Kitabı oku: «El Acontecer: Metafísica», sayfa 3

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6. Primeras consideraciones

Veo un rayo de luz que penetra entre las cortinas a la habitación, como una espada brillante, y pregunto: «¿qué es?». Elimino el «qué». Por mis experiencias anteriores, no me interesa preguntar por un objeto ya conocido. Me queda el «es» en sentido exclusivo, el puro existir, de esto que está ahí. Puedo sintetizar la pregunta en el esquema siguiente:

En la línea cero:

1 El puro existir experimental: no es pensamiento; es cero de ser.

2 La pregunta lo objetiviza = lo vuelve ser o nada. ¿Qué significa más allá?

¿Más allá de la línea?, ¿de lo experimentado? No es posible. ¿Más allá de lo que ya tenemos? Entonces nos permite ampliar el horizonte del ser. Dentro del ser hay un lleno y un vacío; fuera del ser no hay nada.

La pregunta de Heidegger (¿Qué es metafísica?, 2003), «¿por qué más bien el “ser” y no la “nada”?», es ambigua. Da la impresión de que se pregunta como reflexión inmediata sobre la experiencia, pero en realidad es una pregunta conceptual sobre la oposición entre dos interpretaciones:

1 La captación del «ser».

2 La captación de la nada.

Son formas reflexivas esenciales, no existenciales. Son simplemente «formas», no son cosas. Solo al tomar en cuenta esta reflexión, se puede aceptar la pregunta de Heidegger:

 ¿Por qué ese: «por qué es»?

 ¿Por qué preguntarse por el «por qué» es?

Heidegger trata de evadir el simple juego de palabras: ¿por qué el porqué? Y consecuentemente, evadir el juego de conceptos:

 ¿Qué es el «es»?

 ¿Qué es la nada?

Figura 4


¿Es posible evadir el juego de conceptos? Intentar una visión más amplia del horizonte, proyectarse en el ser, existente. El problema del ser consiste en evitar las palabras. Es necesaria la búsqueda de un punto de partida que supere las palabras. En Identidad y diferencia (1988), el término usado por Heidegger es Ereignis. El acontecer hace frente a uno en la experiencia: «El apropiarse frontal en la línea cero. En ella se revela la identidad: el ser mismo como fuente».

Para situarse en el «ser que es», la pregunta se vuelve «pregunta sobre el existente en su totalidad». «Esta pregunta se proyecta a la búsqueda de su propio “por qué”, no es comparable con ninguna otra. Es la más originaria, la más próxima a la experiencia, y a su darse como “es”» (Introducción a la metafísica, 1927, p. 12).

7. Como pensamiento filosófico

Cualquiera que sea la actitud filosófica que se adopte frente al problema del «es», el ser y la existencia, la metafísica que se elabore da vida a un pensamiento. Incluso cuando se pretende adherir a las cosas mismas, el resultado es una frónesis, un saber intelectual. Este, a su vez, se expresa en palabras, las cuales se alejan mucho del mundo de la vida donde este saber ha nacido. En este distanciamiento entre vida y pensamiento, se efectúa un cambio que responde a la actitud especulativa del filósofo. En todo caso, existe un peligro que consiste en caer en un lenguaje exclusivamente epistemológico, y un condicionamiento a cierta clase de conceptos que lo expresan y le corresponden.

Por ejemplo, Aristóteles (Metafísica, 1968, p. 25) habla del ser como algo que «se conoce», como la ciencia primera y más perfecta. Y este «conocer» es tomado en sentido conceptual: algo que pueda ser conceptualizado y constituya un saber conceptual, al ser su actitud polémica directamente enfrentada a la interpretación de las ideas de Platón (Obras completas, 2011, p. 78) y a otras teorías del conocimiento. Esto puede suceder a pensadores modernos cuando se confunde o se identifica el discurso sobre el «ser» con el discurso sobre la verdad.

1 Las palabras que caracterizan este discurso en Aristóteles son del tipo siguiente: sustancia, accidente, potencia y acto, tiempo y espacio, forma y materia, causa y efecto, finito e infinito, bien y mal, uno y múltiple, estabilidad y devenir, todo y parte. Y son las mismas palabras con las que se construye la metafísica, generalmente en todo el período clásico de la filosofía hasta la edad contemporánea. Y este conjunto de palabras da lugar a un discurso eminentemente «epistemológico» y conceptual, acentuado por la preocupación de elaborar conceptos claros y definibles.

2 A menudo los filósofos se esfuerzan por liberarse de la estrechez de este discurso, y esto se ve claramente –en sentido negativo– en Wittgenstein con su obstinada negación de «sentido» al lenguaje, y en Nietzsche con la pretensión de la transmutación de todos los valores. Pero también existen esfuerzos –en sentido positivo– que buscan ampliar el discurso sobre el ser, como en La evolución creadora de Bergson y en El fenómeno humano de Teilhard de Chardin.

3 La fenomenología en cambio se coloca en una actitud completamente nueva que se abre a regiones más amplias del ser, y que evaden los esquemas epistemológicos, encontrándose con una ontología y una metafísica que rompen la terminología tradicional, precisamente para realizar un nuevo discurso. En los autores que han elegido este curso –desde Heidegger hasta Gabriel Marcel, además de Merleau-Ponty, Sartre, Zubiri y Levinas–, surge este discurso nuevo que incluso en la más elemental terminología, es de inmediato reconocible.1. En Heidegger, aparecen la angustia, la frustración, lo auténtico y lo inauténtico, el ser arrojado, el proyecto, la cura, la libertad y el aislamiento, la propiedad y la alienación, la nada y la muerte, el ser ahí y el horizonte, lo cotidiano, las habladurías, la avidez y la caída, que no son términos epistemológicos y que, por otra parte, son apenas conceptualizables.2. En Gabriel Marcel hay otra serie de palabras que no son propiamente epistemológicas: esfuerzo, exigencia de trascendencia, situación, vago e inquietud, emoción, embarazo, refractario y condensado, perito e inexperto, ser bloqueado y mundo destrozado, burocracia e intimidad, esterilidad, insatisfacción, deseo y cansancio, intercambio, acceso, misterio.3. Igualmente, Merleau-Ponty utiliza expresiones como las siguientes: malhumor, acusación, silencio, visiones, fe en la realidad, falsedad de los sueños, exploraciones concordantes, ilusión de ver lo que no vemos, eclipse, distorsión, milagro de una totalidad, presentimiento, retiro de un cuerpo, percepción que resbala sobre las cosas, paradoja de mi percepción, génesis, pensamiento salvaje, divergencia de testimonios, proposiciones compatibles, operaciones autorizadas, validez imperativa, fe perceptiva, ocultación posible, convicción, existencia bruta, encarnación, vivencias bastardas e impensables, a primera vista, secreto del mundo, descentrados, ingenuo, mundo macizo y opaco, desilusión, fisura, discordancia, inscritos en el mundo, usurpar el lugar, ausencia provisional, vínculo umbilical, desprenderse de los seres, saber previo, sentido primitivo, solidez de la esencia, núcleo duro del ser, imposibilidad, vacío ontológico, situarse dentro del ser, pregunta inagotable, ser se apaga.4. Más atrevidas y desconcertantes son las perspectivas que fundamentan el enfoque de Emmanuel Levinas: suficiente, culto del esfuerzo, conservadurismo inquieto, defensa contra las cosas, paz interior, brutalidad de su afirmación, más allá de la distinción entre perfecto e imperfecto, identidad del ser, insuficiencia de la condición humana, evasión, pasar al lado de sí mismo, sabor del absoluto, restituir a las cosas su inutilidad, inamovilidad de nuestra presencia, horror de cierta definición, prisión de un presente, rigidez del ser, necesidad de excedencia, salir de sí mismo, romper el encadenamiento del yo a sí mismo, malestar, sufrimiento, decepción, inadecuación de la satisfacción, ser que se siente vaciar, instante fragmentado, vergüenza, vergüenza que se funda en la solidaridad de nuestro ser, es nuestra presencia a nosotros mismos que es vergonzosa, náusea, impotencia frente a la propia realidad, experiencia de su impotencia, brutalidad de la existencia, el hecho anónimo de ser, conquista del ser que recomienza perpetuamente, el ser es sin respuesta, el ser es esencialmente extraño y nos hiere, lucha del ente con la existencia, lucha por un porvenir, cansancio y pereza, su realidad está hecha de rechazo.5. En esta perspectiva, también se incluyen: una languidez que es languidez de sí, languidez como un rechazo imposible, aversión al esfuerzo, pereza esencial y desesperada; la existencia carece de simplicidad, fatiga, poder de suspender el ser, el esfuerzo debe superar la desesperación, los instantes en la melodía no están allí más que para cesar el esfuerzo, es el cumplimiento del instante, el esfuerzo es condena, la fatiga crea la distancia donde se inserta el advenimiento del presente, la intención con el estímulo del deseo que la anima en cuanto fin de un deseo, el objeto es un «ser», destino inscrito en su revelación, la sanidad, la buena voluntad, mide lo real y lo concreto del ser humano; lo iluminado es comprendido por la luz, los objetos son un mundo, la totalidad se refiere a una interioridad en la luz, el exotismo, la alteridad de los objetos representados, la musicalidad de la sensación, el «hay» con su rechazo de tomar una forma personal, el incubo del «hay» es el horror, el ser se insinúa en la misma nada, es la sombra del ser la que horroriza, el horror ejecuta la condena a la realidad perpetua, la oscuridad en tanto que presencia de la ausencia no es un contenido puramente presente, el insomnio, esta presencia que surge detrás de la nada, la vigilia es anónima, la posición, el guiño del ojo hecho de mirada y de «no mirada», la posibilidad de descansar, la perennidad es la forma superior de la existencia; la aparición de un existente no se puede nombrar porque es puro verbo.

Es suficiente comparar los discursos anteriores para comprobar dos cosas: primero, el aflorar de su variedad suscita una temática común; incluso, ciertos términos están repetidos. Segundo, las palabras definen un clima espiritual, una perspectiva de acceso al ser que no responde a los cánones establecidos o acostumbrados. Se esfuerzan por abrazar al ser en su mero existir, que a fin de cuentas es singular sin géneros ni universales. Todos parten de la experiencia y explotan algunos de los infinitos matices de la experiencia para fundamentar un encuentro real con el ser que devora al sujeto y, al mismo tiempo, a lo fundamental.

8. Un sistema

Se puede «asumir» que los cuatro modelos anteriores se complementan para dar vida a una nueva temática del ser, que crece en el horizonte de la vida y se expande en un discurso que se adhiere a los innumerables momentos cambiantes de esta misma vida; como resultado, se crea no solo una ontología nueva, sino un superconjunto de esta, una nueva metafísica elevada sobre su fundamento. Se arma así un marco transracional que se extiende sin barreras: de lo visible a lo invisible, de lo trascendental a lo trascendente, de lo existente al misterio.

No se construye un «sistema» metafísico nuevo de «conceptos ordenados racionalmente, porque la estructura de un simple sistema es desgajada en sus miembros en la misma pluralidad de situaciones engendradas por el brotar diferenciado de la vida, en las ilimitadas dimensiones del acontecer». Como lo recuerda Merleau-Ponty (1968) en Lo visible y lo invisible:

El medio ontológico no es pensado como ‘orden’ de la ‘representación humana’, en contraste con un orden de lo ‘en sí’. Se trata de entender que la verdad misma no tiene ningún sentido fuera de la relación de trascendencia, fuera del Ueberstieg, hacia el horizonte; de ver que la subjetividad y el objeto forman un solo todo; que las vivencias subjetivas figuran en el mundo, forman parte de la ‘Weltlichkeit’ del ‘espíritu’, están inscritas en el registro que es el ser (pp. 227-228).

Y más profundamente Levinas (2006), en De la existencia al existente: «no es que el existente se eleve a una existencia superior, sino una salida del ser y de sus categorías que lo describen: es una “excedencia” (salida hacia fuera)» (p. 9). Este ir hacia afuera del ser es lo que nos obliga a seguirlo por el camino de la intuición, desde lo inmediato a lo mediato, desde lo impactante a lo invitante, desde la forma a su ausencia.

9. ¿De qué clase de «ser» se habla?

Si el «acto» experimental en el que se muestra el ser –y su contenido–, es lo que nos interesa, no hay exclusión de ninguna clase de seres, de «es». Toda la gama que se presente en la actividad intuitiva humana se convierte en objeto de la pregunta metafísica. Se abre una perspectiva hacia el ser, que no encuentra más límites que la experiencia misma, y esta puede ser corpórea, sensible o emotiva e intelectual, discursiva y reflexiva.

Ya que el ser [o el «es»], en cuanto palabra, término general o concepto, se ve aplicable a todo tipo de objetos, nos proporciona un instrumento universal de análisis, puesto en contraste con la vida material, el mundo de la naturaleza, las diferentes formas de vida (biológica, psíquica, la misma sociedad humana) y su cultura, los movimientos espirituales de la mente, la interpretación del conocimiento, del lenguaje, de la voluntad y de los proyectos humanos. Donde hay un «es», surge la pregunta metafísica.

Los autores que se han seleccionado buscan un acceso al ser desde situaciones muy ordinarias de la vida y, a veces, particularidades insólitas, pero poseen en común lo inmediato e intuitivo de sus experiencias. De allí, como desde los extremos de los puntos cardinales, en un mapa gigantesco de la vida, se mueven al encuentro del ser. No es de esperarse que los resultados sean exactamente los mismos; sin embargo, hay una concordancia fundamental, propia de la fenomenología que hace de la filosofía un diálogo constructivo con etapas progresivas, y abre la esperanza de una comprensión humana y de una conquista [del ser] que ilumina la tarea de todo filósofo, y en particular de quienes desean construir sobre un fundamento digno del espíritu. Todos participan de aquella colaboración concordante que Husserl esboza en La Filosofía como ciencia estricta (1962): un diálogo en equipo, entre filósofos, que libera y hace madurar el espíritu humano.

El más avanzado en sus conquistas es Levinas (loc. cit.):

Entrever en el ‘existente’, en el ente humano, y en lo que Heidegger llamaría la ‘entidad del ente’, no una ‘ocultación’ o una ‘disimulación del ser’, sino una etapa en el camino hacia el bien y hacia la relación con Dios (p. 212).

Este es también el objetivo final de nuestra investigación: caminar hacia el ser en todas sus manifestaciones, sin detenerse en las contemplaciones meramente superficiales, y seguir los progresos con los que el ser se manifiesta en sus posibilidades de revelación.

10. Ser como «acontecer»

La experiencia en su inmediata presencia se adelanta a todas las diferencias formales que crean oposiciones: entre teoría y práctica, sujeto y objeto, intelecto y deseo, porque estas oposiciones son ya por sí «interpretaciones», consecuentes con nuestra captación de la misma. La presencia es primitiva, originaria y «no categorial». La variación de la misma experiencia en el tiempo y en el espacio, su extensión física, no son categorías de la mente, sino interpretaciones de las propiedades del ser, más o menos críticas, según los casos.

Este darse en la experiencia, específicamente se da en el cambio, en el devenir y en el transcurrir temporal. Al conjunto de tales dimensiones les aplicamos el nombre de «acontecer». Ser y acontecer, en la experiencia originaria, son exactamente lo mismo. Y no pueden separarse más que como conceptos de una misma racionalidad. No son realidades, sino una misma realidad plural. Con esta noción de experiencia, en esta inmediata entrega del ser empieza la reflexión.

En la experiencia podemos enfocar su fundamento existencial: si la cosa se da, es existente. Si pasamos a la reflexión, vemos varios niveles de tal reflexión. Un análisis crítico discute la intuición de la cosa en relación con su «trascendencia»: si busca su contenido, encuentra conceptos como el de la esencia; si se limita a la palabra, ve un término oral, o simplemente mental. La reflexión es un reflejo del fundamento, es inseparable de este; se configura con él. La reflexión posee su propia intencionalidad y es «representativa» (por la fantasía, la imagen, el significado).

Pensamos que no es correcto separar el fundamento experiencial de la reflexión, así como la experiencia es un proceso en el cual el «acontecer» se da sin agotarse, y sigue dándose. En un instante que evoluciona, también la reflexión es un proceso que se aproxima cada vez más a la complejidad del ser para comprenderlo, y con esto «se sumerge en el acontecer en acto». En el esquema siguiente se observan los dos procesos:


Figura 5

En este doble proceso, la experiencia «produce» el «sentido». Este necesariamente involucra el doble proceso a partir de los diferentes actos (repetidos, continuos y entrelazados) de experiencia y de comprensión. Este doble proceso tiene un principio en el impacto de la presencia activa del ser y del pensar; pero no termina nunca; quizá pueda decirse que «languidece» y se desenfoca en la memoria.

No termina, porque la reflexión no solo brota del acontecer como de su fuente, sino que sigue desarrollándose en el doble discurso de seres y de pensares. Las «cosas» del Lebenswelt (el mundo de la vida) nunca dejarán de ser mensajes del «ser», con nuevos actos experienciales; y el actor no dejará de reaccionar con actos interpretativos, y proyectados, del ser. No será posible representar el acto de experiencia y la reflexión como extremos en conflicto y separados; con mayor certeza, habrá que verlos como un continuum.

De este modo, la función de la filosofía, «sin más», se vuelve la elucidación de la experiencia del ser en todos sus indefinidos niveles. Hay oposición, pero no un conflicto entre el preguntante y el ser que se pregunta (entre «yo» y las cosas).

Figura 6


En esta presentación, antes de todo, se busca un acceso indirecto al «ser«», desde alguna lectura previa como las siguientes: «La República y El banquete», de Platón; El Tratado de Raeymaeker; Ontología, de Hartmann. Además de un nuevo intento con Gabriel Marcel (Être et avoir), el fenomenólogo Merleau-Ponty (Lo visible y lo invisible), Heidegger (El ser y el tiempo), Husserl (Ideas relativas a una femenología pura y una filosofía fenomenológica) y Levinas (De la existencia a lo existente).

En conclusión, se realiza un discurso más adherido al método para lograr definir los conceptos en un sistema de mayor orden y claridad.

6. Véase La consolación de la filosofía (1999) y De las divisiones (De divisionibus) (2008, p. 56).

7. Véase Crítica de la razón pura (2010, p. 78).

8. Véase Ciencia de la lógica (2010, p. 55).

9. Véase Introducción a la metafísica (1972, p. 43).

10. Véase Crítica de la razón pura (2010).

CAPÍTULO 1

VER LOS SERES

CAPÍTULO 1

VER LOS SERES

De acuerdo con el planteamiento inicial, antes de reflexionar sobre el «es» de los seres, se precisa ampliar el horizonte de la vista para entrar en contacto con sus diversas formas. Para ello, un filósofo de la grandeza de Platón podrá ser importante para dar comienzo a las exploraciones. Son dos los diálogos de Platón en donde la variedad de los seres alcanza una gran amplitud de lo cósmico y de lo humano: La República y El simposio (El banquete) (11) .

1. Lectura del «Libro VII» de La República (para Sócrates, el hombre más virtuoso es el hombre más feliz)

En cuanto a La República, nos limitaremos al «Libro VII» (p. 134), el cual es famoso por la imagen de la caverna. Sin embargo, no se utilizará en sus implicaciones gnoseológicas, es decir, en relación con la realidad de las ideas supremas, ni en orden a la construcción de un Estado donde los hombres dedicados a la justicia, según la opinión de Sócrates, vivirían felices. Únicamente nos concentramos sobre la variedad de seres que se despliegan ante nuestros ojos a lo largo de la narración:

1 La representación de los hombres encadenados y liberados ofrece la ocasión para descubrir toda una gama de entidades que poseen la calidad de seres en grados diferentes: desde las luces y sombras de la cueva hasta el ser de las estatuas y el de los hombres que las transportan. Se amplía el concepto de luz: desde la luz del fuego y la reflejada en la superficie de las aguas hasta la luz del sol que se distribuye sobre todas las cosas de la naturaleza.

2 Pero esto no es más que el comienzo. La idea de liberar a los hombres encadenados no tanto en la oscuridad física, sino en cuanto la ignorancia de su condición y su miseria, en comparación con la superioridad moral de los hombres libres. Esto incluye también el «ser» de los juicios con que se califican respectivamente: el hombre justo, bueno, noble, que a la vez es impopular e incomprendido en su superioridad.

El panorama se amplía a un mundo justo, regulado por leyes, o un mundo donde las injusticias ocurren inevitablemente. Se establece entonces la utopía de la construcción de un mundo justo, para lo cual será necesario educar y entrenar en la justicia a hombres selectos desde la juventud. De allí brota la necesidad de seleccionar los contenidos para esta forma ideal de educación. El mundo nunca será gobernado justamente hasta que los gobernantes sean filósofos, es decir, hasta que sean seres guiados por las ideas. Se encuentra, entonces, la idea de lo bueno como aquello que lleva la perfección divina de la justicia y que conduce al hombre hacia su ser perfecto. Por lo tanto, se desvelan las entidades ideales que nunca podrán efectuarse por completo en este mundo, pero que poseen un modelo ideal para quienes lo quieren contemplar en su puro ser.

En la descripción, las entidades más elevadas y abstractas hacen acto de presencia: las formas visibles y los discursos acerca de ellas, las geométricas y las matemáticas, las conmensurables y las inconmensurables, las cosas y sus figuras, las imágenes en el papel y en las aguas, y aquellas que pueden verse solo con la mente. En el orden inteligible, se encuentran los supuestos y los principios que se asumen en la investigación, las semejanzas de las imágenes, la realidad y las apariencias, las clases superiores e inferiores, las copias y las configuraciones.

Como un sector diverso de lo inteligible se incluyen el poder deductivo de la mente, el proceso dialéctico, los supuestos dados por absolutos y los principios meramente hipotéticos, las contexturas y el fundamento, las derivaciones y lo que impele a alcanzar aquello que no requiere supuestos; es el punto de partida de todo; quiere decir distinguir el aspecto de la realidad de lo inteligible, lo cual se observa por el poder de la dialéctica, como algo más verdadero y más exacto que los objetos de las llamadas artes y ciencias, cuyos supuestos son puntos de partida arbitrarios («Libro VlI», 511 c).

El «Libro VlI» recorre prácticamente todos los niveles del ser. Sin duda, la alegoría de la cueva es un punto de referencia para situaciones análogas a las de la vida real, personal y colectiva. Se plantean los conflictos que nacen en el intercambio entre justos e injustos, entre sabios iluminados e ignorantes, entre la incomprensión de los elegidos y la brutalidad de las masas ignorantes y apasionadas. Después de haber recorrido extremos, desde la invencible ilusión de las sombras hasta la contemplación de la fuente de la luz con ojos entrenados y capaces de resistirle, no se queda Platón en la especulación vacía. Enseguida la aplica a la capacidad de educarse del ciudadano, como el supuesto hombre liberado de la caverna y obligado a observar la verdadera luz.

La dialéctica aclara la visión. El camino de la dialéctica se aparta de lo sensible, hace ver lo que es mejor para el alma. El hombre se encuentra con el mal. Un hombre corriente es incapaz de cumplir con la razón, no posee completa la razón; mientras, los que gobiernan deben ser racionales y coherentes con los principios: distinguir entre lo auténtico y lo que es meramente aparente. En esta situación, es necesario educar a los pequeños para que puedan distinguir la jerarquía de los seres. Hay seres superiores a otros:


Figura 7

La analogía se aplica a la sociedad, porque es igual a un lugar para elevar al ciudadano. La cumbre más elevada es «el ser en sí mismo». Poseer la cumbre es la «ciencia de la verdad», que vale por sí misma.

Una lista objetiva de los seres encontrados a lo largo del «Libro VlI», puede ser la siguiente:

1 El discurso de los seres y de la verdad desde las sombras hasta la contemplación de la verdad.

2 La ignorancia que contempla en la sombra y la visión que descubre el ser.

3 Las virtudes del alma que habitan en el cuerpo.

4 La orientación hacia el bien y hacia el mal.

5 La necesidad de educación para presidir el Estado.

6 Las islas de los bienaventurados.

7 La tarea esencial de los fundadores para reflexionar sobre el bien y ayudar a los que permanecen en la apariencia.

8 La realidad de lo justo, bueno y bello en ciudades mal gobernadas.

9 La superioridad de los iluminados.

10 Un mundo más puro para los discípulos iluminados.

11 Un ideal de vida mejor.

12 Una riqueza, no de bienes de oro, sino de bienes que den felicidad.

13 Los guardianes de la ciudad.

14 Las conversaciones acerca del alma.

15 Los estudios que moldean el alma.

16 Los estudios que llevan el alma desde el mundo del devenir al mundo del ser.

17 Las tretas de las guerras; los estudios útiles a las guerras.

18 Las costumbres de educar en gimnasia y en música no son los estudios útiles.

19 La matemática, porque se encuentra en todas las ciencia.

20 Las cosas sensibles se prestan a juicios adecuados que no suscitan dudas o inadecuados que generan inseguridad.

21 El estudio de las contradicciones despierta el alma (524 a).

22 Los opuestos duro-blando y pesado-ligero entrañan comunica-ción con el alma.

23 Lo uno y lo múltiple, unidos y separados (524 b).

24 Lo sensible y lo inteligible como realidades distintas.

25 Los números como realidades deben verse «en sí» (524 d).

26 La contradicción mueve el alma a buscar.

27 La percepción visual empuja el alma a contemplar el verdadero ser.

28 El uno «en sí» encierra todos los números.

29 A los gobernantes se les debe enseñar la aritmética, porque lleva a la contemplación de la naturaleza del número.

30 Conduce al estudio, por sí mismo.

31 En lo material, tiene partes; en el pensamiento, es indivisible (256 a).

32 Hay estudios más elevados que las prácticas que necesitan instrumentos.

33 La geometría es otro estudio necesario, no solo para los ejércitos y las batallas, sino para el conocimiento de los emplazamientos.

34 No basta su aspecto pragmático, sino que hace conocer formas.

35 La contradicción entre ciencia y lenguaje genera un puro conocimiento (527 a).

36 Se pregunta sobre lo que siempre es y sobre lo que pasa.

37 La astronomía es ciencia necesaria.

38 Pero a nivel de los cuerpos en sí mismos.

39 El movimiento de los sólidos hace conocer el orden.

40 Enseña la búsqueda de las razones más que de cosas (529 b).

41 Los efectos cósmicos aparecen ordenados por una causa.

42 En las cosas no hay verdad absoluta a pesar de la belleza del hechor.

43 Se reconoce el hechor de los cielos en la ordenación de los días y de las noches.

44 La música es otra ciencia necesaria (531).

45 Algunos tratan de la armonía y de las medidas como los pitagóricos. No es el movimiento de los instrumentos lo que vale.

46 Para conocerlo, hay que interrogar a hombres que saben «generalizar».

47 Estos son los que definen con precisión los conceptos dialécticos (532).

48 En la dialéctica, hay una aclaración de visión análoga a lo que se vio en la gradualidad de las cosas (532 b).

49 El camino de la dialéctica se aparta de lo sensible para encontrar el acceso a las esencias, y no se detiene hasta que no haya encontrado el bien en sí mismo.

50 Conduce a ver lo que es mejor para el alma, y a contemplar las realidades supremas (532 c). Con esto se alcanza la melodía «en sí».

51 Solo la dialéctica conduce a tales cosas (533 a).

52 Hay grados en la certeza: la ciencia, el entendimiento, la creencia, la conjetura.

53 Si un hombre es incapaz de esto, no posee completa la razón.

54 Caerá en un sueño eterno (534 c).

55 Los que gobiernan deben ser plenamente racionales (534 e).

56 Con la educación se crea un nuevo tipo de hombre. La filosofía exige mentes especulativas; el alma busca la verdad y evita la mentira.

57 Las virtudes dan libertad al alma (536 c).

58 Hay bienes y costumbres tradicionales dignas; otros son deseos y prácticas (538 d).

59 Hay grados en los principios: algunos, aparentes; otros, auténticos (359 a).

60 El estudio de la dialéctica bien aplicado produce la verdad.

61 Quince años son suficientes para alcanzar toda forma de conocimiento que puede aplicarse para el recto Gobierno.

62 Los que hayan cumplido con lo indicado son modelos divinos y pueden irse a las islas felices.

63 El Estado les ofrecerá sacrificios como a divinidades o a seres divinos.

64 Este ser ideal se alcanza con la educación de los pequeños.

Con lo anterior, se ha trazado una «panorámica» del ser para el hombre. Los seres no son únicamente las cosas, sino todos sus grados, sus diversidades, las relaciones, los principios y las causas, las virtudes y las conductas que ennoblecen al hombre. Esta gran región del ser que Platón ha pintado, a menudo sin proponérselo expresamente, nos introduce al mundo de todos los seres que rodean al hombre, desde los más grandes hasta los más elevados, desde los más concretos hasta los más abstractos. No hay duda de que este es todavía hoy el marco en el cual se mueve la metafísica occidental.

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