacer bien su trabajo y de llevar una vida tranquila, todos por acá la conocían como “la rubia”.
El lugar estaba un poco más concurrido de lo habitual, pero eso era bueno, significaba que la época de turismo había comenzado. Aparte de ser un pueblo o ciudad pequeña como le gustaba llamarlo a Greta, Rosario cuenta con unas playas increíbles, en donde los fines de semanas tocan bandas locales y muy rara vez venían bandas de algún lugar cercano. La temporada de turismo dura los tres meses, que dura el verano, antes de que empiece el año escolar.
—Creo que voy a pedir lo mismo de siempre —dije sin mirar la carta que Gre tenía en sus manos—. Una hamburguesa con un batido. —Pipos era reconocido por sus famosos batidos. Muchos quisieron comprar la receta, pero el dueño se resistía a compartirla.
—Igual, la noche está ideal, se puede sentir esa vibra en el aire —dijo mirando al cielo a través del ventanal que teníamos a nuestro costado.
—¿Esa vibra? —pregunté entre risas incrédulas.
—Sí, ya sabes —contempló pensativa el mar—. Es como si cualquier cosa pudiera pasar esta noche.
La camarera llegó, tomó nuestra orden y se fue en busca de los batidos, ella jamás se entretenía charlando con los clientes. A los escasos minutos vino con dos tragos, por el color del líquido azulado podía adivinar que era algún licor, pero el olor era muy fuerte y distinto. Sin decir nada y con una postura incómoda, los dejó sobre la mesa.
—¡Discúlpame! —me apresuré en llamar su atención—. Nosotras no pedimos esto —dije señalando los vasos.
—Sí..., lo sé. —Se podía sentir el nerviosismo y preocupación en su voz—. Esos chicos me los dieron para ustedes —los señaló, aunque no hacía falta que indicara el lugar—. Me dieron una muy buena propina y dijeron que eran inofensivos, así que los acepté —dijo encogiéndose de hombros en forma de disculpa—. Pero si me preguntan, no es algo que preparemos nosotros —habló en susurros, evitando que la oyeran. Aunque la música estaba demasiado fuerte, hasta para oírla nosotras.
Se fue sin decir una palabra más. Nos quedamos mirándonos con mi amiga, pero era evidente que algo no andaba bien.
—¿Chloe...? —me llamó por mi nombre, había algo que no la dejaba seguir con su pregunta, tomó una bocanada de aire y relajó los hombros—. ¿Tú crees que sean hechiceros? El olor del trago me hace recordar a las pociones que prepara Lisandra. —Esta última parte la dijo en medio de un pensamiento muy distante.
—¡Creo que sí!, en el jardín hay una planta que tiene un olor similar, aunque este trago esta mezclado con alcohol, no creo estar muy segura. —La expresión de Greta mientras hablaba fue cambiando, sabía que se le había ocurrido una idea.
—En mi cartera tengo un frasquito —comentó en voz muy baja—. Voy a sacar una muestra para que Lisa lo analice. —Su rostro se iluminó y apareció esa sonrisa maliciosa—. Pon tu cartera delante de los tragos y distráelos. —Como siempre mi amiga pensaba en todo.
Seguí sus instrucciones al pie de la letra. Algo en mí llamó la atención del que debía ser el líder del grupito de los tres chicos malos, tomó la iniciativa de venir a investigar. Saqué el celular de la cartera y dije en voz más alta de lo normal.
—¡Creí que lo había perdido! —Greta se dio cuenta de que algo no andaba bien, guardó rápidamente la muestra en su bolso. Coloqué mi cartera en la silla continua a la mía, Gre intentó hacer lo mismo, pero ya era demasiado tarde, el individuo se había sentado a su lado. Nuestras miradas se encontraron e hizo que me corriera un escalofrío por todo mi cuerpo. Este chico no era pacífico en lo más mínimo, por sus poros exudaba maldad.
—¡Buenas noches, señoritas! —Su voz salió clara y limpia, pero al verlo pensé que tendría una voz más ruda, áspera, más acorde a su físico, era muy alto y musculoso, en sus ojos había hostilidad. Su campera de cuero estaba desgarrada en una de las mangas y su jean manchado, era como si hubiera estado en una pelea.
Greta tomó una postura de defensa, tenía los brazos tensos y listos para actuar. Lo miró sin vacilación y preguntó:
—¿Estos tragos —los señaló con su dedo índice—… los mandaron ustedes?
—¡Sí! —afirmó con mucha confianza, poniendo una sonrisa en su rostro que lo hacía lucir como asesino serial—. ¡Veo que todavía no los probaron! —contestó esperando que alguna hablara primero. Aunque se dirigió a mí, en cuestión de segundos logró acortar nuestra distancia. Estaba tan cerca que conseguía ver mi reflejo en sus ojos negros. Eran tan oscuros que juraría que no tenían vida.
—No aceptamos tragos de personas extrañas. — Mi respuesta salió firme y cortante.
—¡Oh, vamos!, ¿qué tan malo puedo ser? —Puso expresión de ángel, pero más bien, ángel de la muerte, diría yo.
En eso mi teléfono sonó, miré la pantalla y figuraba: Lisandra. Nuestras miradas se encontraron, sabía lo que quería decir la expresión en el rostro de mi amiga. Atendí y Lisa habló atropellándose las palabras. No podía entender lo que me decía, sin embargo, desafortunadamente ya no había oportunidad de volver a preguntar, la comunicación se había cortado.
—¡Tenemos que irnos! —dije mientras agarraba mi bolso.
Greta entendió la situación, se puso en pie casi al mismo tiempo que yo. El hombre que estaba a su lado empezó a insistir que nos quedáramos, y mi amiga no resistió en contestarle:
—¡Hasta la próxima, bebé! —y le tiró un beso.
La intrusa
Toc, toc, toc. La puerta crujía cada vez que la golpeaban con desesperación. Intenté llegar lo antes posible, temiendo que algo malo les hubiera ocurrido. Al abrirla encontré a una chica muy asustada y temblando de frío a pesar del calor de primavera. Estaba pálida, con ojeras bajo sus ojos. Sus brazos abrazaban su cuerpo tan fuerte que sus dedos estaban blancos.
—¡Pasa, entra! —sugerí, rodeándola con mi brazo. Ella se apoyó en mí y se dejó guiar hacia el agradable calor del interior de la casa—. ¿Te encuentras bien?
—¡No! —contestó tartamudeando. Estaba en estado de shock ¿y quién sabe hace cuánto?—. Creo que me estoy volviendo loca, veo cosas que no son reales. —Se encogió de hombros—. La mayoría de las veces —concluyó la última frase con desesperación y abatimiento—. Y siempre termino en esta casa —aclaró su garganta, su voz se estaba tornando áspera, era signo de una deshidratación—. No sé cómo llegué, pero sabía que tenía que llegar.
Sus palabras sonaban vacías, ella misma no era capaz de creer lo que me estaba diciendo. Su estado le provocaba hablar sin parar; muy en el fondo quería, necesitaba que alguien la entendiera, la consolara, era solo una niña que no sabía para dónde salir corriendo. Me recordaba mucho a Chloe cuando llegamos a esta casa, ella estaba tan perdida, cada día era una agonía. Consolarla era lo único que podía hacer. Al principio todo era nuevo y desconocido hasta que apareció Greta Valdez y su familia.
A esta chica que tenía delante de mí se la veía frágil, agobiada, sobre todo perdida. Había abandonado todo por no ser comprendida y ahora se encontraba sola en un mundo al cual creía conocer y a su vez este le daba la espalda.
—Soy Lisandra, acá vas a estar segura. ¿Cómo te llamas? —El sonido que hizo la puerta al cerrarse detrás de ella la volvió a sobresaltar.
—Li... Liz... Lizi... —Con mucho esfuerzo pudo decir su nombre.
—¡Bueno, Lizi!, tranquilízate, ponte cómoda que te voy a preparar una taza de té, ¿te parece? —Ella asintió y se dejó caer en un sillón del recibidor.
Se acomodó mejor en el viejo sillón verde con la cabeza entre sus piernas, tomando una bocanada de aire, preguntó antes de que pudiera llegar al umbral de la puerta.
—¿Hay una chica viviendo con usted? —Esa pregunta puso en alerta todos mis sentidos, no era solo una pregunta, se parecía mucho a una afirmación. Busqué mi celular y empecé a caminar hacia la cocina, quería llamar a Chloe, el teléfono pitaba por batería baja, rogaba que igual me pudiera comunicar con ella, hablé lo más rápido posible para que Lizi no se diera cuenta.
—Chloe, cariño, cuando llegues a casa, ten cuidado que llegó una chica. —Al terminar mi frase el teléfono se apagó y Lizi estaba caminando por el pasillo siguiendo mis pasos, tomé la tetera con la mayor naturalidad posible, y la puse en el fuego. Ella volvió a hacer la misma pregunta, aunque esta vez sus palabras salieron firmes, claras y con urgencia.
—¡Lisandra!, ¿hay una chica viviendo aquí?
—Sí. ¿Por qué te interesa tanto? —Mi alma de madre protectora salió a relucir.
—No sé qué son estas cosas que veo, pero si yo no estoy loca, y si las cosas que veo son reales, ella está... —No supo cómo terminar su frase, en ese momento tomó otra bocanada de aire y dijo—: Complicada.
—¿Complicada? —dije escéptica—. ¿A qué te refieres con “complicada”? —marqué con énfasis esta última palabra, estaba segura de que mi rostro no era amable, pero intentaba mirarla lo más controlada posible, ella se encogió de hombros y pareció arrepentida de su comentario; largó todo el aire que mantenía en sus pulmones.
—Las cosas no están en orden, no entiendo lo que veo, si te lo explico ahora puede ser que no sea como en verdad es. —Se encogió de hombros—. Es un caos mi cabeza. —Posó las dos manos en su sien, tratando tal vez, de aliviar su dolor.
—¡Bien! Te voy a preparar el té y vamos a ir a la biblioteca; tal vez ahí pueda aclarar algo de lo que te está pasando, pero por el momento no digas ni una palabra de tus visiones. No quiero preocupar a nadie.
Ella permaneció apoyada en la mesa de la cocina hasta que terminara su té. Luego me siguió sin decir nada hasta la biblioteca, ella siguió mis pasos hasta que encontró el sofá que estaba al lado de una mesa ratona. Ahora se la notaba más calmada, pero no dejaba de contemplar su taza de té y de dar grandes tragos. El té estaba preparado con agua de flores de azahar y valeriana que ya había empezado a surtir efecto. Tranquilizarla y aclarar su mente. Busqué un libro de la parte más alta de la estantería, estaba empolvado. Pero eso no significaba que no le serviría para despejar algunas de sus dudas.
Ella posó su atención en mí, creí conveniente empezar a instruirla en este mundo. Uno nace bruja, no se convierte, y ella tenía un largo camino por delante; sin una enseñanza temprana sobre brujería, sería mucho más difícil controlar sus dones.
—Es un libro que no leía hacía mucho tiempo. Aunque es el primer libro que toda bruja lee cuando aprende a leer. El libro se llamaba La primera bruja blanca, sus tapas están hecha de piel de animal y sus hojas con el árbol más antiguo y sagrado, cuenta la historia que sus tapas simbolizan a Abel, el segundo hijo de Eva, ya que este se dedicaba al pastoreo antes de que su hermano Caín lo matara y sus hojas están hechas del árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, así ninguna oscura podría leer el libro de Eva.
***
Recorrí la planta baja de la casa buscándola, el único lugar que me faltaba era la biblioteca, a medida que me acercaba se podía distinguir la voz de Lisa y de alguien más, Lisa estaba parada al lado de una chica que parecía tener mi misma edad, era de estatura media, rostro redondo y rizos, muchos rulos. Sus pantalones estaban manchados, producto de un par de caídas y su blusa algo descuidada. La chica estaba sentada en el sofá con una taza del famoso té de Lisa, detrás de ella estaba mi cuidadora con un libro muy antiguo en sus manos, las dos dejaron de hablar cuando entramos a la biblioteca.
—Hola —dije sorprendida—. ¿Qué sucede? —pregunté al ver la mirada de Lisa con recelo.
—Chloe, ella es Lizi. —Hizo un gesto señalándola—. Llegó hace un momento.
Las dos nos quedamos mirándonos, estudiándonos, para ser más precisa, había algo familiar en su rostro, no podía saber si era la forma de sus ojos o la boca, ella rompió el silencio diciendo.
—No sabía a dónde ir, y de alguna manera mis sueños me traían a este lugar —terminó la frase concentrada en el fondo de su taza de té.
—¿Tus sueños? —me apresuré a preguntar desconfiada, la miré a Lisa para que me explicara.
—¡Sí!, Lisandra estaba a punto de contarme sobre lo que me está pasando —se apresuró a contestar la intrusa.
Miré a Lisa de nuevo esperando su respuesta, ahora tenía más preguntas que no podía poner en palabras, lo primero que cruzó por mi mente fue que Lizi tal vez era una bruja, aunque el libro en las manos de Lisa me lo confirmaba y otra remota idea era que Lizi tenía el don de la premonición o clarividencia. Las brujas blancas compartíamos muchas cosas en común, como el hecho de hacer conjuros y magia, aunque algunas eran mejores que otras en cuanto a la realización de brebajes o pociones, por lo general nos consideraban inofensivas contra las brujas oscuras, ya que no teníamos hechizos de base malignos o de sangre, no podíamos matar a los seres humanos con magia, usábamos el poder del cielo como base de nuestros encantamientos. Por otro lado, cada una tenía dones que los diferenciaban. Y Lisa al no ser una bruja de nacimiento no tenía ningún don en especial, y eso la convirtió en la mejor en pociones.
—De hecho, aquí tienes un libro... —dijo Lisa entregándoselo.
No dejé terminar a Lisa con su frase.
—A estas alturas uno no necesitaba un libro para explicar nuestros orígenes. Te puedo contar mejor que un libro lo que somos y contra quiénes peleamos, pero después va a ser tu elección de seguirnos o de alejarte. —Mi comentario fue receloso.
—Antes de llegar a este lugar, pensé que me estaba volviendo loca, ahora ustedes me dicen que soy una especie de bruja y que tengo que elegir si voy a pelear o no ¿pero... qué les hace pensar que soy una bruja, o que en realidad ya no estoy cuerda? O a lo mejor... ¿ustedes enloquecieron? —Sus palabras salieron a toda velocidad y sin un respiro, estaba convirtiéndose en un manojo de nervios.
—Buena pregunta —intervino Lisa—. Yo sé que eres una bruja, puedo sentirte y verte, se siente un calor que emana de tu cuerpo, pero también ese calor lo hace en forma de un resplandor, en forma de luz; Chloe y Greta todavía son inexpertas en este tema, ellas necesitarán mucha práctica, para llegar a verte tal cual eres, y no ayuda que en el pueblo no haya más brujas; no creo que nosotras estemos fuera de nuestros cabales. Con el tiempo te acostumbrarás.
Volvió la mirada a nosotras, su postura había cambiado, por lo menos ahora ya no estaba tensa aferrándose con todas sus fuerzas a una taza de té, como si ahí encontrara las respuestas del universo.
—¡Aún tienen muchas cosas que aprender!, justamente quería que mañana empezáramos el entrenamiento, ahora que terminaron las clases del mundo mundano.
—¡Calculo que sí! —dije encogiéndome de hombros.
—¿Tus padres qué dicen que faltas de tu casa? —preguntó Greta que aún permanecía callada y observando la situación desde lejos.
—Ellos... piensan que tengo alucinaciones o que me drogo, querían llevarme a un centro de rehabilitación, entonces escapé hace una semana; tomé todos mis ahorros y una mochila con lo necesario.
—¿No te han llamo o intentado comunicarse?, ¿la policía no te busca? —Mi amiga al parecer tenía tantas preguntas para ella—. ¿Cómo una chica así...? —Greta dejó la frase en el aire, y entendíamos lo que quería decir, más allá de su ropa sucia y su pelo enredado, parecía venir de buena familia—. ¿Cómo podrías desaparecer para la policía, para tus padres o amigos? ¿Tal vez alguien sí te está buscando?
—Puede ser, pero dejé mi celular sobre la cama antes de irme y una nota con él. Así la policía no tendría muchos motivos para buscarme, ya que no es un secuestro —comentó más calmada y reflexiva.
—Más adelante vas a tener que hablar con ellos. ¡Tienen que saber que estás bien! —comentó Lisa.
El pensamiento de Lisa en voz alta se vio interrumpido por el grito ahogado o casi estrangulado de Lizi.
—¡Nooo! —Su expresión era de horror—. Ellos están mejor así, y esperemos que no me encuentren.
—Pero ¡¿por qué?! —No la podía entender, por qué quería ocasionarles ese dolor a sus padres.
Su mirada iba de un lado para el otro, primero a Lisa y después a mí, lo había tomado en forma de tic. Se sentía atacada por dos flancos diferente, al parecer le molestaban tantas preguntas. Se estaba convirtiendo en un bicho bolita sentada en ese sillón, sus brazos abrazaron sus piernas y escondió la cabeza en ellas.
—Porque no son muy buenos padres, no es que los quiera castigar... —dijo resentida—, pero viendo lo que me están diciendo, que me tengo que unir a una guerra que no sabía que existía, es mejor que ellos no sepan nada —afirmó aun escondida entre sus piernas.
—Entiendo tu punto, por el momento lo vamos a dejar así y está demás decir que nuestra existencia es un secreto para el mundo exterior —comentó Lisa.
—Le voy a mostrar la casa y después la voy a llevar al cuarto de baño para que se limpie. Si quieren, espérenme en la cocina. —Mirando a Greta, le señalé su bolso, ella comprendió enseguida lo que quería decir.
Empecé con mi recorrido, la casa no era muy grande, pero contaba con todo lo necesario.
—Esta es la biblioteca —comenté algo obvio—. Saliendo de la biblioteca, a la izquierda está el pasillo que te lleva al recibidor y la entrada principal, casi en frente de nosotras está la cocina, como ya sabes y si seguimos el pasillo hacia la derecha está el salón en donde realizamos nuestras pociones, brebajes y todo lo relacionado con la hechicería, al lado de esa habitación hay un baño y también la escalera que nos lleva a la parte superior, ahí encontrarás los dormitorios y otro baño.
Todo el trayecto del recorrido de la planta baja me la pasé en medio de un monólogo, y al subir las escaleras, la historia era exactamente igual.
—Esta primera habitación es de Lisa, la que le sigue es la mía, la que está frente a la de Lisa es de Greta. Y la que está enfrente a la mía puede ser la tuya, ¿quieres? Y finalizando el pasillo está el baño.
—¿Greta vive acá? —Parecía sorprendida.
—Ella es como mi hermana, y cuando sus padres están fuera de la ciudad se queda con nosotras.
Entré a mi habitación para buscar ropa limpia, por más que no sea de su talla iba a ser mejor de lo que llevaba puesto.
—¡Esto te va a servir! —Se lo entregué y señalé el baño.
—Gracias por dejar que me quede, mañana estaremos más relajadas. —Tomó mi mano y la soltó rápidamente, como si el contacto le molestara.
—¡Sí, claro! —Mi afirmación quedó suspendida en el aire, quería muchas respuestas, pero no era el momento, ahora teníamos que averiguar qué contenía el frasquito de Greta.
***
La chica nueva no me daba buena vibra. Y aunque yo también fui nueva una vez para Chloe y Lisandra, ellas me aceptaron de la misma manera, pero mi amiga era mucho más sensible que yo, ella siempre daba el beneficio a la duda, en cambio Lisandra veía en el fondo de los corazones y sabía casi con exactitud qué tanto mentían.
—¿Quién es ella? —Tenía que hacer la pregunta obvia—. ¿Dijo algo acerca de sus visiones?
—Sé lo mismo que tú sabes, pero dijo que vio algo malo con respecto a Chloe. ¡Y por favor no le vas a decir nada hasta que no sepamos más! No parece ser una mala chica, pero está muy perturbada.
Acepté con la cabeza, de alguna manera yo también tenía la misma responsabilidad que Lisandra en cuidar de Chloe.
—Cambiando de tema, cuando estuvimos en el bar unos chicos nos mandaron unos tragos, parecía que estaban contaminados con alguna poción. —Busqué en mi bolso el frasquito, pero la coloración azul que tenía cuando tomé la muestra ya no era la misma, estaba pasando a ser un tono más claro y tirando a verdoso—. Cuando guardé el líquido era un azul intenso y ahora está cambiando de color.
Ella lo tomó y lo abrió, no hacía falta acercar el frasco muy cerca de la nariz para poder sentir el olor. En ese momento entró Chloe a la cocina y se acomodó del otro lado de la barra, Lisa nos contempló pensativa.
—¿Qué aspecto tenía el que les dio esto? —Después de unos segundos al ver que Chloe no pensaba contestar, respondí—: Era grande, muy alto y musculoso, ojos oscuros casi sin vida, pero había algo en su voz, era cálida, cuando lo escuché hablar, pensé que iba a tener una voz más gruesa y grave, pero no fue así—. Pude sentir la vacilación en su expresión, se levantó de su butaca y buscó algo en un cajón.
—Ya no es seguro este pueblo, no entiendo cómo pudo haber pasado esto. Rafael dijo que estaría protegido. —Hablaba mientras seguía revolviendo el cajón de la mesada—. Voy a tener que buscar a Ian. —En ese momento sus pensamientos se habían convertido en palabras.
—¡A mí me pasó lo mismo! —apuntó Chloe—. Me corrió un escalofrío por la espalda cuando se sentó al lado de Gre—. Ahora miraba a Lisandra que la observaba con recelo.
—Todo lo que está pasando esta noche no es bueno. Y no creo en las coincidencias. Las brujas oscuras nunca han podido entrar a Rosario, pero encontraron la forma de hacerlo, me temo. — Al momento de terminar la frase también encontró lo que estaba buscando, se acercó a la barra—. Lo que vieron es una posesión, por lo general las oscuras lo utilizan con demonios y no con humanos. Es cuando una bruja oscura encuentra un portador “adecuado”, pero este sigue conservando su voz y los rasgos más predominantes. Dependiendo del poder de la bruja, el cuerpo del portador cambia. Ya que el poder de una oscura es más fuerte que el cuerpo humano, y este no está preparado para soportarlo. La oscura tiene que usar toda su fuerza para canalizar su poder, por eso utilizan a demonios, así la bruja acrecienta su poder y no al contrario; lo más probable es que ese chico no haya sido así como lo vieron y tal vez tampoco tan siniestro. La posesión no dura mucho, el chico no va a recordar nada de lo que pasó y la bruja va a quedar debilitada por unas horas.
—Así que ese chico funciona como una vasija, si no entendí mal —concluyó Chloe.
—¡Correcto! Su afirmación quedó en suspenso mientras ponía sobre la barra un objeto parecido a un decantador.
—¿Para qué es eso? —objetó Chloe.
—Esto me sirve para separar los componentes de este líquido, esta noche voy a saber qué produce en el cuerpo esta poción. Ahora quiero que vayan a descansar, mañana vamos a empezar no bien salga el sol —ordenó Lisandra.
Terminó de dar su orden, y salió de la cocina para irse al salón de hechicería. Por lo general solía pasar horas y horas en ese lugar.
—¿Quién será Ian? —preguntó Chloe esperando que tuviera una respuesta a un nombre que jamás en la vida había escuchado.