Kitabı oku: «Antología de poesía chilena reciente», sayfa 3

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Sueño

Soñé que por esa ventana se podía ver un gran árbol

que subía pretencioso a un costado de tu casa, curvo, sinuoso,

por el muro húmedo ya adornado de musgo,

ya con vida propia

Y aquellos brazos extendidos de madera no se detenían

Y desde abajo entremedio de ramas parecía tejido el cielo

Fragmentada tu ventana por esas ramas,

parecías mosaico de ojos, mentón, espalda y brazos

¿Cuántas centurias de segundos, cuántas épocas de minutos

[soñé que te veía?

Aquellas ramas como cómplices fugitivas de mis deseos

[se movían silenciosas

hasta encontrarte

y eran ellas las que dejaban en ti la fragancia de la madera,

de las hojas, del árbol que hacían a mi olfato buscarte

Y pegada a tu ventana cuidaba las noches, tus noches

en vigilia

Soñé que dejaba que cada amanecer despertaba con el abrir

[de tu ventana

Y salían aquellas cortinas como brazos extendidos a buscarme

Si sólo hubiera alcanzado

A cruzar de un salto tu jardín, a presentarme en tu puerta

a sonreír

Si sólo hubiera dormido un poco más

lo suficiente para el galope de mis ansias

Si hubieras soñado tú con mi ventana

rogando a las ramas que se abrieran hacia mí

Si una vez despierta me hubieras dicho los secretos que

[flotan arrepentidos

que las nubes no se agotan

y los ojos no pierden brillo.

Distancia

Ayer cuando reías el sonido de tu risa se colgó de la noche

Y la noche no se quedó quieta ante tal honor

Entró por las rendijas, se coló por las cortinas y nos envolvió

Nos dijo su nombre

Alargó los minutos para hacerse eterna

Dejó su soledad y nos esperó

Se deleitó con nosotros

Nos envidió.

Ayer cuando reías se levantaban los bosques

Ya no quejumbrosos

Ya no torpes

Ahora bailaban y parecían torres

Dignos, solemnes abriéndose jubilosos

Al eco de tu voz

Ayer cuando me susurrabas

Lograbas que naciera una y otra vez

Ya no del vientre materno

de la frescura y prisa del viento

de grandes olas espumosas

de fuertes alas desplegadas

de montañas…

Hoy que algunos pueblos nos separan

Y volvemos a ser individuos

Rechazo la unidad

Clamo ser una letra

Un movimiento de tu boca

Una palabra, un susurro

Exijo quedarme en tu voz.

Ahora es diferente

Primero corría entre nieblas

A veces alumbraba el sol

Y alcanzaba a ver el horizonte

Y el mar era celeste

El sol pasaba hasta calentar mi piel

Pero luego quedaba oculto bajo cortinas

Volvía a sentir frío

Y quedaba a oscuras

Después crucé algunos puentes

Descalza, caí en agujeros grandes del camino

Sentí piedras filosas en las plantes de los pies

Pero pude aferrarme a una orilla más lisa

La tierra seca cambió y se convirtió en un pasto verde

Verde, húmedo, blando, fresco

Y los pasos fueron más largos, más altos,

Ahora no voy corriendo a ninguna parte

Me quedo cómoda en el mismo lugar

Y puedo tener un jardín

Y una mascota

Un hogar con algo que ofrecerte

Y música en mi sala

Puedo bailar y perder el tiempo

Y girar con las luces encendidas

Alejandra Basualto

Oriunda de Rancagua (1 de diciembre de 1944). Hizo su Licenciatura en Literatura en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (1980-1985). Más tarde, en el mismo plantel, se Doctoró en Literatura.

Entre 1978 y 1987 participó en diversos talleres literarios: con Miguel Arteche, Alfonso Calderón, José Donoso, Eduardo Gudiño Kieffer y Pía Barros.

Trabajó como docente universitaria desde el año 2000. Fue Visiting Professor en la Humboldt State University, Arcata, California, USA. Dos años después y hasta el 2005 fue Directora del Programa en Chile de Estudiantes de la Universidad Humboldt State University, de California, USA, y profesora de Español Avanzado y Poesía Chilena. El 2003 también fue profesora de Taller de Escritura Creativa, Escuela de Teatro, Universidad Bolivariana. Y el 2001 se desempeñó como docente en la Universidad Mayor, en su Escuela de Comunicación.

Desde 1984 hasta la actualidad, dirige diversos talleres literarios en Santiago.

Publicaciones en poesía:

1970: Los ecos del sol

1983: El agua que me cerca

1993: Las malamadas

1996: Altovalsol

1996: Guayacán y otros poemas/ Guayacan and other poems

2000: Casa de citas

2010: Antología personal 1970-2010

2017: Cuchillos,

2017: De telarañas y puñales/ Of cobwebs and daggers

2018: Mujer cinco / Woman five

Publicaciones en narrativa:

1988: La mujer de yeso, cuentos

1991: Territorio Exclusivo, cuentos

1999, Territorio Exclusivo / Exclusive Territory, cuentos

1994: Desacato al bolero, cuentos

2012: Invisible, viendo caer la nieve. Novela

2017: Micropoesía, manual explicativo para escribir micropoesía.

Guayacán

Esos días se me van quedando a oscuras,

ocultos bajo el polvo, diseminados

por nueva servidumbre. Otra luna

esparce hoy las cenizas de su vieja mano.

La noche traía caballos repentinos

que me llamaban desde la ventana:

sus terribles ojos horadando los postigos

y su respiración sobre mi almohada.

Tras el muro un jinete sombrío

desvelaba los sueños de la medianoche

y en el viento sembraba los signos

que en la niñez las penumbras recogen.

A veces los piratas rondaban por la casa

y un olor a barcos subía las colinas

y yo sabía -y sé- que allá en la playa

todavía buscan la luz escondida.

Entonces despertaban los naranjos

y el perfume de diez mil estrellas

me temblaba en la palma de la mano,

cuajando en el lecho mi mitad de tierra.

Las madrugadas son ahora silenciosas,

los árboles dialogan en secreto;

pero a veces, debajo de las sombras,

vuelvo a encontrar aquel antiguo miedo.

Pájaros

El cielo está sangrando pájaros.

Muchos pájaros de un raro color,

desmadejados,

las alas yertas,

los picos deshechos.

Sólo soplos grises

cayendo desde lejos.

Pájaros de dónde.

Tal vez despojos de ciertos ángeles

caídos de la secreta casa.

Cientos de pájaros

con el grito roto en la garganta

y los ojos vueltos

Todos serán sombras.

Para que los olvidemos.

(Voces para un hombre de humo).

Tú me crees

la incrustada

la mujer sin brazos

la que llora

Me quieres silenciosa

clausurada

pero yo soy la mujer que grita

y no se guarda

la que recorre la casa encendiendo luces

la explorada

la dadora y la avara

Voy a aventar el humo donde yergues

tu cabeza

enmascarada

voy a sorprenderte

y borrar impunemente tus colores

Capaz que pueda acostumbrarme

a sembrar cicatrices

en los sueños

capaz que crezcan

nuevas raíces en mi tierra extendida

y me broten brazos

o plumas

El ángel

El inconsciente es un árbol lleno de pájaros muertos que se echan a volar cuando uno menos lo espera Óscar Hahn

Toma de mi leche dijo el ángel

y yo, que no sabía dónde estaba

lo miré

y lo seguí mirando

con la perplejidad de los recién nacidos.

Era una noche negra y escondida,

nadie nos podía ver,

solo cabía la disculpa de venir de lejos

sin resuello

remontando río arriba hasta el amanecer.

El ángel me miró y yo no supe

si sonreír o llorar

y me quedé ahí, desbocada,

como quien no tiene horizontes a la vista,

ni bordes, ni caminos, ni siquiera,

el destello de algún amanecer en perspectiva.

Soy yo, dijo el ángel, ¿no me reconoces?

y perdida en la locura,

no pude responder, solo miraba

su larga cabellera rubia,

ahí sus ojos,

los ojos de aquel que hace ya mucho

voltearon mis sentidos, dieron rumbos a mi sangre,

percibieron que mi toda yo

estaba dispuesta.

Y entonces comprendí

que era un fantasma del pasado

una voz huera que intruseaba

en el temido recordar de los ancianos

sola sombra de los huesos porvenir.

Si muerte fuera

De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos… Alejandra Pizarnik

Si la palabra MUERTE abrigara un hombre bajo el poncho

manso de actitudes / dulce de palabras / bello

como los caquis en otoño / que me endulzara la boca

con su áspero sabor a macho en celo;

si MUERTE fuera un muchacho fuerte y juguetón

como un cachorro sin destetar,

que mordiera mis tobillos y me robara la ropa interior,

los zapatos y las medias;

si ese MUERTE que tal vez ya me observa

—centinela del siglo que asoma sus encías inmaduras—

mostrara un resuello de varón maduro

y sienes clareando en la penumbra;

entonces sí me gustaría encontrármelo de frente

aunque fuera en un callejón oscuro,

o en la mitad de un verano bajo los árboles de mi casa

en un domingo cualquiera

de ésos que nadie haya motivos para recordar.

Me abrazaría entonces al mentado MUERTE convencida

de que es mi último caballero andante,

el olvidado príncipe azul o un valiente filibustero

que viene a rescatarme / a seducirme

a llevarme consigo

para que por fin juguemos

un último juego

de esperanza.

Maritza Castro

Santiago de Chile, 1971. Abogada y escritora. Estudió Derecho en la Universidad de Chile, titulándose en 1995. Posteriormente, se graduó de Magíster en Derecho en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. En 2018, publica el ensayo Ética pública y rescate del Estado (Rubicón Editores, 2018). Como abogada se ha desempeñado en diversas instituciones públicas y ejercido las cátedras de Derecho Constitucional y Administrativo. Tiene publicaciones jurídicas en libros y revistas en Chile y Reino Unido en el área de la semiótica, las facultades del Congreso de los EE.UU. en materia de guerra, y la libertad de expresión. Como poeta, ha publicado: Vivir y soñar (RIL, Santiago, Chile, 2005), Los versos de la espera (Mago editores, Santiago, Chile, 2016), Insight (Mago Editores, 2017) y Al origen (Lord Byron Ediciones, Madrid, España, Noviembre de 2018). Su poesía aparece en la antología Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana del siglo XXI, de Lord Byron Ediciones (2017) y en diversos blogs y revistas. Además, tiene el cuento bilingüe Matías el dragón/Matthew the Dragon (RIL, 2010).

El vampiro

Como un vampiro,

sensual y silencioso,

emergió de su supuesta tumba

un amor que fue conjurado

por su propia víctima.

Un amor que corre en la sangre

Y, nunca muerto, sólo dormía.

Madre nuestra

Madre nuestra que estás en la tierra,

reconocido sea tu nombre.

Quédate con tu reino.

Haz tu voluntad

tanto en lo íntimo como en lo externo;

Que no te quiten hoy

el pan tuyo de cada día.

Castigado sea quien te ofenda

como también quien te hiere.

Que no te reduzcan a la tentación;

Líbrate del mal.

Sé tú.

No quiero recuerdos

¡No quiero recuerdos!

Como la madre que aborta

no quiere mirar;

como el soldado que mata

no quiere llorar,

no quiero recuerdos.

Que la nada entre tú

y yo sea todo;

que el amor cruce la vereda;

que no me mire a los ojos.

Yo miraré hacia el suelo:

¡No quiero recuerdos!

Cristián Cisternas

Nace en Santiago de Chile el 16 de marzo de 1969. Estudió el colegio Pan American College de San Miguel. Ingresó en 1987 a la carrera de Licenciatura en Humanidades con mención en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Posteriormente, alcanzó los grados de Magister y Doctorado en Literatura en esta misma casa de estudios.

Actualmente, ejerce como Profesor Asociado en el Departamento de Literatura de la Universidad de Chile. Ha publicado diversos trabajos académicos sobre narrativa y poesía chilenas, así como el libro Imagen de la ciudad en la literatura hispanoamericana contemporánea (Universitaria, 2011)

Ha incursionado en la radiofonía en la Radio Universidad de Chile con los programas Holojazz (2000-2006), junto con Miguel Vera Cifras; y Revolución 78 (2007-2016), este último, creado y producido junto a Patricia Valenzuela.

Ha participado en el Taller de Narrativa del crítico chileno Camilo Marks. También participó en el Taller de Poesía Códices, del poeta Andrés Morales. Ha publicado narrativa: En el faro y otros relatos (Mago, 2011), La flecha de Dornier (Mago, 2015) y poesía: Distimia (Mago, 2016) y Medievario (Cuadernos de Casa Bermeja, 2017). Ha sido incluido en la Antología del cuento chileno contemporáneo, editada por Max G. Sáez (Mago, 2015).

Actualmente trabaja en un tercer volumen de poesía inspirado por la música del compositor polaco Fréderic Chopin.

[El penitente].

Doy vuelta en sueños como asado

Tengo visiones de tierras baldías

Caída de máquinas fantásticas

Retorno de dioses, la revelación

De cosas y seres que se esconden

Soy el primero y último de mi Orden

Me dedico a reparar tumbas y reducir

Material restante de osarios ahítos

He departido largamente con muertos

Sé de sus cuitas, ansiedades de ultratumba

Llevo en mis alforjas uno que otro hueso

Largo para reforzar los míos y apartar

Maleza, selva oscura, cercos de espino

También el cráneo de un viejo amigo

Para conversar de noche y llamar al sueño

En verdad arrastro más viva que muerta

Mi alma hasta el borde de encrucijadas

Y me dispongo a empezar una última

Expedición a este mundo hueco, huero

Hasta que dé con mi corazón amojamado

Mi cuero, mi grasa, en la rinconada o peña

Que Dios me reserva para descansar

Entonces dormiré sueño sin colchonetas

El sueño perfecto de la blanca osamenta

Hasta que alguien me recoja y aviente

Hacia el doble fondo de olvido y silencio.

[Sobre su iniciación].

Recuerdo como si fuera ayer la escena obligatoria

Estabas en el rellano de la escalera, así, en deshabillé

Con una espada en la mano a guisa de escobillón

Yo sacaba la basura; recuerdo se me cayó un guante

Y al arrodillarme te vi tan alta y majestuosa, rígida

Como tu enaguas colgado con perros en el baño

Las extensiones de tu cabellera llegaban hasta el suelo

Arrastraban el polvo de torreones, pasillos de hostal

Tu cinto lleno de diseños complicados como runas

Subí los escalones como penitente, sangrando

Me pesaban la armadura y el chaleco reflectante

Pero debía llegar hasta el borde de tu manto

Acantilado del deseo, humillarme y escuchar

La salmodia de tus encargos para la feria libre

La bendición en gaélico antiguo, anglosajón rudo

Sentir el golpe de tu escobillón en mis clavículas

Y luego salir a buscar aventuras, cualquier trabajo

Descargando sacos, descabezando gigantes:

Era el primer día de solsticio, Calendas de Mayo.

Eduardo Contreras

Nació en 1964 en Chillán. Desde ahí partió al exilio con su familia, luego del golpe militar en 1973. Regresó a Chile a fines de 1983. Es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile, con posgrados (Master y Doctorado) en España. Profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile desde 1996.

Participa en el Taller Literario del escritor Poli Délano desde el año 2007. Luego de la muerte del maestro y escritor, en agosto del año 2017, asume la dirección de ese Taller, hasta la fecha.

Más de diez de sus cuentos han sido publicados en revistas, antologías o recopilaciones, otros tantos microcuentos fueron publicados en antologías en Chile y en revistas digitales de Argentina, Francia y México

Ha publicado las novelas Don’t Disturb: Crónica de un encuentro en Cartagena de Indias (Mago Editores 2005 y 2009), Será de madrugada (CEIBO, 2015), Muerte en la campaña (Editorial Piedra Lunar, Cuba, 2018), La verdad secuestrada, co-autor con Cecilia Aravena Zúñiga (Mago editores y Editorial Espora, 2019). El libro Cuentos urgentes para Nueva Extremadura fue publicado por Editorial Espora el año 2016.

Ha recibido varios premios, entre ellos el Primer Premio en los Juegos Literarios Gabriela Mistral, de la Municipalidad de Santiago, el año 2002 (novela); el Primer Premio del Concurso Letras de Chile en la versión 2017 (cuento); y el Primer Premio en el concurso Fantoches 2017 en Santa Clara, Cuba (novela).

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Yaş sınırı:
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Hacim:
81 s. 3 illüstrasyon
ISBN:
9789569385254
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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