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Kitabı oku: «El Criterio», sayfa 14
§ XIII
Ilusion causada por los pensamientos revestidos de imágenes
A mas del peligro de errar que consigo trae la mocion de los afectos, hay otro tal vez ménos reparado, y que sin embargo es de mucha trascendencia, cual es el de los pensamientos revestidos con una imágen brillante. Es indecible el efecto que este artificio produce; tal pensamiento no mas que superficial, pasa por profundo, merced á su disfraz grave y filosófico; tal otro que presentado desnudo fuera una vulgaridad, mostrándose con nobles atavíos oculta su orígen plebeyo; y una proposicion que enunciada con sequedad mostraria de bulto que es inexacta ó falsa, ó quizas un solemne despropósito, es contada entre las verdades que no consienten duda, si anda cubierta con ingenioso velo.
He dicho que los daños en este punto son de mucha trascendencia, porque suelen adolecer de semejante defecto los autores profundos y sentenciosos; y como quiera que sus palabras se escuchan con tanto mas respeto y acatamiento, cuanto es mas fuerte el tono de conviccion con que se expresan, resulta que el lector incauto recibe como axioma inconcuso, ó máxima de eterna verdad, lo que á veces no es mas que un sueño del pensador, ó un lazo tendido adrede á la buena fe de los poco avisados19.
CAPÍTULO XX
FILOSOFÍA DE LA HISTORIA
§ I
En qué consiste la filosofía de la historia. Dificultad de adquirirla
No trato aquí de la historia bajo el aspecto crítico, sino únicamente bajo el filósofo. Lo relativo á la simple investigacion de los hechos está explicado en el cap. XI.
¿Cuál es el método mas á propósito para comprender el espíritu de una época, formarse ideas claras y exactas sobre su carácter, penetrar las causas de los acontecimientos, y señalar á cada cual sus propios resultados? Esto equivale á preguntar cuál es el método conveniente para adquirir la verdadera filosofía de la historia.
¿Será con la eleccion de los buenos autores? ¿pero cuáles son los buenos? ¿quién nos asegura que no los ha guiado la pasion? ¿quién sale fiador de su imparcialidad? ¿cuántos son los que han escrito la historia del modo que se necesita para enseñarnos la filosofía que le corresponde? Batallas, negociaciones, intrigas palaciegas, vidas y muertes de principes, cambios de dinastías, de formas políticas, á esto se reducen la mayor parte de las historias; nada que nos pinte al individuo con sus ideas, sus afectos, sus necesidades, sus gustos, sus caprichos, sus costumbres; nada que nos haga asistir á la vida íntima de las familias y de los pueblos; nada que en el estudio de la historia nos haga comprender la marcha de la humanidad. Siempre en la política, es decir, en la superficie; siempre en lo abultado y ruidoso, nunca en las entrañas de la sociedad, en la naturaleza de las cosas, en aquellos sucesos que por recónditos y de poca apariencia, no dejan de ser de la mayor importancia.
En la actualidad se conoce ya este vacío, y se trabaja por llenarle. No se escribe la historia sin que se procure filosofar sobre ella. Esto que en sí es muy bueno, tiene otro inconveniente, cual es, que en lugar de la verdadera filosofía de la historia se nos propina con frecuencia la filosofía del historiador. Mas vale no filosofar que filosofar mal; si queriendo profundizar la historia la trastorno, preferible seria que me atuviese al sistema de nombres y fechas.
§ II
Se indica un medio para adelantar en la filosofía de la historia
Preciso es leer las historias, y á falta de otras, debe uno atenerse á las que existen; sin embargo yo me inclino á que este estudio no basta para aprender la filosofía de la historia. Hay otro mas á propósito, y que hecho con discernimiento, es de un efecto seguro: el estudio inmediato de los monumentos de la época. Digo inmediato, esto es, que conviene no atenerse á lo que nos dice de ellos el historiador, sino verlos con los propios ojos.
Pero este trabajo, se me dirá, es muy pesado, para muchos imposible, difícil para todos. No niego la fuerza de esta observacion; pero sostengo que en muchos casos, el método que propongo ahorra tiempo y fatigas. La vista de un edificio, la lectura de un documento, un hecho, una palabra al parecer insignificantes y en que no ha reparado el historiador, nos dicen mucho mas y mas claro, y mas verdadero y exacto, que todas sus narraciones.
Un historiador se propone retratarme la sencillez de las costumbres patriarcales; recoge abundantes noticias sobre los tiempos mas remotos, y agota el caudal de su erudicion, filosofía y elocuencia, para hacerme comprender lo que eran aquellos tiempos y aquellos hombres, y ofrecerme lo que se llama una descripcion completa. A pesar de cuanto me dice, yo encuentro otro medio mas sencillo, cual es el asistir á las escenas donde se me presenta en movimiento y vida lo que trato de conocer. Abro los escritores de aquellas épocas, que no son ni en tanto número, ni tan voluminosos, y allí encuentro retratos fieles que enseñan y deleitan. La Biblia y Homero nada me dejan que desear.
§ III
Aplicacion á la historia del espíritu humano
La inteligencia humana tiene su historia, como la tienen los sucesos exteriores; historia tanto mas preciosa, cuanto nos retrata lo mas íntimo del hombre, y lo que ejerce sobre él poderosa influencia. Hállanse á cada paso descripciones de escuelas, y del carácter y tendencia del pensamiento en esta ó aquella época; es decir que son muchos los historiadores del entendimiento; pero si se desea saber algo mas que cuatro generalidades, siempre inexactas, y á menudo totalmente falsas, es preciso aplicar la regla establecida: leer los autores de la época que se desea conocer. Y no se crea que es absolutamente necesario revolverlos todos, y que así este método se haga impracticable para el mayor número de los lectores; una sola página de un escritor nos pinta mas al vivo su espíritu y su época que cuanto podrian decirnos los mas minuciosos historiadores.
§ IV
Ejemplo sacado de las fisonomías, que aclara lo dicho sobre el modo de adelantar en la filosofía de la historia
Si el lector se contenta con lo que le dicen los otros, y no trata de examinarlo por sí mismo, logrará tal vez un conocimiento histórico, pero no intuitivo: sabrá lo que son los hombres y las cosas, pero no lo verá: dará razon de la cosa, pero no será capaz de pintarla. Una comparacion aclarará mi pensamiento. Supongamos que se me habla de un sugeto importante que no puedo tratar ni ver, y curioso yo de saber algo de su figura y modales, pregunto á los que le conocen personalmente. Me dirán, por ejemplo, que es de estatura mas que mediana, de espaciosa y despejada frente, cabello negro y caido con cierto desórden, ojos grandes, mirada viva y penetrante, color pálido, facciones animadas y expresivas; que en sus labios asoma con frecuencia la sonrisa de la amabilidad, y que de vez en cuando anuncia algo de maligno; que su palabra es mesurada y grave, pero que con el calor de la conversacion se hace rápida, incisiva y hasta fogosa; y así me irán ofreciendo un conjunto físico y moral para darme la idea mas aproximada posible; si supongo que estas y otras noticias son exactas, que se me ha descrito con toda fidelidad el original, tengo una idea de lo que es la persona que llamaba mi curiosidad, y podré dar cuenta de ella á quien como yo estuviese deseoso de conocerla. Pero ¿es esto bastante para formar un concepto cabal de la misma, para que se me presente á la imaginacion tal como es en sí? Ciertamente que no. ¿Quereis una prueba? Suponed que el que ha oido la relacion es un retratista de mucho mérito; ¿será capaz de retratar á la persona descrita? Que lo intente, y concluida la obra, preséntese de improviso el original, es bien seguro que no se le conocerá por la copia.
Todos habremos experimentado por nosotros mismos esta verdad: cien y cien veces habremos oido explicar la fisonomía de una persona; á nuestro modo nos hemos formado en la imaginacion una figura en la cual hemos procurado reunir las cualidades oidas; pues bien, cuando se presenta la persona, encontramos tanta diferencia que nos es preciso retocar mucho el trabajo, si no destruirle totalmente. Y es que hay cosas de que es imposible formarse idea clara y exacta sin tenerlas delante; y las hay en gran número, y sumamente delicadas, imperceptibles por separado y cuyo conjunto forma lo que llamamos la fisonomía. ¿Cómo explicaréis la diferencia de dos personas muy semejantes? No de otra manera que viéndolas: se parecen en todo, no sabriais decir en qué discrepan; pero hay alguna cosa que no las deja confundir: á la primera ojeada lo percibís, sin atinar lo que es.
Hé aquí todo mi pensamiento. En las obras críticas se nos ofrecen extensas y tal vez exactas descripciones del estado del entendimiento en tal ó cual época; y á pesar de todo no la conocemos aun: si se nos presentasen trozos de escritores de tiempos diferentes, no acertaríamos á clasificarlos cual conviene; nos fatigaríamos en recordar las cualidades de unos y otros, pero esto no nos evitaria el caer en equivocaciones groseras, en disparatados anacronismos. Con mucho ménos trabajo saliéramos airosos del empeño si hubiésemos leido los autores de que se trata: quizas no disertaríamos con tanto aparato de erudicion y crítica; pero juzgaríamos con harto mas acierto. «El giro del pensamiento, diríamos, el estilo, el lenguaje revelan un escritor de tal época; este trozo es apócrifo, aquí se descubre la mano de tal otro tiempo;» y así andaríamos clasificando sin temor de equivocarnos, por mas que no pudiésemos hacernos comprender bien de aquellos que como nosotros, no conociesen de vista á aquellos personajes. Si entónces se nos dijera: «y tal cualidad, ¿cómo es que no se encuentra aquí? ¿porqué tal otra se halla en mayor grado? porqué?..» Imposible será, replicaríamos quizas nosotros, satisfacer todos los escrúpulos de V.; lo que puedo asegurar es, que los personajes que figuran aquí los tengo bien conocidos; y que no puedo equivocarme sobre los rasgos de su fisonomía, porque los he visto muchas veces.»
CAPÍTULO XXI
RELIGION
§ I
Insensato discurrir de los indiferentes en materias de religion
Impropio fuera de este lugar, un tratado de religion, pero no lo serán algunas reflexiones para dirigir el pensamiento en esta importantísima materia. De ellas resultará que los indiferentes ó incrédulos son pésimos pensadores.
La vida es breve, la muerte cierta: de aquí á pocos años el hombre que disfruta de la salud mas robusta y lozana, habrá descendido al sepulcro, y sabrá por experiencia lo que hay de verdad en lo que dice la religion sobre los destinos de la otra vida. Si no creo, mi incredulidad, mis dudas, mis invectivas, mis sátiras, mi indiferencia, mi orgullo insensato, no destruyen la realidad de los hechos: si existe otro mundo donde se reservan premios al bueno, y castigos al malo, no dejará ciertamente de existir porque á mí me plazca el negarlo; y ademas esta caprichosa negativa no mejorará el destino que segun las leyes eternas me haya de caber. Cuando suene la última hora, será preciso morir, y encontrarme con la nada ó con la eternidad. Este negocio es exclusivamente mio, tan mio, como si yo existiera solo en el mundo: nadie morirá por mí; nadie se pondrá en mi lugar en la otra vida, privándome del bien, ó librándome del mal. Estas consideraciones me muestran con toda evidencia, la alta importancia de la religion; la necesidad que tengo de saber lo que hay de verdad en ella; y que si digo, «sea lo que fuere de la religion, no quiero pensar en ella,» hablo como el mas insensato de los hombres.
Un viajero encuentra en su camino un rio caudaloso; le es preciso atravesarle, ignora si hay algun peligro en este ó aquel vado, y está oyendo que muchos que se hallan como él á la orilla, ponderan la profundidad del agua en determinados lugares, y la imposibilidad de salvarse el temerario que á tantearlos se atreviese. El insensato dice: «¿qué me importan á mí esas cuestiones?» y se arroja al rio sin mirar por dónde. Hé aquí al indiferente en materias de religion.
§ II
El indiferente y el género humano
La humanidad entera se ha ocupado y se está ocupando de la religion; los legisladores la han mirado como el objeto de la mas alta importancia; los sabios la han tomado por materia de sus mas profundas meditaciones; los monumentos, los códigos, los escritos de las épocas que nos han precedido, nos muestran de bulto este hecho, que la experiencia cuida de confirmar; se ha discurrido y disputado inmensamente sobre la religion; las bibliotecas estan atestadas de obras relativas á ella; y hasta en nuestros dias la prensa va dando otras á luz en número muy crecido: cuando pues viene el indiferente y dice: «todo esto no merece la pena de ser examinado; yo juzgo sin oir, estos sabios son todos unos mentecatos, estos legisladores unos necios, la humanidad entera es una miserable ilusa, todos pierden lastimosamente el tiempo en cuestiones que nada importan;» ¿no es digno de que esa humanidad, y esos sabios, y esos legisladores, se levanten contra él, arrojen sobre su frente el borron que él les ha echado, y le digan á su vez: «¿quién eres tú que así nos insultas, que así desprecias los sentimientos mas íntimos del corazon, y todas las tradiciones de la humanidad? ¿que así declaras frívolo lo que en toda la redondez de la tierra se reputa grave é importante? ¿quién eres tú? ¿Has descubierto por ventura el secreto de no morir? miserable monton de polvo, ¿olvidas que bien pronto te dispersará el viento? Débil criatura, ¿cuentas acaso con medios para cambiar tu destino en esa region que desconoces; la dicha ó la desdicha ¿son para tí indiferentes? Si existe ese juez, de quien no quieres ocuparte, ¿esperas que se dará por satisfecho, si al llamarte á juicio le respondes: «¿y á mí qué me importaban vuestros mandatos, ni vuestra misma existencia?» Antes de desatar tu lengua con tan insensatos discursos, date una mirada á tí mismo; piensa en esa débil organizacion que el mas leve accidente es capaz de trastornar, y que brevísimo tiempo ha de bastar á consumir; y entónces siéntate sobre una tumba, recógete y medita.
§ III
Tránsito del indiferentismo al exámen. Existencia de Dios
Curado el buen pensador del achaque de indiferentismo, convencido profundamente de que la religion es el asunto de mas elevada importancia, debiera pasar mas adelante y discurrir de esta manera: ¿Es probable que todas las religiones no sean mas que un cúmulo de errores, y que la doctrina que las rechaza á todas sea verdadera?
Lo primero que las religiones establecen ó suponen, es la existencia de Dios. ¿Existe Dios? ¿Existe algun Hacedor del universo? Levanta los ojos al firmamento, tiéndelos por la faz de la tierra, mira lo que tú mismo eres; y viendo por todas partes grandor y órden, dí, si te atreves: «el acaso es quien ha hecho el mundo; el acaso me ha hecho á mí; el edificio es admirable, pero no hay arquitecto; el mecanismo es asombroso, pero no hay artífice; el órden existe sin ordenador, sin sabiduría para concebir el plan, sin poder para ejecutarle.» Este raciocinio que tratándose de los mas insignificantes artefactos, seria despreciable y hasta contrario al sentido comun, ¿se podrá aplicar al universo? Lo que es insensato con respecto á lo pequeño, ¿será cuerdo con relacion á lo grande?
§ IV
No es posible que todas las religiones sean verdaderas
Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la tierra; ¿seria posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto á una misma cosa, no puede ser verdadero á un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan á Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos ú otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas.
Ademas, toda religion se dice bajada del cielo: la que lo sea, será la verdadera, las restantes no serán otra cosa que ilusion ó impostura.
§ V
Es imposible que todas las religiones sean igualmente agradables á Dios
¿Es posible que todas las religiones sean igualmente agradables á Dios, y que se dé igualmente por satisfecho con todo linaje de cultos? No. A la verdad infinita no puede serle acepto el error, á la bondad infinita no puede serle grato el mal: luego el afirmar que todas las religiones son igualmente buenas, que con todos los cultos el hombre llena bien sus deberes para con Dios, es blasfemar de la verdad y bondad del Criador.
§ VI
Es imposible que todas las religiones sean una invencion humana
¿No seria lícito pensar que no hay ninguna religion verdadera, que todas son inventadas por el hombre? No. ¿Quién fué el inventor? El origen de las religiones se pierde en la noche de los tiempos: allí donde hay hombres, allí hay sacerdote, altar y culto. ¿Quién seria ese inventor, cuyo nombre se habria olvidado, y cuya invencion se habria difundido por toda la tierra, comunicándose á todas las generaciones? Si la invencion tuvo lugar entre pueblos cultos, ¿cómo se logró que la adoptasen los bárbaros y hasta los salvajes? Si nació entre bárbaros, ¿cómo no la rechazaron las naciones cultas? Diréis que fué una necesidad social, y que su orígen está en la misma cuna de la sociedad. Pero entónces se puede preguntar, ¿quién conoció esta necesidad, quién discurrió los medios de satisfacerla, quién excogitó un sistema tan á propósito para enfrenar y regir á los hombres? y una vez hecho el descubrimiento, ¿quién tuvo en su mano todos los entendimientos y todos los corazones, para comunicarles esas ideas y sentimientos que han hecho de la religion una verdadera necesidad, y, por decirlo así, una segunda naturaleza?
Vemos á cada paso que los descubrimientos mas útiles, mas provechosos, mas necesarios, permanecen limitados á esta ó aquella nacion, sin extenderse á las otras durante mucho tiempo, y no propagándose sino con suma lentitud á las mas inmediatas ó relacionadas; ¿cómo es que no haya sucedido lo mismo en lo tocante á la religion? ¿cómo es que de la invencion maravillosa hayan tenido conocimiento todos los pueblos de la tierra, sea cual fuere su pais, lengua, costumbres, barbarie ó civilizacion, grosería ó cultura?
Aquí no hay medio: ó la religion procede de una revelacion primitiva, ó de una inspiracion de la naturaleza; en uno y otro caso hallamos su orígen divino; si hay revelacion, Dios ha hablado al hombre, si no la hay, Dios ha escrito la religion en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religion no puede ser invencion humana, y que á pesar de lo desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y paises, se descubre en el fondo del corazon humano un sentimiento descendido de lo alto: al traves de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelacion primitiva.
§ VII
La revelacion es posible
¿Es posible que Dios haya revelado algunas cosas al hombre? Sí. El que nos ha dado la palabra no estará privado de ella; si nosotros poseemos un medio de comunicarnos recíprocamente nuestros pensamientos y afectos, Dios todopoderoso é infinitamente sabio, no carecerá seguramente de medios para trasmitirnos lo que fuere de su agrado. Ha criado la inteligencia, ¿y no podria ilustrarla?
§ VIII
Solucion de una dificultad contra la revelacion
Pero Dios, objetará el incrédulo, es demasiado grande para humillarse á conversar con su criatura; mas entónces tambien deberíamos decir, que Dios es demasiado grande para haberse ocupado en criarnos. Criándonos nos sacó de la nada, revelándonos alguna verdad perfecciona su obra; ¿y cuándo se ha visto que un artífice desmereciese por mejorar su artefacto? Todos los conocimientos que tenemos nos vienen de Dios, porque él es quien nos ha dado la facultad de conocer, y él es quien, ó ha grabado en nuestro entendimiento las ideas, ó ha hecho que pudiéramos adquirirlas por medios que todavía se nos ocultan. Si Dios nos ha comunicado un cierto órden de ideas, sin que nada haya perdido de su grandor, es un absurdo el decir que se rebajaria si nos trasmitiese otros conocimientos por conducto distinto del de la naturaleza. Luego la revelacion es posible; luego quien dudare de esta posibilidad, ha de dudar al mismo tiempo de la omnipotencia, hasta de la existencia de Dios.
[20] Pág. 209. – La filosofía de la historia, si bien ha adelantado algo en los últimos tiempos, es sin embargo una ciencia muy atrasada. Probablemente sufrirá modificaciones no ménos profundas que otra ciencia tambien nueva: la economía política. Para los católicos hay en esta clase de estudios el grave inconveniente de que varias de las obras principales que en esta materia se han escrito, han salido de manos de protestantes, ó escépticos; así es que se las encuentra llenas de errores y equivocaciones en lo concerniente á la Iglesia. Verdad es que últimamente en Inglaterra, en Francia y en Alemania, se está rehaciendo la historia en un sentido favorable al catolicismo: pero esta es una mina riquísima de la cual no se ha explotado mas que una pequeña parte. Los tesoros abundan; solo se necesita trabajo.
[21] Pág. 227. – Figúranse algunos que la religiosidad es signo de espíritu apocado y capacidad escasa; y que por el contrario la incredulidad es indicio de talento y grandeza de ánimo. Yo sostengo que con la historia en la mano se puede demostrar que en todos tiempos y paises los hombres mas eminentes han sido religiosos.
