Kitabı oku: «El arte de educar jugando»
Primera edición, mayo 2021
© Silvia Álava Sordo, Nicolás Sánchez Álvarez, Carolina Cárcamo Vergara, Aroa Caminero Ruiz, Raquel Prieto Elipe, Isabel Quesada San José, María Rosa del Rincón García, Tatiana Fernández Marcos, Manuel Gámez Guadix, Estibaliz Mateos Pérez, Bárbara Martín Martí, Sara Ríos Gil, Lucía Boto Pérez, Gema Valenzuela Simón y Margarita Montes Arribas, 2021
© Actitud de Comunicación, 2021
Calle del Buen Suceso, 32. Entreplanta izda.
28008 Madrid
www.actitud.es
© JdeJ Editores, 2021
Sauces 7, chalet 8. Montepríncipe
28660 - Boadilla del Monte, (Madrid)
www.jdejeditores.com
Editor: Javier de Juan y Peñalosa, Marga González Casado y Malú Aragonés
Diseño: Marta Vega
Preimpresión: Safekat
ISBN: 9788412361681
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN: «¿Lo estaré haciendo bien? ¿Le doy a mis hijos lo que necesitan?»
Quiero mejorar mi papel como madre o padre, pero ¡no tengo tiempo!
«Si yo lo que quiero es ¡que mi hijo sea feliz!»
Capítulo 1. ESTIMULA SU CEREBRO
¿Por qué estimular el cerebro de los niños?
El cerebro en los niños de 0 a 3 años
El cerebro en los niños de 3 a 6 años
El cerebro en los niños de 6 a 9 años
El cerebro en los niños de 9 a 12 años
Recuerda que…
Capítulo 2. CONSIGUE QUE PRESTEN ATENCIÓN
¿Qué es prestar atención?
¿Por qué es importante mejorar la capacidad para prestar atención?
Ejercicios, actividades y juegos para mejorar la capacidad de prestar atención
Recuerda que…
Capítulo 3. DESARROLLA SU INTELIGENCIA EMOCIONAL Y SU AUTOCONTROL
Identificación y reconocimiento emocional
¿Qué son las emociones?
La importancia de aprender a identificar y reconocer las emociones
Ejercicios y actividades para aprender a identificar y reconocer las emociones
Recuerda que…
Autocontrol y la regulación emocional. ¿Qué son el autocontrol emocional y la regulación de emociones?
Pero, antes, ¿por qué es importante que los niños desarrollen el autocontrol emocional?
En qué momento deberemos enseñar cada habilidad de autocontrol
Ejercicios divididos por edades
Recuerda que…
Capítulo 4. YO SOLITO. Fomentando su autonomía
¿Qué entendemos por autonomía?
La otra cara de la moneda: la sobreprotección
¿Cómo empieza la sobreprotección?
¿Por qué es importante dar autonomía?
Ejercicios y actividades para fomentar la autonomía
Recuerda que…
Capítulo 5. ENSÉÑALE A PENSAR POR SÍ MISMO. Desarrolla su pensamiento crítico y la toma de decisiones
¿Por qué es importante?
Preguntar en lugar de sermonear
Escucha en espejo
Centrarnos en la solución y no en el problema
Pensamiento crítico, creatividad y pensamiento divergente
¿Qué es necesario para que desarrollen un sentido crítico y creativo?
Recuerda que…
Capítulo 6. FOMENTAR SU AUTOESTIMA
¿Qué es la autoestima?
Ser amable con uno mismo. La autocompasión
Ejercicios y actividades para fomentar la autoestima
Recuerda que…
Capítulo 7. ME RELACIONO CON LOS DEMÁS. Entrenando las habilidades sociales
¿Qué son las habilidades sociales?
Habilidades sociales básicas
Habilidades sociales complejas
¿Por qué es importante trabajar las habilidades sociales?
¿Cuándo es importante trabajar las habilidades sociales?
Recuerda que…
Capítulo 8. APRENDIENDO A PERDONAR
¿Qué es el perdón?
¿Por qué debemos enseñarles a pedir perdón?
¿Cómo enseñar a pedir perdón?
Cuándo no se debe pedir perdón
¿Cuándo desarrollar la capacidad de perdonar?
Recuerda que…
Capítulo 9. APRENDER A DAR LAS GRACIAS
¿Qué es el agradecimiento?
¿Por qué debemos practicar el agradecimiento?
¿Cuándo se puede practicar el agradecimiento?
Recuerda que…
Capítulo 10. VENCER LOS MIEDOS DEL DÍA A DÍA
El miedo ¿de qué se trata?
¿Por qué es importante conocer los miedos de nuestros hijos?
¿Cómo ayudar a nuestros hijos cuando tienen miedo?
Recuerda que…
Capítulo 11. MI CUERPO ES MÍO
¿Qué es la educación afectivo-sexual?
¿Por qué debemos hacer educación afectivo-sexual?
¿Cuándo hacer la educación afectivo-sexual?
Actividades específicas de prevención de abuso
Recuerda que…
Capítulo 12. FOMENTANDO EL BUEN USO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
¿Qué es el buen uso de Internet y los smartphones?
¿Por qué es importante aprender a usar Internet de manera positiva?
¿Cuándo educar sobre el buen uso de Internet y los smart-phones?
Recuerda que…
Capítulo 13. EDUCANDO EN IGUALDAD DE GÉNERO
¿Qué es igualdad de género?
¿Por qué es importante la igualdad de género?
¿Quién es responsable de la igualdad de género?
¿Por qué niños y niñas actúan diferente?
Igualdad de género en la vestimenta
Igualdad de género en los deberes del hogar
Igualdad de género en educación
Igualdad de género en la política
Recuerda que…
Capítulo 14. «MENS SANA IN CORPORE SANO»: ¿CÓMO TRABAJAR HÁBITOS SALUDABLES?
¿Qué son los hábitos saludables?
¿Por qué es importante fomentar unos hábitos de vida saludables?
El sueño
Higiene
Deporte
Nutrición
Hidratación
Recuerda que…
AUTORES Y AUTORAS
Introducción:
«¿LO ESTARÉ HACIENDO BIEN? ¿LE DOY A MIS HIJOS LO QUE NECESITAN?»
Si tienes este libro en tus manos, ¡enhorabuena! No importa si eres padre, madre, maestro o maestra; lo que cuenta es que eres consciente de que has iniciado un viaje apasionante, de gran importancia y responsabilidad: ocuparte de la educación de tus hijos. Como ya habrás oído en multitud de ocasiones, es un proceso precioso, pero que no está exento de dudas, de momentos difíciles y de alguna incertidumbre: ¿estoy haciendo lo correcto?, ¿hay una forma más fácil de conseguir los resultados?, ¿les estoy dando todo lo que necesitan?
Es normal tener dudas, y es bueno admitirlo, porque es lo que nos anima a buscar respuestas y a mejorar. En esta obra encontrarás consejos, pero también juegos, y ejercicios para hacer con los niños y poner en práctica todo lo aprendido.
A lo largo del libro iremos abordando varias temáticas que entendemos primordiales en su educación. Por ejemplo, cómo estimular su atención y su inteligencia, cómo trabajar la seguridad y la autoestima, cómo promover una correcta educación afectivo-sexual, cómo enseñarle a cuidar de su cuerpo, qué pautas debemos de seguir para introducir las nuevas tecnologías…, entre otras muchas cuestiones.
Cada capítulo ha sido escrito por un psicólogo o una psicóloga diferente, experto en el tema, que nos muestra la teoría y la práctica para que, además de pasar un divertido tiempo en familia, trabajemos áreas que son fundamentales en su correcto desarrollo.
Hemos querido hacer el libro con el lenguaje más inclusivo posible; no obstante, para no duplicar los términos y ralentizar la lectura, cuando nos referimos a los niños, también están incluidas las niñas. Por padres nos referimos a todas las opciones posibles de familias, como familias monoparentales, con dos padres, dos madres…; cualquiera de los modelos es igualmente válido y está demostrado que un niño o una niña para crecer en plenitud y poder desarrollar todo su potencial necesita una figura de referencia que le quiera tal y como es, que le muestre su afecto, con independencia de si es una familia nuclear basada en un modelo tradicional, como cualquier otro modelo de familia.
El único requisito para educar es el amor, en todas sus versiones.
Existen muchos libros y manuales en el mercado sobre la educación de los más pequeños, pero pocos están enfocados desde un punto de vista práctico, y todavía hay menos que se basen en juegos y ejercicios para mejorar las habilidades que en un futuro estarán relacionadas con la felicidad de los niños. Sabemos que cuando el aprendizaje es divertido, se consolida mucho mejor y es más duradero.
Quiero mejorar mi papel como madre o padre, pero ¡no tengo tiempo!
El día a día en familia llega a ser agotador, se suman las obligaciones que como adultos tenemos a nivel laboral, con los compromisos personales, la gestión del hogar y nuestra labor como padres y madres. En absoluto queremos añadir más carga de trabajo a lo que ya tenemos. Somos conscientes de lo apretadas que llegan a ser las agendas familiares.
Por eso, hemos diseñado este libro para hacer en familia; de esta forma, trabajando en grupo, estimularemos las habilidades sociales, la autoestima y la seguridad, sabremos cómo superar los miedos del día a día y, además, seremos más felices.
De forma lúdica mejoraremos no solo la dinámica familiar, sino que trabajaremos con los niños habilidades que los psicólogos sabemos que son esenciales para su correcto desarrollo. No se trata de fórmulas mágicas, ni de obligaciones adquiridas, sino de ideas en forma de juegos que nos ayudarán a solventar las dudas que nos surgen relacionadas con su educación.
Se trata de invertir nuestro tiempo y nuestros recursos en lo que es, sin lugar a duda, uno de los mayores retos a los que nos enfrentaremos en nuestra vida: la educación de nuestros hijos.
«Me gusta aprender, pero odio que me enseñen».
Winston Churchill
Seguro que en muchas ocasiones te has podido sentir identificado con esta frase. Por eso hemos querido dar a este libro esta forma lúdica, para que, además de divertirnos, aprendamos todos y los consolidemos de una manera más sencilla.
«Si yo lo que quiero es ¡que mi hijo sea feliz!»
Existen muchas teorías sobre la felicidad. En este libro partimos de la idea de felicidad eudaimónica; es decir, sabemos que hacer muchas cosas divertidas proporciona momentos de felicidad, pero si queremos que sea duradera y a la vez vivir un sentimiento más intenso, tenemos que hacer acciones para conseguirlo. Nos sentimos felices cuando lo que hacemos nos hace sentir bien, sin embargo, la sensación de felicidad aumenta cuando conseguimos nuestros objetivos, cuando nos superamos a nosotros mismos y somos capaces de fluir con lo que hacemos.
Los niños y las niñas necesitan sentirse seguros, capaces, y saber que tienen estrategias y herramientas para enfrentase con éxito a la vida para conseguir sentirse realizados y felices.
Ante todo, queremos trabajar con los niños para conseguir una felicidad duradera y que dependa de ellos mismos, no de los demás. Que no necesiten que sean sus padres, profesores o sus amigos quienes se la proporcionen.
Cuando un niño o una niña sabe que no puede enfrentarse con éxito a situaciones de la vida cotidiana porque no ha desarrollado estrategias o recursos para hacerlo, no se siente capaz de aprender igual que los demás, o cree que necesita siempre a sus padres para que le resuelvan las situaciones del día a día, y esto podría afectar a su felicidad. Por eso, os proponemos fomentar las habilidades básicas que conocemos que todos necesitamos para poder llevar una vida plena y, en definitiva, ser felices.
Capítulo 1
ESTIMULA SU CEREBRO
Aroa Caminero Ruiz
¿Por qué estimular el cerebro de los niños?
Los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo del cerebro de las personas. Al nacer, los niños son totalmente dependientes de los adultos que les rodean, y, como padres, no solo debemos proporcionarles los cuidados básicos de alimentación, sueño e higiene1, sino que también debemos brindarles un ambiente estimulante y rico desde que son bebés para que puedan desarrollar al máximo sus capacidades. El cerebro de nuestros hijos necesita obtener información que le ayude a desarrollarse, y su evolución dependerá de la cantidad, tipo y calidad de los estímulos que reciba.
Los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo del cerebro.
Los estudios científicos han demostrado que una buena estimulación produce cambios profundos en el cerebro que ayudan a mejorar los procesos de aprendizaje y, por lo tanto, si como padres conocemos cómo se desarrolla su cerebro, podremos ayudar de un modo más efectivo a su desarrollo. Así, algunas de las principales nociones básicas que todo papá y mamá debería conocer sobre el desarrollo del cerebro de nuestros hijos son las siguientes:
El desarrollo del cerebro es un proceso continuo, aunque en algunos momentos de ese desarrollo, de repente, se producen avances muy grandes en determinados procesos cerebrales. Así, por ejemplo, desde los primeros meses de edad comienzan a desarrollarse algunos de los procesos necesarios para aprender a planificar nuestra conducta, pero es a partir de los 8-9 años cuando se produce una mejora notable en esta capacidad.
El desarrollo del cerebro está determinado por la genética, pero la estimulación y el ambiente que rodea al niño jugará un papel mucho más importante en dicho desarrollo, siendo imprescindible un ambiente de seguridad, cariño y amor parental2.
El desarrollo de las distintas regiones del cerebro no es igual ni se produce en todas las zonas a la vez. Así, por ejemplo, las zonas del cerebro encargadas de los sentidos y del movimiento son las primeras en desarrollarse y serán imprescindibles para que más tarde aparezcan otras funciones como el lenguaje, porque para poder hablar primero es necesario comprender lo que percibimos y saber coordinar los movimientos de la boca.
Durante el desarrollo del cerebro existen momentos clave para la adquisición de determinadas habilidades o destrezas. Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo del lenguaje, la mayoría de los autores están de acuerdo en señalar que el momento clave para adquirirlo correctamente es entre el primer año y los 6, aunque después de esta edad sigan desarrollando su capacidad comunicativa.
El cerebro de los niños aprende mejor a través del juego porque activa las bases cerebrales del placer y, al ser motivante en sí mismo, facilita el aprendizaje. Además, el juego también permite utilizar situaciones de la vida diaria como oportunidades para practicar nuevas habilidades.
Si los padres conocemos cómo funciona el cerebro, podemos ayudar a desarrollar el de nuestros hijos.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, en este capítulo trataremos de explicar de forma clara y concisa los principales hitos evolutivos que se producen en su desarrollo desde el nacimiento hasta los 12 años, proponiendo de una forma muy práctica juegos y actividades que es posible llevar a cabo en el día a día para crear un entorno estimulador en casa que favorezca el desarrollo de los principales procesos cerebrales de nuestros hijos en las distintas etapas evolutivas.
El cerebro en los niños de 0 a 3 años
Ya hemos visto que los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo posterior del cerebro, porque, durante esta etapa, el cerebro tiene una enorme plasticidad, es decir, aprende y cambia sus conexiones con mucha facilidad y rapidez. Como dato curioso, podemos decir que, al nacer, el cerebro de un bebé pesa aproximadamente la cuarta parte de lo que llegará a pesar de adulto. En solamente un año de vida el cerebro ya triplica su peso y durante el segundo año de vida adquiere tres cuartas partes de su peso total.
Las áreas cerebrales relacionadas con el movimiento y con los sentidos son las primeras en desarrollarse y consolidarse. Esto tiene su lógica a nivel evolutivo, ya que las experiencias motoras (sostener, andar, correr, lanzar…) y sensoriales (ver, tocar, chupar…) permiten al niño interactuar y experimentar directamente con el ambiente que les rodea para aprender de él. Así, el desarrollo motor y sensorial será la base del desarrollo de procesos cognitivos más complejos como el lenguaje o el razonamiento.
Las áreas cerebrales relacionadas con el movimiento y con los sentidos son las primeras en desarrollarse.
En esta etapa también se adquiere el lenguaje y será crucial para los avances en otras capacidades. Por esa razón, aprender a hablar permite a los niños expresarse y nombrar objetos, lo que a su vez hace que puedan pensar y razonar sobre ellos. La aparición del lenguaje también permite a los niños establecer relaciones sociales cada vez más complejas con sus iguales y con los adultos de referencia, ampliando sus intercambios sociales y afectivos, lo que facilita igualmente su adaptación al entorno.
Los niños en esta etapa también comienzan a establecer sus primeras relaciones lógicas, muy asociadas a las rutinas (por ejemplo: cuando lloro, me dan de comer; cuando se apaga la luz, me voy a dormir; si hago algo bien, me felicitan). Del mismo modo, empiezan a ser capaces de clasificar objetos según sus características físicas concretas.
Paseo con porteo
Para qué. Durante los primeros meses de vida, los bebés son muy dependientes de los padres y requieren que les cubramos sus necesidades físicas (alimentación, sueño, higiene), emocionales (calma, seguridad, vínculo, amor) y de desarrollo (estimulación sensorial, movimiento, lenguaje). Una de las actividades que podemos realizar con nuestros bebés para fomentar todas ellas es portearles, es decir, pasear mientras les llevamos en un portabebés pegados a nuestro cuerpo, ya que permite que nuestros hijos empiecen a explorar y percibir el mundo desde la seguridad del contacto materno o paterno. Así, el porteo favorece la estimulación visual (permite a los bebés ver y explorar el mundo), la estimulación olfativa (los bebés pueden percibir los olores del ambiente, pero sobre todo perciben el olor corporal de su madre o padre) y la estimulación auditiva (los bebes escuchan los sonidos del ambiente, así como el sonido del latir del corazón y de la respiración de su padre o madre). Además, también reciben estímulos táctiles (por ejemplo, el calor corporal de su madre o padre debido al contacto piel con piel) y de movimiento (porque la posición ergonómica del porteo permite mejorar el control postural del bebé).
Cómo
1. Coloca al bebé en posición ergonómica de porteo. Para ello, sigue las instrucciones concretas que encontrarás junto a cada portabebés.
2. Podemos utilizar el porteo para estar con nuestros bebés por casa mientras realizamos distintas actividades cotidianas. Así, estimularemos sus sentidos con los sonidos, olores y estímulos visuales de su entorno más cotidiano. Mientras lo hacemos es posible hablarles y contarles lo que estamos haciendo, cambiando el tono de voz y poniéndolo más agudo (el llamado baby talk) para captar más su atención y estimular el lenguaje.
3. También podemos salir a pasear por la naturaleza con nuestros bebés mientras les porteamos; así podrán percibir nuevos olores, la suave brisa y el sol de primavera; verán multitud de colores y texturas diferentes, así como escuchar variados sonidos.
4. Mientras les porteamos, podemos cantarles una nana en voz bajita aprovechando el poder relajante que tiene para los bebés. De esta forma, les ayudamos a desarrollar su discriminación auditiva y su capacidad de relajación.
5. Para estimular también su desarrollo motor, su equilibrio y su control postural, podemos hacer con nuestros bebés ligeros y suaves movimientos de baile mientras les porteamos, al mismo tiempo que les ponemos una música infantil.
Cuándo. Se puede realizar en cualquier situación en la que debamos transportar al bebé con nosotros. Es especialmente recomendable realizar esta actividad mientras salimos a pasear al exterior.
Cogiendo fuerzas
Para qué. Durante los primeros meses de vida el bebé tiene que adquirir la fuerza y el tono muscular que le permitirá moverse y ser autónomo en sus desplazamientos. Aprender a desplazarse y a moverse de forma autónoma también les permite conocer mejor su ambiente y favorece su curiosidad por aprender del entorno. Para estimularles, podemos realizar actividades como las siguientes:
Cómo
1. Los bebés suelen comenzar a gatear entre los 6 y 10 meses de edad. Para estimularles el gateo, podemos jugar a ponerles sus juguetes favoritos cada vez un poco más lejos de ellos para que traten de conseguirlos mediante el gateo. A partir de los 10-12 meses, también es posible estimular su movimiento construyendo circuitos de obstáculos3.
2. A partir del primer año, cuando ya caminan con más facilidad, es posible estimular la marcha autónoma a través del juego de las pistas. Consiste en esconder algunos objetos por una habitación y pedirles que vayan de un sitio a otro buscándolo. Podemos ir diciéndoles el nombre del objeto y el lugar en el que está escondido para estimular a la vez el lenguaje.
3. A partir de los 12-18 meses de edad es posible jugar con él proponiéndole distintos retos, como llevar su paquetito de pañal a la basura o recoger sus juguetes. Podemos complicarle estas tareas pidiéndole que haga pequeñas marchas rápidas o que se desplace de un modo diferente (por ejemplo, de lado a lado, dando saltos, despacio como un caracol…).
4. A partir de los 24 meses de edad podemos jugar con ellos a construir una tienda de campaña o un supermercado o una cocinita en el salón con distintos materiales como cojines, objetos, sábanas, cajas grandes y pequeñas, pinzas de la ropa…, dado que además de desarrollar las áreas del movimiento, también estimularemos el razonamiento y la creatividad.
Cuándo. En los momentos de ocio, especialmente los días que no se puede salir a la calle porque hace mal tiempo, por ejemplo. También es posible durante algunas de las rutinas diarias.
Mi primer razonamiento
Para qué. En esta etapa los niños comienzan a realizar sus primeros razonamientos, siendo ya capaces de establecer relaciones entre cosas y de hacer agrupaciones o clasificaciones según las características físicas de los objetos. Así, el proceso de clasificación representa los primeros pasos hacia razonamientos posteriores más complejos porque generan relaciones mentales entre objetos y distintos criterios: forma, color, tamaño…
Cómo
1. A partir de los 12-18 meses de edad los niños son capaces de relacionar objetos con imágenes. Para estimularles, te sugiero imprimir unas tarjetas con fotos de distintos objetos cotidianos y pedirle al niño que ponga encima de cada foto el objeto real que corresponde.
2. A partir de los 18-24 meses los bebés ya son capaces de distinguir los colores, por lo que podemos jugar con ellos a que hagan bolas de plastilina de distintos colores y las introduzcan en los botes que están pintados del mismo color. Esto también se puede hacer con otros materiales para que los niños clasifiquen según la forma o tamaño de los objetos.
3. A partir de los 24 meses los niños ya pueden clasificar aspectos más complejos, como por ejemplo, el hábitat de los animales, por lo que se puede jugar a que coloquen distintos animales de juguete encima de imágenes o libros donde se represente la playa, la selva, la granja, etc.
4. A partir de esa edad, también podemos elaborar una «carpeta de plásticos de cosas bonitas» donde es posible exponer con su ayuda durante un tiempo representaciones de cosas que queramos que el niño aprenda, como fotos o dibujos de frutos del otoño o fotos de las vacaciones de medios de transportes, etc. Esto también podemos exponerlo en una cuerda (colgando las fotos o dibujos con pinzas), en la pared o en un corcho.
5. Con los niños cercanos a los 3 años se puede empezar a realizar con ellos experimentos sencillos como, por ejemplo, echar una gota de colorante en un vaso de agua para que vean cómo se mueve el color dentro del vaso o sembrar una lenteja para ver cómo crece a través de los cuidados que le damos.
Cuándo. En momentos de ocio o cuando queráis reforzar algunos aprendizajes del colegio o escuela infantil.
Explosión de vocabulario
Para qué. Los niños aprenden a hablar escuchando hablar a las personas de su entorno, por lo que en esta etapa es imprescindible estimular el lenguaje de nuestros hijos hablándoles mucho. Por otro lado, suelen comenzar a decir sus primeras palabras alrededor de los 12 meses de edad, y mientras que alrededor de los 18 meses suelen utilizar unas veinte palabras, a los dos años los niños ya tienen un vocabulario de unas doscientas palabras aproximadamente y a los 3, de unas mil palabras, por lo que es fundamental estimularles con actividades como las siguientes para favorecer esta capacidad:
Cómo
1. Durante los primeros meses de vida les estimula a hablar el hecho de que respondamos con palabras cariñosas a los intentos comunicativos que realizan a través de sonidos o balbuceos.
2. Desde los primeros meses de vida también les podemos introducir en el mundo de la lectura. Por ejemplo, narrarles cuentos muy cortos, de una forma sencilla, señalando los dibujos, gesticulando y haciendo onomatopeyas de los objetos o seres que aparecen. Cuanto más llamativo lo hagamos, mejor.
3. A partir del primer año de vida, empiezan a decir sus primeras palabras y podemos estimular su vocabulario nombrándole sus juguetes, sus partes del cuerpo, las acciones que hemos hecho en el día, imitar los sonidos de los animales y decir cómo se llama cada animal. Después, iremos pidiéndole que lo hagan ellos.
4. A partir de los dos años también es posible hacer juegos simples como pedirles que terminen las palabras que les vamos diciendo o que acaben las frases de sus cuentos favoritos, ya que, a esta edad, además les encanta ver y escuchar las cosas de forma repetida, lo que también ayudará a su memoria.
5. A partir de esta edad ya son capaces también de seguir instrucciones sencillas, así como de imitar al adulto. Por ello, es muy buena idea estimularles con canciones como «Soy una taza», que requieren hacer lo que dice la letra de la canción, porque, además de estimular el lenguaje y el seguimiento de órdenes, también estimula el sentido del ritmo, el movimiento y el autocontrol.
Cuándo. En momentos de ocio o cuando queráis reforzar algunos aprendizajes del colegio o escuela infantil.
El cerebro en los niños de 3 a 6 años
En esta etapa, los niños ya no son tan dependientes como en la etapa anterior, dado que han adquirido un mayor tono muscular general y una mayor fuerza, habilidad y destreza en sus movimientos, lo que les permite ser más autónomos y poder manipular objetos para experimentar el mundo. Esto, junto al hecho de que la percepción visual ya está madura al finalizar la etapa preescolar, hace que los niños tengan una mejor coordinación ojo-mano y más facilidad para dibujar y escribir.
En esta etapa los niños también empiezan a desarrollar la imagen mental de su cuerpo en relación con los objetos que le rodean y mejoran su capacidad para orientarse en el espacio. Al mismo tiempo, perfeccionan la capacidad para razonar y entender las consecuencias que siguen a algunas acciones. También aparece la capacidad para hacer dibujos sobre las cosas y pensar sobre temas concretos que pueden percibir.
De igual modo se produce una mejora en el lenguaje, lo que permite la aproximación a la lectura a partir de los 4-5 años. La lectura a su vez hará que los niños puedan a acceder a nuevos aprendizajes y enriquecerá aún más su lenguaje.
A lo largo de estos años, también se desarrollan otras capacidades cognitivas muy importantes para el aprendizaje, como son la atención (véase Capítulo 2, «Consigue que presten atención») y la memoria. Así, por ejemplo, entre los 2 y 3 años, los niños ya son capaces de retener dos ítems en su memoria a corto plazo.
Igualmente comienza a desarrollarse algunas funciones ejecutivas, que son aquellas actividades mentales que permiten a los niños controlar, planificar y regular su comportamiento para adaptarse mejor al entorno.
Yo te superviso
Para qué. En esta etapa ya podemos trabajar con los niños la capacidad de supervisar la conducta de los demás y la suya propia, porque así practican la «reflexión de la acción», que es un aspecto fundamental para que realicen adecuadamente sus actividades cotidianas y les permite darse cuenta de los errores para corregirlos.
Cómo
1. Elegimos una actividad que pueda ser motivante, como contar las moneditas de la hucha antes de comprar algún premio (conviene tener en cuenta que, si el niño es muy pequeño, la capacidad para contar todavía es limitada).
2. Mientras nosotros vamos contando, tiene que supervisar que lo estemos haciendo correctamente (podemos equivocarnos a propósito para ver si lo está supervisando bien). El niño no puede decir si hemos contado correctamente o no hasta que termine de contar todas las monedas; así trabajamos también la capacidad de esperar hasta que llegue su turno.
3. Si ya tiene 5 o 6 años, podemos utilizar una hoja de comprobación para que vaya apuntando el número de monedas. Otra actividad es grabarles a ellos mismos contando para que después se vean y se supervisen ellos mismos.
4. Se pueden utilizar otras actividades en las que el niño pueda supervisar al adulto, como decir todos los dibujos de una lámina, recoger todos los juguetes de la habitación, etc.
Cuándo. Podemos hacer esta actividad cuando volvemos de hacer la compra para revisar las vueltas o cuando tengamos que contar cualquier otra cosa en nuestras rutinas cotidianas (por ejemplo, contar servilletas para poner la mesa).
¿A qué juego hoy?
Para qué. El momento del juego es ideal para empezar a trabajar con los más pequeños la capacidad de planificación. Para ello, les pediremos que organicen de forma explícita el juego que van a realizar y qué papel va a desempeñar cada uno de los participantes en el mismo. Este tipo de actividades también favorece el lenguaje, así como la imaginación y la creatividad. También desarrolla la interiorización de reglas y las habilidades sociales4.
Cómo
1. Les preguntaremos primero a qué quieren jugar.
2. Después, les haremos pensar qué juguetes o materiales necesitarán. También les pediremos que nos expliquen cómo van a jugar, de qué manera utilizarán cada juguete o material y qué dinámica seguirán con ellos.
3. Estableceremos con ellos qué papel en el juego va a tener cada participante y cuáles son las tareas asignadas a cada rol (qué puede hacer cada uno de ellos).
4. A los más pequeños les pediremos que hagan un dibujo sobre los pasos anteriores.
5. Si ya tienen 5-6 años y han aprendido a escribir, puedo pedirles que escriban lo anterior de una manera muy sencilla para trabajar también la escritura de una forma lúdica.
Cuándo. Cuando vayamos a jugar con ellos o quieran jugar solos o con otros niños, podemos aprovechar para trabajar esta actividad.
¿De qué iba este cuento?
Para qué. La memoria a corto plazo verbal nos permite almacenar información verbal para realizar aprendizajes, resolver problemas o recordar información que nos hace falta en un momento determinado; de ahí su importancia para que aprendan y se desenvuelvan correctamente en su día a día.
Cómo
1. Escogemos un cuento o relato corto (conviene tener en cuenta que el tiempo en que los niños mantienen la atención durante esta etapa es corto5). Podemos dejar a nuestros hijos que elijan ellos mismos el cuento que quieren que les leamos, puesto que si están más motivados, aumentan la atención y por tanto la capacidad de memorización. Les leemos el cuento despacio y con buena entonación para evitar que se aburran y nos atiendan más.
2. Después, les pediremos que nos relaten todos los detalles que recuerden sobre el cuento para que hagan un ejercicio de recuerdo libre, trabajando también así su capacidad de discurso oral. Del mismo modo, es posible hacerles preguntas sencillas sobre el texto para trabajar al mismo tiempo la capacidad de razonamiento lógico. A partir de los 4-5 años se les puede pedir que pongan los hechos que recuerden de la historia en orden para trabajar la orientación temporal.
3. Igualmente, aprendiendo canciones, poesías, adivinanzas o trabalenguas (mejorando al mismo tiempo la capacidad de expresarse mediante el lenguaje, el razonamiento lógico o el ritmo).
Cuándo. Cada vez que leamos un cuento o veamos una película o escuchemos una canción juntos.
Discriminación de letras y sonidos
Para qué. Para una adecuada adquisición de la lectoescritura, es fundamental que los niños sepan percibir y discriminar adecuadamente las letras visualmente, así como reconocer los sonidos auditivamente para luego poder asociar los sonidos con las letras (asociación fonema-grafema). Por ello, es conveniente hacer ejercicios de este estilo con los niños ya que también trabajamos de forma indirecta la atención y la memoria.
Cómo
1. Pediremos al niño que esté muy atento a un determinado sonido, por ejemplo, »a», y que levante la mano cada vez que lo oiga mientras vamos diciendo en alto distintas letras o palabras.
2. Otra actividad puede consistir en decirle al niño pares de palabras y que el niño nos tenga que decir si son iguales o diferentes. Por ejemplo: «paño-pato», o bien «horquilla-hormiga», «loro-loro»…
3. Para trabajar la discriminación visual de las letras, se puede usar una ficha con distintas letras y pedirle que repase con un lápiz una letra determinada, de este modo trabajaremos también su coordinación ojo-mano y su capacidad de escritura.
4. Asimismo podemos pedirle que copie con plastilina algunas letras o que recorte la letra que le pedimos entre otras letras para trabajar también su destreza manual.
5. Cuando caminamos o paseamos por la calle, es posible jugar a identificar alguna letra concreta entre los carteles de la calle.
Cuándo. Se puede realizar esta tarea en momentos cotidianos como pasear, en ratos de ocio o en el tiempo de deberes.
El cerebro en los niños de 6 a 9 años
Para conocer mejor cómo funciona el cerebro, podríamos compararlo con una orquesta de músicos. Así, los distintos procesos cerebrales serían los distintos músicos de la orquesta (el lenguaje, la memoria, la percepción, la coordinación motora, etc.) y la parte del cerebro que está justo encima de los ojos (lóbulos prefrontales) sería el director de la orquesta, que se encargaría de recibir y coordinar la información que viene de otras partes del cerebro para conseguir una meta común (planificar lo que vamos a hacer, revisar cómo nos está saliendo lo que hacemos, tomar decisiones, reflexionar antes de dar una respuesta a una pregunta que nos han hecho, buscar distintas estrategias para resolver un problema y evaluar cuál es la más eficaz…). En esta etapa evolutiva, a partir de los 6 años, empiezan a producirse grandes avances en el director de orquesta del cerebro, permitiendo que los niños a esta edad ya sean capaces de elaborar estrategias para realizar actividades de forma eficaz y planificar tareas simples y buscar nuevas y variadas soluciones a sus problemas y a los errores que cometen.
A partir de los 6 años se producen grandes avances en la zona del cerebro que se encarga de buscar soluciones.
Entre los 7 y los 9 años comienzan a tener un pensamiento más guiado por la lógica, aunque todavía está muy centrado en lo que pueden percibir de forma concreta por los sentidos. Por otro lado, empiezan a ser capaces de representarse mejor el presente y el futuro al mejorar su capacidad de orientarse en el tiempo. También mejora la capacidad para ordenar secuencias de hechos.
La mejora en el director de orquesta del cerebro en esta etapa igualmente permite que a partir de los 7-8 años comiencen a utilizar estrategias de memoria para recordar mejor la información. Por otro lado, en esta etapa también se produce un gran desarrollo en el conocimiento matemático debido a la evolución de otros procesos como el razonamiento, la capacidad de planificarse y evaluar la propia conducta y la mejora en el lenguaje, lo que ya les permite hacer cálculos mediante operaciones matemáticas simples.
Buscando estrategias de memoria
Para qué. Coincidiendo con el incremento brusco que se da en esta etapa en la actividad cerebral de los lóbulos prefrontales (el director de orquesta del cerebro), comienzan a utilizar de manera espontánea estrategias de aprendizaje y de memoria. Sin embargo, estas estrategias requieren trabajo y esfuerzo, ya que dependen del control consciente del niño, por lo que podemos enseñarles algunas de ellas para favorecer sus aprendizajes en estas edades.
Cómo
1. Es posible enseñarles a elaborar la información, pensando en ejemplos de esa información para que la recuerden mejor. Los niños a esta edad también aprenden mejor utilizando el contexto. Por ejemplo, recuerdan mejor una palabra cuando la dicen en una frase que cuando se les da una definición.
2. También les facilita aprender algo el hecho de construir una imagen de lo que están aprendiendo. Por ejemplo, cuando se aprenden las horas, les pedimos que se imaginen o que miren la foto de un reloj en las doce en punto y que nos expliquen cómo es.
3. Otra estrategia que beneficia la memoria es la organización de la información que tienen que aprender. Por ejemplo, si se deben aprender los tipos de seres vivos, es más fácil recordarlos si se clasifican por determinadas características similares o diferentes que si los tienen que recordar únicamente por su nombre.
4. Sin olvidar el repaso, dado que la repetición consciente de la información que se han aprendido los niños permite aumentar el tiempo en que se mantiene en la memoria. Sin embargo, el repaso como mera repetición no funciona; lo aprendido debe estar elaborado a través de estrategias como las anteriores.
Cuándo. Esta actividad es posible utilizarla siempre que tengan que estudiar para un examen. También se puede usar cuando los niños nos pregunten sobre el significado de alguna palabra que no conocen o cuando tengan curiosidad por aprender algo nuevo del entorno.
El encargado de la compra
Para qué. Los padres no tenemos que ser la memoria externa de los niños ni sus agendas, por lo que desde pequeños deben aprender a planificarse adecuadamente y acordarse de sus rutinas cotidianas. Hacer la compra es una buena oportunidad para poner en marcha la función ejecutiva y la memoria de nuestros hijos, haciendo que no se aburran y que utilicen también los números y el razonamiento matemático.
Cómo
1. Antes de hacer la compra, explicaremos a nuestros hijos que ese día van a ser los «encargados de la compra».
2. Para ello, antes de salir de casa nos tienen que ayudar a revisar la nevera y los armarios de la cocina para ver qué es lo que hace falta y elaborar la lista de la compra.
3. Ya en el supermercado, nos tienen que ir dirigiendo hacia los pasillos correspondientes para recoger los productos.
4. Comparar los productos y los precios será la principal tarea a la que nos tienen que ayudar. Para ello, les iremos pidiendo que cojan la leche más barata, la más cara o la de un precio intermedio.
5. A los más mayores les pediremos que nos ayuden a hacer comparaciones más complejas que requieren poner en práctica multiplicaciones, descomposiciones o divisiones, como por ejemplo, comparar artículos sueltos o en paquetes o comparar los precios por unidad.
Cuándo. Siempre que vayamos al supermercado o a otro tipo de tiendas donde sepamos que tardaremos un buen rato.
El cerebro en los niños de 9 a 12 años
En cuanto a los procesos sensoriales, en esta etapa se producen procesos de perfeccionamiento visual. Así, por ejemplo, a los 9 años ya son más capaces de procesar los detalles de las cosas como parte de un todo y a los 11 años dominan este tipo de procesamiento visual.
En cuanto al lenguaje, también se producen mejoras que permiten perfeccionar esta área, ya que entre los 11 y los 13 años se produce un nuevo desarrollo de las áreas cerebrales involucradas en el lenguaje y perfeccionan la gramática y sobre todo la pragmática, es decir, la capacidad de adaptar el lenguaje a distintas situaciones sociales (por ejemplo, utilizar «usted» cuando hablamos con personas mayores o cuando hablamos con personas que no conocemos en una situación formal).
Por otro lado, al finalizar esta etapa ya son capaces de llevar a cabo tareas de resolución de problemas, comprobar hipótesis y planificar estratégicamente una conducta. Su ejecución en tareas de memoria ya es muy similar a la del adulto (a los 12 años ya son capaces de retener series de hasta 6 o 7 ítems). Sin embargo, todavía les falta por desarrollar el componente de regulación emocional y motivacional que les permita ser completamente eficaces en las tareas.
En esta etapa la capacidad de memoria ya es muy similar a la de un adulto.
Lo más llamativo de esta etapa es el gran avance que se produce en la capacidad de razonamiento, dado que a partir de los 11-12 años se desarrolla la capacidad de abstracción y de hacer hipótesis aplicando principios más lógicos que en la etapa anterior (el razonamiento ya no se realiza sobre realidades concretas, sino sobre hipótesis que luego pueden ser contrastadas con la realidad). Además, a partir de los 8-9 años los niños ya pueden utilizar de un modo más eficaz el pensamiento crítico6 y el pensamiento creativo, lo que les permitirá entre otras cosas, pensar de forma novedosa y encontrar soluciones diferentes a los problemas.
Cerebro flexible como una goma
Para qué. Los niños creativos tienen más facilidad para resolver los problemas que se encuentran y lo hacen con menor estrés o ansiedad. Además, su autoestima7 se verá reforzada al sentirse con mayor capacidad y con más recursos para generar ideas nuevas y originales. Así conseguimos que de forma indirecta muestren más tenacidad y una mayor tolerancia a la frustración en situaciones complicadas.
Cómo
1. Una manera de trabajar su creatividad es proponerles juegos o actividades que desarrollen su pensamiento divergente, es decir, la capacidad para dar más de una respuesta diferente a un mismo problema.
2. Un juego que podemos hacer con ellos es hacer un garabato en un papel y que piensen todo lo que podría ser ese garabato. Podemos complicarlo haciendo varios garabatos que tengan que combinar para percibir algo más complejo.
3. También es posible utilizar las nubes para hacer un juego similar, en el que le preguntaremos a los niños a qué objetos o seres vivos conocidos les recuerdan las formas de las nubes.
4. Otra actividad para trabajar el pensamiento convergente verbal puede ser escribir el mayor número de palabras que se les ocurran que cumplan una regla (por ejemplo, que empiecen por s y tengan cuatro letras).
5. O podemos enseñarles un dibujo sobre una situación social y que nos digan todas las preguntas que se les ocurran sobre ese dibujo.
Cuándo. Este tipo de actividades podemos proponerlas cuando realicemos juegos en familia o incluso en cumpleaños o fiestas familiares, donde pasaremos un buen rato, además de estar trabajando la creatividad.
Adivina, adivinanza
Para qué. Jugar a las adivinanzas permite a los niños comprender mejor el lenguaje, así como asociar ideas, razonar de forma lógica y, sobre todo, aprender a «leer entre líneas» estableciendo relaciones entre la información que les da la adivinanza y sus conocimientos previos. Aunque podemos jugar con ellos a las adivinanzas del modo tradicional (se trata de que les leamos adivinanzas y traten de averiguarlas), una manera de complicar el ejercicio para los niños de esta edad es pedirles que creen adivinanzas nuevas.
Cómo
1. Para que elaboren una adivinanza, les diremos que elijan un objeto que haya que adivinar. Por ejemplo, un paraguas.
2. El segundo paso será observar cuáles son las cualidades que mejor lo caracterizan. Por ejemplo, protege de la lluvia, es de tela, tiene un mango…
3. Después les pediremos que traten de encontrar palabras precisas que expliquen bien esas características y que ayuden a adivinar el objeto en cuestión. Por ejemplo, tiene una forma parecida a la de un paracaídas.
4. Posteriormente tienen que tratar de formular la adivinanza con las características básicas, pero con frases cortas y el menor número de palabras. Por ejemplo, «me llevan para la lluvia y me usan de techito, quedándome mojadito».
5. El último paso puede ser que digan la adivinanza a otras personas. Si la mayoría de las personas la aciertan, la adivinanza estará bien hecha. Si las personas contestan cosas distintas al paraguas, le pediremos que revise los pasos para hacer la adivinanza aún más clara.
Cuándo. Podemos utilizar este tipo de juegos en situaciones en las que tengamos que esperar para estar más entretenido, en viajes en coche, etc. También se puede utilizar en reuniones familiares o fiestas de niños.
Recuerda que…
Los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo de las habilidades cognitivas, sensoriales, emocionales, sociales y físicas de nuestros hijos. El desarrollo de estas habilidades depende en su mayor parte de la estimulación que reciben del entorno, por lo que es imprescindible que los padres les proporcionemos las experiencias que necesitan en cada etapa del desarrollo.
Las áreas cerebrales relacionadas con el movimiento y con los sentidos son las primeras en desarrollarse, por lo que será fundamental que en la primera infancia les permitamos interactuar y experimentar con el ambiente que les rodea.
El desarrollo del lenguaje es crucial para que puedan pensar acerca del mundo y es una habilidad imprescindible para relacionarnos con los demás, por lo que se trata de un área prioritaria que debemos estimular desde que nuestros hijos son bebés. La función ejecutiva (el director de orquesta del cerebro) empezará a cobrar una vital importancia en su desarrollo a partir de los 6 años y les permitirá adaptarse mejor al mundo que les rodea.
Con 8 o 9 años ya son capaces de pararse a pensar en su propio aprendizaje, por lo que será un buen momento para empezar a trabajar estrategias de estudio y de aprendizaje, tales como técnicas de memoria.
Todos los días ponemos en práctica nuestro razonamiento matemático para multitud de actividades de la vida cotidiana, por lo que incorporar ejercicios de estimulación de esta área desde pequeños permitirá a nuestros hijos estar mejor adaptados y comprender adecuadamente los conceptos más complejos.
En la etapa de la preadolescencia se produce un gran avance en el pensamiento abstracto, en el pensamiento crítico y en la capacidad de realizar inferencias, por lo que será el momento perfecto para estimular la capacidad de pensar por su cuenta y llegar a sus propias conclusiones.
1 Véase Capítulo 14: «Mens sana in corpore sano».
2 En el resto de los capítulos de este libro se trabajarán distintas actividades que fomentan una relación de amor incondicional y de seguridad para nuestros hijos.
3 Véase Capítulo 4, «Yo solito. Fomenta su autonomía».
4 Véase Capítulo 7: «Me relaciono con los demás. Entrenando las habilidades sociales».
5 Véase Capítulo 2: «Consigue que presten atención».
6 Véase Capítulo 5: «Enséñale a pensar por sí mismo. Que tome sus propias decisiones».
7 Véase Capítulo 6: «Fomenta su autoestima».
Capítulo 2
CONSIGUE QUE PRESTEN ATENCIÓN
Tatiana Fernández Marcos
¿Qué es prestar atención?
Los padres deseamos que nuestros hijos sean capaces de prestar atención a lo que les pedimos y también que atiendan a aquello que consideramos importante para ellos. También queremos que en el futuro sean capaces de plantearse sus propias metas y de alcanzarlas. Esto implica que los niños a lo largo de su desarrollo vayan adquiriendo control sobre su propio comportamiento para seleccionar los objetivos que quieren alcanzar, poner en marcha las acciones que les permitan conseguir dichos objetivos y supervisar durante el proceso si lo están haciendo bien. Todo ello requiere que el niño desarrolle una adecuada capacidad para prestar atención y controlar su propio comportamiento.
Prestar atención implica pararse, observar y reflexionar antes de actuar, y para ello es necesario tener autocontrol. En definitiva, para alcanzar cualquier meta o desempeñar cualquier acción con éxito, ya sea tener un buen rendimiento académico o aprovechar las actividades deportivas, es necesario que los niños presten atención y tengan autocontrol. Los niños deben aprender a controlar su comportamiento y pararse para tomar decisiones premeditadas, menos impulsivas y más acertadas en sus acciones del día a día. Adquirir control del cuerpo y de las acciones también contribuirá a que logren un buen control emocional1.
Prestar atención implica pararse, observar y reflexionar antes de actuar.
En este capítulo hablaremos de la capacidad para prestar atención, pero es importante entender previamente qué es la atención. La atención es la respuesta o reacción a los estímulos del entorno, entendiendo por estímulo cualquier sonido o imagen que captamos por los sentidos del oído o la vista. La atención durante el primer año de vida es una respuesta innata que garantiza la supervivencia del niño. Los estímulos, como la cara de la madre, las luces brillantes o los sonidos llamativos, son los que captan la atención del bebé. Hasta los 7 años predominará la atención involuntaria, es decir, la atención del niño estará guiada por los estímulos que sean más llamativos.
El niño, además de las reacciones innatas, pronto pasará a reaccionar a otros estímulos que le resultan interesantes, como juguetes, alimentos, el habla de los adultos o las pantallas. La televisión o las tabletas son estímulos muy potentes que tienen una gran capacidad para captar su atención debido a que presentan sonidos e imágenes coloridas y que cambian con rapidez, como los dibujos animados. Por ello se recomienda que, al menos hasta los 3 años de edad no estén expuestos a pantallas. La televisión y las pantallas sobreestimulan el sistema nervioso central impidiendo que los pequeños estén en calma2. Es importante que la atención de los niños sea captada por otros estímulos visuales, auditivos y táctiles que les guíen a la exploración del entorno, la comunicación con los adultos y que, en definitiva, favorezcan un desarrollo equilibrado3.
A partir de los 4 años empieza a madurar el lóbulo frontal, que permitirá que adquiera un control sobre su atención. A partir de los 7 ya podrá sobreponerse la atención voluntaria del niño sobre la involuntaria; es decir, ya puede guiar su atención hacia aquello que desea atender, por ejemplo, las indicaciones de los padres, las instrucciones de un juego o las explicaciones del profesor. La atención voluntaria es una acción que exige un esfuerzo por parte del niño, es decir, que tenga control sobre sus actos. Así, cuando hablamos de prestar atención nos referimos a la atención voluntaria, y esta exige autocontrol. A lo largo de este capítulo hablaremos de cómo conseguir mejorar la capacidad para prestar atención en los niños.
De los 4 a los 12 años mejora la capacidad para prestar atención.
La atención se desarrolla en todos los niños; es un proceso adaptativo para el ser humano. Los contextos formales ayudan a desarrollar la capacidad para prestar atención. Por ejemplo, la escuela, que nos obliga a pararnos, sentarnos, escuchar más que hablar, respetar el turno y seguir unas instrucciones concretas para hacer un ejercicio. También algunas actividades extraescolares, juegos de mesa o juegos de patio de colegio que siguen reglas, favorecen el desarrollo del autocontrol y de la atención.
La capacidad para prestar atención puede no haberse desarrollado lo suficiente debido a que no se le ha pedido que se pare a observar y a pensar antes de actuar. La práctica del niño en tareas que exigen autocontrol es el camino para que vaya interiorizando el control de su atención y de su comportamiento. Por ello proponemos a las familias juegos infantiles con los que podrán favorecer el desarrollo de esta habilidad.
Cabe destacar que la atención se ve afectada por factores ambientales que conviene tener en cuenta. No en todos los momentos se atiende igual. La atención puede variar en un mismo niño de un momento a otro dependiendo de:
Lo motivadora que le resulte la actividad que está haciendo. Si al niño le gusta hacer construcciones, cuando utilicemos este juego estará más concentrado.
Su nivel de activación fisiológica. Esta es la activación cerebral o nivel de alerta, y depende del sistema nervioso autónomo y del endocrino. Cuando la activación fisiológica del niño es baja, observaremos que se muestra cansado, fatigado y que se dispersa con facilidad. Esto ocurre si ha dormido mal4; inmediatamente después de las comidas o después de una actividad física o mental intensa.
La hora del día. En las primeras horas del día la capacidad para prestar atención es mayor. Por tanto, si queremos insistir en que hagan una tarea que les resulta poco interesante, será importante elegir bien la hora del día para conseguir que se concentren mejor.
A pesar de que la atención puede variar de un momento a otro, esta oscilación se produce dentro de unos límites propios para cada niño.
Algunos tendrán tendencia a atender mejor que otros y a ejercer un mejor autocontrol, pese a ligeras variaciones concretas, debido a factores biológicos y ambientales. En este sentido, niveles muy bajos de atención en niños pueden ir asociados a dificultades emocionales, trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad/impulsividad (TDAH) o retraso madurativo en el desarrollo. Se sabe que el lóbulo frontal del cerebro de los niños con TDAH es diferente funcionalmente al de otros que no tienen este problema.
La atención se ha clasificado en tres tipos: atención selectiva, atención sostenida y control atencional.
La atención selectiva es la capacidad para discriminar y seleccionar lo que es útil e importante. Se pone en marcha cuando el niño trata de encontrar un libro concreto en una estantería llena de libros o un producto en las baldas del supermercado.
La atención sostenida es la capacidad para mantener la atención durante un periodo de tiempo largo y estar alerta. Esto es lo que se les exige cuando se encuentran en clase. Dicha atención está implicada en la perseverancia en las tareas.
El control atencional es la capacidad para cambiar la atención de una cosa a otra (atender a varias cosas a la vez). Este tipo de atención se pone en marcha cuando el niño deja de prestar atención al compañero o de mirar por la ventana para volver a centrarse en la explicación del profesor. Cada uno de los tres tipos de atención se puede desarrollar propiciando actividades cotidianas y juegos.
La buena noticia, ahora que sabemos lo que es la atención y la capacidad para prestar atención, es que es posible ayudar a los niños a adquirir autocontrol y a prestar atención.
¿Por qué es importante mejorar la capacidad para prestar atención?
La atención es la ventana al mundo. Atender es el proceso cognitivo más básico que nos permite percibir y registrar la información que captamos por los sentidos de la vista y el oído. Atender es el primer paso para el aprendizaje, porque si no atendemos, no podemos adquirir conocimientos nuevos ni generar asociaciones entre conceptos nuevos y los que ya tenemos consolidados.
Asimismo, atender es necesario para memorizar; si no prestamos atención a algo, no lo registraremos y consecuentemente no podremos recordarlo tiempo después. La atención nos permite percibir de forma consciente el mundo que nos rodea. Por todo ello, parece más que obvio que es importante que seamos capaces de prestar atención cuando lo deseemos y que resulta relevante que los niños sean capaces de regularla.
Por otro lado, la falta de autocontrol que experimentan algunos niños no solo se manifiesta en dificultades para prestar atención, sino que en algunos casos va unido a movimientos excesivos, descontrolados e impulsivos. Cuando los niños no están atentos en clase cometen errores en los ejercicios, no les da tiempo a terminar las tareas, no anotan u olvidan los deberes que les mandan para casa o no se enteran de si hay un examen al día siguiente. La consecuencia es que se pueden quedar atrás en los conceptos explicados y pueden aparecer dificultades escolares. Por tanto, es conveniente enseñarles a prestar atención porque indirectamente facilitaremos su aprendizaje en el colegio.
A nivel social, la falta de autocontrol en los niños les puede llevar a no respetar el turno de palabra en el aula, a interrumpir al profesor o a molestar a sus compañeros. Saber escuchar a sus amigos y mantener la calma en los juegos les ayudará en su relación con otros niños5. Los pequeños también pueden inquietarse a la hora de cumplir con las tareas de casa que requieren estar parados o tener paciencia, como, por ejemplo, mantenerse sentados en la mesa durante la comida o hacer los deberes. En estos casos, ayudarles a que desarrollen la capacidad de autocontrol frente a dejarse llevar por lo que les resulta atractivo, interesante o gratificante facilitará el cumplimiento de normas en casa y la adquisición de responsabilidades y autonomía6.
Por otro lado, si el niño no tiene un buen control de sus acciones, es más fácil que cuando experimente emociones intensas se deje llevar por ellas actuando de forma impulsiva e inapropiada. Por ejemplo, pegando o insultando a otros si se enfada mucho. En el capítulo «Desarrolla su Inteligencia Emocional» encontraréis juegos específicos para enseñar a canalizar y gestionar adecuadamente las emociones7.
Ejercicios, actividades y juegos para mejorar la capacidad de prestar atención
A continuación abordaremos qué capacidad para prestar atención tienen los niños según la edad y a proponer ejercicios concretos que ayudan a desarrollar el autocontrol y la capacidad de prestar atención según su etapa evolutiva. Además, se proponen ejercicios para estimular cada uno de los tres tipos de atención: atención selectiva, atención sostenida y control atencional.
De 0 a 3 años
En esta etapa la atención es principalmente involuntaria, es decir, los niños tienen poca capacidad para prestar atención durante un tiempo sostenido a algo concreto. Se considera que a partir de los 2 años son capaces de prestar atención durante unos cinco o siete minutos. Este es el tiempo durante el cual se les puede entretener haciendo una misma tarea sin que se agoten, y después necesitarán cambiar de actividad. A continuación se presentan algunos juegos que son apropiados para el desarrollo de la atención en el periodo de 0 a 3 años.
¡Lo bueno se hace esperar!
Para qué. Para empezar a desarrollar autocontrol, ya que es fundamental que el niño aprenda a demorar obtener lo que le gusta. Si le enseñamos desde pequeño a esperar un poco antes de conseguir aquello que desea, le estaremos enseñando a que según crezca comience a tener autocontrol y sepa esperar.
Cómo
1. Los padres o encargados del niño somos los responsables de motivarle y guiarle en el autocontrol. Por ejemplo, mostrándole algo que sabemos que quiere mucho y que deseará tomar, como una pintura mientras hacemos un dibujo. Lo que haremos es tratar de conseguir que demore el tomarlo, es decir, que espere un poco más de lo que desea.
2. Este tiempo se irá alargando muy poco a poco según vaya consiguiendo éxito en el juego, de forma que adquiera paulatinamente más autocontrol, siendo capaz de esperar de forma tranquila un tiempo mayor.
3. Al principio le puede generar alguna pequeña frustración; por ello será bueno incrementar el tiempo poco a poco y que le motivemos anticipándole que si espera, obtendrá lo que quiere, por ejemplo: «tienes que decirme el color de la pintura si quieres que te la dé».
4. Como al inicio no tendrá autocontrol, tendremos que ejercerlo nosotros, y por eso seremos los encargados de darle la pintura, en lugar de que la elija él.
5. Este ejercicio se hace con cosas que desea mucho porque precisamente el carácter gratificante y motivador de conseguir lo que desea se asociará a la espera y se fortalecerá, de forma que irá interiorizando eso que de forma popular nos han enseñado: «lo bueno se hace esperar».
Algunas variaciones de este juego son las siguientes:
• Tiene que decir el color de los lacasitos, las construcciones, las pinturas… antes de dárselos.
• Le ponemos la pelota o el juguete cada vez más lejos y le animamos a que vaya a por ella. ¡Lo tiene que conseguir solo!
• Hacemos una carrera a por la pelota y debe esperar en la línea de salida hasta que contemos hasta, por ejemplo: tres, cinco, diez…
Cuándo. Este ejercicio se puede incorporar en la dinámica de otros juegos. Por ejemplo, «te voy dando las piezas de las construcciones, pero me tienes que decir antes el color de la pieza». Cuando leemos un cuento por la noche podemos decirle que es necesario terminar una página o cuento entero antes de pasar a otro. También se desarrolla el autocontrol cuando le pedimos que recoja los juguetes antes de sacar otros.
En la hora de la comida es posible jugar a que nos diga el nombre del alimento, si ya lo conoce, antes de llevárselo a la boca. Le enseñará a no comer de forma impulsiva o con ansia, lo que suele suceder con los alimentos que les gustan mucho y cuando ya son ellos los responsables de llevárselos a la boca.
¿Dónde está mi pelota?
Para qué. Para empezar a desarrollar lo que se conoce como atención selectiva; esta capacidad nos ayuda a discriminar lo importante de lo que no lo es. Requiere fijarse en los detalles y también pararse a analizar y diferenciar. Si le enseñamos desde pequeño a desarrollar la atención selectiva, aprenderá a aplicar el autocontrol a una tarea específica. Esto requiere pararse a buscar algo sin despistarse entre el conjunto de cosas y lograr su objetivo, como buscar una pieza de puzle entre las demás o los calcetines entre la ropa, o incluso aprender a diferenciar unas letras del abecedario de otras.
Cómo
1. Se trata de pedirles que busquen un objeto, por ejemplo, una pelota, entre un conjunto de cosas en una habitación que está llena de objetos interesantes, colores… que captan su atención y les distraen. Los niños fácilmente pierden el interés en buscar la pelota, y tendremos que insistir.
2. Se recomienda proponer como un reto el juego de encontrar la pelota para aumentar su motivación o bien pedirle que busque algo que sabemos que desea mucho, ya que la motivación de encontrarlo hará que se esfuerce, desarrolle la paciencia y a la vez sea capaz de lidiar con la pequeña frustración que genera tardar en encontrar algo que quiere de forma inmediata.
3. La forma de complicar este juego es hacer más difícil la discriminación, y para ello puede pedírsele que busque, por ejemplo, una ficha de construcción entre muchas otras fichas parecidas pero no idénticas.
Algunos ejemplos son los siguientes:
• Escondemos la pelota y tiene que buscarla.
• Tiene que buscar la ficha de color amarillo entre todas las demás.
• Mezclamos garbanzos con lentejas y tiene buscar todos los garbanzos y separarlos.
• Juegos del tipo encontrar las diferencias.
Cuándo. Este ejercicio se puede realizar en el parque junto con otros niños; también se puede hacer en la cocina mientras preparamos un plato o durante la hora del baño. Cuando vamos al supermercado, también podemos pedirle que busque una fruta determinada.
De 3 a 6 años
En esta etapa del desarrollo sigue predominando la atención involuntaria, pero, dado que la capacidad para prestar atención de forma voluntaria aumenta con la edad, ya se les puede pedir que permanezcan haciendo una misma actividad durante aproximadamente quince minutos. Las actividades a esta edad deben variar cada poco tiempo si queremos que mantengan la atención y que estén entretenidos, y para ello es recomendable considerar que su concentración continua en una actividad la podrán mantener durante unos quince minutos.
¡Laberintos!
Para qué. Para entrenar el autocontrol, la tolerancia a la frustración, la paciencia y el control de la impulsividad. Buscar la salida de un laberinto es un conocido ejercicio que resulta muy útil para que vayan probando a buscar la solución a un problema. Para salir del laberinto el niño tiene que detenerse a pensar para planificar el camino adecuado y buscar la única salida correcta. Con este ejercicio tiene que pararse a planificar su camino y también tiene que monitorizar su ejecución comprobando cada poco si lo está haciendo bien o es necesario redirigir su camino.
Cómo
1. Hoy en día podemos encontrar estos ejercicios en juegos electrónicos, o hacerlo con papel y lápiz. A la hora de elegir un laberinto hay que tener en cuenta que el formato permita ver todo el recorrido hasta el final para que pueda planificar la ruta, ya que esto a veces no es posible en laberintos muy grandes de algunos juegos.
2. La mejor manera de jugar para que tenga una finalidad de entrenamiento del autocontrol consiste en registrar los errores que el niño comete; es decir, cuántas veces coge el camino equivocado, y así poder animarle a que mejore su destreza las siguientes veces y se detenga a pensar antes de actuar.
3. La ventaja del papel y lápiz es que, además, podemos pedirle que no levante el lápiz del papel hasta finalizar, lo cual exige ser paciente, mantenerse tranquilo e ir desarrollando su tolerancia a la frustración.
4. La forma de complicar este juego es hacer laberintos más complicados y largos.
5. Otra forma de ir desarrollando esta habilidad es pedir al niño que nos guíe en la búsqueda de un objeto o de un lugar.
Cuándo. Este ejercicio se puede realizar en casa y en el colegio, ya que solo requiere papel y lápiz.
¡Pintamos mandalas!
Para qué. Una de las cosas más complicadas es conseguir que los niños permanezcan un largo rato haciendo una misma tarea. Desarrollar la habilidad para mantener la atención durante largos periodos de tiempo tiene múltiples ventajas para la vida, como ser capaz de escuchar, de atender en clase, de hacer las tareas sin distraerse, de terminar de recoger todos los juguetes o de terminar los deberes sin cansarse o desistir.
Cómo
1. Cualquier tarea que implique sostener la atención a una actividad, sin la posibilidad de detenerse o de interrumpir la tarea con otra cosa, les estará ayudando a mantener la atención en el tiempo. A veces es complicado motivar a los niños a algo así y por ello pintar mandalas es una estupenda actividad para ello.
2. Los mandalas son bonitos dibujos en blanco y negro que están diseñados para ser coloreados. Hay que explicar bien al niño en qué consiste la actividad: «Cuando se empieza un mandala hay que colorearlo hasta terminarlo; se recomienda cambiar de pinturas para conseguir un resultado más bonito pero no se puede dejar de colorear hasta haber terminado».
3. Otra forma interesante de entrenar la atención sostenida en niños de entre 3 y 6 años es escuchar audiocuentos y después preguntarles sobre lo que han escuchado para así motivarles a prestar atención a lo que escuchan.
Cuándo. Para realizar estas tareas tendremos que asegurarnos de que el niño tendrá el tiempo suficiente para empezar y terminar, respetando sus tiempos. También es importante asegurar que el ambiente propicia la concentración, sobre todo las primeras veces que el niño pinte mandalas, ya que cuanto más ruido o distracciones tenga, más difícil será la tarea.
De 6 a 9 años
Teniendo en cuenta que la atención voluntaria predomina a partir de los 7 años, en esta etapa ya podemos pedir a los menores que sostengan su atención durante más tiempo y que ejerzan un autocontrol de su atención y de su comportamiento. Por ello, en este periodo evolutivo es imprescindible ayudar a los niños en el desarrollo de la atención facilitándoles actividades y juegos adecuados. A esta edad podrán desempeñar con facilidad tareas y juegos durante treinta minutos seguidos.
¡Somos equilibristas!
Para qué. Esta actividad está pensada para el entrenamiento del control de la impulsividad. Tiene como objetivo que los niños adquieran control de su cuerpo, de forma que no se precipiten en sus movimientos y sean capaces de autorregularse. La falta de autocontrol se traduce también en movimientos imprevisibles y descontrolados. Lo deseable es que sean capaces de estar tranquilos, frenarse y ser reflexivos cuando la ocasión lo requiera.
Cómo
1. Lo que se propone en esta actividad es caminar encima de una línea recta poniendo un pie delante del otro, lo más rápido posible y sin caerse. Esta sencilla actividad requiere destreza y se puede mejorar en ella con su entrenamiento.
2. Es requisito imprescindible que los pies se toquen; esta pauta es el control, el freno que nos impide ir más rápido y nos obliga a tener paciencia y a mejorar la técnica si queremos avanzar y llegar antes, sin que merme la calidad, es decir, sin caerse o salirse de la línea. Así el niño aprenderá a desarrollar el equilibrio que necesita entre velocidad y precisión/equilibrio/autocontrol.
3. Es un ejercicio físico muy representativo de lo que hacemos con las actividades del día a día, en el que tan importante es hacerlas rápido como hacerlas correctamente. En el juego, si no lo hace bien, y va demasiado rápido, se cae y pierde.
4. También se pueden hacer carreras; de esta manera se motivará más, ya que si llega el último, también pierde y se verá forzado a buscar su equilibrio óptimo entre velocidad y ejecución.
5. Otros juegos con los que desarrollan el autocontrol son los minigolf, las carreras de chapas o jugando a acertar a meter canicas en un agujero.
Cuándo. Se puede jugar en casa o en la calle y también se puede animar al niño a que juegue en el recreo o en el parque con otros niños.
Ganará el que encuentre…
Para qué. Este juego es una forma lúdica de entrenar la atención selectiva. Permite al niño ir adquiriendo la habilidad de buscar algo específico entre un conjunto de cosas, teniendo que discriminar y seleccionar exactamente lo que se le pide.
Cómo
1. Lo que se propone en esta actividad es que el adulto o uno de los niños dirija el juego indicando lo que se ha de buscar.
2. La instrucción que se da es la siguiente: «Ganará el que encuentre lo antes posible… una flor roja». Se trata de ir cambiando el objeto a buscar y de ir complicándolo, pidiendo que busquen algo que esté menos visible si estamos en casa o incluso algo que no sabemos si van a encontrar si estamos en la calle.
3. Así tendrán que prestar mucha atención a lo que les rodea. Si proponemos la actividad como un concurso en el que gana el que encuentre antes el objeto y lo traiga, fomentamos que busquen lo más rápido posible y que no se distraigan por el camino.
4. Otra forma de desarrollar la atención selectiva es mediante pasatiempos del tipo «encuentra las siete diferencias» o las sopas de letras. El juego conocido como Memory también exige poner en marcha la atención selectiva. Consiste en dar la vuelta a dos tarjetas de entre un conjunto de tarjetas colocadas boca abajo y tratar de encontrar dos tarjetas iguales. El niño tiene que prestar atención a las tarjetas que se van dando la vuelta si quiere recordar después dónde estaban las dos tarjetas iguales.
Cuándo. El Memory y los juegos de encontrar las diferencias, o las sopas de letras, son buenos para ocupar ratos muertos en casa. El juego de «ganará el que encuentre» se puede poner en práctica cuando vamos de paseo por la ciudad o por el campo.
De 9 a 12 años
La atención alcanza el punto álgido de su desarrollo entre los 11 y 12 años; a partir de esta edad la capacidad de concentración en una tarea ya no aumenta y se mantiene durante la edad adulta. A esta edad los niños ya pueden atender durante cincuenta minutos seguidos con facilidad y no necesitarían descansar, aunque ello requiere práctica. A continuación se describen algunos juegos y actividades que ayudan a desarrollar la atención, la constancia y el autocontrol en niños de entre 9 y 12 años.
Sigue las instrucciones
Para qué. Según los niños se van haciendo mayores, es importante que aprendan a darse instrucciones a sí mismos para guiar su comportamiento y dirigir su atención y su esfuerzo a lo verdaderamente importante. Estas autoinstrucciones consisten en preguntarse ¿qué tengo que hacer?, ¿cómo lo voy a hacer?, ¿lo estoy haciendo bien?, ¿cuál ha sido el resultado? Las autoinstrucciones se pueden incluir en una enorme cantidad de juegos o actividades.
Cómo
1. Juegos como las cartas o el dominó son buenos para que aprenda a darse instrucciones.
2. Para ello los adultos debemos mostrarles cómo reflexionamos en voz alta sobre nuestras decisiones en el juego.
3. Posteriormente le pediremos que diga en voz alta cómo va reflexionando sobre sus pasos y estrategias en el juego.
4. Existen otros juegos que se acompañan de instrucciones o pasos que se deben seguir para llegar al final de los mismos. Por ejemplo, un mecano, una construcción o un cubo de Rubik. Estos juegos son muy útiles para que el niño practique a seguir unas instrucciones que le ayudan a llegar a una meta. Además, con el objetivo de hacerles conscientes de los pasos que dan para llegar a la solución, se les puede pedir que cuenten en voz alta lo que van haciendo durante su realización.
Cuándo. Estos juegos son ideales para practicarlos en casa, en familia y también para que los niños jueguen entre ellos.
Me fijo en el detalle
Para qué. A partir de los 9 años los niños pueden aprender a mantener la concentración durante periodos de tiempo más largos. Esto les será muy útil para desarrollar su atención sostenida y prestar mejor atención en clase, leer durante más tiempo, hacer bien las actividades que requieren cada vez más tiempo o estudiar.
Cómo
1. Podemos encontrar un sinfín de actividades que requieren una realización meticulosa y cuidadosa y que además exigen mantener la concentración durante un largo rato. En general, las actividades de manualidades cumplen estas características.
2. La actividad debe ir encaminada a llegar a un resultado final. Se debe especificar el tiempo que pasaremos haciendo la actividad y el objetivo al que queremos llegar. Por ejemplo: hoy pasaremos una hora moldeando una figura de arcilla y mañana la pintaremos durante otra hora.
3. Se recomienda pedir al niño que se ponga objetivos y que los comparta con los padres para hacer la tarea.
4. Para que la tarea cumpla la función de entrenar la atención sostenida se recomienda que se realice durante media hora seguida antes de hacer un descanso. Se trata de evitar el cambio de actividad frecuente o la multitarea.
5. Las actividades más interesantes para este cometido son aprender a tejer, hacer petit-point, pintar figuras de modelismo, hacer cerámica, hacer pulseras, construir una maqueta…
Cuándo. Estos juegos son ideales para practicarlos en casa en aquellos ratos en los que el niño esté aburrido. Son juegos ideales para sentar la calma después de otros juegos más activos.
Recuerda que…
Para poner en marcha los pasos que nos llevan a alcanzar una meta y seguirlos hasta el final es necesario desarrollar una adecuada capacidad para prestar atención. Desarrollar una adecuada atención dotará a los niños de constancia y perseverancia para las actividades de su día a día, permitiéndoles alcanzar mayores éxitos.
Aprender conceptos nuevos y memorizarlos solo es posible si contamos con una adecuada capacidad para prestar atención.
Los niños pueden ser capaces de mantener la concentración en una actividad de forma continuada durante cinco minutos a los 2 años y hasta cincuenta minutos a los 12 años.
La capacidad de atender a una actividad mejora sensiblemente si se siente motivado por ella y si está descansado y no tiene sueño.
La capacidad de prestar atención se puede entrenar y se puede aprender, aunque no debemos pasar por alto que hay factores biológicos que determinan la capacidad de atención de cada individuo. Además, problemas del neurodesarrollo y dificultades emocionales pueden impedir que los niños presten atención.
Los padres son los responsables de ir propiciando ciertas pautas que favorecen el autocontrol en el niño (pararse y prestar atención), y según va creciendo y se desarrolla su lenguaje podrá ir interiorizando estas instrucciones para guiar su atención y su propio comportamiento.
Los padres pueden propiciar escenarios mediante juegos y actividades para que los niños puedan desarrollar su atención y su autocontrol.
1 Véase el Capítulo 3: «Desarrolla su Inteligencia emocional».
2 Véase el Capítulo 12: «Fomenta el buen uso de las nuevas tecnologías».
3 Véase el Capítulo 1: «Estimula su cerebro».
4 Véase el Capítulo 14: «Mens sana in corpore sano».
5 Véase el Capítulo 7: «Me relaciono con los demás. Entrenando las habilidades sociales».
6 Véase el Capítulo 4: «Yo solito. Fomentar la autonomía».
7 Véase el Capítulo 3: «Desarrolla su inteligencia emocional».
Capítulo 3
DESARROLLA SU INTELIGENCIA EMOCIONAL Y SU AUTOCONTROL
Raquel Prieto Elipe Isabel Quesada
Identificación y reconocimiento emocional
La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos las personas de saber qué emoción estamos sintiendo en cada momento, reconocer las emociones que experimentan los demás, comprender la causa y las consecuencias que tiene sentir cada emoción, utilizarlas para facilitar la toma de decisiones y saber regularlas, para responder de la manera más eficaz posible a las demandas del entorno.
Desarrollar la inteligencia emocional desde la infancia será clave en el futuro de nuestros hijos, porque serán adultos que tengan que trabajar en equipo, afrontar dificultades cotidianas, ser empáticos y amables con los demás, y para todo ello es necesario tener unas buenas habilidades emocionales.
La primera habilidad de la inteligencia emocional es la percepción emocional, dentro de la cual está la identificación y el reconocimiento emocional. Solamente cuando son capaces de darse cuenta de lo que sienten, y entienden la causa y la consecuencia de sus emociones, están preparados para aprender a regularlas.
¿Qué son las emociones?
En el día a día, nuestros hijos hacen frente a muchas situaciones que les provocan distinta carga emocional. Sienten frustración cuando no consiguen los resultados que esperaban en las tareas del colegio, enfado cuando su mejor amigo decide jugar con otro compañero de clase, vergüenza cuando intentamos presentarle a un desconocido, alegría o euforia cuando reciben una noticia que les ilusiona, una sorpresa agradable, o al conseguir su juguete favorito. Todas estas experiencias les evocan emociones distintas, pero ¿saben poner nombre a eso que sienten?, ¿saben por qué lo sienten?
Las emociones se viven con mucha intensidad y tienen una corta duración en el tiempo. Podemos diferenciar entre las emociones básicas y las complejas. Las emociones básicas aparecen de forma natural, en el desarrollo de todas las personas, independientemente del lugar en que se nace, son universales, nos dan información sobre si el entorno puede ser peligroso o si es favorable. Estas emociones son las que trabajaremos con nuestros hijos en los primeros años de su desarrollo, y son las siguientes: alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco.
Según avanza su desarrollo, tendremos que trabajar con ellos lo que llamamos emociones secundarias o complejas. Estas aparecen gracias a la experiencia, en la relación con otras personas, y se forman a partir de la unión de las básicas; son, por ejemplo, el optimismo, la decepción, la frustración, el desprecio, el orgullo, la vergüenza, la envidia.
Las emociones no hay que evitarlas o reprimirlas. Es necesario reconocerlas, comprenderlas y aprender a gestionarlas.
La importancia de aprender a identificar y reconocer las emociones
Vivimos en una sociedad en constante movimiento. En el caso de nuestros hijos, tienen un horario diario para ir a clase, hacer deberes, también para actividades extraescolares, y el tiempo que pasan viendo la televisión o con las nuevas tecnologías. Poco tiempo hay disponible para que tengan un margen para reflexionar qué les provocan las diferentes situaciones y contextos en los que se mueven, las distintas personas con las que se relacionan, las actividades que hacen o los pensamientos que tienen. Deben tener momentos del día para tranquilizarse y analizar cómo se están sintiendo y por qué.
Conocer la emoción que estamos sintiendo en cada momento nos da información de cómo es nuestra forma de vivir, interpretar y evaluar nuestro entorno, nuestra manera de reaccionar ante lo que nos pasa cada día.
Nuestros sentimientos están muy influenciados por cómo pensamos, y a su vez ellos afectan a nuestra forma de actuar y en la toma de decisiones. Por tanto, conocer lo que sentimos en cada momento nos ayudará en este proceso.
También es importante ser conscientes de los sentimientos y emociones de los demás, saber analizar su expresión facial y su lenguaje no verbal. Para ello es conveniente promover que aprendan a mantener contacto visual, estén atentos a los movimientos corporales y al tono de voz. Esto les permitirá ir fijándose con detenimiento en las expresiones faciales de las emociones, y podrán empezar a identificarlas, tanto las verdaderas como las fingidas.
Que aprendan a identificar y reconocer sus emociones, así como a regularlas, desde edades tempranas les facilitará resolver conflictos y adaptarse a las situaciones mejor a lo largo de su vida, tendrán mayor confianza en sí mismos y establecerán relaciones interpersonales más sanas.
Reconocer sus emociones les permitirá conocerse mejor y adaptarse mejor al entorno en el que viven.
Ejercicios y actividades para aprender a identificar y reconocer las emociones
Para que nuestros hijos identifiquen sus emociones es imprescindible crear un clima en el que se sientan cómodos y en confianza. Tenemos que facilitar un ambiente en el que estemos tranquilos, con un espacio cómodo, en el que sea posible dedicar ese tiempo a nuestros hijos sin atender a otras cosas al mismo tiempo, sin prisas; de esta forma les damos tiempo para que puedan expresarse. Con ello facilitaremos que se abran y nos expliquen cómo se sienten sin ser juzgados, porque si criticamos o juzgamos lo que nos dicen, es muy probable que en el futuro no nos expresen libremente lo que sienten.
La forma de interpretar el mundo que nos rodea es diferente en cada persona, y esto depende en parte de la carga genética, pero también de las experiencias que se han vivido a lo largo de la vida. Por tanto, no podemos criticar o desaprobar las emociones que sienten, porque es algo subjetivo y las experiencias de cada uno son particulares. Tampoco es posible obligarles a tener las emociones que queremos nosotros.
Los padres somos modelos de nuestros hijos, también en las emociones; por tanto, tenemos que ser nosotros los que en primer lugar expresemos adecuadamente lo que sentimos. Aprenden de lo que ven que hacemos, por lo que tiene que haber una congruencia entre la comunicación verbal y no verbal.
De 0 a 3 años
En el primer año de vida, es fundamental establecer una buena relación afectiva con nuestros hijos, un apego seguro, que es el tipo de vínculo más beneficioso para los niños. Se trata de un vínculo afectivo entre el niño y sus figuras de apego, principalmente sus padres, en el que estos se muestran cercanos y atentos a sus necesidades, favoreciendo la experimentación de emociones del niño.
En los primeros meses, hasta el año y medio, sus emociones están muy relacionadas con lo fisiológico, con la estimulación sensorial. A través de las caricias y masajes, el olfato, la audición, el contacto físico, hablarle con un tono de voz suave, utilizar la sonrisa, les transmitimos calma y cercanía. En estos momentos, lo que sentirá principalmente será alegría y satisfacción cuando sus necesidades se ven cubiertas, y desagrado cuando no reciben lo que quieren.
En el segundo año, continúan teniendo una necesidad de cercanía con nosotros, pero empiezan a reclamar su independencia. Comienzan a producirse las rabietas, que posteriormente aprenderán a regular. En este segundo año no son muy sociables, no comparten, se enfadarán muchas veces, discutirán si no consiguen lo que quieren. En general, entienden más de lo que son capaces de expresar.
A continuación explicamos unas actividades para hacer con nuestros hijos en estas edades.
Lo que estás sintiendo se llama…
Para qué. Ya sabemos que en los primeros años de vida los niños no tienen la capacidad de poner nombre y reconocer lo que sienten. A esta edad tenemos que ser los padres los que validemos lo que sienten y le pongamos un nombre.
Cómo. Procederemos de la siguiente manera:
1. Sentémonos a su lado, a su misma altura, para favorecer la comunicación y la cercanía. Si puede ser, nos alejamos de la situación un momento para que su atención se centre en lo que le estamos diciendo.
2. Expliquémosle la emoción que está sintiendo. «Estás triste y llorando porque tu juguete preferido se ha roto».
3. Validémosle la emoción que está sintiendo. «Es normal que estés triste, porque te gustaba mucho y ahora no funciona».
4. Proporcionémosle una manera de autorregularse. «Cuando dejes de llorar y ya no estés tan triste, me llamas y buscamos otro juguete».
Cuándo. En el momento en que veamos a nuestro hijo en una situación que le está generando una emoción determinada.
Tarjetas de emociones
Para qué. A través de esta actividad los niños aprenden a reconocer las emociones fijándose en las expresiones faciales y empiezan a generar un vocabulario que les permita definir cada emoción.
Cómo. En trozos de cartulinas se dibujan caras que representan cada emoción básica (tristeza, alegría, miedo, sorpresa, asco y enfado).
1. Sacamos de una en una las caritas y entre todos identificamos cuál es la emoción.
2. Nos fijamos en las características de cada expresión facial. ¿Qué características faciales nos indican que es una emoción u otra?
• Tristeza: las cejas se juntan hacia el centro, los labios y los ojos caen hacia abajo, etc.
• Alegría: las comisuras de los labios suben, aparece la sonrisa, las mejillas suben, los ojos se achinan, aparecen las patas de gallo, etc.
• Miedo: los ojos se agrandan, los labios se estiran, etc.
• Sorpresa: los ojos se agrandan, las cejas suben, la boca se abre, etc.
• Asco: el labio sube, la nariz se arruga, etc.
• Enfado: los párpados se tensan, las cejas se unen en el entrecejo, la mandíbula se tensa, etc.
3. Utilizamos pocas palabras y sencillas para definir cada emoción.
4. Una vez hecho el ejercicio con las caritas dibujadas en las cartulinas, se pueden utilizar caras sacadas de revistas, fotos, imágenes de Internet, etc. Es importante generalizar lo aprendido con rostros reales.
Cuándo. En la tarde, cuando encontremos un tiempo de descanso en familia.
De 3 a 6 años
En el tercer año de vida el niño ya ha adquirido conciencia de sí mismo y aparece el negativismo.
El entorno familiar ya no es el único en que el niño se relaciona, dado que se ha iniciado la escuela infantil, y su inteligencia emocional determinará en gran medida cómo se adaptará a este nuevo contexto. Los niños son más sociables, buscan agradar a los demás, quieren sentirse queridos y valorados, pero siguen teniendo mucha dificultad para ponerse en el lugar del otro y tener su punto de vista diferente sobre las cosas, porque todavía no se ha desarrollado la «teoría de la mente», que es, entre otras cosas, la capacidad que tenemos para ponernos en el lugar del otro.
Ejemplos de ejercicios que proponemos para estas edades son los siguientes.
Diccionario de las emociones
Para qué. A través de esta actividad disponen de un diccionario que crean ellos mismos para ampliar cada vez más las emociones que conocen.
Cómo. Se les proporciona revistas y fotos en las que puedan recortar las expresiones faciales o situaciones que evoquen distintas emociones.
1. Pegan las fotos en las páginas del diccionario.
2. Escriben en grande el nombre de cada emoción.
Cuándo. En las tardes tranquilas del fin de semana.
Adivino la emoción
Para qué. Con esta actividad se afianza el aprendizaje de cómo es la expresión facial de cada emoción y ante qué situaciones pueden aparecer.
Cómo
1. Hacemos adivinanzas sobre las expresiones faciales de cada emoción: «¿Qué emoción era cuando se abrían mucho los ojos, las cejas subían hasta arriba del todo y la boca se abría en forma de o?».
2. Reflexionamos sobre las situaciones en las que podemos sentir cada emoción, tanto nosotros como otras personas.
Cuándo. En el fin de semana.
De 6 a 9 años
En estas edades los niños van siendo capaces de afrontar una situación desde distintas perspectivas, adoptar los puntos de vista de otras personas. Entienden que los otros niños y los adultos tienen otros gustos distintos a los suyos y pueden pensar diferente, lo cual es posible que se convierta en el inicio de peleas, discusiones, enfados.
En esta edad aumenta considerablemente la capacidad de entender sus propias emociones y las de los demás, y establecen el lenguaje como manera de expresar sus emociones.
A continuación explicamos actividades para hacer en estas edades.
Teatro de las emociones
Para qué. Con esta actividad ponemos en práctica que los niños se fijen en las expresiones faciales de los demás y en su postura corporal para adivinar qué emoción pueden estar sintiendo.
Cómo. En una caja ponemos los nombres de las emociones.
1. Empieza uno sacando un papelito y representando la emoción que le haya tocado.
2. Los demás tienen que adivinar la emoción, y el que antes conteste es el siguiente en salir.
Cuándo. En un momento en el que tanto nuestros hijos como nosotros podamos dedicar tiempo tranquilamente a la actividad.
Los cuentos de las emociones
Para qué. Con esta actividad ponemos en práctica que interioricen las emociones en el día a día de personajes de historias y las encuadren en las distintas situaciones que pueden pasar. Los cuentos ayudan a ampliar el vocabulario emocional, empatizar con los demás modelos.
Cómo. Entre todos leemos un cuento.
1. Explicamos cómo se siente el personaje y por qué, y cómo lo sabemos.
2. Elaboramos un cuento en el que los personajes sienten distintas emociones.
3. Reflexionamos si alguna vez nos ha pasado a nosotros, cuándo y por qué.
Cuándo. En el fin de semana.
De 9 a 12 años
A estas edades ya son capaces de reflexionar de manera más profunda sobre sus actos, sus sentimientos y emociones. Necesitan sentirse apoyados y recibir la aprobación de los padres y el grupo de amigos.
Estos son los ejercicios y actividades que proponemos para esta franja de edad.
¿Qué emoción me provoca?
Para qué. Con esta actividad los niños hacen un ejercicio de introspección, analizan qué emoción les provoca escuchar distintos tipos de música y cómo lo representarían.
Cómo. Escuchamos distintos audios de música.
1. Nos tomamos unos minutos para escucharla y reflexionar.
2. Escribimos qué emoción nos hace sentir y por qué.
3. En un folio representamos la emoción. Cada uno la siente a su manera.
4. Lo ponemos en común.
Cuándo. Puede ser una actividad divertida al final del día, cuando toda la familia estemos descansando.
¿Qué emoción siente?
Para qué. Con esta actividad los niños hacen un ejercicio de reconocimiento de emociones y de ponerse en el lugar del otro.
Cómo. Vemos distintas partes de una película.
1. Nos tomamos unos minutos para verlo y reflexionar.
2. Cómo se sienten los personajes y por qué.
3. Cómo nos habríamos sentido nosotros en esa situación y por qué.
Cuándo. En el fin de semana.
Recuerda que…
No hay emociones buenas o malas. Todas son válidas y necesarias para adaptarnos a las distintas situaciones del día a día.
Cuando son pequeños, debemos ser nosotros los que les orientemos para poner nombre a lo que sienten, pero siempre validando sus emociones, porque cada persona es única, y también es única su forma de sentir e interpretar lo que nos rodea.
Utilicemos las situaciones cotidianas para favorecer que reflexionen sobre lo que están sintiendo y por qué lo están sintiendo.
La identificación y el reconocimiento emocional son un paso imprescindible previo a que nuestros hijos aprendan a regular sus emociones.
Autocontrol y la regulación emocional.
¿Qué son el autocontrol emocional y la regulación de emociones?
Os sonará de alguna ocasión en que, tras pillar a nuestro hijo en una conducta no muy adecuada, cuando le hemos preguntado por qué lo ha hecho, nos ha respondido con un desconcertante «no lo sé». Entonces, ¿tan solo se ha dejado llevar por un impulso?
Es posible que también hayamos vivido en una tienda que nuestro hijo se encapriche de algo que le ha llamado la atención. Siente la necesidad de tenerlo y hace todo cuanto puede para conseguirlo: llorar, tirarse al suelo, tirar de nuestra mano.
Estos ejemplos tienen algo en común, y es que en todos ellos existe una tentación o primer impulso que se debe controlar. Si pensamos en ello, encontramos escenas similares que hemos podido vivir con nuestros hijos.
Es esos momentos es cuando deberemos recurrir a la fuerza de voluntad, es decir, al dominio sobre sí mismos. Pero, exactamente, ¿qué entendemos por autocontrol emocional? Como su propio nombre indica, hace referencia a la capacidad de gestión personal, nuestra forma de comportarnos, nuestros pensamientos y, por último, pero no menos importante, nuestras emociones.
La buena noticia que podemos trasmitiros es que tanto el autocontrol emocional como la regulación de emociones pueden aprenderse y entrenarse. Para ello, contamos con muchas recomendaciones que esperemos os sean de gran utilidad.
¡Y es lo que veremos juntos durante las próximas páginas!
Pero, antes, ¿por qué es importante que los niños desarrollen el autocontrol emocional?
Con el fin de dar respuesta a esta pregunta, comentaremos brevemente un experimento conocido como «El test de la golosina» que realizó el famoso psicólogo americano Walter Mischel en la década de 1960.
En su investigación, Mischel contó con niños de unos 4 años para observar sus reacciones ante la siguiente propuesta: los pequeños se quedarían solos en la habitación durante unos quince minutos, dejándoles delante una golosina llamada marshmallow. La condición que se les ponía era que podrían comerse dicha golosina en cualquier momento, pero que si lograban aguantar hasta el regreso del adulto, serían recompensados con otra, poniendo así a prueba la capacidad de autocontrol emocional de los niños.
Los resultados que dio este test fueron sumamente relevantes: al prolongar la investigación en el tiempo, comprobaron que aquellos niños que habían logrado dominar sus impulsos en el experimento posteriormente eran personas más exitosas a nivel académico, laboral y personal.
Pero que no cunda el pánico. Si entre nuestras cualidades personales no destaca precisamente la capacidad para dominar los impulsos, hay esperanza. Como decía Mischel: «El autocontrol emocional se puede aprender. Es más fácil hacerlo en la niñez, pero también puede lograrse más adelante en la vida».
Entonces, ¿qué conclusión sacamos finalmente? ¿Jamás podremos ceder ante nuestros impulsos? No se trata de renunciar a cumplir aquello que deseamos ni de evitar darnos un capricho alguna vez.
La finalidad es lograr ser capaces de encontrar el momento adecuado para cada cosa y poder visualizar más allá del momento inmediato, algo que podremos ir trasmitiendo a nuestros hijos para que poco a poco lo vayan practicando.
En qué momento deberemos enseñar cada habilidad de autocontrol
Teniendo en cuenta que los niños están en continuo desarrollo, es importante conocer qué podemos pedirles en cada momento según su edad, de forma que nos aseguremos de que están preparados para lo que queremos ayudarles a aprender.
Partiendo de esta base, proponemos a continuación algunos ejercicios válidos para los intervalos de edad indicados.
Ejercicios divididos por edades
De 0 a 3 años, los recién llegados
Hablar de autocontrol emocional con niños tan pequeños puede sonar imposible. No cuentan con un control ni mucho menos total de su cuerpo, así que ¿cómo trabajar algo tan complejo en bebés o en niños de tan corta edad?
Sin embargo, sí existe algún aspecto en los que los más pequeños pueden empezar a tomar contacto y experimentar en lo relativo al autocontrol de sus emociones.
Bienvenidos a los dos años… y a las rabietas
Para qué. Antes de entrar en cómo hacer frente a estas explosiones emocionales, necesitamos entender su origen.
Resulta que en nuestro cerebro existe una zona claramente relacionada con este comportamiento. Se trata de la corteza prefrontal, encargada de nuestra toma de decisiones, planificación, autocontrol o manejo de los impulsos. Tal área no ha alcanza su plena madurez hasta aproximadamente los 4 años, de ahí la dificultad para gestionar ciertos comportamientos en estas edades.
Es una de las etapas de la infancia más temidas. Llegados a este momento de su vida los niños comienzan a probar sus límites, surge ese «no» casi automático para todo aquello que les propongamos. Las rabietas son otro elemento de su artillería para tratar de autoafirmarse.
Aun así, intentaremos hacerles saber que esta forma de comunicarse con nosotros no es válida, y les ayudaremos a calmarse primero para poder continuar con lo que estuviéramos haciendo en ese momento.
Cómo
1. Muy pequeños. En estas edades todavía no podemos pedirles que se calmen solos. Como decíamos, no están lo suficientemente preparados para lograr calmarse por sí mismos, sino que para ello recurriremos a distraer su atención con cualquier otra cosa.
2. ¡A equiparse! Antes de lanzarnos a la aventura debemos saber qué cosas, juegos, ruidos o demás elementos distractores suelen funcionar, de manera que podamos recurrir a ellos.
3. Bajemos un poco la intensidad. Si se encuentran en pleno apogeo de sus gritos, lloros, y no paran de retorcerse, no malgastemos nuestras energías. Esperemos a que se reduzca un poco el episodio.
4. ¿Has visto eso? Una vez que ha descendido la intensidad de la pataleta, es cuando podemos tratar de distraerlo con alguno de sus juguetes, señalarle algún elemento llamativo de la calle o empezar alguna actividad que le apetezca, como un juego rápido y sencillo. El contacto físico también puede ayudarnos en este momento, dándoles un abrazo, una caricia o manteniéndonos cerca de ellos.
5. ¡Así mucho mejor! Igual de importante será que les reconozcamos lo a gusto que estamos con ellos cuando nos piden las cosas bien o cuando hablan sin «lloriquear».
Cuándo. El pistoletazo de salida para poner a prueba estas estrategias nos lo dará la aparición de la rabieta. Lo que sería preferible sería practicar su puesta en marcha primero en casa, donde contamos con más recursos, antes de probarlo en otras situaciones que controlamos menos.
De 3 a 6 años. Ya somos niños grandes
Una vez llegados a este periodo, se habrán producido muchos cambios interesantes entre sus habilidades.
Ahora tendrán nuevos retos que enfrentar, como empezar a asistir a clases, tanto si es en la escuela infantil como si es en el colegio más adelante. En este apartado propondremos el siguiente consejo:
Muevo la pierna, muevo el pie
Para qué. Tratar de enseñarles a adquirir el control sobre sus emociones se sitúa en un nivel bastante avanzado, por lo que podemos comenzar por un paso previo, asequible y de fundamental importancia, como es el dominio corporal: el equilibrio, la precisión con la que nos movemos, ser capaces de ajustar la velocidad a la que nos desplazamos.
Cuando mejor conozcan y manejen su cuerpo, con mayor facilidad conseguirán detectar y gestionar después sus emociones.
Cómo
1. Cuando juego, me divierto y aprendo. Para poder hacer más interesante para los pequeños este tipo de aprendizaje os proponemos trabajarlo a partir del juego.
2. ¿Echamos una carrera? Para este tipo de juego les propondríamos lo siguiente: una opción será llegar de un sitio a otro, pero sin correr, únicamente andando deprisa; otra posibilidad sería jugar a movernos sumamente lentos por la habitación, como si fuéramos astronautas o tortugas. Las variantes a introducir son múltiples, como, por ejemplo, echar una carrera a la pata coja, andar de puntillas o con los talones.
3. Un, dos, tres. Una buena manera para poner a prueba su dominio del cuerpo es jugar al escondite inglés, donde el que la liga debe contar y mirar de vez en cuando hacia atrás para comprobar que todos se quedan muy quietos. El final llega cuando uno de los niños es capaz de alcanzar la meta sin que lo hayan pillado moviéndose.
4. ¡Estatuas! Otra variante divertida es jugar a hacer figuras con el cuerpo. Para comenzar, habrá que elegir una categoría como animales, profesiones o muecas divertidas y tratar de representarlos físicamente. De esta manera facilitamos la representación mental de su cuerpo y que poco a poco sean hábiles a la hora de desenvolverse con él.
5. Manos a la obra. Hasta ahora hemos trabajado la psicomotricidad gruesa, englobando actividades como correr, saltar, lanzar cosas, etc.
Es el momento de buscar actividades para desarrollar la psicomotricidad fina, como podrían ser pintar con los dedos, jugar con plastilina, hacer collares de cuentas o macarrones. Servirá cualquier actividad que implique manualidades, donde debemos recortar, usar el punzón o pintar.
Cuándo. Dado que todas las actividades se presentan en forma de juego, podemos buscar algún momento libre. Así, además de pasar un rato divertido con nuestros hijos, fomentaremos su desarrollo en estas áreas.
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