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Kitabı oku: «El Criterio», sayfa 15

Balmes Jaime Luciano
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§ IX

Consecuencias de los párrafos anteriores

Importa muchísimo el encontrar la verdad en materias de religion (§ 1 y 2); todas las religiones no pueden ser verdaderas (§ 4); si hubiese una revelada por Dios, aquella seria la verdadera (§ 4); la religion no ha podido ser invencion humana (§ 6). La revelacion es posible (§ 7); lo que falta pues averiguar es, si esta revelacion existe y dónde se halla.

§ X

Existencia de la revelacion

¿Existe la revelacion? Por el pronto salta á los ojos un hecho que da motivo á pensar que sí. Todos los pueblos de la tierra hablan de una revelacion; y la humanidad no se concierta para tramar una impostura. Esto prueba una tradicion primitiva, cuya noticia ha pasado de padres á hijos, y que si bien ofuscada y adulterada, no ha podido borrarse de la memoria de los hombres.

Se objetará que la imaginacion ha convertido en voces el ruido del viento, y en apariciones misteriosas los fenómenos de la naturaleza; y así el débil mortal se ha creido rodeado de seres desconocidos que le dirigian la palabra, y le descubrian los arcanos de otros mundos. No puede negarse que la objecion es especiosa; sin embargo no será difícil manifestar, que es del todo insubsistente y fútil.

Es cierto que cuando el hombre tiene idea de la existencia de seres desconocidos, y está convencido de que estos se ponen en relacion con él, fácilmente se inclina á imaginar que ha oido acentos fatídicos, y se han ofrecido á sus ojos espectros venidos del otro mundo. Mas no sucede, ni puede suceder así, en no abrigando el hombre semejante conviccion, y mucho ménos si ni aun llega á tener noticia de que existen dichos seres; pues entónces no es dable conjeturar de dónde procederia una ilusion tan extravagante. Si bien se observa, todas las creaciones de nuestra fantasia, hasta las mas incoherentes y monstruosas, se forman de un conjunto de imágenes de objetos que otras veces hemos visto; y que á la sazon reunimos del modo que place á nuestro capricho, ó nos sugiere nuestra cabeza enfermiza. Los castillos encantados de los libros de caballería, con sus damas, enanos, salones, subterráneos, hechizos y todas sus locuras, son un informe agregado de partes muy reales que la imaginacion del escritor componia á su manera, sacando al fin un todo que solo cabia en los sueños de un delirante. Lo propio sucede en lo demas: la razon y la experiencia estan acordes en atestiguarnos este fenómeno ideológico. Si suponemos pues que no se tiene idea alguna de otra vida distinta de la presente, ni de otro mundo que el que está á nuestra vista, ni de otros vivientes que los que moran con nosotros en la tierra, el hombre fingirá gigantes, fieras monstruosas, y otras extravagancias por este estilo; mas no seres invisibles, no revelaciones de un cielo que no conoce, no dioses que le ilustren y dirijan. Ese mundo nuevo, ideal, puramente fantástico, no le ocurrirá siquiera; porque semejante ocurrencia no tendrá, por decirlo así, punto de partida, carecerá de antecedentes que puedan motivarla. Y aun suponiendo que este órden de ideas se hubiese ofrecido á algun individuo, ¿cómo era posible que de ello participase la humanidad entera? ¿Cuándo se habria visto semejante contagio intelectual y moral?

Sea lo que fuere del valor de estas reflexiones, pasemos á los hechos: dejemos lo que haya podido ser, y examinemos lo que ha sido.

§ XI

Pruebas históricas de la existencia de la revelacion

Existe una sociedad que pretende ser la única depositaria é intérprete de las revelaciones con que Dios se ha dignado favorecer al linaje humano: esta pretension debe llamar la atencion del filósofo que se proponga investigar la verdad.

¿Qué sociedad es esa? ¿Ha nacido de poco tiempo á esta parte? Cuenta diez y ocho siglos de duracion, y estos siglos no los mira sino como un período de su existencia; pues subiendo mas arriba, va explicando su no interrumpida genealogía y se remonta hasta el principio del mundo. Que lleva diez y ocho siglos de duracion, que su historia se enlaza con la de un pueblo cuyo origen se pierde en la antigüedad mas remota, es tan cierto como que han existido las repúblicas de Grecia y Roma.

¿Qué títulos presenta en apoyo de su doctrina? En primer lugar, está en posesion de un libro, que es sin disputa el mas antiguo que se conoce, y que ademas encierra la moral mas pura, un sistema de legislacion admirable, y contiene una narracion de prodigios. Hasta ahora nadie ha puesto en duda el mérito eminente de este libro; siendo esto tanto mas de extrañar, cuanto una gran parte de él nos ha venido de manos de un pueblo, cuya cultura no alcanzó ni con mucho á la de otros pueblos de la antigüedad.

¿Ofrece la dicha sociedad algunos otros títulos que justifiquen sus pretensiones? A mas de los muchos, á cual mas graves é imponentes, hé aquí uno que por sí solo basta. Ella dice que se hizo la transicion de la sociedad vieja á la nueva, del modo que estaba pronosticado en el libro misterioso; que llegada la plenitud de los tiempos, apareció sobre la tierra un Hombre-Dios, quien fué á la vez el cumplimiento de la ley antigua, y el autor de la nueva; que todo lo antiguo era una sombra y figura, que este Hombre-Dios fué la realidad; que él fundó la sociedad que apellidamos Iglesia católica, le prometió su asistencia hasta la consumacion de los siglos, selló su doctrina con su sangre, resucitó al tercer dia de su crucifixion y muerte, subió á los cielos, envió al Espíritu santo, y que al fin del mundo ha de venir á juzgar á los vivos y á los muertos.

¿Es verdad que en este Hombre se cumpliesen las antiguas profecías? Es innegable: leyendo algunas de ellas parece que uno está leyendo la historia evangélica.

¿Dió algunas pruebas de la divinidad de su mision? Hizo milagros en abundancia; y cuanto él profetizó, ó se ha cumplido exactamente, ó se va cumpliendo con puntualidad asombrosa.

¿Cuál fué su vida? Sin tacha en su conducta; sin límite para hacer el bien. Despreció las riquezas y el poder mundano, arrostró con serenidad las privaciones, los insultos, los tormentos, y por fin una muerte afrentosa.

¿Cuál es su doctrina? Sublime cual no cupiera jamas en mente humana; tan pura en su moral, que le han hecho justicia sus mas violentos enemigos.

¿Qué cambio social produjo este Hombre? Recordad lo que era el mundo romano, y ved lo que es el mundo actual; mirad lo que son los pueblos donde no ha penetrado el cristianismo, y lo que son aquellos que han estado siglos bajo su enseñanza, y la conservan todavía, aunque algunos alterada y desfigurada.

¿De qué medios dispuso? No tenia dónde reclinar su cabeza. Envió á doce hombres salidos de la ínfima clase del pueblo; se esparcieron por los cuatro ángulos de la tierra, y la tierra los oyó y creyó.

Esta religion ¿ha pasado por el crisol de la desgracia? ¿No ha sufrido contrariedad de ninguna clase? Ahí está la sangre de infinitos mártires, ahí los escritos de numerosos filósofos que la han examinado, ahí los muchos monumentos que atestiguan las tremendas luchas que ha sostenido con los príncipes, con los sabios, con las pasiones, con los intereses, con las preocupaciones, con todos cuantos elementos de resistencia pueden combinarse sobre la tierra.

¿De qué medios se valieron los propagadores del cristianismo? De la predicacion y del ejemplo confirmados por milagros. Estos milagros, la crítica mas escrupulosa no puede rechazarlos; que si los rechaza, poco importa, pues entónces confiesa el mayor de los milagros, que es la conversion del mundo sin milagros.

El cristianismo ha contado entre sus hijos á los hombres mas esclarecidos por su virtud y sabiduría; ningun pueblo antiguo ni moderno se ha elevado á tan alto grado de civilizacion y cultura como los que le han profesado; sobre ninguna religion se ha disputado ni escrito tanto como sobre la cristiana; las bibliotecas estan llenas de obras maestras de crítica y de filosofía debidas á hombres que sometieron humildemente su entendimiento en obsequio de la fe; luego esa religion está á cubierto de los ataques que se pueden dirigir contra las que han nacido y prosperado entre pueblos groseros é ignorantes. Ella tiene pues todos los caractéres de verdadera, de divina.

§ XII

Los protestantes y la Iglesia católica

En los últimos siglos los cristianos se han dividido: unos han permanecido adictos á la Iglesia católica, otros han conservado del cristianismo lo que les ha parecido bien; y á consecuencia del principio fundamental que han asentado, y que entrega la fe á discrecion de cada creyente, se han fraccionado en innumerables sectas.

¿Dónde estará la verdad? Los fundadores de las nuevas sectas son de ayer, la Iglesia católica señala la sucesion de sus pastores, que sube hasta Jesucristo; ellos han enseñado diferentes doctrinas, y una misma secta las ha variado repetidas veces, la Iglesia católica ha conservado intacta la fe que le trasmitieron los apóstoles; la novedad y la variedad se hallan pues en presencia de la antigüedad y de la unidad; el fallo no puede ser dudoso.

Ademas, los católicos sostienen que fuera de la Iglesia no hay salvacion, los protestantes afirman que los católicos tambien pueden salvarse; y así ellos mismos reconocen que entre nosotros nada se cree ni practica que pueda acarrearnos la condenacion eterna. Ellos en favor de su salvacion no tienen sino su voto; nosotros en pro de la nuestra, tenemos el suyo y el nuestro; aun cuando juzgáramos solamente por motivos de prudencia humana, esta nos aconsejaria que no abandonásemos la fe de nuestros padres.

En esta breve reseña se contiene el hilo del discurso de un católico que conforme á lo que dice san Pedro, quiera estar preparado para dar cuenta de su fe, y manifestar que ateniéndose á la católica, no se desvía de las reglas de bien pensar. Ahora, añadiré algunas observaciones que sirvan a prevenir peligros, en que zozobra con harta frecuencia la fe de los incautos.

§ XIII

Errado método de algunos impugnadores de la religion

En el exámen de las materias religiosas siguen muchos un camino errado. Toman por objeto de sus investigaciones un dogma, y las dificultades que contra él levantan, las creen suficientes para destruir la verdad de la religion; ó al ménos para ponerla en duda. Esto es proceder de un modo que atestigua cuán poco se ha meditado sobre el estado de la cuestion.

En efecto: no se trata de saber si los dogmas estan al alcance de nuestra inteligencia, ni si damos completa solucion á todas las dificultades que contra este ó aquel puedan objetarse: la religion misma es la primera en decirnos que estos dogmas no podemos comprenderlos con la sola luz de la razon; que miéntras estamos en esta vida, es necesario que nos resignemos á ver los secretos de Dios al traves de sombras y enigmas, y por esto nos exige la fe. El decir pues, «yo no quiero creer porque no comprendo,» es enunciar una contradiccion; si lo comprendieses todo, claro es que no se te hablaria de fe. El argumentar contra la religion, fundándose en la incomprensibilidad de sus dogmas, es hacerle un cargo de una verdad que ella misma reconoce, que acepta, y sobre la cual en cierto modo, hace estribar su edificio. Lo que se ha de examinar es, si ella ofrece garantías de veracidad, y de que no se engaña en lo que propone: asentado el principio de su infalibilidad, todo lo demas se allana por sí mismo; pero si este nos falta, es imposible dar un paso adelante. Cuando un viajero de cuya inteligencia y veracidad no podemos dudar, nos refiere cosas que no comprendemos, ¿por ventura le negaremos nuestra fe? No ciertamente. Luego una vez asegurados de que la Iglesia no nos engaña, poco importa que su enseñanza sea superior á nuestra inteligencia.

Ninguna verdad podria subsistir, si bastasen á hacernos dudar de ella algunas dificultades que no alcanzásemos á desvanecer. De esto se seguiria que un hombre de talento esparciria la incertidumbre sobre todas las materias, cuando se encontrase con otros que no le igualasen en capacidad; porque es bien sabido que en mediando esta diferencia, no le es dado al inferior deshacerse de los lazos con que le enreda el que le aventaja.

En las ciencias, en las artes, en los negocios comunes de la vida, hallamos á cada paso dificultades que nos hacen incomprensible una cosa de cuya existencia no nos es permitido dudar. Sucede á veces que la cosa no comprendida nos parece rayar en lo imposible; mas si por otra parte sabemos que existe, nos guardamos de declararla tal, y conservando la conviccion de su existencia, recordamos el poco alcance de nuestro entendimiento. Nada mas comun que oir: «No comprendo lo que ha contado fulano; me parece imposible, pero en fin es hombre veraz y que sabe lo que dice; si otro lo refiriera no lo creeria, pero ahora no pongo duda en que la cosa es tal como él la afirma.»

§ XIV

La mas alta filosofía acorde con la fe

Imagínanse algunos que se acreditan de altos pensadores cuando no quieren creer lo que no comprenden; y estos justifican el famoso dicho de Bacon: «poca filosofía aparta de la religion, mucha filosofía conduce á ella.» Y á la verdad, si se hubiesen internado en las profundidades de las ciencias, conocieran que un denso velo encubre á nuestros ojos la mayor parte de los objetos; que sabemos poquísimo de los secretos de la naturaleza; que hasta de las cosas, en apariencia mas fáciles de comprender, se nos ocultan por lo comun los principios constitutivos, su esencia; conocieran que ignoramos lo que es este universo que nos asombra, que ignoramos lo que es nuestro cuerpo, que ignoramos lo que es nuestro espíritu; que nosotros somos un arcano á nuestros propios ojos, y que hasta ahora todos los esfuerzos de la ciencia han sido impotentes para explicar los fenómenos que constituyen nuestra vida, que nos hacen sentir nuestra existencia; conocieran que el mas precioso fruto que se recoge en las regiones filosóficas mas elevadas es una profunda conviccion de nuestra debilidad é ignorancia. Entónces infirieran que esa sobriedad en el saber, recomendada por la religion cristiana, esa prudente desconfianza de las fuerzas de nuestro entendimiento, estan de acuerdo con las lecciones de la mas alta filosofía; y que así el catecismo nos hace llegar desde nuestra infancia al punto mas culminante que señalara á la ciencia la sabiduría humana.

§ XV

Quien abandona la religion católica no sabe dónde refugiarse

Hemos seguido el camino que puede conducir á la religión católica; echemos una ojeada sobre el que se presenta, si nos apartamos de ella. Al abandonar la fe de la Iglesia, ¿dónde nos refugiamos? Si en el protestantismo, ¿en cuál de sus sectas? ¿Qué motivos de preferencia nos ofrece la una sobre la otra? Discernirlo será imposible; abrazar á ciegas una cualquiera nos lo será todavía mas; y por otra parte, esto equivaldría á no profesar ninguna. Si en el filosofismo, ¿qué es el filosofismo incrédulo? Es una negacion de todo, las tinieblas, la desesperacion. ¿Andaremos en busca de otras religiones? Ciertamente que ni el islamismo, ni la idolatría, no nos contarán entre sus adeptos.

Abandonar pues la religion católica, será abjurarlas todas; será tomar el partido de vivir sin ninguna; dejar que corran los años; que nuestra vida se acerque á su término fatal, sin guia para lo presente, sin luz para el porvenir; será taparse los ojos, bajar la cabeza, y arrojarse á un abismo sin fondo.

La religion católica nos ofrece cuantas garantías de verdad podemos desear. Ella ademas nos impone una ley suave, pero recta, justa, benéfica; cumpliéndola nos asemejamos á los ángeles, nos acercamos á la belleza ideal que para la humanidad puede excogitar la mas elevada poesía. Ella nos consuela en nuestros infortunios, y cierra nuestros ojos en paz; se nos presenta tanto mas verdadera y cierta, cuanto mas nos aproximamos al sepulcro. Ah! la bondadosa Providencia habrá colocado al borde de la tumba aquellas santas inspiraciones, como heraldos que nos avisarán de que íbamos á pisar los umbrales de la eternidad!..

CAPÍTULO XXII

EL ENTENDIMIENTO PRÁCTICO

§ I

Una clasificacion de acciones

Los actos prácticos del entendimiento son los que nos dirigen para obrar: lo que envuelve dos cuestiones: cuál es el fin que nos proponemos, y cuál es el mejor medio para alcanzarle.

Nuestras acciones pueden ejercerse, ó sobre los objetos de la naturaleza sometidos á la ley de necesidad, y aquí se comprenden todas las artes; ó sobre lo que cae bajo el libre albedrío, y esto comprende el arreglo de nuestra conducta con respecto á nosotros mismos y á los demas; abarcando la moral, la urbanidad, la administracion doméstica, y la política.

Lo dicho hasta aquí sobre el modo de pensar en todas materias, me ahorra el trabajo de extenderme sobre estos puntos, porque quien se haya penetrado de las reglas y observaciones precedentes no ignorará cómo debe proponerse un fin, ni cómo ha de encontrar los medios mas adaptados para alcanzarle. No obstante, creo que no será inútil añadir algunas reflexiones que sin salir de los límites fijados por el género de esta obra, suministren luz para guiarse cada cual en sus diferentes operaciones.

§ II

Dificultad de proponerse el debido fin

No hablo aquí del fin último: este es la felicidad en la otra vida, y á él nos conduce la religion. Trato únicamente de los secundarios; como alcanzar la conveniente posicion en la sociedad, llevar á buen término un negocio, salir airosamente de una situacion difícil, granjearse la amistad de una persona, guardarse de los tiros de un adversario, deshacer una intriga que nos amenaza, construir un artefacto que acredite, plantear un sistema de política, de hacienda ó administracion, derribar alguna institucion que se crea dañosa y otras cosas semejantes.

A primera vista parece que siempre que el hombre obra debe de tener presente el fin que se propone, y no como quiera, sino de un modo bien claro, determinado, fijo. Sin embargo, la observacion enseña que no es así; y que son muchos, muchísimos, aun entre los activos y enérgicos, los que andan poco ménos que al acaso.

Sucede mil veces que atribuimos á los hombres mas plan del que han tenido. En viéndolos ocupar posicion muy elevada, sea por su reputacion, sea por las funciones que ejercen, nos inclinamos naturalmente á suponerles en todo un objeto fijo, con premeditacion detenida, con vasta combinacion en los designios, con larga prevision de los obstáculos, con sagaz conocimiento de la verdadera naturaleza del fin, y de sus relaciones con los medios que a él conduzcan. Oh! y cuánto engaño! El hombre en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de la vida, es siempre hombre, es decir una cosa muy pequeña. Poco conocedor de sí mismo, sin formarse por lo comun ideas bastante claras, ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyéndose á veces mas poderoso, á veces mas débil de lo que es en realidad, encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde va, ni adónde ha de ir. Ademas, para él es á menudo un misterio qué es lo que le conviene; por manera que las dudas sobre sus fuerzas se aumentan con las dudas sobre su interes propio.

§ III

Exámen del proverbio: cada cual es hijo de sus obras

No es verdad lo que suele decirse de que el interes particular sea una guia segura, y que con respecto á él, raras veces el hombre se equivoque. En esto como en todo lo demas, andamos inciertos, y en prueba de ello tenemos la triste experiencia de que tantas y tantas veces nos labramos nuestro infortunio.

Lo que sí no admite duda es, que así por lo tocante á la dicha como á la desgracia, se verifica el proverbio de que el hombre es hijo de sus obras. En el mundo físico como en el moral, la casualidad no significa nada. Es cierto que en la instabilidad de las cosas humanas, ocurren con frecuencia sucesos imprevistos que desbaratan los planes mejor concertados, que no dejan recoger el fruto de atinadas combinaciones y pesadas fatigas, y que por el contrario favorecen á otros que, atendido lo que habian puesto de su parte, estaban léjos de merecerlo; pero tampoco cabe duda en que esto no es tan comun como vulgarmente se dice y se cree. El trato de la sociedad, acompañado de la conveniente observacion, rectifica muchos juicios que se habian formado lijeramente sobre las causas de la buena ó mala fortuna que cabe á diferentes personas.

¿Cuál es el desgraciado, que lo sea por su culpa, si nos atenemos á lo que nos dice él? ninguno, ó casi ninguno. Y no obstante, si nos es dable conocer á fondo su índole, su carácter, sus costumbres, su modo de ver las cosas, su sistema en el manejo de los negocios, su trato, su conversacion, sus modales, sus relaciones de amistad ó de familia, raro será que no descubramos muchas de las causas, si no todas, de las que contribuyeron á hacerle infeliz.

Las equivocaciones sobre esta materia suelen nacer de que se fija la atencion en un solo suceso que ha decidido de la suerte de la persona, sin reflexionar que aquel suceso, ó estaba ya preparado por muchos otros, ó que solo ha podido tener tan funesta influencia á causa de la situacion particular en que se hallaba en la persona, por sus errores, defectos ó faltas.

La suerte próspera ó adversa, rarísima vez depende de una causa sola; complícanse por lo comun varias, y de órden muy diverso; pero como no es fácil seguir el hilo de los acontecimientos al traves de semejante complicacion, se señala como causa principal, ó única, lo que quizas no es otra cosa que un suceso determinante, ó una simple ocasion.

Yaş sınırı:
12+
Litres'teki yayın tarihi:
25 haziran 2017
Hacim:
320 s. 1 illüstrasyon
Telif hakkı:
Public Domain