Kitabı oku: «Antología de poesía chilena reciente», sayfa 2

Yazı tipi:

En los poemas de la presente Antología existe una clara conciencia del acto de escritura, de la instalación del poema en cuerpos de discursos preexistentes, orales y escritos. Una identidad meta-poética conoce y emplea los recursos para llamar la atención sobre las palabras, sobre la enunciación y el carácter artístico-artificioso de la escritura poética. Escribir es una suerte de confesión y reconocimiento de culpa, frente al otro y los otros: «Escribo la biografía de un verdugo / y resulta que es mi propia vida» («Idaho», Iván Quezada). El lenguaje de la oralidad materna aparece como forma de consolidar imágenes primordiales: mujer, niña y hechicera, transitan en el bosque, donde se da la formación del sujeto en la naturaleza, la guerra y la caza de amor. Ejemplo notable, en este sentido, en el poema «Kutrán Killén» de Víctor Lobos. Los mitos originarios, como la luna llena, y el «cuero chico», se aproximan a los elementos de la modernidad (la televisión), mezclados con los mitos y geografías indoeuropeos. («Monte Citerón», «La duda» de Víctor Lobos).

Del ámbito urbano, escenario de catástrofe y esperanza, los poetas pasan, imperceptiblemente, al ámbito de la naturaleza9, opuesto al mundo de la ciudad tecnológica. La naturaleza y el sentimiento oceánico del Yo (Freud, El malestar de la cultura) se instalan frente a la otredad absoluta, la Natura viviente, el paisaje y la biósfera, entrando en un estado de contemplación y asombro frente a la vida y los misterios de la creación. Es el momento en que la conciencia meta-poética enfrenta el dilema de la expresión de lo inefable, lo sublime, lo trascendente. Es el momento arquetípico por excelencia: nos sumergimos en las vastas fosas de la memoria del mar, nos anulamos en el movimiento colectivo y eterno de los oleajes. En los textos de Juan Mihovilovichh, es el momento místico en que el Yo y el Otro se funden en una pareja primordial, en el contexto fenomenológico del ser. El sentimiento oceánico, que refería Freud, se concreta en el anhelo de encontrar el sentido de un recuerdo sin contenido lógico. La lucidez y el desengaño desmitifican a la memoria biográfica e introducen la noción de inefabilidad de los momentos originarios de conciencia. Desengaño de la palabra, de la memoria, del sentido y la verdad, salvo una leve esperanza del reinicio, a manera de un retorno del sí mismo. El hablante lírico «ya no cree en nada / salvo en que habrá una señal / para que todo vuelva a empezar / Como se demora el regreso / comienza a pronunciar palabras sin sentido, / hasta que ellas también pierden su significado» («Cuestión de un minuto»»). El Yo de la enunciación es el hombre letrado; creyente en sueños de justicia y renovación, amante en desgracia o decaído, solitario al fin y autoexiliado de la sociedad, con serias dudas sobre la validez de la memoria y la motivación del escribir: así lo encontramos en los textos de Iván Quezada y Mihovilovichh.

El recuerdo y el recordar se desvelan como construcciones ficticias que desfiguran la imagen original. El recuerdo es fragmentario y conjetural; se resiste a la sintaxis de la vigilia. «La memoria es una broma de mal gusto / Un tránsito esquivo…» (Mihovilovich). Mas, el trabajo de memoria, la escritura y transubstanciación del recuerdo y la esperanza operan un proceso profundo de generación de significado: la semiosis.

El signo y la semiosis introducen un dilema que no se resuelve en el poema. Por el contrario, la escritura se percibe ajena, inane, cacofonía o leyenda que incluye la noción de biografía conjetural. El yo es un espacio vacío; el acto de comunicación no tiene destinatario. En el origen de la conciencia, posterior a los recuerdos originales, se percibe un sueño, un ideal que la experiencia revela como infantil o imposible. El anhelo de trascendencia trae consigo la melancolía e incluso la acedia10 del exégeta rutinario. Los arquetipos del anciano y del niño, del determinismo de la vida y del deseo de muerte, se conjugan en una situación lírica básica: la noche y el sentimiento de anhelo de lo desconocido, del perseguir una forma que dilucide nuestra existencia. Como en «Guayacán» de Alejandra Basualto, pasado y presente se reencuentran en el reconocimiento de un sentido, encontrado y perdido, en los primeros despertares de la fantasía y la libido.

El discurso antipoético, de profunda motivación y vigencia, encuentra en la apropiación de los rituales coloquiales, frases hechas y clichés («digamos que», «claro está», «me parece», «por decirlo de algún modo») de los marcos comunicacionales de la cultura de masas una forma de resignificación de la palabra capturada por un discurso hegemónico. Por otro lado, la tradición antipoética desmitifica la imagen del vate letrado, su prestigio de género y sus aspiraciones burguesas: «Escritores rufianes / me confiaron sus burocráticas esperanzas / Debía ser como ellos, /oler los archivadores a un kilómetro de distancia / e impresionar a jovencitas intoxicadas con la noche…» («El estudiante de poesía», Iván Quezada). El sujeto iluminado se aparta del fariseísmo y la integración en el sistema social, pero cae, una vez más, en el desengaño: «Quedé más vacío que antes, / con un espejo apuntándome entre los ojos / Al final sólo se escribe del envejecimiento / El mundo no tiene por qué agradecérmelo» («El estudiante de poesía», Iván Quezada).

La antipoesía se nutre del idiolecto chileno y cotidiano, con recurrentes alusiones a la cultura de masas audiovisual. La hibridación se da en el plano del lenguaje, entre la sofisticación de la tradición científica y grecolatina y el habla cotidiana, que retoma la crítica al ser social, mediante un coloquialismo «toda teoría es cuántica / & toda alma es cuática» («¡Eureka!... ¡Eureka!», Miguel Ángel Salinas). La antipoesía permite una crítica de una sociabilidad decadente, extensión de la metáfora del cambalache, que se manifiesta en los cuerpos de diferentes sexualidades, en la decadencia del valor del oro, de la cultura libresca y los valores solidarios. Al igual que en «Los vicios del mundo moderno», de Nicanor Parra, el paralelismo sintáctico introduce el aplanamiento de la diversidad, la crueldad del capital, la banalización de la resistencia contracultural: «Da igual… si el masaje no es sólo un masaje / Que en el espacio ciber a todo se le dé rienda suelta / Que la venta de libros esté predestinada a la quiebra / Que la cibernética la lleve más que la ética y la estética / Que en este lugar se le dé duro al pensamiento mágico / Que de todas las leyes impere siempre la de moraga / Que el milagroso despegue termine en un desplome» («Da igual», Miguel Ángel Salinas). A través de chilenismos muy sincrónicos, se lamenta una legalidad de mundo en que rige la «ley de Moraga», la cual se proyecta sobre un mundo en que predomina la apariencia por sobre una realidad. El poema se detiene en la denuncia, pero se arriba a respuestas desengañadas: el corazón del mundo «es sueño, es ilusión, es inocencia y es olvido» (Cecilia Aravena). Mientras tanto, en la tradición discepolesca, el poema se abre el diálogo intertextual, a partir de situaciones puntuales de la sociedad chilena: el abuso de menores, el encubrimiento de la pedofilia al interior de la Iglesia y el abuso generalizado de los poderosos. Se arriba a una visión encarnada en la lectura evangélica de Babilonia como símbolo de las sociedades metropolitanas y capitalistas-seculares.

También, como en la tradición crítica (autoparódica) de Lihn, se asume una función apelativa hacia el sujeto hegemónico, autoritario, pero también al sujeto promedio y anómico, instalando una soterrada amenaza de resistencia: «Caliénteme la sangre hasta el resentimiento / Y métase hasta en el último rincón de mi casa / Pero aténgase después a las consecuencias» («Tómeme nomás por un ingenuo», Miguel Ángel Salinas). El poeta mismo se encuentra en una encrucijada: ser y escribir dentro del sistema predominante o guardar silencio. La tercera vía, frente a la crítica radical y el desengaño, es un deseo de muerte: «Lo escribo todo, brillante / bebo el éxito y me arropan / los elogios / o escribo y nada guardo / para un después de otros / o me diluyo, me diluyo / en los espejos del camino» («Tercera vía», Roger Texier). La visión de la decadencia apocalíptica se remonta a los valores fundacionales, pero también a una condición mórbido-neurótica propia del sujeto moderno. Este sujeto enfermo adolece de impotencia, de vejez prematura, de desconfianza y apatía social. Como en la poesía de Lihn, la sociedad de consumo, extremada en la etapa de conectividad digital, redunda en un escenario social catastrófico. La crítica denuncia (con cierto grado de resignación) la alienación generada por los medios, la agresividad de las redes sociales, el narcisismo y el exhibicionismo visuales, instalando un diagnóstico colectivo en que el propio hablante se incluye. El estado del cuerpo también es decadente; el sujeto se alimenta de cadáveres; depende de pastillas para la libido y está constantemente agresivo.

En la misma línea de crítica e invectiva contra la historia adversa, se revisan los emblemas de una chilenidad anárquica y libertaria. Su decadencia y redención en un último acto de liberación libidinosa, aparece representado por el apareamiento del cóndor en «El último vuelo del cóndor chileno», de Martín Faunes: «El ave libertaria en plena parada de los militares / Pudo al fin desprenderse y agitando las alas, majestuoso / montó el vuelo». Lectura paródica y alegórica de la semiosis impulsada por el ethos militar; arquetipo clásico de la aspiración erótica, parodia entrañable de la identidad nacional: Todo ello está presente en este poema que desplaza la imagen del escritor viril a la fauna popular y al bestiario de los Andes.

En conclusión, estamos frente a un cuerpo poético que encuentra su lugar de enunciación en una relectura desmitificadora y revitalizante de la tradición literaria de Occidente. Los poetas de la presente antología tienen una clara conciencia de las propiedades mestizas y heterogéneas de la palabra, chilena y americana, en el contexto de una sociedad global y contemporánea. Esta poesía no renuncia a la exploración de la subjetividad y sus tribulaciones existenciales, pero transita prácticamente al examen político e incluso ideológico del momento histórico, proponiendo lecturas alternativas a las verdades impuestas por la hegemonía o el discurso del poder. Es una poesía que ha hecho de la búsqueda de la identidad a través de la palabra su núcleo más persistente, pues, junto con la clara conciencia de la naturaleza construida de la identidad propia, aparece la necesidad de explorar y redescubrir los elementos inmanentes de nuestra ancestrología cultural. El profundo impacto de la antipoesía conlleva la aparición de una supuesta naturalidad del discurso, que llega directamente y sin mediaciones, al lector implícito por medio de la inmediatez del coloquialismo, lo vernacular y local. Sin embargo, existe la conciencia de que la palabra poética contemporánea es, también, una obra de arte, un artificio, una herramienta e incluso un simulacro. Se desprende, por lo tanto, que otro núcleo importante de esta poesía es la construcción del sujeto poeta que surge y se levanta en el contexto del mundo moderno. Su función es provocar una sonrisa, una reflexión crítica y tal vez un poco de incomodidad, e incluso de resistencia. Estas voces poéticas hace mucho tiempo que no moran en las torres corporativas. Antes bien, se levantan de la cotidianidad compartida con el colectivo para testimoniar un proceso de búsqueda, reflexión y proposición que no tiene fin, como la poesía misma.


Cecilia Aravena

Nace en Santiago de Chile el 14 de diciembre de 1963. Estudió Trabajo Social (Instituto Profesional de Santiago, ex Tecnológico de la Universidad de Chile) y Magíster en Ciencias Sociales (Universidad Academia de Humanismo Cristiano). Trabajó en la Vicaría de la Solidaridad entre los años 1983 y 1990 y en el Arzobispado de Santiago entre los años 1991 y 1992.

Ejerció como docente de distintas asignaturas en la Universidad Católica (sede Curicó) y en el Instituto del Valle Central, en la Universidad Autónoma del Sur, sede Talca, entre los años 1993 y 2004. En 1993 ingresa a trabajar al Ministerio de Planificación Nacional (hoy Ministerio de Desarrollo Social y Familia). Participa en el taller de Poli Délano entre los años 2007 y 2017. Luego, en el período 2018-2020, integra el mismo Taller dirigido por Eduardo Contreras, después del fallecimiento del consagrado escritor. Es miembro de Letras de Chile desde el año 2014. Tiene poemas publicados en la Antología Entrepuentes (Mago Editores 2007). Su cuento «Sólo un Peón» fue publicado en la antología Historias, cuentos y poesía del mundo rural en el año 2009. Este cuento obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuentos de FUCOA de ese año. Su cuento «Camino seco» fue publicado en el sitio electrónico de letrasdechile.cl en el año 2016. El año 2017 obtiene mención honrosa en el concurso de cuentos organizado por la Unión Comunal de Ñuñoa y el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago, con su relato «Los Tonos del Crepúsculo». Su cuento «Ginebra a media tarde» se publicó en la antología El taller de Poli Délano de Editorial Espora, en 2017. El año 2018 publica su primer libro de cuentos Fragmentos de Chile, un recorrido de norte a sur de nuestro país a través de las historias de sus héroes anónimos. El año 2019, publica una novela policial escrita a cuatro manos con el escritor Eduardo Contreras Villablanca, titulada La verdad secuestrada, de editoriales Espora y Mago Editores.

Estoy aquí

Estoy aquí,

con algo de corteza de árbol y portada

con meses fríos de guardarse y prisas

con meses calurosos y salpicados de siestas ansiosas de obscenidades,

con días suaves y crujientes de otoño

con noches jóvenes de bailes y sonrisas de primavera

llevo pasos calzados de historias,

algunas certeras

todas con rostros guardados

con rostros vistos envejecer

con rostros olvidados

con rostros redibujados

con rostros que no quise conocer

y otros que quise huyeron como pájaros

A veces fui artesana del viento ciego

tratando de reconstruirme junto a otros

buscando / inventando puertas abiertas a caminos inexplorados

que nos dejaran esperanzas en el espejo

a veces fui llanto mudo incansable

aún se queja mi alma de aquellos silencios

reconozco a veces a la niña que me habita

la que habla y tiembla en los amaneceres,

digamos también que intenta ser madura

mis ojos siguen deslumbrándose por la belleza de un abrazo

por la acogida

y mis oídos me siguen excitando por el acento viril

de aquella voz silenciada

Me han salido trofeos de vida en la cara

que muestran a la gente lo que se me ha ofrecido

y lo que se me ha negado

adornan mis ojos

acompañan mi sonrisa

hablan en mi mente

Ya descubrí el corazón del mundo, está lastimado

se esconde en recuerdos, en fotos,

en los cielos celestes de los cuadros

en los bancos de colegio, esos viejos y rayados

Es sueño, es ilusión, es inocencia y es olvido

de pueblo pobre, de tierra parida,

ello está en mi tristeza

lo cargo en la espalda

de bruces me ha tenido

Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Hacim:
81 s. 3 illüstrasyon
ISBN:
9789569385254
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi: