Kitabı oku: «Pequeño circo», sayfa 15

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BEMBIBRE

CON LUIS CALVO (ELEFANT), MIGUEL MORÁN (FIB), MONTSE SANTALLA (ELEFANT), COVA DE SILVA (PENELOPE TRIP) E IBON ERRAZKIN (AVENTURAS DE KIRLIAN / LE MANS).

En esta localidad minera de León, situada en la depresión del Bierzo, un territorio orográficamente angosto donde en los años 80 no llegaba la onda de emisoras como Los 40 Principales, creció Luis Calvo, fundador del sello Elefant. Y a pocos kilómetros, en un pueblo de apenas treinta habitantes, nacieron los hermanos Miguel y José Luis Morán, directores del Festival Internacional de Benicàssim.


Un adolescente Luis Calvo en la buhardilla de la casa de sus padres en Bembibre. (Cedida por Luis Calvo.)

DE LA MINA AL UNDERGROUND

LUIS CALVO: Nací en Madrid en 1968. Mi padre es ingeniero de minas y mi madre, ama de casa. Mi abuelo, el padre de mi padre, era picador. Empezó a trabajar en la mina con catorce años, acabó comprando una mina en el Bierzo, hizo dinero y se fue a vivir a Madrid. Murió muy joven, de silicosis.

Mi padre nació en un pueblo al lado de Bembibre, Montealegre. Hizo la carrera en Madrid, donde conoció a mi madre, y cuando acabó la carrera se hizo cargo de la mina de mi abuelo porque era el único chico de los cinco hermanos. Y nos fuimos todos a vivir a Bembibre.

Yo soy el pequeño de cuatro hermanos. En casa siempre ha habido una gran afición musical. A mis padres les gustaba mucho la clásica, pero tenían discos de los Beatles, de los Beach Boys… Hemos chupado mucha cultura. Desde pequeños hemos ido al teatro y al cine con ellos. A mi padre le encantaba la música brasileña, el northern soul y tenía una colección de easy listening brutal. Era normal tener música sonando en casa.

Mi madre tocaba la guitarra y mi hermana, también. Eran un poco hippies y los fines de semana, cuando éramos pequeñitos e íbamos a merendar al campo, tocaban canciones de ABBA.

MIGUEL MORÁN: Nací en 1962 en San Facundo, un pueblo de unos treinta y cinco habitantes al lado de Torre del Bierzo. Somos seis hermanos. Mi hermano Jose es del 67. Entre mis hermanos y mis padres éramos el 25% del pueblo.

Mi padre era minero y se dedicaba al campo. Empezó a trabajar a los doce años en la mina y murió de silicosis, la enfermedad de los mineros. Mi madre se dedicaba a la casa y al campo. Tenían poca afición musical.

En el pueblito había una escuela, pero para los hijos de mineros con pocos recursos había unas becas del estado para estudiar interno en colegios. Desde los diez años estuve interno en Palencia, en Zamora… Con jesuitas, con salesianos… Solo volvía a casa por vacaciones. Me saturé de tanta iglesia y dejé los estudios pronto.

LUIS CALVO: Mi padre tenía un casete grabador, grababa los programas de Aplauso y los escuchábamos en el coche cuando íbamos a Madrid en Navidades o a Alicante en verano. También grababa muchas cintas. En una cinta metía a ABBA, los Beatles, Elvis, Los Ángeles, Serrat… No recuerdo que no me gustase algo. Nunca tuve ese rollo de «esto no me gusta porque lo escuchan mis padres».

Cuando salió el primer equipo compacto, con radio, casete y tocadiscos, mi padre lo compró. Estaba en el salón, pero no se podía tocar entre semana. Los sábados yo me ocupaba de limpiar el salón. Era la manera de estar cuatro horas escuchando música. El olor a Centella me trae el recuerdo de los discos de Los Pistones, Aviador Dro y todo lo que escuchaba mientras quitaba el polvo.

En Bembibre había tiendas de electrodomésticos en las que vendían discos. Los padres de uno de Guedeon Della86 abrieron una. Yo oía canciones en Radio 3, pedía los discos en la tienda y me decían, «no lo tengo, pero el martes viene el que los trae». Y los martes, cuando venía el viajante, yo rebuscaba entre las novedades que la tienda no quería. Llegaba con el coche y en la parte de detrás tenía los discos en cajas. Al principio no me dejaba meterle mano a los discos, pero más adelante, sí. Le pedía cualquier disco y, si no lo tenía, lo traía la semana siguiente.

Aunque vivía en un pueblo, había muchas maneras de enterarte de las cosas. Cada semana tenías en televisión Caja de ritmos, Pista libre, Musical express… Veía todos los programas. Y en La edad de oro veía a los Residents, a Parálisis Permanente, a Psychic TV… Cada semana podías descubrías uno o dos grupos nuevos.

MIGUEL MORÁN: Mi afición por la música viene de Radio 3. Era lo único que se oía en ese pueblo tan pequeño perdido en la montaña. En San Facundo vivía un primo un poco mayor y muy musiquero. Estábamos todo el día en la calle escuchando Radio 3. Entonces escuchaba a Bob Dylan, a los Rolling Stones, a los Creedence…


El carnet que acredita a Luis Calvo como mutante número 161 del club de fans de Aviador Dro. (Cedida por Luis Calvo.)

LUIS CALVO: En Bembibre solo se escuchaba Radio 3. No llegaban Los 40 Principales.

En el año 81-82 descubrí, sobre todo a través de Esto no es Hawaii, a los Zombies, a Alaska y los Pegamoides, a Radio Futura, a Los Secretos… El Diario pop era más música internacional: los Cure, los Psychedelic Furs… Yo escuchaba música de todo tipo: los Cure, Siouxsie, Kraftwerk, Talking Heads… Y me encantaba. Pero, para mí, escuchar a los grupos en castellano, vivir el nacimiento de DRO y de las compañías independientes fue muy fuerte.

La gente no creía en la música española en el año 81-82, pero para mí era muy importante. Lo mío entonces ya era una lucha personal por difundir todo eso. Con trece años grababa cintas a toda la gente del pueblo y estaba en contacto con DRO, Tres Cipreses, Spansuls… Les pedía discos por correo y me mandaban alguno de regalo. Era muy fan de Aviador Dro. Con quince años tenía mi «carnet de mutante». Mi trabajo de filosofía en el instituto fue sobre el primer disco de Aviador Dro, que venía con un manifiesto. Tengo todos sus manifiestos, me escribía con ellos, con Metalina 287…

En Ponferrada y en Bembibre no se pinchaba música española. Poco a poco fue ganando terreno hasta que hubo un momento en que todo el mundo estuvo concienciado. Pero para entonces ya no había nada que molara. A partir del 84, todo el rollo de Décima Víctima, Glutamato Ye-Yé o Sindicato Malone se había perdido.

En el 85 me empezó a decepcionar el pop español. Los grupos se habían vuelto comerciales, las compañías independientes estaban desapareciendo… Yo ya ni compraba los discos, porque lo que hacían era terrible. Grupos que me habían gustado, como Radio Futura o Loquillo, ya no me parecían tan interesantes. No me importaba que fuesen grandes superventas, pero, comparado con lo que se había hecho en el 81-82, los discos que salían eran malos.

MIGUEL MORÁN: Mi padre se retiró de la mina por enfermedad hacia los treinta y ocho años y en el año 82 mis padres montaron un bar en Torre del Bierzo, un bar típico de pueblo. Mi hermano Jose y yo nos encargábamos del local y a veces poníamos música en un equipito.

LUIS CALVO: Antes de entrar en el instituto, mis padres se compraron una casa. Encima había una buhardilla. Allí instalé un radiotocadiscos de mueble, monté un sistema de altavoces y me hice mi espacio. Las paredes estaban llenas de pósters: del último concierto de Parálisis Permanente en León, de Psychedelic Furs… ¡Los pegué con cola!

Ahí pasaba prácticamente todo el día. Y en la buhardilla de al lado pasaba lo mismo. Estaba Uco, un amigo tres años mayor que yo con una colección de discos muy grande. En esas buhardillas se montó un grupo de amigos y la gente traía discos. Intercambiábamos cintas y nos pasábamos cosas de una buhardilla a otra. ¡Era un sitio muy guay! Había colchones, sillones… A veces, en vez de ir a la discoteca, poníamos dinero, comprábamos cosas y pasábamos la noche allí. Era muy grande: cabíamos quince personas. Mi buhardilla era la más sofisticada porque tenía un sistema de iluminación hecho con botes de Nesquik. A veces se quemaban o saltaban los plomos de mi casa mientras veían la tele.

Éramos una pandilla pequeña: los raros del instituto. Vestíamos raro, fumábamos porros… Yo era tirando a afterpunk. Iba con camisetas de Joy Division. Éramos un círculo de amigos con mucho interés por la música.

Cuando iba con la familia a Madrid, iba a Kentucky, Del Sur o al Rastro y compraba todos los fanzines que veía. En el colegio hacíamos una revista, así que me pareció lógico hacer un fanzine. Se llamaba Represión. El nombre lo elegí yo. Era un fanzine de tendencia punk, pero había artículos de todo tipo: de los Violent Femmes a los Smiths. Yo era muy fan de Décima Víctima y Parálisis Permanente. Me gustaban La UVI y Kortatu y, a la vez, Sergio Mendes, La Mode y Los Panchos. Tengo la primera casete de Desechables, el primer single de Último Resorte, de Kangrena… En uno de los números hice una lista de mis canciones favoritas internacionales y había de todo: Violent Femmes, Waterboys, Shop Assistants, Smiths…

Sacábamos un número y entre la fiesta y la gente del instituto se vendía en un día. El primer número valía cien pesetas. El segundo, cincuenta y ponía algo así como «este fanzine cuesta ochenta pesetas, pero gracias a la publicidad pagas menos». En la fiesta del primer número tocaron Ópera Prima, el grupo de Alejandro Díez anterior a Los Flechazos, y Los Vagos de Minnesota, un grupo de rockabilly. Me fui en autobús hasta León para fotocopiar el fanzine porque era mucho más barato que hacer las fotocopias en Bembibre. Un día lo dejamos y al otro fuimos a recoger las copias.

Cuando entré en el instituto, los viernes era el día de la discoteca. Solo había una en Bembibre, la New Brothers. Me hice muy amigo del dueño. Le caí en gracia y me hicieron un carnet. Y todos los viernes iba a primera hora, cuando no había nadie, y me tiraba dos horas escuchando las novedades con él. Al dueño le gustaba mucho la música soul y disco. Y yo iba con mis discos de Parálisis, de Los Pistones, de Décima Víctima…

MIGUEL MORÁN: Conocí a Luis muy jovencillo. Bembibre estaba a seis o siete kilómetros de mi pueblo. Íbamos a su casa a escuchar discos en la buhardilla. Luego empezó a pinchar en una sala y a montar conciertos. Una vez trajo a La Polla Records y a Kortatu. Nos grabaron el concierto desde la mesa y nos lo llevamos en una cinta.

LUIS CALVO: Con diecisiete años me puse a trabajar en otra discoteca de Bembibre que se llamaba Fito’s. Era una sala muy grande, para mil quinientas personas. Yo era el disc-jockey de la sala y programaba los conciertos. Cuando vinieron La Polla Records y Kortatu, el pueblo y la discoteca se llenaron de punkies. También vino a tocar Luz Casal. Y Paul Collins Beat.

Los viernes y sábados abría solo una planta. Era para los amigos, y entonces podía poner The Cure, Aztec Camera, Everything But The Girl, música española… Hasta venía gente de Ponferrada. Abría hacia las siete o las ocho y estábamos hasta las cuatro o cinco de la mañana. El domingo abrían las dos plantas porque venía gente de los pueblos de alrededor, y entonces tenía que poner italodisco y cosas así.

En la discoteca me pasaba la noche grabando a la gente cintas con la sesión que estaba pinchando. Mucha gente de Bembibre tendrá cintas mías. A Miguel también le grabé. Era uno de los amigos que iba a la discoteca. Muchas noches acabábamos en el bar que tenían sus padres.

Montse88 también es de Bembibre. Nos conocimos en el instituto. Montse iba la discoteca Fito’s a bailar. Yo era muy amigo de su hermana mayor y también le grababa cintas.

Gonzalo [Viña] era otro amigo de Bembibre. Se fue a vivir a Inglaterra y traía de todo. Luego formó parte de un grupo de Elefant, Union Wireless. También había por allí otro chico, Juancho, que hacía el fanzine Carai: fue mánager de Dover y de Cooper, y programaba la sala El Sol. Y también estaba Bruno González, de Guedeon Della, que era vecino mío en Bembibre.

Con el paso de los años pienso que quizá Bembibre fue un oasis porque allí no llegaban Los 40 Principales. Si hubiesen llegado, a lo mejor habría habido otras opciones musicales. Que la mayoría de la gente de esa época escuchase Radio 3 hizo que se forjase aquel núcleo de gente.

ÉXODO EN EL BIERZO

MIGUEL MORÁN: En el 84 me fui a Madrid. Estaba cansado de estar allí y quería empezar a buscarme la vida. Tuve una historia con una chica. A sus padres yo les parecía un poco punk. En un pueblito siempre te etiquetan: que si te pintas el pelo, que si te lo pones de punta, que si fumas porros… No querían que estuviese conmigo, y nos largamos.

LUIS CALVO: Me fui a estudiar Ingeniería de Minas a Madrid en el 86. Empecé el curso, pero, como tenía poca nota, en enero me dijeron que no me admitían. Seguí yendo a clase, pasándolo bien, saliendo, conociendo muchos grupos, mucha música…

Mi hermana estudiaba Bellas Artes y conocía a mucha gente. Iba a clase con Santiago Segura y con Javier Aramburu. La primera noche que salí de marcha con ella iba con el cantante de Alphaville. Yo era superfan. Tenía el single Palacio de invierno. Estaba eufórico, me emborraché y en el taxi le vomité encima. Así aterricé en Madrid.

El círculo de gente de Bellas Artes era muy especial. La amiga de toda la vida de mi hermana vivía en un piso muy loco por la calle Hermosilla. Había cinco personas viviendo en cinco habitaciones. Por allí pasaba el de Alphaville, Javier Corcobado, porque una de las que vivía allí era su novia… Cuando Corcobado se intentó suicidar fue en ese piso. Y en ese mismo edificio caí unos años más tarde porque vivía Carmen, de Vainica Doble.

También iba mucho al Rastro. Allí vendían los famosos singles de los jukebox a cinco pesetas. Los vendían sin portada en un puesto que ocupaba dos mesas. Me levantaba pronto todos los domingos y me tiraba una hora o dos solo en ese puesto. Compraba muchos; la mitad no valían para nada, así que volvía y los vendía o los cambiaba.

Llegó el verano, volví a Bembibre y al curso siguiente me fui a estudiar a Oviedo. Era el único sitio en el que podía entrar con mi nota. En Oviedo estuve tres o cuatro años. El segundo año compartí piso con un chico que estaba en un grupo mod, Los Cautivos.

En la Escuela de Minas se jugaba al póquer y al mus. Yo jugaba casi todos los días, ganaba mucho dinero y me bajaba a Bangladesh —una tienda de discos que estaba al lado— a comprar discos piratas de los Cure, de Bauhaus, maxis de importación…

Jorge Albi también fue una influencia muy importante a finales de los 80. La conjura de las danzas fue de lo más importante a nivel de indie-pop. Al principio el programa solo se oía en Valencia. Como mi hermano Fernando estudiaba en Valencia, me lo grababa, y yo buscaba y compraba todos los discos que ponía Jorge Albi.

COVA DE SILVA: Conocí a Luis cuando estudiaba en Oviedo. Una amiga que estudiaba en la Escuela de Minas me habló de él. «Hay un chico al que le gusta tanto la música como a ti.» Quedé con él en la estación de autobuses. Me dio la impresión de que la carrera le importaba un pimiento. Ya vendía casetes con el nombre de La Pera Records.

LUIS CALVO: El detonante de La Pera Records fue escuchar un grupo, Los Vigilantes, y querer sacarlo en casete. Ese fue el germen. Estábamos en el mundillo de Oviedo, recibí la maqueta, me gustó, les llamé, hablamos y la saqué. A lo mejor hice cuatro o cinco copias y las cambié con amigos por otras cosas. No creo que vendiese ninguna.

Montse dibujó una pera y se convirtió en el logo. Me mandó una carta con la pera y yo dije, «lo llamaré La Pera Records y utilizaré este dibujo como logo». Pero luego nos sonaba a La Polla Records y a un poco de coña, a «esto es la pera». Con ese nombre solo salió la casete de Los Vigilantes.

MONTSE SANTALLA: Esa pera la dibujaba desde niña. Pero nos sonaba un poco a pijo, porque entonces a los pijos se les llamaba «peras».

LUIS CALVO: En Oviedo empecé el fanzine La línea del arco. Lo primero que aparecía eran las direcciones. Si hablaba de un fanzine inglés, daba la dirección para que la gente les escribiese y comprase sus discos. El objetivo de un fanzine era poner en contacto a la gente con cosas que te gustaban. Si no dabas direcciones, ¿cómo iban a contactar con ellos? Todos nos ayudábamos. Aquí no había dinero, sino un afán de hacer cosas chulas, de hacer tu fanzine e intercambiarlo con otro, de intercambiar cintas, de aumentar tu cultura musical con gente de Inglaterra, Alemania, Japón o cualquier sitio.

En el primer casete recopilatorio de grupos indies que hice, Hacia la luz, daba la dirección de todos los grupos: de los Pale Saints, de Field Mice… Si te gusta la música y tu ilusión es darla a conocer y ser un vehículo de transmisión, lo más lógico era explicar cómo sonaba el grupo y dar su dirección para que pudieran comprarles un single.

Me escribía con gente de todo el mundo. E igual que sacaba maquetas de grupos japoneses, estaba en contacto con fanzines japoneses, alemanes, americanos, ingleses… Yo sabía poco inglés. Mi madre estudió en un colegio inglés y nos enseñó de pequeños. Ella me ayudó alguna vez a escribir cartas. Yo escribía un poco en plan indio.

En el mundo indie estaba a la orden del día contactar con tus grupos favoritos. Llegó un momento, con diecinueve o veinte años, que, cuando compraba un disco y me gustaba el grupo, lo primero que hacía era escribirles para decirles que me gustaban mogollón. Me parecía lo normal. Años después, cuando saqué el single de los Posies en Elefant, Ken Stringfellow me dijo, «tú fuiste el primer tío de España que nos escribió».

No era tan caro mandar una carta. Nos movíamos mucho con tarjetas postales, que eran más baratas que una carta. Y existía el cupón internacional: si alguien te pedía información sobre tu fanzine, te enviaba un cupón que canjeabas en la oficina de correos por un sello del valor del país al que lo mandabas. Así, tú ya no pagabas el sello.

Con el fanzine saqué muchas casetes: de los Haywains, de Home and Abroad… Estaban grabadas a mano y con las portadas fotocopiadas en color: las cortaba con el cúter, las pegaba… Todas muy bonitas, todo muy indie. Como se hacía en Inglaterra o en Alemania. Mi hermana Virginia me ayudaba a diseñar las portadas. Le pedía dibujitos.

Cuando tenía dinero para sacar una casete, hablaba con el grupo y me mandaban el máster. Sabía cómo se hacía porque había comprado la casete de los Desechables. Estaba acostumbrado a ese tipo de casetes caseras hechas sobre cintas TDK a las que ponías una pegatina. Incluso tengo un montón de casetes grabadas por una cara y con la otra en blanco para que te grabases tú mismo lo que quisieras.


Surtido de casetes de diseño casero de los primeros tiempos de Elefant. (Cedida por Luis Calvo.)

Con el dinero que gané trabajando un verano en un pub de Bembibre, me compré una doble pletina para copiar casetes. No tenía amplificador ni plato. ¡Solo doble pletina! ¡Y unos cascos! No tenía dinero para más.

Llegué a sacar unas treinta referencias en casete. Hablaba con los grupos y me mandaban los másters, porque la mayoría de estas canciones eran exclusivas. Sacaba cincuenta o cien, hacía una portada, las duplicaba en casa y las vendían por correo o en conciertos.

En esa época ya vendía casetes en Japón. De repente, me llegaba un pedido: ¡Quince casetes! Y, venga, ¡a hacer casetes para Japón! Del que más vendí pude vender unos cien. Quizá de las últimas recopilaciones, un poco más. Una se llamaba Around the World, otra Positively Dolphin Friendly, otra Hacia la luz

MONTSE SANTALLA: Como se iban haciendo copias sobre la marcha, según las pedía la gente, ni las contábamos.

IBON ERRAZKIN: Yo distribuía en Donosti las casetes que publicaba Luis Calvo. Las llevaba a la tienda Xaribari y las dejaba en depósito. Cada poco tiempo me pasaba a ver si se había vendido algo y le mandaba el dinero. No se vendían mucho. Eran grupos muy underground. Ni hablar de Talulah Gosh; eran grupos de C86 de quinta generación.

MONTSE SANTALLA: Yo estudiaba Psicología en Santiago de Compostela, pero estábamos juntos todo el día.

LUIS CALVO: Nos tirábamos un mes en Oviedo y otro en Santiago porque no podíamos separarnos. Yo ya estaba haciendo fanzines, montando fiestas… Estaba muy agobiado, solo había aprobado dos o tres asignaturas, y una noche, hablando con Montse en Santiago, decidí dejar la carrera. Era una carrera muy jodida. No era lo mío. Hablé con mis padres, les dije que quería estudiar cine, me apoyaron y me vine a Madrid.

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