Kitabı oku: «Antología de poesía chilena reciente», sayfa 6

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Novela:

La última condena (Pehuén; 2da.ed. Windmills Ed. Usa); Sus desnudos pies sobre la nieve (Mosquito Comunicaciones). El contagio de la locura; Desencierro; Grados de Referencia; Yo mi hermano; (todas en LOM Ediciones); El asombro; Espejismos con Stanley Kubrick (ambas en Simplemente Editores).

Cuento:

El ventanal de la desolación (autoedición; 2da. Ed. Maranha Tha; 3era. Ed. Entre Páginas 2019); El clasificador (Pehuén; 2da. ed. Mosquito Comunicaciones); Restos Mortales (LOM Ediciones); Los números no cuentan (Mosquito Comunicaciones); Bucear en su alma (Simplemente Editores).

De Los idus de marzo sobreviven
2

No por nada nos alejamos de nosotros.

No por nada nos recluimos creyendo aislarnos

De los otros que siempre, obtusos

Persistentes y acosadores, nos obligan

A escondernos en un rincón de la casa

Y desde allí, parapetados en una muralla

Que nadie vigila, pero que todos conocen

Jugamos a ser el niño que se ha muerto

O que intenta, iluso el pobre

Ser el mismo que no existe.

Entonces, como premunidos de un odio repentino

Nos escudamos en la indolencia ajena

Y culpamos a los otros. De nuevo son ellos.

De nuevo insisten. Porfían. Se obstinan.

Pero no. No nos engañemos.

Ellos ni siquiera saben dónde estamos.

Con suerte podrían suponer que olemos

A otra cosa, a naufragio, a pesadilla

A sueño sin antecedente

A nerviosismo acompañado de espasmos pasajeros.

No es por nada que nos relegan.

No es por nada que nos relegamos.

Ninguno atraviesa la línea demarcatoria

Pensando que ambos obedecen

A igual perspectiva de las cosas. Allá

Tras la enmurallada ciudad que se envejece

Perdura el hastío que nos ha confinado. O mejor

Y para ser sinceros con nosotros mismos

Al tedio de sentirnos otros y que aquellos

No sientan jamás lo que sentimos.

De qué vale entonces, lo reitero

Sabernos diferentes si nadie tiene el padrón exacto

De una medida que a ninguno pertenece.

No por nada se escriben estas líneas

Que deslizadas sobre el muro blanco

Donde solemos escondernos

Semejan el suave reguero de un dedo turbio

Deslizado en la quietud cristalina de un lago permanente

Que fugaz refleja el eterno paso de las nubes.

6

Nada de qué asombrarnos: un día resucitas y eso basta

Sólo que no tienes demasiadas expectativas.

Al frente se yergue el mismo espejo:

Luego la muerte derrotada no es la misma.

O, dicho de otro modo, ella ha vencido.

Es curioso, pero suponiendo que resucitar

Desde la materia inerte sea

La aspiración de toda luz secreta

Que se anida en nuestra alma

Ello no nos hace mejores ni peores.

En apariencia, volvemos a lo mismo:

Un cuerpo, una imagen, una máscara que va cayendo

Otro cementerio enquistado en las alturas del trayecto.

Nada de qué asombrarnos, lo reitero:

Salvo la esperanza que en la resurrección

También acaba.

7

Está tan hermosa la tarde de marzo

Que parece que uno estuviera vivo.

El sol se escabulle como un mendigo

Y la amante furtiva gira en el aire

Queriendo atrapar un disfraz nocturno.

Sobre la puerta entreabierta

Se alza un mensaje que nadie escribe.

Miro el cielo cargado de silencios

Dibujando la silueta de aves migratorias.

Imagino el otro lado del mundo

Donde una veleta gigantesca

Siempre señala un punto fijo.

Yo me quedo ensimismado

Junto al murmullo de los insectos

Y entre la niebla de mis pensamientos

Atravieso la triste senda de un abrazo

Que se pierde río abajo en un gemido.

El horizonte no existe, y a mi pesar

Lo busco entre los ojos de una niña

Que veloz cruza de una vereda a otra

Poseída de un raro determinismo humano.

Presiento que en la calle no hay nadie

Que anhele descubrirse al verme

Posado como un animal moribundo

Que rutinariamente lame sus heridas.

Es tan hermosa la noche

Descendiendo de los árboles enfermos

Que su sombra acude a mis ojos

Para dormirme como un anciano

Que intenta cerrar una puerta

Luego de escribir contra el cielo

Un mensaje que nunca será leído.

14

Del pasado tengo un recuerdo borroso

Como suelen ser todos los recuerdos

Cuando uno se esfuerza en olvidarlos.

De cualquier manera, estoy ensimismado

Viendo el mar y viendo las olas del mar apretujadas

Y sobre ellas el cielo oscuro de una tarde invernal

Donde la lluvia anida en sus mejillas.

En medio de sus ojos brota un pájaro

Que se aleja veloz surcando un tercio de su iris.

Por su pupila izquierda se avizora

Una nube que arroja a su interior

Docenas de gotitas de lluvia delicada.

Es ahí, me parece, que la veo llorar por vez primera

Y tomo sus cabellos y los desenredo

Para que el viento no azote su tristeza y me confunda.

Es raro, por decirlo de algún modo

Pero los recuerdos son de una fijeza conmovedora:

Ellos asaltan el espacio y lo llenan de vacío.

El vacío está, luego, dispuesto a evaporarse

Y uno busca en la nada un objeto a descifrar.

No lo sé bien, el gesto de unos dedos despidiéndose

El giro del cuello anunciando el retiro

La ausencia de una palabra que algo desea decirme.

Desligado de mí y ella de sí misma

Nos vamos convirtiendo en pasajeros

Distantes y cercanos al olvido.

Sobre el recuerdo que ha empezado a construirse

La memoria es una broma de mal gusto

Un transito esquivo que huye despavorido

Mientras ella y yo corremos angustiados

Tras un signo que nos identifique un día.

15

Nunca escribí nada importante

Salvo lo que creí mi nombre

Y que en definitiva sólo era

Una ritual cacofonía

Que hacía mirarme al espejo

Cada vez que lo decía en silencio

O era pronunciado por alguien

Que ni siquiera existía.

Nunca leí nada importante

Salvo mi propia leyenda

Es decir, lo que había escrito

Y que no valía mucho

O para ser más preciso

No valía nada o casi nada.

No fui sino un exegeta

Que intento descifrarse

Y en cada intento profesó el amor

Como una palabra sin sentido

A menos, claro está, que se omitiera

Y fuera traducida como un acto de fe

Ya no en uno, sino en los otros

Que tampoco se entendían entre ellos.

Nunca renegué de la vida, sino de mí

Lo que en todo caso resulta equivalente.

Si no hubiera sido el preso que fui

Habría soñado con ser libre

Pero el sueño que tuve se perdió

Como un aterrador presentimiento.

No podía ser lo escrito, porque nadie

Dispone del propio verbo

Si no sabe quién es ni para qué.

Por eso, y por nada de eso y lo demás

Me cuesta comprender lo que he leído

Y me atrevería a atestiguar, sin vacilaciones

Que ninguna palabra fue escrita por mí

Y que ningún texto se puede afirmar

En la permanente duda de una prisión

Construida desde una precaria humanidad.

Josefina Muñoz Valenzuela

Nace en Santiago el 25 de julio de 1946. Estudió en el Liceo Experimental Darío Salas, Licenciada en Literatura de la Universidad de Chile. Trabajó en ONG, en Educación de Adultos y desde 1997 trabaja en el Ministerio de Educación en tareas de edición y elaboración de libros para el nivel de Educación Básica de establecimientos municipales.

Autora de numerosos artículos sobre educación formal, educación popular y crítica literaria. Integrante del directorio de Letras de Chile, actualmente es vicepresidenta de la corporación.

Algunas publicaciones:

La escuela, el reino de la belleza, Antología de Gabriela Mistral para escolares de 1º a 8º Básico (2005); Enseñar encantando, Antología de Gabriela Mistral para docentes de 1º a 8º Básico (2005); Mujeres de palabras, muestra de escritoras chilenas (2009); Cuenta Conmigo, serie de once textos para niños y familia, desde 2003 a 2016; Queridas maestras, queridas profesoras (2010); Letras del país, antología de textos de escritores chilenos sobre aspectos geográficos y naturaleza del país (2014); Tesoros chilenos, antología de textos de escritores chilenos sobre recursos del país (2017).

Cuentos de la muerte
IV

Un día deseé la muerte,

para anidar en su cuerpo,

convertirme en larva,

en insecto palpitante

que rompiera el aire,

amalgamados

en una nueva germinación.

Y así podrías poseerme

en pleno vuelo,

en las regiones celestes

donde viven

las palabras perdidas,

esas palabras que escapan todavía

desde el fondo de lagos de agua negra.

Resucitan nuevos murmullos

como volutas de aire enrarecido

que jamás podremos descifrar.

Búsqueda final

Por médanos silenciosos

por pantanos, marismas,

por arenales fríos,

por tierras de cementerio,

por cuevas inundadas,

por abismos de fuego,

bajo bosques de robles,

en pozos muertos,

flotando sobre desconocidas

aguas subterráneas,

bajo lunaciones de

venenosa luz

que ciegan nuestros ojos.

Y seguir preguntando

a los caminantes dónde,

dónde estás.

Porque… ¿dónde, dónde, dónde estás?

Encantamientos

Tú y yo prisioneros

de un nuevo encantamiento

que dibuja siete puertas y

siete llaves de bronce.

Alguna será

para abrir

el manantial de cenizas

que guardamos ¿cuándo?

en esa habitación

que no tiene cerradura.

Nuestros cuerpos de polvo

esperan la resurrección prometida.

Rabino

El rabino lanzó su sombrero

y ahí está, latiendo imperceptiblemente

sobre mi cama desnuda y perfumada.

El rabino me mira largamente desnuda

y se siente engañado por dios.

Renunciaré a todo —dice—

solo suelta tu pelo en mi vientre

y cruzaremos juntos

las devastadas montañas del infierno.

Cierra los ojos —digo—

y desato mi cabellera

lentamente,

sin dejar de mirarlo.

Y comienzo a sentir

el calor de su cuerpo

impaciente.

Las enredaderas

Las enredaderas han echado sus raíces

en nuestros yacentes cuerpos inmóviles

y nuevamente comenzamos a bullir, inquietos,

penetrados por savias milenarias

que palpitan con ferocidad.

Muéstrame tus heridas y te mostraré

las mías: por fin juntas nuestras sangres,

como en los tiempos del amor

que creímos olvidar.

Las raíces llevarán nuestros cuerpos

al otro lado de la Tierra

y volveremos a empezar.

Iván Quezada

Porteño de 1969. Me titulé de Periodista en la Universidad de Chile, en Santiago. Luego fui redactor de Cultura de casi todos los medios escritos de la capital y también en Valparaíso, para finalmente desempeñarme como Editor General de la Revista Rocinante. Cuando este medio desapareció el 2005, decidí dedicarme a la Edición Literaria y publicar mis propios libros. He trabajado como editor en las editoriales Random House, OjoLiterario o Mago Editores. Más tarde opté por crear mi propia editorial, El Español de Shakespeare. Paralelamente publiqué mis libros Elefantes y Cisnes (novela breve, 2002, TiempoNuevo), Los Extraños (cuentos, 2005, Tajamar), Escritos de ningún lugar (miscelánea, 2010, Mago Editores), Playa Las Dichas (poemas, 2011, Mago Editores), Decepción del mundo (poemas, 2013, El Español de Shakespeare), El Estudiante de Poesía (poemas, 2016, OjoLiterario) y Cuestión de un minuto (antología personal, 2019, Fundación Abbapalabra, México). Tuve el honor de editar los libros de Armando Uribe, Óscar Hahn, Poli Délano, Gabriel Salazar, Álvaro Jara, Marta Blanco…

El estudiante de poesía

Desperté en medio de la noche con el clarín del inconsciente:

«en ninguna parte hallarás lo extraordinario,

salvo en tus palabras»

Odiaba la idea de escribir un poema, incluso

me resigné a la demoníaca batalla del insomnio

Era preferible morir bajo la oscura lupa

que vivir deshilvanando los símbolos del tiempo

¡Necedad arraigada en el pensamiento!

¡Deseo inútil como pensar algo dos veces!

Pero garrapateé

mis dichas y mis desdichas

y me fui por las calles con mi papel encendido,

hablándole a la oscuridad de mi pequeña estrella

—sucesión de sílabas sin melodía—

que imaginaba con un poder capaz de justificar mis ansias

Los profesores me abrieron las puertas de sus casas

y ocultaron a sus hijas en los sótanos

El pueblo iletrado me regaló libros para que cobrase venganza

en su nombre

Me ufanaba en mi erotismo

por amor a una mujer inexistente

Las sillas y las mesas dejaron de ser sillas y mesas,

transformándose en metáforas de Dios

Escritores rufianes

me confiaron sus burocráticas esperanzas

Debía ser como ellos,

oler los archivadores a un kilómetro de distancia

e impresionar a jovencitas intoxicadas con la noche

No quise, aunque quería

Mi contradicción me salvó de una desgracia para caer en otra

Huí a Santiago con la ilusión de morir en el intento

Viví como quien sabe la hora de su muerte,

pero me fallaron los cálculos

No sé cómo los Maestros me encontraron

y un día alguien cubrió al cielo con una capa:

necesitaba volver al estudio de mi cansancio y contar

mis monedas de plata

De día dormía sueños en blanco,

en las noches vagaba por la ciudad con un antifaz

y de a poco abandoné mis vicios y mis virtudes

Quedé más vacío que antes,

con un espejo apuntándome entre los ojos

Al final sólo escribo del envejecimiento

El mundo no tiene por qué agradecérmelo

Chileno

Soy chileno

pago en cuotas

lo que no necesito,

hablo sin esperanza

con gente sin propósito

Estoy cansado

como si tuviese

un marcapasos,

le hago la cruz a mi memoria

y fumo a escondidas

aunque vivo solo

Pronuncio las palabras

con rabia, me importan un bledo

sus significados

Sólo río con las groserías

y el resto del tiempo

preferiría dormir

Cuando muere alguien

lo celebro con un bostezo

Pienso en la conveniencia

de mi muerte

para quienes me odian

y me digo que mi venganza

serán mis deudas impagas

Idaho

Soy un desconocido en Idaho

Es una territorio poblado de murmullos,

donde el silencio habla con los fantasmas

Por sus calles veo un príncipe loco, pero sin capa

La realidad y los sueños son lo mismo

como si hubiera muerto

Cuando miro hacia el lado

descubro que me acompaña una mujer,

en cuyos ojos resplandece el odio

Soy culpable de su aborrecimiento, lo sé,

aunque desconozca el motivo

El crimen más hermoso es el reflejo

de una sonrisa en un espejo

Los poemas se disculpan con los versos

por robarles una novia destinada

a labores superiores al amor

En el cielo se avizora un planeta en llamas

que decidió salir de su escondite en el infinito

Es extraño que el mundo sea pesimista

cuando un hombre observa

las copas de los árboles

Escribo la biografía de un verdugo

y resulta que es mi propia vida

La navaja y la doncella

La navaja acerada en sueños

procura su delicada garganta

La memoria ya desnudó su ceño

de sombras, su rostro quedó de santa

No acierta su querido hermano

el Detenido Desaparecido

a unir su gesto tan desolado

con su afanarse desguarecido

¿Morir era la peor pesadilla?

Nadie contestaba en el vacío,

sólo el eco de una canilla

El calmante en su ser aterido

y el dolor colmando sus mejillas

borraron de sus ojos el sentido

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81 s. 3 illüstrasyon
ISBN:
9789569385254
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